"Hola a todos amigos. Aquí como les prometí, actualización el domingo. Seguimos con frío en mi país pero no hay problema porque es día libre. Espero que mañana salga el sol porque también tengo que salir yo.

Como siempre, mil gracias a los que leen y a los que escriben, sobre todo a AzulaRaven, a Azrasel y a Exxem que siempre me mandan un mensajito. Un saludo y un abrazo.

Igual que todos los capítulos... y perdón por parecer un disco rayado, cualquier duda, comentario, lo que ustedes quieran, manden un mensaje privado o un review, que con gusto los voy a estar respondiendo.

Mil gracias por leer y ya no les quito mas tiempo. Espero que les guste."


El Enemigo Imperfecto
Por: Chris McRaven

Capítulo 7: Kana de la Tribu Agua del Norte

No hubo el joven dado 2 pasos para encarar a la bruja cuando apareció su abuela de la nada. Kana estaba en la cocina escuchando la discusión; al principio los pasó por alto, después de todo, ninguno de esos dos eran exactamente amigos, pero al notar como subía de tono los comentarios, e incluso la aparición de algunos gritos, decidió que ya era momento de inmiscuirse.

Con forme fue subiendo las escaleras el volumen de las voces de ambos se elevaba. Kana, sabia como toda abuela, optó por no meterse en la habitación y escuchar por un momento, necesitaba un contexto previo en caso de ejercer alguna reprimenda. Escucho cuando su nieto, la mitad de su corazón, le dijo a la muchacha de la Nación del Fuego sobre el descenso de su padre. Eso no era correcto, fuera quien fuera ella seguía siendo una dama y no era honorable contarle del trágico suceso en una disputa, cuando los sentimientos están a flor de piel. Definitivamente tendría luego que hablar al respecto con su nieto. Pero también Azula la tendría que escuchar, aunque sea para decirle que ella se sentía ofendida por las palabras indebidas contra su difunta nuera.

Si por un lado no le gustaba que hablaran así de la madre de Sokka y Katara, por el otro no era debido culpar totalmente a la princesa por tal cosa. Estaba enojada y en estado de shock… sería muy pretencioso dar un juicio sobre el carácter de la muchacha bajo tales condiciones, mas a sabiendas del que comenzó a introducir familiares en el tema central fue Sokka. Hasta podría ser que la jovencita solo trataba de defenderse, así que era mejor pensar las cosas.

No obstante, en el punto cuando la discusión se volvía peligrosa e incontrolable, Kana optó tomar cartas en el asunto interfiriendo.

-¿Qué pasa aquí?-, pregunto la anciana, más para desviar la atención que por otras razones, ya que estaba perfectamente consciente de lo que ocurría.

-¡Que se valla!-, gritó la joven a todo pulmón, señalando al causante de sus males. Mirándolo fieramente como lo hace toda mujer iracunda y ofendida. Porque ¡Oh sí!, estaba más que ofendida, se sentía traicionada por todos, enojada con el destino y con ella misma por ser tan débil. Solo quería que la dejaran sola, tenía mucho que pensar y mucho más que planear.

-Eso no. Esto lo arreglamos hoy Azula-

-¡Sokka!... sal por favor-

-Pero …-

-Amor, hazme caso. No es el momento adecuado. No te preocupes por nada mi vida. Solo sal, ¿Sí?-, ¡por fin!, alguien sensato intervino y quien más sensato que Kana de la Tribu Agua del Norte. Aconsejó la anciana a su nieto, sujetándolo gentilmente del brazo y sonriéndole de la forma más dulce que podía, que diera la vuelta y se fuera por donde vino, pero de esa manera tan linda que solo las abuelas saben… ¿Y cómo resistirse a tal cosa?. Kana podrá ser vieja, más nunca débil o ilusa.

-… Sí… es mejor que le hagas caso a la anciana por tu bien.-, recomendó la princesa solitaria de la Nación del Fuego, cruzándose de brazos y frunciendo sus cejas.

-Sí. Pero si esta bruja intenta ponerte un solo dedo en cima…-, trató dar 1 paso en dirección la cama, mas nuevamente su abuela lo detuvo de cometer una tontería. Estaba enojado, en esos momentos los sentimientos guían el cuerpo… lo mejor era enfriar la cabeza para luego tomar una decisión, sin embargo, Sokka no tenía mente ni para pensar en recuperar la compostura primero. La odiaba mucho, y sin duda lo que encabezaba la lista de "Lo que más odio de Azula" eran sus altibajos abruptos junto con ese aire de superioridad que manejaba de la forma exacta que el más le molestaba.

-Sokka, voy a estar bien, mis años me los he ganado por una razón. Ahora ve con Pakku, creo que necesitaba que le ayudaras en algo.-

-Sí…-, vencido por su abuela, al joven lobo solo le quedo irse del sitio, luego arreglaría las cosas con la bruja esa. No obstante, antes de partir tomó su espada de la pared, sitio donde la colgaba normalmente, para llevársela; de esa forma se aseguraría que ella no emplearía el arma en contra de Gran-Gran. Eso lo hacía respirar más tranquilo. Finalmente, le dio un último mensaje a Azula: -Te estaré vigilando princesita-, al mismo tiempo que apuntaba con sus dedos índice y central los ojos propios, para luego dirigir esos mismos dedos hacia la hermana de Zuko.

-Más vale que así sea campesino-, respondió Azula, haciéndole la misma seña que le había hecho el Sokka.

Kana esperó a que la silueta de su nieto desapareciera entre los pasillos de la casa, sintiéndose tranquila al escuchar a Sokka tomar su abrigo y salir a buscar a Pakku. Volteó a ver a su invitada, la cual le quitó el rostro inmediatamente. La noble anciana se percató de toda la comida en el piso al sentir un extraño material debajo de su pie. La pelea había sido seria.

Sin pedir el mínimo permiso, se sentó al lado de Azula, la cautiva, observándola con dulzura en sus ojos y una sonrisa en sus labios. La princesa de la Nación del Fuego daba miradas fugases a la señora, que aparentemente no le temía en lo absoluto. Las miradas rapaces se convirtieron en unas más prolongadas, y solo cuando la abuela de Katara emitió palabra Azula se dignó a mirarla.

-¿Qué paso mi niña?-

-No soy su niña y no pasó nada… será mejor que se vaya al igual que se fue el otro campesino.-, ordeno tajante, seria, con el semblante plano. Clavando como puñales su dorados ojos en los azules de Kana.

-Mírate, aun estas alterada por lo que pasó. Estás toda pálida y temblorosa. Tranquila, deja las cosas así; olvídate de lo ocurrido. Luego hablare con Sokka al respecto y me tendrá que oír. ¡Solo mira todo esos alimentos en el piso!, ¡Que desperdicio!. ¡Oh sí!, claro que me oirá ese muchachito. Pero ahora tienes que comer. Te traeré un poco más de comida para que recuperes fuerzas-

-No quiero nada que venga de esta triste tribu. ¿Me oye?, ¡nada!-

-¿Pero entonces que vas a comer mi niña?-

-… que no soy su niña… y en cuanto a lo otro… ahí me las arreglare-

-¿Cómo si ni siquiera puedes caminar?-, agregó la amable anciana, mientras trataba de peinar a Azula con los dedos. Ante tal gesto la mal agradecida joven sacudía la cabeza para tratar de quitarse las manos que aquella extraña de encima, pero la anciana insistía. Batió su mano color de nieve frente al rostro de Kana. A la sabia de la Tribu Agua en lugar de ofenderla le dio tal gracia que le regalo otra sonrisa.

Azula hasta cierto punto le recordaba a ella misma de joven; estaba perdida, sin saber qué hacer y en un lugar totalmente nuevo. También tenía muy en claro que si deseaba que la joven cambiara su carácter era necesaria mucha paciencia, más que la que poseían Sokka, Hakoda, Pakku y Bato juntos… bueno, Pakku y Sokka no tanto… y tampoco Bato.

De nuevo le paso los dedos por el cabello color noche de la joven, quitándole algunos mechones rebeldes de la cara; y una vez más Azula sacudió la cabeza.

-Ya, basta… y tampoco soy ¨pequeña¨ para usted.-

-Aun no has respondido mi pregunta pequeña. A ver, cuéntame. ¿Por qué no te gusta la comida de nuestra tribu?. ¿Qué te han dado de comer?. Conozco mil recetas, alguna te debe deleitar…-

La amabilidad de la anciana poco a poco aturdió y confundió a la princesa foránea, obligándola a bajar pausadamente sus defensas, a tal punto que nunca notó que Kana puso sus manos sobre las de ella para confortarla. El monstruo de la Nación del Fuego había olvidado la última vez que recibió un trato tan comprensivo, tan ameno de parte de una extraña… y poco a poco fue cayendo en las redes de la astuta mujer de la Tribu Agua del Norte… ¿o del Sur?.

La princesa agacho la cara y se pasó la mano por su rostro exhausto para luego soltar un bufido sonoro. Ya estaba cansada de encontrarse a la defensiva en todo momento o de no poder hablar con alguien. ¿Qué de malo tenía conversar tranquilamente con esa mujer?, el hecho no haría que ella fuera más o menos ella. Además, ya nadie estaba en la casa. El campesino se había ido, ella notó el azote de la puerta cuando salió del cuarto; al parecer iba a ayudar a ese tal Pakku. Todo sería un secreto entonces.

-… anciana… no es que no me guste la comida de este lugar. Es verdad que estoy acostumbrada a comer bien, sí, pero también a comer mal… si estoy en campaña. Lo que ocurre es que… no sé porque, pero… no tolero la comida que aquí me ofrecen. No la puedo digerir, apenas como algo lo vomito.- Confesó con toda honestidad la muchacha, honestidad que ni el propio Ozaí conocía ni conoció. A pesar de que la princesa esperaba recibir burlas por parte de la mujer o alguna cara de desaprobación (puesto que, después de todo, era de la Tribu Agua), lo único que obtuvo fue comprensión y condescendencia. A Kana el caso le parecía lo más serio del mundo, y se cuestionaba a sí misma cómo una chicha tan joven era capaz de soportar tal martirio por tanto tiempo. Azula era realmente fuerte.

-¿Absolutamente todo?-

-Bueno… es complicado…-

-Entonces explícame para que pueda entender mi niña.-

-Que no soy su…-, suspiro frustrada, al parecer la mujer no escuchaba bien, al igual que el otro campesino. Mas, pasaba por alto las faltas de la vieja por su estado senil, en cambio el otro no escuchaba porque era un idiota. -…bueno, lo que sea.-, continuo, -El punto es este. No sé muy bien que me ocurre, pero hay días en que puedo comer algo, como pescado seco por ejemplo, y no pasa nada, pero al otro día no lo soporto, lo cómo y una hora después, a lo mucho, lo devuelvo… y así con todas las comidas. Siento que estoy en alguna clase de juego enfermo de azar…. Es horrible, me duelen los músculos de la mandíbula de tanto vomitar y los del estómago también. Creo que por eso fue que me desmallé, no he ingerido una comida entera en días. Tomo mucha agua para no deshidratarme pero ¿de qué sirve?. Mi cuerpo no tiene fuerzas por la falta de alimentos… pero prefería no comer que vomitar… No comer era el mejor de los males para mí…-

-¡Cielo!... eso es terrible. ¿Por qué no dijiste nada?-, preguntó Gran-Gran angustiada, a la vez que colocaba un mechón rebelde detrás de la oreja de la joven. A su juicio nadie debía sufrir así. Ya estaba en desacuerdo por el encierro despiadado que se le estaba dando a Azula. Hasta lo llegó a expresar en una ocasión a Pakku y a Hakoda durante la cena… pero también tenía presente las historias que contaban sobre la chica. Y, más ella que nadie, sabía que las apariencias engañan.

-¿Qué iban a hacer?-, agregó sarcástica, -¿Traerme la cena desde la Nación del Fuego?-.

-Claro que no pequeña… pero hubiese preparado algo para ti… otra cosa que no fuera de la Tribu Agua. Sabes, yo no soy oriunda de la Tribu Agua del Sur… nací en la Tribu Agua del Norte.-

-…Eso está al otro lado del mundo...-

-Sí, veo que sabes de geografía…-, dijo con sarcasmo y continuó, -Escapé de mi casa. Cruce el mundo entero. Visite el Reino Tierra y la Nación del Fuego. En esa época la guerra estaba iniciando, y a pesar de los ideales que se estaban implantando en tu nación, muchos se oponían a batallar con los vecinos. Tuve muchos amigos ahí, muy buenos por cierto, algunos maestros-fuego. Ellos me mostraron su cultura, pero lo que amaba era aprender sus costumbres familiares. Me enseñaron a preparar platillos tradicionales de todo tipo, ¡todos eran tan deliciosos!. Incluso trabajé un tiempo en un restaurante como cocinera… encubierta claro. Fue una buena época.-

-Usted no es lo que aparenta… apuesto a que aún le guarda secretos a sus conocidos…. Se podría decir que usted es una aventurera. Una mujer de armas tomar. Bastante atípico para una oriunda de la Tribu Agua del Norte… si es que lo que he oído estaba en lo correcto.-

-Era mi niña, era. Y bueno… ¿Qué mujer no guarda secretos para ella misma?. Pero eso no importa porque ahora tengo una hermosa vida aquí… que al final de cuentas era lo que buscaba…. Pero no nos perdamos en los recuerdos. Volviendo a tu caso, creo que soy capaz de preparar algo que toleres con lo que tengo en la cocina. No te prometo que todo sea de la Nación del Fuego, puede que haya alguna u otra cosa del Reino Tierra, pero sí que lo vas a poder comer sin problemas. Ahora descansa, voy a traer una escoba y un trapeador para limpiar este desastre, luego cocinare. ¿Está bien?-

Azula asentó con la cabeza, mostrando sus grandes ojos confundidos. No entendía muy bien lo que había pasado. Realmente la anciana era muy buena, con razón el campesino la respetaba tanto. Ella no recordaba los cuidados de su propia abuela, puesto que había muerto antes de que ella naciera, así que era nueva en ese tipo de relaciones con adultos mayores. Su abuelo tampoco fue muy cariñoso… y su madre la abandonó cuando era niña… Lo mejor sería ser cautelosos por un tiempo para poder analizar este clase de "relaciones sociales".

Kana le dio un último apretón en la mano antes de levantarse, pero Azula la detuvo antes de eso. La anciana mujer se llenó de curiosidad ante el acto de la princesa, la cual solo la miraba callada. ¿Qué pretendía ahora Azula?.

-¿Cuál es su nombre señora?-

-¿Mi nombre?-, preguntó sonriente, cariñosa y maternal, notando el conflicto emocional que nacía en los ojos dorados de la princesa de la Nación del Fuego. Definitivamente ella estaba en lo correcto, esta pobre chica nunca había recibido cariño, amabilidad y respeto reales. Únicamente había experimentado esos actos infringiendo temor en las personas. La misión que se dio Gran-Gran era ardua, más los ojos danzantes de Azula, plasmados en ese semblante plano tan claro como la nieve, le dijeron que no era del todo imposible. -… me llamo Kana, pero todos me dicen Gran-Gran. Si tú quieres puedes llamarme así. No hay problema.-

-Con que usted es la abuela del campesino; la mujer que él respeta tanto….Mi nombre es Azula, soy la princesa de la Nación del Fuego. Supongo que me ha oído mencionar, pero deseo presentarme por mi misma. Es el único derecho que tengo en estas tierras.-

-Es un hermoso nombre… adecuado para un hermosa joven.- La cara de Azula ni siquiera se inmuto ante el alago. Tantas veces le habían dicho lo mismo que estaba convencida que solo eran patrañas para simpatizar con ella, como todas las mentiras que le decían los políticos a su padre en aquellas reuniones de alcurnia. ¿Qué de lindo podía tener su nombre y que relación tenía "ser hermosa" con llamarse "Azula"?. Su nombre era en honor a su abuelo. Eso era todo. Pero a Gran-Gran si creía que era un lindo nombre, nunca había oído uno similar y la novedad le parecía maravillosa.

-Señora… yo… quiero pedirle algo-, continuó Azula.

-¿Y qué será?-

-Usted más que nadie sabe que la relación de una hija con su padre es importante. Usted más que nadie sabe que la familia debe estar unida pase lo que pase… sin importar las condiciones; y también sé que usted entiende que toda persona tiene el deber de saber que ocurre con su familia… en cualquier circunstancia.-

-Así es-, aseguró la anciana.

-… También… sé que usted está al tanto de mi situación en este lugar. No soy precisamente una inquilina, si me colocara un título diría que soy una prisionera… y como tal gozo de derechos restringidos. Sé, además, que los pobladores me desprecian… pero… ¿mi condición también me restringe de ver a mis familiares?. Por eso… hablo con usted, porque estoy segura que comprenderá la necesidad que tiene toda mujer de conocer la realidad de sus cercanos. Y si bien la relación con los míos no es precisamente ideal… al menos existe.

Por ello, le pido, que informe a mi hermano Zuko, el Señor del Fuego, que deseo verlo. Necesito preguntarle algo sumamente importante que solo creeré si el mismo me lo dice.-

-Lo que me pides es muy complicado pequeña.-

-Sí, tengo plena conciencia de eso… más si usted no puede hacerlo, nadie lo hará-

-mmm… bueno…-, ese era el momento perfecto que estaba esperando Gran-Gran desde el día que Azula puso un pie en la Tribu Agua, porque si ustedes creían que Kana era una indefensa viejecita, les recomiendo que lo piensen por segunda vez. Si su instinto no le fallaba, la única forma de iniciar la forja de Azula era a través de la interacción con la gente del pueblo, además de ser la mejor manera para entender un poco el mundo de la princesa. También, si lograba establecer un trato con la joven, era un punto más para la seguridad del pueblo; era hora de arriesgarse. Fue por eso que de forma suave Kana, de la tribu Agua del Norte y del Sur, hizo su primera y arriesgada movida -…también tienes que entender que no puedes obtener algo sin dar algo a cambio… ¿Qué tal si hacemos esto?. Yo te prometo, por todos los medios posibles, traer a tu hermano, pero en recompensa tú debes comportarte.-

-¿Comportarme?- expresó extrañada. En las 4 naciones no había un ser mejor educado que ella, mas… podía ser que las primitivas costumbres de los campesinos no empataban con las refinadas maneras de los de la Nación del fuego.

-Correcto.-, ya había caído, -Mira, por tu actual estado de salud tienes que estar algunos días en cama, bajo estricta vigilancia, recibiendo tratamientos médicos y comida especial. Esos cuidados serán muy ineficientes si permaneces en la celda donde estabas, no solo por la distancia, sino también por las condiciones del lugar. Por ello, la mejor opción es que te quedes en mi casa, por cuestiones de practicidad. Mas, no puedo permitir que andes insultando y tirando llamas a todo el que tú quieras. No te pido que seas la mejor amiga de todo el que viene, solo que no los lastimes, ni física ni emocionalmente, que no digas cosas hirientes, los amenaces, etc.

Si haces eso, yo traeré a tu hermano para que hables con el todo lo que quieras.-

-¿Y por cuanto tiempo sería eso?-

-El viaje de tu hermano incluyendo desde el momento en que se en envíe el aviso hasta que arribe a la Tribu Agua, y si intuimos que viajará en el barco más rápido de la Nación del Fuego, puede durar una semanas. Esos son los días que más o menos necesitas para tu recuperación. Entonces, ese es el tiempo que te pido.-

-Solo para ser claras, el trato es que usted trae a mi hermano y me permitirá hablar con él si, y solo si, yo no lastimo a ningún poblador de La Tribu Agua del Sur po semanas, o sea hasta que llegue Zuko. ¿Correcto?-

-Correcto-, confirmó con la amabilidad de una dama.

-… muy bien anciana. Pero, si su nieto o cualquiera se intenta propasar conmigo, ya sea insultándome u ofendiéndome, pienso romper inmediatamente nuestro acuerdo.-

-¡Perfecto!, conozco a mis muchachos y sé que ellos no harán tales cosas, pero solo por si acaso les advertiré sobre los que me has dicho. Otra cosa, te tendremos que mudar a la habitación de las visitas, es muy linda e igual de cómoda que esta… solo que debo prepararla como es debido. Puesto que, como sabes, está es la habitación de mi nieto y creo que el necesita sus cosas.-

-Entre más pronto mejor. En eso último no tengo nada que objetar.-

-Muy bien, entonces que así sea. Hoy mismo me encargaré de mandar a llamar a tu hermano… sí cumples con tu palabra-

-Estoy familiarizada con los códigos de honor, sin mencionar que mi palabra es más fuerte que el metal que forjamos en la Nación del Fuego. Yo mantendré lo que he dicho si usted hace lo mismo-

-Veo que estas educada a la antigua, eso es me devuelve la fe en el mundo.- debía admitir que la muchacha era bastante interesante. Además que ver las tradiciones milenarias en alguien tan joven era poco común. Había algo en ella que le caía en gracia a pesar de todo, -Por supuesto, yo también conozco los códigos de honor y el peso de la palabra. Dalo todo por un hecho. Ahora descansa, en un par de horas te traeré algo de comer.- Y así se despidió la anciana, dejándo el espacio para ella sola. Cerrando la puerta tras de sí.

A Azula algo le parecía sospechoso, pero no sabía el que. La mujer definitivamente era de cuidado, eso lo ni qué dudar. Ya se había enfrentado con ancianos antes… más específicamente con su tío, y los resultados nunca habían sido los esperados por ella. Mas, lo que ella dijo sobre comportarse si traían a su hermano era verdad. Cualquiera que haya conocido a la princesa de la Nación del Fuego sabría que nunca rompía su palabra, y a esas alturas de la vida no pensaba hacerlo.

Fue entonces interrumpida por los quejidos de su estómago, tenía mucha hambre, se hubiera comido lo que le trajo el campesino si no fuera porque lo iba a vomitar después. Pero que más daba. Secretamente rezaba para que el plan de la señora senil funcionara, tenía muchas ganas de comer algo y no devolverlo, además necesitaba recuperar fuerzas para defenderse si el caso lo ameritaba.

Ante la condición, Azula la hambrienta tomo la muy acertada decisión de dormir hasta que llegara la hora de comer. De esa manera no solo recobraría fuerzas sino además la espera sería más corta. Dormir siempre la ayudó a pensar… y necesitaba pensar cuidadosamente muchas cosas. Por Agni que sí.

Entre el blanco y azul que caracterizaba a la creciente Tribu Agua del Sur, que más bien yo diría "Ciudad Tribu Agua del Sur", se veían caminar los 4 hombres más conocidos del poblado, que saludaban de vez en vez al vecino o al amigo.

Tomando calles, aceras, puentes y caminos se dirigían al sagrado hogar de Gran-Gran, donde evidentemente la señora los estaría esperando con los brazos abiertos. Mas, para matar el rato hay que hablar… y ellos hablaron, sobre todo Bato y Sokka, los cuales compartían sentimientos muy similares hacia Azula, la princesa de la Nación del Fuego.

-Te juro que odio a esa maldita perra. Debería humillarse ante nosotros como agradecimiento por haberla salvado… pero no… piensa más bien que nosotros somos los honrados con su presencia-

- Sí, es una perra. Antes de que cayera enferma esa perra, un día uno de mis hombres le llevaba de comer. Antes de que él pudiera darse cuenta de lo que pasaba, esa perra lo tomo de las ropas y dijo que lo iba a carbonizar si no lo sacaban de ahí. ¡La muy perra!. Tuvieron que llegar los maestros agua a congelar a la perra, solo así soltó al pobre hombre, y a pesar de todo logro quemarle el pecho. Cuando llegué ya todo había pasado. A veces deseo como tirarla al mar a esa maldita perra.-

Comentaban amistosa y animadamente Sokka y Bato de regreso a casa de Gran-Gran. Después de que el hijo de Hakoda se topó con Pakku y lo ayudó a hacer algunos arreglos en la escuela de agua-control, llegaron su padre y el mejor amigo de este, Bato. Los cuatro decidieron emprender camino hacía la casa del jefe de la tribu para comer una de las sabrosas cenas por las cuales Kana era famosa; y Sokka, con todo el rencor que tenía derecho a sentir, puso al tanto a todos de lo que había pasado en la casa… o más específicamente a Bato, puesto que ni con Pakku ni con Hakoda podía expresar tan libremente.

A Hakoda no le gustaba mucho que llamaran a Azula tan peyorativamente, no obstante tampoco a él le caía en gracia. Ella era una persona sumamente cruel a pesar de su edad, lo cual le aterraba y lo entristecía. Agradeció a la luna que sus hijos nunca fueron así, personas demoniacas y llenas de rencor, realmente era muy afortunado.

-¡Sokka!, ¡Bato!, dejen de decirle así a esa muchacha. Después de todo es una dama y hay que tratarla como tal. ¿Tiene un nombre no?, úsenlo entonces para referirse a ella- Reclamó el jefe de la Tribu Agua para poner en su lugar a esos dos… porque alguien tenía que hacerlo.

-…Muy bien Hakoda…- reprochó Bato, uno de los más grandes guerreros de la tribu, a su amigo y continuó su plática con Sokka, - Como te decía, esa perra de Azula no me…-

-¡Bato por favor!- cortó inmediatamente al escuchar a Bato nuevamente adjetivando de esa manera tan grosera a Azula -Definitivamente debes de dejar esa amistad con Toph. Ella no es buena influencia para ti-. Y era verdad… esa forma de hablar era tan característica de la Señorita Bei-Fong que la reconocería aunque viniera de la boca de otro. Por algún bizarro motivo, cuando Sokka presentó a Toph con Bato fue como si se conocieran de toda la vida. Desde ese momento nació una gran amistad entre ellos, a tal grado que para Bato era impensable no pasar a saludar a Toph si se encontraba en el Reino Tierra.

-… ¡Esta bien!...-, una vez más se quejó el resignado Bato, - "la señorita Azula"…- dijo sarcástico, volviendo su cara donde estaba Hakoda por un momento , y continuó su plática con el joven de piel de arena, - …No me agrada. Y no entiendo como la dejaste con Gran-Gran-

-No fue mi culpa, Gran-Gran insistió. Le rogué pero no me dejó.-

-Aunque no concuerdo con la forma en que Hakoda pide que nos refiramos a Azula, concuerdo que, nos guste o no nos guste, es una dama. Y por mas malvada que sea se debe tratar con ciertos modales. Dejemos los "sobrenombres", que muy merecidos se los tiene, de lado. Yo mismo me referiré a ella como la han llamado sus padres. Además, también pienso que lo que hiciste Sokka es una imprudencia, con respecto a dejar sola a Kana. Deberías meditar mejor tus actos.- Agregó Paku, el mejor maestro agua, a la conversación.

Aunque a Sokka no le gustó mucho el comentario, debía admitir que tenían razón… por lo de Gran-Gran, no por lo de Azula. Pero su abuela tenia esos ojos tan tiernos que lo dominaban al que los viera como a ella le daba la voluntad. No obstante ya había pasado el rato, ahora era cosa de llegar a casita y comer como si no hubiese un futuro.

Y así fue como todos llegaron al acogedor hogar de Gran-Gran… o la casa del Jefe de la Tribu Agua del Sur… como era menos conocida. Pronto invadió el lugar el aroma de la cuchara de doña Kana, abriendo el apetito de todos en la habitación y dicen las malas lenguas que hasta algunos transeúntes azarosos. Eran más legendarias las leyendas sobre las delicias que cocinaba la abuela de Sokka que las que contaban sobre el Avatar Kuruk, como su sopa de Foca o su pingüino a las brasas. ¡Agní, eso es sabor!.

Kana apareció como emerge el sol, con gracia y belleza. Saludo a su hijo, a su nieto, a su esposo y a su invitado. Inmediatamente, Sokka y Bato ayudaban a poner la mesa, mientras Hakoda y Pakku ayudaba a Kana a traer las cosas desde la cocina. En menos de lo que duro la invasión del eclipse, estaba listo todo para sentarse a degustar aquel manjar. Uno de los muchachos le extendió la silla a la sabia mujer, siendo una expresión de agradecimiento lo que vino a salir de su boca. Pronto todos estaban sentados en la mesa, la cual era coronada con aquella comida tan apetitosa.

-¡Que es esta delicia!.- y fue Pakku el primero en alagar a Kana -…No me digas que de nuevo estuviste recordando a tus amigos de la Nación del Fuego y del Reino Tierra.-

-Un poco de ambos. Más bien, estuve hablando con Azula. Por eso la comida.-

-¿Con "señorita Azula"?. Pero si ella no habla, grita como un demonio y se mueve como una de esas serpientes de árbol. Es imposible que haya hablado con ella doña Gran-Gran – El buen Bato tan expresivo y sarcástico, no puede dejar pasar una oportunidad para alagar las cualidades de Azula.

-Kana, ¿Te hizo algo?-, pregunto nuevamente el único maestro agua de la casa. Debía de estar seguro que nada pasó en su ausencia, de otro modo no dormiría tranquilo.

-En lo mínimo. Estuve hablando con ella sobre lo que le pasó en la celda hace 3 días, lo del desmayo, y me contó la causa de sus males. Al parecer no puede digerir muy bien la comida de la Tribu Agua, por eso todo lo vomitaba. Llevaba días casi sin probar bocado. Ese fue el motivo de su desvanecimiento, y no me extraña sinceramente, no tenía fuerzas para nada la pobre chica. Por eso decidí hacer esta clase de patillos, para que la pobre pudiera comer algo y al parecer resultó. Le lleve de comer antes de que ustedes llegaran, ¡la hubieran visto!, estaba encantada. Pobre jovencita, sus ojos al principio estaban temerosos de que le pasara lo mismo con esta comida, pero no, la aceptó sin problemas. No le permití comer mucho porque puede ser peligroso, pero si lo suficiente. Cayó profundamente dormida después de la cena. Estaba tan contenta…-

-¡Ah!, ahora nuestra comida no es lo suficientemente buena para la princesa-, recrimino Sokka, el joven guerrero, como una observación, haciendo gestos despectivos. Le parecía ofensivo tal acto de parte de Azula, ¿Qué creía, que su abuela era su cocinera o algo similar?. Además, ¿No era lo suficientemente "fina" la comida de su pueblo para el estómago de la señorita?. Era odiosa esa chiquilla para el maestro espadachín… y tras de eso Gran-Gran no le permitió expresarle sus sentimientos cuando estaban discutiendo… "mal día" pensó.

-De hecho, ella dice que no es así. Dijo que no es que no le gusté, que el problema es que no puede comerla-

-Eso es muy común entre los extranjeros de cualquier nación.-, rescató el experimentado líder de la Tibu Agua del Sur, -No toleran algunos alimentos locales. Pero es un alivio que encontraran la razón de su dolencia.-

-Sí, yo también quería que se muriera-, se escuchó al invitado decir en medio de un silencio espectral. Juraba que había pensado ese comentario, pero al parecer no fue así. Ante las miradas asesinas de todos en la mesa, menos la de Sokka, inmediatamente se corrigió a sí mismo, sobre exagerando sus expresiones y movimientos, -¡Digo!, ¡Que bendición que este sanita la joven!. ¡Gracias luna por las cosas buenas de la vida!-

-…Deja de andar con Toph…- Reprocho una vez más Hakoda para después llevarse un trozo de comida a la boca, pero esta vez si iba más en serio. Definitivamente Bato era muy influenciable.

- … y… ¿Qué vamos a hacer con ella Kana?. ¿Has pensado algo?-

-No te preocupes Pakku, ya lo solucione todo. Como esta tan grave le dije que se quedara aquí, en casa, para poderla cuidar mejor.-

-¡¿Qué?- Exclamaron al unísono. Algunos dicen que sus voces se pudieron oír hasta la Tribu Agua del Norte, pero yo digo que hasta el desierto de Si Wong. Dejaron caer los cubiertos por la impresión, colocando una cara de espanto memorable. Ante el sonido, la dormida Azula inconscientemente cambio su posición del sueño para conciliarlo mejor. Boquiabiertos dirigieron sus miradas zafiro hacia la noble mujer, esperando una respuesta, más el único sonido inmediato fue el sobresalto de Bato ante la situación.

-¡Estamos jodidos!-

-¡Te prohíbo seguir tratando con Toph!-, ahora sí, Hakoda iba en serio.

-Gran-Gran… ¡Vamos a morir!.-, advirtió seriamente Sokka, hijo de Hakoda, -La bruja que está ahí no es una bruja cualquiera. Fue criada por las mentes más macabras para crear a la mayor de las brujas. Eso es ella. ¡La amenaza de la Nación del Fuego!. ¡¿Qué no lo vez abuela?-

-A mí me parece una chica de lo más dulce.-, contradijo la amable ancianita sin interrumpir la ingesta de alimentos.

-¡¿Dulce como qué?, ¡¿Cómo una jugo de piedras?.-, sumó Bato muy preocupado, -Yo también la vi pelear y Sokka tiene razón, ¡es una bruja!. Ella es una persona mala.-

-¿Jugo de piedras?-, Preguntó Sokka.

-Me lo enseño Toph-, respondió Bato.

Hakoda obvio el comentario de su amigo… o más bien obvió la palabra "Toph" de la respuesta de su amigo. Pero en algo tenían razón, era muy peligroso que la joven estuviese en la casa. ¿Que si un día se levantaba de malas y quemaba todo a su paso?, eso sí sería un problema. Ante la amenaza, Hakoda trató que convencer a su madre de que había tomado una muy pésima decisión… o por lo menos lo intentaría, mas el señor del Karma tampoco era amigo del noble hombre,, -Mamá, no crees que lo que haces es muy arriesgado. Puedes exponernos a todos a un gran peligro-

-Concuerdo con tu Hakoda. Esto no es recomendable- Apoyo Pakku a su hijastro.

-Todos ustedes son unos hombres miedosos. Es solo una chica. No va a pasar nada-

Entonces se vio a Sokka sumamente alterado, secundado por Bato. El joven lobo de arena y mar no podía permitir que esa loca estuviera en su casa cerca de sus seres queridos. Si Gran-Gran quería razones para no permitir a Azula acercarse a menos de 500 metros de distancia de cualquier cosa viviente, el mismo se las daría. Con los ojos tan grandes como la luna llena, y levantando la mano, comenzó a dar sus "porques" para que el monstruo se fuera -¡Ella tomó Omashu!-

-¡Y Ba-Sing-Se!-, dijo Bato inmediatamente. Ninguno de los dos se volvía a ver, solo dirigían sus miradas a Kana, la sabia anciana, y como si de una sola mente se tratase, continuaron.

- ¡Derrotó a las Guerreras Kyoshi!-, argumentó Sokka.

- ¡y a Long-Feng!-, continuo Bató.

- ¡Tomo el mando de los Dai-lee!-, recordó Sokka con terror.

- ¡y casi mata al Avatar!-, continuo Bato.

- ¡y a su propio hermano!-, exclamo Sokka impactado.

- ¡y a Katara! –, continuó Bato.

- ¡y a mí! –, se auto- señaló Sokka.

- ¡Encerró a sus amigas!-, dijo Bato impresionado.

- ¡y le pudo mentir a Toph-, continuó Sokka.

- ¡Nos engañó el día del eclipse!- expreso sorprendido Bato.

- ¡Y nos persiguió por todo el mundo!- Continuó Sokka.

- ¿Y Ba-Sing-Se?, ya te dijimos lo de Ba-Sing-Se?- Terminó Bato, convencido que las pruebas eran más que suficientes como para volverla a meter a la prisión donde la habían sacado… pero no… ¿Por qué?, pues porque el señor del Karma no es amigo de nadie.

-Vamos, eso fue antes.-, dijo relajada la noble señora, -La guerra termino. No tiene mucho sentido seguir con esas cosas. Sin mencionar que me prometió comportarse. Ahora ella es diferente. -

-¿Diferente como qué?. ¿Cómo un jugo de piedras?-

-…Ella le pudo mentir a Toph… nadie le puede mentir a Toph. ¿Cómo puedes creerle a alguien que le pude mentir hasta a Toph?- De nuevo, Sokka, de la Tribu Agua, trataba por todos los medios de hacer desistir a su abuela… pero ustedes saben cómo son las abuelas…

-Pues así. Yo le creo y punto. Me dio su palabra y es todo lo que necesito. Además, hicimos un trato.-

-¿Un trato?- , era momento de que Pakku, al único que quizás Gran-Gran escucharía, preguntara y así de paso desviara un poco la tensión.

-Por supuesto. Ella dijo que se comportaría si llamaba a su hermano para poder hablar con él-

-¿Y lo llamaste mamá?-

-Mandé a que enviaran el al halcón mensajero hace unas horas. El noble animalito y debe estar en camino a la Nación del Fuego-

-Kana, espero que sepas lo que estás haciendo-

- No te preocupes Pakku. Confía en mí, todo saldrá bien. Pero, para que todo salga aún mejor les quiero decir que no molesten a Azula, no la ofendan, no la insulten. Ella me prometió que si ustedes hacían eso, ella hará lo mismo con ustedes. Ahora tenemos que aprender a vivir todos juntos en armonía en esta casa, y cuando digo "todos" incluye a Azula. Así que ya saben, respeto ante todo. Presiento que esta será una bonita experiencia para cada uno de nosotros-

-… ¡Qué suerte que yo no viva aquí!.…- Finalizo Bato más que contento, llevándose un trozo de carne a la boca. Recibiendo las miradas encolerizadas de Hakoda, Sokka y Pakku.


"Espero les haya gustado. Nos vemos el próximo domingo."