Capítulo 7

PUPPY LOVE

No pasaban más allá de las tres de la tarde y había sido una mañana bastante tranquila aun para ser un lunes. Aquella excesiva calma, más que animarla un poco, le provocó una sutil preocupación. Tsume Inuzuka, quien estaba al frente del negocio familiar por casi treinta años –y contando- sabía a qué atenerse respecto a días tan poco productivos. No es que la situación económica fuese mala, pero cuando las cuentas se acumulaban en menos de una quincena y apenas se había sacado algo de ganancia en la semana, todo panorama optimista parecía exagerado.

Y aun no se había resuelto la prominente demanda que había lanzado a Madara Uchiha, con la misma ferocidad que un arponero arroja su mejor tridente hacia una bestia inminente. Y éste, igual que una vil bestia rastrera, no había hecho más que hacerse el encontradizo, metiendo sus acaudaladas influencias de por medio.

Una demanda fijada en casi ciento cincuenta mil ryo… suficiente como para librar las cuentas de suministros, conseguir nuevo equipo quirúrgico y ampliar el área de las perreras.

Tsume dejó escapar un suspiro largo, mientras con la mano derecha, sujetando el desgastado lápiz, tachaba algunas líneas de la lista de inventario médico. Adiós a unos cuantos antihistamínicos y un par de soluciones sedantes de duración prolongada. No habría problema, aun había mucho medicamento básico y eficiente, sólo esperaba que en el transcurso del mes no llegase nadie con un animal grande requiriendo una cirugía a corazón abierto.

Volvió a leer el listado de material, profirió un quejido entre dientes, estando a punto de cerrar la carpeta. El timbre de la puerta de la entrada principal siseó intermitentemente.

—Obito… —resolló hacia la figura que entraba dificultosamente; un muchacho de veinte y tantos, vestido con un desgastado mono azul oscuro y cargando una pila de sacos de alimento seco para perro—…te he dicho miles de veces que no tienes que entrar por la puerta principal, para eso está la del personal.

—Yo le dije que aparcara la camioneta en la entrada–enunció Hana detrás de éste. Su madre le dirigió una mirada severa—Ya sabes el escándalo que los perros hacen si pasamos delante de las jaulas con la comida.

—Entonces deberíamos cambiar la bodega hacia el área opuesta –Tsume volvió su atención al listado, más que nada para evitarse la penosa tortura de ver a Obito Uchiha hacer equilibrio con el tropel de cinco kilos de alimento seco.—La entrada principal es para los pacientes, no es zona de carga y descarga.

—No se preocupe Tsume-samaaaa… —con la destreza de un trapecista alcoholizado y ciego, Obito Uchiha pasó derrapando por la sala de espera, llevándose una de las sillas en el camino y casi yéndose de bruces contra el portón de la bodega.—¡Estoooy bieeen!

Hubo un ruido metálico –posiblemente una estantería siendo empujada con nula delicadeza- cuando el muchacho finalmente llegó al cubículo de las provisiones. Tsume miró por sobre el hombro hacia el pasillo, decorado de medicinas, guantes de cirugía y frascos de vitaminas desparramados en el piso como un sendero revuelto.

—Uchihas… bueno, al menos no toda la cosecha salió podrida como Madara. Aun quedan algunos con humanidad en sus venas.—dijo con cierta celeridad, a pesar del ceño fruncido de su primogénita.

Hana a su vez echó un vistazo a la lista de suministros, con los cinco renglones tachados en lápiz.

—Pues a éste paso, él y Kakashi serán los únicos voluntarios que tengamos esta temporada y no podremos permitirnos más. –dijo la joven en un aire casi apagado.

—¿Qué hay de Shisui? Esperaba verlo por aquí como todas las tardes.

—No quiero asfixiarlo, además ha ayudado bastante la semana pasada.

Tsume atajó con una mirada suspicaz hacia su hija.

—Si tú lo dices, pero no deberías apartarlo, es como si te desquitaras por lo que el otro Uchiha roñoso hizo…

—Madre, esto no es por Itachi. –Hana eludió la mirada y la conversación, levantando los enseres derrumbados del pasillo y la estantería—…además por el momento con Obito es suficiente ayuda, será despistado pero es responsable…

Inoportunamente una de las agudas exclamaciones del aludido Uchiha irrumpió el momento.

—¡Ay, no!

Pasó por un lado de Hana, rodeando el mostrador de la recepción, quedándose nerviosamente quieto bajo el marco metálico de la puerta de entrada.

—¡¿Obito, que rayos…?!

—No revisé bien las jaulas y dos están abiertas –el nervioso muchacho de gafas anaranjadas respondió en un susurro hacia Tsume Inuzuka. Se pasó una mano nerviosa por detrás de la nuca—…con Kakuzu no hay problema, pero Hidan es demasiado temperamental…

—¡¿Dejaste escapar un bóxer y un pitbull agresivos?!

—En rehabilitación –señaló Obito ante la ceñuda mirada de ambas Inuzuka— ¡Pero yo me encargo!

Diciendo esto, pasó nuevamente corriendo hacia la bodega, regresando con dos correas y un bozal en la mano. Cruzó como bólido el pasillo hacia la entrada, se montó en la camioneta y arrancó el achacoso vehículo con un estridente rechinido de llantas.

—Responsable… —enunció Tsume hacia la puerta abierta—Pues si lo es, sólo que la torpeza le estorba bastante. –contempló el reloj de pared y se dirigió a Hana—Se supone que Kiba ya salió de clases, bien podría ir a ayudar.

Hana negó en silencio.

—Ahm, yo le dije en la mañana que después de clases pasara al centro por material de limpieza.

—Bueno, el que tengamos recorte de presupuesto no significa que debamos dejar el lugar como si fuera un muladar. –Tsume guardó la lista del inventario en uno de los cajones detrás del mostrador.

Sacó la agenda de pacientes, revisando las citas de la tarde. Tener la tarde libre hasta las cinco tampoco era un indicio optimista.

0—

"Mentalidad de manada, esa es nuestra naturaleza. Si, hay perros solitarios pero por lo general es parte de nuestro instinto relacionarnos en grupo. Hay jerarquías y uno aprende cual es su lugar en ella… así nos evitamos problemas"

Eso mismo había sido explicado con enérgico afán por parte de un muy animado Naruto… y el mismo que había terminado acorralado contra uno de los enrejados delimitantes del parque, a merced de dos siluetas amenazadoramente más grandes y menos consideradas.

Hubo un conjunto de gruñidos hoscos por parte de éstos y de Naruto. Ladridos furiosos y colmillos descubiertos en defensivo ademán. Sakura, tras lanzarse instintivamente en su ayuda, pudo percibir las entrecortadas excusas del retriever mientras éste corría levantando polvo, como una fugaz manchita amarilla dispersa, hasta topar con el cercado de metal.

¡Es mío! ¡Es mío! ¡Es mi hueso! ¡Yo lo encontré! ¡Es mío! ¡Dattebayó!

¡¿Te crees muy listo, enano?! –rugió un tosco y malencarado pitbull blanco—¡Dame eso si sabes lo que te conviene!

El otro can, un tosco bóxer café estaba a un costado de los flancos del rubio, presto a cerrar los colmillos en cualquier parte blanda a la menor provocación.

Gruñendo en una patética imitación de ferocidad –un carácter violento en un Golden retriever era tan absurdo como querer que una vaca maullase- Naruto se mantenía inmóvil, con las fauces cerradas sobre un maltrecho trozo de algo que en algún lejano día había sido un fémur de res.

¡No! ¡Yo lo encontréee! ¡Es mio!

¡Que me lo des! –sin avistar ningún otro gesto preventivo de amenaza, el pitbull se arrojó hacia Naruto.

Sakura, quien creyó haber aventajado suficiente distancia como para prever alguna evasiva –un plan suicida meramente ridículo- consiguió llegar en el momento en que el furibundo cánido de pelaje blanco estaba a punto de cerrar las mandíbulas contra el cuello del terco retriever. La idea lógica habría sido empujar a Naruto, pero las patas le traicionaron.

Sakura resbaló estúpidamente hacia el lado opuesto, deslizándose sobre la gravilla. En un acto reflejo, meramente instintivo había encogido el cuerpo, y su cabeza dio un sonoro ¡bum! contra el costado de una sombra negro grisácea, la cual se había atravesado inoportunamente en el momento.

Como un calculado efecto dominó, un tercer perro –un labrador negro, aquel que se había atravesado en la trayectoria mal dirigida de Sakura- fue a chocar contra el pitbull blanco, este último fue a dar como un saco hacia un tronco hueco. Con un gañido y los pulmones vacíos de aire a causa del impacto.

Desorientada por el golpe y aun tumbada de costado en el terregoso suelo, Sakura se giró hacia su amigo, presta a correr a su lado.

¡Naru…! –las palabras se le atoraron en la garganta cuando una inmensa zarpa le apresó el cuello, arrancándole un resoplido y volviéndole a tumbarle en el suelo.

¡¿A dónde vas, mocosa?! –el bóxer café aún estaba en pie, y el enjuto semblante cubierto de cicatrices no auguraba nada afable.

Naruto se adelantó.

¡Deja a Sakura-chaaan! ¡O si no…!

El pitbull, todavía jadeante tras el menudo golpe recibido, le plantó un empellón desmedido al rubio retriever, mandándolo hacia el enrejado con la facilidad de quien patea una lata vacía. Centró su atención en la rosada bola de pelo bajo las zarpas de su compañero.

Eh, me acuerdo de ti… ¡eres la maldita gritona de la perrera! –gruñó, maliciosamente entretenido—¡Jah! Nee… Kaku-chan, déjame divertirme un poco con ésta, tú encárgate del otro…

Kakuzu, Hidan… ¡Basta! –terció una voz profunda. Había sido un ladrido corto pero lo suficientemente fuerte como para frenar los amenazantes gruñidos del bóxer y las protestas cohibidas de Naruto.

Sakura, libre del hosco agarre se quedó tirada de costado, alcanzando a avistar de quién se trataba. El labrador de pelaje negro y bordes grisáceos aun resoplaba a causa del intempestivo golpe, pero había logrado erguirse, con las zarpas afirmadas en la grava. Arqueó el cuerpo hacia delante, en un gesto expectante.

"Genial, el presumido del otro día… ¿cómo rayos se llamaba? Lo sabía, había oído a Kiba pronunciarlo… era un nombre tonto. ¿Hurón? ¿Marmota?"

Itachi… —el bóxer exhaló con un bufido reverberante. Entreabrió las fauces, dejando al descubierto una hilera de amarillentos y desiguales colmillos, como una sonrisa torva—¿Y a ti que te importa lo que hagamos?

¡Si! –convino el pitbull, con las recortadas orejas hacia atrás y el hocico fruncido en un gruñido, avanzando hasta éste en largas zancadas—Metete en tus asuntos… ¡a menos que quieras terminar peor que la última vez!

El labrador negro y gris siguió firme e inmóvil. Había elevado ligeramente la cola y el pelaje del lomo se erizó casi inadvertidamente.

No te conviene usar tu limitado vocabulario en una sola oración, Hidan.

¡Déjate de tus jodidas frases raras! ¡¿Quieres pelea?! ¡Pues vas a…!... ¡Grfff!

El arrebato colérico de atizarle una mordida en la cara al inmutado labrador, quedó frustrado cuando un trozo de cuero negro, blindado con un arnés de seguridad, le apresó el hocico y el cuello a Hidan.

—Uff… por poco…—susurró Obito Uchiha, quien por detrás de un encolerizado Hidan, quien trataba de librarse del agarre del bozal compuesto. El muchacho dio un tirón a éste y la correa de castigo hizo lo propio—¡Hidan-san, abajo!

Volvió a tirar y espetando una serie de gruñidos inconformes, el pitbull no tuvo de otra más que obedecer… era eso o terminar asfixiado como las otras veces posteriores.

¡Maldito idiota! –rugió entre dientes.—¡En cuanto me quites esta cosa voy a arrancarte esa estúpida caraaaa!

¡Paaff! Otro tirón más del collar cortó la retahíla de amenazas. Obito le puse el pie encima una vez que Hidan accedió de mala gana a tenderse en el suelo. Llamó al otro y Kakuzu, con las orejas hacia abajo, prefirió acceder ante el llamado sin menor protesta. Era divertido dejarle la humillación a un bocazas como Hidan.

Obito, una vez que aseguró la correa a Kakuzu, le dedicó una mirada afable al perro negro y grisáceo.

—Ey, "Comadreja", gracias. —murmuró pasándole la mano sobre la cabeza, revolviendo el disperso pelaje.

Éste sólo toleró el gesto unos pocos segundos, bajó la cabeza, se sacudió ligeramente y se dio la vuelta en actitud desinteresada.

Con la mirada confundida y contrariada, Sakura logró ponerse en pie y fue hacia Naruto, quien aún yacía tumbado vientre arriba, despatarrado sin la menor gracia y con el hueso todavía sujetado entre dientes.

La cabeza me da vueltas, dattebayó…

Vámonos a casa, bobo…—enunció Sakura, estando a punto de emprender el camino de regreso, cuando al girarse hacia un lado, topó contra el costado de Itachi—…¡ouch!…

Hmp… —Itachi le contempló serio, a pesar de que no había hostilidad en su voz a comparación de la vez anterior, se denotaba cierta moderación—Por lo visto, chocar contra mí contará como saludo.

Tú eres el que no se fija por donde va. — La rosácea husky retrocedió torpemente un par de pasos. Bajó la cabeza, tratando de imitar un aire solazado—"Comadreja"… ¿qué clase de nombre tonto es ese? Y pronunciarlo en kanji suena igual de bobo, "Itachi"

Por lo menos no es tan obvio como "Sakura"… —respondió en un parco intento mordaz.—Y por otro lado, no está de más agradecer; ése par rara vez sueltan una presa.

Yo pude habérmelas arreglado sola. Naruto y yo…

—…hubieran terminado como su almuerzo. –completó Itachi.

Éste acercó el rostro. Tenía una mirada profunda, algo que Sakura no había notado en algún otro perro, mucho menos en Naruto. Era un gesto tan ajeno a la conducta canina, ése tipo de miradas curiosas o expectantes que alguien observa en otra persona… no propiamente en un animal. Tras esa minúscula y silenciosa contemplación mutua, Itachi notó un casi inhóspito nerviosismo en la actitud de Sakura –las orejas ligeramente ladeadas y el afelpado rabo curveado hacia abajo- por no decir de la manera repentina en que eludió el contacto visual.

Naruto se entrometió, empujando al labrador intencionalmente por un costado. Los azules ojos de Naruto estaban entrecerrados en una mueca recelosa hacia éste.

¡Vámonos, Sakura-chan!

Ésta asintió siguiéndole. Habían avanzado unos cuantos pasos, lejos de la sombra de los inmensos árboles del parque, cuando miró distraídamente por sobre su hombro. Itachi a su vez se había marchado en dirección contraria, aun podía percibir en la distancia su silueta, yendo a quién sabe dónde.

Naruto pasó el resto del camino parloteando, deteniéndose para rascarse, olfateando cualquier cosa en la acera o en las cercas. Ella no le había estado escuchando y al hiperactivo perro parecía no importarle mucho.

Ella había dejado de pensar en la mirada profunda y observadora de Itachi, cuando en un aspaviento del animoso retriever, Sakura, animada por un impulso instintivo y su todavía latiente recato humano, no tuvo otro remedio que propinarle una severa dentellada a Naruto.

0—

"Esta es la cosa más estúpida que jamás haya hecho… Ino Yamanaka, ¿en qué estabas pensando?"

Ino se reprochó mentalmente, mientras veía cómo el vaso de la limonada de agua mineral que había pedido, se empañaba de vaho a causa del hielo. Emitió un suspiro hondo. Por tercera vez.

Estaba en una de las mesitas del exterior del pequeño café donde habían acordado verse. Se sentía incómoda, no tanto por haber pasado directamente desde la escuela. Aun era temprano y no era la única chica con uniforme colegial paseándose por la zona comercial de Konohagakure. No, eso no era lo incómodo… la situación sí.

Una amistad de diez años, ¿y ella siempre lo había considerado así?

"Es Shikamaru, ¿cuántas veces no has perdido la paciencia con ese carácter tan tibio que se carga? No es como los chicos dulces y entregados de los doramas, ni lo será nunca. ¿Qué encanto tiene si a todo dice que si sólo por ahorrarse una discusión?"

El teléfono vibró, cortando aquella marejada de pensamientos como si cerrara la llave del lavabo. Abrió la carcasa y vio un mensaje de su padre. "Esta bien, princesa. No olvides llegar antes de las nueve para sacar a Saku-chan. Saludos a Shikamaru-kun", rezaba el texto en respuesta al improvisado mensaje de permiso que ella le había enviado apenas al salir de clase. Obviamente no hubo problema por Inoichi. El aludido muchacho era casi de la familia, igual que Chouji. Por no decir que él compartía pasatiempos con los progenitores de ambos muchachos. Tenían un equipo de bolos.

…"Casi parte de la familia". Esa frase no le agradaba mucho.

—Ey, Ino-chan –la voz de Shikamaru Nara, aun en sus usuales decibeles bajos, interrumpieron tan repentinamente que Ino casi tira el teléfono.

Esta soltó una risita nerviosa.

—¡Ey! Y finalmente llegaste, tan puntual como siempre –dijo enarcando una ceja.

Nara se encogió de hombros. Tomó una silla y se sentó enfrente de ella.

"Ay no… ¿por qué enfrente? Eso no hará más que poner las cosas más tensas y…"

—Perdí uno de los trenes, y no me agrada viajar en autobús ya que corta la mitad de la ruta. Hubiera sido problemático rodear tres calles. —explicó secamente. Su rostro como siempre mostraba ese rictus relajado. Una pequeña curva se avistó en sus labios—Me alegra que hayas podido venir.

Ino asintió por cordialidad.

—Es inusual que no hayas querido que Chouji viniera. Digo, en una cafetería es mas difícil que nos deje en bancarrota o nos corran que si hubiéramos ido con él a un restaurant o algo…

—Es que no quería que Chouji se enterara. –Shikamaru dejó escapar una mirada ligeramente apenada—No es tan obtuso, sé que lo ha estado sospechando pero, quería hablarlo contigo primero.

Un rubor tan rojizo como el ocaso que se erigía en el cielo estival en ese momento, decoró las mejillas de Ino Yamanaka.

—¿Hablar…? ¿De qué?

Shikamaru alargó la pausa. Sus dedos tamborileaban nerviosamente sobre la hoja plastificada del menú. Inhaló hondamente y dejó escapar el aire con sutil aplomo.

—Es por la fiesta de aniversario de mis padres. Con eso de que están emocionados por una reunión general con familia y amigos de ellos pues, hasta un salón han reservado.

Ino recordó brevemente el asunto, primero por Chouji, quien había oído a los padres de Shikamaru cuchichear respecto a servicios de banquetes para eventos. Luego Shikamaru lo comentó a medias en una de sus conversaciones grupales por skipe. Después su propio padre le dio la noticia de la informal invitación. Un evento que debería ser familiar. Si los Yamanaka y los Akimichi contaban en ello era porque

eran casi familia.

—Me imagino que has de estar fastidiado con eso. –Ino rió. Una risa fingida para ocultar su ruborizado rostro—Shikamaru el antisocial.

—De hecho, por el asunto del salón pues…había pensado en llevar una pareja.

Los labios de la joven, revestidos de un discreto labial color coral, resollaron, entreabiertos en una palabra que había estado a punto de pronunciar.

Una palabra cortada de tajo con el filo de la realidad. Y era un filo helado, como el de una ventisca.

—…he estado saliendo con una chica de uno de los grupos de tercero. Es del semestre de intercambio. Se llama Temari y…

La voz se perdió. En algún tiempo entre la lógica y la distancia. Shikamaru hablaba, pero ella no podía escucharle. Como ver un canal de televisión con el volumen silenciado.

Algo, muy dentro de la mente y del corazón de Ino acababa de hacerse añicos. Y los trozos eran escarpados.

Y dolían.

0—

Naruto también sentía dolor, claro que el surco de su oreja –el cual empezaba a delinear una rayita roja sobre el rubio pelaje- era menos doloroso que esa mirada enojada.

Entendía las palabras, pero ¿qué clase de animal le daba importancia al lenguaje hablado y no al lenguaje corporal? Sakura por otro lado, parecía denotarle todo lo contrario a lo que él había querido expresar tan afablemente.

No… Naruto…

Agazapado, con el rabo oculto entre las patas y las orejas bajas, Naruto ladeó la cabeza. Sus brillantes ojos azules estaban fijos en ella. Sin entender del todo.

Pero, yo te quiero.

Naruto, ¡No!

Se había agazapado más. Encogiendo el cuerpo como un cachorro en ademán de abatimiento.

Nunca había pasado un día como el de hoy, me agrada estar contigo, Sakura-chan. Quiero que seas mi compañera. Yo…

La frase la había repetido, aun antes de la reprimenda de ella. Sakura obviamente le rechazó, pero Naruto era terco, como cualquier animal lo sería al tener el impulso biológico latente. No fue hasta que ése "impulso biológico" le llevó a poner una contestación más física, a penas sentir las patas delanteras de éste sobre su cadera.

…el tajo en la oreja de Naruto no era la negativa más dolorosa.

¡Soy un ser humano! ¡Te lo dije desde la primera vez! ¡¿No lo entiendes?!

Y no se había interesado en entender, porque no podía, no porque no quería. El aroma, tan igual al de él; ¿cómo podía equivocarse con eso?

Le vio ir al interior de la casa de la chica –su "persona", a pesar de que ella esclarecía que era su amiga, no su ama ni su dueña- y regresar con algo en el hocico. Naruto reconoció esas cosas que tenían papel y olían extraño. El viejo Jiraiya tenia la casa repleta de ellas. Inclusive el mismo Naruto se había divertido mascullándolas.
Sakura dejó esa cosa de papel y aroma raro delante de él. Naruto entendía la orden "Mira", pero era difícil encontrar algo "que mirar" en un trozo de papel oloroso a polvo. Tampoco había mucho que llamase su atención, sólo un grupo de imágenes pequeñitas de más personas, dispuestas en un orden simétrico…

Ella le señalaba una en particular. Sakura agradecía internamente que Ino aun no regresase el anuario escolar a la biblioteca. Antes de su charla con Kakashi respecto a sus desvaríos "mágicos", tenía la curiosidad de encontrar qué otros vestigios quedasen de la "humana Sakura Haruno". Su cuenta en la red social había desaparecido como sus padres, pero aun estaba su imagen en el anuario escolar del año en curso. Esa odiosa fotografía de estudio que tanto había aborrecido, ahora le era útil.

Los azules ojos de Naruto se habían posado en una mancha. Entrecerró la mirada. La visión de los perros no era muy acentuada, al menos cuando son perros de razas destinadas a la caza; sus narices los rigen, no la vista. Se esforzó por encontrar una forma concisa.

Captó difusamente el rostro de una chica. Para él todos los humanos se veían igual, pero ésta destacaba peculiarmente. El pelo, rosáceo llevado hasta los hombros, un fleco dividido en dos secciones… como la rala melena de Sakura…

Naruto… soy un ser humano. No puedo ser tu compañera.

Sus verdes orbes se encontraron con los suyos. Ése verde brillante, que Naruto equiparó con la imagen.

Hubo un quejido. Sakura no entendió ninguna palabra, ni siquiera algo exacto en ese sonido que no fuese el de un lamento dolorido. Éste se había dado la vuelta, y echado a correr hacia el jardín de Jiraiya. Desvaneciéndose entre el césped alto y los matojos de la enredadera que decoraban la cerca.

Naruto… —exclamó hacia la nada.

Alguien pasó por su lado. Escucho el ruido metálico del cancel de la entrada al abrirse y vio a Ino, caminado silenciosamente por el terraplén del jardín. Le dirigió una mirada breve.

No sabía que ibas a quedarte de ver con alguien. –susurró casi para sí.

La joven asintió, sin responder nada. Había algo tenso en el ambiente. Algo gris, nebuloso… como una brisa helada previa a una tormenta. Sakura lo había sentido. Ino se detuvo en el pórtico, dejando la mochila sobre éste y se sentó. El rostro estaba inclinado hacia abajo, de manera que el fleco le cubría el ojo derecho. Sakura se sentó a su lado. Sin siquiera mirarle. Sin decir nada más, mientras que el radio del teléfono celular de Ino seguía sintonizando una estación occidental.

And they called it puppy love
Just because we're in our teens
Tell them all, please tell them it isn't fair
To take away my only dream (*)

—Shikamaru es un idiota… —fue todo cuanto Ino pudo articular.

La voz se había quebrado en un sollozo corto. Le asió, sujetándole como una niña se aferra a un peluche. Sakura le dejó, sin aprestar queja alguna.

Las lágrimas silenciosas fue la única conversación del momento.


CONTINUARÁ


(*)Fragmento de la lírica de la canción "Puppy Love" de Donnie Osmond (aunque hay un sinfin de covers, esta es la más popular. En si es una analogía respecto al cliché de "amor de juventud". Ahora que ya leyeron el capitulo pues ya sabrán el porqué.)

N/A: Y esto se supone es un fic de comedia... bueno ya era momento de ponernos un poco serios. En noticias menos lacrimógenas pues ya hay y habrá intervenciones más continuas de Itachi xDD (yay!)
Saludos a todos y todas ya sean nuevos lectores o asiduos a este peculiar fic semanal.
Se agradecen sus lecturas y comentarios...
Nos leemos!