Disclaimer: Los personajes, algunas locaciones y demás de Saint Seiya Lost Canvas no me pertenecen, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Tenshirogi.


IN SPITE OF ALL THE DANGER

Capítulo 7: Debajo de la armadura.

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Albafika caminaba dejando su considerable, y habitual, distancia de la florista. Ambos transitaban por la tranquila aldea de Rodorio.

No pudieron evitar el mar de miradas y murmullos, a todo el mundo le parecía de lo más llamativo ver al santo de piscis con compañía.

El pisciano ya estaba resignado, aunque le pesara la gente siempre hablaría de él, su apariencia y de cosas que ni idea tenían. Para él siempre fue y sería así, por lo que intentaba no darle importancia. Pero para Agasha era distinto, se sentía intimidada de formar parte del centro de atención, por lo que caminaba con la cabeza gacha.

Entendía por qué todos lo miraban a él, es que tanta belleza parecía irreal como para no detenerse y querer observarla mejor.

Se preguntó si el día en el que Albafika había nacido los dioses se habrían puesto de acuerdo para crear a la representación humana de la perfección, haciendo que su piel se viese como si fuese de porcelana fina, el color de sus ojos te emulara al océano y que su sedoso cabello celeste te remontara al firmamento ¡Qué no daría ella por enredar sus dedos en ese cielo! Pero pronto la invadía ese recordatorio… ella no era digna de eso y quizás ningún humano lo fuera. Quizás por eso existía el veneno en su sangre, como recordatorio de los dioses de que algo así sólo era digno de una deidad.

— Estás muy callada —murmuró el pisciano sacándola de sus tormentosos pensamientos— Ayer no parabas de hablar— bufó intentando sonar bromista— ¿Ocurre algo?

— Es que… todo el mundo nos mira —comentó, avergonzada.

— Sí, lo sé —hizo una pausa y dirigió su vista a los espectadores— ¡Y creo que cada quien debería meterse en sus propios asuntos! ¡¿No?! —levantó la voz para que el resto escuchara, lo que provocó que más de uno temblara y obviamente, le hicieran caso.

Agasha trataba de esconder el hecho de que la situación se le hacía de lo más hilarante.

— Todos te temen aquí —pronunció, tratando de reprimir la risa.

— Todos menos tú —rebatió Albafika.

— No, yo no —contestó ella sonando un poco desafiante.

— Debes estar loca o algo así, porque deberías.

— ¿Acaso vas a hacerme daño? —dijo ella entrecerrando los ojos y soltando una irónica risita.

— No —aseveró, serio.

— ¡Entonces no tengo que temer! —sonrió— Sé que nunca lo harás porque te agrado ¿O no? —se ruborizó al recordar que lo había oído referirse a ella de manera positiva ante Sasha y también ante su padre.

— Un poco —replicó, intentando ocultar el rojo de sus mejillas bajo su usual tono neutral y frío. Esa afirmación lo había tomado por sorpresa ¿Tan malo era para disimular?

Agasha le dedicó una sonrisa, una de esas que provocaba el desorden de emociones en él, aunque ella no lo supiera.

Sentía como si fuese por arte de magia, de alguna clase de poción o algo así porque, aunque lo invadiera un torbellino de sentimientos encontrados, se hallaba cómodo con ella ya que podía ser él mismo sin el recuerdo constante de su letal existencia. Agasha parecía entender el límite, aunque él no se lo dijera, ella no se acercaba más de lo que él le permitía.

Era como si su apariencia no fuera lo único que le llamara la atención, sino su ser, lo que le generaba un innegable magnetismo hacia ella. No sabía exactamente desde cuando esto era así, pero ella era la única persona a quién quería permitir un acercamiento. Aunque por momentos este pensamiento le molestara por lo letal que eso podía resultar.

Sin darse cuenta ya habían llegado al puerto. Albafika podía ver la carabela del Santuario. Siguieron caminando un poco más hasta llegar al muelle.

— Parece que todavía no ha llegado el barco de la Isla de los curanderos —resopló, molesta— Por cierto ¿Por qué vienes tú al puerto? —preguntó, curiosa. A los segundos se dio cuenta de que la pregunta era muy invasiva— ¡Lo siento! No tienes que contestar si no…

— Me encomendaron una misión —la interrumpió —y debo marcharme lejos por un tiempo…—informó con un tono imperceptible.

— Oh, entiendo —susurró ella con un poco de tristeza.

— Señor Albafika —intervino una voz que se aproximaba a ellos— Lamento decirle que tuvimos un inconveniente…—Era uno de los guardias del Santuario. Se detuvo anonadado al notar al solitario piscis con compañía. Piscis lo miró con cara de pocos amigos.

— Se retrasará nuestra partida, entiendo —lo cortó.

— Le avisaré cuando esté todo listo —anunció intimidado.

— Bien— bufó.

El sin rango, algo incómodo, rápidamente se retiró a hacer su labor.

La florista comenzó a soltar una pequeña risita. Es que se le hacía de lo más cómico que él se comportara tan adusto ante el resto, cuando en realidad era una persona de lo más amable.

— ¿Qué es tan gracioso? —inquirió el pisciano, frunciendo el ceño.

— Nada, nada —contestó ella con una sonrisa, rápidamente se las ideó para iniciar tema de conversación, ya que por lo que se notaba aún les quedaba un poco de tiempo juntos — ¿Sabes? Creo que tienes razón en que soy yo la que más habla de los dos, todavía no me has contado nada de ti.

— ¿Y qué quieres saber? —interrogó. Era cierto, hasta ahora sólo había permitido que la charla girara en torno a ella, su vida, sus amistades... Pero ya se sentía listo como para darse a conocer, al menos un poco.

— ¡No lo sé! —se detuvo para pensar— ¿Qué estación del año te gusta más? ¿Prefieres dulce o salado? ¿Tienes algún color favorito?... — Pronto se dio cuenta de que casi escupía las preguntas. Avergonzada y quedándose sin aliento, se detuvo. Lo que hizo sonreír al pisciano— Cosas así —Terminó.

¡Las preguntas eran tan triviales e inocentes! La última vez que él había hablado de alguno de esos temas era todavía un niño.

Trató de enumerarlas en su mente y decidió que podía agregar otras cosas que ella no había preguntado.

— Mi temporada favorita es el invierno —empezó, apoyando sus brazos en el barandal de madera del muelle— Adoro como el rocío matutino hace que se me congele la nariz. Sí, sé que suena raro, pero para mí es de lo más agradable —se escudó al ver la reacción extrañada de Agasha— Prefiero las cosas dulces, sobre todo las fresas, son mi debilidad desde niño ¡Si pudiera viviría a base de ellas! Lo que no sería para nada saludable —negó con la cabeza. Ambos rieron al hacerse a la imagen— Me cuesta mantener un horario regular para dormir, ya que no logro conciliar el sueño con facilidad a menos que haya estado despierto mucho tiempo y, cuando esto pasa, suelo dormir demasiado— hizo una pausa— De hecho, en una ocasión he llegado a dormir casi tres días de corrido…

— ¡Bromeas! —Interrumpió ella con una carcajada.

— ¡No! —contestó sonriendo— Recuerdo que cuando desperté mi maestro estaba muy preocupado pensando que había enfermado o algo. En ese entonces ya habíamos empezado con…—se detuvo. De pronto su mirada se ensombreció, "el ritual de los lazos carmesí" era lo que completaba su oración— No importa —suspiró. Agasha lo contemplaba triste, había entendido de qué se trataba.

El ambiente se había tornado melancólico. Al notarlo Albafika decidió desviar el rumbo de la conversación.

— En mis tiempos libres me encanta leer, más que nada sobre mitos griegos. Aunque últimamente estoy leyendo libros de temática filosófica recomendados por Degel.

— Degel es el caballero de acuario ¿No? —preguntó. Había oído hablar de él, pero no lo había visto en persona aún. Se sentía esperanzada al escuchar que el pisciano tenía, quizás, un amigo.

— Sí —confirmó y buscó en su cabeza para seguir— Me gusta más ver el ocaso que el amanecer. Lo único que me gusta de salir de misión, además de cumplir mi deber, es que puedo conocer paisajes y lugares nuevos. Lo que me molesta es tener que lidiar con muchedumbres ¡No soporto los lugares ruidosos! —la miró— Aunque creo que es una obviedad —ella rió— Otra cosa que detesto es que me digan "hermoso", de verdad —frunció el ceño— Saca lo peor de mí. Siento que me ven de forma superficial y definen que eso es todo lo que soy ¡Y no!

— ¡Por supuesto que no! —se sumó ella, mostrándose indignada— Es verdad que eres apuesto— admitió algo ruborizada— pero además eres un hombre muy fuerte, amable, con carácter…—lo miró y le dedicó una pícara sonrisa— ¡Que además es adicto a las fresas! —ambos rieron.

— Gracias —contestó mirándola con ternura. Era extraño, pero por primera vez no se sentía molesto por el halago a su apariencia. De hecho, viniendo de Agasha eso le hacía sentirse… bien— He escuchado decir tantas cosas de mí, como que soy la encarnación de la perfección —rodó los ojos— pero no, no soy perfecto... Mis manos están llenas de cicatrices y callosidades de tanto entrenar con rosas —confesó avergonzado, haciendo un ademán para mostrarle sus manos.

Nunca le había contado a nadie de su complejo. Cada cicatriz significaba un error cometido, un recordatorio constante de las veces que había fallado.

Agasha observó detenidamente cada una de las heridas del bello muchacho y se horrorizó al notar la tortura a la que él constantemente se sometía. Le preocupaba más eso que el aspecto de sus manos, de hecho, le parecía que ese no era motivo por el cual él tuviera que acomplejarse. Por su labor ella también sabía lo doloroso que era lastimarse las manos por manipular distintos tipos de plantas.

— Entiendo —dijo sonriendo y le mostró sus manos que, aunque en menor medida, también mostraban heridas.

— De todas formas, la apariencia no es algo que importe —bufó intentando cerrar el tema— ¿Qué más falta? —se preguntó intentando recordar— Ah, mi color favorito es el azul. No sé por qué, pero relaciono a ese color con la libertad cada vez que veo el mar o el cielo…—mencionó dejando que su vista se perdiera en el bello paisaje que los rodeaba.

— ¡Hubiera jurado que tu color favorito era el rojo! —exclamó sorprendida.

— No —contestó serio, arrugando su nariz como muestra de desprecio— De hecho, detesto ese color. Me trae malos recuerdos…—suspiró triste.

Las rosas, su sangre envenenada, el color del cabello de su maestro… el rojo representaba todo lo que odiaba y lo que había perdido. Agasha pensó que era injustamente irónico que él fuera condenado a convivir viendo ese color todos los días.

— Lo siento —se disculpó bajando su mirada, apenada.

— Está bien. No lo sabías —Se quedaron en silencio por unos momentos, viendo cómo las olas chocaban contra las rocas costeras— Bueno, eso es todo. ¿Contenta?

— Sí, aunque ahora se me ocurrieron más cosas para preguntarte —Sonrió, divertida. Albafika rodó los ojos, fingiendo molestia.

— Es suficiente de mi —la miró— Ahora es tu turno.

— Mmmm —pensó ella— Amo la primavera. Me gustan las fresas, pero prefiero más lo salado. Tengo el sueño pesado y es difícil hacer que despierte —rió— Papá dice que incluso hablo dormida.

— No me sorprende— bufó el pisciano sonriendo.

— En mis ratos libres, me gusta estar con mis amigas, de las que ya te hablé...

— Dafne y Kyoko —terminó Albafika, Agasha asintió.

— Mi color favorito es el lila, también prefiero más el ocaso y me apena cuando alguien dice algo bueno de mi —se ruborizó— No sé por qué, pero me avergüenza— piscis la contempló con ternura.

— Lo que más me gusta de mi trabajo como florista es ver feliz a la gente que recibe las flores— sonrió.

— ¿Y siempre quieres hacer eso? —Agasha lo miró confundida— Quiero decir, ¿Toda tu vida quieres ser florista?

— Ammm, no lo sé —dudó— Hace no mucho tiempo que me empecé a interesar por las plantas medicinales y sus efectos… Me encantaría poder convertirme en una gran curandera y ayudar a la gente a aliviar sus dolores, pero no lo sé —apoyó sus codos en el barandal y aprisionó su rostro entre sus manos, se veía más que adorable— Para eso debería ir a la Isla de los curanderos y quedarme un tiempo allí, y no quiero dejar solo a mi papá —Albafika la miró conmovido ¡Ella era tan noble!— ¿Y tú? —lo sacó de sus pensamientos— ¿Siempre quisiste ser un caballero de Athena?

— Toda mi vida ha sido entrenar duro para ser el sucesor de mi maestro, nunca pensé en otra cosa —contestó.

— ¿Y si no fuera así? —inquirió ella— Es decir, en el caso de que no fueras un santo de Athena ¿Qué piensas que te gustaría hacer? —el muchacho quedó anonadado ante la pregunta.

— No lo sé… pero quizás haría algo que tenga que ver con ayudar a otros. No me parece mala la idea de los curanderos —Ambos rieron.

— Bueno, para ti sería más fácil porque ya sabes leer, escuché que hay que leer mucho y yo… yo no sé hacerlo —confesó apenada.

— ¿No? —El pisciano se sentía tonto por no haber considerado eso antes de escribirle la carta.

— No, el aprender a leer es lujo de unos pocos.

Albafika al notarla así decidió cambiar el rumbo de la conversación.

— ¿Quieres que te cuente algo muy gracioso que me pasó? —Agasha lo miró con una chispa de felicidad en sus preciosas orbes esmeraldas y asintió— Bueno, pero debes prometerme que no le contaras a nadie, porque para la persona involucrada es un poco bochornoso y no estoy seguro de qué hará si descubre que tú esparciste el rumor…— expresó con preocupación.

— ¡¿Me estás llamando chismosa?! —replicó fingiendo enojo.

— Solo es por precaución — hizo una pausa— Esto sucedió anoche…— Y empezó a contarle de la noche en el bar de Calvera, la borrachera de sus compañeros y, como broche de oro, la declaración de Kardia y el inminente rechazo de la tabernera.

— ¡Pobre señor Kardia! —decía Agasha entre carcajadas— ¡Wow no pensaba que los caballeros pudieran divertirse tanto!

— Suelen divertirse en el Santuario, pero no tan alocadamente. Lo de ayer era cosa de penitencia, aunque el Patriarca decidió pasarlo por alto— La miró— Te repito, de esto a nadie. No sería prudente que se pierda el respeto que los aldeanos tienen al Santuario— ella negó con la cabeza mientras continuaba riendo.

El protector del último templo se sentía contento. Ver a otra persona feliz por algo que él contaba, hacer reír a alguien más... sólo cuando era niño había logrado hacer reír a su maestro Lugonis con alguna que otra gracia.

— Debo admitir que todos nos reímos mucho con la situación... ¡Casi me pierdo de ver al bicho declarándose! —sonrió con un poco de malicia.

— ¡Pero fuiste! —señaló— ¿Qué te hizo cambiar de opinión? —a los segundos se arrepintió de sus palabras, pensando que quizás la pregunta era demasiado invasiva para el nivel de confianza que habían construido.

— Bueno... —bajó la mirada unos segundos para pensar qué responder. Él tampoco entendía muy bien qué lo había llevado a aceptar.

Al mirarla recordó lo que Shion le había marcado, la respuesta estaba frente a sus ojos mirándolo con unos enormes y preciosos ojos verdes.

Verde, el color de la esperanza...

Inconscientemente empezó a enumerar la lista de cualidades que había descubierto en ella: su amabilidad y empatía; su inocencia y transparencia; su sonrisa y los hoyuelos que ella formaba en su mejilla; su melodiosa voz; su risa cantarina y, ahora, sus ojos... ¡Rayos! ¿Acaso todos los días iba a encontrarle algo nuevo?

Parecía ser que ella siempre sacaba nuevas armas para dejarlo abatido. Ante esta idea sonrió, resignado, y la miró a los ojos levantando levemente las cejas; esperando que ella pudiera comprender la indirecta... "tú".

— ¡Oh!... —exclamó, captando por completo el mensaje, sorprendida.

Se quedó mirándolo absorta, como si estuviese intentando comprender… ¿Qué había hecho ella para que él decidiera tomar tal decisión? Simplemente no lo entendía.

Albafika continuaba observándola a los ojos y pudo notar que la florista estaba un poco confundida. Su expresión era tan bella y angelical que por un momento deseó abrazarla, acariciarla… ¡Es que ella le generaba tanta paz! En sus ojos había encontrado lo que había perdido tiempo atrás, la esperanza.

— Señor Albafika, lamento interrumpirlo…—se disculpó una voz que sacó a ambos de la ensoñación momentánea. Era, nuevamente, el guardia del Santuario — Ya está todo listo para que partamos— Albafika asintió y le clavó la mirada.

El guardia lo interpretó rápidamente, el pisciano estaba pidiendo privacidad para despedirse de la persona que lo acompañaba; por lo que luego de saludar a la florista con un ademán de su cabeza, se retiró a la carabela.

— Bueno, yo debo…—empezó a decir y volteó a verla. Al notar la expresión triste de Agasha sintió una fuerte punzada en su pecho.

En ese momento se maldijo a sí mismo por no haber medido sus actos; era tal su deseo de pasar tiempo con ella que no había pensado en que iba a llegar ese momento que él tanto detestaba, la despedida.

La florista sentía que no quería dejarlo ir, pero sabía que ese era un sentimiento inútil. Él tenía que cumplir con su deber, por más tristeza que su ausencia le causara.

Albafika pensó que tenía que decir algo, nuevamente, pero no encontraba las palabras correctas; de hecho, creía que no existía palabra alguna para lo que quería expresar.

Sabía que no debía, pero quería. Tenía que hacerlo.

Luego tendría tiempo de mortificarse a sí mismo por romper las reglas…

Ella sintió una cálida caricia en su rostro. No sabía si estaba soñando, pero podía sentir como el pulgar de una mano recorría con suavidad su mejilla.

No pudo decir nada, no tuvo tiempo; cuando pudo reaccionar, vio como el muchacho de las delicadas facciones ya se encontraba lejos de ella. Ya había abordado a la carabela del Santuario.

— Acaba de tocarme…—se dijo, saliendo de su estupor, con su mano en el lugar del roce— ¡Albafika, el caballero de piscis, acaba de tocarme! —sonrió, feliz.


Notas de la autora:

Tardé bastante, lo sé. Pero ya, les traje preciosura :3

Aysh, espero que se entienda que hay una diferencia abismal entre lo que siente y lo que muestra nuestro pescado tsundere :P

Los que lean "Two of us" se van a dar cuenta del guiño AJAJAJA xD

Ah, lo de que Albita acariciara a Agasha se me vino a la cabeza por su mismo Gaiden en donde a Pefko, al final, le revuelve el pelo :3 Ósea sí, puede tocar a la gente, lo que pasa es que es un traumado (? Ya voy a ampliar eso xD

Creo que no tengo mucho más para aclarar jaja escribí esto viajando en tren con una playlist de lo más variada, pero que todas las canciones apuntaban a la misma temática jaja

Creo que la idea de esta especie de "entrevista" a Albita me vino al mirar por 54168465 el capítulo de Walking Dead en donde Beth y Darryl hacen el drinking game (el famoso "yo nunca"). Pero bueno, acá no hay alcohol de por medio xD

Y la canción "Introducing me" de Camp rock casi como himno xD

*Edit (me había olvidado de decirlo y es mucho muy importante D:): La idea del complejo de Albita con sus manos no es mía, la saqué de otro fic. La autora es Forgotten Cross. Y el fic es "Copos de nieve" es una serie de Drabbles que está, por decirlo de una manera, excelente. El capítulo en donde sale esto es el 20, pero lean todo jaja. Aysh, tengo que decir que en lo que respecta a LC, ella es mi autora favorita :') Si por alguna casualidad llegas a leer esto TE AMO CROSS, ah (?

El título va más por un hecho de que el don "sangre envenenada" se está mostrando como es y Agasha se dio cuenta de que todo su comportamiento es sólo una coraza. Que hay mucho más de él que sólo su postura como caballero dorado y su belleza.

Playlist: (en orden con el capítulo) Close to you (The Carpenters), Potion approaching (Arctic Monkeys), Magic (Coldplay), Underneath your clothes (Shakira, de ahí también el título xD), Introducing me (Camp rock), Who i am (Nick Jonas), Life is like a boat (primer ending de Bleach), Only you know (Arctic Monkeys), Yes it is (The Beatles), Ask me why, (The Beatles), Do you want to know a secret? (The Beatles) y Always in my head (Coldplay).

Quería pedir disculpas si tardé en contestarle a alguien, Fanfiction no me dejó ver las reviews por casi una semana T_T

En fin, espero les haya gustado.

Ahora sí puedo ver las reviews, así que déjenlas tranqui (?)

Agradecería uno por uno, pero, qué flojera. Uds saben que los quiero y que trato de siempre contestarles por privado jajaja n.n

Nos vemos en el próximo cápitulo n.n