El último sinsajo.
Capitulo 7
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Todo está oscuro. Intento erguirme pero las piernas me fallan. Palpo con las manos mí alrededor intentando buscar un apoyo para poder levantarme. Encuentro una pared áspera y fría. Agarro un peñasco y finalmente, me levanto.
Silencio. No se oye nada.
Mis ojos tardan unos minutos en adaptarse a la poca luz que hay. Me encuentro en una galería rocosa que solamente tiene una dirección. Reconozco el lugar, es una cueva minera similar a las que hay en el 12. He estado aquí una vez.
Un gemido rompe el silencio. Giro la cabeza buscando la fuente y encuentro una figura en el suelo. Me acerco lentamente a él y me agacho para observarlo mejor. Aparto un mechón de pelo castaño de su rostro notando un líquido viscoso en mi mano. Sangre.
Mi cabeza comienza a dar vueltas, pero el tiempo se detiene cuando reconozco el cuerpo tendido en el suelo. Brent.
Me pongo histérica e intento buscar ayuda. Levanto la cabeza y veo una lanza preparada para abalanzarse sobre mí. Siento como el filo me desgarra la carne, las piernas vuelven a fallarme y de nuevo me encuentro tumbada en el suelo, agonizando.
Justo antes de mi último aliento, me encuentro con unos ojos grises familiares. Leo.
Me despierto sofocada y siento como el sudor se desliza por mi piel. Unas pequeñas gotas comienzan a brotar de mis ojos y siento como el mundo se me cae de encima. Todas las noches tenía pesadillas y cada vez van de mal en peor, de hecho, esta había sido el más terrible.
Unos brazos me rodean con fuerza. Sabía que él no me fallaría. Siempre sabe los momentos en los que más le necesito. Sólo él y mi madre pueden hacerme sentir protegida.
-Shhh…ya pasó mi vida. Ya pasó, estoy aquí. –me conforta mientras me balancea entre sus brazos. -¿Otra pesadilla?
Los sollozas no me dejan responder pero intento hacer un esfuerzo. Me calmo y me dispongo a hablar.
-Fue horrible papá…no puedo seguir así o sino moriré antes de pisar la arena. –sólo al oír esto mi padre puso una expresión tensa, me recordó a mamá justo antes de la cosecha.
-Tú no vas a morir Prim, ¿me has entendido? –dice muy seguro. –Por favor no vuelvas a decir eso.
Asiento. ¿Qué más podía hacer yo? La verdad es que en estos momentos no me apetece discutir y menos con mi padre. No, con él no. A veces pienso que me siento más unida a él que a mi madre, no sé, quizás es porque a él le cuesta menos expresar sus sentimientos. No es que este diciendo de que mi madre no me quiere, al contrario, me quiere tanto que me sobreprotege. Mi padre comienza a apartar mechones de pelo mojado por el sudor de mi rostro y besa mi frente.
-Todos nos están esperando para desayunar. ¿Me acompañas? –pregunta intentando esbozar una sonrisa.
-Hmm…ya te sigo. –respondo. –Primero me gustaría ducharme.
-Está bien. No te entretengas… -noto como traga un poco de saliva antes de continuar. –Hoy es el primer día de entrenamiento y me gustaría hablar contigo y con Brent antes de que os vayáis.
Observo como la puerta se cierra suavemente y de nuevo me encuentro sola. Busco con mis manos la herida imaginaria que me ha hecho aquella lanza y con solo recordar el dolor que me produjo, tenía ganas de vomitar.
Me doy una ducha rápida y al salir del baño me encuentro con la misma camiseta gris y el pantalón negro ajustado, bien doblado, encima de mi cama. Supongo que es nuestro traje de entrenamiento.
Una vez puesto el traje, me recojo el pelo con una trenza, tal y cómo lo hacía mi madre a mi edad y me echo un último vistazo en el gran espejo del baño. Al ver la imagen reflejada sentí escalofríos porque yo no veía a Primrose Mellark, veía a mi madre. A Katniss.
Todos se encontraban esperándome en el gran salón. Effie me hace una señal de sentarme en el sofá para comenzar con la reunión. La verdad es que tenía hambre y juro que ahora mismo mataría a por unos bollos recién hechos de mi padre pero en vez de eso un sirviente me trae una bandeja de plata con el desayuno.
Comienza la reunión.
-Para mi sorpresa –comienza mi padre mirando de reojo al tío Haymitch. –Los entrenamientos solamente durarán cinco días. Los Guardianes os estarán observando, a los 26 para evaluaros. Ellos serán el punto clave para conseguir patrocinadores, cuanto más les gustéis, más patrocinadores tendréis y eso es lo que queremos. ¿Entendido?
Brent y yo asentimos. Ver a Brent, respirando, con los ojos abiertos, me hizo sentirme bien. No puedo soportar la idea de verle, al menos, ver su cadáver frente a mí.
Mi padre sigue hablando sin que nadie le interrumpa.
-Ahora necesito saber las cosas que podría trabajar con vosotros, en especial contigo Brent. –le mira. –Espero que sepas manejar un arma, combatir cuerpo a cuerpo…lo que sea que le podamos sacar partido.
-Bueno, sé cazar. –responde.
Al oír esto mi madre se sorprende. Algo que no sé si deba tomármelo bien o mal. Pero parece que ahora siente más interés por la conversación. La verdad es que parecía estar en una burbuja.
-Cazar. Entonces sabrás manejar el arco. –dice mi padre muy entusiasmado.
-Sé manejar el arco pero no acierto a cien por cien. Utilizo otro arma.
-Bien, ¿qué arma? –salta mi madre.
-Es una que fabriqué yo mismo, lo vi en los juegos anteriores y me llamó mucho la atención. –explica y todos le prestamos atención. –Es una especie de boomerang pero hecho con dos cuchillos. Cogí dos cuchillos de filo curvado y los uní por los mangos haciendo una especie de boomerang. No me gusta presumir pero lo puedo lanzar a mucha distancia, cortar cualquier cosa y cogerlo de nuevo sin problemas.
Todos nos quedamos perplejos. Al parecer Brent podía ser una máquina de matar con esa cosa. Podía cortarle el cuello a su enemigo sin ni siquiera estar frente a él y lo mejor de todo es que su arma vuelve con él, una vez terminado su trabajo, por sí sola.
Mi padre se queda pensativo como si analizara aquella sabrosa información.
-¿Nos vas a sugerir algo especial? –pregunta Brent. –Según Cinna, Haymitch os aconsejó de que escondáis vuestros talentos especiales para los entrenamientos privados.
-La cosa Brent es que ya no hay entrenamientos privados. –afirma mi padre. –Así que hay que dar todo lo mejor de vosotros en esos 5 días. Pasados esos días, os darán vuestra puntuación, después vendrá la entrevista y … -se pone tenso. – La arena.
-Entonces papá, nos aconsejas de que demos todo lo mejor de nosotros a partir de ahora. –solo quería dejarlo claro.
-Si Prim. Brent, quiero que trabajes con esa arma que me acabas de decir y con otras, nadie te puede asegurar de que haya uno de esos en la Cornucopia. Eres un chico grande, prueba con un poco de pesas y combate cuerpo a cuerpo. Aléjate del 13. –ordena con tono serio. - Tú Prim, trabaja con el arco y enséñales de lo que eres capaz. Recuerda nuestros entrenamientos así que sigue con la rutina. Y una última cosa, no os separéis, que todos vean que estáis unidos. ¿Me habéis entendido?
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Brent y yo observamos en cómo todas las miradas se posan en nosotros nada más entrar en la sala de entrenamiento.
-No nos miran. Te miran a ti. –susurra Brent.
-¿Y eso cómo me lo tengo que tomar?
-Quizá tu influencia nos consiga aliados.
La teoría de Brent me puso a pensar. Pero en el fondo yo no quería aliados. Ya es bastante insoportable la idea de que alguien cercano a mí, como él, tenga que morir. Pero me quedo callada.
El mundo se detiene cuando entran los tributos del 13. Muchos tributos ponen cara de terror e intentan alejarse de ellos como si tuvieran la lepra. Brent me agarra el brazo arrastrándome en la zona de arco obedeciendo el orden de mi padre de alejarnos de ellos.
Veo a Leo con su mirada, de nuevo, clavada en mí y recuerdo mi sueño. Tenía ganas de correr, huir de él. Le tenía miedo. Sé que me matará y yo seré su primera victima. Por suerte, su compañera le conduce a la zona más lejana al nuestro y aparta su mirada de serpiente venenosa en mí.
Vuelvo a concentrarme e intento buscar un arco. Dispara me relajaba y es lo que más necesitaba. Logro agarrar el único que había en la sala y Brent y yo comenzamos a turnarnos para disparar.
Primero empezó Brent, la verdad es que no disparaba muy bien pero tampoco lo hacía tan mal. Con unos cuantos consejos que le voy diciendo va mejorando y eso le hace sentirse orgulloso.
Cuando Brent me pasa el arco, siento que todos me observan. Todos dejan lo que estaban haciendo y me miran fijamente. Miro de reojo a los Guardianes que prácticamente hicieron lo mismo que todo el mundo.
-No nos dejes mal así que más te vale disparar bien. –sonríe Brent.
-Gracias. –le respondo con tono sarcástico.
Respiro hondo y me concentro. Cierro los ojos y cuando los vuelvo a abrir veo el bosque, un bosque frondoso, el bosque del 12. Al fondo, al lado de un árbol veo a mi madre sonriendo, indicándome que disparara. Tenso la cuerda y lo suelto, dando justo en el punto diminuto que había marcado mi madre con la punta de un cuchillo.
Todos sueltan unos susurros que me hacen volver a la realidad. Brent me sonríe de manera triunfal y veo a los Guardianes mostrándome mucho interés. Bien. Eso es lo que queríamos. Siento como si eso me dejara con ganas de más. Recuerdo las palabras de mi padre que les enseñe lo que sé hacer y pienso hacerlo.
-Brent, ¿me harías un favor?
-Por supuesto.
-¿Podrías lanzarme esas bolas de pintura? –pregunto con una sonrisa. Brent parecía entender lo que quería hacer y sin dudarlo, agarra como unas 10 bolas de diferentes colores y se prepara.
En la mesa más cercana cojo unos cuchillos y las cuelgo en mi cinturón. Me cubro con una tela negra los ojos y preparo mi arco.
-¡Ya! –le grito a Brent.
Oigo como la bola es lanzada por los aires, vuelvo a tensar la cuerda y disparo. La bola explota. Ahora la gente se emociona e incluso algunos no pudieron contener su emoción. Vuelvo a preparar el arco
-¡Ya! –vuelvo a gritar y todos se callan.
Brent vuelve a lanzar no sólo una bola sino, espero no equivocarme, cuatro bolas. Disparo rápidamente la primera flecha y agarro otra y la vuelvo a lanzar inmediatamente. Suelto el arco y cojo en cada una de mis manos un cuchillo de mi cinturón y sin vacilar las vuelvo a lanzar.
Oigo como me aplauden y me quito enseguida la tela que me cubría los ojos. Veo a todo el mundo aplaudiéndome.
-Eso…ha estado ¡genial! –Brent grita emocionado. –Todos se han quedado perplejos con lo que has hecho. Seguro que los Guardianes te darán la puntuación más alta.
No me contengo en sonreír ampliamente. Tenía muchas ganas de contarle a mi padre lo que acababa de hacer. Todos ahora me admiraban, creo, bueno, no todos.
Veo de lejos a Leo con una lanza en la mano. Me empieza a faltar el aire y justo lo que más temía, la tira y la lanza pasa justo rozándome el cabello. Yo me quedo paralizada al igual que todos. Las piernas me fallan, igual que en mi sueño y me quedo de rodillas en el suelo. La voz de Brent, histérico me hace recuperar el conocimiento y todo pasa rápido.
-¡Hijo de…! –grita histérico. -¿¡En qué demonios estabas pensando maldito?
Brent comienza a gritarle unas barbaridades y Leo le responde riéndose a carcajadas. Esto le pone aún más nervioso y sin pensarlo dos veces coge un arma, que por la descripción que he recibido de ella, la reconozco instantáneamente.
Un Brent furioso lanza el mortífero boomerang hacia Leo, también rozándole el hombro y atravesando la pared de hormigón quedándose ahí estancado.
Leo se acerca a él, ahora furioso y Brent se queda esperando.
-Acabas de firmar tu sentencia de muerte mugriento chico del 12. –por primera vez oigo la voz de Leo.
-Tú también lo acabas de hacer maldito traidor. –responde Brent.
-Trabaja mejor en tu puntería nene.
-Si aún tienes la cabeza pegada a tu cuerpo es porque yo lo quise así. –replica Brent.
El fin de la discusión llega cuando los soldados les separan. Leo se va detrás de Laia por una puerta más pequeña y otros dos soldados conducen a Brent por la salida más grande.
Yo, aún de rodillas en el suelo, Brent me toma por la cintura y me pone de pie. Sus brazos me rodean de nuestros acompañantes y me dedica una mirada apenada por lo que acababa de presenciar.
Los soldados nos dejan solos en cuanto nos metemos en el ascensor de cristal que nos llevaría a nuestra planta. Solos en el ascensor abrazo fuertemente a Brent y siento como me responde al estrecharme a él.
-Gracias. –le susurro.
Un nuevo sentimiento comienza a florecer dentro de mí. Espero que no sea demasiado tarde para frenarlo.
Y así acaba nuestro primer entrenamiento.
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Gracias por leer el capitulo! Y espero que les haya gustado.
Bueno he tardado un poco en actualizar porque me sentía un poco vago este fin de semana y la verdad es que no quiero escribir por escribir, asi que lo siento por no haber actualizado antes.
Otra cosa es que no podré actualizar quizás hasta la próxima semana porque tengo muchos exámenes y necesito concentrarme. Espero que no os moleste esperar e intentaré actualizar lo más pronto posible.
DE NUEVO GRACIAS Y NO OLVIDEN DEJAR UN REVIEW :D
