Resha se observó en el espejo. El vestido, de tafetán gris oscuro, era a la vez sobrio y magnífico. El corpiño se ajustaba sobre su pecho de forma recatada, exhibiendo lo justo para mantener el interés. Las mangas se abrían a la altura de los codos para caer hasta el suelo, sobre la falda de su vestido. Los bordados estaban hechos con pequeñas perlas, algunas blancas y otras plateadas. Y Dinah, la única doncella que su madre le había enviado desde Pyke, le había trenzado el cabello con cientos de aquellas pequeñas joyas del mar. Lo que más impresionaba a Resha era la capa, de terciopelo negro, bordada en oro con el símbolo del Kraken, el blasón de los Greyjoy. Realmente parecía una princesa de las Islas del Hierro, aunque no se sintiera como tal.

— Es la hora —anunció Dinah.

Resha asintió con la cabeza y se dejó guiar por los pasillos de la lúgubre Invernalia hasta la salida del castillo. La ceremonia se celebraría en el bosque de dioses, delante de lo más florido de la nobleza norteña. Roose Bolton era el guardián en el Norte y Ramsay era ahora su legítimo heredero. Nadie se perdería aquel enlace, aunque sólo fuera para cotillear.

Roose esperaba cerca de la puerta, vestido con sus mejores galas. Tan pronto como vio a Resha se acercó a ella y le ofreció el brazo. Él sería el que la conduciría ante su prometido, ya que Euron no había tenido a bien mandar a nadie capaz de llevar a cabo aquel papel. Resha no se sentía mal por ello. A fin de cuentas todo aquello no era más que una gran farsa. Ni ella era una Greyjoy de nacimiento —había nacido Pyke, aunque ahora a Euron le conviniese reconocerla— ni una dama de la nobleza. O al menos no se había comportado jamás como tal. Daba igual con cuántas perlas la adornase Euron, tendrían que pasar muchos inviernos sobre ella para que su piel abandonase el color tostado de los que pasan su vida en el mar. Las sedas tampoco podrían ocultar las cicatrices de muchas batallas ni convertirla en una esposa sumisa. Ni siquiera sabía bailar. Mucho menos bordar.

— Estáis impresionante, lady Resha —dijo Roose mientras la conducía hacia el bosque de dioses de Invernalia, uno de los más grandes del Norte.

Resha lo miró de reojo. Roose Bolton era tan inquietante como su hijo, pero serio, distante y peligroso. Ramsay había heredado muchas de las cualidades de su padre, para bien o para mal. Ambos eran inteligentes y despiadados. Pero donde en uno prevalecía el objetivo, el fin que justifica los medios, en el otro todo servía al único fin de divertirlo. Roose era un estratega, Ramsay un jugador.

— Gracias, Lord Bolton —respondió fríamente al fin.

— Hay algo que quiero comentar con vos antes de que comience la ceremonia —los dedos de Resha se crisparon ligeramente sobre el brazo del hombre, pero él no pareció notar el gesto, o tal vez lo ignoró—. Mi asociación con Euron Greyjoy es firme, y mientras los acuerdos se cumplan no permitiré que mi hijo os dañe… más de lo necesario.

Resha se detuvo y se volvió hacia él.

— ¿Vais a amenazarme, Lord Bolton?

—No —respondió él con tranquilidad—. Sólo quiero que sepáis que vuestra vida está garantizada mientras el acuerdo con vuestro padre siga vigente y mientras llevéis a cabo vuestro propósito.

Resha no salía de su asombro.

— ¿Y cuál es mi propósito?

— Darle un heredero a Ramsay. Ahora es mi legítimo heredero y, posiblemente, el único que tendré —un destello de dolor cruzó los ojos de Roose, que enseguida recuperaron su habitual frialdad—. Quiero que la sangre Bolton continúe a través de él. Si no servís para eso, tal vez tengamos que… buscar una solución.

Resha tenía muy claro cuál iba a ser esa solución.

— De modo que garantizáis mi salud —respondió Resha, irónica.

Roose se volvió hacia ella y la miró sin sonreír.

— Garantizo vuestra vida. Por ahora.

Resha apretó las mandíbulas. Tenía ganas de matar a aquel hombre. En realidad, a todos ellos, por obligarla a participar en aquella ridícula farsa.

— ¿Tengo que garantizar yo la de vuestro hijo? —Se mordió la lengua para no decir "bastardo".

Roose sonrió. Y fue la única vez que Resha le vio sonreír.

— Ramsay puede garantizar eso por sí mismo.

Resha guardó silencio y permitió que Roose la condujese al bosque de dioses sin cruzar palabra. Ya se habían dicho todo lo que tenían que decirse.

Una pequeña multitud se había congregado entre los árboles. Resha contempló los arcianos con aprensión. Las hojas rojas destacaban como gotas de sangre contra la nieve. Resha odiaba el invierno casi tanto como la tierra firme. Pero los arcianos le parecían algo irreal, algo maligno. No creía en aquellos dioses, pero podía comprender a los que tenían que vivir todos los días con ellos.

Ramsay esperaba junto al más grande de los árboles. Iba vestido elegantemente, con un jubón de cuero rojo oscuro, casi negro. La capa roja y negra con el símbolo de los Bolton ondeaba sobre sus hombros. Roose condujo a Resha hasta su lugar al lado de Ramsay, y allí dejó que su bastardo la tomara de la mano. Ella se dejó hacer. No iba a poder escapar de aquello fácilmente. ¿Acaso podía darse la vuelta y correr? Clavó la mirada en el horrible arciano, mientras calculaba la distancia desde Invernalia a la costa, mientras pensaba en cómo conseguir armas y comida y en cómo agenciarse un barco. El sacerdote murmuraba algo, pero ella no lo escuchaba. Sólo podía sentir los dedos de Ramsay acariciando la palma de su mano, obligándola a sentir su presencia aunque ella quisiese ignorarlo. Todo ocurrió muy rápido. Ramsay colocó su capa roja sobre la negra de ella y el hombre desollado se llevó al kraken para siempre. Lo siguiente que sintió fue la boca de él sobre la suya, forzándola a aceptarlo.

Resha sintió las manos de Ramsay sobre su espalda y su nuca, acercándola hacia él, y fue incapaz de deshacerse de aquel abrazo implacable. El bastardo la besó con aspereza, obligándola a abrir la boca para aceptar su lengua. La joven acabó por rendirse ante el abrazo y Ramsay suavizó la intensidad del beso mientras todo el Norte a su alrededor prorrumpía en aplausos. Resha sólo tenía ganas de llorar, pero sabía que su única aliada era la paciencia.

Ramsay se separó de ella con una sonrisa radiante, aceptando las felicitaciones de sus vecinos y amigos. Para él todo aquello era un juego. Un juego que creía que iba a ganar. Resha se quedó atrás, tratando de tragarse la rabia que la consumía. Fue entonces cuando se percató de que Lord Bolton la estaba mirando. Ella le devolvió la mirada con frialdad, dispuesta a demostrarle que estaba a la altura de las circunstancias. A fin de cuentas, ya era una Bolton.

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Durante el banquete Resha no probó un solo bocado de todo lo que le pusieron por delante. Lo único que hizo fue beber. Tenía bastante resistencia al alcohol, ya que se había pasado los últimos años conviviendo con piratas. Así que se dedicó a beber vino, una copa detrás de otra, hasta que todo aquello comenzó a hacerle gracia. Al menos era capaz de reírse, exactamente igual que Ramsay.

Le habían explicado que tenía que pasar por algo llamado el "encamamiento", que básicamente consistía en que los invitados varones de la boda llevasen a la novia hasta el lecho conyugal. Al mismo tiempo, las damas harían lo propio con el novio. Se suponía que aquello resultaría excitante, pero viendo el material que la rodeaba, casi prefería ahogarse con el vino. Sería como la boda del difunto rey Joffrey Baratheon, sólo que la que moriría sería la novia. No, no podía ser. Tenía que salir de allí. Y para salir de allí tendría que encontrar un momento más apropiado.

Cuando la arrastraron hacia la habitación, Resha se sentía bastante mareada, pero todavía fue capaz de repartir un par de puñetazos a los que intentaron propasarse con ella. Estaba borracha, pero no era idiota. Se dejó guiar hasta la habitación con toda la dignidad que pudo reunir y dejó que cerraran la puerta tras ella. A través de las brumas del alcohol, Resha fue capaz de admirar la habitación principal. Era grande, aunque estaba parcamente amueblada. Resha se acercó a la ventana, desde la que se podía observar el Norte en todo su esplendor. Kilómetros y kilómetros de tierra nevada que tendría que atravesar para alcanzar la libertad.

La puerta se abrió de nuevo y Resha se giró levemente para ver cómo Ramsay entraba en la habitación de la mano de varias chicas que parecían encantadas de estar con él. Resha distinguió a Myranda entre ellas, más por la mirada de odio que ésta le dedicó que otra cosa. La joven Greyjoy no pudo contener la risa, se dobló sobre sí misma y comenzó a reír a carcajadas. Ramsay obligó a las jóvenes a retirarse y cerró la puerta tras de sí. Parecía divertido con el ataque de risa de su flamante nueva esposa. Resha volvió la mirada hacia la ventana, aún sin poder contenerse. Estaba demasiado borracha como para procesar aquello con un mínimo de cordura. Todo parecía extraño e irreal. Por el rabillo del ojo pudo ver que Ramsay se estaba desnudando. Se había quitado el jubón y la camisa y la joven no pudo menos que apreciar su cuerpo fibroso y bien formado.

—Desnúdate —dijo Ramsay. Resha detectó el peligro en aquellas, pero el vino la había despojado de toda su cordura. Con aparente docilidad comenzó a forcejear con los cierres de su vestido, que se resistieron a sus torpes manipulaciones.

Ramsay se acercó a ella y la observó con el ceño fruncido.

— Estás borracha.

Sí que lo estaba. Desde luego.

— No puedo abrir esto —confesó Resha mientras señalaba los cierres de su corsé. En realidad, nunca había tenido que vérselas con aquel tipo de ropa.

Ramsay hizo un gesto de fastidio y se acercó a ella con la intención de liberarla del vestido, pero los cierres parecían diseñados para crear problemas. Mientras Ramsay forcejeaba con su corsé, Resha lo observó con atención. El rostro del bastardo no era especialmente proporcionado, pero el conjunto resultaba atractivo. El pelo castaño le caía sobre la frente y casi ocultaba unos ojos de un azul sorprendentemente claro. Resha no pudo evitar pensar que el apellido Nieve le sentaba mejor que Bolton: sus ojos eran como el hielo. Además decían que era un torturador, que violaba y desollaba a las mujeres del pueblo, que su primera mujer había muerto de hambre y que había matado a sus propios hermanos. Y allí estaba, forcejeando con el corsé de Resha con una expresión de concentración total. Resha no pudo evitarlo y comenzó a reír de nuevo. Él la miró desconcertado por un momento y después comenzó a reír también.

—¿Te parece gracioso? —Preguntó mientras le levantaba las faldas.

Resha intentó ponerse seria de nuevo.

— Sí —contestó, mirándolo a los ojos. Y comenzó a reírse de nuevo.

Él se acomodó entre las piernas de ella y volvió a dedicar su atención al corpiño.

— ¿Qué es esta maldita cosa? ¿Una ostra? —Ramsay forcejeó con el corpiño como un niño tratando de entender un juguete nuevo. Resha lo dejó hacer. En realidad, todo parecía estar ocurriendo muy lejos de ella. Como si fuera tan solo una observadora fuera de su cuerpo.

— Eso parece.

Entonces Ramsay perdió la paciencia. De un tirón, destrozó la parte superior del corpiño, dejando a Resha sin respiración.

—Así está mejor —dijo, para después dedicarle una amplia sonrisa. Para Resha aquello ya no era tan divertido. El impulso del alcohol empezaba a disiparse y ella era cada vez más consciente de quién eran las manos que exploraban su cuerpo bajo el tafetán rasgado.

— ¡No! —Exclamó.

Ramsay se apartó de ella y arqueó una ceja, divertido.

— ¿No?

Ella sacudió la cabeza, reculando contra la pared. Se sentía mareada y fuera de control. Para Ramsay, en cambio, el juego empezaba a ponerse interesante.

(Continuará)

Nota: A partir de aquí es posible que cambie la categoría a M. En realidad, es lo que pide el personaje. Pero si los que estáis leyendo preferís que lo deje en T, avisadme, por favor.

Espero que os guste cómo va quedando la cosa. En realidad, Resha todavía no ha sufrido las iras de Ramsay y aún falta Theon por entrar en escena. Recordad que en este punto asumo que Theon ya no está con Ramsay (escapó con Jeyne) y ha recuperado su identidad. Espero que haga su entrada dentro de un par de capítulos, que serán más largos que este. Así que también tardaré en actualizar un poquito más. Espero vuestras sugerencias, preguntas o comentarios. Gracias por leer :-)