Hola. Gracias a todos por comentar y lamento la tardanza, he tenido varios pendientes y poca inspiración, pero espero les guste el capítulo. Si se confunde un poco este capítulo con el 5°, espérenme al siguiente, porque todavía no termino. En el siguiente se aclaran muchas cosas n.n

Una cosa antes de que lean el capítulo: Si no les gusta mi manera de escribir o sienten que no es la correcta, por favor no lean, o si me lo dicen, será muy difícil que yo tome el consejo porque así me gusta escribir, así me acomodo y cada quien tiene su estilo, por favor.

Gracias.

Vocaloid no me pertenece.

Este capítulo va dedicado a tres amigos míos que siempre me apoyan con mis fanfics.

Capítulo VII: Una distracción

Al llegar al parque, Rin se sentó en una banca y Mikuo la siguió.

-Supongo que fuera de clase puedo llamarte por tu nombre, ¿No te molesta?

-No… creo que no…

-También puedes llamarme por mi nombre.

Sonrió Mikuo. Mientras, Len estaba detrás de un árbol y tres venitas rojas se podían ver en su cabeza.

-¿Ese qué se cree?

Se preguntó a sí mismo.

-Rin, ¿Puedo preguntarte algo?

Dijo Mikuo.

-Sí.

-¿Te gusta Kagamine?

Len trató de acercarse más para poder escuchar mejor la conversación.

-No… lo sé…

-¿A qué te refieres?

-Desde que se volvió spice ha cambiado bastante.

-¿Spice?

-Así lo apodaron… anda con todas las chicas del salón… y no me presta atención.

-¿Y no has pensado que tal vez él no sea digno de ti?

Len se enojó.

-¿Cómo que no soy digno?

Rin bajó la cabeza.

-Lo he pensado… pero luego él regresa y pide disculpas y yo le hago caso… y…

-¿Te miente?

-Sí…

-Rin, él no te conviene, si tú quieres, yo puedo ayudarte en lo que me pidas.

Dijo Mikuo acercándose al rostro de Rin, ella se puso nerviosa y se hizo un poco para atrás.

-Lo siento, creo que te incomodé.

-No… no hay problema…

Respondió Rin ruborizada.

-¿Sabes, Rin? Si Kagamine no te hace caso o no cumple sus promesas deberías dejarlo, es más, ya no hablarle.

Len sintió ganas de golpear al maestro, y le costó un gran trabajo contenerse.

-Bueno yo…

-Está anocheciendo, te llevaré a casa.

Interrumpió Mikuo.

Ambos caminaron un rato, y ninguno articuló palabra alguna durante el camino. Al llegar a casa de Rin, Mikuo se despidió de ella con un beso en la mejilla, lo cual sorprendió a la rubia.

Rin entró a su casa, llamó a sus padres para avisar que había llegado pero no hubo respuesta, así que se subió a su cuarto.

-Este día… fue raro… el maestro Mikuo se comporta algo extraño…

Luego, Rin escuchó el sonido de unos pequeños golpes en su puerta del balcón. Ella se extrañó.

-¿Quién podría ser?

Recordó que estaba sola en casa, y le dio miedo abrir, cualquiera podía estar del otro lado de la puerta.

-¡Rin!

-¿Len?

Ella se acercó a la puerta del balcón pero no la abrió.

-¿Qué quieres?

-Explicarte lo que pasó.

-No hay nada que explicar.

-Rin, Lily me besó.

-¿Por qué he de creerte? Eres un spice, un mujeriego sin remedio.

-Abre la puerta, por favor…

Suplicó Len, quería ver a Rin a la cara, no sólo hablarle con una puerta en medio de ellos.

-…No.

-Rin, respeto tu privacidad, pero si no la abres, yo la abriré.

-¿Y cómo? Si tiras la puerta vas a armar un escándalo y me tendrás que comprar otra.

Len se sonrojó ante el recuerdo pero igual habló.

-¿Acaso lo olvidaste? Me diste una copia de la llave cuando éramos niños, ¿Recuerdas? Que jugábamos a Romeo y Cenicienta.

Rin se ruborizó. Lo había olvidado completamente, pero, ¿Aún Len conservaba esa llave?

-Ni se te ocurra…

-No me dejas opción.

Susurró Len por último y puso la llave en la cerradura, cuando abrió la puerta, Rin trató de empujarla para que Len no pudiera pasar, pero fue inútil, él tenía más fuerza que ella.

-¡Largo!

Dijo Rin en cuanto Len estaba adentro, éste sólo cerró la puerta.

-Shhh… vas a despertar a tus vecinos.

-Vete de mi casa.

Rin se dio la media vuelta, dándole la espalda a Len, pero a este se le ocurrió un plan.

-Aún no ha cambiado tu habitación… recuerdo cuando de niños jugábamos a Romeo y Cenicienta… tú no querías ser Julieta porque ella muere al final, quisiste ser Cenicienta para vivir por siempre feliz con el príncipe.

Luego Len tomó los hombros de Rin, ella se asustó y luego se ruborizó, pero aún no lo veía.

-Eso fue cuando éramos niños…

-Yo siempre te rescataba.

-¿Y quién te rescata a ti?

Preguntó Rin, dejando a Len totalmente confundido.

-¿De qué hablas?

-Eres un spice, no dejas de jugar con toda chica que se te ponga enfrente, y no quiero imaginar cómo será en el futuro.

Dijo Rin rudamente encarándolo. Len sólo bajó la mirada y recordó esos días felices cuando él y Rin eran los mejores amigos.

*Flashback*

Una niña bajaba las escaleras rápidamente. Tenía 6 años y traía puesto un vestidito rosa.

-¡Mamá! ¡¿Ya llegó Len?

Preguntó desde la sala a su mamá, quien estaba en la cocina.

-No hija, ya no debe tardar.

-Dijo que estaría aquí a las doce…

Dijo algo decepcionada la rubia.

-Rin, no quiere decir que va a llegar exactamente a esa hora.

La niña se sentó en el sillón, y en diez minutos tocaron su puerta, se levantó de un salta y fue corriendo a recibir a su mejor amigo: Len. Ellos eran idénticos, hasta podrían confundirse con gemelos, pero no tenían ningún lazo sanguíneo.

La mamá del niño dejó a su hijo en casa de Rin y se fue mientras a hacer unas compras.

-Hola Rin.

Dijo Len amigablemente cuando su mamá ya se había ido.

-¡¿Qué haces aquí Len? Se supone que llegas por la ventana.

-Eh… pues…

-Ven.

Rin jaló del brazo a Len y lo llevó a la parte trasera del jardín.

-Tienes que subir la cuerda y rescatarme.

-Pero no hay cuerda.

Los niños miraron alrededor y vieron escondida entre el pasto una cuerda resistente.

-¡Mira Len! ¡Aquí hay una cuerda! Yo la ataré en el barandal del balcón y tienes que subir.

Dijo Rin sonriente, Len sólo asintió algo dudoso, pero le divertía jugar con Rin, así que no protesto.

Ella entró a su casa corriendo y ató la cuerda al barandal con lo más que sus fuerzas le permitían.

Len trató de subir, pero no podía aguantar su propio peso.

-¡No puedo Rin!

-¡Intenta Len!

-¡Es que me duelen las manos!

-¡Pero Len, tienes que rescatarme!

-¿Puedo subir las escaleras?

-¡No!

-Sólo por esta vez.

Suplicó Len, y le puso una carita a Rin que no pudo negarse.

-Ok… pero sólo esta vez.

-Sí.

Len entró a la casa y subió las escaleras hasta el cuarto de Rin, cuando abrió la puerta, ella estaba con una de sus muñecas de porcelana en el brazo.

-Ya vine.

-Pero para la próxima tienes que subir la cuerda.

-Ya te dije que sí.

Los dos se quedaron callados sin saber qué decir.

-¿Y ahora?

Preguntó Len.

-Pues termina la historia…

-¿Pero no los cuentos de princesas terminan con un beso?

Preguntó inocentemente Len.

-Sí… pero…

-¿Qué?

-¡Pero tienes que casarte conmigo Len!

-Ok.

-¿En serio?

-Sí, después de todo el príncipe rescata a la princesa y se casa con ella, ¿No?

-Sí.

Los dos se quedaron callados de nuevo, pero luego Len tomó una de las mejillas de Rin y le dio un beso en la boca. Ella se sorprendió.

-Es que así termina el cuento, ¿No?

Trató de excusarse Len ruborizado.

-Sí.

Respondió Rin ruborizada.

A partir de ese momento un pequeño enamoramiento infantil empezó a surgir entre los dos, sin saber que esto crecería en un futuro pero Len lo echaría a perder después de entrar a la preparatoria.

*Fin de Flashback*