Advertencias y aclaraciones: El fanfic se sitúa en el mundo ninja, sin embargo, podría decirse que es un Universo Alterno, puesto que la historia de los personajes es diferente a la del manga y el anime. Lo notaran conforme vayan leyendo. Otra cosa, no voy a utilizar los honoríficos como el chan, kun y demás. Sabiendo esto, pueden proseguir.

Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.


Capitulo 7. Sueños.

El amor era un sentimiento sumamente extraño, Hinata lo sabía. Deseos de sonreír, ansiedad, desilusión, dolor, agitación; eran algunas de las muchas emociones que le provocaba estar enamorada.

Hinata era una chica, aún más importante, era un ser humano; era normal en ella experimentar todo tipo de sensaciones al enamorarse; incluso aunque hubiese olvidado, temporalmente, las razones de su afecto.

Hoy recordó todas y cada una de esas razones, aunque no porque lo hubiese deseado. ¿El motivo? Nada más y nada menos que un sueño; una fantasía en la que aparecía ella junto con Naruto Uzumaki. Y solo bastó ese fragmento de imaginación para que Hinata volviese a ser consciente de las cualidades de Naruto: su deslumbrante sonrisa, sus atrayentes ojos, sus deseos de superación, su fuerza de voluntad; pero más importante, su asombrosa capacidad de tranquilizar y transmitirle alegría a las personas a su alrededor, incluyéndola a ella.

Y ahí estaba Hinata, sonriendo como idiota por haber fantaseado con el chico de cabellos dorados. Era un poco absurdo, pero Hinata hubiese querido que aquel sueño no terminase nunca; incluso trató de prolongarlo después de despertar, pero le fue imposible; su mente no era capaz de recrear esas imágenes nuevamente.

Aspiraba sentirse siempre de esa manera, pero sabía que era improbable. Por muy bello que fuera el amor, cuando no es correspondió puede ser muy peligroso. Ella no había llegado todavía al extremo de auto compadecerse por no poder estar con Naruto, no tenía el derecho, ni siquiera había tenido el valor de revelar sus sentimientos. Por ese motivo, ella necesitaba olvidar antes de llegar a ese punto, dejar atrás ese sentimiento antes de empezar a sufrir realmente.

Arropada y cubierta completamente por las sabanas, Hinata sintió deseos de llorar. ¿Cómo podía sentirse tan feliz a causa de un sueño? ¿Cómo era posible que la sola imagen de Naruto la hiciera sonreír de esa manera? Se sentía tonta por estar enamorada pero entendía también que no era del todo su culpa.

–Si los seres humanos pudiesen controlar sus emociones, nadie sufriría a causa de ellas.

Con ese pensamiento en mente, Hinata se levantó de la cama y procedió a tomar una ducha. No quería estar más tiempo en su habitación por lo que se dirigió a la cocina en busca de algo para desayunar. Era demasiado temprano para que alguna persona estuviese despierta además de ella, así que decidió preparar su comida por sí misma, tampoco es que le molestara.

Cuando terminó de cocinar, repartió la comida en cuatro partes; una era para ella, la otra para Hanabi, y el resto para su padre y primo. Normalmente los habría esperado para desayunar juntos, pero se encontraba demasiado perturbada, debido a esa fantasía, como para quedarse en casa.

Envolvió sus alimentos con un paño y salió del complejo Hyuga con premura; sin notar que, a una distancia prudente, Neji la observaba con desconcierto.


Mientras caminaba por la aldea, Hinata tuvo que admitir que seguía un poco cansada, puesto que el día anterior había llegado a avanzadas horas de la noche a su casa; pero se negaba completamente a volver a dormir después de ese sueño que había tenido con Naruto.

Por tal motivo, prefirió dirigirse a la montaña Hokage. Era uno de sus lugares preferidos de la aldea, debido a la tranquilidad que se percibía y a la gran vista que se apreciaba desde aquella altura.

Se sentó en una de las bancas que había en el mirador y procedió a observar el oscuro cielo que se extendía a su alrededor. Aún quedaba tiempo para el amanecer; por lo que se recostó y cerró los ojos, con el fin de disfrutar del suave viento. Sin desearlo, se quedó dormida allí mismo.

–Nunca hubiese sospechado que, de todas las personas, tú serías la única que me haría sentir así.

Bajo los rayos del sol, en un sitio que le era totalmente desconocido, Hinata escuchó la voz de alguien llamarle.

–¿S-Sentir cómo?

Poco a poco lograba distinguir a la persona frente a ella, las pisadas se escuchaban cada vez más cerca y su corazón se agitaba al sentir su presencia más próxima.

Él le sonrío. Ella se sonrojó.

–Te amo Hinata.

Despertó agitada nuevamente. Por inercia, observó a su alrededor; ya había amanecido.

Al notar aquello, Hinata quiso abofetearse. Era una kunoichi, por Dios ¿qué se supone que hacía ella durmiendo en plena vía pública? Con el rostro rojo de vergüenza, y asegurándose que no hubiese nadie alrededor, la joven de cabellos negros se acercó con lentitud al mirador.

Un suspiro de alivio escapó de sus labios al ver que las calles seguían, técnicamente, vacías.

–Soy una tonta. Si lo que deseaba era dormir mejor me hubiese quedado en casa.

–Sí, hubiese sido más cómodo –al escuchar aquella voz, Hinata se sorprendió tanto que dio un pequeño salto en su lugar.

–¡Naruto! –exclamó ella, mientras su rostro adquiría una tonalidad carmín y su corazón empezaba a latir enloquecido.

–Buenos días Hinata –saludó el rubio con tranquilidad mientras cruzaba los brazos detrás de su cabeza. Una sonrisa se asomaba en su rostro y Hinata no tenía que ser una genio para notar que se estaba burlando de ella.

–¿Q-Que haces… tú… yo… acaso me…? –ahora sí que Hinata se quería morir de vergüenza. Naruto se encontraba frente a ella, quién sabe desde cuándo, y ella lo único que atinaba a hacer era tartamudear– ¿H-Hace cuánto estás aquí?

–¿Cuánto? –preguntó el Uzumaki agarrando su mentón y entrecerrando lo ojos, tratando de recordar–. No estoy seguro; una, quizá dos horas.

–¡¿Qué?! –¿era posible que le diera un paro cardíaco en ese momento? A Hinata no le parecía muy improbable.

–Era broma Hinata, llegué hace unos minutos –al ver que el rubor en la cara de la Hyuga no disminuía, Naruto se sintió un poco culpable; pero no pudo reprimir su sonrisa al notar que Hinata parecía hacerse cada vez más pequeña debido a la embarazosa situación–. Oye Hinata.

–¿Qué…qué pasa? –cuestionó ella con la cabeza baja, tratando inútilmente de ocultar su sonrojo. Naruto sonrió aún más al notar ese hecho y procedió a cruzar sus brazos delante de su pecho.

–Una de mis aficiones es la jardinería –soltó de repente, provocando que Hinata levantara la cabeza de golpe.

–¿Ah?

–Que me gusta la jardinería –repitió el rubio, ruborizándose un poco en el proceso–; comprar semillas, plantar flores. La verdad es que todas las plantas que están en mi casa las he plantado, regado y cuidado yo mismo –terminó de decir mientras se pasaba el dedo índice por la mejilla y sonreía abochornado.

–¿P-Por qué me estás diciendo esto?

–Es que es algo… vergonzoso, creo–respondió él desviando la mirada, aunque sin dejar de lucir risueño–. Así que te propongo un trato –regresando su mirada a la pelinegra, Naruto alzó sus hombros con tranquilidad–: tú no le dices a nadie sobre mi pasatiempo, y yo finjo que acabo de llegar. ¿Te parece?

Fue entonces que Hinata comprendió lo que sucedía, y no pudo evitar sonreír al notar lo mucho que había cambiado Naruto desde que lo conoció por primera vez. En el pasado, él no se hubiese percatado de lo vergonzosa que era esa situación para ella; en cambio ahora, no solo había notado su estado de inseguridad sino que también se las había ingeniado, de alguna manera, para hacerla sentir más tranquila. Definitivamente, Naruto había dejado de ser ese niño distraído que conoció durante la niñez.

–Me parece bien –respondió, luego de unos segundos, dejando escapar una leve risa –. Gracias Naruto.

–Bueno… entonces, como persona curiosa que acaba de llegar, ¿puedo preguntarte qué haces aquí tan temprano? –preguntó el rubio con una divertida expresión, debido a las circunstancias.

–Me desperté en la madrugada y, como no deseaba seguir durmiendo, se me ocurrió venir aquí –respondió ella mientras observaba a Naruto asentir con la cabeza.

–Ya veo, este lugar es bastante pacifico, no me sorprende que te hayas quedado dormid… –el Uzumaki detuvo sus palabras rápidamente y se rió de su desliz–quiero decir, que hayas querido venir.

–No te preocupes Naruto, no tienes que aparentar que no me viste; aunque aprecio la intención –agradeció Hinata, a lo que Naruto suspiró aliviado–. ¿Y yo puedo preguntar lo mismo?

–¿Qué hago yo aquí? –la Hyuga asintió–. Solo me gusta venir a pensar de vez en cuando. Como ya dije, es un sitio bastante apacible.

–Entiendo.

–Oye Hinata ¿qué es eso que tienes allí? –preguntó el rubio, señalando el envoltorio que sujetaba la joven.

–¡Oh! Solo es mi desayuno. Se supone que lo comería al llegar aquí, pero… me quedé dormida –terminó de decir Hinata, sonrojándose nuevamente por su descuido. Así que optó por cambiar de tema–. ¿Ya comiste Naruto?

–Aún no.

–¿No quieres un poco? –ofreció Hinata, mientras le extendía la comida a su acompañante.

–No, no es necesario –dijo Naruto mientras agitaba los brazos en señal de nerviosismo–. No quiero dejarte sin desayunar.

–No importa, enserio, igual no tengo mucha hambre.

–Bueno… –Naruto dudó por un momento pero al final aceptó el gesto de Hinata, con una sonrisa– tampoco voy a protestar. Gracias Hinata.

–No te preocupes.

–Pero eso sí –habló nuevamente el adolescente–. Para agradecerte como se debe te invitare a comer. ¿Está bien para ti Hinata?

–Naruto, de verdad, no es necesario…

–Bien, está hecho –interrumpió el rubio–. ¿Estás ocupada a las dos de la tarde?

–No, pero ya dije que…

–Entonces nos vemos aquí, a esa hora –luego de decir aquello, y dejar a Hinata con la palabra en la boca, Naruto comenzó a alejarse–. Hasta luego Hinata.

–Pero yo… –sus palabras nunca fueron escuchadas, puesto que el rubio ya había desaparecido. Al parecer no estaba en posición de protestar al respecto.

Aunque pensándolo bien. ¿Acaso no era aquello…

–¿Una cita con Naruto?

Y si no fuera porque Hinata ya había superado esa fase de su vida, estaba segura que se habría desmayado allí mismo.

–Creo que me estoy mareando.

Aunque las viejas costumbres nunca se olvidan por completo.


Hola a todo el mundo, ¿cómo están? Yo bien. En fin no sé que decir. Solo agradecerle a todas las personas que comentan y siguen la historia, me hacen muy feliz. Hasta ahora he cumplido lo de subir por lo menos un capitulo a la semana, me siento orgullosa *-*

Pero bien, espero que les guste el capitulo y nos seguimos leyendo.

Matta-ne.