—Te digo yo que tiene pluma.

—¡Mamá! —Momoi mandó callar a su madre posando el dedo índice en los labios. Se asomó discretamente a la puerta de su habitación para asegurarse de que Kise seguía enfrascado en probar que esmalte de uñas iba mejor con su nueva blusa de cuello alto: el color burdeo o el granate. —Ya no se cómo decirte que no es gay para que lo entiendas.

Su madre rodó los ojos. Momoi intentó quitarle la bandeja que traía en las manos, pero su progenitora se resistió.

—Yo tengo un sexto sentido para esas cosas, nunca me equivoco. —encorvó un poco la espalda, incitando a su hija a acercarse para rebelarle El Secreto. — Los homosexuales emiten una especie de señal que yo recojo.

—Pues tendrás el receptor escacharrado mami, ¡Ki-chan es el chico más hetero que conozco! —Mentira, pero aún así lo susurró gritando firmemente.

—¿Tiene novia?

—Pues…que yo sepa ahora mismo no…pero eso no tiene nada que ver. —se apresuró a añadir, intuyendo las intenciones de su madre.

La mujer de mayor edad alzó una ceja, incrédula.

—Con esa cara, ese cuerpo y ese culo también iba a estar soltero, las chicas se lo tienen que rifar como la lotería de navidad. Si no tiene novia es porque no quiere. ¿Y es modelo, no? Eso es sinónimo de dinero. —suspiró resignadamente de una manera un tanto teatral.— Que desperdicio, hubiera sido el candidato perfecto para ti.

—¡Que no es gay! —bufó, cansada de que su madre insistiera en alargar la conversación mucho más de lo necesario.—¡Y la llave de mi corazón solo la tiene Tetsu-kun!

—Pues hija, te vas a quedar para vestir santos. No te digo que el chiquillo no sea mono, pero le falta una buena ración de sangre en las venas.

Momoi fulminó a su madre con la mirada, ofendida. ¿Cómo podía soltar tal blasfemia y quedarse tan tranquila?

—Sí yo tuviera veinte años menos…aish, ni te imaginas la de cosas que le haría…

—¡MAMÁ! ¡Se acabó, largo! —con las mejillas encendidas le arrancó la bandeja de las manos de un tirón y los pastelitos y el par de vasos que sostenía no se cayeron de milagro. —¡No pienso seguir escuchándote!

—¿Momocchi, pasa algo? —atraído por el alboroto Ryouta salió al pasillo, sonriendo al notar la presencia de la madre. —Buenas tardes señora. —con una florida reverencia se apoderó de la mano de la mujer para besarla con la misma gracia de un auténtico caballero victoriano. Alguien se ha pasado el fin de semana viendo telenovelas antiguas.

—Ya podrías enseñarle algo de modales a mi marido. —Soltó una carcajada, arremangando el delantal como si fuera un vestido de gala y correspondiendo a la reverencia.

La imagen fugaz de su madre y Ki-chan haciendo cosas sucias en la habitación del torreón de Rapunzel con el dragón Midorin de fondo tocando el piano le dio ganas de arrancarse los ojos con un hierro ardiendo.

-¡Ki-chan, vamos a tomarnos la merienda en la habitación! ¡AHORA! —manteniendo la bandeja en equilibrio y bien pegadita a su cintura con una mano, asió al modelo de la muñeca y lo arrastró hacia su habitación.

—¡Oh, sí! ¡Aún tenemos que decidir que falda conjuga mejor con la monada de blusa que te has comprado!

La madre de Momoi esperó hasta que su hija cerrara la puerta con un sonoro portazo para negar con la cabeza.

—Más pluma que un pavo real.


Satsuki no entendía porque su madre se empeñaba con semejante esmero en convertir a Ki-chan en un residente Vip de la otra acera. Vale que quedaran para pintarse las uñas, combinar complementos, leer revistas de moda, atreverse con peinados innovadores y realizar intensos debates para decidir que famoso estaba más cachas o tenía la mejor tableta. Lo normal.

Ki-chan era el único chico que conocía que sabía distinguir el rojo del burdeo (o saber que esto último no era el nombre de un pescado, para empezar). Sí tener buen gusto es un crimen, que lo encerraran. ¡Ki-chan sería el preso mejor vestido de la cárcel!

Pero mientras observaba a Kise ayudándola a elegir que sujetador le resaltaba mejor el pecho, no pudo evitar que una vocecita en lo más profundo de su consciencia –un vocecita cruel y malvada- le susurrara que un poco gay sí que parecía. Recordar en ese instante el comentario que, años atrás, una amiga de la secundaria le musitó al oído entre risas tampoco ayudo: Cuando van todos los titulares del equipo en grupo, parece un desfile del Día del Orgullo Gay con tantos colores.

Tonto Dai-chan, pasar tanto tiempo a su lado comenzaba a ser una mala influencia.


—Te repito que no es mi novio.

—¿Entonces qué es? ¿Un amigo con derecho a roce? Menudo juguetito has ido a buscarte para no aburrirte. —le pinchó el hombro con el dedo luciendo una sonrisa socarrona.

—Sólo es un amigo, Mayaka. Ni más ni menos –su amiga le lanzó la misma mirada que un policía le dirigió a Haizaki cuando aún estaban en Teiko, y el chico afirmaba no tener nada que ver con el grafiti del ayuntamiento cuando tenía el pelo y la cara moteadas de manchas naranjas y verde limón.

Momoi sacó una piruleta del bolsillo y comenzó a desenvolver el papel de lunaritos que recubría el caramelo tranquilamente.

—A mi no me engañas, Sat-chan. ¡Jo, mira que eres egoísta! ¡Los quieres a todos para ti! —la zarandeó del brazo al compás de sus sollozos de cocodrilo y sobreactuados. Satsuki le coló el caramelo limpiamente en la boca, consiguiendo que guardara silencio porque la pobre chica estaba muy ocupada intentando no ahogarse en el acto y dejar un cadáver joven y bonito.

—El hombre de mi vida es mi Tetsu-kun, ya lo sabes.

Mayaka, recuperada del shock causado por el intento de homicidio dirigido hacia su persona por parte de su supuesta mejor amiga, dejó de lamer la piruleta más feliz que Daiki con su revista porno favorita para dirigirle una mirada plana.

—Sí, ya me imagino el resto de vuestra vida en pareja. Es fácil, teniendo en cuenta que las expresiones faciales de Kuroko-kun se reducen a dos: neutra y neutra II. Se diferencian en que la segunda es con la cabeza ladeada.

Satsuki, inmune al comentario mordaz de Mayaka, se mordió el labio inferior al imaginarse a Tetsuya con Nigou, su perrito, en brazos y los dos ladeando la cabecita al mismo tiempo. Le costó un esfuerzo semejante a estar en la zona poder contener una hemorragia nasal por tanta lindura junta.

—Ryou-chan está como un queso y es mil veces más divertido. Encima trabaja y tiene su propia fuente de ingreso —soltó un suspiro soñador, pestañeando exageradamente. —Es perfecto.

—Eso de que es amarillo como un queso no lo voy a negar. —Mayaka le enseñó la lengua, volviendo a lamer su piruleta enfurruñada. La pobre no entendía la magnificencia silenciosa que desprendía Tetsu-kun con cada paso. Únicamente los intelectuales más exquisitos podían descifrar y encontrar entrañables los mil sentimientos y palabras que trasmitía camuflados en esa mirada en blanco. Y que nadie se atreva a decir lo contrario, que Satsuki podía llegar a ser muy vengativa (también le había sentado un pelín mal compartir el mismo oxígeno que Shogo y Akashi, queda visto).

—Pues yo me lo tiraba. —Concluyó Mayaka.

Satsuki le pegó un manotazo que tiró la piruleta al suelo. ¿Por qué estaba rodeada de unos pervertidos que parecían no tener abuela?

Tonto Dai-chan.


—Pues yo creo que le gustas.

—¿Otra vez con la misma conversación de ayer? Maya-chan, pareces un disco rayado. —o peor, estás comenzando a parecerte a mi madre. No lo dijo en voz alta, que luego su madre se entera y se enfada. Más de una vez se ha planteado seriamente si su queridísima madre tiene una serie de espías desperdigados por la ciudad o un oído súper sónico, porque enterarse de todos los cotilleos del barrio sin salir de casa no era normal.

—Piénsalo, pasáis mucho tiempo juntos y siempre parece feliz de verte.

Ya, pero es que para contentar a Ki-chan basta con enseñarle una revista donde salga su foto en portada.

—Y no es la primera vez que recibes una amenaza de alguna fan. —añadió, señalando la papelera donde segundos antes había tirada una carta muy poco amigable dónde dejaban de forma bastante explícita que alejara sus manos de arpía del inocente Ryou-chan si no quería sufrir las consecuencias. Que mona la chica anónima que dibujaba los puntitos de las i en forma de corazoncitos. Si no tuviera una vena psicótica tan claramente pronunciada, le hubiera gustado conocerla y llegar a ser amigas inquebrantables. Satsuki también estaba dispuesta a dejar calva a cualquier perra que decidiera acercarse a su Tetsu-kun, pero ella lo hacía desde el cariño.

—Bah, no me importa, es simple palabrería. No voy a dejar de ser amiga de Ki-chan por esa niñería.

—Lo ves, a ti también te gusta. No lo niegues.

Que pesados todos. Ki-chan no era ni su novio ni su amigo gay, sólo un fanático de baloncesto, antiguo colega de equipo y una fiel compañera de compras…¡compañero! Compañero de compras. Sí, eso.

No Romance. No Love. No Nada.

Pero…¿Y si Mayaka tenía razón y resulta que a Ki-chan si le gustaba ella un poquito? ¿Qué haría entonces?

¡Que horror, no podía permitir que Ki-chan se enamorara de ella! ¡Le partiría el corazón al rechazarlo ya que su único y gran amor es Tetsu-kun!

El pobrecillo quedaría destrozado, dejaría el modelaje, se metería a las drogas con Haizaki, robaría a una ancianita que lo dejaría K.O con el bolso y tendrían que llevarlo al hospital de la cárcel para que le remodelaran la cara destrozada por el garrotazo de ladrillazo de la anciana. Al concederle la condicional se quedaría sólo en la calle sin casa, sin familia, sin estudios, sin un hogar al que volver ni un destino al que dirigirse. Desesperado y lleno de odio, buscaría la casa donde vivirán ella y su marido Tetsu-kun con sus cuatrillizos y el perro y los amenazaría con un cuchillo. Tetsu-kun valientemente se interpondrá alzándose victorioso sobre Kise (en su fantasía Kuroko medía más que Mukkun) y le disuadiría para que no cometiera una soberana tontería que lo devolvería a la cárcel de cabeza, donde esta vez tendría que compartir cuarto con Dai-chan porque el muy tonto no pagó la multa por saltarse todos y más de los semáforos en rojo del país. Ki-chan, en un arrebato estúpido, acabaría suicidándose saltando por un puente.

¡Oh, Dios mío! ¿Qué había hecho? ¡Acaba de arruinar la vida de uno de sus mejores amigos!

¿Por qué los dioses tuvieron que bendecirla con semejante belleza? ¡Virgen María, líbrala del pecado de ir levantando pasiones y lujuria haya por donde el polvo queda tiznado de su embriagadora esencia! No es su culpa ser tan guapa.

Pobre Ki-chan.

Tonto Dai-chan.

—Ehhh…Satsuki…¿Por qué lloras?


Mientras se planteaba cual sería la forma más delicada de comentarle, cómo quien no quiera la cosa, su falta de interés en una relación más allá de la amistad a Ki-chan, se le ocurrió que si este hubiera nacido chica la mayoría de sus problemas jamás hubieran ocurrido.

(Igual la idea se le vino porque justo en ese momento estaba peinando a Ki-chan y cogiéndole una colita de lo más fashion en el lado, pero eso es irrelevante).

Sí Ryouta hubiera sido una chica (chicas de las que tienen tetas y vagina) podrían compartir secretos, hablar de chicos, bañarse juntas, hacer fiestas de pijamas y todo sería perfecto. Bueno, lo cierto es que ya hacía todo eso excepto el detallito de pegarse baños juntitos, pero no es lo mismo. En sus ensoñaciones, ella y Ryouko se habrían conocido de pequeñas y habrían sido las mejores amigas desde, por y para siempre. Habrían jugado a las princesas y los príncipes y no a esos juegos bestias de los que tanto disfrutaba Daiki y que siempre llevaban arañazos en las rodillas y barro como pack acoplado.

En un arrebató, olvidando por completo reconstruir el corazoncito del modelo antes de romperlo con sus calabazas, le pidió a Kise que le presentara a su familia.

No podía esperar a conocer a sus hermanas. ¡Sería fantástico, dos Kises féminas autenticas!


Fue un completo y desastroso fracaso.

Desde luego no tenía ni idea de dónde ni a quién había salido ese regalo del cielo que era Ryouta. Su madre y sus dos hermanas eran muy lindas, no te lo niego (aunque los rasgos más delicados y femeninos los había concentrado el único niño de la familia, tampoco vamos a mentir), pero más bastas que un caldo de habas. Una de ellas, la mayor, tenía novio y por casualidad también se encontraba la media naranja en la casa cuando fue de visita. Le bastaron quince minutos y le sobraron diez para comprobar que el tío de la relación era ella.

La otra hermana, la de en medio, era la personificación exacta de Aomine pero en tía (el par de melones los tenía) y se sentaba despatarrada en el sofá con las piernas abiertas. Cuando amablemente intentó entablar una conversación explicándole con detalle los problemas que tuvieron el otro día para decidir si debían elegir el pintauñas burdeo o granate, ella…ay, le dolía de solo recordarlo…ella le preguntó que qué diferencia había. ¡Y se atrevió a añadir que eran el mismo color! ¡Esa chica debía darle las gracias al cielo que la Inquisición Española no siguiera en vigor, porque estaba segura que cruzarían medio mundo y un océano para llegar hasta Japón y decapitarla; pocas cosas en el mundo eran mayor sacrilegio que la barbarie que soltó! ¡Seguro que escupías en la tumba de Cristo y tenía menos castigo!

Respira Satsuki, respira. Tranquilízate, ya pasó. Ahora estás a salvo…inspira…expira…eso es, bien.

Ah, bueno, y la madre de Ki-chan cada vez que abría la boca le recordaba a su padre. No podía decir dos oraciones enteras sin mencionar la palabra política. Una señora muy maja que hace un bizcocho de limón de cinco estrellas, eso sí.

El único que le pareció menos rarito fue el padre de Kise con su chaqueta rosa y su pañuelo de cachemir, que era el que…bueno, el que era más Ki-chan de toda la familia.

Ese famoso dicho tiene razón, la realidad supera a la ficción…la única pega es que la supera, pero en el mal sentido.


—¿Tu amigo es Trucha?

—¿Qué?

—Ya sabes, bujarra.

—Papá…no te entiendo.

—Maricón.

A Momoi se le fue la sopa por el lado equivocado y casi se atraganta. Tosió, dándose golpecitos con el puño en el pecho y los ojos llorosos.

—¡PAPÁ!

—Cariño, esa palabra está pasada de moda. Ahora se dice homosexul. —le apuntó con la cuchara, esgrimiéndola como si fuera una espada.

El hombre torció la boca, reflejando que le importaba tanto el nombre que la sociedad de turno quisiera darle a las cosas como que las cortinas no pegaran ni con cola con el color de la pared del salón. Cero.

—¿De dónde has sacado eso? —miró a su madre de forma acusadora. —¿Mamá?

—A mí no me mires. Por una vez no he sido yo la que se ha ido de la lengua. —levantó ambos brazos en postura de rendición, pidiendo clemencia a los misiles que lanzaba su hija de las córneas.

—¿Entonces?

—El otro día lo vi por casualidad comprando contigo. Parecía…muy cómodo con el tema. Y se camuflaba muy bien entre las chicas y los maniquís.

La señora Momoi asintió con aires de suficiencia.

—¿Te lo dijo o no, cariño?

Satsuki se quedó a cuadros. ¿Era una especie de complot de su familia contra ella y Ki-chan?

¡Que Ryouta no era gay, mecachís! ¿Lo sabría ella mejor que nadie? ¡lo conocía desde la secundaria y han compartido tardes de entrenamientos y circuitos de Centros Comerciales enteritos!

¡Eran uña y carne! ¡Luz y sombra! ¡Los Dai-chan (recientemente sustituido por Kagami-kun) y Tetsu-kun fuera de la cancha!

Además, no se fiaba ni un pelo del Radar Gay de su madre. Cuando Dai-chan entró en la pubertad, su madre le comentó que irradiaba cierto "Aura Homosexual". Vete tú a saber qué quiso decir con eso o qué puñetas significa, pero una cosa está clara: Daiki es el tío más tío y con más testosterona y salido y cochino y pervertido y descerebrado y violento y vago y muuuuchos muchos y más (todas ellas indispensables características de un hombre de verdad, incluyendo ser un completo inútil fuera del ámbito del basket) que ha conocido o haya tenido constancia alguna. Y su padre no era capaz de diferenciar a Satsuki de Daiki o a su madre del perro (que no tienen) sin su café de la mañana y de la tarde (normalmente más cargado que el primero).

Daiki era rarito como él solo (el otro día, sin ir más lejos, encontró por casualidad una buena pila de revistas en las que salía Kise en portada escondidas debajo de la cama. A todas ellas le faltaba la cabeza de Ryouta. Que M.I.E.D.I.T.O. Consideró más prudente no preguntar). Pero no gay.

No son más que las paranoias de una pre-menopáusica aburrida.


Toda la concepción negativa que Momoi tenía de su madre cambió radicalmente en menos de diez segundos, y construyó un palacio mental en su cabeza (de tal dimensiones que el de los Romanov parecería una chabola a su lado) en su honor, con una placa bañada en oro y plata y su nombre bordado en piedras preciosas y caligrafía angulosa complicada de leer: Ms. MOMOI.

Y es que bastó pillar infraganti a Dai-chan empotrando a Ki-chan contra el muro y comerle la boca como una bestia salvaje (no estaba practicando ningún tipo de RCP, que se fijo muy bien en que le metió la lengua hasta la garganta) para empezar a tener en muy alta estima la fiabilidad del Radar Gay de su madre.

Se quedó a mirar un ratito, pero la cosa no pasó de besuqueos y caricias subidas de tono (¡ojo! Que no estaba espiando…solo tuvo la suerte –o desgracia- de presenciar un documental en directo sobre la Reproducción de la Fauna de la Zona. Es como uno de esos programas traumatizantes de los que no puedes apartar la vista de lo malos que son).

Dai-chan y Ki-chan son como los huevo kínder, debajo de una fina capa de chocolate siempre se encuentra una sorpresa que hace sentirte como una mierda.

Eso sí, en esos nueve y tres centésimas de segundo iniciales, el mundo de Satsuki cobró sentido. Cada pieza del puzle ya está en su lugar correspondiente. El reloj del universo puede seguir tranquilo su curso.

Aunque, en su humilde opinión, esa relación era un tanto dañina, más para uno que para otro. Hay amores que matan.

No como su romance con Tetsu-kun. Y sí, están saliendo, lo que pasa es que Tetsu-kun aún no lo sabe. Es cuestión de tiempo que él también se entere.


—Momoi-san, ¿Qué es eso tan urgente que no puedes esperar para enseñarme? —un poco irritado, Kuroko sopló hacia arriba para desbaratar la espuma que se le estaba metiendo en el ojo y que escocía como mil demonios. Por lo menos la chica podría haber tenido la sutiliza de dejar que terminara de ducharse (o aclararse el pelo, como mínimo) antes de entrar en su casa como un tornado y sacarlo de la ducha a base de empujones. Menos mal que al menos había tenido el detallazo de dejarle ponerse unos pantalones y una blusa.

—Cuándo lleguemos a mi casa lo sabrás. —Dicho y hecho. Apretando la marcha al paso de Caminata Olímpica llegaron en un parpadeó a la residencia de los Momoi.

Satsuki irrumpió en la casa sin llamar a la puerta o dar las buenas tardes.

—Mamá, míralo. ¿Cuál es el veredicto?


Bueno...ya sé que actualice prácticamente hace dos días, pero esta mañana en el insti me han dado una laaarga charla (cerca de 4 horas) para orientarnos un poco en nuestro futuro profesional y del ejército. Y como yo estoy MUY perdida en la vida y la charla no era para presionar pero quedan menos de dos meses para terminar el curso y más vale que elijáis bien vuestro futuro, la carrera que queréis estudiar y blablabla y será mejor que no la jodais por que os jugais MUCHO. Mi cerebro se declaró en huelga el día de hoy y me he tirado toda la tarde escribiendo sin hacer nada productivo. Jajaja. Qué triste...

Bueno, dejando de lado esta autocompasión que no tenéis por qué soportar, cumpliendo mi promesa este capi es de Momocchi, una de las sugerencias que amablemente dejó alesshka,¡espero que sea de tu agrado ^.^!

Ojalá os gustes y disfrutéis tanto como yo escribiéndolo!

Y ya sabéis, cualquier sugerencia, comentario, denuncia policiaca, orden de alejamiento, pedida de matrimonio y/o divorcio, ¡no dudéis en trasmitirmila! si quereís, claro ;)

Un abrazo!