Bien, se lo que van a decir: ¡¿Que demonios pasa contigo? (¿Le atine?) La verdad es, que estuve dos semanas enferma del estomago, muy enferma. No tenia ganas de escribir, ni de hacer nada, era horrible. En las noches no podía dormir debido al dolor, había veces que sentía que me ahogaba y que el aire se me escapaba. Mis medicamentos no surtían efecto... fue una experiencia terrible. Ya estoy mejor, gracias a Dios... Y aproveche ese momento de lucidez para escribirles este capitulo. Espero que lo disfruten.


-7-

Al filo de la muerte.


¿Dónde estabas? – los ojos impasibles de Uchiha Itachi eran clarividencia de su madurez y enojo.

Por ahí, no hacía nada malo… - respondió su hermano más joven. Era más que cierto que Itachi no iba a conformarse con esa explicación tan pobre. Sasuke sólo era un adolescente que se escapaba todos los días y llegaba por la noche con una cara de bobo.

Esta vez, no había sido la sido la excepción, Sasuke había llegado a muy altas horas de la noche. Su perfil era serio, mas no iba a engañar a nadie, por que por su aspecto, era previsto que no había salido a entrenar.

No me des la espalda, Sasuke… - pronunció Itachi, indignado.

Nii-san, por favor, estoy cansado y no quiero sermones.

Eres muy joven para pronunciar la palabra "cansado". – Itachi se acercó a él y le tocó la frente con su dedo. Sasuke simplemente hizo un mohín de fastidio.

Ya estoy grande como para que me golpees… - dijo.

Sigues siendo un niño… - Itachi le dio la espalda y tomó una taza de té de la mesita que estaba enfrente de unos tatamis, donde reposaban unos cojines.

No soy un niño. – reclamó, pero calmado. —Acabo de cumplir 16 años… ya soy lo suficientemente maduro como para…

¿Tomar responsabilidades? – se burló Itachi. Lo miró con desafío y después sonrió. —Tú no sabes que son las responsabilidades, al menos, no las serias… - bebió de la taza una vez que la giro en sus manos.

¿A que te refieres?

Aprendes que una responsabilidad seria es cuando tienes que proteger a alguien más indefenso que tú… por eso, ototo, no hagas mis responsabilidad más extenuante y se bueno.

Baka, sé cuidarme solo…

Ya llegará el día en el que tendrás a alguien que dependa de ti. Cuando llegue ese momento, comprenderás que tu responsabilidad será velar por su bienestar día y noche… de lo contrario, la tristeza te mataría.

Esa noche, Sasuke aprendió algo muy importante. Itachi, sabía de su relación con la chica… pero además… que él sería su ángel de la guarda por siempre.


Sasuke se limpió los ojos cuando un copo de nieve le respingo en la cara. Afianzó mejor el cuerpo de Sakura y comenzó a correr con más intensidad por entre el bosque, necesitaba encontrar un lugar para protegerla del frio.

—Sakura…- mencionó para que ella respondiera. Sólo obtuvo un pequeño y casi inaudible gemido de su parte. Bien, al menos seguía viva.

Demoró al menos media hora para encontrar un lugar seguro donde acampar. La suerte le dio la oportunidad de refugiarse en una cueva, no muy grande ni muy pequeña a las afueras del bosque. Sin esperar más aterrizó en la entrada. Sakura comenzaba a enfriarse, tenía que ponerla a salvo. La arropó mejor con su haori, era muy delgado para protegerla del frio, pero aún así, era mejor que nada.

Inspeccionó la cueva. Estaba algo cerrada, sería suficiente, en el techo se localizaba un portillo que serviría como chimenea. Seguramente la roca estaría muy fría, así que sin esperar mucho exhaló un poderoso fuego de su boca. El humo escapó por la pequeña chimenea y el interior se calentó acogedoramente.

Colocó a la chica lo más dentro que pudo de aquella cueva. Sakura estaba cada vez más pálida. No se despidió, simplemente salió corriendo al bosque y al cabo de unos minutos regresó con leños que prendió para proveerle a la muchacha de una fuente de calor agradable. Sasuke suspiró, al menos con eso la temperatura de Sakura mejoraría.

Sin avisar de nuevo, salió corriendo hacia el bosque. Sakura había perdido sangre, por lo tanto, habría perdido también hidratación y nutrientes. Necesitaba cuencos para colocar comida y agua. Sacó su katana, y usó la hoja que estaba unida al mango, pues la punta de la espada y el demás filo, se había perdido en la batalla contra Kisame. Fue muy rápido y muy habilidoso. Cortó secciones del tronco de un árbol y las talló con la maestría de un carpintero. Logró hacer al menos tres cuencos y una pequeña cubeta, donde podría colocar agua. Buscó con desesperación un río, y cuando por fin lo encontró llenó los cuencos y la cubeta de agua. Después regresó donde Sakura y los colocó cerca del fuego, al menos así, la temperatura de la fogata calentaría un poco la fría agua del riachuelo.

Sin perder tiempo, volvió a salir de la cueva y a dejar sola a Sakura.

Esta vez, buscaría frutos, raíces y quizás un animal para cazar. Encontró vallas de todo tipo, algunas papas silvestres que se había cultivado en ese raro clima. Hongos y raíces comestibles. Plantas medicinales e insectos que, aunque no sabían bien, poseía muchas proteínas y nutrientes.

Logró atrapar un conejo y sin mucha parsimonia lo degolló para quitarle la piel y desangrarlo. Lo colgó en un árbol cercano a la cueva, así terminaría de desangrarse.

Regresó con Sakura. Comprobó su temperatura, seguía siendo baja. Se mordió el labio inferior. Procedió a ordenar las frutas, a machacar las raíces y a hacer un ungüento con las plantas medicinales. Algunas eran relajantes, otras servirían para los moretones que se habían formado en la espalda de Sakura.

Ni bien termino de elaborar aquellos productos, Sasuke salió, ya un poco menos apurado de la cueva, tomó al conejo y lo desmembró para cocinarlo. Ensartó la carne blanda en varitas de madera resistente. Entró de nuevo a la cueva y las colocó cerca del fuego.

Ahí se dio cuenta que el fuego se estaba acabando. Volvió a salir de la cueva y trajo toda la leña que pudo cargar. La colocó afuera y periódicamente iría por ella.

—Sakura… - la llamó. Ella estaba recostada a las faldas de la fogata. Estaba dormida en posición fetal. Sakura se posicionó detrás de ella y la obligó a levantarse. La recostó sobre su pecho, entre sus piernas, con cuidado de no lastimarla.

Alargó la mano para recoger un cuenco con agua.

—Sakura… bebe. – le ordenó. Pero la chica no reaccionaba. —Sakura… - la zarandeó un poco. Esta vez ella reaccionó un poco y abrió el ojo izquierdo. —Sakura, debes beber un poco de agua. – Sasuke acercó el cuenco con agua tibia a su boca. Ella abrió un poco. Lentamente tomó todo el cuenco. Después de eso suspiró.

Sasuke calculaba que había perdido tres cuartos de litro de sangre, no era mucho, un humano puede sobrevivir con cuatro litros de sangre. Pero el problema aquí era que Sakura estaba embarazada y además, muy débil. Tenía que darle de comer proteínas, vitaminas y agua. Para que al menos pudiera estimular la eritropoyesis en su organismo. Si Sakura sufría de hipoxia celular, entonces moriría.

—Ten… come esto. – musitó a su oído, no quería sonar muy rudo. Le acercó con la mano algunas vallas. Sakura abrió la boca y comió de una por una. Sasuke no se resignaba, cuando Sakura acabó de comer las vallas le acercó las raíces machacadas y de poco a poco ella comió.

Una vez que las consumió, comenzó a sentirse pesada. Sasuke se aventuró a utilizar el ungüento, le sacó con cuidado la ropa, ella estaba tan adormilada que no se percató de lo que hacía. La fría pomada consiguió relajarla un poco, su cuerpo estaba tibio, pero las heridas le ardían. Consiguió curar su espalda, sin perder tiempo le colocó la ropa, Sakura estaba quedándose completamente dormida.

—Espera, Sakura… - volvió a acercarle un cuenco con agua y sin pretenderlo demasiado la hizo que se bebiera todo el cuenco.

Ella no habló en ningún momento, sólo se dejó hacer. Después de beber el agua suspiró cansada. Sasuke dejó que durmiera un rato más. Después de todo, ella estaba débil…

Sasuke permitió relajarse un momento. Se recargó en la pared de la cueva y con Sakura abrazada sobre él, podría garantizar que si ella se movía lo notaría. Asió el cuerpo de la chica a su cuerpo, pasó las manos con el vientre de ella, así sentiría a su hijo y a la madre.

La apretó muy fuerte y comenzó a soltar un poco de vaho para regular su temperatura. Ella estaba muy fría y no era bueno.

—Vamos, Sakura… por favor vive. – musitó a su oído antes de quedarse dormido.

Sasuke se durmió al menos una hora. Sakura no se había movido en todo el rato. Se alertó al comprobar que la fogata estaba casi extinta. Se levantó con cuidado y colocó más leña. La llama se avivó en unos minutos. Comprobó también que el conejo estaba asado. Tomó un pedazo de carne ensartado en un palo y se acercó donde Sakura. Ella dormía recargada a la pared en lugar de Sasuke.

—Sakura… - le tocó el hombro. Ella no se movió.—Sakura… - volvió a moverla, pero no despertaba. Se desesperó y aplicó más fuerza. Ella comenzó a abrir lentamente los ojos. Lo encaró. —¿Tienes hambre? – preguntó sin mucha urgencia. Quería que Sakura comiera, debía recibir los nutrientes necesarios para que tanto ella como su hijo estuvieran sanos.

Sakura le miró por interminables segundos. Después asintió. Sasuke se sentó a su lado y le dio el conejo asado. Ella estiró la mano y con suma mesura comenzó a comer. Estaba mareada y se sentía fatigada. Así era con su embarazo, ella siempre se sentía cada vez más débil. Sin embargo, no quería echarle la culpa al bebé. Ella se convencía a si mismo de que el problema aquí era que se estresaba demasiado.

Sakura observó a Sasuke comer. Comía con delicadeza, pero podía notarse que necesitaría más que un conejo para llenarse. Con algo de resignación, le extendió el conejo. Sasuke sonrió de lado.

—Yo estaré bien, Sakura… come tú. – y él le cedió su trozo de alimento.

—Pero… Sasuke…

—Lo importante aquí es que recuperes energía. – le alcanzó un cuenco con agua. —Y líquidos…

—Gracias. – ella lo tomó, sus manos temblaban un poco. Aun así, hizo un esfuerzo para que eso no le impidiera beber.

Una vez que estuvo satisfecha, comenzó a sentir la pesadez en su cuerpo, y al mismo tiempo, el frió. Se frotó los brazos ella misma.

—Nevará. – Sasuke se acercó a ella y le ajustó el haori para que al menos guardara un poco de calor. —Acércate. – volvió a colocarla en la misma posición de antes.

—¿Y tú? – sintió que los varoniles brazos tocaban su vientre. —También tendrás frio.

—Soy más resistente al frio que un humano promedio. Además, contigo así, el frio no alcanzará a tocarme. – colocó su barbilla en su hombro y suspiró. Sakura no supo que pensar, tampoco qué sentir. Estaba tan cansada y confundida.

Se resignó, al parecer, en el estado en el que se encontraba no sería capaz de echar a Sasuke fuera de su vida. Ni ella misma podía explicar aún lo que sucedía. Todavía no sabía si Sasuke la amaba tanto como ella… también, la increíble explicación que su secuestro y retención ameritaban. El atentado en su contra por parte de ese demonio azul. Además de que parecía estar pasando algo fuera de su conocimiento…

El paso del tiempo la hizo caer presa del sueño. Decidió dormir un poco, escuchaba la respiración de Sasuke, estaba segura que se desvelaría. Sin temor a nada más, por primera vez confió de nuevo en él. Se quedó completamente dormida.


—Madara-sama. – la voz del experto asesino asesoró su salida. —Según los informes, Uchiha fue visto por última vez en los bosques nevados, ¿Desea que lo acompañemos? – se inclinó con fidelidad ante el amo.

—No, estaré bien solo, Hidan. – tomó de un armario una armadura roja y un poco vieja.

—La seguridad es primero, señor. – alegó Zetsu, desaprobaba la decisión de que su amo usara una armadura vieja.

—Por eso mismo, esta armadura me la proporcionará. No te preocupes, lacayo. La armadura de Uchiha Madara es legendaria, nada atraviesa su coraza… - ajustó su armadura y abrió la puerta de su palacio. Una fuerte ventisca lo recibió. El poderoso frio atormentador que rompe hueso sonrió y Madara se mofó de aquella sonrisa.

Salió al bosque, completamente solo. No necesitaría ayuda para acabar con un jovenzuelo que creía lo tenía todo. Muy pronto, aquello que guardaba sería suyo.


Un gruñido conocido la despertó esa ártica velada. Parpadeó un par de veces para que la vista se le aclarase. Contuvo un suspiro y después bostezó en silencio. Movió la cabeza y se dio cuenta que Sasuke estaba ahí.

—¿Sasuke? – musito debido al frio. El muchacho estaba totalmente dormido, por más imposible que sonara eso. Incluso podía escuchar pequeños e imperfectos ronquidos.

Sonrió con algo de ternura. Sasuke debía estar agotado después de enfrentarse a ese monstruo azul. No cabía duda que era un gran guerrero. Un poco más relajada que la primera vez que Sasuke la despertó, Sakura recordó que tenía hambre e intentó alcanzar las vallas silvestres que estaban no muy lejos de ella. No podía moverse con fluidez a causa de que Sasuke estaba sobre ella.

—¿Tienes hambre? – un murmullo muy cerca de su oído la hizo detenerse. Sasuke la había agarrado con las manos en la masa. Percibió cómo se desperezaba el muchacho con lentitud. Él le alcanzó las vallas con delicadeza y después se levantó para colocar más leña en el fuego. Sakura sintió que el calor tan acogedor que se la había envuelto se escapaba junto con Sasuke. Hizo un puchero casi invisible, pero que logró percibir el muchacho.

Se sintió complacido al ver que la chica dependía de él. Así que le acercó un cuenco con agua para que bebiera. La muchacha bebió en silencio.

—Casi se acaba la comida. – dedujo Sasuke al ver lo poco que estaba en una esquina de la cueva. —Saldré de nuevo, por favor no salgas de aquí. – mencionó con tranquilidad y pereza.

—¿Te iras? – ella se alarmó inconscientemente.

—Regresaré en cuanto pueda.

—No es necesario… ya no tengo hambre, sólo quiero dormir. No te preocupes por la comida. – no encontraba las palabras para darle a entender que lo único que ansiaba era que volviera a colocarse junto a ella para dormir.

—Pero Sakura, necesitas comer…

—Ya estoy más que satisfecha. Ven. – lo invitó a sentarse junto a ella. No pudo negarse a tan rica invitación. Se sentó junto a ella y la abrazó de los hombros, la acercó a su cuerpo para compartir el calor, aun quedaba un poco de leña extra, podrían pasar la noche con eso. Pudo escucharla suspirar con profundidad. El silencio se apodero de la cueva y con ello la afonía reinó por muchos minutos.

—Sakura. – la llamó muy despacio, ella estaba quedándose dormida.

—¿Umm? – gimió con los ojos cerrados.

—¿Cómo… cómo…? – no se animaba a pronunciar aquello que tanto anhelaba. Logró llamar a su curiosidad, así que la chica lo encaró con interrogantes. —¿Cómo piensas… llamarle a nuestro…? – Sasuke no tenía intensión de titubear, pero la emoción lo conmocionaba de tal manera que no podía decir palabra.

—¿Bebé? – susurró algo adormilada. Cuando Sakura estaba durmiéndose era como si estuviera borracha.

—¿Has pensado en algo?

—No…- musitó. Sus ojos se cerraron.

—¿Sakura? – movió con cuidado su hombro, pero ella ya estaba dormida. No dijo nada al respecto, se colocó detrás de ella como la última vez y la abrazó para dormir. Sakura se movió por inercia y se pegó a su pecho para obtener el preciado calor que necesitaba.

Ya era muy tarde, quizás y ahora sí podría dormir más… ese pensamiento anidó en la mente de Sasuke. Ya un poco más relajado que antes, Sasuke recostó la cabeza hacia el respaldo de la cueva. Necesitaba descansar también, quisiera o no la batalla anterior junto con todo el ajetreo, lo habían agotado. Respiró un poco y se dedicó a conciliar el sueño…

Pero… algo lo despertó. Un ruido similar al de alguien jadeando.

—Sakura… - le tomó la frente y lo comprobó. La chica estaba ardiendo en fiebre, sudaba copiosamente y jadeaba debido a la alta temperatura corporal. Masculló una maldición al darse cuenta de la gravedad del asunto, si no hacia algo pronto ambos correrían peligro.

Se apresuró a cortarse un trozo de tela de su pantalón, lo mojó en algo de agua que había sobrado y lo colocó en la frente de Sakura. La recostó en el suelo, su pancita sobresalía de una manera muy tierna, pero en estos momentos Uchiha no se dedicó a contemplarla, debía enfriar a la chica a como diera lugar.

—Sakura, abre los ojos…- la llamó con algo de desesperación. La chica simplemente gimoteaba ante la merced de la fiebre. Se mordió el labio inferior y siguió mojando el trozo de tela con agua para refrescarla, pero la chica seguía inconsciente y con un calor que brotaba irremediablemente.

Sasuke pensó en que quizás algo de hielo podría funcionar, salió de la cueva decidido a recolectar un poco. Sería fácil por la helada. Cuando se aventuro a la intemperie una ráfaga congelante lo paralizo momentáneamente. Sacudió la cabeza y se agachó para tomar la nieve, entonces…

—Hola, Sasuke-chan…- dijo una voz que Sasuke conocía a la perfección. Su Sharingan se activó al instante. Se dio la vuelta y se tomó con nadie menos que…

—Abuelo… - musitó presa de la impresión.

—¿Oh? – Uchiha Madara ladeó la cabeza. —Tenía tanto sin escucharte decir abuelo. Mmm, que tiempos aquellos. —Recitó con un tono de voz muy similar a la nostalgia.—Bien hecho, Sasuke-chan, los modales son primero…

—¿Qué quieres, Madara? – gruñó. Su tono del habla cambió completamente a uno lleno de ira y resentimiento.

—¿Madara? – la emoción se esfumó de la cara del veterano. —¿Qué pasó con abuelito?

—¡No estoy jugando, Madara! – gritó, no tenía tiempo para juegos.

—Tranquilo, Sasuke-chan, lo que menos quiero es enfrentarme a mi propio nieto. – azuzó cortésmente.

—Como si tuvieras alguna consideración con tu familia, desgraciado. – susurró Sasuke, cada vez más molesto.

—Mmm… que curioso que lo menciones. – se llevó una mano a la barbilla. —Tú tampoco eres muy considerado, ni siquiera me has dejado pasar a… - observó la entrada iluminada de la caverna. —A tu cueva. Por favor, está helando acá afuera… ¡Mira como estás vestido, muchacho! Te vas a enfermar.

—Retrocede, Madara. – Sasuke avanzó sin miedo, llevándose la mano a su katana que estaba en su funda.

—Que grosero eres, Sasuke-chan… ¿Qué diría tu padre?

—¡No lo menciones, estúpido! – molesto y lleno de rabia, Sasuke abrió la boca para emitir una poderosa llamarada. Madara colocó sus brazos alrededor y se protegió la cabeza del fuego. Disipó el fuego en cuestión de segundos y en sus ojos resplandeció el rojo del Sharingan.

—Parece que estás haciendo una rabieta. – la voz de Madara emergió con un tono pastoso y gutural. —Ahora, Sasuke-chan, te lo pediré amablemente… dame el tesoro.

—Jamás. – casi deletreaba la palabra.

—Si no me lo das por las buenas… me lo darás por las malas.

—Entonces ven por él… pero tendrás que matarme primero.

—Eso puede arreglarse. – juntó sus puños primero y después emergió airado hacia donde estaba Sasuke.

El Uchiha menos esquivó los golpes de gran nivel que le propinaba su abuelo. Estaba muy molesto, pero tampoco había olvidado que debía pelear con cordura. Sasuke tomó su brazo en el aire y lo dobló, intentó inmovilizarlo, pasando su pierna por entre las rodillas de su abuelo y después, usar su peso para tumbarlo. Se llevó una gran sorpresa al darse cuenta que se abuelo se desvanecía entre su agarre como si fuera humo. Madara se materializó detrás de él y de una fuerte patada lo mandó a volar contra la nieve.

Sasuke se levantó con rapidez, limpiándose la sangre de su rostro.

—¿Qué fue eso?

—Teletrasportación…- afirmó el Uchiha mayor. —Se requiere un gran dominio del cuerpo sin hablar de energía… Consiste en cambiar mover tu cuerpo a una velocidad parecida a la de la luz, ¿Crees que puedes hacerlo, Sasuke-chan?

—Eres un presumido. – juntó sus manos y después sostuvo su brazo derecho con el izquierdo. Un relámpago nació entre sus dedos y con la luz incandescente, el chillido de mil pájaros. Se lanzó a una velocidad deslumbrante contra Madara, extendió la mano para dar en el blanco, pero una vez más las técnicas de su abuelo lo tomaron por sorpresa, a solo una decima de segundo, Madara le tomó del brazo agresor y lo desvió contra la nieve. Sasuke no pudo reaccionar cuando sintió que lo tomaban de la nuca de de la misma manera que hicieron con su brazo, Madara lo sometió. Lo impactó contra la nieve, después lo levantó con mucha fuerza y lo volcó más lejos.

Se acercó lentamente a donde estaba tirado Sasuke.

—Tu determinación me ha conmovido, Sasuke-chan… ¿Qué te parece si te unes a mí? Así pasaré por alto tu mala educación y te daré un lugar de honor en mi estrado, ¿Qué me dices?

—Digo…- tosió con fuerza. —Que… eres un bastardo. – y Sasuke abrió los ojos para darle la bienvenida a potentes llamaradas negras. Madara se preocupó e intentó escapar de éstas. El fuego negro lo alcanzó y comenzó a quemar su vieja armadura, sus brazos y piernas.

Sasuke se levantó tambaleante, cerró los ojos, que ya le comenzaban a sangrar. Se recargó contra un árbol, necesitaba descansar después de esa demostración inaudita.

—¡Sasuke! – era la primera vez que Madara le llamada sin el sufijo. Abrió sus orbes para localizarlo y se sintió un poco intimidado al ver la furiosa figura que se abalanzaba contra él. Madara logró aplacar las llamas con su Sharingan, pero el daño estaba hecho y realmente le había dolido.

Se acercó tan presto que Sasuke no pudo moverse. Lo tomó del cuello y lo apretujó hasta casi ahogarlo. El moreno clavó sus uñas en la muñeca de su abuelo, intentando soltarse.

—No sé cómo demonios aprendiste el Amataresu… estoy muy sorprendido. – lo apretó más, Sasuke no podía respirar. —Creo que es justo que yo te muestre otro truco. – lo soltó, dejándolo caer pesadamente al suelo.

Madara comenzó a juntar una asombrosa cantidad de energía en sus manos, se cortó la palma y después, con ambas manos tocó el suelo montañoso. A continuación el caos.

Uchiha observo como la tierra se movía presurosa. La tormenta de nieve se convirtió en una de rayos. Sasuke se recargó contra una roca, apenas podía ver, puesto que la técnica Amateresu siempre dejaba muy lastimados a sus ojos.

Se limpió la sangre y entonces quedó boquiabierto.

—¡Contempla, Sasuke-chan, al único y autentico Susanoo! – la figura del dios lo paralizó.

Frente a él estaba un ser gigante y mitológico. Su armadura y su cuerpo en carne viva. Creando una presencia insoportable y dolorosa.

—Demonio… cómo pudiste…- de entre las cosas más sagradas que el clan Uchiha profesaba, era el respeto absoluto a los dioses. La manera en la que su abuelo controlaba al dios era totalmente reprochable.

Logró ver hilos casi invisibles, por donde el fuerte hechizo mantenía al poderoso Susanoo bajo las órdenes de Madara.

—Acaba con él, Susanoo. – Madara movió su brazo izquierdo como si estuviera haciendo un remolino con los dedos. El coloso reaccionó inmediatamente, empuñando las manos y atacándole. Sasuke recuperó la cordura, debía escapar de las poderosas estocadas que le propinaba el dios.

Se preocupó mucho por que los temblores estuvieran causando daño a la cueva también. Entre salto y salto para evadir los ataques, Sasuke miraba la cueva, hasta el momento la estructura no había sufrido ningún daño.

Decidió que debía alejarlos de ahí. Emprendió la huida en dirección contraria a la cueva. Madara comenzó a correr tras él y Susanoo imitó sus movimientos. Se percató así, de que Madara controlaba a la deidad con ayuda de esos hilos y que probablemente tendrían un alcance máximo.

Así que solamente tenía que destruir su vía de conexión y hecho. Cuando se dio cuenta que la distancia era prudente, se volvió hacia Susanoo, lanzó una gran flama para distraerle. El dios se cubrió con sus brazos, fue entonces cuando Sasuke escaló su cuerpo, impulsándose hasta llegar a la cabeza. Sacó su espada, rota. Acumuló rayos en ella y la encajó en el hombro del gigante.

Sasuke se sintió abatido al darse cuenta que sus rayos no penetraban la armadura.

—¡Quítatelo de encima! – exclamó Madara, había algo diferente en su respiración… él estaba cansado.

Las manos del ser mitológico intentaron capturar a Sasuke, quien corría hábilmente por su espalda. Entre todo el desastre encontró un hilo, de nuevo lo intentó con su arma, y cortó con la parte que todavía conservaba filo. El hilo de control se rompió, con él, uno de los brazos de Susanoo se desactivó. Quedó colgando como un títere sin cuerda.

—¡Maldito chiquillo! – Madara juntó los puños, después extendió el derecho y lo apretó nuevamente. La mano servible de Susanoo atrapó a Sasuke mientras éste saltaba. Lo lanzó al suelo y después con su pie, lo atrapó como si fuera una enorme plancha.

Sasuke quedó sepultado en la nieve, con los antebrazos, el abdomen y sus piernas bajo aquella mole.

Luchaba por liberarse, pero el peso de la estructura divina superaba con creces sus esfuerzos.

—Es una pena, Sasuke-chan… - escuchó los cercanos pasos de Madara, él estaba a su lado, con una sonrisa cínica.

—Libérame para podamos pelear, maldito… - masculló Sasuke, forcejeando todavía.

—De nada te servirá… te he derrotado justamente. – se acuclilló para que así pudiera escucharle mejor. —Ahora, te lo diré por última vez… Entrégame el tesoro por las buenas y quizás te perdone la vida.

—Eso será… cuando esté muerto…- le escupió en la cara, indignado aún más al demonio mayor.

—Eres un insolente… al igual que tu hermano. – le pateó el rostro. Sasuke recibió el impacto en el ojo izquierdo, se le puso morado.

—Itachi era más digno que tú para ser el elegido…- bisbiseó Sasuke.

—¡Itachi fue un idiota que pensó que podría alejarme de mi destino! Yo soy el autentico heredero, yo seré quien posea el tesoro… y tú no eres más que escoria. – se llevó una mano a la espalda y de ahí sacó una espada corta. —Es una pena que no puedes recapacitar… ¿Sabes qué? Después de que acabe contigo, tomaré el tesoro y no tienes idea de cuanto me regocijare…

—¡Maldito bastardo! – intentó quitarse de encima al dios, pero no podía. Pensamientos de su abuelo lastimando a Sakura y a su hijo le atormentaron. Tenía que salir de ahí, tenía que… Claro.

Las aspas de su Sharingan comenzaron a girar, tenía que invocar de nuevo el fuego negro, era la última opción que tenía.

—De nada te servirá eso, Sasuke-chan… - Sasuke lo miró sin entender, como siempre, Madara sonreía con egocentrismo. —Invocar el Amataresu es algo completamente agotador. Sólo aquellos, lo suficientemente capaces y bien entrenados pueden invocarlos varias veces seguidas… tú eres un niño que intenta ser un adulto. Gira todo lo que quieras tu Sharingan, sin la energía suficiente no lo lograras. – se burló de él.

—¡Eres un bastardo! – gritó el joven.

—Puede ser… pero soy el bastardo que te mató. – alzó su espada, Sasuke tragó saliva… este no podía ser el fin, ¿O sí?. —Adiós, Sasuke-ch- —un irascible rugido los paralizó a ambos.

Una bola de fuego rojo emergió de entre los arboles y los vientos gélidos. Un demonios gigante, bestial; se lanzó sobre ellos. Madara quedó sorprendido, al igual que Sasuke.

—Refuerzos…- musitó Madara, incrédulo.

—Naruto…

Continuará…

Bien, espero que todavia no sea muy tarde para decirles... Gracias por leer y que espero de todo corazón que me dejen un review. Gracias a todas esas personas que leen este fic. Muy pronto, espero subir más capitulos.

¿Merece un comenario?

Yume no Kaze.