Alguna vez han tenido un manga impreso en su idioma en manos? Para los que sí, habran notado que al principio (generalmente), el mangaka hace comentarios banales sobre cosas de su vida cotidiana. Me puse a pensar, los que escribimos fic, no hacemos cosas parecidas en las introducciones o en las notas al pie? xD Entonces me dispuse a hacer un random de preguntas, para conocer a mis lectores/ras: ¿suelen leer con habitualidad, aparte de fanfic? ¿Les gustan más las novelas rosa, o las novelas negras?

En fin… en éste capítulo Rivaille tiene 8 años y Mikasa 28 lógicamente. Me comprometí a aclararlo de ahora en adelante.


Las buenas y malas compañías

Pasadas las cuatro de la tarde, Erwin cómodamente sentado en la sala de televisión de Rivaille mirando un partido de beisbol, escuchó unos retumbantes pasos descender por las escaleras.

El niño en cuestión se colocó a la par y le extendió un cuaderno de trabajo sin apartar su vista del suelo. El hombre dejó a un lado el refresco que estaba tomando y tomó el cuaderno para revisarlo.

—Y bien, ¿terminaste? —le sonrió el hombre.

El chico asintió.

—¿Quieres que lo revise para buscar algunos errores?

—No me salen muy bien los cálculos. Odio hacerlos. —aclaró con timidez.

—Sí, te entiendo. Cuando era niño las matemáticas también eran mi debilidad, pero ya oíste a Mikasa: cuando volviera, debía estar toda tu tarea terminada. Así que, ¡qué remedio! —volvió a tratar de animarlo mientras revisaba su trabajo.

Rivaille se apretó los costados de la camiseta nervioso.

—Erwin…

—¿Sí?

—…¿Crees que Mikasa… pueda perdonarme?

El rubio arqueó una ceja.

—¿Por qué no lo haría? Si te disculpas adecuadamente…

—Pero esta vez sí que estaba enojada.—se lamentó.

—Bueno, es lógico. Fue indebido de tu parte: entiendes que estuviste muy mal y lo lamentas. Ponte en el lugar de ella.

Ahora fue el niño quien lo miró.

—Es frustrante pasar tanto tiempo tratando de enseñarte lo que está bien y lo que está mal, para que luego tú vayas y te comportes así. No solo te afectará a ti: debes saber que el resto de las personas también culparán y apuntarán con el dedo a Mikasa por "enseñarte a hacer esas cosas".

—¡Pero no es cierto! ¡Ella no hiso nada! ¡Yo lo hice porque quería!

—...—El hombre bufó—lo importante es que estás arrepentido, ¿verdad?

Ahora Rivaille se sentó de golpe en el suelo y se cruzó de brazos.

Para nada.

—¿Qué?

—Se lo merecía. —sentenció.


En la sala de espera del despacho del director, Mikasa fue llamada a las cuatro y cuarenta y cinco, bastante tiempo más tarde del horario acordado.

Cuando entró, vio pasar a los padres del turno anterior que ya si iban, y una vez adentro, se dio la mano con el hombre canoso y arrugado antes de tomar asiento.

—Me alivia que haya podido tomarse el tiempo para asistir, señorita Ackerman. Me urgía hablar con usted. El asunto ya nos estaba preocupando, a mí y a la maestra Rinold.

—Sí sí, lo sé. No crea que he estado tratando de evadirlo, sólo me ha costado encontrar tiempo.— se lamentó.

—Bueno, dejémoslo aquí. El asunto en cuestión en que Rivaille no sabe comportarse con sus compañeros, señorita.

Mikasa inspiró hondo.

—Le juro que trato de reprenderlo, y llevarlo por buen camino. ¡Sabe bien que esas cosas no deben hacerse! ¡Si se lo vivo repitiendo! Pero es un niño incontrolable en ciertos aspectos.

—Si… yo, estoy consciente de que es brillante en desempeño, todos lo aseguran, pero tiene roces continuamente con sus compañeros, suele agredirse verbalmente con algunos de ellos, y este último episodio fue la gota que rebalsó el vaso. Si no se encuentra una solución disciplinaria adecuada, se deberán tomar medidas lamentablemente necesarias, y espero que lo entienda.

Ella bajó la mirada apenada.


Erwin suspiró largo y bajó el volumen de la tele.

—Cuéntame mejor, ¿qué fue lo que pasó exactamente? Porque yo sólo tengo la versión de Mikasa y tu maestra. Ahora quisiera escuchar la tuya: ¿por qué motivo en específico te peleaste con esa niña?

Rivaille adoptó su actitud chula desinteresada.

—Esa ni si quiera debería hacerse llamar "niña". ¡Deberías verla!

Erwin arqueó una ceja.

—Eso no es lo que te pregunté. Si la niña se quiere comportar como un niño, tú no puedes oponerte, ni criticarla, ni despreciarla. Es libre de hacerlo.

Lo seguía ignorando.

—Y sólo porque a ti te parezca una marimacho, no te da derecho de pelearte con ella como si fuera un niño como tú.

—Me da igual. Es más alta, más fuerte, y tiene más años, ¡así que le pego si quiero!—se enojó.


Mikasa se tapó la boca con las manos.

—¡¿Le tiró dos dientes?!

—¡No! Sólo se los dejó flojos, pero eso no cambia mucho las cosas. Los padres de Ymir están furiosos, y tienen razón, pero exigir la suspensión indefinida de Rivaille es exagerado, en eso le doy la derecha. Pero considero que lo más apropiado, por lo pronto, es que usted en persona se siente a hablar con ellos; y claro, con su hijo, por supuesto.

—Rivaille no es mi hijo. —aclaró.

—Ah, cierto, bueno… con su… ehh…

—Déjelo, está bien. —lo tranquilizó, algo melancólica.

El director dudó antes de hablar.

—No se le ha cruzado la posibilidad… de que Rivaille esté necesitando a una… ehh… bueno, una… "madre auténtica", por así decir.

Ella lo miró extrañada.

—¿A qué se refiere?

—Bueno yo… he hablado con el psicopedagogo del colegio y me ha comentado que los niños cuyos padres sufren problemas de separación, así como los niños que carecen de alguno de ellos, o de ambos, tienden a tener… éste tipo de conductas.

Mikasa meditó un momento su respuesta y añadió:

—Con el debido respeto, señor: considero que a pesar de no ser su legítima madre, hago todo lo que está a mi alcance para ofrecerle a Rivaille, todo lo que necesita para volverse una buena persona, y un gran hombre. No tiene nada que ver con la relación maternal indirecta que llevemos. Pero, yendo al caso, creo que no tiene nada que ver con el asunto, ¿o sí?—inquirió.

El hombre de riguroso traje se incomodó de repente, como sintiendo el áspero terreno donde sin querer se había metido.

—En realidad… su relación con Rivaille, parece ser complicada, y muy personal por lo que veo. Es verdad que no me corresponde inmiscuirme; pero, teniendo en cuenta el incidente con la alumna Ymir, es posible que usted, y su rol de madre/tutora, jueguen un papel importante.

—¿Por qué? No lo entiendo,—habló confundida— ¿Me dirá que Rivaille pelea con los niños por mí? —dijo sarcástica.

El hombre calló. Algo no estaba bien. Esto pintaba feo. Debía ir más profundo en el asunto.

—…Me gustaría saber, para empezar, el motivo de la pelea con esa niña. Si voy a hablar con sus padres, defenderlo, llegar a un acuerdo y demás, necesito saber si tuvo algún motivo.

—Los motivos no son válidos, señorita Ackerman. El hecho es hecho: se peleó con una niña hasta hacerla sangrar por la nariz y aflojarle dos dientes.

—¡Pero tengo que saberlo! —refutó con una mano en el pecho.

El hombre empezó a sudar frío.

—¿Entonces por qué no le pregunta a su… emm, a Rivaille?

—Porque los niños suelen cambiar la versión. ¿O me dirá que no los conoce?


Erwin se enmudeció con la declaración y decidió apagar la televisión definitivamente para hablar más en serio.

—¿La niña Ymir… estaba hablando mal de Mikasa? —preguntó crédulo.

—¡Sí así es! ¡Y yo no pude soportarlo! ¡Por eso la golpee!

El hombre aturdido y perplejo, trató de ordenar sus ideas.

—Pero, ¿qué dijo?

Rivaille dudó entes de responder, indeciso. Finalmente volvió sentarse sobre el sillón y cruzose de brazos, afligido por lo que tenía que contar.

—Decía que Mikasa era una "lamentable y patética idiota", que había dejado sus estudios y todas sus oportunidades en la vida para cambiar pañales y hacer papilla de bebe. Y que ahora sólo le esperaba volverse alcohólica a las treinta, agarrarse de los calzoncillos de cualquier tipo que pase, ver como su hijo se vuelve pandillero o drogadicto a los quince y pegarse un tiro por infeliz a los cuarenta. Eso dijo.

Erwin se lo quedó mirando como poseído. No sabía si lo que acababa de decir era traumatizante, asqueroso o repugnante, así como estaba seguro de que muchas de esas palabras no figuraban en el diccionario de Rivaille; por lo tanto no cabía la posibilidad de que lo haya inventado. Pero algo seguía sin cerrarle. Y sin querer dijo su conclusión en voz alta.

—¿Una niña de tu escuela dijo eso? ¿Y ella como pollas sabe que Mikasa dejó de estudiar?

Rivaille se asombró, y angustió todavía más.

—¿Es cierto? ¿Mikasa abandonó su vida por mi culpa? —se desesperó.

Sin saber en lo que se metía, trató de calmarlo.

—¡No, no! ¡Para nada! Ackerman Junior, ¿sabes por qué tienes ese apellido? ¡Pues porque Mikasa te lo dio! ¡Y puede que no sea nada tuyo, pero para ella tú eres su vida entera! ¡Te lo aseguro!

Rivaille aguantó el llanto mordiéndose el labio.

Erwin prosiguió:

—Pero la pregunta era en serio, ¿cómo va a haber una niña hablando de Mikasa si ni si quiera la conoce?

El chico se recompuso ahora molesto.

—Es que esa chica me odia, y me lo ha dicho ella y todas sus amigas varias veces. Y como sabe que yo la odio a ella también, dice esas cosas en vos alta para hacerme enojar. —se volvió a cruzar de brazos.

—Eso no contesta a mi pregunta…

Rivaille pensó.

—Bueno, la mama de Ymir conoce a Mikasa, y lo sé porque ella ha dicho varias veces "mi mamá dice esto", "mi mamá dice aquello", "mi mamá piensa que Mikasa tal cosa", "mi mamá dice que Mikasa tal otra".

—O sea, que la niña sólo repite cosas de su madre, eso quieres decir.

Eso creo.

Fue entonces cuando Erwin calló.

De repente muchas cosas se aclararon y empezaron a cerrarle cosas y más cosas. No cosas que él mismo haya pensado antes; sólo cosas que ha escuchado más de una vez de boca de Sasha, u ocasionalmente de Hanji, referido a "las buenas y malas compañías de Mikasa".


La mujer quedó momentáneamente ensimismada en el silencio profundo y abrumador, uno que puso en aprietos al director, quien ahora había expuesto sus manos al fuego. Mejor dicho metafóricamente, podría haber encendido la mecha de un campo dinamitado.

La chica habló bajo y cortado:

—Los padres de la señorita Ymir, me dijo que eran…

—Freddy Mayer: es el padre. Y Loe Thompson: la novia del padre. Pero es "como su madre". Creo que usted la conoce…—aclaró dudoso.

Mikasa simplemente enmudeció, y un instante ahí sentada se quedó, pensando para adentro.

El director empezó a inquietarse por la quietud y falta de reacción de la mujer, pero entes de volver a llamar su atención para traerla de vuelta a la realidad, la chica volvió en sí de repente.

—Sí, así es. —dibujó una sonrisa entre forzada y tenebrosa en su cara. —Que bueno, eso hará más fácil reunirme con ellos a platicar. Muy bien, muchas gracias por la reunión, nuevamente disculpe todos los inconvenientes causados—hablaba rápida y atropelladamente sin permitir al director contestar, al mismo tiempo en que de pie le extendía la mano. —Me aseguraré fervientemente de disciplinar a Rivaille como es debido sin falta. Y nos hablaremos más adelante por cualquier cosa, ¿bien? Pues entonces ya me voy. Un placer. Hasta la próxima. —concluyó y salió disparada del despacho tan rápido que sus pies no daban abasto.

Sólo huyó de ese lugar.

Sólo quería irse cuanto antes.

Sólo quería llegar a casa, abrazar a Rivaille, hablar con él, disculparse, explicar, luego, tal vez llorar, gritar un poco, volver a abrazar a Rivaille, llorar un poco más, volver a disculparse, y solo entonces, ponerse a pensar con más detenimiento en el rumbo de las cosas hasta ahora, y el rumbo de las cosas a partir de ahora.


"Dime con quién andas y te diré quién eres". Puede ser acertado en ciertas ocasiones, pero no deja de ser un prejuicio: nuestras buenas o malas compañías no tienen porqué hablar por nosotros.

Ante alguien potencialmente influenciable, las compañías terminan dándonos letra para formar nuestra personalidad, gustos e ideologías. Yo lo llamaría… una "subordinación del pensamiento".

Aún así, nunca es tarde para recapacitar sobre quién es exactamente el que tengo junto a mí.

Ponerse a pensarlo puede ser, duro, doloroso o hasta inaceptable, tanto que a veces, termina siendo demasiado tarde para hacerlo.


Para festejar el inicio de la primavera, en el parque municipal se haría un concierto de entrada libre por la noche, para toda una serie de bandas juveniles debutantes en busca de un público que los quiera oír.

Ese mismo día por la tarde, Mikasa y Sasha desplegaron una avalancha de resistas de recetas sobre la mesa de la cocina y se pusieron a discutir fórmulas e intercambiar recetas para pasar el rato, ante la desinteresada mirada de Jean, quien no tenía nada mejor que hacer ese feriado húmedo y aburrido.

Cuando el muchacho se cansó de escuchar cotorreo, se puso de pie para vagar por la casa buscando algo más interesante o llamativo, y fue a dar al patio donde Rivaille yacía recostado boca abajo sobre el pasto, a primera vista.

—¿Qué estás haciendo, enano?—pregunto curioso con las manos en los bolsillos.

—Shhh! Busco la entrada de la cueva de las hormigas. —murmuró.

El alzó una ceja algo irónico. Era raro ver al mocoso maniático tirado en el suelo con toda la tierra y los bichos que allí podría haber.

—…¿Y? ¿La encontraste?

—No, las estoy siguiendo.

Rió y se acercó para ponerse de cuclillas junto a él.

—¿Te ayudo?


A las seis y media de la tarde el olor a salsa ya se esparcía por toda la vivienda cuando Mikasa bajó las escaleras bien arreglada con un vestido a las rodillas y chatas en los pies.

Jean acudió a su encuentro y Sasha apartó la vista de la cacerola que revolvía para admirarla.

—Luces bien…—comentó la chica de mala gana.

—Gracias. ¡Oh en cerio! Gracias, gracias, gracias por quedarse hoy a cuidar de Rivaille. Les voy a devolver el favor como quieran.

—Está bien, no hace falta. —aclaró Jean.

—No de verdad, insisto. Eren y yo no salíamos desde hace tiempo y necesitaba a alguien con urgencia, pero ustedes siempre están, absolutamente siempre. Son como mis hermanos, lo que hacen siempre por mí no tiene precio.

—Hay, no exageres. —le frenó el chorro Sasha. —Mejor preocúpate porque tu novio no rompa el auto, o pierda las llaves de su casa, o reciba llamadas inesperadas de su madre o se rompa un brazo de nuevo.

—¿A qué hora pasaba? —se apresuró a decir Jean.

—De hecho, debería estar aquí.

El timbre sonó una vez y la felicidad encarnizada se posesionó del rostro de Mikasa. Corrió rápido a la puerta y abrió entusiasmada.

—¡Eren! ¡Llegaste! —casi se arrojó sobre él.

—Si claro, ¿por qué no iba a llegar?—bromeó sarcástico.

—Ven entra, estaba dándole las últimas indicaciones a los chicos. Sólo déjame subir a despedirme de Rivaille y ya podremos irnos. —lo arrastró de un brazo hasta su living, donde el hombre bufó y se dejó caer sobre un sillón.

—Okeeey…

Mikasa subió las escaleras contenta, llegó a la puerta de la habitación de Rivaille y tocó antes de hablar.

—Cariño, ¿estás ahí? ¿Ya te bañaste como te pedí?

No se oyó respuesta.

—Rivaille…—abrió despacio y adentró la cabeza. A simple vista no lo vio. —¿Dónde estás?

En eso, desde debajo de la cama asoma levantando les sabanas una cabecita morena semi-rapada y con expresión molesta en el rostro.

—¿Aún no te bañas?—protestó ella.

El niño hiso silencio.

—¿Está abajo?—susurró.

—¿Qué?

—¡Que si está ahí abajo!

—¿Quién? ¿Eren?

—¡Claro! ¿Quién más? ¿El duque de boludolandia? Aunque el título le queda bien.

—¡A mí no me contestes! ¡Sí está allí y me está esperando! ¡Así que métete a la tina de una vez así podré irme tranquila!

—¡No quiero! ¡No me moveré hasta que se largue! —protestó prepotente.

—¡Rivaille! ¡Sabes el límite que debes cruzar para enojarme! ¡Ni lo intentes! —advirtió furiosa.

El niño ni lerdo ni perezoso salió como tiro de debajo de la cama y dio la vuelta por su habitación esperando que la mujer lo siguiera; Mikasa exasperada trató de perseguirlo a pesar de lo pequeño y escurridizo para atraparlo, pero justo cuando abandonó su lugar en el marco de la puerta, Rivaille se escapó de la habitación rumbo al pasillo donde corrió cuanto pudo como convicto perseguido por perros policías.

Mikasa revoleó las chatas a un rincón (que afortunadamente eran sencillas de quitar) y enfiló para el mismo pasillo persiguiendo al pequeño demoño.

—¡Vuelve aquí mismo Rivaille! ¡Cuánto más corras más dolerá cuando te atrape! —gritaba fuera de sí.

—¡Púdrete! ¡Y que se pudre el otro imbécil también!—respondió sin parar de huir mientras debe la vuelta alrededor de la bajada de las escaleras.

"¿Groserías? ¿Me gritaste groserías? ¿Y a Eren también?" —¡Ahora sí que te llegó la noche mocosillo!

Al mismo tiempo en la planta baja, La pareja reunida en la cocina obviaba el desastre que ocurría arriba, y Eren masticaba impaciencia con el correr de los segundos.

—¿Qué mierda están haciendo ahí arriba?—miraba el techo donde se escuchaban los golpes de los pies corriendo y alguno que otro grito ilegible.

El niño entró en el cuarto de Mikasa haciendo vista panorámica de cualquier escondite a la mano o elemento distractor sin tiempo, porque la mujer casi lo agarra del cuello con las garras desde atrás antes de que él se abalanzara sobre la cama zafándose, y rebotando un par de veces sobre ella.

Ella le siguió el juego y se zambulló de lleno sin temor a arruinar sus uñas o arrugar su vestido, para logar finalmente casar uno de los tobillos del niño.

Rivaille pataleó para soltarse gritando y ella intentó afirmar el agarre de igual forma, cuando unas risas empezaron a reemplazar sus alaridos.

El chico de un tirón calló sentado de nuevo sobre el colchón y rebotó exageradamente causándole esto una estrepitosa carcajada.

Al intentar ella volver a cazarlo, el gritaba y reía alternadamente en lo que la esquivó para bajar de la cama y aprovechar para salir huyendo.

Entonces se enredó en su propio vestido tratando de reincorporarse con dificultad, al lograrlo notó su falta de energía para seguir, consumida por las carcajadas que ahora no podían parar, ni de uno ni de otro.

Sin pretender dar por terminado ese juego de policías y ladrones in-intencionado, Rivaille desapareció de su vista cuando salió nuevamente al pasillo. Se arrimó a la barandilla de la escalera para mirar hacia abajo y no lo divisó. No pudo haber bajado sin que oyera la escalera tronar. Caminó lento y silencioso hacia la puerta del baño que estaba semi-abierta, pera notar un vapor tibio que salía de adentro.

Su mocoso maniático si tenía pensado bañarse tarde o temprano: el más que nadie sería el último en irse a la cama lleno de tierra y suciedad; pero oponía resistencia como fachada para extorsionarla.

Empujó levemente la puerta para mirar dentro. No lo vio. Entonces entró hasta tocar la cortina de la ducha y sujetarla, esperó un momento y tiró fuerte de ella para ver detrás.

Sólo la tina llena de agua calentita.

Alzó ambas cejas. —¿A dónde se fue?— se giró al instante, y lo encontró.

Rivaille salió de detrás de la puerta y se abrazó fervientemente de sus caderas para empujarla hacia atrás con fuera y logar encestarla dentro de la bañera.

Eren alzó la vista al oír el sonido de un zambullón repentino en el piso de arriba, seguido de un chillido de Mikasa. Ya empezaba a enojarse. Miraba la puerta de salida a la calle con cariño.


Rivaille observaba agarrado del borde de la bañera como Mikasa se secaba el cabello como podía. En su fuero interno le costaba retener la risa. Sería el colmo en una situación así; ella estaba que reventaba.

La mujer con la toalla sobre la cabeza lo miró neutral, tanto que lo hiso temer por lo que diría.

—¿Fue divertido no? —habló simpática.

El chico sonrió de lado, aliviado.

—Ahora que estás mojada, ¿te quedarías?

—¿Qué? Por supuesto que no. Eren me está esperando abajo, así que disfruta tu baño y adiós. —dejó la toalla a un lado.

Rivaille apretó los labios cuando vio su espalda alejarse.

—¿Por qué sigues con él si sabes que te lastimara de todas formas? —casi le gritó.

Se paró en seco y volteó para mirarlo sobre el hombro. Esos ojos que alguna vez solieran ser penetrantes y filosos, ahora más bien indicaban pena, o algo parecido a la comprensión o la lástima.

El chico no mutó su desdeño mientras la vio regresar sobre sus pasos y quedar ante él para luego agacharse y cruzarse de brazos, logrando alinear la altura de sus ojos.

—¿Hasta cuándo seguirás con esta guerra Rivaille?

—…Hasta que el duque de boludolandia se largue —sentenció furioso.

Ella puso los ojos en blanco. Pensó para sus adentros un momento y, ante la duda de qué contestar, prefirió cerrar el tema ipso facto.

—Okey, si no me vas a dar la tregua a mí, por lo menos trata de no hacerles la noche imposible a Jean y Sasha. ¿De acuerdo?

Cuando Rivaille pensaba replicar, sus palabras se congelaron al instante en su garganta antes de salir, al momento en que ella le dedicó una dulce sonrisa, de esas que podían hacer que el mundo se viniera abajo sin que nada importara. Se retiró lentamente hasta que la mitad de su cara quedó cubierta por el agua, que ocultó como pudo su rabioso sonrojo.

Ella se balanceó hacia adelante y lo besó en la frente larga y delicadamente, tiempo en el que el aspiró hondo el dulce y adictivo aroma de su perfume, y cerró los ojos.

La deliciosa textura de sus labios sobre su piel desapareció, y al volver a abrirlos la vio salir por la puerta.

—Que descanses mi amor.

Entonces observó. Observó y observó a la nada acomodándose en la bañera. Ensimismado en su propio mundo de sueños.

Abajo, Eren vio bajar a Mikasa con una playera y unos cortos nuevos, diferente a como iba vestida hacía instantes; se detuvo en el detalle de la piel húmeda y el cabello empapado.

—¿Se puede saber qué carajo han estado haciendo arriba?—preguntó impaciente.

—Perdón, tuve problemas para forzarlo a bañarse, raro en el. Bueno, ¿vamos? —le sonrió luego de disculparse.

—Sí, andando. No quiero seguir perdiendo el tiempo.

Mikasa saludó con la mano sin hablar a Jean que los miraba desde el living y Sasha ni se asomó.

Tras el portazo, el muchacho a cargo suspiró, entre aliviado y resignado.

Rato más tarde, el grito de la "comida lista" de Sasha sacó a Rivaille de su estupefacción de cuarenta y cinco minutos, y éste brincó de la bañera nervioso antes de manoteas su ropa con torpeza antes que las toallas secas.

"Joder. ¿Por qué tiene que hacerme esas cosas?"


Pasadas las once de la noche, el trío miraba televisión concentrado.

Rivaille sentado en el piso como de costumbre, rascaba la alfombra del piso con las uñas inquieto; de a ratos miraba a Jean o a Sasha disimuladamente, y se mordía la lengua reprimiendo sus ganas de hablar. Seguramente porque no estaba seguro, de querer saber, lo que le urgía saber.

La serie del momento empezó a pasar sus créditos y Jean agarró el control remoto para cambiar; extendiéndolo en el aire, habló de la nada:

—¿Qué quieres decirnos Rivaille?

El aludido dio un salto inesperado.

Ambos lo miraron curiosos y el reprimió sus nervios.

—No sé ni lo que quiero saber, en realidad.

—Pues suéltalo, y nosotros trataremos de iluminarte con lo que sea.— sugirió Sasha.

Esperó un momento viendo pasar los títulos finales de la serie.

—Es sobre Mikasa, y Eren…

Los dos se miraron entre sí incómodos.

—¿Poe qué… Mikasa soporta a ese tipo odioso? —se volteo para verlos— No lo entiendo. ¿Le gusta sufrir?

El par se pasó mensajes en código con la mirada asintiendo.

—Mira Rivaille, te contaremos cosas que es mejor que no lo comentes con Mikasa ¿de acuerdo? Son delicadas.

—¡Díganme! No diré nada. ¡Por favor! —se paró frente a ellos.

Sasha empezó a hablar:

—Aunque tal vez no lo puedas entender del todo, porque eres muy pequeño, las personas no siempre pueden elegir disfrutar o sufrir. Sus cabezas funcionan de diferentes maneras, razonan distinto y eligen según su criterio. Como Mikasa.—sentenció.

Rivaille la miró concentrado pero perdido.

Jean revoleó los ojos. "¿No puedes usar palabras más de su edad? Tonta."

—Quiere decir que Mikasa es un tipo de mujer… digo, persona, que tal vez reciba daño, o se haga daño a sí misma, pero piense que está bien hacerlo, o dejar que se lo hagan.

—Pero eso no puede ser. ¿Por qué una persona elegiría sufrir por sí misma?

—Por eso decía que tú no lo entenderías. Escucha: depende de cómo haya sido educada una persona, esta juzgara los hechos de la vida con diferentes puntos de vista. Mikasa, al igual que muchas otras mujeres, recibe daño, es cierto. Y se dan cuenta de ello, también es cierto. Pero, en determinado punto de su vida, ella aprendió, o llegó a creer, que ser lastimada por otra gente era lo correcto, o lo que se merecía, todo con tal de amar libremente. ¿Me entiendes?

Rivaille tumbó la cabeza.

—O sea que ella soporta que Eren la lastime porque lo quiere ¿"amar libremente"?

—Ehhh… sí. Yo más bien diría que, como muchas mujeres, Mikasa ama demasiado, sueña demasiado. Hasta el punto de aguantar cualquier lastimadura, física o mental. —El chico lo miraba incrédulo.— Y sí. Eso es posible.

Viendo la reacción perpleja del chiquillo, Sasha optó por soltar todo lo que tenía.

—Eren me pareció un chico bueno, amable y tierno cuando lo conocí. Él y Mikasa iban juntos a la preparatoria. Al principio, se llevaba de maravilla con ella, y más aún cuando la apoyó para solucionar…—se frenó y pensó un segundo qué o como decirlo—…algunos problemas que ella tenía con "su padre". Después de eso ella se aseguró a sí misma y a los demás, de que lo amaba, y le debía todo, y daría la vida por él, etcétera, etcétera, etcétera. Y pues empezaron a salir, formalizaron su relación y todo iba viento en popa. Pero algo ocurrió entonces.

Sasha miró fijo a Rivaille esperando que se diera cuenta para no tener que ser tan directa, a lo que el niño se quedó fijo aguardando la continuación. Ella suspiró y siguió:

—Llegaste tú Rivaille.

Hubo un silencio profundo. Él se quedó en el aire sin entender.

—Cuando Mikasa te trajo a vivir con ella, Eren no se lo tomó muy bien. Ella creía que él la ayudaría, y que tu impulsarías una relación bajo el mismo techo, o armarían todos una familia, lo sé, ella me confesó cierta vez que le hubiera gustado. Pero ocurrió lo contrario: la hostilidad y agresividad de Eren llegó a niveles insospechados para aquellos que más lo conocíamos; estaba en verdad furioso. Por ese tiempo, ellos dos tuvieron una pelea muy ruda, creo si no me equivoco: el mismo día que Mikasa nos invitó a todos a conocerte, y esa vez, te puedes asegurar, fue la primera, la última y la más grande pelea que tuvieron.

—¿Por qué la ultima?

—Los meses siguientes a esa discusión, fueron sin duda, los más tortuosos, difíciles e imborrables en la vida de Mikasa.

Rivaille estaba confundido, pero al ver a Jean, notó que no era el único Aparentemente aquella historia era algo bien guardado por Sasha.

—¿Qué pasó?—se volvió a ella.

—Estuvo sufriendo muchos tipos de "maltratos laborales": condiciones incómodas e inexplicables. Nada que pudiera denunciar frente a la justicia, pero ahí estaba: todo el tiempo, todos los días. Y eso se volcó a sus estudios, porque empezó a estresarla: reprobaba cada cosa que rendía. Optó por alejarse de la universidad por un tiempo para relajarse al menos un poco y dedicarse a ti. Pero, eso fue un golpe duro a su reputación laborar, que aumentó las malas condiciones, y así todo se agrandó, y agrandó. Fueron meses realmente terribles… terribles. —ante la estupefacción de los dos, prosiguió rotunda:— Desde ese momento, anoté a Eren a la cabeza de mi lista negra de una vez y para siempre.

—¡…!

—¿Pero qué tuvo que ver con eso?

—…—miró al techo— Con el tiempo, me enteré de que el mejor amigo de Eren, era el jefe de la oficina donde Mikasa trabajaba. Y, o casualidad, cuando ella no aguantó más y volvió arrastrándose con él le pidió disculpas por la pelea, y un mejor compromiso como novia, y todas las condiciones a las que se atuvo después, el acoso laboral mejoro misteriosamente,—declaró sarcástica— y todo empezó a ir bien, bien, bien, bien, y cada vez mejor. Y todos vivieron felices y Mikasa se quedó atada con cadena perpetua a un tipo que no la quiere, que la usa, que la explota, la maltrata, la rebaja y la trata como a su puta, pero ¡ella muy feliz con eso!—alzó los brazos con una fingida sonrisa.

Jean no concebía lo que escuchaba.

—¡¿Pero y tú no le dijiste nada?!

—¡¿Crees que no?! ¡Entiéndelo Jean, y tú también Rivaille, a ver sin maduras un poco esa cabeza de una vez!—se paró del sillón en un arranque. —¡No hay peor sordo que el que no quiere escuchar! ¡Y es tal como acabas de explicar Jean! Hay personas que reciben castigos injustos pero no se percatan de ellos, simplemente los aceptan creyendo realmente que son culpables y merecedores de ellos. ¡Así es la vida! ¡Y así es Mikasa! ¡Y en su dura cabeza no entra otro razonamiento! ¡Desgraciadamente es así! ¡Y es una mierda, lo sé! ¡Porque también lo veo y sufro por ella! Pero no puedo hacer nada, ni legal, ni humanamente posible para ayudarla si ella no quiere. —calló de rodillas al suelo. —La gente de la que nos rodeamos nos vive imponiendo reglas, aunque no nos demos cuenta, y eso va formateando de a poco nuestra conciencia. Las buenas y malas compañías de Mikasa no es algo que yo pueda controlar. Novios, amigos, colegas, buenos y malos: es cosa suya. —sus ojos empezaron a humedecerse.

De inmediato Jean se arrodilló a la par y la abrazó muy fuerte como lo necesitaba, dejando a Rivaille el espacio necesario para pensar.

Paso un rato mirando la tele encendida, pero mirando a la nada al mismo tiempo.

Cuando Sasha aminoró sus resoplos, el chico ya se había bajado del sillón y retirado a su cuarto.


Entendido. Correcto: es posible que su mente de niño no llegara a captar ciertas cosas, pero no era estúpido.

Por alguna razón, todo lo que había escuchado hacia minutos, y lo que había visto en el diario de dibujos de Mikasa años atrás, no eran hechos independientes entre sí.

Ahora, más que enojado, se sentía extrañamente aliviado: entendía por fin el por qué de Mikasa, de esa mujer tan hermosa, fuerte e inalcanzable por fuera, pero tan destruida por dentro.

De alguna forma lo que escuchó ese día, merecía tenerse en cuenta, para él y para todos, toda la vida: las buenas y las malas compañías, familiares, amistosas o amorosas, cualquiera sea el caso, pueden dejarnos severas, profundas y agudas marcas difíciles o imposibles de borrar, en simples malos recuerdos, o hasta en nuestra misma forma de ser.

Cuando se acostó mirando al techo, pensó.

Ahora después de tanto tiempo, podía estar un poco más cerca de ella, indirectamente, pero cerca al final. Un escalón más, hacia las aterradoras profundidades de Mikasa.


Creo que en otros fics como HRR menciono algo así: mi fuerte son los diálogos xD es que me imagino las escenas como si fueran anime (¿) entonces priorizo lo que dicen antes que lo que piensan, ojalá pueda pulirlo.

Un detalle respecto de la primera escena: el director no le dijo textualmente a Mikasa todo lo que oímos de Rivaille, o sea, un director no va a estar contándole a una madre en una reunión todos los chismes, puterio y rumores; como Mikasa pidió saber, se lo contó, pero no le contó ESO que dijo Rivaille palabra por palabra (no da ^^').

*Boludolandia xDDDD no se de que país sean, pero necesitaba un lindo apodo y se me ocurrió ese a la pasada. Acá usamos "boludo", como en chile usan "weon", en mexico "wey", u otro apodos más jajjaja! Algunos hasta usan boludo en lugar de coma xD (hasta cierto punto cansa escucharlo ^^')

*Ipso facto: significa algo así como "inmediatamente".

En fin, fue más largo de lo habitual, lo sé, y fue algo difícil escribirlo. Por eso me tomaré más tiempo elaborando el siguiente, para que guste a todos cada vez más \o/

(Tengo un trauma con los bracitos \o/) xDDD

Ojalá lo hayan disfrutado (que no creo mucho porque fue algo rudo y careció de… emm… cariño?)

Si bien no hago citas esta vez, estoy haciendo alusión en el cap de hoy a un libro ya bastante antiguo, "Las mujeres que aman demasiado", que habla de una serie de historias de mujeres… maltratadas, de muchas formas. Sé que el fanfic no es para volcar cosas tan profundas, y habitualmente solo lo vemos como algo para entretenernos, buscar lemon, y volar la imaginación con el OTP favorito, pero me pareció que no estaba demás poner el tema "en debate".

Déjenme una riview con sus comentarios y emociones al leerlo. Ojalá pueda llegar a darlo a conocer a suficiente gente, fans del RivaMikas y otros también, porque vuelco en esta trama no solo el amor a la pareja, sino, particularmente ésta vez, muchos otros sentimientos que creo que la gente debería ponerse a pensar y razonar a veces.

Oh, y no sé si vale ahora pero no olviden la pregunta random xD por si gustan comentar. Son solo cositas que me pica la curiosidad saber.

Los quiero muchísimo y gracias de nuevo por leer.

YUI~