Capítulo 7
Al día siguiente, durante un pequeño descanso fui en busca de Remus, cuando lo vi sentado en una banca del patio bajo un árbol junto al lago, respiré hondo y fui en su dirección. Al llegar a su altura me dejé caer pesadamente en el banco.
- Hola - lo saludé sin poder evitar un bostezo.
- Hola - sonrió él -. Pareces cansada.
- No hace falta que lo jures - afirmé -. Apenas si he dormido tres horas, anoche terminamos a las tantas haciendo nuestro pequeño proyecto.
- ¿Proyecto? - de pronto lo miré asustada, como si hubiera hablado más de la cuenta. Miré a un lado y a otro para ver si alguien me había escuchado.
- ¿Sabes guardar un secreto? - pregunté en tono confidencial acercándome más a él.
- Por supuesto - dijo él, sonreí internamente, había conseguido que le picara la curiosidad.
- ¿Qué sabes sobre animagos y licántropos? - él se mostró tenso por un instante, recuperando la compostura poco después.
- Lo mismo que todos supongo, ambos se pueden convertir en animales, en el caso de los animagos lo pueden hacer a propia voluntad, pero los licántropos se convierten en luna llena. Quieran o no.
- ¿Sabes también que no son capaces de reconocer a sus amigos cuando están en esa fase? - pregunté aún en tono más bajo. Él solo asintió -. Me puse a pensar en ellos, en lo difícil que tendría que ser vivir así, ¿te lo imaginas? Estar bajo esa clase de tensión sin quererlo, pudiendo incluso hacer daño a los seres amados sin darse cuenta... - dije mirándolo a los ojos, veía su reacción en ellos -. El caso es que un día se me ocurrió, lo que hace a los licántropos convertirse en lobos durante la luna llena es magia, así que, ¿por qué no evitarlo usando la magia? -. Ahora seguía mi perorata con verdadera atención -. De modo que le pregunté a un experto - sonreí pensando en Severus -, si se podría crear algún tipo de poción que "matara" al lobo en esos días. Él me dijo que sí, que suponía que era posible. Ese es nuestro pequeño proyecto, una poción matalobos - sonreí al fin -. Pero claro, con el entusiasmo se nos olvidó un pequeño detalle en nuestro brillante plan - admití con una mueca de disgusto -. No tenemos a un licántropo con el que probar si la poción funciona. Hasta los genios se equivocan - reí, él también lo hizo, relajándose un poco -. Una pena - continué poco después -, esta noche es luna llena y nosotros ya tenemos la poción preparada, pero claro sin nadie con quien probarla...
- Espera, ¿quieres decir que ya la habéis hecho? - me interrumpió, yo asentí.
- Ayer estuvimos hasta tarde terminándola - dije sofocando un nuevo bostezo -. Por eso estoy tan cansada.
- ¿Y la llevas encima? - preguntó intentando disimular la ansiedad en su voz.
- Ajá - afirmé mostrándole la pequeña botellita que tenía guardada en un bolsillo de mi capa.
- Creo que te puedo ayudar con tu problema - dijo entonces.
- ¿En serio? ¿Cómo? - pregunté con una perfecta falsa sorpresa -. ¿¡No me digas que conoces a uno aquí, en Hogwarts? - él asintió.
- ¿Quién? - pregunté quizá con excesivo entusiasmo.
- Lo siento. No puedo decirtelo, prometí que no se lo diría a nadie.
- Entiendo - admití con cierto tono de decepción -. Bueno, aquí tienes - dije dándole la botellita -. Según Severus, esto debería ser suficiente para hoy.
- ¿Severus? - preguntó con sorpresa.
- ¿Es que conoces a algún otro experto en pociones? - sonreí.
- No, supongo que no debería haberme sorprendido. Después de todo es tu amigo. Bueno, me voy ya - dijo mirando su reloj -. Te veo después - dijo levantándose.
- ¿Puedes decirle una cosa de mi parte a tu amigo? - preguntó ella de pronto haciéndole detenerse y volverse de nuevo hacia ella -. Dile que siga siendo tan fuerte como hasta ahora, que aunque esta poción no funcione, un día encontraremos una que lo haga -. Lupin la miró con el entrecejo fruncido, su tono de voz, la forma en la que lo miraba... De pronto tuvo la sensación de que ella sabía lo que era él desde el principio, que por eso se había acercado a él... Que por eso había convencido a Snivellus de que creara la poción y, sin saber que más decir, sólo dijo.
- Lo haré - ella cabeceó volviendo a mirar hacia el lago, tras unos segundos, él también retomó su camino.
Tras mi pequeña conversación con Lupin fui a clase, nos tocaba Aritmancia.
- Ya está todo arreglado - susurré a Severus mientras el Profesor hablaba -. Mañana sabremos si la poción funciona o no - sin poderlo evitar, tras esta frase, volví a bostezar, realmente me estaba muriendo de sueño. "Nada de trasnochar esta noche", me prometí -. Oh, Señor... - dije tras bostezar nuevamente -. Besaría a quien fuera con tal de que alguien me diera algo contra el sueño -. Entonces Severus abrió su capa sacando una pequeña botella y poniéndola sobre la mesa frente a mí -. ¿Qué es eso?
- Es una poción quitasueño - susurró aún atento a la clase. Lo miré con los ojos abiertos.
- ¡Tú la tomaste! - le acusé -. Por eso no tienes sueño -. Él sólo me miró sin decir nada.
- ¿Y mi recompensa? - preguntó entonces. Yo lo miré entrecerrando los ojos. "Yo también puedo jugar a este juego, Severus", pensé, me acerqué a su oído y susurré con la voz más seductora posible.
- ¿Prefieres que sea aquí o lo dejamos para un lugar más íntimo por si llegamos a más? - su tez se tornó sonrosada pero se mantuvo mirando hacia el Profesor.
- No juegues conmigo - exclamó molesto. Me separé un poco para mirarlo, realmente le había molestado. Sonreí levemente poniendo mi mano sobre la suya que aún estaba sobre la mesa apretándola levemente para después acercarme y dejar un suave beso en su mejilla. Me bebí la poción y ahora, sin tanto sueño, pude seguir atendiendo la clase con normalidad.
Al día siguiente tras el desayuno divisé a Remus junto a la puerta de entrada solo, por lo que me acerqué para ver que tal había ido la poción.
- Hola - lo saludé -. ¿Funcionó? - fue entonces cuando se giró hacia mí y supe la respuesta aun sin haberla puesto en palabras -. Lo lamento.
- No te preocupes, ambos sabíamos que sería difícil que funcionara a la primera - respondió él.
- Pero dime, ¿no sentiste nada nuevo? No sé, ¿tal vez que la transformación fuera más lenta o algo diferente a lo común? - pregunté con interés. Severus había sido muy claro al respecto, debíamos saber hasta el más mínimo cambio sobre el comportamiento usual que nuestras pociones crearan.
- ¿Yo? ¿Cómo que si yo sentí algo nuevo? - preguntó alerta.
- Ups - dije -. Bueno, un momento tan bueno como cualquier otro - sonreí, y sacando la varita y apuntando hacia él exclamé -. Obliate - esperé un par de segundos para ver si había funcionado.
- Shayleen, hola, no sabía que estabas aquí - dijo al verme parada frente a él parpadeando como si una intensa luz lo hubiera cegado momentáneamente.
- No te preocupes, venía a preguntarte por la poción.
- Lo siento, no funcionó - dijo él.
- ¿No te dijo tu amigo si había sentido algo diferente esta vez? ¿Como si la transformación durara más o si fuera más consciente durante ella?
- Ahora que lo dices, sí sentí... sintió - se corrigió rápidamente, yo hice como si no me hubiera percatado del pequeño desliz -, que la transformación le costaba un poco más o que al menos conservó su digamos mente por un poco más.
- ¿Cúanto más? - pregunté con interés.
- Poco, tal vez treinta, cuarenta segundos, no más - exhalé en compresión.
- Está bien, le diré a Severus lo que me has dicho, con suerte tendremos una poción mejorada para esta tarde.
Durante los descansos le conté a Severus lo que me había dicho Remus, obviando el hecho de que se trataba de él. Por lo que, en cuanto pudimos volvimos al aula a por la versión mejorada de la poción.
- Vamos a necesitar más cantidad de la elladium erae - dijo tras unos instantes.
- ¿Entonces debemos volver al bosque a por más?
- No hace falta, cogí semillas y use magia para que crecieran más rápido. ¿No te diste cuenta cuando elaboramos la poción tres días después de haberla cortado?
- ¡Oye! - me quejé -. Llevaba dos días en el limbo, ¿qué esperabas? - me quejé -. Lo que no quita que seas un genio claro - terminé al final con una sonrisa. Él me miró sin decir nada continuando con la elaboración del brebaje.
Finalmente, tres horas después le di la nueva poción a Remus.
- Severus dice que si esta vez tampoco funciona será porque nos falta algún ingrediente, y por el momento no tiene ni idea de cual podría ser, por lo que no te podré dar otra versión mañana - expliqué sin poder evitar cierta decepción en mi voz.
- Hey - dijo poniendo la mano en la que no tenía la poción en mi hombro -. Tu misma dijiste que sería difícil encontrar la combinación que funcionara. Pero confío en que tarde o temprano lo conseguirás - sonrió dándome ánimos. Me di cuenta de lo buena persona que era, era yo la que debería estar consolándolo porque no funcionaba y sin embargo era él quien me daba ánimos.
- ¡Eh! - exclamó una voz dirigiéndose a nosotros, era Sirius, Remus guardó la poción en su túnica antes de que llegara -. ¿Qué hacéis los dos juntos? - preguntó con cierto tono de celos en su voz.
- ¿Es que ahora no puedo hablar con un Gryffindor? - pregunté.
- Te recuerdo que no tienes la exclusividad sobre ella, Sirius - dijo Remus con cierta sorna, Sirius lo miró como si estuviera a punto de saltar sobre él -. ¿Vamos a clase? - propuso el lobo -. Tenemos dos horas de Pociones y al Profesor no le gusta que lleguemos tarde.
- ¿Es que estáis en mi clase? No me había dado cuenta - dije con sorpresa.
- No me extraña, siempre te pones en los asientos de delante junto a Sni.. Snape - se corrigió Sirius al ver la mirada que le lancé.
- Vamos entonces - dije, Sirius me puso una mano en el brazo deteniéndome, yo me giré extrañada.
- ¿Te importaría adelantarte? Ahora te alcanzamos - le dijo a Remus, éste último alzó una ceja en su dirección aunque no dijo nada dejándonos solos. Tras unos segundos mirándonos en silencio, en mi caso esperando a que me dijera lo que me quería decir, finalmente habló -. Toma, esto es para ti - dijo entregándome un papel, yo lo abrí, era grande, como un mapa, pero estaba vacío -. Ayúdame a encontrar el camino - dijo, tras sus palabras, las líneas se comenzaron a dibujar en el papel, dibujando finalmente el mapa de Hogwarts al completo -. Mira, este punto rojo de aquí eres tú, los puntos negros que ves moviéndose somos el resto de nosotros, tanto alumnos como Profesores. En principio pensaba sólo en hacerte un mapa, como siempre te estás perdiendo - sonrió -. Pero después pensé que también te vendría bien saber si hay alguien más en los pasillos cuando haces una de tus escapadas nocturnas - yo lo miré sonriente, era un gran gesto por su parte -. Para volver a ocultarlo sólo debes decir "camino encontrado".
- Gracias - le dije dándole un beso en la mejilla -. Es el regalo más útil que me han hecho en mucho tiempo.
- Ha sido un placer - contestó él más segundos de silencio siguieron estas palabras hasta que escuchamos las campanas anunciando el principio de la nueva clase, por lo que corrimos hacia allí.
Llegamos un par de minutos tarde, por lo que me senté junto a Severus de la forma más discreta posible al tiempo que Sirius lo hacía junto a James.
- Llegas tarde - dijo Sev sin dejar de atender al Profesor.
- Bueno, tampoco es que no haya dado clases extras en esta asignatura, ¿no? - pregunté aludiendo al hecho de que nos pasábamos horas y horas en el pequeño laboratorio preparando la poción para Lupin, él alzo una ceja en mi dirección al más puro estilo Snape pero no dijo nada.
Tras la maravillosas dos horas de Pociones, nótese el sarcasmo, nos dirigimos hacia nuestra siguiente clase, se trataba de Herbología con la señora Prout, una mucho más joven de la que me había imaginado aunque la misma al fin y al cabo. Ese día era una lección especial acerca de plantas sanadoras, tanto Severus como yo prestábamos especial atención al tema, en el caso de Severus por su uso para las pociones que preparaba, en el mío, por pura y simple curiosidad.
- Y esa es otra de las maravillosas cualidades de esta planta - dijo acariciando las hojas violetas con sumo cuidado -. Aun así, su poder curativo no se puede comparar al de la sangre de unicornio dada libremente -. De pronto se me encendió una luz, en ese momento sonaron las campanas indicando el final de la clase, por lo que recogí las cosas a toda velocidad, se me había ocurrido una idea.
- ¿A dónde vas? - me preguntó Severus extrañado.
- He tenido una idea - respondí con una sonrisa sin parar de recoger -. En una hora en el lugar de siempre - dije y salí corriendo hacia la cabaña de Hagrid.
Llegué medio asfixiada hasta allí. "Voy a necesitar un hechizo o poción contra el cansancio" me dije inclinándome hacia delante tomando aire, al fin toqué en la puerta.
- ¡Voy! - exclamó el semigigante con su vozarrón. Poco después abría la puerta, como otras veces tuve que dar unos pasos hacia atrás para poderle ver la cara -. Hola, Shayleen - sonrió al verme -. No te veía desde el día que fuimos a Hogsmeade, ¿qué puedo hacer por ti? - preguntó dejándome pasar al interior de su cabaña.
- Cierto, lo lamento, he estado algo ocupada poniéndome al día - sonreí levemente.
- ¿Estás bien? Oí lo de tu encuentro con los dementores en el bosque - preguntó con preocupación.
- Sí, gracias, podría haber sido peor. Oye, Hagrid, ¿qué me podrías decir sobre los unicornios?
- Pues que son unos animales magníficos y nobles, ¿por qué?
- Verás, es que estuvimos hablando hoy en clase sobre ellos y me preguntaba si habría alguno en el bosque. Me encantaría poder ver a uno de cerca - sonreí. Hagrid, en cambio, se mostró nervioso y susceptible.
- Por supuesto que no, está prohibido tener unicornios en el bosque - respondió.
- ¿En serio? Vaya eso es muy raro, juraría que el día de mi llegada me pareció ver uno - dije con fingida sorpresa.
- Eso es imposible - dijo entonces levantándose del sillón y dando vueltas por la habitación. Definitivamente, ocultaba algo.
- Hagrid, sé que has estado cuidado unos unicornios en el bosque... No querría tener que decírselo al director... - dejé en el aire. Ok, estaba aprovechándome de la conciencia de Hagrid, pero es que sabía que él cuidaba a una camada en el bosque y realmente necesitaba su sangre.
- Está bien, está bien. Lo admito. Pero por favor no se lo digas a tu padrino - me pidió parando su paseo.
- Lo único que quiero es ver a uno, prometo que no se lo diré a nadie - aseguré.
- Está bien - aceptó al fin acompañándome al bosque. Esa era la primera vez que me adentraba en el bosque siendo aún de día, debo admitir que parecía bastante menos peligroso con la luz del sol bañando sus hojas -. Sshh - me acalló Hagrid agachándose tras un enorme tronco -. Ahí está - dijo señalando a un punto alejado de nosotros. Al seguir su dedo vi a la criatura más hermosa en la que mis ojos alguna vez se hayan posado, quedé sin aliento por unos instantes.
- ¿Crees que podría acercarme? - pregunté. Si quería obtener su sangre necesitaba hacerlo.
- Debes acercarte, despacio, pero firme - me aconsejó -. Si tu propósito es noble, te dejará que llegues junto a él -. Cabeceé y con cierto miedo, dejé el refugio que me proporcionaba el tronco para ponerme a la vista de la criatura.
- Me acerco a ti con humildad - dije dando un nuevo paso en su dirección, el unicornio me miró con curiosidad mas no se movió de su lugar -. Necesito tu sangre, es para un amigo, necesita de sus propiedades para curarse - hablé más bajo mientras daba otro paso más. No quería que Hagrid se enterara porque no tenía fama de ser la persona más discreta del mundo -. Por eso te ruego que me permitas tomarla - continué parando finalmente junto a él -. ¿Puedo? - pregunté, el unicornio bajó la cabeza como si me dira permiso por lo que acaricié su suave lomo -. Sé que te va a doler, lo siento - dije y apuntando con mi varita susurré -. Diffindo - apenas lo use medio segundo, no quería hacerle más daño del necesario a esa hermosa criatura. Tomé un frasco que había tomado previamente de la clase y poniéndola junto a la herida lo llené con su sangre -. Episkeyo - pronuncié cuando el frasco se llenó del líquido semitransparente. Gracias a Dios había aprendido ese hechizo curativo hacía poco, miré a los ojos del unicornio -. Gracias -, le dije, el animal inclinó la cabeza una vez más y, en esta ocasión, se alejó al galope. Cuando se fue, Hagrid salió de detrás del tronco.
- Lo has hecho muy bien - me felicitó.
- Gracias, por todo - sonreí. Al volver junto a la cabaña le prometí que volvería a visitarlo más a menudo.
Corrí hacia el aula donde sabía ya me estaba esperando Severus.
- Llegas tarde - dijo en cuanto crucé la puerta -. ¿Te volviste a perder?
- Sí - respondí una vez recuperé el aliento -. Pero no en el sentido habitual - sonreí sacando el frasco con la sangre del unicornio y ponéndolo sobre la mesa. Severus lo miró con los ojos como platos.
- Esto es...
- Sangre unicorno dada libremente - terminé -. Cuando la Profesora Prout habló sobre sus propiedades pensé que si, esta vez tampoco funcionaba la poción que le dimos a Remus, este podría ser el ingrediente faltante.
- ¿Remus? - exclamó -. ¿Estamos haciendo la poción para uno de los Merodeadores?
- Porras - exclamé al ver mi desliz -. Lo siento - me disculpé con una mueca -. Obliate - pronuncié dirigiendo la varita hacia él. "Si sigo comentiendo estos deslices me voy a convertir en una experta en hechizos desmemorizantes, o al menos los de unos segundos".
- ¿Sangre de unicornio? - preguntó Severus tras parpadear un par de veces mirando hacia el frasco.
- Sí, cuando la Profesora Prout habló sobre sus propiedades pensé que si, esta vez tampoco funcionaba la poción, este podría ser el ingrediente faltante - volví a explicar.
- Es una buena idea - admitió -. ¿Para eso me citaste aquí? - yo asentí.
- Mientras tanto me gustaría que practicáramos más hechizos, quizás un par de sanación irían bien - propuse, él cabeceó.
Estuvimos practicando hasta la hora de la cena, la pasamos en silencio disfrutando de la comida, volvimos a la Sala Común donde hicimos las tareas que nos habían marcado, tras terminarlos, permanecimos junto a la chimenea leyendo sendos libros mientras otros de nuestros compañeros de casa se dedicaban a jugar al ajedrez o leían. Estaba totalmente concentrada en mi libro por lo que no me percaté de que Rosier había entrado hasta que me quitó el libro que estaba leyendo. Vi a Severus envararse por la acción, pero eran demasiados por lo que cabeceé casi imperceptiblemente en su dirección, era una locura ir contra él.
- Dime, Diggori - habló con ese tono prepotente tan marca Slytherin -. ¿Me puedes decir que tiene ese que no tenga yo para que pases todo el día a su lado? - tube que morderme la lengua para no contestar con lo primero que vino a mi cabeza "Corazón", tras esa respuesta me vinieron mil más, cada cual más cortante. No obstante, debía mantener la cabeza fría, no me convenía ponerme a malas con él de forma tan abierta, de modo que sonreí al más puro estilo Slytherin y respondí:
- Lo siento Rosier, es que no me van los rubios - las risas aparecieron en la habitación, tanto de chicos como de chicas, incluso los Slytherin con los que había entrado se reían discretamente. Él miró de un lado a otro molesto viendo como se reían mirándome finalmente a mí de mal talante arrojándome el libro de vuelta y subiendo hacia su dormitorio. Volví a sentarme no sin sonreír una vez más en dirección a Severus quien parecía tener severos problemas para contener la risa y continué leyendo como si no hubiera habido ninguna interrupción.
Bueno, tal como prometí, el segundo capítulo como compensación por la tardanza y un poquito más largo que los anteriores. Como siempre, reviews bienvenidos.
