La noche después de la tensa discusión de Berry Punch, Star durmió poco y mal, estando aún alterada por lo ocurrido. Por la mañana se arregló y fue, aún muerta de sueño, a sus clases con Plantain. Pero el anciano curandero, que ya sabía lo ocurrido, vio rápidamente que su aprendiz no iba a aprender mucho aquel día y la mandó de vuelta a casa.

Star no tenía ganas de hacerlo y quedarse a solas con sus pensamientos. No hacían más que girar en torno a lo que había dicho Berry Punch a ella y a su madre. En vez de volver directamente a su casa, decidió dar una vuelta por el pueblo. Aunque seguía todo cubierto por la nieve, el tiempo se estaba suavizando mucho. Star fue junto al congelado torrente. Una diminuta carrera de agua goteaba en la entrada de la cueva bajo la, ahora durmiente, cascada. Un signo evidente de que el deshielo empezaría dentro de poco.

La joven poni se sentó en una roca ideal para ello, sacó un puñado de moras confitadas de su bolsa y se puso a comerlas una a una. Irremediablemente, volvió a pensar en la discusión con la madre de Mulberry. No tenía sentido. Simplemente, no lo tenía.

Había entendido que Berry Punch se enfadara con ella. Pero, ¿y no preguntarle ni siquiera por qué fue su hijo a verla, en vez de acusarla de ser una... fresca? Berry era madre, y aunque no la conocía demasiado, Star sabía que normalmente habría preguntando antes por su Mulberry. Entonces, ¿por qué no lo hizo?

Además, ¿pasar de estar al borde de una depresión a un arranque de ira tan fuerte en menos de un día? Algo tenía que haber pasado. Star repasó mentalmente todo lo que recordaba de la discusión: el tono de voz, las palabras... los gestos y las miradas. La joven se dio cuenta que había algo en la mirada de Berry Punch que... no era normal. Pero no lograba centrar lo suficiente sus pensamientos como para verlo con claridad. La discusión era aún demasiado reciente como para pensar en ella friamente.

Quizá había una razón para todo aquello. Star trató de visualizar qué veía extraño en la forma de actuar de Berry. Quizá...

- Hola Star Whistle.

La joven yegua se giró. Tras ella un poni joven de pelaje marrón se acercaba.

- Hola Silver Boulder. ¿Qué tal estás?

- ¿Y tú? - respondió éste sentándose junto a su amiga.

Star le pasó unas cuantas moras.

- Más tranquila -respondió ella.

- No tienes buena cara. -observó Silver preocupado.

- No he dormido bien.

Siguieron comiendo un rato en silencio. Silver miró a su amiga. A decir verdad no sabía bien qué decir. Lo que había ocurrido era demasiado violento. Tanto que incluso había llegado a pensar en ir a casa de Mulberry y decirle cuatro verdades a la cara a Berry Punch. Se acercó un poco a ella y le puso una pata sobre el hombro. Star lo miró sin sobresaltarse.

- Hay algo que no entiendo, Silver.

- ¿El qué? -preguntó él.

- No lo sé.

Silver la observó, extrañado. Star sonrió y sacudió la cabeza de lado a lado.

- No me hagas mucho caso. He dormido poco y mal. Creo que me iré a dormir un buen rato.

Diciendo esto, Star se despidió de Silver Boulder y volvió a su casa. Su madre no estaba. Sin pensar mucho en ello se preparó una infusión que la ayudara a dormir. Aún no la había bebido ni la mitad cuando puso la cabeza sobre su lecho y se quedó dormida.


- Es que... no te lo puedo contar ahora.

- ¿Y eso por qué? -preguntó él.

Star empezó a soñar con el momento en que ella y Silver llegaron a su casa. Negó en su mente, intentando no rememorar esa escena. Vio delante suyo a Berry Punch, discutiendo con su madre. Rabia. No... ira. Ira es lo que irradiaba la madre de Mulberry. Star se vio a si misma saludando e intentando explicar a Berry Punch lo ocurrido la noche que durmió con Mulberry.

- ¡Una explicación dice ahora! -exclamó Berry Punch.

La poni observó el gesto de Berry. Al principio creyó que la yegua estaba ofendida. Pero había algo que no encajaba con esa explicación...

- ¡Que mi hijo fue a buscarla, dice!¡Y para hablar! Y dime, ¿en qué momento "hablar" supone que alguien se quede a dormir contigo?

Star sintió el shock que había sentido en ese momento como algo lejano. Se dio cuenta que en el momento le había afectado tanto que había nublado sus sentidos. Pero vivía su sueño de forma impersonal, como si leyera un libro. Así pudo desplegar todas sus dotes empáticas y repasar su recuerdo.

Berry lanzaba el ataque, pero no como fruto de su enfado. Ahora lo veía claro: la había insultado como una forma de protegerse. Pero, ¿de qué? ¿Por qué?

Se fijó en los gestos de Berry. Ésta Miraba a la la aprendiz del curandero fijamente, con ira, cuando lanzaba sus ofensas, pero...

- ¡Pues algo muy mal tienes que haber hecho para que tu hijo decida contarme sus problemas a mí en vez de a su madre! -gritó la Star Whistle del sueño.

- ¡Pequeña pu...!

Vio cómo Berry Punch apartaba la mirada cuando la joven poni empezó a hablar, y lanzó su insulto antes de que ésta acabara la frase. ¡Eso era lo que no cuadraba! ¡Berry Punch estaba atacándola para no escuchar!

¿Para no escuchar el qué? ¿Que su hijo prefería contarle sus problemas a una amiga que a su propia madre?

Star, en su sueño, observó el momento en que Berry lanzó su más terrible puñalada contra su madre. Cuando Glittering saltó fuera de sí y se giró hacia ella, Berry retrocedió. ¿Asustada? No... confundida. ¿Confundida? ¿Cómo podía estar confundida?

En un momento que la miró, Star vio cómo Berry Punch lmiraba al infinito con una mezcla de miedo, confusión y... ¿arrepentimiento? en su rostro. Pero cuando Star volvió a verla, tras convencer a su madre de que volviera a casa, Berry había clavado su mirada con malicia en la joven pony.

- Mulberry nunca necesitó tu ayuda, pequeña entrometida. Tiene un PADRE y una madre para eso.

- Pero al menos yo tengo una madre que me quiere. -respondió Star secamente.

Antes de encerrarse en su casa, Star miró una última vez a Mulberry, solo durante un instante. En el momento no lo había visto, pero ahora recordaba la expresión que se había clavado en su mente. La expresión que le había perseguido todo el día, aunque no la había logrado revivir:

Berry Punch miraba hacia la puerta, con la boca abierta como si no encontrara palabras. Sus ojos, también abiertos como platos, brillaban por las lágrimas.

Era la expresión de alguien que acababa de recordar algo muy importante...


Star se despertó en su cuarto. Estaba oscureciendo, había dormido durante varias horas. Se sentó en el suelo, junto a su lecho. Recordaba todo el sueño perfectamente.

- Berry Punch había olvidado que quería a su hijo... que quería a Mulberry...

Esa era la extraña sensación que había tenido todo el día, y la razón por la que no había podido dormir la noche anterior. No por el enfado ni por los nervios de la discusión: porque sabía que había algo anormal en la actuación de Berry Punch, pero no había sabido verlo en su momento.

¿Cómo podía alguien olvidar que quería a su hijo?¿Cómo? Podía creer que ya no quisiera a su familia, que rechazara a su hijo... ¿pero olvidar su amor por él? No era posible. Sencillamente no tenía sentido. Tenía que estar imaginándolo. No era lógico.

Star se levantó y desperezó. Tan pronto como caminó unos pasos escuchó a su madre:

- ¡Hija! ¡Despierta y ven a comer!

Fue a la cocina, donde su madre ya había servido la mesa. Glittering tenía buen ánimo, ya se le había pasado el enfado de la discusión. Hablaron de todo un poco, tocando el tema de Berry Punch muy por encima.

- Ahora me encantaría poder hablar con mi mejor amiga. -dijo Star.

- Ya lo se hija, pero...

Un aullido resonó en medio de la noche. Star levantó las orejas mirando hacia la ventana. Era ella: la loba.

- A veces me das miedo, Star. -dijo Glittering.

La joven, casi sin escuchar a su madre, fue corriendo a recoger su abrigo y, tras despedirse con un rápido beso, salió hacia la noche y trotó montaña abajo.

Cuando llegó al llano donde solían reunirse, Star no se sorprendió de no encontrar a su amiga. Era invierno, había nieve, y ella era una loba invernal. Fue su voz -o gruñir, según se mire- la que indicó su presencia.

- Algo perturba tu espíritu, amiga mía.

La loba surgió tras un matorral. Sólo habían pasado un par de meses desde que la vio por última vez, pero incluso así notó cómo había crecido. Star corrió hacia ella para darle un abrazo de lobo.

- No sabes cuánto me alegro de que estés aquí-respondió Star.

- Estamos reunidas, poni. Si está en mis garras ayudarte, lo haré. ¿Qué ocurre?

Ambas se tumbaron en la nieve. Star empezó a explicar lo ocurrido con Mulberry y su madre desde el principio. Para ella, contar sus problemas a la loba era tan natural como contárselos a una hermana. La loba no la interrumpió ningún momento, y escuchó con especial interés cuando la poni relató el sueño que había tenido.

- Es que no tiene sentido que Berry olvide que quiere a su hijo. No es lógico. No tiene sentido. -terminó Star en idioma poni.

- Los ponis habéis olvidado cuál es vuestra esencia.

- ¿Qué quieres decir? -Preguntó Star.

- Dime, amiga, ¿por qué huye el conejo del lobo?

Star miró a los ojos heterocrómicos de la loba. Tan misteriosa y sabia como siempre.

- Es lógico. Corre porque no quiere ser cazado -respondió la poni

- No.

- ¿Porque tiene miedo? - intentó Star.

- No -volvió a corregir la loba-. Un conejo huye de un lobo porque su instinto le dice que lo haga. Y él lo obedece. No se pregunta si es lógico o no, no se plantea si está equivocado. Sólo hace caso a sus instintos. Ahora dime, amiga mía, ¿qué te dicen tus instintos?

Star tuvo que hacer un esfuerzo para apartar de su mente toda la lógica que generaciones de ponis habían creado, hasta dejar lugar solamente a sus sentidos más básicos.

- Que hay algo que no es natural en la casa de Mulberry.

- Entonces ya tienes tu respuesta, poni.

La joven poni supo que era cierto. No encajaba con la lógica y la cultura de los ponis de Mountain Peak, pero sí con lo que Star había visto en su sueño. Con lo que había sentido en los ojos de Berry Punch.

- Pero, ¿qué puede ser?

- No lo se. Vigila bien esa poni, a su macho y a su cría. Si más ponis empiezan a comportarse como ella...

Star asintió. Fuera lo que fuera que había ocurrido en la familia de Mulberry, si se expandía podría poner en peligro a todo Mountain Peak. En el fondo, la joven poni deseaba que sus instintos estuvieran equivocados.

Estuvieron hablando bastante tiempo más. La loba le explicó que el año siguiente asumiría su responsabilidad como una loba adulta: se convertiría en la líder y guía de su manada y traería, cuando el tiempo lo indicara, una nueva generación de lobos invernales. Star se alegró de saberlo, imaginaba que su amiga sería una gran madre. Hasta se preguntó cuánto tardaría ella en seguirle los pasos.

A decir verdad, los ponis de esas tierras solían formar familia muy jóvenes, normalmente con 16 o 17 años.


Tras despedirse, Star regresó a su pueblo. La loba emprendió el camino hacia su manada... o eso le hizo creer a Star. Dando un rodeo, camuflada entre la nieve como una sombra gris en la noche, se dirigió hacia el asentamiento poni de la montaña.

El pueblo estaba en silencio. No había más luz que la de alguna chimenea que aún no se había apagado. La loba rodeó Mountain Peak, poco a poco, buscando cualquier indicio de lo que Star le había contado. Al final llegó a la pared de roca por la que caía la, ahora congelada, cascada y subió.

Una vez arriba miró el pueblo desde lo alto. Entonces llamó a su ojo de vidente. Para ella, pequeñas luces empezaron a brillar en el asentamiento. Eran las esencias de los ponis que ahí vivían. Algunas más brillantes -y por lo tanto, mas felices- que otras. Pero tras mirar atentamente, vio algo que no era normal. Había una casa con dos ponis dentro. La esencia de una brillaba poco.

Pero la segunda, estaba casi apagada. Algo que ni la más terrible tristeza podía provocar.

La loba centró sus sentidos de vidente en esa casa. Había algo oculto en ella. Podía intuirlo, pero no verlo. Tenía que acercarse más. Bajó el desfiladero y bordeó las construcciones, acercándose a la casa en cuestión.

Supuso sin equivocarse que ese era el hogar del amigo de Star y su madre: Mulberry y Berry Punch.

De pronto la loba se detuvo sintiendo la adrenalina palpitar en su cuerpo. No podía ver. Su ojo de vidente se había quedado ciego. Retrocedió rápidamente. Recuperó sus sentidos tan pronto como lo hizo. Se tranquilizó y volvió a observar la casa. No, no había perdido su sentido de oráculo.

Había algo en esa casa que intentaba ocultarse de sentidos como el de la loba.

La loba se agazapó en el suelo, entre la nieve y los matorrales, mientras miraba fijamente a la oscuridad que rodeaba la casa. Y ésta le devolvió la mirada. Una mirada fría, oscura y hambrienta. Una voz que era grave y aguda a la vez resonó en la mente de la loba. Como una coral de miles de voces imposibles. No había palabras en esa voz, pero sí significado.

- Vuelve con los tuyos, cazadora. Esta no es tierra de lobos.

La loba notó cómo una presencia trataba de aferrarse a su mente. Con un simple pensamiento la alejó. Casi se permitió sentirse ofendida. ¿Qué clase de oráculo sería si no pudiera controlar su propia mente? Pero cuando esa presencia se acercó pudo apreciar su esencia en su totalidad: oscuridad y hambre. Mentira y muerte. Ese era el mal que había invadido Mountain Peak.

- Abandonaréis este lugar, esta noche. -respondió la loba.

Su mente quedó en silencio, hasta que éste fue roto por unas risas. Risas agudas, desprovistas de toda emoción.

- ¿Te enfrentarás a nosotros, cazadora?

La oscuridad adquirió una consistencia muy física. Pareció derramarse por a través de las paredes y las ventanas de la casa. Reptando el aire como una nube maléfica, se desplegó tratando de rodear a la loba. Ésta se puso en pie y miró al cielo. Las nubes cubrían Mountain Peak.

- Somos los lobos invernales. Somos los señores del invierno y de la noche.

La nube de tinieblas avanzó rápidamente hacia la loba, que permaneció en pie y sin moverse un solo paso.

- La noche es nuestro reino, la nieve nuestra hermana.

No terminó de recitar el alma de su manada. No era necesario.

La loba alzó la cabeza hacia las nubes y aulló. Un aullido grave y gutural que resonó por toda la montaña. Las nubes respondieron, coreando el aullido con sus truenos. La oscuridad detuvo su avance al darse cuenta, de su error.

La loba aulló una segunda vez. Un nuevo aullido tan poderoso que la montaña pareció vibrar con él.

Y la tormenta acudió a la llamada.

Los relámpagos saltaron en nube en nube, iluminando la noche como si se hiciera de día por momentos. La oscuridad retrocedió, pero era demasiado tarde. Un rayo cayó justo en el centro de la maléfica nube. Ésta gritó. Eran cientos de voces gritando de dolor y terror.

Un segundo, y un tercer rayo cayeron alrededor de la loba. Pero ya no se escuchó grito alguno. Cuando la tormenta detuvo su descarga, ante la vidente sólo se alzaba Mountain Peak. Observó el pueblo con atención, pero no notó de nuevo ninguna oscuridad que no proviniera de la noche en sí. Entonces volvió a mirar a la casa de donde surgió.

La esencia que antes estaba casi apagada había empezado a recuperar su luminosidad. Fuera lo que fuera lo que había invadido ese hogar, había desaparecido. La tormenta había aportado la luz necesaria para espantar a las tinieblas.

Entonces escuchó ruidos en el pueblo. Los ponis habían despertado. La vidente se dio la vuelta y desapareció en la noche.

Star fue la primera en llegar a la zona. Pequeños fuegos habían prendido los arbustos, ahí donde los rayos habían caído. Los ponis que llegaban no comprendían qué había ocurrido. Primero habían escuchado los aullidos, al lado mismo del pueblo, y luego se había desatado una tormenta. Silver Boulder salió del límite del pueblo y rebuscó entre los matorrales que ardían.

- ¡Aquí hay huellas! -gritó- ¡Huellas de lobo!

Varias voces preguntaron qué clase de magia era esa. Star permaneció en silencio.

- "Nuestros aullidos llaman a la tormenta"... -recordó Star, susurrando para si misma.

- Reuníos todos -ordenó Plantain Hooves- sacad a todo el mundo de sus casas. Quizá haya heridos.

Pocos minutos después acabó el recuento. Sólo faltaba un poni que había desaparecido sin dejar rastro de su propia casa.

El padre de Mulberry.


Nota del autor:

Espero que os guste. ¿Un simple drama familiar? Ya os dije que tan simple no era...

Se agradecen reviews. Un saludo y gracias por aguantarme.