Disclaimer: este cap. final utiliza a los seres creados por Hiroyuki Takei, mil y un gracias por crearlos.

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Capítulo VII

La puerta principal del aeropuerto se abrió abruptamente, empujando a un par de personas que estaban allí. Muchos lo insultaron, pero sus parientes se disculparon por su falta de cortesía. Mas él no se detuvo, siguió corriendo por el pasillo chocando a mucha de la gente que estaba allí esperando.

Corrió seguido de sus dos parientes, hasta que se detuvo en el final del pasillo. Buscó casi en un intento de desesperación a Ren allí. Pero no encontró su silueta por ningún lado. Con los ojos casi idos hacia otro lado, tomó a una mujer que estaba parada allí, mirando por la ventana.

— ¿Ya salió el vuelo a China? —preguntó zamarreándola un poco. La mujer, estupefacta, le señaló un avión que estaba afuera a punto de despegar.

Horo-Horo colocó las manos en el vidrio y comenzó a gritar en vano el nombre de su amigo, nadie le iba a contestar, puesto que no se escuchaba desde las cabinas del mismo. Su familia lo miraba como quien mira a un demente cometer algunas de sus primeras locuras. Pese a que Pirika le dijo que era en vano, él la ignoró y no se detuvo.

Cuando las turbinas del avión se encendieron y vio cómo el mismo se elevaba, sólo pudo emitir un último grito desgarrador y después romper en llanto. Lloró un poco hasta que el avión se elevó y se perdió en el cielo azul, aunque con algunas nubes de tormenta. Sus rodillas se vencieron producto del temblor que le invadía el cuerpo, por ello cayó al suelo, con las manos aún aferradas al vidrio cual hielo a los dedos.

— ¿Qué te pasa?

— ¡Ren se fue y es mi culpa! —gritó desconsolado a modo de respuesta.

— ¿Pero qué tanto te importa?

—Mucho, él era la única persona a la que de verdad amé.

—Y si estuviera aquí, ¿qué le dirías?

—Que lo siento, que lamento mucho todo lo que le hice. De verdad no fue mi intención hacerlo sentir mal, simplemente quería hacer lo mejor. Y que… quiero ir con él a China.

—Pues no creo que haya problema, mi habitación es muy grande y la casa también; le caerás bien a mi familia cuando vivas conmigo —comentó la misma voz que le había estado interrogando, pero acercándose a él.

En ese momento Horo-Horo se dio media vuelta y contempló la silueta que tenía al lado. La sonrisa se dibujó en su cara y los ojos le brillaron como un niño que tiene un nuevo juguete. Incluso llegó a mostrar los dientes en la sonrisa, lo que nunca le pasó antes. Su padre hizo lo mismo al ver a su hijo, por primera vez, tan contento.

El ainu se puso de pie y tomó de los brazos a su compañero. Después dijo su nombre y éste le contestó:

— ¡¿Pues quién más podía ser, idiota?

— ¡Ren! —gritó de nuevo y lo abrazó.

Fue un abrazo, catalogado con honores como "de oso". La alegría del ainu era algo que demostraba con muy poco frecuencia, no obstante cuando lo hacía lograba hacer que su cuerpo reaccionara con igual intensidad.

Estrechó entre sus brazos al chino, quien con el mayor esfuerzo de toda su alma, se dejó abrazar. Hasta que sintió que el aire comenzaba a faltarle.

—Bueno ya está —dijo, pero Horo-Horo lo ignoró. — ¡Idiota fuera! ¡Garrapata! ¡Molesto pegote! —gritaba tratando de zafarse. Pero el ainu, por el simple gusto de molestarlo, no lo soltó. — ¡Si vas a ser tan pegote, no vienes conmigo! ¡Fuera, garrapata, idiota!

—Pero sin mí no serías tan feliz, como yo lo soy contigo —comentó Horo-Horo burlándose.

— ¿Qué? —comentó el chico sin entender a qué se refería. En ese momento, en vez de una simple respuesta, se acercó a él y lo besó.

Ya sin importarle si estaban en un lugar público, si estaban sus familias o no, ellos se quedaron unidos por un momento. No deseaban separarse, quería estar más cerca que antes, querían algo más en ese momento, pero no pudieron hacerlo por el simple hecho de tener ropa y porque tampoco tenían tan poca vergüenza.

Sus hermanas contemplaban cómo sus hermanos se deseaban y besaban como si fueran una de esas parejas de las telenovelas. Aunque algo cambiada, pues los dos tenían el cabello corto.

—Hola, Jun —saludó Pirika.

—Hola, Pirika —saludó Jun.

Las dos se miraron como cómplices que eran. Y es que ese plan de hacer que sus hermanos se unieran había salido de sus mentes combinadas.

—Operación… —comenzó a decir la más chica de las dos.

—…Unión de hermanos —siguió diciendo la otra.

— ¡Completada! —gritaron las dos al unísono.

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Nota final: gracias por leerlo, realmente me sorprende que alguien quiera leer esto xD. Si hay por ahí alguna persona que no ha comentado, pero que ha leído esto, simplemente me gustaría que me diera un comentario. Aunque más no sea para decir que lo que leyó fue una mierda -_-. Igual gracias y hasta la próxima.