Este fic es para el reto de Takari95 en el foro Proyecto 1-8


CROSSFIRE

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Capítulo 6

"Destiny in doubt"
-Destino en duda-

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I

Dracumon sonrió en las penumbras, divertido por la visión. El heredero del Fuego, uno de los guardianes de los espíritus digitales de los Guerreros Legendarios, había caído en su hechizo, finalmente. Dudó, por un momento, que la férrea voluntad se doblase pero había muy pocos capaces de resistirse a la hipnosis. En especial, cuando miraban directamente sus ojos.

El Mundo de los humanos tendría un poco de emoción de ahora en adelante y no podía encontrarse más que satisfecho por ser el causante de todo, por cambiar la balanza. Seguramente los demás Guerreros no estarían agradecidos con él pero ellos se lo habían buscado: habían ido a su mundo, al mundo de los digimon, para intervenir y habían destruido sus datos para volverlos a construir.

La purificación de sus datos solamente había logrado que se volviese a un digihuevo libre de la influencia anterior, no había cambiado su esencia. Dracumon era un digimon oscuro desde el núcleo y había nacido y vivido siempre en el área oscura. No tenía el poder para salir por su cuenta. Anubismon se lo había concedido.

Él no podía recordar nada de su vida anterior, el digimon que fue, pero sí sabía que su muerte había sido invocada por uno de los Guerreros Legendarios y no podía dejar de resentirlos a todos ellos. Se lo habían contado, una vez. No le parecía justo, no le agradaba la idea de haber sido vencido y purificado, de haber sido confinado al área donde todos los digimon malvados eran dirigidos. Sabía que había sido un digimon poderoso, lo sabía, pero ahora estaba en etapa infantil y tendría que seguir esperando para poder alcanzar ese poder que le había sido arrebatado.

Anubismon, el juez, le había sembrado la duda después de un largo tiempo indefinido.

—¿Sabes cómo llegaste a vivir aquí?

Dracumon, que no había visto más que negro sobre rojo, tuvo que preguntar.

—Su nombre es Agnimon, señor del fuego, pero hay una leyenda muy interesante sobre él y sus compañeros. Devolvieron la vida a un mundo destruido por el ángel de sombras y luz. Deberías informarte.

Lo hizo.

Bokomon, uno de los guardianes de los Tres Ángeles, había escrito sobre los Guerreros que salvaron al mundo del caos y la destrucción. Describió en sus páginas historias de guerra y salvación, destrucción y esperanza. Él sabía que estaba plasmado en una de esas páginas, sintió su cuerpo temblar en reconocimiento cuando flashes de lo que vivió tiñieron sus recuerdos.

Seis niños humanos que rompieron todas las reglas y volvieron todo a su cause natural. Fuego, Luz, Viento, Trueno, Hielo y Oscuridad.

Pero Dracumon pensó en la prisión oscura, en lo solitario que estaba, en lo negro que era su mundo. Y lo mucho que odiaba al fuego. Las llamas iluminaban, él odiaba cualquier atisbo de luz en la sombra.

—Quiero ir al Mundo Humano—dijo.

Anubismon no tenía más que indiferencia en su mirada.

—¿Para qué?

Dracumon habría deseado que mostrase más emoción.

—Las leyendas dicen que se sembrará el caos, que colapsará ese mundo. Me gusta el caos.

Y todo era cierto. Pero quería más, también.

—Eres el que guarda la puerta a esta Área, lo sabes—dijo Anubismon, sabía que estaba tratando de ser persuasivo pero también que él no podía interferir más de lo debido en las decisiones: Anubismon era juez, no hostigador—, si te vas habrá consecuencias y serás juzgado por ellas. Hay cosas del pasado que deben permanecer allí.

—No me importa.

—Lucemon lo intentó y no logró nada más que ser destruido. Tus datos renacieron por alguna razón.

Dracumon quería decirle lo mucho que odiaba su condena.

—Yo seré mejor.

Y ahora solo tenía que mover los hilos de su marioneta.

Izumi Orimoto

En sueños, volaba. Ocasionalmente tenía alas brillantes, casi transparentes, como un hada. Otras tantas, plumas blancas y suaves cubrían todo, igual que solía suceder con los ángeles. En sueños, volar era tan simple como abrir los brazos y danzar al compás de la brisa. Y me encantaba. Por eso tenía claro que si hubiese tenido que elegir un elemento, igualmente habría escogido el viento. Me pertenecía de un modo único, difícil de explicar, y totalmente propio que era poco probable que otros me entendiesen cuando les hablase de lo que me transmitía.

El viento era mío. O, tal vez, yo le pertenecía al viento. ¿Cómo saber cuál de las dos era la más acertada?

No tenía idea.

Kouichi había dicho una vez que mi carácter estaba en consonancia con eso, también. Era una tarde de ocio y nos encontramos en el parque cerca de la estación de Shibuya, esperando a que nuestros amigos se nos unieran. Me lo explicó comparándome con una brisa y un huracán, tan desconcertante como ambos fenómenos atmosféricos, igual de inesperada con mis cambios de ánimo. Kouichi siempre parecía arreglársela para sacar reflexiones de cualquier cosa y me gustaba escucharlo divagar sobre todo y nada. Incluso, cuando me decía que le parecía semejante a los inestables cambios del clima.

—¡Sabes lo que quiero decir! —protestó, creyéndome ofendida por sus ideas (quizá lo estaba, un poco) pero más que molesta, yo estaba fascinada por la idea de llevar siempre una porción del elemento que pertenecía a Fairymon conmigo. Me reí al verlo enrojecer.

Y sabía, claro, de lo que me hablaba. Él se refería a lo bien que nos conectábamos con nuestros Spirits. Que, de alguna manera, los reflejáramos.

Supongo que tenía razón. Pocas veces se equivoca respecto a cosas así. Es su don: Kouichi puede ver más allá, en el interior de las personas.

—Es la estación —susurré. Un recordatorio para mí, para Fairymon. Ambas.

—Esa sí es una entrada, Izumi —susurró Junpei cuando mis pies rozaron el suelo, un instante más tarde.

Él vestía casi totalmente de negro, como si quisiera camuflarse con la noche que nos rodeaba, y me sorprendió verlo; no podía relacionarlo con mi amigo de hace tantos años. Junpei, el niño de azul eléctrico y amarillo radiante parecía haber dejado solo su sombra.

Kouji enarcó una ceja.

Era evidente que no había regresado a su casa para cambiarse de ropa. Me sentí absurdamente incómoda por haberme quedado en mi hogar mientras los gemelos buscaban a Takuya por los alrededores.

—Kouichi y yo tuvimos esta discusión sobre ser discretos...

Hice una mueca en mi fuero interno, sintiendo una vaga sensación familiar.

Supongo que era un punto discutible.

—No podía salir de casa de otra forma —expliqué. La voz de Fairymon pareció endurecer mis palabras para el exterior.

—Será mejor que evitemos deambular como digimon. A menos que sea necesario—Kouji volvió a intervenir. Sus ojos eran severos, como los de un padre regañando a su hijo pequeño: no me sentí mucho mayor—. No queremos, ni debemos, llamar la atención.

Asentí, sin decir más. Era muy difícil discutir con Kouji porque sus argumentos siempre tenían su cuota de lógica y sonaban muy razonables. Y como era alguien que prefería el silencio a las palabras, sabía exactamente qué decir y cómo hacerlo para llegar al corazón de la cuestión.

Takuya le ganaba en terquedad, pero Kouji era más determinado.

—Tienes razón —dije. Y cerré mis ojos.

La transformación no era fácil de explicar. Iniciaba con un tirón, una sacudida como el despertar abrupto de un sueño. Pero era veloz y suave, al mismo tiempo que no llegaba a ser igual que un amanecer sin pesadillas. Y cuando parpadeaba ya era conciente del cambio, sabía que era yo, de nuevo.

Algo ocurría en esos escasos instantes, una conexión indescriptible y un destello fugaz.

Era cuando más cerca me sentía de Fairymon.

—¿Dónde está Kouichi?

Kouji ladeó el rostro hacia la izquierda y noté que no estábamos solos.

A unos cuantos pasos había tres figuras más. Parecían ajenas a mí presencia, lo cual era hilarante por decir algo. Quiero decir... hola, acabo de cambiar de forma después de llegar volando. Sí, es algo que uno ve en cada esquina. La preocupación alimentaba mi sarcasmo mejor que la ira. Me tomó unos minutos en reconocer a Tomoki y a su hermano.

Quise regañarme a mí misma por ser descuidada pero creo que, si los hubiese notado, no me habría sentido amenazada, tampoco.

—¿Qué está haciendo Kouichi? —pregunté, curiosa. Desde mi lugar, parecía estar tranquilizando a Yutaka Himi.

Los labios de Kouji se crisparon. Pero no era una sonrisa. Ni siquiera cerca.

—Jugando a ser el líder.

Ouch. Sonaba a que se estaba gestando una discusión. Si no había estallado ya.

Aparté mis ojos de Kouichi y Yutaka, volviendo mi atención hacia el guerrero de la luz. Kouji era muy irritable cuando estaba preocupado. Kouichi no manejaba la presión mucho mejor. Y, entre los dos, no era una buena combinación.

Claro, podían llevarse de maravilla la mayor parte del tiempo pero todavía tenían sus roces y problemas, como cualquier otro par de hermanos.

A mí nunca me gustaba que Kouichi se enojase conmigo. Kouji tampoco, ciertamente, pero como tenía mayor relación con el mayor de los gemelos, era más fácil que discutiésemos los dos que Kouji estuviese involucrado. Cada vez que Kouichi se ponía serio en una pelea entre nosotros, me sentía como cuando era regañada por mi madre. Los dos eran capaces de decir una palabra y desmoronarme, no es un sentimiento que quisiera tener a menudo.

¡Madonna mia, estoy pensando en los gemelos como en mis padres!

—El enano trajo a su hermano —Junpei le lanzó una mirada de advertencia a Kouji y supe que me había perdido de algo, algo importante—... Bueno, más bien, lo arrastró para explicarle lo que está pasando ahora. Quiere ayudar.

Junpei Shibayama rara vez se enfadaba sin razón alguna y no tuve dudas de que lado estaba en la discusión o pelea o lo que sea que haya pasado entre Kouji y Kouichi

Guau.

—Así que Tomoki se lo contó.

No sabía qué parte me resultaba más asombrosa. Tomoki se había negado durante años a hablarle a su hermano de lo que teníamos, de nuestro pasado en común, y lo había hecho finalmente.

Junpei asintió. Kouji miró sus zapatillas, negándose obstinadamente a mirarnos.

Y el silencio nos tragó a los tres.

—¿Por qué discutiste con Kouichi? —pregunté, en voz baja. Para tratar con Kouji Minamoto hay que ser directos. Brutal y claramente, directos.

Los dos me miraron con sorpresa. ¿Es qué no se daban cuenta de que eran obvios?

Hombres.

El distante Kouji, enrojeció. Quise tener una cámara conmigo porque su expresión era oro puro. Y deseé haber sido testigo de todo el asunto para saber qué me había perdido.

—Yo…—empezó pero, antes de poder terminar la oración, pensó en decir otra cosa— ¿cómo lo sabes?

Ni siquiera traté de dignificar una respuesta para él. Levanté una ceja, intentando saber si me hablaba en serio o, la verdad, solo quería evitar darme una respuesta.

Sujeté el brazo de Kouji en un gesto impulsivo. Él me miró a los ojos, sorprendido.

—No quiero que discutas con él, se debe sentir mal lo suficiente por lo que está pasando—regañé, tratando de permanecer en zona neutral. No tenía idea de lo que había pasado pero los conocía, a ambos. Kouji era más propenso a enojarse y perdonar, Kouichi tendía más a resentirse silenciosamente y estallar con el último aliento—. No lo presiones.

Kouji pareció avergonzado, de repente.

—¿Te dijo algo?

¿No sabes que siempre lo sabemos todos, caro?

No—le dije rápidamente. Una luz se encendió en el fondo de mi mente y traté de pensar como Kouji, entenderlo—, pero sé como son ustedes dos. Y eres tú quien inicia las discusiones porque Kouichi generalmente las evita hasta que ya no puede contenerlas, así que, sea lo que sea que haya generado esto, no es el momento. No es culpa de ninguno de los dos que Takuya no esté. Y él no juega a ser líder, trata de mantenernos cuerdos a todos, en especial a ti y a mí.

Las cejas de Kouji se alzaron y alcancé a ver una sonrisa escondida en la comisura de su boca. Había dado en el blanco, eh. Me gustaría saber con cuántas, de todas las cosas que dije.

—A veces olvido lo mucho que nos conocemos—confesó. Sus hombros se relajaron.

Le sonreí. —Sí, te olvidas. Pero no eres el único.

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Yutaka Himi era mucho más grande que Tomoki, el parecido entre ellos era evidente. No solo el color de ojos y el cabello, también el gesto de inquietud tenía un aire similar. No llegaban a ser idénticos, no, pero había algo indiscutiblemente familia entre ellos. Se notaba que eran hermanos.

Había conocido a familias donde los hermanos no se parecían nada, otras en donde pasaba todo lo contrario. Kouji y Kouichi eran un extremo, Tomoki y Yutaka no estaban demasiado lejos. Takuya y su hermano pequeño eran diferentes hasta que los veías jugar videojuegos.

Sentí un apretón en el pecho al pensar en Shinya Kanbara, especialmente porque su rostro se coló en mis pensamientos seguido por el de sus padres. No quería imaginar como estarían en ese momento: ellos no tenían idea alguna de lo que estaba pasando, solo habían visto a su hijo desaparecer.

—Oye, Izumi—la voz de Kouichi me arrancó de mis pensamientos sombríos y parpadeé para deshacerme de las furtivas lágrimas que llenaron mis ojos—, ¿cómo estás?

Miré los ojos oscuros de mi amigo sin saber que responder. Intenté decir algo pero cambié de opinión y sacudí la cabeza. Me sentí reconfortada cuando me rodeó con uno de sus brazos.

—Va a estar bien—me dijo al oído y quería llorar de alivio al saber que necesitaba alguien que me diese esperanzas—, recuerda que es Takuya de quién hablamos. Va a estar bien.

—Kouichi…

Él se apartó con una sonrisa y apartó un mechón de cabello de mi cara. Sabía que todos eran concientes de lo que hacíamos pero no me podía importar menos.

Nuestra amistad había sido la más tardía en iniciar —lo había conocido mucho después que a los demás— pero quizás era de las más fuertes que había tenido desde que era una niña. Kouichi Kimura era una persona que había perdido mucho pero también que había aprendido mucho a cambio. Siempre parecía tener una palabra justa para mí, para los demás. Se metía demasiado, a veces, pero no lo querría de otra forma. Yo también lo hacía.

Si había alguien entre todas esas personas que podía entenderme, ese era Kouichi. Él sabía lo que era extrañar a alguien que está ausente, necesitar encontrarlo y retenerlo para siempre.

—¿Qué haremos ahora? ¿Cuál es el plan? —dudó Junpei e indiscutidamente miraba a Kouichi.

De hecho, me di cuenta, todos se habían girado hacia él. Incluso Kouji.

Lo sentí tensarse —su brazo aún estaba en mi hombro— y le di una mirada. Esperaba poder leer su expresión pero él solo parecía pensativo, deliberadamente buscando qué decir.

Por un lado, lamentaba la presión que este asunto suponía para él pero, por otra parte, no pensaba en nadie más para que nos guíe en la ausencia —temporal, me dije— de nuestro líder.

Kouji podía mantener la cabeza fría en general, excepto cuando sus seres queridos estaban involucrados. Él sería un gran estratega con la mente despejada pero carecía un poco de objetividad en momentos así. Takuya lo complementaba, en ese sentido. Junpei rara vez tomaba las riendas del grupo pero cuando lo hacía era muy digno de ello. Él pensaba que nadie lo escuchaba pero cuando empezó a tomar más confianza, tomó decisiones sin consultar y se arriesgó por ellas. Un poco irresponsablemente, quizás. Tampoco era el más optimista de todos nosotros. Desde el principio era más cómodo en seguir a otras personas. Tomoki era el más pequeño y pero también tenía inventiva y creatividad, fuerza. Lo que le faltaba era un poco de experiencia y ser más centrado. Además, él estaba tan cerca de esto como lo era Junpei. Los dos le tenían una gran confianza a Takuya como líder.

Kouichi mantendría la cabeza fría incluso cuando otros no podían, lo había hecho siempre: incluso bajo la presión de la batalla con Lucemon y antes, cuando sabía que era un fantasma en el Mundo Digital. Él también pensaba en los demás, ponía la meta por encima de si mismo, y era más perseverante que cualquiera en un buen día. También era absolutamente terco y firme cuando quería.

—Bokomon y Neemon se quedarán en la estación de Shibuya, para ver si ven algo que se va al Mundo Digital o viene desde allí—las sospechas de que algo estaba ocurriendo en ese mundo seguía rondando su cabeza, yo casi lo había olvidado—. Yutaka-san se quedará con ellos para avisarnos y Tomoki buscará en los alrededores, por si acaso. Además será una buena protección.

Yutaka miró a su hermano. Imaginaba que él estaría sorprendido por todo lo ocurrido hasta el momento (seguía averiguando más y más cosas sobre nuestras aventuras) pero su cara poco mostraba de sus pensamientos. Sí pude ver que le dio un gesto de apreciación a su consanguíneo. Tomoki había endurecido su mirada y no me costó entender porque le correspondía el hielo. Solía pensar que era el que menos representaba su elemento del resto de nosotros hasta que pensé en él como en la nieve.

En una noche oscura, con los copos blancos llenando las calles, no era difícil apreciar su pureza. Tomoki había sido el más puro de nosotros, suave y frágil y se había vuelto muy resistente hacia el final.

Le di un codazo pequeño a Kouichi, para que continuase. Me dio una sonrisa cansada.

—Podremos movernos por libertad si nos quedamos como humanos—me comentó.

—¿Qué haremos nosotros?—le pregunté.

Lo pensó, seriamente. Podía ver los engranajes girando en su cabeza.

—Creo que debemos buscar los Spirits del fuego.

—¿Por qué?—dudó Junpei.

—Porque quizás Takuya encontró alguno antes de desaparecer o va a ir a buscarlo si tiene alguna oportunidad—Kouji habló.

Kouichi asintió, en respuesta. No se miraron el uno al otro.

¿Ya dije que odio que estén peleados?

—Sí. Estoy seguro que Takuya también va a buscarlos.

—¿Cómo los encontraremos? —dudó Junpei.

Kouichi me miró y sabía lo que iba a decir.

—Los Spirits del fuego resuenan con los tuyos, Izumi.

Lo sé.


N/A: No es mentira, ¡hay actualización de Crossfire! Es un capítulo corto pero necesitaba conectarme de nuevo con la historia para poder hacer progresos. Agradezco a todos los lectores fieles :)

Hay algunas cosas que quiero mencionar. Para empezar, el pasado de Dracumon. Aún es muy vago, lo sé, pero es un comienzo para saber que es lo que lo impulsa. Siempre he pensado que la purificación de los datos de los digimon tiene la intención de devolver al digimon a su estado más puro pero eso no quiere decir que le quiten más que la corrupción que tienen en su interior. La luz y la oscuridad, ambas son necesarias. Algunos son digimon oscuros, como es el caso de Dracumon, y tienen tendencia a la maldad pero quise darle un poco más a su historia para que no sea malo solo porque . Espero poder lograrlo.

En segundo lugar, la idea de Kouichi y Kouji como los "padres" de los demás viene porque ellos tienen los dos elementos primordiales (oscuridad y luz) en su custodia y son, de alguna forma, el nivel más esencial de los otros. Es algo que está relacionado con la escala de poderes que tiene los chicos (primordiales, primarios y secundarios), lo que los une y que ha sido mencionado anteriormente. Izumi ha pensado en ello en este capítulo y seguramente volverá a aparecer.

¡Gracias por leer!


kurokochi, ¡Muchas gracias por tu comentario!

yoss, ¡Me alegro que te guste! Este fic no está olvidado, tengo ideas para su final pero aún tengo que ver como plasmarlas. ¡Mil gracias por el review!