Bueno, ¿estás listo para hacer esto? — Kurt miró a su amigo, observando a Blaine cuidadosamente para comprobar su estado de ánimo. Desde que habían salido del campus, Blaine había estado callado y ensimismado, haciendo que Kurt se preocupara de si iba a cambiar de opinión sobre ir a la fiesta en el último momento.

Sí, supongo. — Blaine suspiró y se pasó una mano por el pelo. —Será mejor acabar con esto de una vez por todas.

¿Acabar de una vez por todas? ¿De qué estás hablando? Nosotros vamos a soltar una bomba. ¿Por qué si no elegirían el Redil de Toro para celebrarlo? Ya sabes qué clase de sitio salvaje es éste. — Kurt hizo un gesto al bar deportivo de la universidad en el que aún no habían entrado. Tiras de luces de un verde chile y oro, los colores oficiales de USF, se entrecruzaban en el techo y por los sonidos que flotaban en la noche cálida en Florida, la fiesta ya había empezado.

Sí, todo es muy salvaje. — Blaine sonaba completamente sin entusiasmo. — Y va a ser mucho más salvaje cuando Clarington le cuente al resto del equipo lo que vio en el sitio Str8te Boys, si es que no lo ha dicho ya.

Oh, la mayoría de los chicos ya saben que Clarington está lleno de mierda —, dijo Kurt con más valentía de la que sentía. —No te preocupes, chico. Vamos, sólo tratemos de divertirnos en nuestra última noche.

Claro, seguro. —Blaine asintió con la cabeza, pero parecía que iba ir a un funeral en vez de una fiesta.

Kurt frunció el ceño. —Oye, ¿Te importaría decirme qué te pasa? El Blaine que yo conocía amaba este tipo de cosas, ¿o es que sólo era una parte de aparentar que eras hetero?

Blaine frunció el ceño. —Eso no era parte de una actuación, Kurt. Me gustan las fiestas. Simplemente no me gusta parecer un pendejo constantemente.

Oh, sí, Entonces. ¿Por qué lo hacías todo el tiempo? — Kurt exigió —Podías vaciar un barril de media libra en nada de tiempo, te he visto hacerlo.

¡Siempre estaba borracho en las fiestas para poder dejar de pensar en golpear a la chica con la que estuvieras ¿de acuerdo?! — Ladró Blaine —Eso me volvía loco, pensar que estabas con alguien más, besando a alguien más, follando con alguien más. ¡Maldita sea...! — Kurt lo miró. — ¿Por qué estás aquí conmigo, después de todo? Debiste traerte una cita, alguna rubia caliente para demostrar que no eres nada gay y que los comentarios absurdos de Clarington no te importan cuando él abra la boca.

Yo traje a mi cita. — Kurt agarró su mano y entrelazó sus dedos con firmeza. —Tú. ¿Vas a venir conmigo o no?

Estás bromeando ¿verdad? — Blaine miró sus dedos entrelazados dubitativo —Quiero decir de que no hay manera de que entremos al Redil de Toro, así.

Seguro como el infierno que lo haremos—, Kurt levantó la barbilla. — Si ésta es la única manera de demostrarte que estoy hablando en serio sobre nosotros, de demostrarte lo que te decía mientras... hacíamos el amor, entonces esto es lo que voy a hacer.

Kurt... — Blaine lo miró seriamente. —No tienes que hacerlo. De verdad que no.

Pero quiero hacerlo. Vamos. — Kurt cuadró sus hombros y tiró de su mejor amigo y amante hacia el ruidoso bar de deportes.

El interior estaba lleno de estudiantes de USF bebiendo tragos y comiendo las calientes alitas de pollo por veinte centavos que eran la especialidad típica de los viernes por la noche. Algo fuerte resonaba en los altavoces y los televisores pantalla plana cubrían cada centímetro cuadrado de las paredes, transmitiendo eventos deportivos.

No fue difícil encontrar el resto del equipo masculino de fútbol de la USF, que estaban sentados bajo una gran pantalla plana en particular, en la que se repetía el último partido del campeonato que habían ganado antes de que acabara la temporada.

¡Woo-hoo! ¡Aquí están, muchachos, nuestros valientes líderes! — La voz pertenecía a Wes, un junior que iba a ser portero del equipo el próximo año.

Hey, Wes. Hola, chicos. — Kurt alzó la voz por encima del ruido del bar cuando arrastró a Blaine hacia adelante. Se preguntaba lo que los otros muchachos del equipo dirían cuando los vieran sosteniendo sus manos juntas, pero la mayoría de ellos parecían estar demasiado distraídos viendo el campeonato para darse cuenta.

Hey, Kurt, Blaine siéntense donde puedan encontrar sitio. —Wes, o bien no se había dado cuenta de sus manos entrelazadas, o estaba demasiado borracho para sumar dos y dos. Señaló a las tres arañadas mesas de madera que habían juntado y volvió a su propio asiento, tambaleándose un poco al andar.

Kurt comprobó la disposición de los asientos, y sólo vio dos sitios vacíos juntos, justo al lado de Clarington. Tuvo una visión repentina de Clarington diciendo, "No es de extrañar que Blaine tratara de patearme el culo cuando quise golpear a esos dos pequeños mariquitas amigos suyos, los dos Es Gays. Es porque ustedes son gays, exactamente igual que ellos." Si querían evitar una confrontación, ese era probablemente el peor sitio dónde se podría sentar. Kurt levantó la barbilla, Bueno, quizás yo no quiero evitar una confrontación. Comenzó a avanzar hacia las dos banquetas sólo para sentir un tirón en su mano.

Kurt, no lo hagas. — Blaine tenía el ceño fruncido y moviendo la cabeza, lanzó una mirada significativa hacia la espalda estrecha de Clarington.

¿Por qué no? — Kurt demandó.

Tú sabes por qué no, vamos. Salgamos de aquí— Blaine era casi suplicante ahora.

¿Por qué diablos tenemos que irnos? La fiesta acaba de empezar. — Kurt frunció el ceño. —Si no te conociera tan bien, diría que estás avergonzado de nosotros.

Oh, eso es muy fuerte viniendo de ti, tío. ¿Y desde cuando hay un "nosotros"? — siseó Blaine.

¡Desde que te follé hasta freírte los sesos hace dos horas! — Kurt en realidad no estaba gritando, pero su voz sonó más fuerte de lo que él quería. Mucho más fuerte.

Hubo un silencio repentino en la zona donde estaba el equipo de fútbol. Las cabezas se volvieron a mirar en su dirección y el partido del campeonato siguió su curso sin que nadie le prestara atención. Kurt se vio a sí mismo bloquear un lanzamiento del equipo contrario en el televisor de pantalla plana enfrente de las mesas de madera. En la pantalla, la multitud se volvió loca, gritando y agitando los dedos de espuma grandes que eran de color verde con letras de oro. Pero nadie estaba gritando aquí y ahora. Kurt se dio cuenta de que todo el equipo los estaba mirando a él y a Blaine como si estuvieran buscando algún tipo de explicación. Miradas intrigadas se dirigían hacia sus manos enlazadas y Clarington estaba empujando al tipo junto a él, al parecer, diciendo algo al estilo de "te lo dije".

Hey, Hombre. ¿Qué está pasando? — Wes murmuró. — ¿Estoy viendo lo que creo que estoy viendo? — centró sus ojos en sus manos. —Parece que ustedes dos están tomándose de la mano.

Sí, estamos tomándonos de la mano. Nosotros, Blaine y yo, estamos juntos—Kurt levantó sus manos entrelazadas como prueba.

Hombre, espera un minuto—. Thad, delantero del equipo, los miró. — ¿Acabas de decir lo que dijiste?

Si crees que dijo que él y Blaine son unos jodidos mamones maricones, sip, entonces escuchaste bien. — Clarington se levantó y señaló a Kurt y Blaine. —Se los dije, chicos. Nadie me escuchó pero se lo dije, esos dos comparten algo más que su apartamento.

¿Y qué si lo somos? — Kurt soltó la mano de Blaine, y dio un paso adelante de manera agresiva. — ¿Tienes un problema con eso, Clarington? ¿Alguien tiene un problema con eso? —, preguntó, alzando la voz y mirando a los rostros de sus otros compañeros de equipo.

Hubo un largo silencio incómodo en el que nadie dijo nada en absoluto, ni siquiera Clarington. Entonces Blaine fue tirando de su brazo, tirando de él, lejos del resto del equipo.

Kurt—, murmuró. —No hagas esto. No lo fuerces, estás haciendo que todos se sientan raros.

¿Y? — Kurt miró hacia el equipo, algunos de los cuales todavía estaban mirando a él y a Blaine y algunos de los cuales se concentraban demasiado en el juego que seguía en la pantalla plana frente a ellos. —No me importa quién lo sepa, le diré a todo el mundo que estamos juntos hasta que te convenza de que te quedes conmigo.

¿Le dirás a tus padres? ¿A las personas que estudien en la escuela de farmacia en Tallahassee? — Blaine preguntó en voz baja, buscando los ojos de Kurt —Porque esas son las personas que más importan. Estos chicos son geniales, pero nos vamos mañana y probablemente nunca volveremos a ver a la mayoría de ellos de nuevo. Es el futuro el que importa, Kurt. No el pasado.

Kurt lo miró fijamente. —Nosotros. ¿Has dicho nosotros? Nos vamos mañana. ¿Significa eso que...?

Sí. — Blaine le sonrió. —Iré contigo a Tallahassee. No puedo perder el depósito que dejé en ese gran apartamento, sobre todo teniendo en cuenta lo que tuvimos que hacer para conseguir el dinero de la renta.

Kurt no tenía palabras. Su amigo, su amante, la persona que más le importaba en el mundo iba a ser parte de su vida para siempre. Blaine no se iba a ir– Kurt no lo iba a perder. Una piedra que se había asentado en su pecho se removió y su corazón se sentía como si estuviera a punto de estallar.

De repente, a él no le importó que se encontraran en público o que el resto del equipo estuviera mirando. Agarró a Blaine y tiró de él cerca para darle un beso apasionado. — Te amo— murmuró en el oído de su amante cuando por fin tomaron aire. — Te amo tanto, Blaine.

Yo también te amo, Kurt. Desde el momento en que te vi. —Blaine estaba sonriendo de oreja a oreja y Kurt sabía que por fin había hecho algo bien.

¡Hey! Ustedes dos, consigan una habitación o algo así. — La voz pertenecía a David, uno de los mejores centrocampistas del equipo, que dejó atónito a Kurt al recordar que todavía estaban en público. Se apartó de Blaine un poco, aunque mantuvo su brazo alrededor de la cintura de su amante, y se volvió hacia sus compañeros de equipo.

Compartiremos una habitación, un apartamento en Tallahassee, juntos, — dijo Blaine, sin dejar de sonreír.

Ahora, qué gran sorpresa—, Clarington murmuró. —Vean, les dije que esos dos eran maricas.

¿Y qué si lo son? — David se encogió de hombros. —Eres un imbécil, Clarington. Todo el mundo sabe que estás celoso de Blaine porque consiguió ser el capitán del equipo en vez de serlo tú.

Hubo murmullos de acuerdo y Kurt se sorprendió al ver que la mayoría del equipo parecía querer ignorar o minimizar lo que había sucedido entre él y el Blaine. Había estado preparado para provocar una escena, tal vez incluso una que terminara en violencia, cuando les hiciera saber que él y el Blaine estaban juntos. Lo que no esperaba era la aceptación.

¿Así que así es? — Él miró a sus compañeros de equipo, la mayoría de los cuales había vuelto al juego y a su cerveza y alitas calientes. — ¿No les importa, chicos?

Mira, Kurt, ¿qué quieres que digamos? — Thad encogió sus huesudos hombros. —No es como si no hubiéramos sospechado ya de ustedes. Quiero decir, han estado viviendo juntos durante cuatro años, tienen muchos amigos gays, y siempre están uno encima del otro.

¿Qué se supone que teníamos que pensar?

Uh... — Kurt se había quedado sin palabras pero Clarington no.

Maricones de mierda. Me voy de aquí. —Se levantó y echó al resto del equipo una mirada sucia antes de irse.

Buen viaje—, murmuró David.

Sip, es un perdedor, de todos modos. Hey, Kurt, ¿qué hay sobre una ronda de bebidas para el equipo que está contemplando cómo vosotros dos pasáis la antorcha esta noche?

Sí, supongo. — Kurt se sentó, tirando de Blaine a su lado, y levantó la mano cuando la camarera pasó —Esto va por mi cuenta—, dijo, dando a la mano de Blaine un apretón. —Por La mía y la de mi novio.

Blaine sacudió la cabeza con una sonrisa. —Oye, hombre, no me mires. Estoy en la ruina después de retirar esas fotos de internet.

Muy mal— Kurt le devolvió la sonrisa y bajó la voz a un susurro íntimo. — Creo que tendremos que encontrar una nueva forma de ganar dinero a partir de ahora. Porque ya no podemos posar para Str8te Boys nunca más.

Blaine frunció el ceño. — ¿Por qué no? Pensé que no te importaba volver a hacerlo.

Y no me importa— Kurt le sonrió. —Pero ya no somos heterosexuales.