N/A: Bueno, ha llegado el final. Muchas gracias a todo. ¡Disfruten el último capítulo!


Fionna caminaba por el páramo, rumbo a la casa de Marshall. O al menos caminaría si Cake la dejara.

-¡Cake, por Glob! ¡Déjame caminar!

-Pero ésta hierba se ve misteriosa y oscura. Ahí arriba en mis hombros estarás segura.

-Bájame, Cake ¬¬

-¡No! ò_ó

-¡Bájame! Ò_Ó

-¡Deja de poner emoticones! ¡ò_ó!

-¡Deja de ponerlos tú! ¡Ò_Ó!

Siguieron así por un rato más, hasta que llegaron a la caverna del Rey Vampiro. Desestimando los emoticones de Cake, Fionna se bajó de todos modos de sus hombros, aguantando el dolor en su pecho para no darle la razón a su hermana. Marshall no estaba en su casa, pero eso no desalentó a la heroína de gorro de conejo.

-¿En dónde estará? Cake, echa un vistazo.

La gata alargó su cuello cinco metros sobre el suelo. Luego de buscar durante unos momentos, su cabeza volvió junto a la humana.

-Lo vi en el lago. Sólo ese vampiro iría al agua con un día tan nublado.

-¿Está con la Reina Helada?

-Sí, y ya te dijo muchas veces que la llames Simone.

-¿Ves a Marshall por aquí? Además, los viejos hábitos tardan en morir. Vayámonos al lago, Cake.


Después de mil años, y al fin lograr recuperar a Simone Petrikov no sólo como amiga, sino también como pareja, Marshall Lee deseaba que se quedara así por mucho tiempo. Pero no creyó que apenas la recuperara tendría que luchar por ella de nuevo.

-¡Aléjate, pajarraco endemoniado!- Dijo Marshall tratando de quitarse a Gertrude de encima.

La pingüinita estaba alborotando a Marshall en aquella orilla, y el vampiro no sabía cómo demonios esa alimaña escapó del armario. Aquella mañana despertó nublado y sombrío, perfecto para salir de paseo. Aunque no quería despertar a Simone (Glob sabía lo perfecta que se veía dormida a su lado) ella despertó en ese momento, con iguales ganas de salir afuera.

Mientras armaban su canasta de picnic, Gertrude comenzó a picotear la pierna de Marshall, cuidándose de no ser descubierta por Simone. Marshall odiaba a esa ave, desde que se mudó con ellos no dejaba de molestarlo. Por lo que disimuladamente la encerró en el armario.

-¡Simone, quítamela!

-¡Gertrude, ya para!

Petrikov tiraba con ambas manos de su plumífera mascota, separándola lentamente del Rey Vampiro. No entendía por qué Gertrude se comportaba así con Marshall. No le gustba tener que ser árbitro entre ambos, tendría que hablar muy seriamente con la pingüina después.

Gertrude soltó a Marshall y quedó priionera en los brazos de la peliblanca. Ni siquiera trató sacudirse, aunque aleteó un poco.

-¡Mala Gertrude! ¡Mala!

-Pajarraco imbécil.

-¡Marshall!

-¡Pero si ella empezó!

Si Marshall hubiera sabido pingüinez, se habría horrorizado por el lenguaje de Gertrude.

Simone comenzó a acariciar el plumaje de la pingüina, logrando que se relajara. Luego la soltó y la mandó al lago a nadar.

-Me gustaría que dejara de hacer eso.

-Gertrude se siente celosa. Sólo tiene que acostumbrarse a ti.- Le respondió la peliblanca.

-Por suerte no es inmortal.

-He estado pensando en morderla.

-Ni se te ocurra.

El día estaba precioso para los gustos de ambos vampiros. Parecía que en cualquier momento se iba a largar a llover, empapándolos a ambos. Por las dudas Marshall Lee trajo su sombrilla, ya que el cielo podía ser traicionero. Tenía su guitarra en el regazo y la cabeza en el hombro de Simone, quien miraba el paisaje y ojeaba un ejemplar amarillo de Rey Lear, ocasionalmente chupando una manzana.

A Marshall le había cambiado la vida por completo, y era una sensación extraña, pero feliz. Tenerla en su casa y convivir con ella era una nueva gran aventura. Conseguirle un guardaropa nuevo, sus viejos instrumentos de anticuaria, libros nuevos. Quería instalarla definitivamente.

El vampiro sonrió mientras recordaba el trayecto hasta ese día. Las primeras dos semanas ella durmió en un cuarto separado; pero una noche, tímidamente, se coló en su cuarto y se metió en su cama. Marshall la atrajo a sí, olfateando el olor de su champú, enterrando la cara en su cuello. Casi como por costumbre, empezó a besarla ahí, saboreando la piel vainilla.

-¿Segura?

-Tú ya sabes cuál es mi sabor. Quiero saber el tuyo.

La mañana siguiente Marshall cantaba canciones sobre felicidad y amor por los bosques.

El Rey Vampiro apoyó la cabeza en las piernas cremosas, sin dejar de experimentar con su guitarra. Simone se estaba adaptando bien al vampirismo, sin perder su identidad ni su color de piel. De vez en cuando conversaba con Fionna, contándole a la niña rubia sobre la vieja civilización humana.

Pronto tendría que presentársela a los demás vampiros. No había Rey ni Reina sin reinado, aunque vivieran muy lejos y fueran muy pocos.

-¿Cuántos otros vampiros existen, Marshall?

-Cerca de cincuenta la última vez que nos reunimos, y eso fue hace diez años.

-Wow, pocos.

-Siempre hemos sido pocos los que soportamos ésta vida. La soledad le gana a la mayoría.

-Qué bueno que no estamos solos.- Dijo volteando hacia su hombro.

-Qué bueno, ¿no?

Marshall se inclinó para besarla...

-¡CAKE! ¡QUÉ PUEDO CAMINAR SOLA!

-¡QUÉ NO!

...Y se separó al ser interrumpido por (las inoportunas) Fionna y Cake.

-¡Marshall!- Fionna bajó de Cake y saludó a su amigo.- Hola, bruja.

-Hola, marimacho.

-Deberían casarse.- Dijo Cake.

Cake fue a juguetear con Gertrude, ya que Fionna y Simone empezaron a conversar de nuevo. Marshall sabía que no eran exactamente amigas, que a Fionna le costaba mucho confiar en ella, pero tenía la esperanza de que pudieran volverse más cercanas. Simone necesitaba amigos, y si Fionna se llevaba bien con ella podrían estar juntos los tres.

Marshall Lee observó a Gertrude y Cake jugar con un balón. Su mirada se pasó luego a las chicas a su lado, conversando tranquilas, algo cohibidas. Sonrió. Hasta tenía ganas de reconciliarse con Blowpop (pocas, pero algunas tenía). Todo era perfecto.

El Rey Vampiro consiguió a su Reina. Y se aseguraría de que ésta fuera feliz a su lado durante mucho, mucho tiempo.


N/A: Okay, éste fue su final feliz. Gracias por todo :)