Disclarimer: Nada de lo que ven me pertenece, no importa cuantas veces lea los libros. Jo es la jefaza.
Adore escribir este capitulo, y si se quieren enterar porque será mejor que se vayan a leer ;)
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Deseo
"Just a smile would lighten everything sexy Sadie she's the latest and the greatest of them all".
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—Hey, preciosura, ¿No te gustaría algo de tiempo a solas con el capitán? —susurró a su oído una voz ronca y suave, mientras una mano le tomaba con suavidad de la cintura y la otra le apartaba el cabello del cuello, para dejar luego un rastro de besos por toda su extensión hasta llegar a su hombro.
Lily Evans jamás lo admitiría —primero se arrancaba las pestañas— pero no pudo evitar cerrar los ojos y morderse los labios por las sensaciones que causó en ella. Tomó una profunda inspiración, llenando sus pulmones de aire para librar su cuerpo de ese sentimiento que le corroía por dentro. Lily Evans simplemente no podía haber disfrutado de nada de lo que James Potter hiciera, iba en contra de todo, de sus creencias, su moral, incluso debía de romper algunas reglas.
Porque a Lily Evans simplemente no le agradaba Potter, no se podía. Porque ella no soportaba su actitud de pretender que todos lo amaban, que sabía todo, que era un cabezota, como creía que era lo mejor por jugar quidditch, e incluso la forma en que siempre se pasaba las manos por su cabello indomable y su caminar.
James era de esas personas que creía que las reglas eran para romperse; Lily respetaba las reglas a cada momento.
Eran como el agua y el aceite, incompatibles. Y ella lo sabía, pero él no lo quería entender.
—Ni aunque fueras el último hombre en la tierra, Potter —y resaltó esas frías palabras con una dulce sonrisa inocente.
Y con eso, la pelirroja se dio la media vuelta para poner la mayor cantidad posible de espacio entre James y su persona.
Pero él la conocía demasiado bien —aunque ella lo negara siempre— por lo que tomó su muñeca con cuidado pero firmeza, para así evitar que se fuera de ahí y la atrajo de nuevo a su cuerpo, chocando ambos y pasando sus manos a su cintura para evitar que fuera a dar al suelo por el impacto.
Esbozó esa famosa sonrisa presumida suya al ver la cara de confusión de la pelirroja. —Sé que soy irresistible, Evans, pero contrólate; por favor —le dijo con esa voz tan suya, pícara y divertida, con la mezcla exacta para hacerla rabiar en solo segundos. Lily no pudo evitar rodar los ojos, aunque no es como si se esforzó demasiado para controlarlo.
En serio no tenía ni idea de cómo aun no le había lanzado a Potter una gran variedad de maldiciones.
Y hablando de no tener idea, tampoco sabía cómo era que había ido a dar a ese desierto corredor y se había encontrado al chico, en su humilde opinión, más irritante de la galaxia. James Potter, ni más ni menos.
—No lo creo —arrugó su nariz, llena de pecas, mirando al chico que tenía frente a sí.
No era feo ni mucho menos, en realidad, no era sin razón el que fuera conocido como uno de los chicos más atractivos de Hogwarts. Con sus ojos marrones con matices de dorado, tras unas gafas que no escondían lo encantadores y perspicaces que eran; su nariz recta y algo larga; sus labios delgados y rosados, tan tentadores, que se curvaban en una coqueta sonrisa; y los rasgos fuertes de su mandíbula y esa cicatriz sobre su ceja, todo esto enmarcado por ese cabello suyo tan rebelde.
Sí, James Potter no era para nada feo.
— ¿De verdad? Porque, no es por presumir, pero creo que no me puedes quitar los ojos de encima, rojita —pasó su mano por su cabello, despeinándolo más si es que eso era humanamente posible.
—Oh, sí. Porque eres tan sensual y atractivo que no me pude resistir. ¡Oh, gran James! ¡Ten piedad de esta pobre chica hormonal! —exclamó Lily, cada palabra remarcada con un agrio sarcasmo.
La contenta carcajada de James pareció hacer eco por los solitarios corredores. —Ya me imaginaba algo así, sabía que no te podías resistir a mis encantos, nadie lo hace —levantó sus cejas repetidamente y junta sus labios haciendo un adorable puchero. Ahora Lily comenzó a reír, se veía tan ridículo con esa mueca en el rostro.
—Por supuesto, Potter, con esa cara no sé cómo me puedo controlar.
—No lo hagas, entonces —dijo a su oído, de nuevo con esa voz ronca, susurrante. El olor del chico era tan intoxicante, llenaba su mente y nublaba sus sentidos, ya no estaba segura de lo que pasaba. Pasó su pulgar por su rostro, paseándolo desde su sien hasta el mentón, con delicadeza, como si temiera que se fuera a romper como el cristal. Sus mejillas se tiñeron de escarlata y su corazón comenzó a latir con fuerza.
¿Qué me ocurre? Era lo único que pasaba por su mente. Ella jamás había actuado así, ni siquiera cuando estaba en cuarto año y estaba colada por Benjy Fenwick, ese Hufflepuf de sexto año al que en ese entonces no podía ni ver porque se ponía colorada.
Lily estaba paralizada. No sabía siquiera como había llegado a ese lugar. Había tenido una pelea con Alice, lo sabía, pues estaba cansada de todos los consejos que le decía para llevar a cabo su plan. No es que Lily fuera una experta en el arte de la seducción, esa era Emma, pero tampoco no era una tonta, que por algo debía ser que Potter andaba siempre tras de ella.
Miró a James a los ojos y se olvidó de cualquier pelea. Parecía que ese par de orbes la hipnotizaban, y no estaba tan segura de que ese sentimiento no le agradara. Se sentía ligera y sin preocupaciones, en los fuertes brazos de cazador de James.
Vio entonces que James cerraba los ojos con lentitud, y pareciera que ese leve movimiento haya causado que su aletargamiento terminara. Es consciente de nuevo de su situación —demasiado cercana de James para su gusto— y frunció el ceño.
Intentó recordar lo que Alice, Mary y Emma le dijeron, pero todo está un poco borroso con el fuerte aroma de Potter inundando todos sus sentidos. Estaba más que deseosa por recuperar algo de su espacio personal.
Deseo. Eso era.
Tenía que hacer que James la deseara, no que solo le resultara atractiva o interesante, tenía que hacer que sintiera una necesidad física de que ella estuviera siempre a su alrededor; que el que ella se fuera le hiciera daño. Le doliera.
Por lo que en el último momento ladeo su cabeza de modo que solo recibiera un inocente beso en la comisura de sus labios.
— Pero, ¿qué? —exclamó James, sorprendido de que hubiera fallado su objetivo, los carnosos labios de su acompañante, para más señas, que estaba tan cercano.
Lily se tragó todo el odio y repulsión que sentía por ese chico en particular y esbozó una radiante sonrisa. — ¿Qué pasa, capitán? —abrió sus ojos y pasó sus manos por sus brazos hasta descansarlas en su nuca, donde empezó a juguetear con mechones de su suave cabello. Y no admitiría que era algo que tenía demasiadas ganas de hacer.
Una de las comisuras de los labios de James subió ligeramente ante el roce mientras sus ojos se oscurecían. Deslizó su mano repetidas veces por su espalda con deliberada lentitud, y su aliento cálido chocaba contra su fría mejilla. — ¿Tienes frío, cariño? —depositó un beso húmedo en un lugar sensible bajo su oído, donde dejó después salir su aliento haciéndole cosquillas.
Se le puso la piel de gallina.
Lily no respondía aun cuando James ya se quitaba la chaqueta que usaba y se la tendía con una espléndida sonrisa. Y no desaprovechó la oportunidad de mirar sus músculos contraerse y estirarse con los movimientos de sus brazos. —Gracias —miró entre sus pestañas mientras el inevitable sonrojo se esparcía por su rostro.
James se acercó de nuevo a ella precavidamente, como si temiera que la Lily que le odiara volviera a salir a la superficie y le diera tremenda cachetada por invadir su espacio, pero es como si desde ella brotara un magnetismo que le era imposible ignorar. Pasó su mano por su cabello rojo y colocó un mechón rebelde detrás de su oído. Dejó su mano descansando ahí, acunando un lado de su rostro.
Él dio un paso y ella retrocedió, haciéndole sonreír satisfecho, cerrando la distancia que existía entre ellos con un paso más. Sintió como James colocaba sus manos en su cintura y le atraía a su torneado pecho. Lily casi se pone a hiperventilar, y no estaba muy segura de sí era por la nueva cercanía del chico o porque no sabía qué era lo que se suponía que debía hacer ahora. ¿Cómo podía darse a desear?
Miró a James a los ojos con toda la intensidad que pudo encontrar en su interior, e invocó el deseo a su mirada esmeralda. Mordió sus labios, a los que apenas les quedaba rastro del labial que había aplicado en ellos, mirando aun en los ojos miel del cazador.
Puso ahora su mano en su espalda baja y la acorraló contra la pared que tenía justo detrás de ella y posó la otra en la fría piedra junto a su cabeza. Colocó su rostro en el hueco de su cuello, aspirando su aroma cerrando sus ojos. —Hueles tan bien —susurró aun con la voz ronca y los ojos cerrados, dibujándose una sonrisa dulce en sus labios.
Entonces Lily le tomó por los hombros e hizo que su espalda chocara contra la fría pared que estaba antes tras de ella. En sus labios se posó una gran sonrisa al ver la sorpresa en su rostro por encontrarse de pronto en esa posición, el cazador ahora como la presa. Sintió como James temblaba bajo su tacto. Con un nuevo aire de valentía que le había causado ese breve movimiento, Lily deslizó sus manos bajo la camisa de James y rozó con sus dedos todo lo que se encontró a su paso, disfrutando de la dura piel y el fuego por donde se posaban sus manos.
Un bajo gruñido escapó de la garganta de James y Lily supo que su trabajo ahí estaba más que bien hecho.
— ¿Tienes calor, cariño? —mordió su oreja a modo de juego y sacó sus manos del abdomen de James. Acercó sus labios a los del muchacho, paralizado en su lugar, y los posó sobre los de él por un breve momento, tan solo lo suficiente para saborear el sabor a menta fresca que destilaba de ellos, justo cuando James se disponía a salir de su letargo y corresponder el beso.
Dejó sus labios vagar por su fuerte mentón al tiempo que aspiraba el olor a sol que desprendía su piel. Mordió un lugar bajo su oído y le sintió estremecerse bajo ella. Otra sonrisa y una ola de orgullo le recorrió, nadie podría negar ahora que era la reina de la seducción. ¡Causar algo así en James Potter! No había muchas que pudieran decir lo mismo.
—Nos vemos, James —estrujó su mejilla entre sus dedos con algo de violencia, fruto de la adrenalina que corría por sus venas, y regresó por el pasillo meneando sus caderas con entusiasmo y de forma exagerada. Jamás se había sentido tan fuerte en la vida y le encantaba.
James Potter no podía creer lo que acababa de pasar. No solo sus intenciones habían terminado acabando por suceder totalmente retorcidas; sino que Lily Evans, su amor platónico desde que podía recordar, acababa de insinuársele descaradamente y había terminado besándolo.
Y no es que se quejara, porque por supuesto que no lo haría ni mucho menos, pero eso era algo que nunca se habría esperado. Lo había deseado, no cabía duda, pero no creyó que llegaría el día en que Lily sería la que daría el primer paso para su primer beso real.
Sí, James había salido con muchas chicas en Hogwarts, pero ninguna era ella. Sí, él las había besado e incluso había hecho algunas otras cosas con varias de ellas —vamos, Lily era la única mujer en su vida pero era un adolescente hormonal no un monje— pero ninguna se había significado algo real pues no había sentimientos de verdad involucrados.
Y es que desde que descubrió que las chicas eran cualquier cosa menos asquerosas un lejano día en tercer año, James Potter tan solo tenía ojos para la cabezota de Lily Evans.
Se dejó caer al suelo en el lugar donde estaba parado y recargó su cabeza contra la fría piedra. Aun no terminaba de entender lo que acababa de suceder, su corazón latía muy rápido, y su respiración estaba tan agitada que pareciera que había jugado un partido de quidditch por sí solo.
Cerró los ojos y trato de calmarse. ¿Por qué se había puesto tan ansioso? Ni siquiera fue su primer beso con Lily; jamás se borraría de su memoria aquel día en quinto año. Lo recordaba a la perfección. Ella usaba una blusa morada que resaltaba sus ojos y unos cortos shorts de mezclilla que dejaban ver sus blancas piernas. Jugaban al tonto juego de la botella, tan solo una excusa para besar a algunas chicas de él y Sirius, pues acababan de terminar todos sus exámenes.
Recordaba que estaban a punto de irse al Comedor pues habían jugado ya demasiado tiempo y se estaba tornando algo monótono, cuando la botella la señaló a ella como la elegida. Juraba haber visto como el cielo se abría y la iluminaba como un ángel. Su cara estaba tan roja que lucía como un tomate, y James se acercó a ella con una sonrisa apenada, estaba casi seguro que le soltaría la mayor cachetada de todos los tiempos. Acarició su mejilla con ternura y juntó sus labios unos ínfimos segundos, los mejores de su vida hasta ese momento. Después, por supuesto, llegó la tremenda cachetada; le dolía aun la mejilla al recordar.
Su rostro se iluminó infantilmente. ¡Lily Evans acababa de besarlo!
Se levantó y pasó su mano por su indomable cabello, colocó una gran sonrisa en su rostro colorado y comenzó a caminar como si no tuviera la más mínima preocupación en el mundo. Después de todo, no era algo de todos los días que la prefecta perfecta besara a su más odiado compañero.
En los pasillos no se encontró con mucha gente, no esperaba hacerlo. La mayoría debía de hallarse ahora en sus respectivas habitaciones, preparándose para una noche de sueño antes de un nuevo día de clases. Pero estaba seguro de que ese no era el caso de sus compañeros de Gryffindor, la fiesta por su gran victoria debía de seguir aún, si es que la profesora McGonagall no había llegado para terminar con el alboroto mientras no se encontraba ahí.
—Buenas noches —saludó con una sonrisa pícara al ver a la Dama Gorda con el ceño fruncido, pues era ya tarde para cualquier estudiante para vagar por los pasillos. Había tenido suerte al no encontrarse con Filch o la Señora Norris.
— ¿Qué son estas horas de llegar, muchacho?
—Lo siento mucho, señorita; es que salí a meditar un poco y el tiempo se me fue volando. Procurare que no vuelva a suceder.
—Bien, porque ahí dentro es un caos —respondió la señora del retrato sonrojada, nadie le llamaba jamás señorita ni la trataba de una forma tan amable; y señaló detrás donde se alcanzaba a oír algo de ruido de adentro —. Y más te vale que lo cumplas, James. Ahora, contraseña.
—Dulce de leche —le dijo sonriendo aún y pasando rápidamente por el hueco que dejo ver el retrato al abrirse.
El escándalo dentro de la sala común de Gryffindor era increíble. Todos estaban parados gritando y moviendo las manos en el aire, los miembros del equipo eran llevados a todos lados como si de la realeza se tratara y empuñaban botellas de Hidromiel, Cerveza de Mantequilla y Whisky de Fuego que se pasaban de mano en mano.
— ¡Miren! —chilló alguna chica de cuarto año —. ¡Ahí esta Potter!
En ese mismo momento todas las cabezas se voltearon en su dirección. — ¡POTTER! —exclamaron todos al unísono, rodeándolo y dejándole apenas espacio para respirar. Lo levantaron entre varios chicos, y comenzaron a pasearlo por toda la sala común por los aires en una procesión, vitoreando aun.
Cada vez fue subiendo más de tono la fiesta, los más chicos se fueron a sus camas y los mayores seguían gritando a todo pulmón reunidos alrededor de la chimenea.
— ¡Y cuando Reg estuvo a punto de atrapar la snitch! Oh, diablos, juro por Godric que casi termino ahí mismo —dijo un borracho Sirius, que reía ante cualquier babosada que se dijera y abrazaba a todo mundo diciendo cuanto era lo mucho que los quería.
—Pobres serpientes, incluso creen que tendrán una oportunidad contra nosotros, solo tienen idiotas sin cerebro jugando para ellos —Remus tenía las mejillas sonrojadas y se le veía más contento de lo común.
— ¡GRYFFINDOR! —gritó Emma, levantándose del sillón donde estaba y dando brincos tambaleantes corriendo por todo el lugar, su cabello era un desastre al igual que toda su vestimenta, pero el alcohol hacía que todo eso le dejara de importar —. ¡AAAAAAH! —estaba a punto de levantarse su camisa para demostrar su apoyo hacía los leones, cuando tropezó con un desmayado Peter.
— ¡NO! —exclamó Sirius al ver que el espectáculo del que tanto disfrutaba había terminado.
— ¿Hey, estás bien, Emma? —se inclinaba James sobre ella, mientras sostenía su cabeza entre sus manos. La chica comenzó a reír sin poder abrir del todo los ojos aun.
—Pareces un lindo perrito. Me gustan los lindos perritos —le dijo a Sirius, que indudablemente dejó salir una de sus risas perrunas mientras sonreía divertido a la chica.
Mary se levantó tan rápido como los vasos de Whisky de Fuego que había tomado se lo permitieron. — ¿Qué sucede, Emma? ¿Por qué estas tirada en el suelo? ¿Y por qué Sirius te ve como si fueras un pedazo de carne?
Ninguno de los aludidos le escuchó, pues estaban muy ocupados mirándose como si fuera la primera vez que se encontraran. Sonrieron al mismo tiempo y se lanzaron a los brazos del otro, juntando sus labios vorazmente.
—Ew, consíganse una habitación —exclamó Alice, tapándose los ojos. Se sonrojó, al igual que Frank, cuando les recordaron en qué posición habían sido encontrados en un armario de escobas previamente —. ¡Pero eso no era público! —chilló dando tumbos rumbo a su habitación seguida de un preocupado Frank que se deslizó de regreso a la sala común al toparse con las escaleras de las chicas.
— ¡PERO QUE ES LO QUE SUCEDE AQUÍ! —un penetrante grito se hizo escuchar, haciendo que todos saltaran del susto. Lily apareció por las escaleras de caracol, usando su pijama de dibujitos y con el pelo enmarañado —. A estas horas, ¡Les debería de dar vergüenza! Y ahora, si no quieren que les quite doscientos puntos a cada uno, ¡VAYANSE CADA UNO A SU HABITACION! ¡PERO YA! —gritó al ver que Sirius no dejaba ir a Emma.
— ¿Es enfermo sentirse atraído a una chica encabronada? —preguntó James sonriendo, al ver a la pelirroja subir hecha una furia.
¡A que James es un bombonazo! Merlin, les juro que con tan solo escribir esa escena me dio un calenton ;) Y esas fiestas Gryffindor, que bárbaro, que no daria yo por asistir a una de ellas. ¡Besos!
Mi unica recompensa son sus reviews, ¡asi que definitivamente no me quejare si me dejan uno!
-A.
