Diamante en Bruto
Capítulo 6. La sentencia
Draco rio cruelmente ante una perpleja Hermione, de verdad le divertía ver cómo la chica poco a poco palidecía.
-Granger, Granger, Granger… siempre has sabido las respuestas de todo, ¿Qué te hace pensar que un simple ex mortífago como yo podría despejar una de tus dudas? - Draco comenzaba a acercarse ferozmente a Hermione, que se encontraba atrincherada atrás de su escritorio al tiempo que se sostenía en la orilla del mismo, intentando procesar cada palabra que salía de la boca del príncipe de Slytherin.
- ¿De qué hablas Malfoy? ¿Qué sabes de mis padres? - Preguntó Hermione.
-Quizá, preguntar solamente por tu madre sea lo más adecuado… Su nombre es Jane… ¿O me equivoco? - Hermione dejó que cada poro de su cuerpo se inundara de desesperación, cuando menos se dio cuenta estaba golpeando con los puños el pecho del platinado - ¿Qué has hecho Malfoy? ¿Cómo los encontraste? ¿Qué mierda te he hecho? – Los gritos de desesperación rasgaban la garganta de la princesa de Gryffindor.
-Shh Shh Shh- El Slytherin sostuvo las muñecas de Hermione en alto, lo suficientemente fuerte como para inmovilizarla, la castaña lanzaba exhalaciones sumamente fuertes, con las lágrimas bordeando ambas mejillas al tiempo que intentaba controlarse, pero sobre todo convencerse de que Malfoy estaba mintiendo, que no había ocurrido nada, que sus padres seguían siendo Eleanor y Patrick Freeman y estaban viviendo en Australia, tal y como los había dejado antes de la Segunda Guerra, es más, en cuanto llegara a la casa en la que vivían los vería, y seguramente se carcajearía frente a Draco por gastarle tan tremenda y estúpida broma.
-No Granger, no es así. - Aclaró fríamente Draco al tiempo que lanzaba a Hermione a uno de los sillones que se encontraban en la oficina de Hermione. Había escuchado los pensamientos de Hermione, era prodigioso en legeremancia. – Tus padres están… hospedados conmigo. Si quieres podemos corroborarlo.
Ante tal comentario, Hermione intentó ponerse de pie, pero fue impedido por el cuerpo de Malfoy, que se abalanzó sobre la castaña, recargando los brazos en cada una de las coderas del sillón, impidiendo los movimientos de la Gryffindor. – Mi juego, mis reglas ¡Vámonos! – Malfoy tomó a Hermione de uno de los brazos y la arrastró hacia afuera de la oficina. Una vez afuera soltó un poco el agarre simulando una totalmente nula cordialidad entre los dos, saliendo ante las miradas curiosas de todos los que se encontraban presentes en el Ministerio.
Al fin llegaron a Malfoy Manor, donde fueron recibidos casi de manera cordial por Lucius Malfoy en cuanto los jóvenes atravesaron la puerta principal.
- ¡Miren quién ha venido a visitarnos! ¡Nada más y nada menos que la Sangre Sucia Granger! ¡Qué maravilla! – Exclamó el patriarca de los Malfoy extendiendo ambos brazos de manera burlonamente ceremonial.
- ¿Dónde están mis padres? – Exigió saber Hermione recorriendo con la mirada cada rincón del recibidor.
- ¿Preguntas por padre "s"? – Exclamó falsamente sorprendido Lucius. -Draco, hijo ¿A caso no le has dado las nuevas noticias? ¡Que pésimo anfitrión eres! –
-Lo sabe padre, pero se niega a aceptarlo, mírala – Pronunció Draco mientras lanzaba a Hermione a los pies de Lucius. - ¿No es patética? – Hermione intentaba ponerse de pie mientras los Malfoy la observaban de manera divertida, con burla, con asco, con aquellos sentimientos que Draco ya no conocía, pero la decepción, el dolor, la discriminación, lo obligaron a revivir.
Hermione se dio por vencida en su intento por ponerse de pie, pero el simple pensamiento de probablemente haber perdido a su padre la hizo sucumbir, la hizo desplomarse en el piso del tétrico salón llorando, gritando maldiciendo, suplicando que todo fuera producto de una horrible y retorcida pesadilla.
-Tranquila Granger. – Se apresuró a levantarla por uno de los brazos el menor de los Malfoy. – Mira, vamos a hacer algo, te llevaremos a consolar a tu viuda madre, y te la puedes llevar ¿Vale? Soy un hombre misericordioso. – Hermione pudo ver la maldad asomándose descaradamente por los ojos de Malfoy, no era el mismo hombre neutral que Hermione vio en el Ministerio, aparentemente pacífico, aparentemente… bueno.
- ¿Por qué Malfoy? - Suplicó Hermione una vez que consiguió verle de frente. - ¿Por qué me haces esto? ¿Qué te hice? – Ya no pudo soportarlo más cada lágrima redamada la mataba poco a poco, lentamente, la quemaba por dentro.
- ¿Es en serio tu pregunta? – Preguntó Draco lleno de ira, al tiempo que forzosamente la conducía a las mazmorras, seguido a considerable distancia por Lucius. – Cuando terminó la Guerra me consagré a terminar mi último año de Hogwarts, ya sabes, para aspirar a entrar a estudiar una carrera. – Comenzó a explicar el platinado. – Luego de ver cómo tu padre es condenado a Azkaban creo que lo que esperas es romper con ese… ese prejuicio de mi padre, una vez que terminé decidí estudiar para Sanador, creo que ninguno de los que me conocen lo hubieran esperado, y me fui a Cuba y entré al Colegio de sanadores, y salí con excelentes notas – Hermione lo observó perpleja ¿Malfoy… Sanador? - Sí, Granger, soy Sanador de profesión… - El tono de la voz de Draco era casi condescendiente – muy contrario a lo que se esperaba de mí, yo quería ser un hombre de provecho, alguien que ofreciera a la comunidad mágica algo bueno, quería ser bueno. – Draco dijo esto último con un nudo casi imperceptible en la garganta, gesto que no pasó desapercibido para Hermione. - ¡Pero no! Cuando quise demostrar mi cambio a la sociedad ¿Qué pasó Granger? Una estúpida funcionario del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica me cerró las posibilidades en las narices, me negó el ¡Derecho! De reinsertarme a la sociedad para llevar a cabo mis funciones como Presidente de San Mungo, ¿Cómo lo hizo la prodigiosa mujer? ¡Promoviendo esa estúpida Ley! A sabiendas de que contabas con el total apoyo del resto de los funcionarios. – Malfoy tomó a Hermione de ambos hombros y la estampó en una de las paredes del rocoso pasillo que daba vuelta para entrar a las Mazmorras, una de las piedras de la pared se incrustó en homoplato de Hermione provocando una hemorragia. – No fue justo Granger, no me dieron ni siquiera el privilegio de la duda, no hubo justicia para Draco Malfoy… - Se acercó al oído de Hermione, que lloraba a rienda suelta ante las palabras de Malfoy. – No habrá justicia para ¡Nadie! – Gritó el platinado arrojando a la Gryffindor al piso. – Avanza Granger, avisaré a tu madre de la inesperada visita de su hija. – Ordenó Malfoy con sarcasmo.
Harry y Hermione intentaban localizar a Hermione en su oficina, en su departamento, pero no daban con ella.
-Harry… - Dijo Ron. – Dice Berenice, la asistente de Hermione que salió de su oficina acompañada de un chico, que no dijo a dónde iba, pero que se fue hace aproximadamente hora y media. – El tono de voz del pelirrojo era un tanto preocupado, rayando en lo celoso.
- ¿Un chico? ¿Qué chico? – Preguntó confundido el moreno. – Herms nunca me comentó nada de que fuera a salir con alguien… No Ron, no creo que sea algo de lo que piensas. – Aclaró molesto Harry mientras observaba el gesto de su amigo Ron. – Mejor esperemos a que llegue, igual y a la salida se comunica con nosotros. -
-Harry, ¿Crees que haga yo un buen trabajo como Ministro?, ya sabes, por eso de la Ley. – Ron se encontraba pensativo.
-Ron, idiota… Tu prometida desaparece de un momento a otro… y me preguntas sí creo que serás buen Ministro, amigo, eres tú ahora quien debe ordenar sus prioridades. - Harry dio el tema por terminado y se dirigió a su oficina, molesto con su amigo, preocupado por su amiga, dejando a un ensoñado Ron, que comenzaba a planear su discurso en cuanto ganara las elecciones.
- ¡Mamá! - Hermione se hincó abrazando a su madre. - ¡Perdóname por favor! ¡No debí dejarlos solos! – La chica lloraba mientras su madre acunaba su cabeza con las manos.
- ¡Soberbio espectáculo! - Exclamó aplaudiendo teatralmente Lucius. -Esos reencuentros familiares son ¡Tan conmovedores! De verdad, creo que he derramado unas cuantas lágrimas.
Draco observaba la escena desde la entrada del calabozo con aire ausente, pensativo.
- ¿Dónde está mi padre? – Preguntó Hermione entre lágrimas, librándose de los brazos de su madre.
-Oh, Robert… ¿Verdad? Buen tipo, lástima que no se encuentre ya con nosotros. – Comentó crudamente Lucius. – Los planes para él fueron diferentes. – Sonrió maliciosamente.
- ¡¿Qué le hiciste infeliz?! ¿Qué le hiciste? – Rogó Hermione. Jane lloraba aún tirada en el piso con ambas manos en el rostro.
Hermione se puso de pie, todo su orgullo de leona se fue abajo, no supo cuándo ni cómo, para el momento en que reaccionó, se encontraba arrodillada a los pies de Draco, que, no esperando ello, bajó la mirada a la destrozada chica que yacía hincada.
-Por favor, Draco ¡Por favor! Si lo mataron, déjame ver a mi padre, decirle adiós, pedirle que me perdone, abrazarlo… - La Gryffindor no pudo continuar y rompió a llorar poniendo su rostro en los pies del chico, derramando incontrolables lágrimas.
- ¡Tráiganlo! - Ordenó el platinado no dejando ver ninguna emoción en su rostro.
Los guardias que se encontraban en la entrada del calabozo fueron inmediatamente a una de las puertas cercanas al calabozo, un poco más al frente del pasillo por el que habían entrado. Unos minutos después regresaron cargando una camilla con un hombre cubierto por una manta hasta la barbilla, los ojos cerrados casi de manera pacífica, sin ninguna mueca en el rostro. Una vez adentro del calabozo, los guardias dejaron la camilla a los pies de Hermione.
-¡Papá!- Gritó dolorosamente Hermione mientras se hincaba a abrazarle. -¡Papá perdóname por favor! ¡Nunca quise esto! – Jane se acercó a ellos y abrazó a ambos. Ambas mujeres lloraban desconsoladamente ante las frías miradas de los dos Malfoy.
