Tokio Mew Mew no me pertenece.
Lo lamento, no pude actualizar por falta de tiempo. De hecho creo que cada vez tengo menos tiempo así que es probable que ya no actualice dos veces por semana sino una ves por semana. Lo bueno es que para recompensarlo los capítulos son el doble de largos así que prácticamente cuentan por dos capítulos Salió casi la misma. Bueno espero que les agrade este capitulo.
Un solo detalle
Capitulo 6
Los árboles se mecían suavemente de un lado a otro, todos al mismo ritmo, como si siguiesen alguna dulce canción olvidada, como si el viento cantase una tierna canción de cuna, que solo era audible para ellos. Algunos azahares inundaban aquel paisaje con su dulce aroma, algunas flores contribuían con aquel perfume. Todo iba al compás con el aire, todo poseía aquella paz que solo se encuentra en los lugares más remotos de la tierra.
Una débil sombra recorría aquellos caminos, absorta completamente, sumida en su temor, en su absurda tristeza que ni ella misma lograba comprender. Sus pies le dolían de tanto correr, sus pulmones le exigían un poco de aire y su corazón latía como cual tambor rogándole que parara, rogándole que dejase de llorar.
Aquellos negros cabellos se mecían con el aire atrapando una que otra florecilla suspendida en el viento. Y esos verdes ojos ya no observaban por donde andaba atrapada en su mente se hallaba y aunque desease ver, las lagrimas se lo impedían. De pronto una piedrecilla en su camino le hizo tropezar. Callo de rodillas y ahí se mantuvo regando con sus lagrimas aquel suelo inerte que pisaba.
Fue entonces cuando una mano amiga se extendió hacia ella. Observo aquella alargada y blanca mano que le ofrecía ayuda, una ayuda que no había pedido. Negligente se levanto de aquel suelo sin siguiera voltear a ver al dueño de dicha mano, se levanto sin ayuda y en el acto dejo de derramar lagrimas.
Dicho joven no se inmuto ante aquel gesto arrogante, simplemente se contento con ofrecerle su pañuelo para que secase sus lagrimas.
Sin embargo, Jennifer, le volteo a ver al rostro esta vez y al contemplar aquellos ojos miel aparto la mirada y desdeñosamente saco su pañuelo, rechazando una vez más cualquier tipo de ayuda.
-Jennifer, mi hermana y la estudiante de intercambio han estado preocupadas por ti ¿que hiciste? – Menciono el joven con melodiosa y suave voz mientras guardaba su pañuelo.
- No les importa- Contesto tajantemente la joven mientras terminaba de sacudir el polvo de su uniforme.
-Tienes razón no debería de importarnos, mas sin embargo a mi si me importa ¿quieres platicar?
-¿Como me encontraste?
-Fue fácil. Ven, Carl nos espera en el auto.
-Entonces vienes en auto y con chofer.
-Si, ¿no piensas venir?
-No, prefiero caminar
-Entonces le llamare a Carl para que lleve el auto a la casa- Él tomo su celular y marco un par de números, mientras que Jennifer se quedaba admirando cada una de las facciones de él, su abundante mata de cabellos castaños cobrizos, sus ojos ámbar que relucían con el sol, esa piel blanca, y esa nariz perfecta, esa ropa completamente limpia y bien cuidada que denotaba su limpieza y orden, esa figura esbelta y alta, esa sonrisa. De pronto desvió la mirada al darse cuenta que él ya había terminado la llamada y que ahora era él, el que la contemplaba.
-Daniel, ¿por que has venido hasta aquí?
-Porque pensé que tal ves necesitabas ayuda.
-Gracias, pero no era necesario yo puedo cuidarme sola. Lo sabes.
-Regresemos a casa ¿quieres? Es un camino largo desde aquí- opino haciendo caso omiso a la actitud de Jennifer, había pasado casi toda su vida a su lado por lo que ya estaba acostumbrado a sus necedades y desdenes.
-Si. ¿Puedo preguntar algo?
-¿Que es?
-¿Prometes no burlarte o reírte?
-¿Alguna vez lo e echo?
-Bien… Veras en ocasiones hay ciertas imágenes que acosan mi mente. Rostros desconocidos, Caras sin rostro, Imágenes que desaparecen en la oscuridad…
-Pesadillas…
-¿Disculpa?
- Lo que tu tienes posen el nombre de pesadillas, esta bien tenerlas, ¿as intentado tomar leche tibia antes de dormir?
-No soy una bebé- Reclamo con voz potente mientras sus mejillas enrojecían.- Aparte no soy tonta, conozco las pesadillas. Estas son distintas. Cuando duermo tengo pesadillas, eso es lo normal, lo anormal es que aparezcan esas imágenes cuando estoy despierta.
-Bueno… eso cambia un poco la situación, es cierto, nadie tiene pesadillas mientras esta despierta… Olvídalas.
-¿Perdona?
-Si olvídalas, no les prestes atención ignóralas. Eres capas de ello ¿no?
-No tengo idea. – Un sonido seguido de una vibración llamo la atención de ambos.
-No tenia idea que tuvieses dos celulares
-Yo tampoco. Es decir si, desde hace tiempo, es que es necesario para mi trabajo
-¿Trabajo? ¿Sabes trabajar?
-Si, La señora Lansing me ofreció un buen puesto en su negocio.
-Oh ya… ¿de que? ¿De pepenador como su hijo?
-Tengo entendido de que entre Reymond y tu hay muchas diferencias, pero ese no es motivo para que hables así de el. Y no, no es de pepenador, es mucho peor, ahora si me permites me llaman del trabajo.
-Hablas como un adulto. – Gruño Jennifer, pero al ver que esté no se inmutaba, su molestia aumento. -Si adelante contesta. - dijo muy molesta sin dejar de poner atención a la conversación de su primo la cual para su gusto era un tanto extraña e incomprensible, todo lo que oyó fue una dirección mencionada por la persona detrás del teléfono y repetida por Daniel seguido de una expresión nerviosa y un apresurado "enseguida llego" de parte de su primo fue todo lo que entendió.
-¿Que sucede en la avenida Sherman, Daniel?- pregunto la chica cuando esté colgó el celular.
- nada es solo un pedido a esa dirección.
-¿Repartidor? ¿Eres el repartidor del restaurante de la señora Lansing?
-De hecho es una cafetería… un civer café para ser más exactos
-¿Tú? ¿Daniel Goldschmidth trabajando en un civer café? ¿Y que?… ¿acaso los hacen usar trajecitos de meseras? – se burlo a carcajadas si miramiento alguno.
-Jennifer… Aha…. olvídalo.
-No le diré a nadie, ni siquiera a tu padre. Lo prometo.
-Entendido, te debo un almuerzo.
-Solo si es en tu trabajo
-Claro. A donde mas te llevaría, hacemos los mejores frapes y las crepas más exquisitas.
-Presumido.
-Tú no sabes ni siquiera prender la estufa. Nosotros hacemos arte.
-Tú entregas comida a domicilio.
-Tienes razón, Me voy, hay un pedido urgente. ¿Sabes como llegar a la casa?
-Si, Ya no tengo 11 años
-Esta bien me voy, te veo en la cena. Y por cierto no utilizo trajecito de mesera… ni mesero. Adiós Jenn.
-Hasta luego.
-Por cierto Jennifer- dijo parándose en seco mientras le miraba de una forma juguetona- la chica de intercambio a estado muy preocupada por ti y no a dejado de tocar la puerta de tu cuarto pensando que estabas en él, pobrecilla. Es tan torpe ¿cierto? – Menciono con un tono bromista y burlesco para luego despedirse con un gesto y salir corriendo en dirección a la cuidad.
-S, si lo es, a este ritmo ganare la apuesta. – Se menciono Jennifer para si, mientras se imaginaba a su pobre compañera de cuarto, ahí parada frente a la puerta del cuarto, tocando una y otra ves. Algo extraño en esos ojos se podía distinguir, algo tan diminuto pero al fin y al cabo ahí se hallaba. No se podía decir si era una sombra de alegría, o si era una pequeña y débil gota de ternura, pero algo, un sentimiento, estaba aflorando dentro de ella, un ligero destello de felicidad comenzaba a vivir dentro de esos verdes ojos.
Tokio
Japón estaba sumido en una total oscuridad, todos descansaban, todos excepto un par de jóvenes que aunque exhaustos aun seguían trabajando, todo parecía indicar que para aquel par la palabra descanso no estaba en su vocabulario. Todo Japón estaba sumido en un silencio y oscuridad indescriptible todo Japón excepto el ya olvidado café del parque de Tokio, el café Mew, que a pesar de que eran las dos de la madrugada aun había luz dentro del comercio.
-¿Ryo ya encontraste algo?- le pregunto la peli verde a su compañero
-No, aun no, aun sigo sin saber mucho sobre los puntos de la pantalla-contesto este mientras se tronaba todos los huesos del cuello y daba un largo sorbo a su café.
-Yo solo e encontrado que eso esta situado en más de 126 naciones
-¿Ya las contaste?
-Si pero no estoy segura durante la ultima hora los puntos han estado apareciendo y desapareciendo sin algún patrón o secuencia. ¿A que crees que se deba?
-Tal vez algo los este alterando. Puedes decirme con exactitud donde se encuentran la mayoría
-Si, están en todo el globo terráqueo hay como dos de ellos en Italia, en Inglaterra hay 1, en china hay 5, en Rusia 1 en México 4, en América del sur 6, en Canadá cero y en estados unidos 7 y en…
-En resumen ¿donde hay más? ¿En que continente?
-En América es donde mas hay. En África y Oceanía son los que tienen menos entre los dos tan solo suman 3
-Entiendo ¿cual es el punto más cercano?
-Están los 6 puntos de china, en Japón solo ay un punto pero debe de estar un poco lejos, o permite, hay un punto muy diminuto en Tokio,
-¿Crees que puedas acceder al satélite y decirme donde esta con exactitud?
-Si, ahora mismo estoy accediendo la clave… El punto mas cercano esta a menos de 20km de distancia
-Wow No pudimos haber pedido algo mejor que un extraño punto en nuestra misma ciudad y no muy lejos de aquí. Mañana mismo iremos a buscarlo a ese punto y a las demás chicas
-Si, pero… ¿no te parece que ya debemos descansar?
-¿Descansar? pero si todavía no obscurece
-Bromeas- Respondió Lettuce muy sorprendida de la distracción de su compañero- Son las dos treinta de la madrugada, si estoy aun aquí es solo porque les mentí a mis padres con que haría un trabajo con unas amigas y me quedaría a dormir en su casa, así que yo digo que es mucho trabajo por hoy, me voy a dormir voy a tomar el cuarto que esta en frente del tuyo ¿te parece?
-Si como gustes con que no te duermas sobre estas maquinas me conformo.
-Tienes razón, tu tampoco deberías de quedarte aquí a dormir sobre las maquinas, mañana tendremos mucho trabajo.
-Descuida aun queda un poco de café- Menciono Ryo mientras mostraba su tasa de café ya casi vacía.
-Ryo esa taza ya no tiene…- Lettuce se interrumpió a si misma, dio un gran suspiro y después de menear la cabeza cambio de tema- Esta bien solo no te desveles mucho, Ya quiero volver a ver a las chicas… Bien, que descanses. - menciono antes de darle un beso en la mejilla provocando que este se sonrojara levemente.
Lettuce y Ryo se habían vuelto grandes amigos después de pasar todo un año conviviendo diario en el café. Lettuce había aprendido a cocinar tan bien como Keiichiro y solía hablar mucho con Ryo, al grado que este había terminado por aprenderse todos los libros que Lettuce conocía. Lettuce cada vez que se le veía, se le veía con una gran sonrisa y la frente en alto. Y Ryo sin darse cuenta se iba acostumbrando cada ves mas a su presencia, lo normal era tenerla cerca, ya fuere contándole alguna historia interesante, compartiendo alguna nueva receta, o simplemente acompañándole en su silencio, pues ella siempre estaba ahí con una gran sonrisa para el.
Ryo se quedo observando por un buen rato la puerta por la que había salido Lettuce, se sonrió a si mismo y meneo la cabeza para luego continuar con su tarea.
California Estados Unidos de América
Recogió algunos mechones detrás de su oreja y con un gran suspiro giro la palanca de la puerta de su casa. La experiencia le indicaba que cometía un gran error, entrar a esa casa después de tal comportamiento, entrar después de haber paseado por el centro de la ciudad sin permiso o supervisión alguna, y para colmo haber corrido en medio de una aparición de los ya tan afamados A. M. A. P (Animal mutante altamente peligroso) también conocidos como predacitos o desechos de laboratorio. Entrar después de todo aquello era como buscar el suicidio.
Asomo la cabeza lentamente, busco con la mirada a algún ser viviente, mas no encontró a nadie en la sala, dio un gran suspiro de alivio, menos mal que nadie se encontraba aun en casa. Comenzó a subir las escaleras pero un sonoro golpe llamo su atención.
-Así que por fin a decidido regresar – Una femenina voz le sorprendió desde atrás causando que Jennifer voltease un tanto sorprendida- Señorita…
-¡Erin! Menos mal que eres tú. Por un segundo creí que eras…
-¿La señora Elena? ¿La señora Raquel? O tal ves ¿El amo Henry?
-Erin, no necesito sermones y menos tuyos. Los más grandes ya se encargaran de mí después de la cena… Bien me voy…
-Pobre chiquilla… Ojala el amo Henry se compadezca de esa ave desamparada. –Susurro aquella mujer mientras observaba como Jennifer subía los escalones.
Erin era la criada de la casa, era una chica de unos 23 años de edad, era muy esbelta, de piel bronceada, cabellos caoba y ojos azules, una joven muy guapa y de muy nobles y tiernos sentimientos. Ella era la encargada de mantener limpia aquella mansión y en ocasiones debía de hacer el papel de niñera de los más jóvenes, y aunque estos no le hiciesen caso, ella siempre se preocupaba por ellos e intentaba ayudarlos lo más posible. En resumen Erín era una pequeña llama de luz y calor en aquella obscura y fría casa.
Jennifer subió las escaleras lentamente, iba a la mitad de estas cuando un ligero chillido le hizo levantar el rostro y caminar un poco mas rápido, era Ichigo que se encontraba hincada frente a la puerta de su cuarto. Ichigo tenía la frente apoyada sobre la puerta, a la vez que golpeaba con su puño la puerta de una forma un tanto cómica.
Jennifer noto que los labios de Ichigo se movían débilmente y al ponerle un poco mas de atención alcanzo a oír un ligero y atropellado murmullo, era como si rezara alguna extraña plegaria mezclada con un montón de ruidos felinos.
Jennifer le observo con cuidado e intentando no reírse de ella, comenzó a hablarle con voz suave y amable.
- No creo que Jennifer te escuche, tal vez si tocas un poco más fuerte te abra.
-Gracias así lo haré – contesto Ichigo sin siquiera voltear a ver a su interlocutor
-De nada – Susurro Jennifer mientras seguía su camino por el pasillo directo a las otras escaleras. Esta vez Ichigo volteo, no daba crédito a lo que sus ojos veían, la chica a la que tanto le había estado rogando que le abriese estaba hay frente a ella.
-¡Jennifer eres tu!
-Claro que soy yo ¿A quien más esperabas?
-Yo… es decir…- grito la atontada Ichigo quien no sabía que decir mientras la abrazaba fuertemente y gritaba una y otra vez cosas en japonés- Que bueno que llegas… Estaba tan preocupada de que no regresaras jamás.
-No debías de preocuparte por mi tonta.
-No Jennifer es solo que yo no tengo la llave del cuarto… y… yo… a mi… ¡a mí me…me anda mucho del baño!
-Ichigo si quieres que esa puerta se abra te recomiendo que gires de la perrilla y empujes –comento Jennifer intentado zafarse de los brazos de la peli roja, que por el comentario casi tenia una gotita al mero estilo anime, Ichigo con su cara de incredulidad se acerco a la puerta para hacer lo que Jennifer le había dicho y comprobó que era cierto, la puerta no tenia el seguro puesto, Ichigo quería desaparecer, quería que la partiera un rayo, que el tren se la llevase y que luego este fuese tragado por la tierra. Pues se sentía molesta y avergonzada a la vez, por haber permanecido absolutamente toda la tarde hincada frente a esa puerta rogándole a la absoluta nada que le abriese y todo para que la puerta estuviese abierta.
Con la cara aun roja comenzó a gritar cosas en japonés y una vez que se tranquilizo, le confeso a Jennifer lo mucho que había estado preocupada por ella y lo mal que se sentía por haber huido de esa forma del callejón pero al voltear a ver a Jennifer se dio cuenta de algo… ella ya se había marchado desde hacia mucho rato.
Mientras tanto Jennifer seguía avanzando rumbo a la habitación de su abuela, ya había subido las segundas escaleras, ahora se encontraba en el segundo piso, aun no sabia que le iba a decir, poco a poco disminuyo la velocidad al darse cuenta que lo que pensaba preguntarle carecía de sentido
"Ho pero que rayos, ¿Que es lo que estoy haciendo? Esto es increíble. ¿Jennifer que piensas hacer? ¿Llegar de repente y decirle?: Hola abuela adivina qué, desobedecí tus ordenes fui al centro de la cuidad. Ah, y no solo eso, sino que cuando aparecieron los monstruos mutantes en vez de esconderme me puse a correr como loca, a y no solo eso sino que hay más. ¿A que no sabes por que corrí? Corrí por el simple echo que tuve una pesadilla despierta."
-Oh por dios Jennifer que tonterías dices: pesadillas despierta, e escuchado de los sueños despierta pero ¿pesadillas?… ¿Y si fuesen recuerdos?
-¿Pero recuerdos de donde?
-No, eso es imposible, sencillamente imposible. Jamás e visto esos rostros o esos lugares, ni siquiera tengo idea de que yo tenga que ver con ellos…
Jennifer siguió absorta en sus pensamientos mientras se colocaba justo detrás de la puerta del cuarto de su abuela el cual estaba parcial mente cerrado. No conseguía ordenar sus pensamientos, estaba apunto de tocar la puerta, mas sin embargo esta se abrió desde dentro. Una señora de aproximadamente 64 años de edad, de cabellos castaños y canosos por el tiempo y de ojos azules como el cielo, le observaba con una expresión de curiosidad y a la vez de amabilidad.
-¿Jennifer te encuentras bien? Te notas un poco… cansada.
-Oh lo siento Elena, te e interrumpido que torpeza de mi parte, bueno no importa ya me iba.-Jennifer intento sonreír, pero fue justamente esa sonrisa la que le descubrió.
-¿Jennifer sucede algo? Tú no eres así… Dime lo que te preocupa.
-Tienes razón algo no anda bien conmigo, esta tarde… creo que he recordado algo…
-¿Algo? ¿Qué cosa es?
-No tengo idea, pero esas imágenes han estado en mi cabeza y… ¿Como le haces para recordar algo que no puedes siquiera saber que es?
-Olvídalas –Ordeno con dureza, para luego, suavizándose un poco agregar -Jennifer en ocasiones hay cosas que es mejor no recordar jamás. ¿Entiendes?- Aquellas palabras frías y duras le hicieron sentir como si su abuela conociese a la perfección de que se trataba todo aquello, como si algo le ocultase, intento buscar aquellos ojos tan distintos a los suyos, pero Elena ya se había marchado.
Jennifer se dirigió hacia el lado contrario de las escaleras, camino sobre aquella alfombra roja totalmente absorta mientras buscaba algo en sus bolsillos. Por fin el pasillo se termino y ella quedo justo frente a una puerta de madera negra. Por fin encontró lo que buscaba en su bolsillo, una llave.
-¿Que hay detrás de esa puerta? – La chillona voz le sorprendió desde atrás e inmediatamente Jennifer echo la llave a su bolsillo.
-¿Qué hay detrás de esa puerta Jennifer? –Volvió a preguntar Ichigo ahora con más curiosidad.
-Nada importante.
-¿Si no es importante por que lo guardas bajo llave?
-Por que así lo e querido, no te metas donde no te llaman Ichigo.
Jennifer, no presto mucha atención a los gestos de Ichigo y simplemente se concreto a regresar a su cuarto. Ichigo le alcanzo al poco rato, pero al intentar reclamarle, Jennifer le cerró la puerta del cuarto en el rostro.
-¿Sucede algo Ichigo? –Pregunto Margaret quien iba pasando por el pasillo en ese momento.
-Si, Jennifer no quiere abrirme.
-Ichigo… veras, Era divertido verte llorar ahí hincada, pero esto ya se esta saliendo de control, Jennifer aun no llega a la casa y por lo tanto la puerta esta abierta.- Le explico Margaret mientras intentaba abrir la puerta- Creo que se atoro.
-Margaret, Jennifer ya llego y se encuentra ahí dentro, ella misma me cerro la puerta en la cara.
-Oh bueno… si ese es el caso… no hay nada que hacer.
-Pero…
-Jennifer no abrirá esa puerta hasta que ella quiera, suele ser muy caprichosa pero ni modo, te acostumbraras dentro de cinco años.
-Pero…
- Jennifer lleva encerrándose de esa forma desde que llego a esta casa
- ¿desde que llego a la casa?- Pregunto Ichigo un tanto confundida.
-si es que no siempre vivió aquí con nosotros, van a hacer 9 años que llego a esta casa, antes ella vivía con sus padres, pero después…
- ¡Margaret!- Exclamo Jennifer al tiempo que abría la puerta- ¿Que te parece sí de una vez nos arreglamos para la cena? No quiero llegar tarde… - Menciono con voz amable aunque un tanto seria y cortante, y tomando a Ichigo de la muñeca le hizo entrar al cuarto para luego cerrar la puerta tras de ellas.
-¿Jennifer?
- No me preguntes nada, ni sobre mí, ni sobre esta casa, mi familia, o cualquier otra cosa relacionada. ¿Entendido? – musito clara y fuertemente pero sin dejar de ser un susurro, para luego después de una larga pausa añadir con una sonrisa- Ichigo si ya as terminado de observarme puedes comenzar a arreglarte. Los vestidos están en el closet frente a tu cama. Puedes elegir el que mas te guste. Todos son para ti al fin y al cabo.
-¿Jennifer te encuentras bien?
-Si, si lo estoy ¿Por qué? ¿No debería de estarlo?
-Es solo que cambias de humor muy rápido y…
-Y eso no es normal en las personas. – Concreto Jennifer con una ligera sonrisa- La mayoría de las personas o están felices o están enojadas, o cantan o lloran. O aman u odian, pero nada al mismo tiempo ¿no es así? Bien, tal vez yo sea la excepción tal vez yo no sea como esas personas. Tal vez yo soy diferente…
- ¿Te molesto?
-… Si, si me molestas… Bueno no tanto como nuestros anteriores huéspedes, tendrás que esforzarte más si es que ese es tu objetivo. Pero por lo pronto cámbiate.
Ichigo observo en silencio a aquella joven caprichosa y sin más que decir, abrió el closet ya antes indicado y comenzó a buscar algún vestido. Lo que encontró le dejo maravillada. Aquel clóset poseía una gran colección de vestidos y ropa, toda muy hermosa y elegante. Comenzó a observar cada uno de los vestidos, había largos y cortos; de estraple, de tirantes, de manga larga; azules, morados, rosas, blancos, amarillos, verdes.
-¡Nya! Pero que vestidos… todos son muy hermosos. ¿Son tuyos? –Exclamo Ichigo maravillada.
-No, son de la servidumbre- Jennifer bromeo con su típico tono de sarcasmo.
-Waa la servidumbre debe de ser rica… Eso quiere decir que soy mucho mas pobre que la servidumbre.
- ¬¬ Ichigo… De verdad ¿Así eres o te haces?
- ¿Disculpa? Pues… Mi padre acostumbra a trabajar mucho, es decir no estamos en la calle pero tampoco somos ricos y…
- Nada, olvídalo, -Menciono Jennifer y después de un largo suspiro continuo- Esos vestidos son míos, unos cuantos eran de Margaret y otros mas son vestidos que Brianda jamás uso.
-¿Quien es Brianda?
-La hermana gemela de Margaret
- Deja de usar sarcasmo con migo- Reclamo muy enfadada Ichigo.
-Ichigo… esta vez no use el sarcasmo, Brianda es la hermana gemela de Margaret
- No te creo… Sí es así ¿Donde esta ella ahora?
-En Japón
-¿En jamón?
-Japón, tarada aprende a escuchar, ella esta en Tokio, se fue como estudiante de intercambio y ahora vive en tu casa.
-¿En mi casa?
-¿Estas sorda?
-¿Que cosa?
-Nada, si lo estas.
-"0.o¿ de que hablara esta loca?"-Se dijo Ichigo para si totalmente desconcertad, para luego continuar sus pensamientos en voz alta- Entonces ella esta viviendo en mi casa y de seguro ya conoce a mis amigos y amigas. Me pregunto si ya conoce a Mark, ¡Kya ojala que no! sino… y que tal que se enamoran y luego se comprometen se casan y tienen hijitos. nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo- toma aire- oooooooooooooooooooooooo…
-Ichigo mi prima es muy chica para tener hijitos y muy grande como para andar con un mocoso de tercero de secundaria.
-¿Como es que sabe lo que estoy pensando? ¿Será acaso una clarividente? ¿Será acaso eso?
-De hecho las clarividentes no hacen ese tipo de cosas y no, no soy clarividente
-Será mejor que me cuide sospecho que es una clarividente o algo así por el estilo es la segunda vez que lee mi mente, es mejor alejarme despistadamente de ella.
-Emm.. Ichigo no soy clarividente¡¡
-¿Como le haces para saber lo que pienso?- Grito totalmente desesperada Ichigo al darse cuanta de que no tenia privacidad mental.
-Fácil, simplemente te oigo hablar, que tarada hablas lo que piensas.
-Oye yo no pienso lo que hablo
-Ya me di cuenta de eso
-No, espera, es decir yo… no pienso lo que hablo… no pienso lo que…
-Yo no hablo lo que pienso
-No me presumas de tus cualidades, no es mi culpa ser así, y tú no eres más que una engreída así que no me digas, ni presumas que tú no halas lo que piensas.
-De echo, lo que estaba diciendo es que la forma correcta de decir lo que tu querías expresar era diciendo "yo no digo lo que pienso" o "yo no pienso en voz alta"
-Creo que no entendí
-Olvídalo y elige un vestido
- ¿Que vestido? ¿de que me hablas?
-Elige un vestido para ir a cenar dentro de una hora
-A si ¿y donde están los vestidos?
-Pues si miras a tu derecha encontraras un closet lleno de vestidos, pero si observas en tus manos, veras que estas sosteniendo 5 vestidos con la derecha, y 7 con la izquierda
-Corazón sentía los brazos mas pesados que de costumbre.
-Oye Jennifer cual vestido se ve mejor. El rosa con listón rosa fiusha, o el negro con rosa, o el de sirena de color rosa, o que opinas del rosa de corte imperial, o espera, también esta el rosa de escote, o ya se, este de color blanco con rosa.
-todos están geniales de no ser por que son de color rosa todos. ¿No hay uno que te guste pero que sea de un color que no sea ROSA?
- a si esta este- dijo mostrando uno muy bonito y ampón hasta el tobillo de color… ¿rosa claro?
-Ichigo ese es rosa claro
-¿Enserio? yo creí que era blanco
-Eso es, te pondré uno blanco- y gritando esto se puso a hurgar dentro del closet hasta que hallo uno con muchos encajes.
- em Jennifer ese si es rosa
-Si, tienes razón, yo que recuerde era blanco cuando lo compre, que raro- en otra parte de la casa: la ropa blanca se lava con "Asiel" y la de color con "negra nieves", la ropa blanca se lava con "Asiel" y la de color con "negra nieves", la ropa blanca se lava con "Asiel" y la de color con "negra… ¿que mas da? La ropa blanca se lava con "Asiel" ¿y la de color?... ¡También! Regresando a la escena del cuarto:
- ay no me decido todos están muy bonitos pero aun no puedo elegir alguno. Exclamo Ichigo ya desesperada.
Fue entonces cuando observo un vestido muy sencillo pero hermoso a la ves, era de color rosa – ¿en que otro color se podría fijar esa chica?- el vestido era de straple tipo corsé con partes negras y figuras como de enredaderas en color rosa fuerte.
Era un tanto ampón, y llegaba hasta las rodillas, era como de un material muy fino y parecido a la seda, ella lo tomo y al instante los ojos se le pusieron de corazones. Era oficial se había enamorado.
-Si tanto te gusta ya póntelo.
-Gracias. Después te lo devolveré.
-No hace falta te lo regalo.
-Muchas gracias.
-De nada. Ichigo te recomiendo que te des prisa.
-Si pero, ¿Tu no te vas a arreglar?
-Yo ya estoy lista - menciono Jennifer mientras se paraba y se alejaba de la sillita del tocador, mostrando un precioso vestido malva con corsé de terciopelo negro con listones de color verde oscuro. Su vestido le llegaba un poco mas debajo de la rodilla, era ancho y muy elegante.
Jennifer llevaba todo su cabello en un gran chongo y sobre el había un prendedor muy elegante una rosa color rojo fuego que lucia esplendida con el vestido. Jennifer definitivamente parecía otra persona, ya no se veía de esa manera salvaje y caprichosa que solía tener, ahora lucia como una refinada e importante dama, sin ningún mechón sobre su frente de veía menos impertinente y mas recatada y orgullosa.
-¿Que me veo mal?- Pregunto Jennifer al ver la expresión anonadada de su compañera.
-No, para nada. Te ves genial
-Gracias pero no puedo decir lo mismo de ti.
-¿¿que??…. Nya
-Tu pelo es un desastre deja que lo peine.
- Por supuesto- contesto muy animada. Jennifer le hizo una señal con la mano para que se sentara frente al tocador, e Ichigo acato la orden al instante.
Ya estaba terminando de peinarla cuando Ichigo por fin abrió la boca.
-Jennifer tu eres la niña de la foto ¿verdad?- pregunto mientras observaba una foto que estaba justo enfrente de ella. La foto era de una niña y un niño tomados de la mano y muy contentos, ambos estaban sentados en el borde de una fuente y el niño abrasaba fuertemente a la niña la cual con su mano disponible sostenía una flor casi totalmente desojada. Era una imagen tierna.
-si así es – Contesto con sonrisa melancólica y tierna.
-¿quien era él?
- ¿él? El es mi novio "y mi prometido"
- ¿tu novio? ¿Pero cuantos años tenían hay?
- Yo pienso que unos tres años mas o menos, y si, el es mi novio, o al menos eso fue.
-¿Cuándo me lo presentas? Se párese mucho a una personita que conozco. Dijo Ichigo recordando a su Aoyama
- Veras… es que, Él no esta aquí, cundo teníamos cinco años y medio, su padre se lo llevo a Inglaterra y nunca supe más de él. Pero él me prometió que seguíamos siendo novios y que regresaría en cuanto pudiera.
-¡¡que romántico!!
-¿te parece?
-si así es
Poco a poco se oyeron unos ligeros golpecitos en la puerta.
-si adelante –exclamaron las dos al unísono
-niñas ya todos se fueron al restaurante solo faltamos nosotras tres- comento la abuela de Jennifer desde la puerta – A por cierto mi nombre es Elena y soy la abuela de Jennifer, espero que mi nieta no te aya causado problemas –Menciono dirigiéndose a Ichigo, quien la miraba con cara de sorpresa. Ichigo, no entendía donde estaba el parecido entre aquellas dos personas.
-no descuide- Atino a decir Ichigo después de un rato, cuando Jennifer le había dado un ligero codazo para que reaccionara. – De echo me e sentido muy a gusto aquí. Muchas gracias por su hospitalidad.
-¡¿Hospitalidad?! Ha, no se con que le ayas sobornado Jennifer pero mas vale que dejes en paz a esta pobre chica. Hospitalidad, jamás había escuchado esa palabra dentro de esta casa. – Elena exclamo con gran admiración como si aquello fuese realmente gracioso, y riéndose de estas palabras, abandono el cuarto.
Ambas chicas se levantaron en silencio de sus lugares, pero cuando Ichigo estaba por salir del cuarto, Jennifer le detuvo de la muñeca.
-Ichigo, ten- Mencionó la pelinegra mientras le extendía la otra mano en forma de puño hacia abajo. Ichigo puso su mano y Jennifer dejo caer dicho objeto. – Es tuyo te lo regalo.
-No, Jennifer no puedo aceptarlo, es tuyo no mió, quédatelo. –Exclamo Ichigo en cuanto observo aquel objeto. Era la rosa que minutos antes había estado en el cabello de Jennifer. Ichigo observo con cuidado aquella bella joya, parecía delicada y fina. No deseaba poseer un objeto tan valioso. Le gustaba pero era algo incomodo.
-Quédatelo, no vale nada, es tan solo una baratija que conseguí en un carnaval- Mintió Jennifer al ver la cara de sorpresa de Ichigo- Enserio, deseo que tu lo tengas. A ti se te ve mejor que a mí.
-eso es mentira
-ya lo se, tu solo quédatelo se te ve bien. Cuídalo. –Ordeno Jennifer antes de salir de aquel cuarto y dejar a Ichigo sola con más palabras de excusas para no aceptar tan preciado regalo.
Mientras tanto a las afueras de aquella pequeña y olvidada ciudad, en los densos bosques de Oxnard un joven de cabellos verdes y mirada como el oro admiraba aquella cuidad con gran regocijo y con cierta pizca de malicia. Pronto la caja de Pandora seria abierta. Muy pronto reclamaría la sangre que un día se derramo sin misericordia alguna.
Porque por fin se encontraba en Koroshi. El lugar donde los humanos no tuvieron corazón alguno. El lugar donde las pesadillas se convirtieron en una realidad y los sueños murieron ahogados en aquella cruel masacre, suplicando a llanto abierto una sola gota de piedad.
¿Que destino les esperara a estos desdichados personajes?
Bueno pues espero que les haya agradado el capitulo n.n yo actualizo hasta…. El miércoles n.n
Mientras tanto…
Gracias por leer
No se olviden de los reviews, gracias.
