Aclaración: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling


Capítulo 6- La blancura del negro.


Despertó con un intenso dolor de cabeza. Después de la mala noche que había pasado no le extrañaba. Su pesadilla seguía viva y al parecer era la razón por la que se estaba despertando a altas horas de la mañana, incluso para ella.

Con una mirada Voldemort le advirtió que le obedeciera sin quejas cuando tiró de ella. Le llevó en dirección al baño sin parecer que iba a soltarle para que ella tuviera intimidad. Sus pies se negaron a reaccionar al ver aquello, mas la fuerza de Voldemort era superior. Fue a decirle claramente que no pensaba hacer nada con él ahí dentro cuando se quedó con la palabra en la garganta y boca abierta ante lo que estaba presenciando. Con un conjuro el Señor Oscuro se estaba cepillando los dientes y con otro se había lavado el pelo y ahora lo tenía peinado a la perfección. Habría jurado que la etiqueta de mago tenebroso eliminaba esas partes del día que tenía todo ser humano. Y no le gustó en absoluto pensar en él como ser humano.

Captando su mirada Voldemort tomó una larga respiración interior. Aquella niña había venido a él con un aspecto que daba pena y para lo que tenía que hacer hoy no podía permitirlo. Realizó los mismos sencillos conjuros que él había usado, ignorando su exclamación de sorpresa. Asintió interiormente al ver su nuevo aspecto. Su cara estaba mucho más limpia y su salvaje pelo había sido domado a unos rizos presentables. Incluso a él le sería difícil pensar que aquella chica era hija de muggles.

-Te daré dos minutos de intimidad. Cuando salgas elegirás uno de los dos vestidos que estarán sobre la cama. Cuando termines te explicaré el por qué.

Soltó su agarre y cerró casi dando un portazo. Hermione se quedó todavía más asombrada, mas no la dio tiempo a recuperarse. Se tenía que dar prisa en ejercer su intimidad antes de que el mago tirara la puerta abajo a por ella. Estaba siendo una mañana de lo más extraña. Jamás en su vida habría apostado limpiarse los dientes junto a Lord Voldemort y sin embargo allí estaba, incluso había sido él quien "se los había cepillado". Un pequeño sonrojo se formó al recordar ese detalle.

A los dos minutos exactos la puerta se abrió de golpe y su codo se vio agarrado con fuerza. Voldemort tomó una larga respiración, sintiendo su magia fluir de nuevo a él. Le sacó del baño y tal y como él había dicho le mostró dos vestidos diferentes sobre la cama.

-Elige uno- indicó pacientemente. Hermione tragó saliva. Se lo había puesto complicado dado lo que cada vestido representaba. Uno era verde esmeralda que le llegaría hasta el suelo. Era ajustado en determinados sitios como la cintura y bajo el pecho. Demasiado Slytherin para ella. Por el contrario, el otro era completamente negro, algo más holgado a partir del pecho y representaba demasiado bien la magia oscura. Pero a la hora de elegir era menos provocativo por lo que terminó escogiendo el negro.

-Bien- complacido con su elección Voldemort hizo que el vestido apareciera puesto en ella, incluso con los zapatos a juego con poco tacón que llevaría- por fin estás presentable.

Se mordió el labio para no responder el comentario mordaz que tenía en la punta de la lengua sin ver la extraña mirada que tenía en esos momentos. Por otro lado, si él se dio cuenta de su propia mirada no hizo ningún comentario al respecto. Además, el mago vestía como siempre, con una capa de mago sobre unos pantalones negros y lo único que había cambiado, ahora que se fijaba, era una camisa negra.

-¿Por qué me he tenido que arreglar?- aunque técnicamente lo hubiera hecho él. Pero había dicho que se lo explicaría todo una vez vestida y quería respuestas.

-Hoy tengo una importante reunión con el jefe del clan de los vampiros de Inglaterra- explicó- Obviamente tienes que venir conmigo así que por tu propio bien no me desobedezcas o des la impresión de querer hacerlo. Los vampiros son seres sumamente egoístas y astutos- aquello le recordó a alguien- No deben detectar hasta qué nivel llega mi… dependencia- pronunció con una mirada feroz.

Hermione asintió sabiendo que de otra forma tanto ella como muchos muggles más iban a terminar muy malparados y por nada del mundo quería que lo de la noche pasada se repitiera.

En medio de sus pensamientos Voldemort había sacado su varita y sin previo aviso se había desaparecido con ella.

Hermione hubiera caído de rodillas de no ser porque el mago le sujetó por el codo que le tenía agarrada. Habían aparecido en unos jardines perfectamente cuidados. Rosas blancas se extendían a lo largo del lugar, decorando cada camino y estanque. Increíblemente lo único que iluminaba la zona era la luz de la luna. ¿Pero no era de día? Ahora comprendía que no todas las leyendas de vampiros eran falsas. Eran unos seres que ante todo apreciaban la belleza y desde luego no podían salir a la luz del sol. Pero no poseían tanta magia como para mantener el hechizo de oscuridad. Alguien debería estar haciéndolo por ellos.

-¿Aceptan unirse a ti a cambio de noche perpetua?- no pudo evitar preguntar. Un brillo en la mirada de Voldemort llamó su atención.

-No sólo eso, pero en parte. Seas rey vampiro, hombre lobo o mago, el hecho de que tus súbditos tienen que estar medianamente satisfechos no cambia.

-Sólo es cuestión de cambiarles sus prioridades, ¿no?- respondió observando las rosas blancas- hacer que lo que más les importe sea conservar la vida y de vez en cuando permitirles torturar a algún muggle o hijo de muggle. Así se olvidan de otros aspectos, como que siguen sirviendo a alguien.

Increíblemente Voldemort asintió, con los ojos clavados en ella.

-Para ser de Gryffindor comprendes demasiado bien la manera de pensar de un Slytherin.

Lo que para él podía llegar a ser un elogio para ella no era más que un insulto.

-En una guerra es prioritario conocer bien a tu enemigo.

-¿Y tú me conoces bien, Hermione?- el sonido de su nombre dicho por él le provocó un escalofrío, cortándole el hilo de sus pensamientos- Se nos ha concedido el paso, vamos.

En cuanto el día pasara se felicitaría por no ponerse a gritar y pegar puñetazos a diestro y siniestro justo como había pedido Voldemort. Pero es que su cuerpo tenía un límite. ¡Ella tenía un límite! Y ese límite claramente establecía que Lord Voldemort no podía pasar un brazo por su cintura y apegarle a él. Al notar su reticencia le apretó incluso más a su costado, sintiendo perfectamente los músculos bajo su capa y camisa. ¡¿Y desde cuándo ese vestido estaba abierto por la espalda?! Tembló en una mezcla de frustración y miedo. Su orgullo se rompía a pedazos por no poder hacer nada ante los avances de la mano del Señor Oscuro.

Marcharon a un ritmo pausado a lo largo de los pasillos que se abrían tras las robustas puertas de la entrada. Tras cada ventana imponentes contraventanas estaban preparadas para el momento en el que se colara un pequeño rayo de sol. A medida que avanzaban, vampiros iban saliendo de las sombras y vigilaban su paso. Voldemort ignoraba a cada uno de ellos y avanzaba con resolución a lo largo de los pasillos arrastrándole con él. Innegablemente había estado allí antes. No necesitó de nadie que le llevara hasta un segundo par de puertas ya abiertas, dejando ver a un joven hombre sentado en un lujoso sillón y con la vista clavada en la luna del exterior.

Al girarse hacia ellos estuvo claro que no tenía nada de humano. Además de su extrema belleza, los afilados dientes que mostró al sonreír daban una buena pista.

La puerta se cerró tras ellos, encerrándoles con el apuesto vampiro.

-Blaine- asintió Voldemort en reconocimiento.

-Voldemort- asintió a su vez el tal Blaine. Una gota de sudor cayó por la frente de Hermione. ¡Ella había leído sobre aquel vampiro! ¡No sólo estaba ante el rey de los vampiros de Inglaterra sino de toda Europa!

-Nunca creí presenciar tal imagen, ¿es ésta tu mujer?- preguntó Blaine agitando lentamente una copa con un líquido rojizo.

-Así es- respondió sin dudarlo Voldemort. El cerebro de Hermione entró en coma. ¡¿Su mujer?!- Hermione, te presento a Blaine, rey de los vampiros.

-No soy tan mal rey como faltaros el respeto. Adelante, adelante, sentaros- indicó hacia el sofá a su lado en perpendicular tras asentir a la bruja.

Voldemort le llevó con él hacia el sofá, sentándose de manera que ella no quedara al lado del vampiro.

-¿Negocios, no? Hablemos de ello, pues- asintió Blaine dando un pequeño sorbo a su bebida- he de decir que comparto contigo el menosprecio con los humanos corrientes- sonrió tenebrosamente- la sangre mago tiene un toque… mágico...- saboreó la palabra- Una de las razones por las que no quiero magos entre mis vampiros, Voldemort- añadió completamente serio-. La sangre podría hacerles perder la concentración y atacarles. No quiero enemigos entre mis tropas.

-Necesitas al menos tres magos entre tus vampiros para poder deshacer los encantamientos protectores del enemigo- replicó Voldemort- Te aseguro que mis magos están completamente cualificados. Si uno de tus vampiros acaba con ellos, ninguno clamará venganza.

Hermione escuchó atenta cada palabra intercambiada. Acababa de descubrir que Voldemort podía tener los mejores modales y desde luego sabía negociar. Por otro lado el rey de los vampiros no se quedaba atrás, y lo que suponía que eran siglos de existencia le deberían haber servido para aprender a tratar con magos. Estuvieron por lo menos una hora, ella completamente en silencio ignorando la mano de Voldemort en su cintura por dentro del vestido. Ninguno de los dos dirigía una mirada en su dirección y sólo seguía atendiendo con la esperanza de que si escapaba al menos tendría una gran cantidad de información con la que ayudar a Harry.

-¿No os gustaría quedaros a comer?- preguntó de pronto cuando la negociación llegó a un punto de inflexión- Tu mujer debe estar hambrienta y no querrás que su deliciosa sangre se eche a perder.

Hermione elevó la mirada encontrándose con que Blaine la tenía clavada en ella.

-Mi mujer y yo podemos aguantar hasta que terminemos, Blaine- respondió con toda la intención Voldemort.

-Umm… pero tal vez me gustaría hablar a solas con tu mujer, Voldemort- imitó su tono de voz- Tiene una sangre de lo más atrayente. Puede que acepte todas tus condiciones si me dejas beber de ella.

Algo se cruzó en su cerebro, tal vez el miedo que habló por ella.

-¿Yo? No hablarás en serio- dijo antes de pensar- mi abuela tuvo leucemia. Por parte materna tengo un tío que murió por un problema en su sistema circulatorio, y mi bisabuela estuvo de por vida en una cama por culpa de la mala circulación. Además, he comido mucha comida basura, estoy segura de que tú comes cosas con más clase.

El vampiro se le quedó mirando en silencio y de repente se echó hacia atrás y rompió en terroríficas secas carcajadas. Voldemort apretó el agarre en ella. Al mirarle no supo descifrar la mirada que le mandaba al rey vampiro.

-Ay- rió Blaine- qué humana más graciosa, ya no las hacen así. Dime, cariño, ¿cómo te llamas?

-¿C-Cariño?- repitió alzando la voz.

-Oh, pero cosa tan linda.

Hermione chilló encogiéndose contra el regazo de Voldemort. De repente Blaine había aparecido sobre ella, hundiéndole en el lugar con los colmillos completamente alargados. Lo único que le impedía seguir era una varita sobre su cuello. Blaine gruñó al mago, advirtiéndole. Hermione se encogió más sobre Voldemort, quien tenía una mirada que igualaba la del rey.

-No la toques- amenazó de la misma forma.

Los segundos se sucedieron de manera interminable. Finalmente el vampiro sonrió y apareció en el sillón, sujetando su copa como si nada hubiera ocurrido.

-Un macho que es capaz de defender a su hembra es digno de mi respeto- asintió- Acepto tu oferta. Dos magos por escuadrón, eso es todo- se volvió hacia Hermione con una sonrisa seductora- Pero este no es el adiós, cariño.

-Mandaré una serie de magos para que sean supervisados por ti- interrumpió Voldemort levándose y por tanto obligando a Hermione a hacer lo mismo- Hasta nuestra próxima reunión.

No esperó a ser despedido. Se dio la vuelta por donde habían venido a un paso mucho más rápido que el de esta mañana. Su mano seguía bien sujeta a ella por un hueco del vestido, lo que seguramente dejaría la marca de sus largos dedos.

Salieron hasta el jardín con las rosas blancas. Las nubes habían llegado mientras estaban reunidos y ya no se podía apreciar el brillo reflejado de la luna en los estanques. Fue arrancada de sus pensamientos cuando Voldemort se detuvo de golpe, le giró y estampó sus labios con los suyos. La chica gimió de indignación nada más se dio cuenta de lo que estaba pasando, mas fue ignorada completamente. El Señor Oscuro devoró sus labios con insistencia, le acercó a él por la mano en su cintura hasta que estuvo completamente pegada y no pudo pensar en otra cosa que no fuera su lengua tratando de hacerse paso a través de sus labios. Aquella fue otra batalla, otra guerra que él ganó. Nunca sabría si ella le dejó o no pero lo importante es que su lengua se había internado hasta ella y disfrutaba mientras él le sometía.

Cuando se separó Hermione quedó temblante respirando agitadamente. Una figura desapareció desde la ventana por la que estaba observando, logrando que Voldemort recobrase el mismo aspecto y compostura de siempre. Se desapareció de allí en la misma posición en la que se encontraban.


El cerebro de Hermione todavía no había vuelto a funcionar. Voldemort le había llevado hasta su especie de oficina y le había dejado sentada en la enorme silla. Mientras, él, como si no hubiera sucedido nada trascendente, buscaba de pie algo entre los montones de pergaminos y comparaba unos con otros. A pesar de haberse desaparecido Hermione todavía notaba un cosquilleo en sus labios. Sus ojos seguían cada movimiento del mago, recordando perfectamente cómo le había aprisionado sobre él. Ella, una hija de muggles, ¿se puede saber qué estaba pasando?

-¿Por qué…?- preguntó finalmente.

Voldemort no dejó de buscar entre los pergaminos, sabiendo de sobra que la niña no tardaría en hacerle preguntas. Y él no era de andarse por las ramas.

-Porque Blaine no podía ver debilidad - respondió con convicción. Hermione entrecerró los ojos.

-No creo que besaras a una sangre sucia por ese motivo cuando podrías haber optado por otra salida- el comentario la salió demasiado mordaz.

-Una vez proclamada como mi mujer, los vampiros deben ver que me comporto como si fueras en efecto mía. De no ser así, además de perderme el respeto, pueden optar ir a por ti y reclamarte. Debía reivindicar lo que era mío y aquél fue el medio más rápido y efectivo- se dio la vuelta hacia ella- No te aconsejo que en el futuro cuestiones mis motivos.

-Voy a pasarme la vida junto a ti- según él, ella eso lo pensaba cambiar- no puedo ser una muñeca a tu lado, no soy así.

-Las guerras conllevan grandes cambios- se limitó a decir volviendo a su trabajo.

-¿Y al menos no nos podríamos comportar de manera civilizada?- propuso- Por ejemplo llamarnos por nuestros nombres.

Las manos del mago se congelaron sobre las hojas por unos segundos para luego seguir con su trabajo.

-Te permitiré llamarme Voldemort en privado o en presencia de Nagini. Yo te llamaré por tu nombre cuando lo vea conveniente

Al menos había ganado algo. Con rencor vio que lo que había hecho en el castillo de los vampiros no había significado nada para él. No quería que nadie la malinterpretara. Estaba claro que allí nadie iba a jurar amor eterno, pero algún segundo pensamiento al respecto no estaría mal. Aunque después de todo le había soltado y dejado estar en la silla sin tener su sujeción como normalmente. Abrió y cerró las manos sintiéndose todo lo libre que se podía sentir.

-Obedeciste mis órdenes esta mañana- dijo él de pronto. Dejó una pila de pergaminos frente a ella- Como premio te propondré una oferta que estoy seguro que no querrás rechazar- Hermione asintió instándole a continuar, vendiendo su ansia por el conocimiento por dejar que la tratara como un perro- Estas son la mayoría de notas necesarias para crear un conjuro que me permita almacenar algo de mi magia. Como mucho podré estar unos quince minutos sin tocarte y podré seguir usándola, pero ese tiempo nos valdrá. Mi propuesta es que continúes con la investigación y termines el hechizo. Los libros que necesitarás están en este cuarto. Espero que no me defraudes.

Consiguió exactamente lo que andaba buscando. Casi se pudo escuchar los engranajes del cerebro de la chica funcionar a plena potencia. Cogió los informes que le había tendido y comenzó a leerlos tomando nota de todo lo que la serviría. Mientras tanto Voldemort se dirigió hacia otro escritorio a continuar con sus tareas.

Hermione estaba francamente asombrada. Ahora entendía la fama que había ganado el mago en sus años en Hogwarts. Cada nota desbordaba un entendimiento profundo sobre la magia, e incluso le costaba entender alguna conclusión. El hombre era sumamente inteligente y veía oportunidades donde aparentemente no se podía sacar nada. Tardaría un tiempo en completar el hechizo pero estaba segura que con lo que tenía sería posible. Así, al menos gozaría de más tiempo por las mañanas para ella sola o un tiempo como aquel en el que no la tenía que estar sosteniendo las veinticuatro horas.

Lo que de verdad le fastidió fue que el recuerdo del beso todavía no se fuera. No había duda que Voldemort era guapo, inteligente y poderoso, pero su egoísmo, codicia y crueldad eran igualmente fuertes en él.

Y todavía no había olvidado las palabras de Blaine. Éste no es el adiós. Esperaba que Voldemort no cambiara de idea respecto de lo de entregarle como saco de sangre. Después de todo, su magia estaba en ella y, en cierta manera, sería como beber de él. Tal vez por ello se negó de esa manera.

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-Nagini,- llamó el Señor Oscuro. Su serpiente no tardó en pasar al cuarto- ¿qué hasss averiguado?

-Mi ssseñor, los mortífagosss no terminan de aceptar a la niiiña, pero no he oído planesss de acción- siseó la serpiente mirando a la joven dormida sobre un montón de papeles-¿Lleva el vessstido? ¿El de sssu madre?- preguntó con algo de sorpresa.

-No esss nada esspecial. Va a passsar la eternidad conmigo, desspuésss de todo.

La serpiente varío la mirada hacia él, mirándole fijamente a los ojos.

-Tenga cuidado, mi ssseñor.