Reto #6

Pareja: MadoHomu

Keywords: Luna, sol y demonio

Pedido por: RatchetPowerChan


"¿Homura-chan?" Ladeó la cabeza hacia la derecha. Homura tenía la mirada fija en el cielo estrellado, distante. Como si anhelara algo, como si no estuviera ahí.

"¿Uhm?" La voz tenue, no parecía salir del trance.

"¿En qué piensas?"

Homura se volteaba para verla, pero la detuvo una mano suave, cariñosa. Los ojos rosa la miraban expectantes, curiosos, y una sonrisa cálida acabó de cautivarla.

Era doloroso el pensar cuántas veces había visto esa expresión en ella, en distintos universos, y aun así… ¿Qué rostro pondría aquella que decepcionó, que traicionó?

Era doloroso, pero no podía romper el hechizo.

Demonio o no, Madoka siempre se apoderaba de ella, siempre se hacía… Devota a ella.

"En ti."

Cerró los ojos, y cuando los comenzaba a abrir, se encontró con la otra inclinándose, capturando sus labios.

Los besos de Madoka solían ser suaves, inocentes, tímidos… Pero ahora sentía cierta desesperación en ellos. Una lengua ansiosa tocó la puerta y Homura la dejó pasar. No quería rechazarla, no podía. Los últimos días habían sido un torbellino y era vergonzoso el poco control que tenía de la situación. Madoka exigía, empujaba; Homura le seguía el paso, la complacía.

El viento soplaba, frío, pero para ella la noche era sofocante. Sintió movimiento bajo la manta en la que estaban recostadas, el césped susurrando. Hubo un peso de pronto; Madoka se acomodaba lentamente sobre el largo de su cuerpo sin quebrar el beso. Ajustó sus piernas entremedio de las otras y unas manos recorrieron el largo cabello oscuro.

Rompió el intercambio, el aire se había hecho escaso. Ambas jadearon, Homura confundida, Madoka sonriendo hasta con los ojos. Los entornó, viéndola de una forma que provocó que un escalofrío estremeciera a Homura. La misma mano volvió a su mejilla y el dedo pulgar trazaba suaves círculos alrededor.

"Homura-chan…"

"¿…P-Pasa algo? Te noto… Diferente."

La sonrisa se suavizó y cerró los ojos por un momento, como si buscara las palabras adecuadas, "me inquietas," los párpados se abrieron de nuevo lentamente, y Homura frunció los labios hasta formar una línea, "siempre pareces estar en otro lugar, y me preocupo… Me da celos, incluso…"

De todas las cosas que podía sentir Madoka, lo que menos esperaría serían celos, menos ligados a ella. Es decir, estaban en ese mundo por y para Madoka, pero… Claro, ella no sabía eso.

Homura iba a replicar algo, pero un dedo paró la respuesta, "desde que volví a Mitakihara, eres lo único que me ha hecho sentir en casa. Te sonará raro, pero… Cuando no me atrevía a hablarte, había esta sensación de vacío que me consumía a cada hora. Me estremecía cuando nuestras miradas se cruzaban, y en el momento en que te abracé aquel día… El calor volvió a mí."

El dedo se deslizaba suavemente desde la orilla de la boca hasta el otro extremo, y de regreso. "Desde entonces… Siempre es cálido para mí. Te veo, y… Es como si encontrara las piezas perdidas de mí misma. Eres única para mí; nunca me había sentido así. Eres el sol, día a día… Y aunque me queme por acercarme, no me importaría morir carbonizada. Por otro lado," y en ese momento, ambas manos fueron a apoyarse junto a los costados del rostro de Homura. Madoka le clavó la mirada; no era como ninguna de las anteriores. Tragó, levemente intimidada por el cambio de actitud. "…Cuando te veo perdida, como recién… Estás en otro lugar. Quizás… Con alguien más, no estoy segura, pero esa sensación me da; y cuando pasa, me altero. Quiero jalarte de regreso, que no necesites nada más, no añores nada más… Que seas solo mi sol. Dime, ¿está mal?"

Homura se lamió los labios, nerviosa. Sentía su boca como un desierto y no tenía idea por qué. Era demasiado que procesar, era demasiado que pensar, y tan difícil con esa mirada encima que parecía querer atravesarla en cualquier minuto. Cerró los ojos, respiró profundo, lento, que el aire llenara por completo sus pulmones, y puso las piezas en orden. Abrió los ojos, y tuvo un cambio de actitud abrupto: se inclinó hacia adelante y besó el costado de la mandíbula de Madoka. Trazó varios besos hacia el cuello, y el estremecer de la piel le hizo sonreír para sus adentros.

"H-Homura-chan… Te hablo en serio."

Y aunque dijo eso, no hizo ni un solo intento de apartarla. Dejó que Homura siguiera sus administraciones y un rubor subió lentamente al igual que la temperatura en general de su cuerpo. Era vergonzoso; no pudo suprimir la urgencia de ladear la cabeza, de darle más espacio para recorrer. Era como si Homura quisiera corroborar lo que decía; que quisiera quemarla lentamente, y…

No le molestaba en absoluto la idea.

Homura se inclinó lo suficiente para incorporarse por completo. Madoka rodeó su cuello con ambos brazos y suspiró, rendida. Sintió un par de manos abrazar su cintura al mismo tiempo que los besos se transformaron en lamidas. Madoka complació sin que se lo pidieran, y movió ambas piernas para quedar sentada en el regazo de Homura, el calor escalando peligrosamente. La lengua se detuvo, dejó un último beso en la zona, y luego buscó la boca de Madoka, la cual empujó los labios de inmediato, antes de que Homura pudiera tomar la iniciativa. Una mano acariciaba una mejilla, la otra empujaba desde la nuca para acercarla más aún.

A diferencia de la vez anterior, nadie cedía. Era una batalla reñida de presiones, de mordidas, abrazos de lenguas… Y las manos de Homura bajaron, tentativamente, por los costados de los muslos de Madoka. Subían, bajaban, exploraban la zona, y a Madoka le recorrió un escalofrío. Ese mero descuido acabó en su derrota, y rompió el beso, agitada y jadeando. "Homura-chan…" Otro suspiro, y ninguna quebraba el contacto visual. "¿Qué… Qué quieres decir… Con todo esto?"

"¿Te desagrada?" Las manos se detuvieron, y fueron a descansar a su cintura.

"…Sabes que no, que si dependiera de mí…" Apartó la mirada, rosa brillante en sus mejillas.

Homura rio, "y tú sabes que no iremos más allá que esto."

Un puchero –adorable- y el rosa fue a enfrentar al púrpura, "…aun no me respondes."

"Hm, lo sé." Homura mantuvo silencio por un momento, donde lo único que se escuchaban eran sus respiraciones y el murmuro del viento. "¿Qué quiero decir? Que no tienes nada de qué celar, que soy honesta cuando te digo que pienso en ti. Solo que… No lo entenderías. Y te equivocas, Madoka, hay algo que debes aprender y recordar; las apariencias engañan. Me confundes con lo opuesto a mí, no tengo nada de sol; si brillo ante tus ojos, no es por luz propia. Si brillo, es porque tú estás conmigo. ¿Sabías? La luna solo es capaz de brillar porque existe el sol." Una mano subió hasta el rostro de Madoka, y le dedicó una leve sonrisa, "¿le has dado un vistazo a tus propios ojos, Madoka? Destellan. Quien entrega calor e ilumina no simplemente a mí, sino a todos… ¿No te das cuenta? Esa eres tú."

Madoka entornó los ojos, y se acercó lentamente para posar su frente contra la ajena, "según lo que dices, entonces… ¿Serías la luna?"

"Si quieres compararme con el cielo, sí. El sol… Reina en el día, es símbolo de fuerza, de esperanza, porque no se limita a aceptar, sino… A cambios, a mejoras, aunque en sí, el no cambia. Es sincero en toda su expresión, no guarda secretos. En cambio… La luna reina las noches, la etapa prohibida, donde se manifiestan los impulsos, la irracionalidad y cambia constantemente al paso del tiempo."

"No entiendo a qué te refieres, Homura-chan…" Ladeó el rostro, cejas fruncidas, pero no por molestia, sino por preocupación. ¿Hay… Algo que no sepa?" Ella siempre hacía eso; sus palabras siempre parecían querer decir algo más, pero nunca lo hacían.

Homura apartó la mirada y parecía debatirse algo. Ella solo ponía esa expresión cuando estaba inmersa en sus pensamientos, como si abriera cajas que llevaban mucho rato cerradas, escondidas. "Hasta tus ojos son de oro realmente, Madoka."

"¿Eh…?" Se llevó ambas manos al rostro, palpando, buscando. Había algo que le decía que aquello no había sido una metáfora, que en algún momento…

¿Por qué…?

La incertidumbre se apoderó de su pecho y sintió una tremenda necesidad de aferrarse a Homura, como si fuera a desaparecer en cualquier momento. Se aferró a su sweater con tanta fuerza que daba la idea de que quería arrancarlo.

Homura negó con la cabeza, y la apartó de golpe. La brusquedad con que lo hizo dejó boquiabierta a Madoka, "cuando dices una mentira, debes seguir mintiendo; hacer la historia plausible." Cerró los ojos, y para cuando los volvió a abrir, el púrpura había cambiado a un tono ligeramente más brillante, rojizo. La piedra que pendía del colgante con forma de lagartija comenzó a brillar intensamente, y Homura llevó una mano hasta los ojos de Madoka.

"Pero… No quiero seguir así. Somos seres opuestos, desde el principio. Y… Te agradezco el haberme llevado a mis límites, buenos y malos. Debo aceptar que el sol nunca querría que bloquearan su luz, que siempre querrá iluminar al mundo con su verdad. Debo enfrentar la expresión que tendrás, y el castigo por abusar de mi posición… Madoka, despierta."

Quitó la mano, y lentamente se mostraron un par de ojos dorados, perplejos. Los alrededores desaparecieron y lo reemplazó aquel escenario que había visto bien ya, que estaba grabado en sus recuerdos. Nunca tuvo claro si se trataba realmente del espacio, algún lugar específico de la galaxia donde Madoka se detenía de vez en cuando.

Se puso de pie y le dio la espalda; que floreciera, que volviera. El par de alas negras se desplegaron, y lentamente comenzó a aparecer su atuendo de agitadora del mundo. Le extrañó un poco que su fuerza, su poder mágico, no se desvaneciera, pero luego recordó que de Madoka solo tomó recuerdos; lo demás fue una abominación de su propia Soul Gem. Era ridículo, honestamente. Caminó, sin rumbo, solo quería observar el baño de estrellas que tenía en frente. Las alas se mecían por la explosión de energía que significaba la manifestación de los poderes de Madoka. Respiró profundo, y suspiró.

Ojalá todo acabara pronto…

Estaba cansada, ya.

Aceptaría todo lo que viniera sin chistar; no tenía nada por qué pelear.

"Homura-chan."

Parpadeó; Madoka estaba frente suyo, una mano posada en su mejilla, el largo de los dedos alcanzando hasta bajo de las orejas. El dedo pulgar trazaba círculos, la tela de los guantes rozándole esta vez.

Y-

Esa sonrisa cálida, los ojos que solo transmitían tranquilidad. Los suyos-

Los suyos ardían.

Tragó pesado, intentando retener las lágrimas, pero fue imposible. ¿Cómo podía…?

Y fue aún más desconcertante ver que no era la única llorando. La expresión no cambiaba, pero las gotas brillaban de una forma que nunca imaginó vería, ¿así lloraban los dioses?

Sacudió la cabeza, y rompió el contacto visual, puños apretados. Se odiaba, se odiaba mucho, ¿cómo pudo perturbar a un ser tan hermoso? Su crimen se volvía mucho más –si se pudiera- terrible, una aberración.

"El último favor que te pido es que hagas lo que tengas que hacer, pero rápido. Quizás merezco que el proceso sea lento, tortuoso… Pero no quiero que se vuelva más difícil, para nadie."

Una mano tomó su mentón y la obligó a mirarla a la cara. La mandíbula le temblaba, y estaba segura que sus manos también, pero no podía percibirlo.

"La Homura-chan que conozco no se rinde. Aunque tus labios expresen que sí, en el fondo de tu corazón, te niegas a ceder, siempre testaruda."

"…No soy esa persona. Debería ser obvio a estas alturas, sé que me volví una vergüenza para mí misma. Madoka, te traicioné, deja esto… No tiene sentido."

"¿Quieres alejarte de mí?"

"Eso merezco."

"No, dime qué quieres, Homura-chan."

El cambio en el tono de voz de Madoka la aturdió por un momento. La mano alrededor de su mentón presionó, insistente, y el rostro siempre tranquilo mostraba molestia esta vez. "…Eso dejó de importar."

"Homura-chan."

Las alas reaccionaron en respuesta; se batieron levemente. "Sabes que la luna adora al sol, y moriría cada noche solo por dejarlo brillar con fuerza. Nunca querría estar lejos de ti, Madoka. Todo de mí siempre ha sido para y por ti."

Un par de brazos se lanzaron a abrazarla con fuerza, como si temiera que algo la jalara de pronto, o que se la robaran-

O que huiría.

"Entonces, el sol seguirá brillando para la luna, siempre. Que ese lazo nunca se rompa…"

Que este amor nunca se acabe.

Fin.


A/N: AAAAND AIII WILL ALWAYS LAV U.

Ahem, se me fue la olla con este.

¡Espero que te guste, Ratchet!

PD: Cuando editaba me di cuenta que hubo un diálogo que sonó taaaan último cap de Kannazuki no Miko. Pero meh, esas relaciones entre sol y luna son bastante comunes.