Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es de JorgistaForever_ (Wattpad), y tengo completamente toda la autorización de la autora para adaptarla.
A Game Only For University
Capítulo 07
Capítulo beteado por Mónica Szpilman, Beta Élite Fanfiction.
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Ahora mismo me encontraba en la suave y cómoda cama junto a Alec, quien estaba a mi lado izquierdo con sus labios en mi cuello, mientras yo me retorcía de placer por las caricias de Edward sobre mi vagina, que se encontraba a mi lado derecho con sus labios sobre los míos, besándome como si fuera la última vez.
—Mmm… —gruñó Edward cuando coloqué mi mano en su miembro erecto. Mordió mi labio inferior, haciéndome jadear y se separó de mí— Levántate, ya no aguanto más tiempo sin poder follarte.
Solté un gemido ahogado mientras Alec me ayudaba a levantarme. Apoyando mis rodillas sobre la cama, observé cómo Edward se posicionaba donde yo anteriormente me encontraba acostada y palmeó sus muslos desnudos. Mordí mi labio inferior mientras me dirigía a gatas hacia donde él se hallaba.
—No, no, no —negó con la cabeza mientras movía su dedo índice de un lado a otro en señal de negación. Fruncí el ceño, confusa—. Gírate, mirando hacia el pie de la cama, pero en mi regazo. Vamos.
Abrí mis ojos, sorprendida. Nunca lo había hecho de esa manera; en la cama solamente lo hacía de forma vainilla.
Los tres asentimos con la cabeza y noté cómo Alice hacia una mueca con la boca.
—Qué suerte tienes, perra. Es mi fantasía —me dijo.
Le saqué la lengua en forma de burla. Giré mi cabeza hacia Edward, el cual estaba ocupado colocándose el preservativo sobre su pene. Me volví hacia Alec que se estaba colocando otro. Fruncí el seño al ver el color de este. Era rosa.
— ¿Es un preservativo de sabores? —Pregunté, señalando su miembro, en el que se encontraba el condón.
—Sí. ¿Te gusta? —Cuestionó, sonriendo de lado. Asentí con la cabeza, correspondiendo a su sonrisa.
—Me encanta —comenté.
Sentí unas manos calientes y fuertes en mi cadera, dándole un leve apretón.
—Levanta un poco el culo —me pidió Edward.
Hice lo que me pidió. Apoyé mis pies a la cama, sin dejar de apoyar las manos en esta; hice un movimiento hacia atrás, posicionándome justo arriba de su miembro.
Solté mi mano derecha, la llevé hacia el pene de Edward y lo dirigí hasta mi entrada. De un solo movimiento de cadera entró en mí fuertemente, lo que hizo que soltara un sonoro gemido. Mordí mi labio inferior.
—Edward… —gemí, posicionando mi otra mano al principio de mi vagina haciendo leves círculos, estimulándolo para un mejor placer. Edward volvió a embestirme con fuerza, pero esta vez sin parar. Colocó una de sus manos debajo de mi muslo izquierdo, dándole un leve apretón.
— ¿Te gusta? —preguntó en mi oído con la voz ronca de la excitación. Suspiré antes de apretar los labios en una dura línea.
—Sí, me encanta… Sigue… Ooohh —gemí, tirando mi cabeza hacia atrás.
A los pocos segundos, una mano fue a mi cabeza tirándola con fuerza hacia adelante. Tenía en frente de mi rostro el miembro de Alec con su color rosa gracias al preservativo.
—Abre la boca, nena —me ordenó Alec con su mano todavía en mi cabeza. Edward cada vez iba más rápido, lo cual hacía que gimiera más seguido y más alto. Y en un embiste duro, abrí mi boca, soltando un gemido ronco.
Y sin más, Alec empujó su pene dentro de mi boca. Este movía sus caderas mientras me follaba mi cavidad bucal. Tomé su miembro con mi mano suelta mientras sentía el sabor a fresias del preservativo. Era dulce y me encantaba.
Edward posicionó su mano derecha en mi vagina, haciendo lo mismo que hice yo anteriormente. Estaba a punto de explotar, el orgasmo estaba a la vuelta de la esquina.
Él se movió frenéticamente contra mí. Moví mis caderas de arriba abajo para más facilidad de la liberación del orgasmo, el cual a los pocos segundos lo hizo. Me separé del miembro de Alec respirando agitadamente y gemí, mordiendo mi labio inferior.
Pocos segundos después, se vino Edward, esparciendo su semen dentro del condón.
—Ooohh, Isabella—gimió este.
Saqué el miembro de Edward de mi interior y me derrumbé al lado de él, sintiendo la cama en mi espalda. Cerré los ojos disfrutando del momento y suspiré al sentir una mano en mi abdomen bajo, acariciándolo.
—Aún no hemos acabado contigo —susurró en mi oído.
Otra vez suspiré al escuchar las palabras. Estaba realmente cansada, esto era peor que hacer footing* en las mañanas, además del calor que hacía en la habitación. ¿Qué carajos se hizo el aire acondicionado?
Sentí unas manos en mi cintura que me tomaron con fuerza para levantarme y finalmente colocarme en el regazo de Edward. Ni siquiera lo miré, me derrumbé encima de él, poniendo mi cabeza en su hombro derecho. Cerré mis ojos por un pequeño momento.
Noté una mano deslizarse a lo largo de mi cabello, dándole leves caricias.
— ¿Estás cansada, amor? —me preguntó Edward, sin dejar las caricias de lado.
¡Un momento! ¿Acaba de llamarme amor? ¡Oh, Dios mío! Menos mal que estoy sentada, sino me encontraría desplomada en el suelo.
Sonreí sin que me viera. Levanté mi cabeza, mirándolo a los ojos, esos mismos ojos esmeraldas de los que yo me había locamente enamorado la primera vez que los vi hace dos años.
—Un poco, pero… —con el índice de mi mano le daba leves círculos en su torso desnudo y un poco sudoroso—. Puedo aguantar lo que tienes en mente.
Apreté mis labios en una línea, mirándole de reojo. Estaba sonriendo; eso me hizo sonreír también.
Me sobresalté al sentir algo frío en mi ano. Fruncí el seño y me volví.
— ¿Qué estás haciendo, Alec? —Quien aún estaba con su mano en mi culo.
—Te estoy colocando un poco de lubricante para no hacerte mucho daño —me dijo tranquilamente. Procesé por un momento sus palabras. ¿Lubricante? ¿Qué? ¡NO!
— ¿Qué? ¡No, no, no! —Negué con la cabeza repetidas veces.
— ¡Eh! —Sentí la mano de Edward tomar mi mentón, obligándome a mirarlo—. Tranquila, ¿vale?
—Yo nunca… lo he hecho por ahí —dije avergonzada, agachando mi cabeza.
—Todos tenemos nuestra primera vez —dijo Edward pasando sus manos por mis muslos, brindándome leves caricias para tranquilizarme.
— ¿Me dolerá? —pregunté sabiendo que la respuesta será un "sí".
—Un poco al principio; es normal, cariño — asentí con la cabeza, mirando hacia abajo nerviosamente.
—Échate un poco para adelante, nena —Oí la voz de Alec ordenarme.
Hice lo que me pidió, aplastando mis tetas al torso desnudo de Edward. Volví a sentir el frío líquido pasar por mi ano.
Mordí mi labio inferior nerviosamente, hasta que sentí un dedo entrar en mí. Tragué saliva e hinqué mis uñas en la espalda de Edward.
—Nena, no te tenses que será peor —oí nuevamente la voz de Alec a mi espalda.
Suspiré y traté de relajarme, apoyando mi cabeza en el pecho de Edward.
—Edward, entretenla; está muy tensa —escuché el comentario de Alec dirigido a Edward, el cual solo asintió.
Sentí las manos de Edward posarse en mi cabeza, tirándome hacia atrás, obligándome a mirarlo a los ojos. Estaban oscurecidos. Luego, bajó sus manos hacia mis mejillas y las mantuvo en ese lugar, mirando mis labios mientras que poco a poco podía observar las diferentes emociones que se entremezclaban en su mirada. Deseo. Tristeza. Envidia. Frustración. Desilusión. Ternura. Y de pronto, sentí sus labios sobre los míos, para después comenzar a sentir mariposas en el estómago.
¿Desde cuándo sentía mariposas cuando él me besaba?
Suspiré en el beso. Me olvidé de mis pensamientos y seguí besándole. Sus labios son perfectos. Carnosos, dulces, suaves, rosados, en forma de corazón. Lo tenían todo. Él es perfecto.
No recordaba que tenía tres dedos dentro de mí, lo que más me importaba en estos momentos eran los labios de Edward en los míos. Sentí su lengua entrar en mí, explorando cada centímetro de mi boca, lentamente.
El beso paró cuando sentí cómo el miembro de Alec entraba en mi parte trasera con suavidad. Abrí mi boca sin emitir sonido alguno.
Dios. Dolía. Dolía mucho. No me acuerdo ni de respirar. ¿Me va a doler más?
— ¿Cuánto falta? —Pregunté, aferrándome a los hombros de Edward, apretándolo. Sentí las dos manos de Alec abrir mis cachetes para que él entrara más fácilmente.
Me aparté de Edward, colocándome recta. Cerré mis ojos al sentir un pinchazo inmenso. Dolía demasiado.
—Ya está —sentí un suspiro en mi oído izquierdo proveniente de Alec—. Estás muy apretada, nena —gimió Alec.
Mordí mi labio inferior cuando Edward levantó mis caderas y entró en mí en una fuerte embestida.
Esto es demasiado para mí. Ya tengo bastante con una, no me hacen falta dos, y al mismo tiempo. Dios mío.
Ambos comenzaron a moverse dentro, moviendo sus caderas poco a poco. Se sentía muy extraño.
Eché mi cabeza hacia atrás, apoyándola en el hombro de Alec, quien aprovechó el momento y dirigió una de sus manos en mi pezón derecho, apretándolo levemente, haciendo que soltara un gemido involuntario.
—Dios mío… ¡Sí!... Más rápido —gemí, mordiendo mi labio inferior.
Esto me comenzaba a gustar. El dolor no estaba presente. Ahora era la excitación.
— ¡Oh, cariño! Me estás volviendo loco —gimió Edward, moviéndose cada vez más rápido dentro de mí. Yo gemía en cada embestida junto a los chicos. Los dos me tomaban con fuerza, sin piedad.
Agaché mi cabeza, pasé mi brazo derecho por detrás del cuello de Alec y empecé a moverme al ritmo de ellos, cosa que hizo que ambos soltaran un gemido ronco.
—Cariño, deja de hacer eso. Me estás matando—dijo Edward, echando la cabeza hacia atrás mientras apretaba sus manos en mis caderas y me seguía embistiendo con fuerza.
Sentí algo dentro de mí removerse. Sabiendo lo que venía ahora mismo, moví mis caderas sin parar, siguiéndoles el ritmo.
—Estoy… llegando —gemí, intentando respirar con normalidad.
—Vamos, cariño. Córrete… para… nosotros—expuso Edward, sin dejar de moverse dentro de mí.
— ¡Sí!... ¡Oh!... ¡Dios mío! —grité, soltando mi orgasmo libremente. Los chicos aún seguían moviéndose dentro de mí, encontrando la liberación.
A los pocos segundos lo hicieron, se corrieron ambos, al mismo tiempo. Suspiré recostando mi cabeza al hombro de Edward, intentando recuperar el aliento.
Mis ojos se cerraban poco a poco por el cansancio.
Narrador POV.
Alec salió de ella y al poco tiempo, Edward cogió a Isabella por las caderas, dejándola en la cama, en medio de los dos. Alec en su lado izquierdo y Edward en el derecho, quien pasó el brazo por la cintura de esta, le dio un beso en la sien y con un "te quiero" ella se durmió acurrucada a su pecho sudoroso. Durmiendo de una manera que la de cabello castaño siempre había querido hacer con él y que ahora estaba cumpliendo su sueño sin darse cuenta de nada, abrumada por el cansancio.
…
Isabella se removió en la cama, cubriéndose con las sabanas hasta el cuello. Suspiró somnolienta. Se volvió a remover al cabo de unos segundos, hasta que sintió una mano rodeando su cintura y frunció el ceño.
Miró debajo de las sábanas y era la mano de un hombre, volvió su cabeza hacia un lado y vio a Edward, durmiendo tranquilamente. Se removió con cuidado de no despertarle, hasta estar mirando al techo.
Suspiró nuevamente, recordando la noche anterior, o mejor dicho, hace unas pocas horas antes. Volvió a fruncir el ceño al no ver a Alec a su lado, recordaba que cuando estaba a punto de dormirse, él estaba a su lado.
Levantó un poco la cabeza y no vio a ninguna de sus amigas en las camas; lo más extraño era que las camas ya estaban hechas.
—Un momento… ¿y si todo lo he soñado? —se preguntó confundida, pero estaba desnuda y con nada más y nada menos que Edward Masen, el sueño erótico de todas las chicas de la universidad.
Volvió a colocar su cabeza en la almohada junto a la de Edward. Miró su rostro mientras dormía plácidamente después de una noche de locuras entre todos.
Metió las dos manos debajo de la cobija y empezó a acariciar la mano del único hombre en el que pensaba a cada momento, a cada segundo. Él era el porqué de que ella se encontrara en esa universidad.
Hace dos meses vinieron sus padres a decirle que se iban a la otra punta del país por temas de trabajo y le preguntaron si quería ir con ellos y trasladarla a otra universidad.
Estuvo pensando muy seriamente en dejarlo todo e irse con ellos, pero pensar en dejarlo, en alejarse de él, le atormentaba. No podía seguir sin él a su lado. Era el único que no sabía que ella casi se iba a ir, no le había comentado nada por miedo de que le dijese que se fuese o que no le importase lo más mínimo. Le dolería mucho, tal vez demasiado, escuchar esas palabras.
Lo pensó mejor al cabo de una semana y con las insistencias de los demás, dejando aparte el tema de Edward, la convencieron de que no se fuera, que se quedara con ellos, ya que solo quedaba pocos años de universidad y a ella no le gustaría ser otra vez la nueva; ya pasó por una cosa similar y no quería volver a experimentarlo.
Dejó los pensamientos de lado y se concentró en mirar los apetecibles, carnosos y rosados labios de Edward, que pedían a gritos ser besados.
Mordió su labio, intentando no caer en la tentación, pero lo necesitaba… ya ni sabía cuándo podría volver a saborearlos, a probarlos, podría ser nunca. Los amigos no se besan.
Anoche fue una excepción. Fue solo por diversión.
¡Y vaya que diversión! Todos acabaron en la cama.
Se remojó los labios y empezó a acercarse al rostro de Edward, para estar a solo pocos centímetros de sus labios. No sabía si estaba haciendo lo correcto, pero era lo que más necesitaba. Siempre había soñado con tenerlo todas las mañanas abrazándola, chocando su torso con su espalda, desnudos. Después de una noche llena de lujuria, que la despertara con sus besos y con un "Buenos días, princesa".
Sus labios eran su droga y ella, siempre caería en la tentación.
Giró un poco su cabeza y juntó sus labios con los de él. Comenzó a mover sus labios sobre los de Edward, el cual seguía durmiendo. Siguió con el beso, sin estar consciente de lo que estaba haciendo.
El deseo le llegaba a llenar tanto, que estaba cegada.
Sintió cómo la mano de Edward que estaba en su cintura le daba un leve apretón, y en ese momento abrió los ojos ampliamente, dándose cuenta de lo que estaba llegando a hacer.
Se separó de sus labios para ahora estar a centímetros de los de él, rogando porque no se hubiera despertado. No sabría explicarle el porqué del beso. Había una razón, pero era él quien no lo tenía que saber.
Mientras, la otra mano de Edward subió por su cabeza hasta cogerla allí y empujarla hacia él, para juntar nuevamente sus labios con los de ella. Y ahora él correspondería el beso encantado, siendo consciente de lo que estaba pasando en esos momentos entre ellos dos.
Movía sus labios rítmicamente con los de ella, en un beso dulce, donde había cariño y amor por parte de los dos; y que ambos no tenían ni idea que la persona que estaba delante suyo, sentía lo mismo.
Se separaron al intentar recuperar el aliento. Isabella pestañeó sin estar segura de lo que estaba pasando. Levantó la vista sonrojada y vio sus ojos verdes, en los que cada vez que se fijaba, se perdía en ellos. Pasó su lengua por sus labios, probando el sabor de Edward en las mañanas.
Al ver que la estaba mirando fijamente, bajó la vista avergonzada.
—Buenos días, princesa —habló Edward, haciendo eco a sus antiguos pensamientos y rompiendo el silencio entre los dos—. Si me vas a recibir así todas las mañanas, será mejor que te mudes aquí.
Isabella rió por su comentario y subió la mirada un poco menos avergonzada, mirando a todas partes menos a los ojos de su acompañante, porque sabía que si lo hacía, no podría hablar.
—Lo lamento, fue un impulso. Ni sé como he podido hacerlo… —Se detuvo cuando pensó que estaba haciendo el ridículo y volvió a bajar la vista. La mano de Edward se separó de la mejilla y la tomó del mentón, haciendo subir su cabeza y que sus miradas se cruzaran.
—No tienes que pedir disculpas, ¿sabes por qué? —preguntó Edward y sin esperar su respuesta habló nuevamente—. Porque me ha encantado. Tú me encantas. Tus besos me encantan. Todo de ti me encanta.
Bella admiró sus ojos y sabía que a través de ellos decía la verdad, transmitía sinceridad. Ella no sabía qué decir en esos momentos, estaba en completo estado de shock. No se esperaba tal declaración en la mañana y mucho menos proveniente de él. Tragó saliva con dificultad para quitarse el gran nudo que tenía en la garganta.
— ¿Qué me estas queriendo decir? —preguntó ella en un susurro.
—Nunca pensé que fuera a decir esto en estas condiciones, y mucho menos desnudo, pero… —Subió su mano, casi inconscientemente desde su barbilla a su mejilla acariciándola. Isabella fijó la vista a los movimientos de su mano, que ahora se encontraba en su pómulo, brindándole leves caricias.
—Me gustas, Isabella. Me encantas. Te quiero... te quise desde el primer momento en que te vi. Te quise incluso antes de conocerte… —paró al notar que a Isabella se le estaban poniendo los ojos cristalinos—. Oye, ¿por qué lloras? ¿He dicho algo malo? —Subió la mano que estaba en la cintura de la chica y la subió a la otra mejilla para limpiar una única lágrima solitaria.
Ella negó con la cabeza y suspiró. Levantó la mirada, viéndolo un poco borroso gracias a las lágrimas que luchaban por salir y que esta no quería. Dios, como odiaba llorar.
—Es que… he esperado dos años para escuchar eso. —Edward frunció el ceño al escucharla.
— ¿Qué quieres decir con eso?
Ella relamió sus labios. Este era el momento, el momento de decirle la verdad, el momento de decirle lo que siente, sus sentimientos por él. Del mismo modo en que él se le había declarado a ella inesperadamente.
—Yo también te quiero, Edward. Te quiero desde el mismo momento en el que te vi pasar por los pasillos de la universidad… Es una locura, lo sé, pero es la verdad.
En un gesto muy poco femenino, se sorbió la nariz y se quitó unas que otras solitarias lágrimas que caían en las manos de Edward.
Él estaba estático. No creía ese momento. Siempre había pensado que estaba enamorada de Alec, ya que estaban nunca estaban separados uno del otro y encima anoche, lo invitó a hacer un trío. Gracias a eso, ¿cómo no pensar que estaban enamorados? ¿Qué le gustaba su mejor amigo?
Sin decir nada, Edward la empujó hacia sus labios para besarla dulcemente, como se merecía. Ahora podría besarla las veces que quisiera. En público, en privado…
Se separaron, él rozando sus labios con los de ella.
—Te quiero, princesa —susurró él.
—Te quiero —repitió ella, antes de volver a juntar sus labios en un beso lleno de amor.
Definitivamente es el mejor día de ambos. Los dos sabían lo que sentía cada uno por el otro y podrían estar juntos, sin ningún impedimento.
Él quería que ella fuera suya, únicamente suya, de nadie más.
Y ella quería ser feliz con él, para siempre.
¿Quién lo diría? Por un juego, nació un amor verdadero.
+*+*+*FIN*+*+*+
*Footing: Ejercicio físico que consiste en correr una distancia larga a un ritmo moderado y constante, solo o en grupo, sin afán competitivo.
Y Colorín Colorado, esta erotica historia se ha acabado.
Espero les haya gustado esta historia tanto como a mí, y también esta pequeña adaptación; aunque nos tomó aproximadamente nueve meses terminar esta historia. Lo sé, nunca cumplo con los días de actualización, pero, por favor, disculpenme. Trataré de cambiar...
Gracias por su apoyo, por darme un pequeño espacio de su vida al traerles esta mini-historia, por leer, por emocionarse, por todo.
Gracias a todas las personas que estuvieron conmigo durante todo este pequeño viaje. Gracias a mi actual beta Mónica, por ayudarme en los últimos tres capítulos y a mi antigua beta Flaca, también merece las gracias.
Pero los que se llevan el premio mayor, son ustedes, l s lectoras/es por darme una pequeña oportunidad con esta adaptación. Ojalá les haya gustado y dejen sus reviews, favoritos o seguimientos (que ya no servirán de nada porque acabamos xD, jeje).
¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!
Por último, quiero decirles que si quieren adelantos, imágenes, datos o simplemente quieres hacerme una pregunta vayan a mi grupo en Facebook "Edeilyn G. Cullen FanFics" . También que se pasen por mi otra historia original "¿Más Que Amigos?"
Besos y nos leemos muy pronto con mi otra historia o a la proxima vez que quiera hacer otra adaptación, jaja.
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