Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Yo sólo soy dueña de la trama...

Capítulo 7

Bella miró de nuevo el sencillo conjunto que había escogido; resopló indecisa y molesta consigo misma. De lo único que estaba segura era de que quería ser una mujer sexy, atractiva y completamente deseable pero iba a necesitar ayuda para cumplir su objetivo. Buscó con la mirada a las demás y las encontró cada una por su lado a lo suyo. Con gesto un poco ansioso miró su reloj de pulsera. Odiaba la atemporalidad que ofrecían aquellos monstruosos centros comerciales. Dentro de ellos no podías saber si era de día o de noche, verano o invierno; y eso ponía nerviosa a la joven de Arizona. Miró a Alice, con la esperanza de que ella se diera cuenta de lo cansada que se encontraba. No quería interrumpir a la morena vampiresa porque se la veía especialmente concentrada en su tarea pero la necesitaba.

-¡Bella! ¡¿en serio? -Rosalie se había acercado a la joven arrebatándole de sus manos las prendas que ella había elegido- ¡Ay, por Dios! ¡Mi abuelita usaba ropa interior más sugerente que esta en sus tiempos!

-¿Dónde has encontrado... esto? -hasta Esme miraba espantada lo que Bella había escogido- ¿Seguro que es de esta tienda?

-Sí, bueno... estaban en aquel montón -explicó Bella señalando una esquina del local cerca de la caja central- Me parece bastante cómodo y... ¡están muy rebajados!

-¿Rebajados, eh? -Rosalie rodó sus preciosos ojos- Anda que...

Alice apareció como por arte de magia al lado de la castaña. Lanzó una significativa mirada a su rubia hermana y entrelazando su brazo con el de la chica se le llevó con ella.

-Gracias, Alice -susurró Bella agradeciendo que su futura cuñada acudiera al rescate- Sé que soy un completo desastre, pero... ¡ayúdame a cambiar, por favor!

Alice sonrió ampliamente y Bella comprobó que estaba emocionadísima al escuchar aquellas palabras; de haber podido hubiera soltado alguna lagrimilla. La miró de arriba a abajo y la llevó hacia unos preciosos conjuntos colgados en unas perchas al otro lado de la tienda. Bella la siguió conteniendo la respiración al ver los atrevidos sujetadores y las escuetas braguitas de encaje.

-Lo primero es deshacernos de esto y dejar que las dependientas se encarguen de devolverlo al "Infierno de Ropa Espantosa" de donde procede -dijo tomando de las manos de la joven humana las prendas que sostenía- Ahora vamos a ver... ¿braguitas o tanga?- Bella puso cara de terror. No estaba segura de querer empezar enseñando tanto- Vale, vale... braguitas. Pero escúchame, te voy a escoger unos conjuntos que...

Bella observó atentamente a la morena que se había quedado como ausente. Ella ya había aprendido a leer en el rostro de la vampiresa y sabía que en aquel momento había tenido una de sus visiones.

-Alice, ¿qué has visto? -preguntó Bella un tanto preocupada. Desgraciadamente, lo habitual hasta entonces era que Alice tuviera visiones de algún peligro inminente- ¿Está Edward bien? ¿Va todo bien?- Agarró a Alice por los hombros y la sacudió impaciente.

-Ya, ya, ya vale -dijo sonriendo alegremente- No es nada, Bella. Jajaja... ¡qué cara has puesto!

-No tiene gracia, me has preocupado -dijo Bella molesta- ¿qué has visto?

-Que voy a comprame un plumero para limpiar el polvo -dijo riéndose pícaramente mientras Bella ponía sus ojos en blanco y suspiraba aliviada- solamente eso...

Después de un rato bastante largo, según la opinión de Bella, las tres vampiresas y la joven humana finalizaron sus compras y cargaron con las bolsas de vuelta al coche. El tiempo no había mejorado, y aunque no llovía en aquel momento, el cielo estaba totalmente encapotado haciendo que pareciera noche cerrada a las cuatro de la tarde en mayo. Bella estaba muy cansada. Las inmortales no comprendían que las compras debían de incluir unas cuantas paradas para tomar unos refrescos, comer unas patatas fritas e ir al baño. Ir de compras con una humana debía ser un auténtico fastidio. Aun así parecía que se habían divertido mucho las cuatro. Todas reían alegremente cuando subieron al coche para ponerse en marcha.

-¡Me encantaría contemplar la cara de Edward cuando te vea con ese conjuntito! -Rosalie se puso al volante y ajustó su cinturón de seguridad- ¡Me encanta la nueva Bella! Tienes que ponértelo esta noche.

Bella sonrió e imaginó el efecto del encaje y las transparencias sobre su blanca piel. ¿Se atrevería a ponerlo esa misma noche cuando Edward acudiera como todos los días a su ventana? Las demás la animaban para que diera el paso y se lanzara. ¡Qué demonios! Estaría fabulosa y encendería la llama de la pasión en el inerte corazón de su amado. Fantaseó con la idea de estar ante Edward solamente cubierta con la escasa tela, a la tenue luz de la lamparita de su habitación. Ansiaba ver en sus ojos el fuego del deseo, tentarlo y hacer que no pudiera resistirse a tomarla allí mismo, en su habitación, en su cama, con Charlie a solo unos metros en el piso de abajo...

-Charlie -susurró con la mirada perdida. Luego sacudió su cabeza como si con ello pudiese borrar de un plumazo el juntar en un mismo pensamiento la idea de tener sexo con su novio y a su padre en el salón.

Las demás se miraron unas a otras por el rabillo del ojo.

-Bueno... -Alice habló al fin- ¿No hay partido esta noche? Seguramente vaya a casa de Billy Black a verlo.

-¿No puedes verlo? -la voz de Rosalie sonaba un tanto ansiosa.

Alice se encogió de hombros y negó con la cabeza. Seguramente Charlie estuviese en aquel momento en compañía de algún licántropo. Quizás aquello fuese una señal. Ahora que Bella y Edward estaban comprometidos Charlie no tenía más remedio que aceptarlo, pero lo de tener relaciones sexuales bajo su mismo techo... por ahí no pasaba el Jefe.

-Pero bueno, tú no te preocupes -Alice sonó animada- Lo importante es que estaréis juntos. Eso sí que lo he visto- la guapa morena guiñó un ojo a Rosalie y Esme que estaban observando a través del espejo retrovisor.

Bella permaneció en silencio el resto del trayecto. Se había puesto nerviosa y ahora no sabía qué hacer. ¿Qué era exactamente lo que había visto Alice? Se sintió agobiada, pero su amiga la rodeó por los hombros reconfortándola. Enseguida llegaron a Forks y Rosalie condujo hasta la casa de los Swan. Justo al llegar se cruzaron con la camioneta de Jacob Black. Él iba al volante y Charlie a su lado. Tocó la bocina a modo de saludo. Rosalie paró el coche justo a la par. Jacob bajó la ventana y saludó educadamente, manteniendo las formas ante las tres vampiresas.

-Buenas tardes -dijo con una sonrisa forzada- ¿qué tal de compras?

Bella bajó la ventanilla y sonrió intentando ser conciliadora. Sabía que Jacob todavía estaba dolido por el rechazo, pero ya iba siendo hora de que comenzara a asumirlo.

-Hola hija -saludó Charlie- ¿qué tal tu día de compras?

-Muy bien, papá -contestó ella- ¿Vais a salir?

-Te dejé una nota en casa, voy a ir a casa de Billy a ver el partido -dijo él- Sé que estarás cansada, pero ¿te apetece venir con nosotros? Es la final.

-Sí, Bella -Jacob fue rápido de reflejos- Vamos a cenar un montón de comida basura y disfrutar de la buena compañía, ¿no te apetece?

-No, no... gracias -Bella intentó que no se le notase la emoción de quedarse sola en casa- Estoy cansadísima y creo que voy a ir a cama enseguida.

-¿No vas a ver a Edward hoy? -a Charlie no se le escapaba una- ¿No vendrá a casa, verdad?

-No Charlie, mi hijo está en Denali hoy -Esme estuvo rápida- Mañana tiene una entrevista en la Universidad de Alaska.

Charlie asintió convencido y todos se despidieron educadamente. Bella susurró un "gracias" a su futura suegra y salió del coche rápidamente.

-¡Eh!¡Te olvidas una cosa! -Alice agitó la pequeña y coqueta bolsa de papel de Agent Provocateur- ¡Pásalo bien!

El rostro de Bella se enrojeció hasta la raíz de su castaño cabello. Corrió a recoger la bolsa que sostenía Alice a través de la ventana abierta del BMW. Saludó con la mano a modo de despedida y entró en su casa.

Tenía mucha hambre pero decidió que lo primero era un cálido y largo baño que la relajara y reconfortara. Estaría lista para su prometido después. Subió a su habitación y dejó la bolsa encima de la cama. Recordó que Alice le había regalado hacía tiempo un gel y unas sales de baño de una marca carísima.

Mientras, en la mansión de los Cullen...

-¡Holaaaa! -las chicas entraron al salón cargando sus compras y riendo alegremente.

Edward y Jasper jugaban al ajedrez en un complicado nuevo juego en el que intervenían varios tableros juntos y un montón de piezas. El rubio estaba en un aprieto. Su hermano se anticipaba a sus movimientos leyéndole el pensamiento y estaba amenazando a su reina favorita. Alice se acercó a él para darle un cariñoso beso en los labios que hizo que su concentración se evaporara del todo.

-¡Maldición! -masculló el guapo vampiro cuando Edward, en un veloz movimiento abatió a su reina sin contemplaciones.

Rosalie dejó las bolsas sobre el sofá y saltó a los brazos de su marido que veía los deportes en la televisión.

Carlisle aún no había llegado a casa del Hospital y Esme con una risita pícara corrió a guardar lo que había comprado en su dormitorio para darle una sorpresa a su marido aquella noche.

Alice siguió a Esme escaleras arriba para guardar sus bolsas también. Jasper no pudo evitar seguirla con la mirada cargada de deseo. Recibió un soberbio empujón por parte de su hermano de pelo cobrizo que hizo interrumpir sus pensamientos calenturientos.

-¡Vale ya! -Edward se mostraba muy molesto- ¿Es que no puedes contenerte un momento?

-Lo siento -Jasper susurró y se levantó para irse. Un paseo lo despejaría un poco.

Rosalie y Emmett que permanecian abrazados dejaron de besarse un momento para mirar a Edward con enfado.

-¿Por qué tratas a Jasper así? -Rosalie lo recriminó duramente. Se dirigió a su rubio hermano para mostrarle su apoyo- Jazz, cariño, tú no tienes que pedir disculpas a nadie...

-Sí, Eddie, deja de meterte con Jasper -Emmett salió en su defensa también- ¿Qué tiene de malo? A los demás no nos molesta en absoluto.

Jasper se quedó parado justo en la puerta que daba a la terraza. Solía salir por allí normalmente, saltando a alguna rama de algún árbol para dar una vuelta por el tranquilo bosque. Pero en aquel momento no quería estar solo. Agarraría a Alice de la mano y se la llevaría lejos, al bosque, en lo profundo. Buscarían su refugio secreto, con suerte no lo habrían descubierto aún los humanos y le haría el amor hasta el día siguiente. Suspiró e intentó no pensar en aquello; Edward torció el gesto otra vez.

-Por supuesto que no os molesta -Edward sonó ácido- eso os pone cachondos. Yo tengo que soportar el tormento del deseo y la lujuria invadiéndome mientras vosotros os desahogáis con vuestras respectivas parejas. ¿Sabéis lo que eso supone? Yo no tengo lo que vosotros tenéis- Edward clavó sus ojos furiosos en los de Jasper y este le mantuvo firme la mirada.

-¿Y quién tiene la culpa de eso? -Emmett se sintió ofendido- Perdona, pero tú tienes a Bella...

-Deja a Bella fuera de esta discusión -gruñó el cobrizo entre dientes. Poco a poco se le fue aplacando la rabia. En parte por intervención de Jasper, en parte porque sabía que toda su ira provenía de sus ansiedades de inseguridades. Se giró hacia su rubio hermano- Perdóname, Jasper. No he sido justo contigo.

Jasper hizo un gesto de conciliación con la cabeza y le transmitió sus simpatías a través de sus sentimientos. En el fondo el rubio compadecía a Edward. En aquel momento Carlisle entraba a la casa.

Edward se marchó pronto a ver a Bella. Sabía que Charlie no estaría en casa, y aunque era un buen chico rompería las reglas al estar con su hija a solas. Le gustaba demasiado Bella como para no hacerlo. Decidió no llevar el coche, por culpa de Jasper se sentía inquieto y ligeramente excitado. Correr le iba a sentar bien y le ayudaría a serenarse en presencia de su bonita prometida. No quería acabar perdiendo las formas ahora que había llegado a la recta final de su castidad. Su virginidad tendría los días contados.