Junio 2016 - Ha pasado más de un mes desde mi última actualización, sin embargo espero que les guste es nuevo capítulo. N/A al final del capitulo.

Candy Candy no me pertenece, escribo este fanfic como medio de entretenimiento.


Ella, con su fino calzado, ponía un pie en Chicago; no supo por qué pero se sentía más agotada, "debe ser por el viaje" pensó.

Hace algunos días había hecho maletas para regresar a casa, sin embargo sentía que una parte de ella se encontraba en Nueva York, volver a trabajar había sido maravilloso, y asistir al doctor Levene fue gratificante porque pudo aprender mucho de él.

Nueva York simplemente había reconstruido su vida, siempre estaba ocupada, trabajando o leyendo, porque ser enfermera requería dedicación y actualización; lo único malo era que eso la alejaba de su familia y amigos, se escribía con la señorita Ponny y la hermana María para saber de ellas y los niños del hogar, pero era distinto tenerlas cerca y abrazarlas. Por otro lado estaba Albert, quien siempre estaba viajando, por fortuna estas dos semanas de descanso que tenía podría encontrarlo en casa. Finalmente la tía Elroy, Archie y Annie se encontraban planeando la boda, ella esperaba poder ser de ayuda ahora que volverían a reunirse.

Cuando llegó a la mansión de los Andrey lo primero que hizo fue preguntar por su padre y mejor amigo, según le había dicho Dorothy pasaba la tarde en el "Refugio", bautizado así por Candy cuando Albert le dijo sobre sus planes de remodelación para la casa que hospedaba animales y niñas valientes, eso último lo había dicho él recordando a una pequeña Candy.

La rubia se limitó a sonreír, sabía que Albert amaba ese lugar, así que decidió darse un baño y correr a visitarlo, lo mejor era usar ropa de campo pues lo animalitos podían ser muy efusivos al reconocerla.

Pidió a uno de los empleados que la llevara al Refugio y antes de que este la escoltara a la casa, ella le dijo que podía retirarse ya que podía regresar junto con Albert.

Su idea era sorprenderlo, ella había llegado a casa sin avisar así que lo más seguro es que Albert se alegraría de verla nuevamente.

Cuando entró al Refugio, pudo sentir el olor del té, caminó hacía la cocina y encontró a una joven mujer, llevaba puesto un pantalón y una blusa muy similar al que ella vestía ahora, pero la diferencia era bastante notoria, la ropa le quedaba bastante suelta de los costados pero corta en las piernas, brazos y cuello, esto era debido a que Candy era más baja de estatura y un poco más llenita, además estaba ese cabello pelirrojo que contrastaba con el suyo que era rubio, "¿quién será?", se preguntó, pues muy pocas personas visitaban el Refugio y a esa mujer en definitiva nunca la había visto.

-Hola- la saludó y la mujer volteó.

-Hola, tú debes ser Candice- identificó ella- mi nombre es Claire Wittemberg- a Candy le sonó muy familiar ese apellido- has de estar buscando a Albert, iré a llamarlo se alegrará al verte, me ha hablado mucho de ti- sin darle tiempo de preguntar algo más Claire salió muy rápido en busca de Albert. Cuando este ingresó a la cocina recibió a Candy en un fuerte abrazo.

-Te he extrañado, pequeña- saludó

- y yo a ti Albert, pero estoy confundida ¿Quién es la chica que llevaba puesto mi ropa?

-Pensé que no lo notarías, además no esperaba que volvieras precisamente hoy.

-tengo mucho que contarte, pero será regresando a casa- dijo Candy al notar la presencia de Claire.

Albert las presentó, Claire parecía bastante agradable, y le alegraba saber que mientras Albert estuviera fuera, ella se encargaría de cuidar a los animales que visitaban la casa.

Albert sabía que Candy tenía mucho por contarle, lucía bien, sin embargo, algo en ella había cambiado, decidió despedirse de Claire e ir junto a Candy a la mansión, para hablar en la oficina que tenían instalada para él. Durante el camino hablaron un poco de la boda de Annie y Archie pero fue hasta que estuvieron solos cuando pudieron hablar con libertad.

Albert le había contado a Candy sobre Claire, ella era la mayor de tres hermanos pero la única mujer, su padre había fallecido mientras hacía unas prácticas de vuelo, razón por la cual Claire siempre llevaba sus lentes en el cuello como recuerdo. Al morir su padre, la familia necesitaba un nuevo jefe de familia que pudiera liderar las empresas que poseían hasta que sus hermanos crecieran y tomaran el legado de la familia. Ella contaba con dieciséis años cuando la familia de su padre, la mayoría ancianos, había decidido casarla con un amigo cercano a ellos, este hombre tenía 42 años, y era un genio en los negocios; sin embargo, ni Claire ni su madre estaban de acuerdo ante tal decisión, por lo que una noche Claire decidió huir de casa, sabía que si le comunicaba de sus decisiones a su madre esta podía ser desterrada de la familia, lo que dejaría a sus pequeños hermanos en la total orfandad. Desde entonces ha vivido escondiéndose de su familia, quienes suelen decir que se encuentra estudiando lejos de Estados Unidos.

-Me recuerda a ti- le había dicho Candy.

-no, es totalmente diferente a ella quieren casarla, yo diría que se parece a ti.

-¿a mí? – preguntó indignada

-¿no fuiste tú quien huyó de la familia?, una… dos… ¿tal vez cuatro veces?

-oh Albert, pero todo eso ha cambiado, yo soy feliz siendo una Andrey.

-está bien no discutiré más, cuéntame cómo te ha ido.

-Muy bien, Nueva York ha superado mis expectativas, he podido aprender mucho en todo este tiempo y el hospital nos ha pedido extender nuestra estadía, además Issac propuso…

-¿Issac?- interrumpió Albert, él ignoraba que Candy se dirigiera al doctor Levene por su primer nombre. Candy enrojeció.

-bueno, el doctor Levene, en realidad nos hemos vuelto buenos amigos- Albert levantó una ceja- él tiene la idea de llevar a algunas enfermeras de aquí para que aprendan el ritmo de trabajo que se vive en Nueva York, por otro lado, piensa mandar algunas enfermeras aquí para que aprendan las técnicas que se trabajan en el hospital, Issac… el doctor Levene, ha pedido que sea su primera enfermera por lo que seguiremos trabajando juntos.

-veo que has estado muy ocupada- comentó- ¿y cómo te ha ido con el doctor Levene?

-ya te lo he dicho, nos hemos vueltos buenos amigos.

-buenos amigos…- repitió Albert- ¿sólo buenos amigos? –preguntó por curiosidad.

-sí Albert sólo buenos amigos, Issac… el doctor Levene y yo somos buenos amigos y compañeros de trabajo.

-está bien te creo, pero si son buenos amigos no tienes que corregirte cada vez que lo llamas por su nombre ¿o es que me equivoco?

-bueno, no es que seamos abiertamente amigos, en el hospital mantenemos una postura de Doctor y enfermera, no queremos dar pie a especulaciones sobre nuestra amistad, así que lo mejor guardarla en secreto; pero contigo siempre soy sincera y no puedo evitar llamarlo por su nombre porque no tengo nada que ocultarte.

-me alegra oír eso…

-hay algo más- dijo Candy esta vez sin mirarlo a los ojos, Albert la observó, de pronto Candy parecía volverse pequeña y tímida, supuso que hablaría de Terry.

-lo he visto- susurró

-sabías que eso era posible, ¿cómo te sientes con eso?

-tranquila- Albert enmudeció, "tranquila" era lo que menos podía esperar que ella dijera.

-¿tranquila?

-sí tranquila, siempre me preocupó si estaría cerca a Susana, cuando los vi juntos supe que Terry lo estaba haciendo magnífico porque Susana se veía feliz- Candy lucía seria, como cuando tomaba su porte de dama de sociedad frente a un muchacho rico que le desagradaba.

-¿y él se veía feliz?

-imagino que debe estarlo, poco tiempo de eso su madre me reconoció en un restaurant y se acercó a saludarme.

-¿entonces no lo has visto de frente?

-bueno… sí pero muy poco tiempo, fue algo casual- comentó sin alterar su rostro- cuando me vio pensó que tú también estabas en la ciudad, deseaba verte.

-sería grandioso volver a verlo.

-podrás hacerlo si deseas verlo, ha audicionado a Romeo y Julieta nuevamente, nos invitó a ver la obra para su estreno, a Issac y a mí, supongo que le alegrará mucho verte a ti también entre el público.

-¿entonces no te afectó volver a verlo?-preguntó poniéndose de pie y caminando en la oficina.

-ya te lo dije, me tranquilizó verlo bien junto a Susana- respondió Candy dirigiendo su mirada hacia Albert que se detuvo en la ventana, mirando al jardín.

-me sorprende que hace unos minutos me dijeras que conmigo siempre eras sincera porque no tienes nada que ocultarme.

-¿de qué estás hablando?-preguntó Candy comenzando a enojarse, Albert volteó para mirarla a los ojos.

-que no me dices la verdad, ver a Terry te ha afectado y no quieres aceptarlo.

-eso no es cierto, yo te lo dije antes de viajar; mi mente está enfocada sólo en mi trabajo, lo mío con Terry quedó en el pasado.

-y yo te he dicho que cuando hablemos de algo serio no utilices esa postura de dama egocéntrica conmigo- respondió Albert totalmente enojado, pocas veces discutía con Candy y siempre era por traspasar la línea de dama egocéntrica frente a él- te he apoyado desde siempre, pero lo único que te pido es que seas sincera conmigo, que seas la Candy sin mascaras con quien puedo hablar.

Dicho aquello el rostro de Candy se desencajó, Albert le exigía hablar con él sin máscaras, ella estaba totalmente segura que era transparente con él, se puso de pie y entonó.

-tú tampoco eres sincero conmigo Albert- reprochó ella,

-¿de qué estás hablando?- preguntó, esta vez fue él quien se sorprendió.

-no terminas de decirme tu situación con Claire, he aguardado a que lo hagas pero apenas y quise preguntártelo decidiste preguntarme por mi viaje.

-pregunté porque me interesaba saber de ti, sabía que te encontrarías con Terry en cualquier momento.

-Albert, no he venido luego de este tiempo a discutir contigo, menos cuando siempre estás viajando- dijo con tristeza.

-Candy…

-iré a cambiarme para visitar a la señorita Ponny y a la hermana María- Candy se puso de pie y se dirigió a su habitación.

Albert quedó totalmente confundido, jamás pensaría que discutiría con Candy por no ser sinceros el uno con el otro, y menos que ella huyera. Además ¿a qué venía su reclamo?, él le había dicho todo respecto a Claire, sólo le permitía hospedarse en el Refugio hasta que ella misma decidiera qué hacer con su vida. Nada más. ¿Pensaría Candy que Claire ocuparía su lugar?, ¿O que él estaba interesado en la joven pelirroja?, "Imposible" pensó él, "¡Claire es incluso menor que Candy!, ¿Cómo podría pensar que él…?" no, era mejor ni imaginarlo, Claire huía de un matrimonio arreglado con un hombre mayor, ¿cómo se le ocurría a Candy pensar que él podía tener algún interés en ella diferente al de querer ayudarla?, era absurdo.

Habían pasado varias horas desde la discusión que Candy y Albert tendrían. Candy había pasado la tarde en el hogar de Ponny, contándoles a sus madres sobre su vida en Nueva York, decidió omitir la parte de su encuentro con Terry por temor a que le dijeran lo mismo que Albert, si discutir con él ya era difícil, no quería terminar de la misma manera con las mujeres a las que consideraba sus madres.

De regreso a la mansión Andrey, supo que debía enfrentar nuevamente a Albert, este se encontraba en el comedor esperándola para cenar.

-me alegra ver que vuelves para cenar-

-Albert, tú eres mi familia, no te dejaría cenando solo.

-gracias… Candy, sobre esta mañana…

-yo creo que lo mejor será dejar ese tema por olvidado, porque no terminaré de ponerme de acuerdo contigo, sólo estaré aquí dos semanas y luego debo regresar.

-está bien, demos a ese asunto un descanso.

-mejor démoslo por terminado.

-¿cómo te ha ido con la señorita Ponny y la hermana María?- Candy no supo si con esa pregunta Albert daba por terminado el tema como si no hubiera ocurrido, o sólo le daba un descanso como sugería él. Decidió responder la pregunta y dejarlo atrás, sin embargo Albert, sabía que con esa pequeña pregunta Candy se quedaría tranquila momentáneamente, más adelante conversarían del asunto de Terry.


Señora Marlow´s POV

Esa tarde como muchas, Terry llevaba a Susana a pasear. Luego de regresar de nuestro viaje la noté cambiada, ignoraba qué tanto había hablado con su prima pero sabía que verla habiendo formado una familia sólo la motivaron a buscar una propia.

Sus esfuerzos eran realmente notorios, estaba más animada y se esforzaba por levantarse de la silla de ruedas. Además de su insistencia por escribir piezas de teatro. Estaba segura que hasta el indiferente de Terry se había dado cuenta.

Bastaba con verle la expresión en el rostro cuando Susana se disponía a usar las muletas, o cuando prácticamente corría a sus brazos cuando él se ausentaba por mucho tiempo.

Siempre he sabido que mi hija es bella pero verla con diferentes ropas y peinándose para Terry sólo lo reafirmaban.

No puedo negar que me llena de ira ver como mi única hija se desvive por un muchacho malagradecido. Soy consciente que Terry no se había separado de Susana desde su regreso, sin embargo había cosas de él que durante el paso de los años he desconocido.

El primer año, luego de su regreso, desaparecía fines de semana enteros sin decir exactamente a donde iba. La primera vez Susana estuvo a punto de llorarle pensando que la abandonaría una vez más, pero tal como prometía antes de partir, él volvía.

Siempre había creído que se encontraba con alguna mujer, despreciando así el amor que mi hija le ofrecía, y por supuesto ofendiéndola pues estaba totalmente segura de lo que iba a hacer con aquella desconocida.

Admito que con el tiempo esas salidas disminuyeron, pero eso no significaba que no dejaran de pasar, lo confirmé cuando una de las vecinas se acercó a mí para entregarme la correspondencia que había llegado durante los días que estuvimos fuera, aquello sólo confirmaba que Terry no había dormido en casa en nuestra ausencia. Según me contó, ella también había salido de la ciudad esos días por lo que su hijo, un joven bastante distraído, se quedó en casa. Ese fin de semana llegó un tipo de correspondencia especial, de las que sólo se entregan con cargo de urgencia, pero aquel muchacho descuidado había olvidado entregarla, fue su madre quien la encontró y decidió entregármela sin esperar a Terry para que yo se la diera tan pronto lo viera.

Sólo tocando el sobre supe que esa carta cargaba información realmente importante, el papel era de una calidad realmente especial, no del tipo común que se utilizaba recurrentemente para la mensajería. La observé, iba dirigida a Terruce Greum Grandchester y provenía nada menos que de Inglaterra, no indicaba exactamente quién lo enviaba.

En todo este tiempo Terry nunca había recibido cartas desde Inglaterra, que sabíamos bien era su lugar de origen, de hecho, y esta era una de las grandes incógnitas que cargaba, ignorábamos totalmente quienes eran su familia. Él jamás nos habló de su pasado, que había sido un misterio desde que lo conocimos, incluso la prensa lo ignoraba. Susana me instó a no preguntar, me dio a entender que el pasado de Terry venía cargado junto a aquella chica por la que quiso abandonarla, ¿sería ella conocida de la familia de Terry?, nunca lo supe, pero eso sólo me llenaba de preocupación, pues mi hija seguía viviendo con un desconocido.

Sabía que tardarían en llegar así que decidí leer la carta, quedé realmente sorprendida. Jamás podría imaginarme todo aquello, pero Terry me escucharía y por sobretodo no se negaría a casarse con mi hija después de lo que acababa de enterarme.

Pasaron unas dos horas y fue que ellos llegaron, yo me encontraba en la cocina. Ellos venían conversando.

-¿entonces crees que tengo talento para escribir?- preguntaba con ilusión.

-te lo he dicho antes, y sí lo creo. Sería interesante que lo terminaras y se lo presentes a Robert.

-Terry, eso sería ir demasiado lejos.

-no estaría mal que lo intentes- supe que con aquellas palabras mi hija seguiría el consejo.

Ambos se acercaron a la cocina, Susana no paraba de repetirme lo que habían hecho durante el día, no pude prestarle atención, sólo deseaba hablar con Terry.

Era ya bastante tarde cuando decidí marcharme; fue por insistencia de Susana que Terry me condujo a casa, lo que había generado el momento propicio para conversar con él.

Estábamos frente a mi departamento, él se disponía a bajar para abrirme la puerta pero lo retuve.

-espera- le dije extendiendo mi mano para entregarle la misiva, él pareció reconocer el papel y la procedencia del mismo, sin ningún toque de delicadeza lo arrebató de mis manos y lo guardó dentro de su saco.

-hemos llegado, puede bajar del auto señora Marlow- esta vez sin intenciones de abrirme la puerta.

-¿no preguntarás cómo la obtuve?- pregunté

-si esperó para entregármela aquí, asumo que la ha leído- respondió con atrevimiento- así que preguntar como la obtuvo es lo que menos me interesa.

-eres un mal educado- le dije enojada por su comentario.

-¿mal educado yo?, mala educación tienen quienes leen correspondencia ajena- dijo con sarcasmo- Hemos llegado, puede bajar del auto señora Marlow- repitió y esta vez pude sentir el odio en su mirada. Temí que pudiera lastimarme, así que decidí bajar del auto, esperaría a que él leyera la carta para poder conversar, después de todo sabía que yo ya la había leído. Me importaba muy poco lo que pensara de mi accionar, pero es el futuro de mi hija el que se jugará desde ahora.


Gracias por su infinita paciencia, que me escriban alegra mi día y me anima mucho a escribir para ustedes. El bloqueo es un tema con el que tengo que lidiar, además que como les mencioné este es mi último año en la universidad. Por otro lado, he estado más ausente pues he ingresado a un nuevo trabajo, hasta durante mi cumple me la pasé postulando, sin embargo y como les prometí tan pronto tengo tiempo escribo y actualizo.

Espero les haya gustado el cap, no he tenido tiempo de releerlo. Lo importante es que ya conocen que además de los mismo protagonistas, es la mamá de Susana quién contribuirá a que estos no se reúnan, (por cierto ¿Alguien sabe su nombre?, agradeceré que me ayuden, eso con el fin de no inventarle uno).

A mis lectores invitados (ya que no les puedo responder con PM)

Dianley: Mil gracias por siempre escribirme . Respecto a tu review: Esa es la magia del fic, saber el uno del otro les ha cambiado la vida, además Susana sigue "en negación"por así decirlo. Para mala suerte ella ha decido renovarse por Terry, sin ver completamente cual es la realidad en la que vive.

Sol Granchester: No sabes lo que me alegró tu review, He oido las canciones de Janeth desde que tengo uso de razón, jamás se me ocurrió relacionar El muchacho de los ojos tristes con Terry, le queda perfecto. Y no te preocupes puedes hablarme cuanto quieras de Candy y Terry, yo feliz de leerte.

eli ventura, Iris adriana, Naty y Flormnll: Gracias por leer, espero que lo sigan hasta el final ;)

No olviden su review. Hasta la próxima.