N/A: Nuevamente gracias a Arken Elf, Dantasia y Tavata por sus reseñas. Ustedes sí que saben hacer sentir bien a alguien, chicas ;o) Este capítulo que sigue me resultó un tanto duro escribirlo porque quería ser realista y a la vez dramática, como una situación similar en el mundo real exigiría. No soy psicóloga ni nada parecido, pero traté de meterme en la mente de los personajes y escribir reacciones lógicas, tomando en cuenta los dolorosos antecedentes de ambos y, por supuesto, sus respectivas personalidades. En fin, no me extiendo más.


Capítulo 7

Pequeño Crank, pequeño Crank…

Eres mi orgullo, pequeño Crank…

Thundercracker fue arrancado con rudeza de los dominios de la nada por un fuerte y abrupto espasmo.

Su regreso al mundo de la consciencia no pudo haber sido más desagradable. Docenas, cientos, miles de quemantes cuchilladas invadieron su cuerpo, cada una más dolorosa que la anterior.

No podía ver. Mala señal. Tal vez el brutal castigo que había recibido lo había dejado ciego permanentemente. La oscuridad era más que una posibilidad. Recordaba haber sido golpeado en la cabeza incontables veces. Seguramente sus sensores ópticos habían recibido un daño irremediable.

Pero la artificial lógica de sus sistemas auto reparadores continuó con su esfuerzo de devolver la consciencia a ese cuerpo tan salvajemente lastimado.

Poco a poco, una confusa gama de colores pudo ser percibida por su dañada visión. Antes de poder distinguir cualquier forma, los interiores de sus circuitos ópticos le revelaron el status de los daños recibidos recientemente. Su mente estaba demasiado abotargada todavía, así que se centró en lo evidente: motores traseros destruidos, un ala mutilada en más del cincuenta por ciento, compartimiento pectoral parcialmente destruido, comunicador inutilizado, nivel de energon al 15 por ciento…

Los datos dejaron de pasar y su visión continuó aclarándose. Una marcada fisura que se dibujó sobre uno de sus ojos le reveló un daño adicional: óptico derecho reventado. Por primera vez en mucho tiempo, la instintiva vanidad que cada Seeker poseía se apoderó de Thundercracker mientras reflexionaba con vergüenza sobre lo arruinado que debía verse…

Por instinto, trató de sacudir la cabeza para expresar su pesimismo, pero le fue imposible. Algo frío y pesado estaba restringiendo su cuello.

Cadenas.

Pesadas y fijas. Estaban en sus brazos, en sus piernas, en su cintura, en su cuello… Thundercracker no sabía ya de dónde provenía el dolor, si de las múltiples heridas en su cuerpo o del peso agobiante de las cadenas que lo mantenían fijo a la pared. No había manera de determinarlo.

Trató de moverse. Esfuerzo inútil. Únicamente sus dedos podían extenderse con cierta libertad. Por alguna bizarra razón, esa simple acción le pareció fascinante. Nunca antes se había puesto a pensar con detenimiento en el delicado mecanismo que permitía que sus dedos se movieran con tanta flexibilidad. De repente, su estética apariencia se convirtió en objeto de orgullo… al menos hasta que descubrió que tres de ellos estaban rotos.

Su boca se torció en una débil sonrisa al tiempo que su mente se centró en el pensamiento de que, irónicamente, no podía sentir el dolor de sus dedos rotos porque el sufrimiento en el resto de su cuerpo era demasiado abrumador. Por qué eso le pareció divertido, no podía saberlo.

Durante los siguientes minutos su consciencia regresó completamente; la confusión se evaporó por completo y no dejó lugar más que a la cruda realidad. Fue entonces que la totalidad del problema en el que se encontraba azotó por completo la mente de Thundercracker: era un prisionero.

Todo rastro de sonrisas irónicas y todo tipo de inocente fascinación por los mecanismos de sus dedos desapareció abruptamente. Thundercracker sacudió su cuerpo con violencia, moviéndose apenas unos pocos centímetros pero haciendo un fuerte sonido que apenas pudo reflejar su furia contenida.

El sonido de tranquilos pasos aproximándose demostró que su repentino impulso de libertad había sido escuchado.

Una figura alta, imponente en su pintura blanca y negra, se acercó y se paró afuera de la celda que encerraba al Seeker. Thundercracker hizo una mueca de desprecio al reconocer a su visitante.

-Veo que por fin despertaste,- dijo Prowl, su expresión carente de toda emoción.

Thundercracker desvió la mirada. De todos los Autobots en el universo, tenía que ser éste el que presenciara su humillación.

-Lamento mucho la brutalidad de tu captura,- continuó Prowl.

Al Autobot no le sorprendió el silencio de su enemigo. Pese a las incómodas circunstancias que la presente situación seguramente estaría generando en el prisionero, Thundercracker siempre había sido un Decepticon de muy pocas palabras.

-Fui enviado por Optimus Prime para supervisar tu juicio ante el Supremo Concejo de Iacon.

Thundercracker levantó la mirada y la clavó profundamente en Prowl. Por una irónica coincidencia, sus pensamientos eran muy similares a los de su enemigo. A pesar de los millones de años que había combatido contra ese Autobot, Thundercracker pensó que era la primera vez que lo escuchaba decir tantas palabras juntas.

-Thundercracker, es mi deber informarte todos los detalles sobre tu próximo juicio…

-Déjalo, Prowl. Sólo vete,- habló finalmente Thundercracker con un claro tono de odio en su voz. –Preferiría pasar mis últimas horas en absoluta soledad.

Prowl titubeó. Le desagradaba profundamente dejar una tarea sin completar, e informar a un prisionero los procedimientos de su juicio era una rígida norma del Código de Leyes Autobot. Sin embargo, el quebrantado aspecto del Decepticon era una visión perturbadora de contemplar. El antes orgulloso y mortífero Seeker era ahora la pura imagen de la derrota, una imagen que excedía por mucho los meros efectos del castigo físico que había recibido.

Las circunstancias alrededor de la captura de Thundercracker eran sorprendentes y habían abierto una puerta al pasado del Decepticon, un pasado que Prowl nunca habría imaginado para ese particularmente peligroso enemigo. Tal vez, si las cosas hubieran sido tan solo un poco distintas, Thundercracker habría sido un magnífico guerrero Autobot… como estaba destinado a ser…

Fue ese particular sentimiento y un profundo respeto tomando forma adentro de su chispa vital lo que llevó a Prowl a marcharse sin decir nada más.


Más de dos horas pasaron y nada perturbó la soledad del cautivo. Aparentemente el segundo al mando Autobot había dado las órdenes respectivas para respetar la privacidad de su prisionero después de todo, aunque Thundercracker estaba seguro de que había cámaras ocultas observando cada uno de sus movimientos, o, en este caso, su ausencia de ellos. Pero no le importaba. De hecho, ese era el último de sus pensamientos.

Tampoco pensaba mucho en el destino que le esperaba. Las leyes Cybertronianas eran muy rígidas desde mucho antes de la guerra. La alta traición sólo tenía un castigo: la desactivación total. Pero su próxima muerte tampoco estaba entre sus preocupaciones inmediatas. Todo era Cranker. Cranker y su traición.

Traición.

La palabra había evolucionado completamente. Thundercracker la repitió en su mente una y otra y otra vez… sonaba tan extraña… su significado removido de súbito. Solamente el dolor y el remordimiento proveían alguna dosis de sentido.

¿Acaso no había sido él quien había traicionado a su creador primero? No lo sabía. Se rehusaba a admitirlo. La pregunta mostró sus colmillos con ferocidad, golpeándolo sin piedad por primera vez en nueve millones de años.

Thundercracker entrecerró sus ópticos. Había sido egoísta… eso sí podía admitirlo. Siempre se había sentido orgulloso de su creciente madurez pero en realidad seguía siendo ese recién creado inmaduro y pretencioso. Toda su vida había estado guiada por ideas de grandeza, por codiciosas ambiciones, por lujuriosos e individualistas deseos… Nunca se había detenido a considerar las heridas que sus decisiones impetuosas abrirían en su creador. Siempre había sido muy fácil dejarse llevar por el egoísmo y justificarlo en anhelos de libertad y cambio.

Pero el momento para dar la cara por sus errores había llegado. No habría una segunda oportunidad. Le quedaban muy pocos ciclos de vida, tal vez ni siquiera eso.

El cautiverio era doloroso y asfixiante, más de lo que había creído. Recordó todas esas ocasiones en las que él y Skywarp se habían burlado de la idea de ser prisioneros de los Autobots... Ninguna de esas irónicas y oscuras situaciones podía compararse con lo que estaba viviendo. La falta de libertad era por sí misma una manera de morir.

Pero era mucho más que la mera privación de la libertad, o el confinamiento que estaba volviendo loca la claustrofobia que lo había atormentado desde que era un recién creado. Ni siquiera era la proximidad de la muerte.

Era la tristeza.

Muchas cosas ya no existirían para él. No volvería a volar nunca más, no volvería a ver a Skywarp, no viviría para ver la tan ansiada victoria de los Decepticons… Era curioso cómo ahora todas las ambiciones de su juventud, los sueños de conquista y grandeza que lo habían llevado a traicionar sus orígenes, carecían totalmente de significado.

Pero fue un solo pensamiento el que lo sumió en la más devastadora desesperación, un solo pensamiento el que pesó como una intolerable carga sobre la chispa de Thundercracker, destrozándola en pedazos. Esa voz, antes amorosa y alegre… esa voz que era lo primero que su consciencia virgen había registrado en el momento en que su vida había empezado… esa misma voz que él mismo había matado hacía tanto tiempo… esa voz que no volvería a escuchar nunca.

La guerra no tenía piedad por nadie. Destruía familias, las partía en partes irreconciliables y las arrojaba en extremos opuestos de su línea de locura. Pero Thundercracker se preguntó… cuánto de ese daño y destrucción habían sido hechos por su propia mano? Acaso sus ambiciones lo habían hecho débil… cruel?

-Pequeño Crank…

La voz llegó como una salvación, la respuesta que estaba esperando.

Thundercracker tembló de sorpresa. No había escuchado los pasos, no había sentido ninguna presencia. Alzó su dolorido rostro y sus ópticos se encontraron con los de su creador.


Cranker contempló a su encadenado hijo con tristeza infinita. La angustia oprimió su chispa vital al ver la expresión muerta en el rostro de Thundercracker, totalmente carente de esperanza.

Creador y creación se miraron uno al otro en silencio, la traición pesando entre ellos.

-Tuve que hacerlo, Steelcrank…- murmuró Cranker acercándose a la celda.

¿Tuvo que hacerlo? Traición, lealtad... cambiaban de disfraz todo el tiempo pero al final siempre asumían la misma desnuda forma de dolor. Las incongruencias de la guerra se aclararon de súbito para Thundercracker.

Pero estaba demasiado herido y furioso… demasiado decepcionado… Su razonamiento no podía ser lógico en ese momento. Una vez más dejó que sus emociones lo dominaran. Un solo pensamiento ocupaba su mente: su muerte vendría de la mano de su propio creador…

-¿Cuánto?- dijo sombríamente el Seeker, el odio muy claro en su voz.

Los ópticos de Cranker parpadearon reflejando su confusión.

-Dijiste que había un alto precio por mi cabeza. ¿Cuánto te dieron?- espetó brutalmente Thundercracker.

-N-no… no acepté nada...

-¿Por qué no? Cumpliste tu deber, no es así… Autobot?

El mismo Thundercracker se asombró del rencor en sus propias palabras, pero no había sido capaz de reprimirlas, no había querido…

Cranker bajó la cabeza. –Nunca podrías entender que lo hice para salvarte…

-Salvarme?! Salvarme?!- gritó Thundercracker llevando su vocalizador al límite. –Me has condenado, eso es lo que has hecho! Cómo te atreves a hablarme de salvación?! Debería agradecerte por darme una última lección o acaso es tu derecho paternal quitarme la vida que me diste en primer lugar?

Cranker retrocedió, incapaz de soportar la brutalidad de las palabras de su creación. No pudo contestar. El Autobot permaneció con la cabeza baja, su mirada clavada en algún lugar del suelo, durante los varios minutos en los que prevaleció el silencio.

-Nunca me dijiste,- habló finalmente Cranker.

El cuerpo de Thundercracker se convulsionó de rabia. -¿Qué?- espetó furiosamente.

-Nunca me dijiste a cuántos Cybertronianos has matado, Thundercracker.

El Seeker comenzó a temblar en completo estupor, asombrado hasta lo más profundo de su chispa vital al escuchar por primera vez a su creador dirigirse a él por su nombre de Decepticon. Toda la rabia se desvaneció. Todo lo que quedó fue miedo y la urgente necesidad de perdón.

-Espero tu respuesta,- continuó Cranker con voz mucho más fuerte.

-No lo sé… No podría saberlo…- murmuró Thundercracker completamente derrotado.

Cranker suspiró, su duro rostro regresó a los dominios de la tristeza. –Han sido demasiados, entonces… ¿Y aún así me preguntas por qué te… entregué?

Thundercracker ya no pudo ver más a los ópticos de su creador y clavó su mirada en el suelo. Deseó que la golpiza que le habían dado los soldados Autobots lo hubiera cegado. La oscuridad habría sido muy bienvenida en ese momento.

Cranker se aproximó a la celda hasta que sólo unos pocos centímetros lo separaron de los barrotes de energon.

-No tiene que ser así... Ellos… ellos no te condenarán a muerte si… si te declaras culpable… si pides piedad…

Thundercracker alzó la cabeza. Su rostro había vuelto a adquirir una expresión de grave dureza.

-¡Nunca voy a rogarles!- habló su orgullo.

Cranker sacudió la cabeza. –Veo que tu ceguera persiste… Dónde está tu gloria ahora? Dónde está ese destino de grandeza que mencionaste el día que empezaste tu transformación en el deshonroso Transformer que eres ahora?

Thundercracker bajó la cabeza. Podía recordar. Por un momento, la visión de ese día en que abandonó a su creador para seguir sus propias ambiciones fue asombrosamente clara en su mente.

-Veo que toda esperanza está perdida…- murmuró Cranker tristemente.

Thundercracker no respondió.

El viejo Autobot retrocedió y le dio la espalda a su creación. Empezó a retirarse, sus piernas apenas sosteniéndolo.

Thundercracker lo vio alejarse de reojo con el único óptico que tenía funcional. Quería correr tras él, rogarle que no lo dejara, que se quedara a su lado. Pero las súplicas por el perdón no fueron capaces de exteriorizarse.

De repente, era un recién creado de nuevo. La guerra nunca lo había tocado. Thundercracker sabía que el único culpable de sus pecados era él mismo.

Cranker casi había desaparecido por el corredor cuando escuchó a su hijo gritar en agonía.

-¡¡Padre!!

Cranker se detuvo y miró sobre su hombro, un pequeño brillo de esperanza latente en sus opacos ópticos.

-Quiero que estés ahí,- dijo Thundercracker con voz plana y estéril.

-¿Dónde?

-Mi ejecución… quiero que la mires...

Las palabras excedieron la brutalidad. La chispa de Cranker fue penetrada por el dolor más agudo y devastador de su milenaria existencia.

Thundercracker se arrepintió de haber hablado en cuanto terminó de pronunciar esas palabras, pero era demasiado tarde. Su último acto de dolor hacia su creador estaba hecho.

Cranker no respondió. Continuó caminando hacia adelante, sus piernas apenas capaces de sostenerlo. No fue sino hasta que estuvo fuera de la vista de su hijo que colapsó en el suelo, su rostro enterrado entre sus manos.

Continuará.


Basta una sola acción para matar, pero un solo pensamiento para traicionar.

Bueno, y con esto empatamos este fic con su versión en inglés. El próximo capítulo será publicado en dos días y será la primicia, ya que en el de inglés me voy a tardar un poquito más porque en lo que lo traduzco y me lo revisa mi beta siempre me cuelgo :oP Pero qué mejor que estrenar ese capítulo en su idioma original. Espero les guste, todavía tenemos algunos capítulos por delante :o)