Capítulo 7: Estella

No tardaron mucho en estar todos sentados alrededor de la güija, algo apretados todo hay que decirlo, y removiéndose inquietos. Quinn cogió aire con fuerza tranquilizando su corazón mientras sentía un extraño calor invadir su cuerpo.

-¿Todo el mundo sabe como funciona, no? –preguntó Santana.

Todos asintieron con rapidez menos Britt que negó con la cabeza lentamente y mordiéndose el labio.

-Todos colocaremos un dedo sobre la flecha –enseñó el objeto que se encontraba sobre la tabla que servía para indicar las letras- y yo seré quien guie la sesión. Bajo ningún concepto hay que quitar el dedo de improvisto ya que rompería la conexión y podríamos dejar el espíritu con nosotros, hay que mantenerse tranquilos. ¿De acuerdo? –preguntó mirando a cada uno y todo el mundo esta vez asintió.

-A pesar de no estar de acuerdo con esta actividad y haber sido obligada a venir aquí contra mi voluntad –dijo de repente Rachel captando la atención del resto- Me gustaría puntualizar que es ilegal estar en el interior del instituto a estas horas, se puede considerar allanamiento, además de que nos puede descubrir el conserje ya que no hemos sido muy discretos que digamos.

-No te preocupes por eso enano –respondió Santana- el conserje está al tanto, es él el que me dejó entrar –una sonrisa superior apareció en su rostro.

-¿Y puedo saber con que propósito ha permitido este hecho? –indagó Rachel.

-Le entregué algo a cambio –sonrió aun mas.

Rachel y Quinn la miraron alzando una ceja, pero era evidente que la morena ya no tenía manera de replicar aunque fuera muy irresponsable por parte del conserje dejarse comprar con lo que fuese que le dio la latina, Rachel sabía que si seguía diciendo algo Santana se acabaría cansando y lo que menos quería en esos momentos era tener a la latina enfadada, así que se mordió el labio y dirigió su vista al tablero mientras Quinn la miraba de forma curiosa.

¿Qué hacía Rachel allí? Podría haberse quedado en su casa con tranquilidad ya que se notaba que lo hubiese preferido mil veces mas a estar en esos momentos allí, además de que ella no tenía la presión de Santana para superarla o reírse de ella, eso ya lo hacía constantemente todos los días y la morena parecía sobrellevarlo lo mejor que podía. Así que, ¿Qué había hecho que Rachel acudiese?

Se mordió el labio de manera pensativa mientras abría aun mas el cuello de su camisa intentando darse un poco de aire frio que tanto necesitaba.

-¿Estas bien? –susurró Puck a su lado mirándola frunciendo ligeramente el ceño.

-Por supuesto –gruñó ella continuando abanicándose.

El calor comenzaba a ser cada vez más fuerte y el sudor ya se desliza por su cuerpo sin poder evitarlo.

-Estas roja –murmuró el chico algo confundido.

-Hace mucho calor –respondió secamente.

-Quinn… hace frio, por eso estamos todos aun con el abrigo puesto –rápidamente la rubia dirigió su mirada hacía sus compañeros comprobando que el chico tenía razón.

Iba a responderle confundida pero se dio cuenta que todos estaban colocando ya el dedo sobre la flecha. Los imitó y todos se quedaron observando el tablero con detenimiento. Pasaron unos segundos hasta que Santana tomo la voz, intentando contactar con los espíritus.

Después de eso nada parecía ocurrir, a pesar de la insistencia de la latina la flecha no se movía, a excepción de cuando Puck lo hizo consiguiendo que a todo el mundo se le encogiese el estomago y él comenzase a reír sin poder contenerse, pero aparte de eso todo parecía tranquilo. Quinn comenzaba a desesperarse mientras el calor comenzaba a ser ya asfixiante, lo único que quería era acabar con todo eso de una vez por todas, pero justo cuando iba a decir que todo esto era una tontería, la flecha se movió después de que Santana preguntase por decima vez si algún espíritu se encontraba allí.

"Si"

Señaló la flecha y todo el mundo contuvo el aliento mirándose entre ellos.

-Puck, deja de moverlo –gruñó Finn dándole un codazo a su amigo.

-Colega, yo no he sido esta vez –murmuró mirando a los demás con expresión asustada.

-¿Quién lo está moviendo? –preguntó Mercedes mientras miraba de manera inquisitoria.

Se volvieron a mirar entre si y nadie supo que responder.

-¿Cómo te llamas? –preguntó Santana prosiguiendo con la sesión.

La flecha comenzó a moverse con rapidez haciendo que todos abriesen los ojos como platos sin poder hacer nada más que dejar guiar su dedo por todo el tablero.

-E… -comenzaron a decir todos en voz alta cuando la flecha señaló esa letra- S… T… E… L… L… A…

Y la flecha se detuvo.

-Estella –murmuró Artie.

La flecha comenzó a temblar de repente y todos pegaron un salto en sus asientos, hasta que se dieron cuenta que la culpable era Rachel. La morena se encontraba mirando fijamente el tablero con una expresión de absoluto terror en su rostro mientras su cuerpo temblaba sin cesar.

-¿Rachel? –dijo Quinn con suavidad mirándola preocupada.

Rachel alzó la cabeza rápidamente fijando su mirada aterrorizada en Quinn y después de eso soltó un alarido y se levantó echando a correr del aula.

Todos se quedaron en silencio y quietos sin atrever a moverse. ¿Qué demonios había pasado? La rubia hacía ya tiempo que había comenzado a sudar a mares sin entender muy bien por qué, quizás el miedo le estaba jugando una mala pasada.

-Ha interrumpido la sesión –gruñó molesta Santana pero Quinn apenas la oyó mientras se incorporaba y corría detrás de la morena después de coger la linterna que tenía a su lado.

Instintivamente giró a la derecha y corrió y corrió por los pasillos a oscuras iluminándose como podía con aquella pequeña linterna pero no oía nada, no veía nada, por lo menos nada fuera de lo normal y no podía encontrar a Rachel. Hasta que unos rápidos pasos se escucharon a la vuelta de la esquina, unos pasos que conocía y que sabía que pertenecían a la morena, pero cuando intentó volver a caminar una ola de calor le pegó en la frente.

Abrió los ojos asustada y un dolor comenzó a recorrer todo su cuerpo mientras el calor a su alrededor aumentaba a cada segundo que pasaba. La linterna acabó en el suelo no pudiendo aguantar ya más el peso y se miró las manos viendo como de repente unas llamas comenzaban a salir de sus dedos extendiéndose por el resto de su cuerpo.

Su cuerpo literalmente se encontraba en llamas, unas llamas que comenzaban a desgarrar su piel. Sentía como ampollas crecían en su piel y automáticamente explotaban sin poder hacer nada para detener aquella tortura. Cada nervio de su piel estaba siendo quemado inundando su cuerpo de un dolor indescriptible. Gritó, o por lo menos lo intentó solo consiguiendo que las llamas se adentrasen en su garganta arrasando con todo a su paso.

El dolor era insoportable y ya no tenía casi piel que soportara aquel ataque de las llamas. Se cayó en el suelo, junto a la linterna retorciéndose mientras el fuego la consumía e iluminaba todo el pasillo a su alrededor pero no tuvo que soportar mucho aquel tormento porque el dolor era tanto y su cuerpo ya era tan poco que se desmayó en pos de la muerte que sabía que la esperaba.

Cuando volvió a abrir los ojos sintió unos fuertes brazos abrazándola y un dulce olor a manzana invadiendo sus fosas nasales. Respiró aliviada volviendo a cerrar los ojos y dejando que aquel cuerpo la protegiera siendo consciente de que todo volvía a ser una alucinación, otra muerte la atormentaba de nuevo y cada vez eran mas dolorosas, mas macabras y extremistas.

-Tranquila… -oyó la suave voz de Rachel en su oído mientras la abrazaba con más fuerza.

Abrió los ojos lentamente pero no sirvió de mucho ya que todo lo que encontró a su alrededor fue oscuridad, pero por lo menos sabía que no estaba sola y eso consiguió tranquilizarla. Su cuerpo se encontraba tan cansado, tan devastado como si hubiese corrido una maratón, aunque quizás esas alucinaciones eran mas que eso y su cuerpo acababa sintiendo cada cosa que pasaba, ella era consciente de que el dolor si era algo que sentía, por lo menos en esos momentos en los que ocurría. Pero en esos instantes todo parecía ser tranquilidad. El dolor de cabeza había desaparecido y su mente estaba apaciguada.

-¿Qué pasó? –murmuró después de unos segundos.

-Estaba corriendo cuando vi un destello y luego estabas gritando. Cuando llegué aquí estabas tirada en el suelo retorciéndote y gritando, como en el baño –explicó con un suave susurró.

-No sé que me está ocurriendo… -confesó escondiendo su rostro en el pecho de la otra.

-Lo averiguaras, no te preocupes –la intentó consolar mientras acariciaba su cabeza.

Se quedaron allí durante un tiempo del que realmente no fueron conscientes o simplemente no les importaba, lo único que sentían era las respiración de la otra y la mano de Rachel jugando con el pelo de la rubia consiguiendo que se relajase aun mas, pero después de ese tiempo el frio suelo sobre el que se encontraban comenzaba a ser tremendamente molesto y era evidente que en algún momento tendrían que regresar a sus casas, así que Quinn se separó con suavidad sintiendo como los brazos de la morena la dejaban irse sin oponer resistencia. La rubia miró a su alrededor buscando la linterna que llevaba antes de que ocurriese aquello y pronto vio el suave destello del metal sobre el suelo, se estiró cogiéndola e intentó encenderla pero no funcionaba. Gruñó molesta golpeándola y de repente un halo de luz la cegó durante unos segundos haciendo que soltase un gemido de dolor. Esperó hasta que se acostumbró y cuando los volvió a abrir lentamente se encontró a Rachel frente a ella, mirándola fijamente con expresión confusa.

-¿Qué pasa? –preguntó frunciendo levemente el ceño.

Pero Rachel la ignoró, su vista estaba clavada en el pecho de Quinn y poco a poco fue acercándose hasta que solo unos centímetros las separaban pero aunque la rubia retrocedió levemente, esperó a ver que es lo que ocurría.

Rachel alargó la mano hacia su pecho y Quinn la siguió con la mirada hasta que cogió la estrella del colgante. La miró durante unos segundos girándolo para ver su inscripción y luego la morena la miró con expresión aun mas confusa.

-¿De donde has sacado esto? –preguntó con tono acusatorio.

Quinn se mordió el labio un poco avergonzada, no quería explicar el motivo por el que lo llevaba, porque si era sincera consigo misma ni siquiera lo sabía, solo sabía que en el momento de verlo le recordó a la morena y automáticamente sintió la necesidad de llevarlo consigo.

-Me lo encontré –murmuró.

-¿Dónde? –interrogó.

-Detrás de mi nueva taquilla, en la parte baja al final del último pasillo. Estaba escondido dentro de un conducto de ventilación guardado en una caja forrada de plástico –explicó lo mejor que pudo.

Rachel suspiró y desvió la mirada de nuevo al colgante mirándolo con detalle.

Quinn podía sentir su corazón bombeando con fuerza, estaba claramente nerviosa, le preocupaba lo que estaba pensando la otra en relación con el colgante. A lo mejor ella tenía algunas respuestas a las múltiples preguntas que pasaban por su cabeza.

-Muéstramelo –dijo de repente haciendo que la rubia parpadease un par de veces mirándola sin comprender- Muéstrame donde lo encontraste –le explicó.

Quinn asintió lentamente sin comprender muy bien porque quería eso, pero ciertamente no iba a ser ella la que se negase, sobretodo si conseguía alguna respuesta por el camino, así que se levantó del suelo junto con la morena y caminaron por aquellos vacíos pasillos hasta la taquilla de la otra.

El camino fue mas largo bajo esas circunstancias o por lo menos eso es lo que le pareció a Quinn mientras giraban en cada esquina con Rachel agarrada de su brazo con fuerza y alumbrándose con la linterna.

Cuando se encontraron frente a la taquilla de la rubia, la enfocó con la linterna iluminándola.

-Aquí es. Taquilla 2648 –le explicó Quinn.

-¿Dónde lo encontraste? –preguntó Rachel.

Quinn enfocó la pared detrás de la taquilla por el hueco entre la misma y la pared mostrándole el pequeño conducto de ventilación que aun se encontraba con la tapa en el suelo.

La morena se inclinó acercándose al lugar y examinándolo mientras fruncía el ceño pensativa.

-Dijiste que estaba en una caja ¿no? –preguntó incorporándose y mirando a la otra.

Quinn asintió lentamente y se acercó a su taquilla para abrirla.

-1… 9… 7… 3… -murmuró para si misma mientras introducía los códigos, era su mejor forma para recordarlo.

Un click se escuchó a lo largo del pasillo pero antes de que pudiera abrirla la mano de Rachel agarrando su brazo la detuvo.

-Espera –dijo mirándola con los ojos muy abiertos- Repite el código –le pidió.

La rubia la miró recelosa, no sabía muy bien porque quería saberlo y su naturaleza era desconfiar de todo el mundo, pero al tener esos marrones ojos pegados a ella con determinación sus reservas se esfumaron repitiendo su combinación.

-Oh dios mio –exclamó Rachel después de oírla mientras se tapaba la boca con asombro.


Si Karatrece,lo se, ahora mismo me odias, mucho pero no pude evitarlo xD Ahora me esconderé para que no me puedas torturar o algo mucho peor!

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SaraChana1