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Mariposa
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La misma tarde en la que Musa caminaba hacia la salida de la disquera, perdida en la fantasía de que sus problemas con Riven se solucionarían, una voz masculina la detuvo.
— ¡Hey, Musa!
Ella giró. Era Jason uno de sus compañeros de trabajo. La disquera constaba de varios departamentos y él era manager de algunos de los artistas más nuevos que sonaban en la radio. Era una especie de buen ejemplo de compañero: siempre impecable, guapo, alto, con una sonrisa triunfante y segura. Nunca tenía problemas con los artistas y no tenía retrasos de ningún tipo en sus entregas.
— Uh. Hola— contestó confundida de que él le hablara. No era de su área, así que no debía ser nada relacionado con el trabajo.
— Algunos chicos de la oficina saldremos en la noche. ¿Te agradaría venir?
Musa sonrió con la comisura de los labios. En ese, su primer mes en la disquera, la relación con sus compañeros no había pasado de algo más que un par de bromas. No le desagradaba la idea, pero tenía una visita pendiente esa tarde.
— No estoy segura de poder.
Jason elevó una ceja.
— ¿Verás a tu novio, hoy?
— Nada de eso— murmuró sonrojándose. Iba en camino a ver a Riven, pero la idea sonaba interesante— Tengo que charlar con un amigo.
— ¿Todo bien? Te ves preocupada
— ¡Nada de eso! Todo va bien.
— De acuerdo. Eso espero— murmuró sonriéndole.
Ella desvió la mirada. No estaba segura si Jason era consciente de lo intimidante que podían ser su carisma y su atractivo. Su relación con él se había basado en un par de sonrisas y coqueteos sutiles por los pasillos, así que aún no se acostumbraba a charlar con él.
— En fin— continuó el hombre— si cambias de opinión, llámame.
Musa asintió y al ver que el hombre sacaba su celular, lo imitó. Ambos intercambiaron números.
— ¿Quién más irá?
— Algunos chicos del departamento de sonido y otros de la gerencia.
— Suena bien— dijo Musa intentando sonar animada— Te llamaré, si acabo pronto.
— Me alegra oír eso
Le dio un suave apretón en el hombro, como gesto de despedida. Luego se alejó con su aura de completa seguridad.
Musa suspiró. Francamente esperaba que el resultado de sus planes de hoy la imposibilitara para salir. Se sentía especialmente optimista y le había dejado en claro a Riven que pasaría a su casa para hablar con él.
Se habían visto un par de veces y sólo para charlar sobre el encuentro de Darcy con Riven, un par de nimiedades del empleo de Musa y la nueva escuela de Hannah.
Tomó el primer autobús que pasó por la parada.
Sentía nervios, pero una pequeña parte de ella esperanzaba que las cosas salieran bien, porque nuevamente sus amigas— en especial Layla y Tecna— le habían infundido suficientes ánimos como para preguntarse porqué Riven no podría sentir algo por ella. No es que creyera segura la respuesta de su mejor amigo, pero únicamente el miedo a ser rechazada era lo que la hacía pensar lo contrario.
Cuando llegó a la casa de Riven, este la invitó a pasar, con su mejor cara de padre cansado. No había sido una buena tarde para él, entre los problemas en el gimnasio y la energía de su hija.
El lugar era un desastre. Aparentemente Hannah había hecho su tarea entusiastamente y la mesa del comedor estaba cubierta de hojas de colores, crayones, estambre y pegamento. Añadido, la alfombra de la sala había sido esparcida con libros y juguetes.
— Quería hablarte de algo importante— dijo Musa.
Él no la miró. Recogía los crayones y los metía en un estuche.
— Riven…
— Te escucho.
— Es importante
Riven se enderezó y la miró a los ojos.
— ¿Tu padre está bien?
— ¿Qué? ¡Si! Sí, sí, él está bien. No es de eso de lo que quería charlar, pero esperaba que pudiéramos conversar tranquilamente…sentados. Tú sabes.
Riven arqueó una ceja y suspiró. Dejó el estuche en la mesa y se cruzó de brazos, dispuesto a escucharla atentamente. De hecho, demasiado atento, pensó Musa sintiéndose más nerviosa.
— Siento que han cambiado un poco las cosas últimamente.
— ¿A qué te refieres?
— A nosotros.
— Bueno, Hannah entró a la escuela y tú estás en tu nuevo empleo. Y no sé, lo último con Darcy…yo no sé… Hablaste con Helio, imagino.
— ¿Qué? ¡No! ¿De qué hablas?
— De que Helio dice que estoy siendo sobreprotector.
Musa se llevó las manos al rostro.
— Me refería a tú y yo, desde que pasó eso en el sillón.
Un hilo frío atravesó la espalda del hombre. No había querido pensar que Musa iba a ser tan directa y valiente como para hablar de ese incidente, por ende, había dado por hecho que ellos jamás tendrían esa conversación.
Tragó saliva y miró hacia otro lado, intentando armar una buena respuesta, pero al regresar la mirada para ver a Musa, cruzada de brazos y esquivando su mirada, no pudo más que quedarse en blanco. Había querido alejarse constantemente del recuerdo de Musa besándolo, suspirando en su oído y enredando los dedos en su cabello; pero cuando su mejor amiga precisamente se disponía a hablar de ello, el recuerdo lo atacó, tomándolo desprevenido.
El erotismo momentáneo dio paso al miedo.
Miedo de lo mismo desde que había aceptado que ellos nunca podrían ser nada más que amigos.
— Creo que te debo una disculpa— comenzó el hombre— Jamás debí haberme comportado de esa manera y no quisiera alejarte de…— tanteó la palabra y la cambió al último momento— de nosotros. Me comporté como un patán.
Musa bajó la mirada. No era lo que esperaba. Con una repuesta así, cortaba el hilo de conversación fantaseado por ella durante toda la mañana.
— ¿Entonces, porque lo hiciste? Digo, yo creo que…ambos tuvimos culpa, pero….
— Decirte que únicamente me dejé llevar por el momento me haría aún más patán y, en serio, creo que no fue lo único que afectó.
Ella lo miró esperanzada.
— No más vino para nosotros, eh— bromeó son una sonrisa avergonzada.
La esperanza cayó al suelo, como una mariposa imposibilitada de sus alas.
— ¿El vino? Entonces, me besaste porque el vino…
Riven asintió indeciso. ¡Por supuesto que no!, él sabía beber como un marinero, sin incluso tener resaca; pero ni siquiera se había planteado la posibilidad de hablar sobre la verdad, como lo profundamente enamorado que se sentía de ella y mucho menos, de lo mucho que deseaba incluirla en todo los ámbitos de su vida. No era opción, porque creía conocer sus límites y sus posibilidades.
— Musa, en verdad, no sé qué hacer para reparar mi error. Perdona.
Ella tragó saliva y miró hacia otro lado. No iba a llorar, no ahí, porque no había una mentira lo suficientemente buena que la excusara de llorar frente a él, con semejante respuesta de por medio.
Que la amaba. Había deseado que él a su modo respondiera algo así.
Pero la mariposa en el suelo se sentía marchita y rota.
— De acuerdo. No es…no es como para dejar de hablarnos. Y tienes razón, nos hemos distanciado un poco con esto del nuevo trabajo y la escuela de Hannah, pero no vamos a terminar nuestra amistad por estas cosas. Somos amigos. — rectificó, más para ella misma que para aclarárselo a él.
— Así es.
Musa asintió y sonrió.
— Bien, pues me parece bien. ¿Sabes?, me alivia que hayamos conversado de esto— sonrió con todo el esplendor que sus ánimos le permitieron y lo abrazó apenas para despedirse— Quedé de verme con las chicas, pero pronto vendré a visitarte a Hannah y a ti.
Riven sintió un hueco abrirse dentro de él. No era que esperara otra reacción, pero le sorprendía el no haberla anticipado. Le dolía.
— Está oscureciendo, te llevo a casa.
Musa fingió más su sonrisa e hizo todo un esfuerzo todo el camino a su departamento, para no llorar. Si Hannah no hubiera estado ahí, contándole lo que había aprendido esa mañana en la escuela, seguramente no habría resistido.
Cuando llegaron a su destino, salió del auto agradeciéndoles. Se estiró para besar en la frente a Hannah, sentada en la parte trasera y, como parte de su acto de comportarse de la manera más natural y casual posible, también besó la mejilla de Riven. Salió del automóvil y caminó hasta la entrada. Con una felicidad radiante y falsa, los despidió con un gesto de mano, antes de que partieran y ella entrara.
Cuando cerró la puerta, la sonrisa de la mujer cayó lentamente junto a la mariposa. Antes de cruzar la sala rumbo a su habitación, se detuvo, mirando sus zapatos. Se enjugó las lágrimas, apenas estas salieron. Odiaba sentirse así. Siempre por Riven. Siempre. Había dormido llorando muchas veces, sintiéndose tonta por haber creído que él la podría considerar amorosamente, pero parecía no aprender la lección. Él no tenía ni espacio ni ojos para ella.
Eso era cansado. No era sencillo llevar un estilo de vida así, donde caía de tan alto, creyendo constantemente que volaba a la dirección correcta. Fue ese mismo cansancio el que la hizo respirar profundo y secar sus lágrimas cuidadosamente. No iba a correr a los brazos de Layla y Tecna, para volver a llorar. O por lo menos, no esa noche.
Podía hablarles a ellas y al resto de sus amigas, Bloom, Flora y Stella y les preguntaría si deseaban salir a cenar. Las escucharía e iba a esforzarse por no sucumbir al deseo de desahogo, por no terminar llorando frente a sus amigas. Sonaba difícil, pero bien.
Entonces, al dar un paso para cruzar la sala, recordó a Jason y a los chicos de la oficina. Se detuvo.
Sonaba fácil y divertido.
Sonaba mejor.
No era recoger la mariposa del suelo, era ignorarla.
Pero en realidad sonaba mejor por esa ocasión, porque no pensaba que la mejor idea fuera quedarse en casa a llorar y tampoco fingir indiferencia, si sus amigas mencionaban a Riven.
Sacó su celular y, al marcar, no esperó mucho tiempo a que respondieran al otro lado de la línea
— ¿Jason? Hola, soy Musa. ¿A qué hora se verán y dónde? Estoy libre.
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Michel95, ItsMetalItsOurBand, Dobreva, yeselin, dulcenathy, Magdas ylizzymusa
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Cereza Prohibida
