Capítulo VII
Durante los siguientes días, Candy trató de convencer a Terry de que su instinto le indicaba que se meterían en problemas si continuaban con el plan.
Cada vez que lo mencionaba, Terry la miraba como si hubiese perdido la razón, insistía en que ya estaban comprometidos, que el proyecto era idea suya y que estaba convencido de que era excelente.
Ese era parte del problema. Terry nunca se equivocaba en esos menesteres ni
habría aceptado su plan si fuese una locura. No obstante, no podía confiar en él en esa ocasión. Terry nunca tuvo que tratar con una mujer como Susana.
Y sin embargo, no encontraba un motivo lógico para dar marcha atrás. Según los cánones, nada había mejor que ligar al nuevo perfume con el rostro más hermoso de la Tierra.
Candy cedió al fin, los contratos se firmaron.
Por otra parte, Stear ya había tomado su licencia. El nuevo fotógrafo comenzó con su trabajo. Era todo un profesional.
Terry no había estado muy convencido con su incorporación a la agencia. Había algo que no se explicaba qué, que lo hacia rechazar. Pero debía reconocer el gran talento que éste tenía. Además de que era uno de los más reconocido en el arte al igual que su amigo Stear.
Anthony y Terry habían sido amigos en la universidad los primeros años pero el joven rubio tuvo que abandonar los estudios por problemas económicos y se marchó con su madre a Londres.
—Baja la cabeza un poco a la izquierda. Así. Bien, Amber, bien.
La modelo se movió en la dirección del fotógrafo. Era mucho más exigente que Stear pero no se quejaba. Era un hombre muy apuesto. Las modelos estaban fascisnada con él. La sesión de fotos era su primera campaña en G&W. Y debía demostrar que estaba preparado para todo. Así que daría lo mejor y más.
Con veintisiete años, ya era bastante reconocido en el medio artístico, por toda Europa. Y se encontraba a punto de dar un gran salto con su nuevo contrato. Llevaba en la moda desde la adolescencia. Su madre era su unica familia. Era viuda, lo había criado sola, Helen Brower era una mujer asombrosa. El apoyo que su madre le había brindado a su sueño representaba todo para el y tenía la plena intención de pagárselo con el éxito.
—Muy bien… alza el teléfono como un puño de victoria y sonríe.
Alzó el fino teléfono móvil en el aire y ofreció su sonrisa, una que decía que prometía el mundo y todo lo que había en él.
A su izquierda se oyeron unos pasos. Vio a su nueva jefe hablar con una de las modelos. Sin pensarlo...
—Un descanso —la voz sonó con autoridad y con un leve acento.
El fotógrafo dio el descanso, y la modelo dejó el móvil que había estado
sosteniendo en una mesa cercana. Fue a ponerse una bata y se alejó del estudio.
—Buenos dias—dijo acercándose a ella.
—Anthony. Veo que ya esta familiarizandose.—fue muy sincera—Esta haciendo un excelente trabajo. Estuve viendo las fotos que me mando y están geniales. Esta campaña será otro éxito.
—Quiero que no tenga que arrepentirse de haberme contratado.
—No tengo porque hacerlo. Además si Stear lo eligió fue por algo. Confió en él.
—Stear es un gran amigo. Y estoy muy agradecido por confiar en mi. Y a uds, obviamente por esta oportunidad.
—Es bueno contar con personal tan reconocidos como uds.
—Para mi es un privilegio hacerlo con uds. Más en una agencia tan prestigiosa.
—Gracias. Bueno lo dejó para que continúe con tu trabajo.
La tomó del brazo antes de que pudiera irse.
—Me permite que le invite a tomar un café.
—¿Ya termino?—preguntó ella, algo sorprendida.
—Lo hice antes de que llegara—replicó.—¿Sus empleados la llaman por su nombre de pila?
—Algunos sí y otros no.
—¿Puedo llamarte, Candy?
—Prefiero que lo hagas. Y, técnicamente, no eres mi empleado sino una persona contratada para un objetivo específico.—sonrió sin ninguna calidez.
El le dedicó una sonrisa auténtica, sus ojos azules divertidos y llenos de admiracion.
—Yo tambien prefiero que me tutees y no me hables de Ud. No soy tan viejo.—ambos rieron.
—Lo hare.
—¿Aceptas mi invitacion? Toma un cafe conmigo. Decide si mi compañía te gusta lo suficiente como para cenar conmigo esta noche.
Fue a abrir la boca para rechazarlo, pero él se lo impidió con un dedo en sus
labios.
—Sólo un momento de tu tiempo. Por favor.
Estaba segura de que era un hombre que no empleaba esas dos palabras a menudo.
Cerró la boca.
Él dejó la mano donde la tenía.
—Esta bien. Acepto.—sonrio gustoso.
Lo miró, tratando de interpretar su sinceridad. Todos los artículos que había leído sobre él lo ponían como un hombre honesto. Eligió creerlo.
—Bien.
...
La condujo a una pequeña cafetería a menos de veinte metros de allí. Ocuparon una mesa para dos, y él llamó al camarero con un movimiento arrogante de los dedos.
Anthony pidió para los dos un café.
—¿Siempre has querido trabajar en este medio? —preguntó ella cuando el camarero se marchó.
—Sí. ¿Y tú? ¿Siempre quisiste ser una magnate de los negocios?
Candy rió.
—Nací para eso, más o menos. Mi padre era un hombre de negocios, el y su amigo fundaron la agencia. Ya conoces la historia.
—Pero has llevado la empresa a unas cumbres sin precedentes.
Fue el turno de ella de mostrarse cautelosa.
—¿Lees las revistas de cotilleos?
—En realidad, las revistas de economía. Mi madre es asesora financiera y me
crió contándome historias en las que el lobo era un hombre que vendía bonos basura y el Príncipe Azul un buen socio de inversiones.
La mirada de ella se tornó curiosa.
—Entonces, me sorprende que eligieras esta carrera.
—Dímelo tú. ¿Tus sacrificios han valido la pena en el éxito empresarial?
—Sí. Más sabiendo que es el sostén, no sólo de mi familia sino de todos los que trabajamos en ella.
Le gustaba que pensara en términos de compromiso familiar. El sólo tenía a
su madre. La familia era lo primero.
—Ademas de ser una mujer hermosa eres inteligente. Una combinación perfecta.
Este hombre la estaba poniendo nerviosa. Ahora entendía porque Terry le dijo que debía de ser discreta con él.
—Terry me contó que fueron compañeros en la universidad. No sabía que habías estudiado aquí.
—Fuemos buenos amigos también. Pero yo tuve que dejar mi carrera. Viaje con mi madre a Londres. Allí concluí mis estudios y me integre en esto.
—¿Tu madre también vino contigo?
—No. Ella se quedó en Londres. Hace poco se caso, y me pareció perfecto que aprovechará su tiempo y se tomara unas vacaciones de mi—rio tiernamente.
—Tienes una buena relación con ella.
—Asi es. Mi madre lo es todo para mi. A ella le debo lo que soy.
—Eso habla muy bien de ti.
—Es la verdad.
—Bien...es hora de volver al trabajo—musitó.
—Cena conmigo esta noche.
Le había sorprendido que no insistiera antes, pero era obvio que sabía cómo moverse con las mujeres. Le había brindado tiempo para pensárselo, para decidir si quería verlo un poco más.
Anthony Brower había llamado su atención.
—De acuerdo —se oyó responder con una sensación de fatalismo que también era nueva para ella—. Pero necesito regresar temprano a mi departamento. Mañana tenemos una sesión de fotos para la campaña de CH y comienza al amanecer.
—Estaré encantado de asegurarme de que te acuestes temprano si es lo que
recogeré a las seis para una cena temprana.
—No sabía que los restaurantes sirvieran tan pronto.
—Yo me ocuparé de eso.
Sin dejar de sorprenderse por el guapo fotógrafo aceptó.
—De acuerdo.
La dejó regresar al trabajo, y el se marchó para seguir con lo suyo .
Pasado el tiempo acordado. Puso fin a la sesión. Apareció con una bella sonrisa en la oficina de la rubia.
...
Era evidente que Anthony tenía buen gusto. El restaurante que había escogido, además de ser caro y elegante, tenía su toque romántico. Estaba decorado por un profesional, obviamente todos los rincones reflejaban la personalidad del dueño. Y también su riqueza. Que hasta ese entonces no se sabía quien era. Luego Anthony le confió que, a medida que iba haciendose de su fortuna, había adquirido ese pequeño lugar que con el tiempo se convirtió en lo que ahora es un lujoso y muy concurrido restaurante.
La cena… toda la velada fue maravillosa. Charlaron más… de todo, desde los negocios hasta la familia. La madre de Anthony desempeñaba un papel importante en su vida, tal como sucedía con los padres de ella. Era evidente que ella los adoraba, y eso incrementó el respeto que le inspiraba ella. A medida que transcurría la velada, fue descubriendo que cada vez le gustaba más.
Cuando la llevó a su departamento temprano, tal como lo había prometido, la opinión que tenía de él se había disparado. Podría haber provocado algo de intimidad entre ambos, pero al no hacerlo, le mostró su respeto y el deseo de perseguir una relación real, no sólo una satisfacción sexual.
Anthony sonreía mientras regresaba a su casa después de dejar a Candy en el
edificio. Era una mujer increíble, pensó.
...
Jueves por la noche...
Su apartamento estaba solo y frío. Revisó el calefactor. ¿Se habría apagado la caldera central? Por un instante consideró la posibilidad de llamar a Terry para averiguar si su apartamento también estaba sin calefacción, antes de recordar que
Terry... no pasaba frío. Ningún hombre que disfrutase del calor de la sonrisa de
Susana, se preocuparía por la temperatura externa.
Puso la cena a calentar en el horno, cambió su atuendo por pantalón mas abrigado y un suéter súper grueso de piel, parecía una osita. Luego hizo la acostumbrada llamada semanal a sus padres.
—Ya tenemos los pasajes—informó William, entusiasmado—. Partimos dentro de quince días, Candy.
—¡Maravilloso! Iré al aeropuerto a recibirlos.
—Estaremos allí una semana —le indicó Rose por la extensión—.Eleonor
mencionó la posibilidad de que tú también te quedaras con ellos.
—Asi es. Ire a Chicago unos días, al menos.
—Trata de hacerlo toda la semana—sugirió su padre.
—Recuerda que es la casa de Eleo papá. Sólo me invitó unos días. Además debo volver por la campaña.
—No le importará. Siempre pensé que le hubiera gustado tener una docena de
hijos.
—Candy —intervino la madre—, tu voz parece extraña. ¿Estás resfriada?
—No sería raro. La calefacción de mi apartamento está apagada.
—Cariño, ve a buscar a Terry para que la arregle. ¡De inmediato!
—Lo haré, mamá —no era necesario dar explicaciones. Esperaría un rato y si no
había vuelto a casa, llamaría al conserje.
—No queremos que enfermes de pulmonía, cariño—señaló William.
—Ya no soy una niña, papá, ¿lo recuerdas? ¿Cuál es el número de su vuelo?—lo anotó en el reverso de su lista de compras y cambió el tema de conversación.
Al colgar pensó con agrado en el entusiasmo de sus padres por su próximo encuentro. Los últimos años pasó las fiestas decembrinas en Florida, pero no era lo mismo. Sus ocupaciones en la agencia apenas le permitían tomar unos días libres. Ni siquiera había comprado el regalo de bodas para sus amigos. Y como siempre tuvo que recurrir a su secretaria para que se ocupara de comprar unos pasajes, ya que el regalo seria la luna de miel a Hawaii. Tampoco puso árbol de Navidad. Quizá compraría uno pequeño y pediría a Terry que la ayudara a decorarlo... si no estaba ocupado con Susana.
El pensar en ello la molestó.
Terry sólo invitó a la chica como parte de las atenciones necesarias para cerrar un trato de negocios. Tal vez no volvería a salir con ella y estaba decidido a aprovechar la oportunidad. ¿Cuántos hombres no darían el brazo derecho con tal de estar en los zapatos de Terry esa noche? Todos menos Anthony.
Cenó sin apetito. El apartamento estaba cada vez más frío y volvió a revisar el calefactor, a sabiendas de que no serviría de nada. Se preparó un chocolate bien caliente para entrar en calor. Vio la hora y decidió llamar al conserje.
Marcaba el número cuando alguien llamó a su puerta. Dejó el teléfono y fue a abrir.
—Oh. ¡Que sorpresa!
—Espero que sea de tu agrado. ¿Puedo pasar?
—Perdon. Claro, pasa.
—Wow. Que frío esta aquí.
—Ni me lo digas. Nose que paso con la calefaccion. Al parecer se descompuso y estoy congelándome.
— ¿No funcionará la calefacción en todo el edificio?
—No lo sé.
—Pues empecemos por aquí —dijo el joven, quitándose la chaqueta—. No
bromeabas, el lugar está helado.
—Iba a llamar al conserje cuando tú llegaste.
—No podrías quejarte de lo oportuno que soy —fue al termostato para
revisarlo—. Las cosas funcionan mejor si las enciendes, Candy.
—Está encendida.
—No, linda. Con seguridad operaste el interruptor —lo oprimió—. De nada sirve que coloques la palanca en la temperatura más alta si no lo pones en funcionamiento.
—No recuerdo haber operado ese interruptor, Anthony.
—Así lo suponía.
El aire caliente empezó a salir por las rejillas y Candy dejó escapar un suspiro de alivio.
—Gracias, Anthony. Me salvaste de morir congelada. Pensé que estarías con trabajando.
—Adelante el trabajo. Soy un hombre precavido.
—Por supuesto. Debí imaginarlo...—trató de ocultar el sarcasmo en su voz, pero Anthony la miró de forma extraña.—¿Quieres tomar un té o café?
—¿Que es lo que estas tomando tu?
—Chocolate
—Entonces me encantaría deleitarme con un rico chocolate caliente—sonrio.
—Ahora te lo preparó.—Camino hasta la cocina.
—Tienes un hermoso departamento Candy. Y una vista magnifica.
—Lo es. Es lo que más me gusto en cuanto lo vi.
—Tienes buen gusto. No sabía que vivías en el mismo edificio que tu socio ¿Hace cuanto se conocen?
— Nos conocemos desde que nacimos.—dijo con una gran sonrisa.—Espero que te guste—Le extendió un tazón con chocolate.
—Seguro que me encantará.—tomo un sorbo—esta delicioso.
—Gracias. ¿Y a que debo el honor de tu visita?
— Cierto. Lo olvide. Aqui estan las tomas de la campaña de ayer. Queria mostrártelas bien las termine pero tu secretaria me dijo que te retiraste temprano. Así que decidí traertelas personalmente. —era la excusa perfecta.—Espero que no te moleste.
—Gracias. ¿Las vio, Terry?
— Si, le mande unas copias. Ademas... queria invitarte a cenar.
—Me encantaría aceptar pero recién término de comer. Podríamos dejarlo para otro momento.
—¿Que te parece mañana?
—Seria estupendo sino tuviera un compromiso.
—Debi suponerlo. Una mujer como tu de seguro debe estar comprometida—dijo desilusionado.
—Oh, no. No es eso. Quede en acompañar a Patty. Ya sabes con lo de la boda, esta insufrible. Y quedamos en ayudarle con los ultimos detalles. No podría faltar.
—Entiendo. Entonces podemos dejarlo para cuando tu puedas. Yo esperaré encantado. Ademas...supongo que no estaremos viendo en la boda. Mi hermana también asistirá.
—¿Tu hermana?—pregunto extrañada.
—Bueno, en realidad Susana es mi hermanastra. ¿Recuerdas que te conte que mi madre se caso? Bueno, lo hizo con el padre de Susana. Y hoy me llamo y me conto que Terry la habia invitado el sábado a la boda de Stear y Patty.
—No sabía que...Susana y tu eran hermanos, hermanastros. Ni tampoco que Terry la había invitado...—dijo aún sorprendida. La noticia le había caído como un balde de agua fría más varias aplanadoras encima sumado a la Torre Eiffel. No espera que su amigo su amigo fuera con otra cuando habían hechos planes de llegar juntos.
—¿Te molesta que lo haya hecho?
—No.—dijo tajante ¿porque habría de molestarme?
—Digo. Tu cara no parecer pensar lo mismo.
—Para nada. Ya te dije. Terry y yo somos...—hizo una sutil pausa.—como hermanos.
—Y ya que no pudimos cenar. Podríamos ir juntos a la boda ¿Que te parece?...
Continuará...
Como verán, Anthony no anda con vueltas. Nos leemos en el siguiente.
Gracias por dedicar su preciado tiempo en mi historia.
