Capítulo 7
Era una fresca mañana en Hyrule, el sol ya casi llegaba a su punto más alto e irradiaba tenues rayos de luz que apenas calentaban la superficie. La noche había sido algo fría, por lo que se podía predecir fácilmente que el día iba a estar agradable. El príncipe Link despertó al escuchar un ruido en la puerta, alguien estaba tocando. Se levantó y con una cara adormitada atendió:
-¿Mmm?
-Buenos días, Su Majestad.
-Ah… ¡ah! ¡Zelda!- dijo avergonzado.
-Discúlpeme, creí que ya había despertado y estaba listo para su entrenamiento.
-¿Entrenamiento? ¡Diosas! ¿Qué hora es?
-Son las once, señor.
-Ay, siempre me pasa lo mismo. Es tarde. Almorzaré primero y luego nos iremos.
-Como usted ordene Su Alteza.
-También, hoy te enseñaré donde guardo mis armas y cómo limpiarlas, es bastante sencillo.
-Está bien. Le prepararé el almuerzo, puede bajar cuando esté listo.
-Muchas gracias.
La sirvienta se retiró y Link la observó. "¡Pero qué gusto despertar viéndola!" pensó mientras cerraba la puerta y se acercaba al espejo "¡Y qué disgusto para ella verme! Por el amor de Nayru, estoy terrible". Y prosiguió a prepararse para su día.
Alrededor de las doce, Link bajó a la cocina para ver qué había de comer. Antes de entrar percibió un olor a quemado que llamó su atención y entro a ver qué era. Zelda estaba muy agitada.
-¿Qué sucede?- preguntó él.
-¡Su Majestad!- ella reaccionó rápidamente y sus mejillas se coloraron sutilmente.
-¿Se quemó algo?
-Lo siento… yo…
-Estaba enseñándole cómo hornear tartas y creo que algo no salió bien- intervino la cocinera amablemente.
-Oh…
-Discúlpeme- dijo Zelda- no se me dan mucho los postres.
-Mm, ¿es este de acá?- preguntó señalando un plato que tenía algo parecido a un pie de limón.
-Sí…
Tomó una cuchara y lo probó. Trato con todas sus fuerzas, no demostrar la cara que naturalmente quería hacer al saborear el intenso ácido. Eso, sin mencionar el amargo de lo quemado.
-Pues… siempre se puede mejorar un poco ¿no?
-No se preocupe Alteza. Sé que no tiene buen sabor. Me disculpo, creo que hoy no tendrá postre, solamente los vegetales y el filete que le preparé.
-¿Tú lo cocinaste Zelda?
-Sí. Sera me dijo que estaría bien que aprendiera a cocinar todo tipo de platillos y me pidió que realizara su almuerzo de hoy.
Link deseó que su cocinera le hubiera enseñado bien y que el filete no supiera como la tarta, pero de cualquier manera, comería casi cualquier cosa que su sirvienta preparara.
-Perfecto, estaré en el comedor.
-Ya arreglé la mesa mi señor. Le serviré en un momento.
Cinco minutos después, Zelda le servía un rico plato con vegetales, filete y arroz, acompañado por una copa de vino de manzana y otra llena con agua. La combinación no era mala, y a decir verdad se miraba todo muy apetitoso. Cortó un trozo de carne y lo llevó a su boca. Sabía bien, era una experiencia totalmente distinta a la que recién tuvo con el pie. No era tan bueno como los de Sera, pero no estaba para nada mal.
-Está delicioso, me sorprendes.
-Gracias Su Majestad. Prometo preparar mejores platillos de ahora en adelante.
-No le prestes atención a eso, me agrada en serio.
Ella sólo le respondió con una sonrisa que para él significaba el mundo. Zelda pensó en si sería verdad que no estaba tan terrible como creía, o si sólo lo diría para no hacerla sentir mal. "Parece que lo está disfrutando… creo que sí le gustó". Se sentía satisfecha de que le gustara, pero no era una satisfacción de haberlo hecho bien, sino de que el príncipe estuviera contento con su trabajo "Bueno, a mí qué me importa si le gustó o no. Si no le agrada pues que le cocine Sera o Lucy si le apetece", trataba de evitar pensar que había cocinado para él en especial en lugar de "para aprender".
-Estuvo muy bueno, gracias.
-Un placer Alteza.
-Ahora, -dijo mientras se limpiaba con la servilleta y se paraba de su silla- en un rato nos iremos al campo de entrenamiento. Pasaremos por el armario en el campo antes de la práctica, te veo en las caballerizas ¿sí?
-Como usted ordene. ¿Necesita algo en especial?
-No, solamente notifícale a Lucy que nos iremos, es todo.
-Muy bien. Con su permiso.
Media hora después, se encontraron en el establo. Los nervios invadieron el cuerpo de Zelda cuando recordó que no sabía cabalgar aún y que le tocaría ir con el príncipe en su yegua. "Diosas, necesito aprender lo más pronto posible". Mientras tanto, Link ajustaba la silla en Epona y su sirvienta no pudo evitar fijarse en sus brazos descubiertos. No usaba la típica camiseta manga larga que usualmente llevaba bajo la túnica, tampoco portaba su gorro ni guantes y le entró curiosidad por saber. Claro, luego de sonrojarse por la atracción que le causaba ver aquellos modelados brazos, que no eran ni grandes ni musculosos pero eran firmes y bien formados.
-¿Su… Majestad?- preguntó tímidamente.
-Sí dime- dijo él volteando hacia ella.
-¿Por qué no trae sus guantes ni su gorro?
-¡Ah! Mis guantes están en el armario y cuando practico con la espada no utilizo gorro. Siempre se cae.
-Oh… ¿y su camiseta?
-Es que… hace calor y me estorba.
-¿Pero no es posible que se hiera sin la protección de su cota?
-Pues, no creo. Últimamente no batallo mucho, sólo mejoro mi técnica.
-Ah, bien.
Y ahora le entró curiosidad por cómo serían esos entrenamientos de espada. Como fuera, estaba por verlo. Link terminó de abrochar la silla y subió al caballo ofreciéndole gentilmente su mano a Zelda para ayudarla a subir. Cabalgaron tranquilamente por todo el sendero comentando de vez en cuando una que otra cosa sobre el paisaje. Hoy, ella se sintió menos incómoda que la primera vez, y podría hasta decir que disfrutó del paseo. Al llegar, él se bajó, quitó las cargas y las puso en el suelo.
-Espérame un momento, ya te ayudaré a bajar- dijo él.
Su sirvienta no obedeció y quería bajar sola, no es como que fuera algo complicado. Trató de pasar una pierna para luego dar un pequeño salto al suelo, pero en su lugar, su zapato se enredó en una cuerda y accidentalmente golpeó a Epona, lo que hizo que se moviera bruscamente y cayó.
-¡Au!- gritó desde el suelo, llena de polvo.
Inmediatamente, Link, que se encontraba en el establo del campo, corrió a levantarla.
-¿Te sientes bien?... Zelda, ¿estás bien?
-Sí, sí estoy bien, no me pasó nada.
-¿Estas segura?- dio una rápida mirada por todo su cuerpo para comprobar que no estaba herida- ven, te ayudaré a levantarte.
Colocó su brazo en la espalda de ella a manera de apoyo y con su otra mano, tomó la de ella. Lentamente se puso de pie y se sacudió el polvo en su vestido.
-Te dije que me esperaras, uno no se baja así de repente de un caballo, debes saber cómo hacerlo.
-Lo siento…
-No te pongas así, fue un accidente. Me alegra mucho que no te lastimaras.
La avergonzada muchacha, sólo desvió su vista al suelo y se percató de que el príncipe aún mantenía la mano en su espalda casi en la cintura.
-¡Ah! C-creo que dañé a Epona.
-¿Sí?, vamos a ver.
Se acercó a revisar a la yegua y en efecto, tenía un pequeñito golpe. Nada significativo.
-Está bien, los caballos son resistentes.
-¿En serio no está herida? No quisiera que por mi culpa…
-Tranquila - la interrumpió con amabilidad regalándole una dulce sonrisa.
-Es que yo…
-Estas cosas pasan mi Zelda, a mí me ha ocurrido un par de veces ¿sabes?
El rió como recordando algún evento gracioso de hace mucho tiempo a la vez que acariciaba a Epona y recomponía la silla. La sirvienta se sintió mejor, ya no estaba más avergonzada hasta que… "¡Alto! ¿Acaba de llamarme MI Zelda? ¡Cómo se atreve! Ah… supongo que sólo trata de que no me sienta peor… ¿o no?", sus pensamientos fueron interrumpidos por una voz grave y fuerte.
-¡Señor príncipe!
Era un hombre grave y robusto con cabello largo amarrado en una cola y un bigote bastante peculiar.
-¡Buenos días Thomas! ¿cómo estás hoy?
-Perfectamente bien ¿listo para tu entrenamiento?
-Por supuesto que sí.
-Bien… ¡Oh por el fuego de Din! ¿Dónde están mis modales? Buenas tardes linda señorita- dijo alegremente haciendo una reverencia y besando la mano de la sirvienta. A Zelda le causó gracia la manera de ser de aquel personaje que al parecer era el maestro de Link- No sueles traer muchas chicas aquí ¿no? ¡Está aprobada!
-Ah… ¡Thomas! Por favor… ella… es Zelda.
-Mucho gusto señorita Zelda.
-El gusto es mío. Soy la sirvienta del señor príncipe.
-¿Cómo? Vaya muchacho, algo debes estar haciendo bien si tienes servidoras tan bonitas. En fin, te espero en el salón de práctica.
El interesante hombre se fue y Zelda lo miró, le cayó bien.
-Discúlpame por las cosas que dijo.
-No se preocupe, se ve buena persona.
-Oye, ¿te gusta este lugar?
-Mm, es bastante similar a su campo de arquería pero aquí hace más calor.
-Ya ves por qué no traigo mi cota ni mi camiseta.
-Sí. ¿Dónde vamos ahora?
-Primero vamos al armario a limpiar mi escudo y la espada.
-Bien.
Link llevó a Epona al establo y luego fueron al armario. Era un cuarto muy grande con todo tipo de espadas, armaduras, y arcos.
-¿Usa todas estas armas Su Alteza?
-Oh no, la mayoría son de los soldados. Las mías están por aquí.
La llevó a una habitación más pequeña pero con suficiente espacio. Había apenas tres espadas, cuatro escudos y un arco distinto al que usó en la práctica anterior. El joven monarca abrió un cofre de donde sacó sus guantes y los guardó en una bolsa junto con líquido azul y un trapo de limpieza.
-Mira, usaremos esto.
La sirvienta tomó la bolsa y él sacó dos espadas y dos escudos. Salieron de la habitación pequeña para ir a la principal donde se sentaron en una mesa de madera en el centro.
-Bien, para limpiar el escudo debes usar este lado del pañuelo, el más suave. Rocía este líquido y lo pasas por todo el frente y por atrás, es fácil.
Él le mostró cómo hacerlo y ella en seguido hizo lo mismo.
-Lo haces perfectamente.
-¿Sí? ¿Está quedando bien?
-Reluciente como debe ser. Creo que usaré ese escudo hoy.
Al terminar, Link lo revisó. Estaba realmente limpio, no podía haber quedado mejor.
-¿Ahora cómo limpio la espada?
-Ah, eso lo haré yo no te preocupes.
-¿Por qué?
-Porque aún no tienes guantes y te puedes cortar.
-Lo haré con sumo cuidado mi señor.
-Sin duda lo harás pero… bueno. Fíjate bien como lo hago. Coloca este trozo de tela donde pongas la mano para que no te cortes. Después tomas el líquido azul de nuevo y haces lo mismo que con el escudo. Luego rozas toda la espada con éste saca brillo. Cuidado con el filo.
-Listo. No parece difícil.
-No lo es.
Comenzó a limpiarla cuidadosamente. Frente a ella, el apuesto príncipe limpaba la otra arma. Se le veía muy concentrado y también muy atractivo, sus brazos se miraban mejor con sus guantes hasta la muñeca "Se ve bastante bien, está tan sumergido en lo que hace, deben gustarle mucho las espadas… oh…".
-Ah…- dio una inaudible queja y miró su mano. Se había hecho un corte en la palma por estar distraída. No era profunda pero sí larga. No dijo nada. Link se lo había advertido y ella insistió. Sólo observó su mano de la que brotaba un poco de sangre. El príncipe se percató de la falta de movimiento frente a él y levantó la mirada. Se inclinó para ver qué le ocurría a su sirvienta y sorprendido dijo:
-¡Diosas, Zelda! ¡Te cortaste!
-Yo…. Yo…
Rápidamente corrió a una alacena cercana y trajo una caja con vendajes y alcoholes.
-Dame tu mano- dijo seriamente mientras se sentaba a su lado.
Sacó un pedazo de algodón y limpió la sangre alrededor de la herida. A pesar de parecer molesto, según lo percibía Zelda, su toque era suave y gentil. Ella no quería decir nada o más bien no sabía qué, de todas maneras era culpa suya.
-Yo… lo siento mucho Su Majestad.- dijo finalmente cortando el tenso silencio.
Él levantó la mirada para fijarla en sus ojos; sin embargo, la joven tenía la cabeza agachada hacia su mano. Sostuvo la dirección de su vista unos segundos sin lograr obtener la misma reacción. Terminó de ponerle una venda y colocó su mano libre en la barbilla de ella levantando su rostro de manera que pudiera verlo a los ojos. Notó cierta vergüenza en su expresión y comprendió que se sentía mal. Acarició su mejilla y con el dedo índice rozó el borde de su cara. Fue una caricia inesperada que mandó escalofríos a través toda la espalda de Zelda, no supo cómo contestar a eso y dejó que él hablara.
-No lo sientas, no estoy enojado, no importa- dijo suavemente con un tono sincero y directo- es sólo que… no me gusta que te sucedan cosas así, no… no quisiera que nada te dañara.
-Fue mi culpa Su Majestad. Usted me lo advirtió, soy terca… Hoy le he causado muchos problemas desde el almuerzo…
El rio de una manera espontánea.
-Jamás serás un problema para mí y las cosas que hagas tampoco lo serán. Son accidentes que a cualquier le pasan.
Se miraron fijamente. La encontraba tan hermosa así preocupada, era como una niña sintiéndose culpable al derramar un jugo o quebrar un adorno nuevo. Por otro lado, su sirvienta ahora lo veía de manera distinta, no era ese príncipe malcriado que cree que todo lo puede tener y que tanto se había querido hacer la idea, al contrario era dulce y se interesaba por ella de una forma inocente, totalmente diferente a su comportamiento de hace unos días.
-Bien, si te encuentras mejor ¿te parece si vamos a la práctica?
-Claro Su Alteza. Y… gracias, muchas gracias.
-No tienes nada que agradecer.
Él le dio un suave apretón en la mano que aún tenía en la de él y se levantaron. Llevaron las espadas y el escudo. Sería entrenamiento muy interesante, especialmente cuando Link sabía que Zelda lo estaría observando.
