7.
La metamorfosis fue gradual y aterradora.
Primero, unas escamas oscuras cubrieron su cuerpo a modo de coraza. Se extendieron desde las extremidades al tronco, y continuaron por el cuello, pecho y cabeza. Su cabello azabache fue sustituido por dos pares de gigantescos apéndices que ondearon cuales látigos; sus manos y pies por garras enormes y en su boca amanecieron varias hileras de dientes afilados.
Sus huesos comenzaron a crujir con un desagradable sonido, deformándose y creciendo; transformando a su vez el resto de su anatomía.
Cuando la metamorfosis finalizó, su aspecto recordaba vágamente al de un dragón oriental, solo que sacado de la peor de las pesadillas. De pronto ya no era una chica, sino un ser escalofriante que se fundía con la oscuridad de la noche.
El terrible monstruo en el que Marinette se había convertido dio un alarido. Tanto Chat Noir como Ladybug tuvieron que taparse los oídos, incapaces de soportar semejante sonido. Era peor que cualquier cosa que hubieran escuchado jamás; un grito sobrecogedor que helaba la sangre y aniquilaba cualquier sentimiento esperanzador. La muerte habría sonado mucho más dulce que aquello.
Ladybug dio un paso atrás, temblando de la cabeza a los pies. Las rodillas le fallaron y tuvo que agacharse para no caer.
Ni ella, ni Chat Noir, eran capaces de moverse o de apartar su vista de aquella cosa.
-No... No estoy preparada para esto... -balbuceó ella, sin poder dejar de temblar.
Chat Noir no pudo oírla. Estaba demasiado impactado por todo cuanto acababa de presenciar. Nunca había visto un akuma semejante. Y el hecho de saber que se trataba de Marinette le encogía el corazón. Él había causado aquello. Era el único culpable.
El monstruo se volvió hacia ellos. Les observó con sus ojos vacíos y negros como un abismo. Las comisuras de su boca se arquearon hacia arriba, mostrando de ese modo las letales agujas que tenía por dientes.
Entonces atacó.
Mucho más rápido de lo que ninguno de ellos podría haber previsto, saltó en dirección a Ladybug con las fauces y las garras abiertas. Esta, todavía paralizada por el miedo, no reaccionó.
Chat Noir abrió los ojos preso por el pánico. En el último momento pudo lanzarse hacia su compañera y la empujó justo antes de que la bestia pudiera ancanzarle. Pero no fue lo suficientemente rápido como para evitar por completo el ataque, y una de las garras le golpeó con fuerza.
El chico salió despedido, impactó contra el duro asfalto y luego rodó unos cuantos metros hasta el final de la calle.
Se llevó una mano a la zona donde había recibido el zarpazo, encogido de dolor. El traje que llevaba era capaz de protegerle de cualquier cosa; sin embargo, aunque no había dejado ninguna marca o arañazo visible, estaba convencido de que había logrado traspasarlo de alguna forma. Se preguntó si debajo de aquella tela habría o no una herida sangrando.
Apretó la mandíbula con fuerza, haciendo todo lo posible para sobreponerse al dolor y se incorporó, tambaleándose.
Buscó con la mirada a Ladybug. Marinette le perseguía, incansable bajo su nueva apariencia, mientras que esta esquivaba a duras penas cada uno de sus ataques. Tenía que hacer algo para crear distracción y así darle una oportunidad a su compañera.
Sin pensárselo dos veces, utilizó su bastón a modo de pértiga y se catapultó al lugar de la pelea. Luego lo blandió hacia Marinette, que no tardó en advertir su presencia.
-¡Marinette! -le gritó, casi sin aliento. El dolor del zarpazo le impedía respirar con normalidad. -Vuelve a ser tú misma, no dejes que el akuma te controle.
A modo de respuesta, el monstruo volvió a emitir aquel bramido aterrador, paralizando una vez más a Chat Noir que se encontraba ahora a apenas a un metro de distancia. En esta ocasión, el efecto de aquel demoledor sonido fue mucho más contundente.
Parecía que le estuvieran arrancando una parte de su alma, y con ella, todas las emociones dejando en su lugar un gran vacío. Tan sólo permaneció el miedo.
Marinette abrió sus fauces, aproximándose peligrosamente al chico, que continuaba inmóvil. Avanzo hacia él, hasta que estuvo tan cerca que el aliento de sus respiraciones se encontró. La joven alzó una de sus descomunales garras dirigiéndola al pecho de Chat Noir, pero no atacó. Cerró su mandíbula a tan solo unos pocos centímetros de su rostro y emitió un leve gruñido. Luego, tras mirarle directamente a los ojos, saltó sobre él y se fue, dejándolo con el corazón acongojado y temblando.
Pasaron unos segundos hasta que Chat Noir volvió en si y pudo moverse. Nunca jamás había sentido un terror semejante. Y sin embargo no le había hecho nada. Se había ido, sin más, desapareciendo en la oscuridad.
Mientras, Ladybug se había resguardado a salvo de la amenaza de la bestia, y había lanzado su yo-yo invocando el poder del Lucky-charm. Pero no persiguió a Marinette cuando se apartó de su compañero, sino que acudió dónde él se encontraba.
Valiéndose del yo-yo, aterrizó junto al chico sin esfuerzo. Y fue entonces, justo en ese preciso momento en el que la tuvo en pie; a su lado, cuando Chat Noir se percató de que algo no encajaba.
Frunció el ceño.
Ladybug llevaba consigo un bastón similar al suyo.
-¿Otro bastón? -preguntó extrañado. -Ya tenemos el mío...
No... No era eso lo que estaba fuera de lugar. Era otra cosa.
Entonces cayó en la cuenta del detalle. Abrió los ojos, perplejo. No se había dado cuenta antes por estar alejada, pero ahora la diferencia era evidente. Era más alta. Ladybug era mucho más alta que él.
-Vaya, ¿Para qué podría servirnos? -inquirió ella, refiriéndose al bastón. Y esbozó una media sonrisa. -Déjame pensar... ¡Creo que lo tengo!
A Chat Noir no le dio tiempo de decir nada o reaccionar.
La chica le asestó un buen golpe en la cabeza y perdió el conocimiento.
Le costó volver a abrir los ojos. Se sentía enfermo, mareado, apunto de desfallecer. La cabeza le dolía horrores, pero no era nada comparado con lo que sentía en las costillas y la cadera, que le ardían como si le estuvieran quemando con un hierro candente. Recordó que ese había sido el lugar en el que Marinette le había golpeado y un escalofrío le recorrió entero.
Intentó incorporarse, pero no pudo moverse. Se dio cuenta de que estaba maniatado. Alguien le había colocado grilletes en ambas manos y pies, unidos entre si por una pesada cadena. La posición en la que se hallaba tampoco era la más cómoda para soportar el dolor.
Afortunadamente o no, todavía llevaba puesto su anillo. Todavía estaba transformado en Chat Noir, aunque no le quedaba demasiado tiempo.
Se fijó entonces en el lugar en el que se encontraba. Una amplia sala abovedada con decoración minimalista y luz tenue. Estaba seguro de que aquella era la primera vez que estaba en ese sitio, sin embargo, le resultaba extrañamente familiar.
-¡Chat Noir!
Una conocida voz femenina se escuchó a sus espaldas. El chico miró por encima de su hombro para ver de quién se trataba.
Ladybug.
O al menos la chica que se había apropiado de su miraculous. Porque aunque era la viva imagen de su querida Lady, la altura le delataba. Era la misma Ladybug que le había dejado inconsciente.
Sintió una punzada en el pecho al recordar a Marinette y no pudo evitar que los remordimientos le asaltaran. Ella había llevado razón desde el principio. Se había desvivido para advertirle de lo que iba a suceder, y él le había ignorado cediendo ante las peticiones de una impostora. Tenía que haberla escuchado, tenía que haber permanecido a su lado...
-¿Quién eres tú? -preguntó, antes de que esta pudiera acercarse demasiado.
La chica se detuvo en seco.
-¿Es en serio? Soy Ladybug, quién sí no. -respondió. -Tu compañera.
-Ni hablar. -le espetó, enrabiado. -Puede que te parezcas a ella y tengas su misma voz, pero esta vez no conseguirás engañarme. La auténtica Ladybug mide un poco menos que yo, larguirucha.
El comentario le pilló un poco desprevenida, aunque permaneció calmada. Luego hizo un gesto de desdén y sonrió con pesadez, admitiendo su derrota.
-Ya veo... Qué fallo más tonto. -comentó encogiéndose de hombros. -Supongo que en ese caso ya no es necesario que lleve esto.
Se llevó las manos al pelo y deshizo cada una de sus coletas. Su pelo azabache cayó suelto sobre sus hombros y un par de mariposas blancas salieron volando de su mano. Una vez liberadas, se revelaron las otras diferencias entre ella y su Lady.
La persona que tenía delante era una mujer de mediana edad. Aunque sí era cierto que tenía un gran parecido con la auténtica Ladybug, sobre todo llevando el traje y los pendientes.
-Trabajas para Hawk Moth...
-Muy listo, gatito. -dijo con una voz muy distinta a la que había empleado antes. -Entonces sabrás qué es lo que viene a continuación.
-Quieres mi miraculous. -adivinó.
-Eso es. -asintió ella, complacida con la respuesta.
Chat Noir se revolvió a causa de la impotencia. Había caído en aquella trampa de la manera más estúpida. Hawk Moth se había aprovechado de sus sentimientos hacia Ladybug para engañarle. Había adivinado que rechazaría cualquier advertencia si la tenía a ella delante. Pero, ¿Cómo había podido saberlo?
-¿Dónde está Ladybug? ¿Qué le habéis hecho? -se apresuró en preguntar.
-¿Ladybug? Yo soy Ladybug. -contestó ella con vehemencia. Se arrodilló a su lado y clavó su mirada en sus ojos. -Ahora soy yo quién tiene el miraculous. He heredado su poder. Y puedo asegurarte que lo utilizaré muchísimo mejor que mi predecesora. Tu amiga estaba desaprovechando todo su potencial.
Tiró entonces de una de las manos de Chat Noir y echó un vistazo a su anillo. Tenía iluminado un punto de energía.
-Estaba esperando a que tu transformación se desvaneciera para poder quitártelo. No sé si lo sabías, gatito, mientras estás bajo esa forma no tengo acceso al miraculous. No, a no ser que me lo entregues voluntariamente. -explicó. - Pero lo estoy pensando mejor y me gustaría poder enseñarte de lo que soy capaz; que el poder de la creación no consiste en tirar un amuleto al aire y confiar en una resolución aleatoria. Porque si lo controlas en su totalidad puedes concebir cualquier cosa que te propongas.
A modo de demostración, la mujer lazó el yo-yo. Tras un fogonazo de luz blanca, cayó de nuevo junto a otra cosa más que ella atrapó al vuelo. Una daga.
Sonrió triunfante.
-Tu traje puede protegerte de todo, ¿verdad? Golpes, cortes, quemaduras... pero apuesto a que no puede protegerte de esto. -continuó, dejando entrever un atisbo de locura en sus palabras. -Especialmente creado para poder atravesarlo. Dime, ¿Qué crees que me resultará más fácil? ¿Cortarte un dedo o la mano entera?
Chat Noir abrió los ojos preso del pánico. Trató inútilmente de soltarse para huir de esa sádica. Pero estaba encadenado a conciencia, y bien inmovilizado. Sin querer darse cuenta, ella ya le había tomado por la muñeca muy dispuesta a cumplir con lo que acababa de contarle. Apunto estaba de comenzar a cortar la carne, cuando una voz interrumpió la acción.
-¿Desde cuándo te has vuelto tan impaciente? -rió. -¿Más de veinticinco años de espera para tener que cortarle la mano a un crío?
La falsa Ladybug se detuvo al momento, y bajó la mirada algo avergonzada.
Un hombre enmascarado con porte noble se acercó a ellos. Caminaba con aires de grandeza. Parecía calmado y entretenido con lo que estaba presenciando. Aunque era la primera vez que lo tenía cara a cara, Chat Noir lo reconoció al instante.
-Está herido y no le queda apenas tiempo. -prosiguió. -Podemos esperar un par de minutos. Además, -dijo, dirigiéndose al chico en exclusiva. -estaba deseando poder conocerte en persona, Chat Noir. Tienes muy mal aspecto.
-Hawk Moth... -pronunció con rabia. -¿Qué le has hecho a Ladybug? No importa si me quitas el miraculous. Si le has hecho daño, con o sin él, te prometo que te mataré.
El hombre estalló a carcajadas nada más oírlo.
-Así que estoy apunto de quitarte tu anillo y lo que más te preocupa ahora mismo es Ladybug. No me hagas reír. -exclamó. -Aunque no veo qué hay de malo en complacer una última petición. -agregó. - ¿Qué hice con Ladybug? Tal vez deberías darme las gracias, después de todo. Verás, tu querida Ladybug tenía el corazón destrozado. Nada que no suceda todos los días. Otra niñata estúpida enamorada de la persona equivocada. Nunca le habría correspondido. Entonces aparecí para aliviar su pena, le ayudé enviándole un precioso akuma que anuló sus sentimientos.
Chat Noir abrió los ojos estupefacto.
Tenía la boca seca.
-¿Qué? -alcanzó a decir con un hilo de voz.
No podía ser cierto.
Marinette.
-Gracias a mi akuma dejó de sentir cualquier cosa, fuese buena o mala. -entonces Hawk Moth comenzó a reír, sumergido en sus propios recuerdos. -¡Qué fácil resultó todo! Me entregó sus pendientes sin siquiera pensarlo.
El corazón de Chat Noir se había detenido.
Marinette. Había sido Marinette durante todo este tiempo. Siempre ella.
Su Ladybug.
-...pero se rebeló contra mí cuando le pregunté por tu identidad. -prosiguió Hawk Moth. -Nunca hubiera imaginado que sus sentimientos hacia ti fueran incluso más fuertes que mi akuma. Más aún que los que sentía por su compañero de clase... qué decepción.
...Y él la había rechazado. Todo era por su culpa.
-Así que la dejé en libertad, sabiendo que tarde o temprano su obsesión me llevaría hasta ti. Y no me ha defraudado.
Quería llorar. Quería gritar.
Le faltaba el aire. No podía respirar.
Decenas de mariposas blancas rodeaban a Chat Noir. Tenía la mirada perdida. Todas y cada una de las palabras de Hawk Moth resonaban en su cabeza, mezclándose con sus recuerdos más recientes junto a Marinette.
Los labios del hombre se curvaron hacia arriba. Estaba disfrutando de cada momento.
-¿Es angustia eso que percibo, Chat Noir? ¿Te sientes culpable por no haberla reconocido? ¿Es ese un sentimiento de derrota? -preguntó, ladeando la cabeza con curiosidad. Alargó la mano y una de las muchas mariposas que agitaban sus alas entorno al joven cambió el rumbo. -Sí... aliméntate de todos ellos. -continuó pletórico. -Tristeza, rabia, impotencia y... miedo.
La mariposa que se había posado en las manos de Hawk Moth cambió el color de sus alas del blanco al negro, y alzó el vuelo una vez más en dirección a su víctima.
"Destrúyelo"
Las palabras de Marinette volvieron nítidas a su memoria. Podía recordar su voz, sus dedos entrelazados con los suyos. Ese pequeño contacto.
"Destrúyelo, ahora. ¡Yo no puedo arreglarlo así que tendrás que hacerlo tú! ¡Destrúyelo!"
Alentado por este último recuerdo, Chat Noir logró reaccionar e invocó el poder del cataclismo.
Con un único movimiento los grilletes que apresaban sus manos y pies se deshicieron como la sal, y también la mariposa negra a la que había dirigido su ataque. Se incorporó de un salto, ante la atónita mirada de Hawk Moth y Ladybug, y le propinó a esta última un certero golpe para desarmarla. La daga que había creado hacía pocos minutos cayó en sus manos, y se encaró con Hawk Moth.
Este dio un paso atrás.
-Voy a arrancarte esa máscara, Hawk Moth. -sentenció el joven, blandiendo la pequeña espada hacia su contrincante.
Pero de pronto se tambaleó. Estaba resintiéndose en demasía por la herida de su costado. Se sentía mucho más fatigado que hacía unos segundos y le costaba trabajo respirar. Perdió el equilibrio.
Echó un vistazo a su anillo. Había comenzado a parpadear.
Hawk Moth sonrió triunfante al verlo.
-Ese ha sido un movimiento muy arriesgado, Chat Noir.
Tomando provecho de esto, el hombre agarró al joven por el cuello y lo alzó en el aire. La daga se le resbaló de la mano y cayó al suelo con un sonido metálico. El chico trató de sujetarse a los fuertes brazos de este, haciendo todo lo posible para no asfixiarse. Pero ya no había nada que hacer. Le fallaban las fuerzas.
El último punto de luz de su anillo dejó de parpadear y la transformación llegó a su fin, revelando su auténtica identidad.
Insertamos música de suspense y... terminamos el capítulo.
¿De verdad queréis seguir queriendo matar a este pobre chico? *lo señala* ¿En serio que queréis golpearle aún más? ¡Bastante está sufriendo ya! ¡Si está hecho polvo! ¡Lo defenderé hasta la muerte! ¡Hasta la MUERTEEE!
:)
No se nota nada que estoy escribiendo de madrugada y que soy una persona diurna, ¿verdad? Tendréis que perdonarme.
Nos queda muy, muy poquito para que todo esto acabe. Sé que este capítulo ha sido muy Adrien/Chat Noir, pero creo que se lo ha ganado. En el siguiente ya veremos más cosas de los dos protas juntos y... eso... que tengo sueño y ya no sé hablar.
Como siempre, muchas gracias a todos vosotros por leer mi historia. ¿Sabéis que casi llegamos a los 100 reviews? ¡Y todo esto gracias a vosotros! ¡Dándolo todo desde el principio! ¡Sois los mejores! Como siempre, espero vuestros comentarios con vuestras impresiones y todo lo que queráis contarme. ¡Muchísimas gracias! ¡Os quiero!
(Prometo que solo he bebido agua)
