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NADA ES LO QUE PARECE
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*No hay accidentes... sólo hay un propósito que aún no hemos comprendido*
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Capítulo VII
Neutral
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Yumi, o mejor dicho Sakura, se sentó sobre el sofá nuevo de su habitación. ¿Qué se supone que tenía que hacer? ¿Su papá se molestaría si la viese así? Sakura sacudió la cabeza. ¿De verdad podría preguntarle? Técnicamente él era el único que podría saber la verdad. Pero si su padre conocía su verdadera identidad, ¿por qué se la había ocultado? Suspiró profundamente y se terminó tumbando completamente sobre el mueble y fijando la vista en el techo como si fuera la cosa más interesante del mundo. No había visto a su padre desde hacía ya dos días. Le parecía un poco sospechoso. Su padre hasta la semana anterior había venido a despertarla, pero esos últimos días no lo había hecho.
—Esto me está volviendo loca.
Aún no le cabía que ya no era Yumi Yamashita. Sus iniciales ya no serían YY. Ahora serían SH, de Sakura Haruno. Se sentía muy rara. Ino le había dicho que ese nombre se le había sido elegido porque había nacido en primavera y su madre había tenido una visión de ella con el cabello rosado. Además, sería fuerte pero a la vez una delicada vampiro; como debe de ser una generosi, una pura sangre. Había nacido con unos brillantes ojos de color verde, un color de ojos muy extraño para un vampiro. Al ser criaturas de la noche, era más razonable que tengan ojos oscuros.
Sin que se dé cuenta, sus ojos se empezaron a cerrar solos. Ya habían pasado un par minutos desde que el sol había salido.
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Kizashi cerró el pequeño portafolio que le habían entregado en la reunión. A veces odiaba que lo manden a Londres, pero era la única manera de alejarse de su ciudad natal para enterrar esos recuerdos. Esos recuerdos que tanto odiaba. Miró a su esposa de reojo, quien tenía la mirada ligeramente perdida en el reloj.
—Hasta ahora no entiendo por qué nuestra propia raza nos traicionaría…— susurró Mebuki para sí.
—Nunca podremos detener eso. Es más comprensible que algo como esto le pase a los humanos, pero eso no significa que nosotros no seremos influenciados por sus acciones.— le respondió su esposo.
—Creo que Akira Yamashita no debería de estar a cargo de esta investigación.— opinó uno de los hombres lobo líder en Inglaterra, interrumpiendo los pensamiento de los Haruno. —Ni siquiera pertenece a un clan nefilim lo suficientemente renombrado como para que confiemos en él.
—Entonces Sr. Arington, ¿a quién sugiere para que prosiga con la investigación?— preguntó un tanto interesado, el Interceptor. De alguna manera estaba de acuerdo con Arington. Yamashita le daba una mala espina. Últimamente había estado ausentándose mucho en las reuniones. Era demasiado sospechoso.
—Propongo a los Haruno. Sé que ellos son honestos. Lo he podido oler desde siempre.— respondió el hombre lobo. El resto de seres semi-demoníacos dirigieron su mirada hacia los Haruno. Tal vez no eran un clan fuerte como los Uchiha, pero eran el clan con las mejores habilidades curativas de todo el mundo.
—¿Alguien tiene alguna otra sugerencia?— dijo el Interceptor.
Las criaturas se miraron entre sí. Las hadas murmuraron algunas palabras en francés, mientras que los nefilim lo hacían en latín. Los hombres lobo se mantuvieron callados al igual que los vampiros. Los primeros no estaban muy de acuerdo con que sus nemesis prosiguieran con la investigación, pero los vampiros tenían acceso a una gran cantidad de fuentes e incluso más que los nefilim. El gran reloj de la sala indicó exactamente la media noche, resonando por todo el castillo. Las hadas reprimieron un bostezo.
—Entonces está decidido. Los Haruno estarán a cargo de la investigación de ahora en adelante.
Los asientos chirriaron cuando todos se pusieron de pie. Los Haruno no salieron hasta el final. Después de todo ese tiempo que se habían quedado en Inglaterra, finalmente ya era el momento para que regresen a casa. El tan solo pensar en eso les ponía la piel de gallina. El Interceptor les pidió que se quedaran un rato más para discutir acerca de los detalles de la investigación. La pareja asintió levemente y se volvieron a sentar.
—Es necesario que definan los detalles junto al Consejo.
—Hablaremos con Fugaku. Estoy seguro que ellos también han notado algo.— le aseguró Kizashi.
Mebuki asintió levemente y salieron de la sala. El portal estaría listo en un par de horas para que puedan regresar a casa. Extrañaba el cielo despejado por las noches y el olor de las galletas que preparaba Mikoto Uchiha. Aún le faltaba acomodar un par de prendas en su maleta pero técnicamente ya estaban listos para regresar. Pero ella no se sentía lista, al menos no emocionalmente. No se sentía lo suficientemente preparada como para volver al lugar en donde había perdido a su princesa, a su preciada hija. Había tratado de poner esos malos recuerdos a un lado durante un largo tiempo, pero la risa despreocupada y el cabello rosa de su hija la perseguían por todos lados. A veces sentía como si de verdad siguiera viva, al menos en sus recuerdos.
Kizashi, por otro lado, sentía mucha rabia. Tras años y años de búsqueda, nunca lograron dar con su hija. Sus compañeros, con mucho dolor en sus malogrados corazones, tuvieron que darla como desaparecida y más adelante muerta. Pero él sabía que no estaba desaparecida y mucho menos muerta. Desde que había sido concebida, había sentido su energía deslumbrante en el vientre de su madre. Y a pesar de todo lo que había sucedido, aún sentía una leve energía en un lugar remoto. No cabía duda que era la energía de su hija y que seguía viva. Solo hacía falta que la encuentren.
—El portal ya está listo. Nuestros hechiceros lo lograron hacer más rápido de lo planeado.— les anunció el Interceptor, sorprendiendo a la pareja. —Gracias por su tiempo. Espero que su estadía haya sido de su agrado. Nos veremos pronto en Hinomachi.
La pareja hizo una pequeña reverencia y guiados por el Interceptor, llegaron al portal que habían preparado los hechiceros en la sala contigua. El salón era igual de grande, con la misma cantidad de cuadros antiguos y candelabros de velas blancas. La luz de color rojo del portal oscilaba en el aire. Mayumi odiaba transportarse en portales, pero era la única manera de hacerlo. Los aviones y transportes públicos en general estaban tachados de la lista.
—El portal no durará mucho, por lo que tienen que irse ahora.— dijo uno de los hechiceros, en inglés.
Los Haruno se introdujeron en el portal y este se desvaneció tras ellos.
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Sakura se acomodó el cabello un poco. Le había pedido a Sasuke que ese día vaya a su casa; él llegaría en cualquier momento y ella seguía teniendo un aspecto deplorable. Aún no se sentía segura yendo así a clases... Al menos no con su nueva apariencia. Según lo que tenía entendido, Sasuke la tuvo que haber conocido de alguna u otra forma según los cálculos que hizo junto a Ino y Hinata. Se cambió la camiseta antigua de los Lakers y sus shorts de deporte que usaba actualmente como piyama; por unos jeans estilo escocés, una beanie roja y una camiseta cuello v de color blanco. Rebuscó entre su clóset, para buscar la peluca negra que había podido conseguir justo la noche anterior con la ayuda de Ino. Caminó hacia su baño y se tiró agua a la cara. Luego de secarse con una toalla, regresó a su habitación. Se sorprendió al ver a su novio sentado sobre su cama.
—Sasuke…— dijo con una pequeña sonrisa y caminando hacia donde él estaba sentado.
—¿Todo en orden?— le preguntó un tanto preocupado. Tal vez Sakura no lo llamaba todas las noches o le besaba con mucha confianza, pero aún así ella ahora formaba parte de su vida.
—Solo te quería preguntar algo…— él levantó la ceja para que ella prosiga hablando y haga la pregunta. —¿Tú conoces a alguien del clan Haruno?
Sakura fue testigo de cómo la mirada de Sasuke fue cambiando lentamente. De una mirada suave se pasó a una llena de rencor o hasta incluso de odio. El primer día de clases le habían advertido de nunca hacer enojar a Sasuke bajo ninguna circunstancia, pero jamás se imaginó verlo en una situación así. Casi juraba que tenía los ojos rojos de la rabia. Se asustó por la actitud tan cambiante de su propia pareja. Pensó que la golpearía o que la insultaría, pero ningún golpe o grito salió de los labios de Sasuke. Su mirada profunda perforó la suya.
—Están todos extintos. Solo quedan un par vivos que no estuvieron presentes en la masacre.— respondió escuetamente a su pregunta.
—Ellos fueron un clan curativo, ¿cierto?— no quería poner más incómoda la situación, pero tenía que saberlo. Tenía que asegurarse de que ella era una Haruno.
—Sí. Eran reconocidos por sus increíbles habilidades médicas y su actitud de combate, siempre serenos a la hora de las guerras con los hombres lobo. La mayoría poseían ojos claros y colores de cabello morado o rosa.
—Sasuke… ¿Podrías explicarme esto, si dices que en serio los Haruno se extinguieron hace como dos siglos atrás?
Sakura se quitó la peluca y se acercó el pequeño candelabro que estaba en su mesa de noche para que Sasuke la pueda mirar. Fue testigo del cambio radical en la expresión que Sasuke tenía en su rostro. Sus cejas se levantaron levemente y sus ojos aumentaron de tamaño cuando se fijaron en el cabello y ojos de su novia. No lo podía creer. ¿Cómo demonios? Todo este tiempo, ¿ella había sido una Haruno?
—Yumi, tú…
—Según Ino y Hinata, soy Sakura Haruno. Heredera legítima de mi clan. O al menos eso era hace un par de siglos.— le contestó, como si los números no fueran una gran cosa.
Sasuke aún no cabía en su respuesta. ¿Acaso era posible que ella fuese Sakura Haruno? Ahora todo tenía sentido. No había estado del todo demente cuando había sentido una presencia familiar aquel día en la biblioteca. Ahora tenía sentido el que aquel olor se le haga tan familiar al igual que sus facciones. Incluso hasta sus manías le parecían un deja-vú, como cuando ella cambiaba el enfoque de su mirada cuando se sentía avergonzada de algo. Lentamente, las expresiones de molestia y sorpresa cambiaron a una expresión de felicidad. No estaba sonriendo como un estúpido, pero Sakura podía sentir tras esa mirada y esos labios ligeramente curvados, que él estaba feliz.
—Cuando enviaron al grupo a buscarte; supe que aunque no te hubiesen encontrado, seguías con vida.— murmuró, mientras acercaba su mano a su rostro para tocar su mejilla, aún incrédulo.
—Tengo miedo, de no saber quien soy realmente.— confesó un poco avergonzada.
—No me importa tu nombre. Sakura o Yumi, o lo que sea. Solo sé que eres la chica con la cual quiero estar por el resto de la eternidad.
Ella asintió levemente, un poco más segura esta vez y recostó su cabeza sobre su hombro. Sus manos se entrelazaron sobre sus piernas, aún sin articular ninguna palabra. No creyeron que las palabras eran realmente necesarias en ese preciso momento. Se quedaron en silencio por un largo rato. Sakura por fin entendió por qué Sasuke se le había hecho tan familiar desde un comienzo. La energía que él emanaba era la misma que sentía en sus sueños.
—Estás de vuelta. — susurró Sasuke, aún incrédulo.
—Lo estoy.— le respondió afirmando su respuesta, besando su mejilla sin miedo.
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Deslizó sus brazos por las mangas camisa blanca aburridamente. Aún tenía unos diez minutos para dormir, pero por alguna razón no lo podía hacer. Cada día atardecía cada vez más rápido. El clima empezaba a cambiar. Se colocó el blazer mientras que caminaba hacia la puerta de su habitación y escuchó a su mamá decir desde el pasillo principal.
—Sasuke-chan, no te olvides de regresar temprano y con cuidado. Hay demonios muy fuertes que últimamente se han estado colando por el portal sin control y ni los ANBU han podido controlarlos.
Los ANBU eran una secta secreta de seres semi-demoníacos, encargados de cuidar a las distintas ciudades semi-demoníacas. Recibían un entrenamiento especial y utilizaban una máscara para ocultar su verdadera identidad. Siempre estaban vigilando a todos los ciudadanos desde las sombras y les encargaban las misiones más difíciles y hasta suicidas. La mayoría rumoreaba que les hacían pasar pruebas complicadísimas y que la mayoría moría en el intento. Algunas familias vampiras importantes negaban esos rumores para que sus hijos primogénitos no le teman a esos exámenes y sean unos reconocidos ANBU.
—Buenos días.— murmuró él aburridamente, cuando se sentó en la mesa de la cocina para desayunar.
—Buenos días Sasuke.— le respondió su padre, quien leía el periódico de la mañana. Le impactó el porcentaje de presencias demoníacas en la ciudad más que el descenso de la temperatura y las precipitaciones posibles del día.
Su madre le besó cariñosamente la frente luego de servirle su vaso lleno de sangre pura. Se la tomó rápidamente y Mikoto soltó una pequeña risa. Cada día tenía sed de más y más sangre. Era muy orgulloso como para aceptarlo, pero su mamá no era ninguna tonta. Se había percatado de un brillo muy particular en sus ojos, y eso solo significaba una cosa.
—Ya la elegiste, ¿verdad?— fue más una afirmación que una pregunta y las mejillas de su hijo se sonrojaron rápidamente.
—¿A qué te refieres?— le preguntó él a su progenitora, y esta vez incluso su padre soltó una pequeña risa ronca.
—A tu pareja.— respondió Mikoto mientras se servía un poco de sangre en su vaso y le daba un pequeño sorbo.
Sasuke dejó su vaso en el fregadero e inmediatamente apareció un sirviente de la mansión para lavarlo. Ignoró los comentarios posteriores de su madre y subió a su habitación para terminar de acomodar sus cosas. Agradecía que su padre ya le haya dado permiso para ir solo a clases. No soportaba la idea de limosinas y choferes elegantes. Se sentía ridículo.
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—¿Acaso es una chica nueva?
—Yo escuché que en realidad es Sakura Haruno. El supuesto padre de Yumi Yamashita le había ocultado la verdad durante todo este tiempo.
—¿Y por qué haría algo así?
—Ni idea.
Comentarios parecidos atormentaron a Sakura cuando dio el primer paso en las escaleras de la entrada principal de la Secundaria del Este. Pero aún así, trató de mostrarse ignorante acerca de lo que estaba pasando en esos momentos. Caminó tranquilamente por los pasillos, hasta llegar a su casillero. Sentía las miradas clavarse en su espalda, pero las ignoró olímpicamente. Colocó la clave de su candado y se topó con un montón de sobres y dulces.
—¿Qué es todo esto?
—Una pequeña muestra de lo mucho que te hemos extrañado Sakura.— respondió Ino, apareciendo de su lado en una nube de humo violeta.
Sakura empujó todos los sobres y dulces hasta el fondo de su casillero, y sacó los libros que necesitaba ese día. Sacó también un par de lápices que encontró por ahí y los tiró en su pequeña mochila gris. Ino y el resto de estudiantes estaban ahí en círculo, esperando una mayor reacción por parte de ella. Sus pies se movieron solos e Ino la siguió rápidamente, los tacones de sus zapatos resonando por el pasillo. Se sentía muy confundida y le dolía un poco la cabeza.
—Sakura, ¿estás bien?— le preguntó preocupada Hinata.
Ella agradecía que estén sentadas en la última fila de la clase. La voz chillona de Anko era insoportable y mucho más en ese momento. Sakura sacudió la cabeza honestamente. Antes de que diga algo, Ino colocó su mano en su frente. Un dolor mucho más fuerte atacó su cabeza. Cerró los ojos para tratar de disipar el dolor, pero este solo empeoró. Era un constante dolor punzante.
—¿Sakura está bien?
Ella logró identificar la voz de Sasuke aún con los latidos en su cabeza. Sintió una especie de escalofríos en todo su cuerpo. Pero el buen tipo de escalofríos. Como cuando escuchaba una de sus canciones favoritas y sentía una corriente de emoción recorrer sus venas. La voz de Sasuke era como de terciopelo.
—No, no me siento bien.
Con el pasar de los minutos, las punzadas de hacían cada vez más y más intensas. Podía ver pequeños centellas de luz en su cabeza. No entendía nada de lo que estaba sucediendo. Las luces se fueron disipando y juró ver una casa en el fondo. Era una casa bastante grande y estaba en medio de un prado gigante de flores. Cada vez, parecía acercarse a la casa. Escuchaba la risa de una niña. No pudo evitar pensar que la risa que tenía ella de pequeña. Pero, inesperadamente, la figura desapareció. Sakura abrió los ojos pestañando varias veces, aún sin comprender lo que había pasado.
—¿Sakura?— cuando levantó la mirada, finalmente pudo asegurar que era Sasuke quien le estaba hablando. Tenía una clara expresión de preocupación en su rostro y su mano estaba sujetando fuertemente la suya.
—Fue solo un dolor de cabeza. Ya estoy bien.— explicó con una pequeña sonrisa.
—¿Estás segura?— le preguntó Ino, mirándola con una ceja arqueada.
—Sí.— respondió segura.
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Ino terminó de cerrar bien el último sobre y suspiró profundamente. Había sido un trabajo realmente agotador, pero sabía que valdría la pena. Estaba realmente emocionada. No había tenido una fiesta en un buen tiempo y sus padres habían aceptado alegremente. Sería también, una especie de bienvenida para Sakura. Recostó su cabeza contra su almohada preferida y cerró los ojos. El día de la fiesta sería realmente agitado y quería reponer energías.
—Espero que nadie se haya llevado el vestido negro de la tienda que visité ayer. Realmente lo quiero usar mañana.— suplicó internamente.
—¿Señorita Ino?— una de las sirvientas de la mansión Yamanaka tocó gentilmente la puerta y la abrió apenas para que la vea. —La señorita Hinata la está esperando en el salón principal.
—Dígale que ahorita bajo. ¿Puedes servirnos unos dulces, Angella?
—Por supuesto señorita. Si necesita algo más, no dude en pedírmelo.
Ino asintió rápidamente con la cabeza y saltó de la cama. Tenía unas cuantas horas para terminar de organizar el mejor baile del año.
