Sweet Dreams:
¡Hola reyes y reinas! (Es mejor que princesas, "muy visto"… Mec.) Mis lectores lo valen. (¡Lo vales!) ¿Cómo estáis esta semana? ¿Hay que golpear a alguien con un bate en el culete? En caso de sí, pulse el 1. En caso de no, pulse el 2 y espere. Su llamada será atendida amablemente por… (Mikasa.)
"Para el carro, colega."
Aquí venimos, calentando motores para el nuevo capitulillo de Sweet Dreams. (Suit Druims, en anglosajón nenaza.) Y antes de comentar nada, quería deciros si os acordáis (Pregunto, porque yo tengo memoria Dori. Se me olvidan las cosas. Es una grave enfermedad que tenemos los idiotas como yo, y algún chino. Hay muchos, seguro que alguno comparte mi sufrimiento, wueje.) Como molan los chinos… Ah sí. La cuestión es que en el capítulo anterior, el principio en el que Wes es el narrador, me gustaría decir que en sí, de lo que habla es de la razón del título del Fic. Que no lo he explicado por cierto… (Recordad, memoria pez.)
Aparte de la canción de los Eurythmics, (Sep, es de ellos. No de Marylin Manson, aunque hizo una versión cojonuda, la verdad.) que tiene mucho que ver, la idea en sí es eso. Los sueños son las personas que quieres. Es como si su significado fuese: "Dulces personas." Porque, no sé, te tiras años intentando lograr tus sueños incompletos. Hasta que te das cuenta de que: La vida no tendría sentido si vas tú solo por ella. Eso es todo, a-ri-ga-to.
En fin, me voy a ir callando. (Shut up! Stupid woman. Meelo Style.) ¡Espero que os guste!
BELL STAR
Música a escuchar hoy:
All Star
Alguien me dijo una vez:
"El mundo te va a comer."
Y tampoco soy la mejor herramienta del cobertizo…
Ella parecía tonta con su dedo y su pulgar,
con forma de "L" en la frente.
Bueno,
los años comenzaron a llegar.
Y no dejan de llegar.
Alimentan las reglas y las ponen en acción.
No tiene sentido vivir sin diversión.
Tu cerebro se vuelve listo,
pero tu cabeza sigue siendo estúpida.
Mucho que hacer, mucho que ver.
¿Qué hay de malo en tomar las calles otra vez?
Nunca lo sabrás,
sino vas.
Nunca brillarás,
sino deslumbras.
Eh, ahora, eres una estrella.
¡Entra en el juego, y juega!
Eh, ahora, eres una estrella de rock.
¡Monta un show, y cóbrales!
Porque es oro todo lo que reluce.
Y sólo las estrellas fugaces,
rompen el molde…
(Smash Mouth)
Capítulo Séptimo
Death City.
2003.
Soul.
Hoy era una mañana catastróficamente ruidosa.
—¿Habéis visto mi camisa buena? —preguntaba mi padre a medio vestir, con los zapatos en la boca, rebuscando por toda la casa.
Ya iban seis veces contando ésta, que lo había preguntado.
—¡Eres una bruja! —chillaba Wes empujando a Eruka, cayendo sobre ella en el sofá. Le había hecho una llave de Judo muy malintencionada…
—¡Y tú un tramposo! —gritaba Eruka en el salón junto a mi hermano.
Ambos son insoportables.
—¡Me la has metido de lleno, ¿cómo te atreves?!
—Eruka cielo, es que eres muy fácil —reía mi hermano.
Y no, no es que estuvieran teniendo relaciones a las ocho de la mañana en el salón, que por poder eran muy capaces, pero no. Es que ni siquiera se habían acostado. Teníamos dos zombis en casa. Lo normal sería pensar que han tenido una noche "muy movidita" llena de placeres que sólo tu pareja puede ofrecerte, en el caso de le que seas fiel a alguien, o no. Eso sería lo normal…
Pero mi hermano y su novia no son normales. Aquí nadie lo es. Hoy no tenían que ir a la Universidad. Habían estado toda la noche jugueteando con la consola y los videojuegos de Ángela. Durante diez horas y sumando. Tenían el salón hecho un estercolero, llena de comida grasienta que me daban ganas de vomitar. Y ellos eran la basura restante. Daba miedo verlos, o peor, interponerse en su camino.
—¡No es justo! ¡Quiero la revancha! —Eruka rodó por el sofá con Wes encima—. ¡Venganza!
—¡Yo te daré a ti revancha! —cogieron los mandos de la consola y volvieron a "trabajar" en su dura hazaña de conseguir que los fontaneros Mario y Luigi rescataran a la jodida princesa Peach en apuros—. Te vas a enterar brujilla.
Pusieron la música a tope de nuevo. Estaba harto. Harto de tener que soportar la estúpida voz de ardilla que tenía Mario. "¡Mama mía! ¡Jijiji!" Me recordaba a mi familia en Italia.
No entiendo cómo les gustaban esos juegos, era absurdo. ¿Por qué la princesa no podía rescatarse sola? ¿Desde cuándo una mujer guapa no puede engañar a un hombre para conseguir todo lo que quiera? Ni que estuvieran en Arabia Saudí o algún sitio parecido, Peach debía ser muy tonta o Bowser un jeque árabe. ¿Qué clase de malo era Bowser? ¿Era una tortuga, un dragón, un cornudo pelirrojo, un unicornio? ¿Qué coño era? No tenía sentido y punto. Demasiados champiñones. Esta es una de las cosas que uno se pregunta cuando está "mentalmente desorientado", a sí mismo.
—Estoy seguro de que un unicornio no era…
—Sí, tienes razón —murmuré sin darme cuenta.
—Miau. Miau —maullaba Blair, pasando por mi pierna.
Estaba agachado al lado de la mesa, llenando su tazón de leche fresca. Con tanta tontería me había pasado de echar líquido y el tazón estaba rebosante al igual que una pequeña catarata. Lo limpié con una bayeta.
—Oh, perdona Blair…
Blair es mi gata. O yo soy de ella, no estoy muy seguro.
—¿Habéis visto mi camisa buena? —mi padre miraba en el cesto de la ropa, colocándose la corbata.
Siete.
—Creo que está en la sala de la plancha, señor Evans —aunque no era su casa del todo, Eruka nos controlaba de vez en cuando. Incluso a veces planchaba ya que nosotros no teníamos mucha idea de que era una plancha. Su gesto maternal hubiese quedado muy bien, de no ser por lo que le grito a Wes a continuación—. ¡Vas a caer, cariño!
No hacían más que darse codazos y empujones, de juntar ambos mofletes e insultarse. Decían que: a la hora de jugar, no hay amor que valga, es la guerra. Sea lo que sea, si eso es amor, no me interesa para nada.
—Gracias Eruka, ¡menos mal que te tenemos! —gritaba mi padre de camino a la salita de la plancha. Sé muy bien donde queda, ahí me suelo esconder de vez en cuando. Ahí duerme Blair cuando no estamos. Es pequeño y caliente, es perfecto.
Pues yo discrepo, no la necesito para nada.
—¿Has acabado ya? —levanté la vista. Stein me llamaba sentado de cuclillas detrás de mí. Me seguía siempre a todos lados.
—Sí —asentí levantándome y dejé a Blair desayunar…
—Hola Blair, que bonita eres —Stein sujetaba del cuello a Blair, haciendo que esta maullara. Les observé de espaldas—… Me encantaría diseccionarte.
No me resulta para nada extraño, él siempre quiere desmenuzar cosas.
—No —le arrebaté a Blair de las manos con cara de pocos amigos, mientras él se reía.
—Era una broma —nos sentamos en la mesa del comedor, Blair se quedó tumbada sobre mi regazo mientras la acariciaba. No me dejaba poner las piernas sobre la silla, pero no me importaba, no lo hago siempre—… Pero no te alejes mucho a ver si —Stein sonreía maliciosamente, mi gata le bufó. Le maté con la mirada pero él no dejaba de sonreír—... Es broma, es broma.
Para ser psiquiatra era demasiado tétrico. No es la primera vez, ni será la última, que Stein viene a mi casa para ver que tal estoy. No tiene sentido negarse, si yo no voy a su citación, viene él. Empezaba a ser un acoso involuntario, yo no estaba faltando a sus consultas, pero él venía de todos modos cuando le salía de las narices venir. Con el cuento de: "¿No te estarás haciendo daño, otra vez?" En este cuento no hay finales felices, ni primeros besos suntuosos que valgan la pena, únicamente hay consultas gratis extras. ¿Por qué mi padre y él tendrán que ser amigos?
—¿Qué tal tienes la cara? —se sentó a mi lado, sacando un montón de papeles.
—En la cabeza, como siempre —levanté los hombros.
—Mira, ¡si hasta puedes ser gracioso por la mañana! —me eché hacia atrás en la silla, me exaspera, me ahoga—. Esto me lo apunto.
En realidad ya sabe cómo soy, a cualquier hora del día.
—Déjame verla, cascarrabias —me cogió de la barbilla con cuidado. Después de todo, también era doctor, o eso decía él—. Lo tienes un poco hinchado, pero parece que se está curando —al menos era una buena noticia, que no me merecía.
Sólo porque tuviese heridas, no significaba que me las estuviese haciendo yo, ¿qué más daba? Conoce a toda mi familia, incluso a mi gata. A todos menos a mí, por lo que parece. Por mucho que intentase odiarle, por mucho que intentase alejarle de mí, él siempre estaba ahí. Era como sufrir psicosis, nunca desaparecería. A veces pensaba que incluso le importaba, pero él no me quiere, ¿por qué debería hacerlo? Nadie lo hace.
—Luego te receto unas pastillas, ¿de acuerdo, Soul? —me crispé durante un segundo, Stein me miró con seriedad. Sólo me quedó alzar los hombros y darle una media sonrisa tan falsa que ni yo mismo me la creí.
Pero porque lo sabía perfectamente, siempre que Stein estuviese delante tenía que aparentar que me sentía bien. Porque en el caso de que no lo hiciese, me daría la patada de vuelta al Hospital, no pienso volver ahí jamás. Lo odiaba, lo odiaba todo, y sobre todo a él. Cada vez que lo veía quería salir gritando, quería esconderme en algún sitio donde nadie me encontrase. El simple hecho de tener que oír la palabra "pastillas" ya me tenía aterrado. ¿Por qué me hacen esto? ¿Es que nadie se da cuenta?
—¿Cómo quieres que lo sepan? Si nunca les dices nada.
—Cállate —dije en silencio. Miré a la derecha, y ahí no había nadie. Alguien que se paseaba por esta casa y no se dejaba ver, nunca.
Fruncí el ceño. Se me escapó de nuevo.
—Eh, no te pongas así. Si no las quieres te puedo pedir una crema, esa nariz y ese labio me tienen preocupado —Stein posó la mano en mi hombro, atrayendo mi atención—. Y ya de paso para tu hermano también. A ver si dejáis de meteros en líos —negaba con la cabeza pesadamente, abrió su cuidado maletín de cuero marrón claro y lo dejó sobre la mesa.
Me sentí abochornado. Un sudor frío me recorrió el cuerpo, pero estaba bien. Stein no se había dado cuenta. No se había percatado.
A pesar de que tomo mis pastillas, sin falta todos los días, tengo un nuevo compañero a mi lado.
—¿Yo?
—Sí tú.
—¿Yo qué? —Stein levantó una ceja. Escribía en un recetario con una pluma—. Te recetaré esa crema. Pero quiero hablarte de unas pastillas nuevas que…
Y seguía hablando. Iba para rato, apoyé los codos en la mesa, la barbilla sobre las palmas de las manos y asentí fingiendo que me importaba.
—Deberías escuchar. Yo sólo lo digo.
Decía la voz. Pero esta vez era diferente. No es la de siempre. Era más suave, más dulce. Me decía lo que debía hacer todo el rato al igual que la otra, pero no me incomodaba tanto. Era… Diferente. Sólo diferente. No sentía nada malo, no me preocupa, la otra voz se marchó. No la he vuelto a oír desde que tomo mi medicación a rajatabla.
Pero estoy seguro, de que esa voz volverá.
—Eso depende de ti…
—Y quiero que hagas este Test—Stein me traía a la realidad plantándome un paquete de papeles en plena cara—. Y éste también. Y éste —ya empezamos...
—¡Me marcho! —gritaba mi padre, con la camisa buena puesta y mal abotonada por fuera del pantalón. Se dirigió a la cocina, cogió una taza de café, bebiéndosela en cuestión de segundos—. Soul, desayuna —tan rápido como un pulpo, dejó un plato con tostadas y mantequilla, más un zumo de naranja recién exprimido.
Stein encontró bajo la mesa el balón que el idiota de Kid me trajo del Hospital y se puso a botarlo. Es como un crío. Los choques en el suelo de aquel balón me martilleaban la cabeza. No había dormido absolutamente nada. Aunque eso no era extraño, no para mí.
—Ya he desayunado —mentí mirando hacia otro lado, acariciando a Blair. Ella saltó disparada a jugar con Stein.
—No cuela. Desayuna, ahora —me puso un tenedor en la mano. No tenía ni una sola gana de hacer esto, podría dárselo a Blair perfectamente, pero delante de Stein me temo que tendré que tragármelo a las malas, y a las peores también—. Stein lo dejo en tus manos —levanté las cejas con curiosidad. Ambos se hicieron una señal secreta que sólo ellos conocían, de ahí que fuese secreta. Después mi padre se colocó la corbata, su traje de catedrático e hizo el ritual de todas las mañanas, darme un beso en la cabeza.
—Yo lo vigilo —murmuraba Stein con una mueca, haciéndose el interesante. Siempre lo hacen. Ambas cosas.
—Yo también te vigilo. Yo también. Pero no lo haré siempre…
Mi padre es mucho mejor padre cuando no está presionado.
—No hagas eso —le imploré cabreado, revolviéndome el pelo.
—¿El qué? —frunció el ceño molesto, para darme otro beso—. ¿Esto? —y luego otro. Y otro. Y cientos—. ¿O esto?
Socorro. La voz se reía de mí. Y Stein la acompañaba a coro. Mi padre en cambio se divertía con sus muestras de amor paternal. Acribillándome a besos. Sólo Blair me defendía, y es un gato. Arañó el pantalón de mi cariñoso padre.
—Vale, vale, ya paro Blair. Sé que es tuyo —recogió a la gata del suelo y ambos se dieron un beso de esquimal, que se basa en rozar nariz con nariz—. Cuida de Soul, ¿vale?
—No necesito que cuidéis de mí, puedo hacerlo yo solo —me crucé de brazos en rotundo.
—Ah —con Blair en un brazo, se acercaron a mi espalda con cautela. Mi padre me plantó otro beso en la coronilla y Blair me lamió el lóbulo de la oreja. Lo tenían acordado, que me dé un infarto—. Sí, llevas razón —dijo con sarcasmo yendo hacia el salón. Sorprendido, me escondí bajo la mesa. Como acto reflejo—… Qué tengáis un buen día, nos vemos a la hora de cenar.
Mi padre sacó del refrigerador un trozo de carne congelada y se la colocó a Wes en la cara.
—¿Cómo lo has sabido? —preguntaba Wes, sin dejar el juego con su novia del todo. Se sujetó el trozo de carne con una mano en la zona hinchada.
—¿Te creías que no me iba a dar cuenta? —mi padre dio un leve suspiro—. No soy tan estúpido.
—No al menos tan pronto…
Se rieron. Se rieron porque mi padre y mi hermano son así:
"—¿Qué mi Wes ha suspendido las clases de nuevo? Bueno que se le va a hacer, ya le irá mejor. Yo confío en él."
"—¿Qué casi te matas con la moto que yo te presté? No pasa nada, lo importante es que estés bien. Anda, vamos a tomar algo para celebrarlo."
Y en cambio yo:
"—¿Ya estás fumando por la ansiedad otra vez? Dios mío, ¿qué habré hecho mal para tener este hijo? ¿Qué?"
"—¿Cómo que no te has terminado el bol de cereales? ¿Pero por qué me odias, Soul? Que mal hijo tengo, el peor."
Quizá haya exagerado un poco… No.
—Mentiroso. Mentiroso.
Se rieron, y mi padre salió de casa, tarde y olvidándose las llaves del coche. Es muy despistado, antes no lo era.
Les veía a través del mantel. Las manos me temblaban todavía.
—Quedarte ahí no te salvará del desayuno —Stein levanto el mantel blanco, dejando a la vista un Soul nervioso. Me tendió una mano, pero no la acepté—. No se lo has dicho, ¿verdad?
—No se lo ha dicho, no.
—¿Decirle el qué? —salí de mi pequeño refugio antipersonas, al igual que un topo—. ¿A quién?
Me senté de nuevo en el asiento como un indio apache. Vi de nuevo el desayuno, me repetía, que pocas ganas tenía. Bebí un poco del vaso de naranja para no levantar sospechas. Stein se quitó las gafas y levantó las cejas, mirándome, esperando algo.
Y eso es malo.
—A tu padre —juntó ambas manos—. ¿Piensas volver a clase, así?
—¿Qué tengo de malo? —pregunté.
¿Huelo mal o algo? Olisqueé mi axila. No, no soy yo.
—Soul, no crees que es un poco —dio varios chasquidos con el pulgar hasta encontrar la respuesta—… ¿Pronto?
—Genial, tú también —suspiré cansado, llevándome las manos a la cabeza.
Blair se entretenía jugando con la pelota de Kid.
—Yo estoy de tu parte.
—Lo siento, pero no te entiendo —no eres el único—. No entiendo tu afán de complicar las cosas tan rápido. ¿Por qué no vas más despacio? Sólo un poco.
—Porque no quiero —hablé tajante. Stein se quedó callado—... No quiero ir despacio.
Si voy despacio al final, no llegaré. No quiero quedarme aquí. No quiero quedarme solo.
—Soul haz lo que quieras —volvió a sus papeles—, pero yo no pienso mentir a tu padre.
—Con que no le digas nada me sobra —negué con la cabeza, supliqué—. Por favor.
Y ocurrió algo, que me sorprendió.
—Muy bien. Pero te quedarás conmigo toda la mañana —ese "toda", sonó demasiado largo. Infinito—. Hasta que empiecen las clases.
—Vale.
—Y quiero que hagas este Test.
—De acuerdo.
—Y éste también, y éste —ya se está pasando. Otra vez—. Y por si acaso éste también. Uy, ¡y éste no nos lo podemos saltar! —tenía un problema enfermizo con los malditos Test—. ¡Y éste!
Suspiré rendido. Hoy la mancha de Jesucristo no estaría en el techo, no estaría para ayudarme. Juro ante notario, que en el techo de su consulta enmoquetada hay una mancha que se parece a Jesucristo. O a un señor con barba y una aureola brillante sobre la cabeza, que sonríe.
De nada servía discutir con este hombre. Empecé a jugar con la comida. Y pensé: si le clavase un tenedor en el ojo, ¿se callaría? Le he clavado muchas cosas antes, no creo que funcionase. Descarto la idea. Como siga enrollándose así llegaré tarde, y odio llegar tarde.
—Eh, Soul —oí una voz infantil llamarme. Salí de mi entumecimiento causado por la charla de Stein y dirigí la vista al pasillo—. ¡Me voy! —mi hermano pequeño me saludaba con la mano, sonriente. Está bien abrigado y un moco transparente le cuelga de la nariz.
"Ah vale, ya sé que te vas." Ragnarok siempre hace lo mismo. ¿Qué tiene que ir al baño? Avisa de que va al baño. ¿Qué va a casa de un amigo? Avisa. ¿Qué va a comerse una chuchería? Avisa. Avisa de todo. A veces, sin él saberlo, también me recuerda a cierta persona que no quiero recordar. Se irá a clase, no estoy muy al tanto. Papá no se ha despedido de él. Pero es él es al que más quiero. Y a Blair.
—Hasta luego, Rags —murmuro, despidiéndole de la misma forma que hace él. Le hacía sonreír. Quizá sea el único feliz aquí.
Devuelvo la mirada a Stein, se quedó mirándome atónito durante un leve lapsus. Pero luego sonrió, y se puso a saludar a mi hermano.
—Claro, claro —me desenmarañaba el pelo con la mano…
Fruncí el ceño.
—¿Qué haces? —pregunté—. ¿A quién saludas?
Mi hermano ya no estaba ahí. Él ya se ha marchado.
—Adiós, adiós…
—Nada —Stein se queda blanco como el papel—. A nadie.
Grumpy, Sneezy y Porky.
Maka.
—Cielo, ¿de verdad que no quieres que te lleve yo a clase? —mi padre pedía como un perro, arrastrándose por el pasillo—. ¡Hoy no trabajo!
—¡No! —grité, dando un portazo. Dije, pero en realidad quería decir: ¡Nunca! ¡Jamás de los jamases! ¡Antes la muerte!— ¡Adiós Spirit!
Salí de casa sintiendo el frío en las piernas. ¿Quién fue el inteligente que ordenó tal estupidez como el que las chicas tengan que llevar faldas como uniforme todos los días? Un pervertido sin amor, seguramente. Me gusta mi falda, pero en Invierno nuestra relación decae en límites insospechados y los leotardos no abrigan absolutamente nada. Soy un carámbano humano. Para mejorar el momento, iba tarde a clase.
Aceleré el paso con cuidado de no resbalar por el suelo congelado. Podía haber sacado los patines y ya hubiese llegado hace tiempo a mi destino. Podía recoger a la gente que me encontrase, ancianos y demás sementales, atármelos a la cintura formando una conga infinita y dejarles por el camino cual autobús. Y aun así me sobraría tiempo. Ganaría dinero, entraría en una buena Universidad y futuro resuelto.
—¡Au!
De pronto me choco contra una farola. Me hago daño, me sobo la cara. Es una señal de Buda para que deje esas ideas absurdas y ponga más atención en el camino. O eso, o una farola errante que acaba de salir bajo tierra del mundo de las ratas y tortugas radioactivas inteligentes… Ambas son buenas opciones.
Me colocó mis auriculares diminutos. Últimamente todo me recuerda a Black*Star. Me sonrojo sin necesidad, "será el frío", pienso. A pesar de que los míos sean mucho más pequeños, encajan perfectamente con mi oído. Le doy al Play del reproductor y empiezan a sonar los Smash Mouth. Siempre me ponen de buen humor, últimamente ando necesitada de buen humor. Ojalá el ser humano invernara en Invierno al igual que un oso. Ojalá. Qué vida me pegaría, a no hacer nada.
Llego al famoso puente, me queda la mitad de trayecto. Hay varios obreros colocando unas vallas a los lados. Alguien habrá avisado al ayuntamiento de que es peligroso, lo raro es que le hayan hecho caso. No importa, igualmente, me deleito viendo como eso hombres fornidos, vestidos con monos azules se echan agua sobre su cabellera castaña. No está mal.
Oigo a través de los auriculares:
—Hola, preciosa —ríe uno de ellos.
Vergonzosa, corro lo más rápido que puedo y cruzo el puente. Qué momento más incómodo, aunque me ha gustado que me piropeen por una vez. Sigo caminando y a mi reproductor se le acaba la batería, esto me pasa por no cargarlo nunca con tiempo. Hacía seis días que no lo cargaba. Es mágico. Lo guardo en mi mochila y levanto la vista al frente. ¿Y qué es lo me encuentro?
A Soul Evans.
—No —susurro para mis adentros. Todo menos él—…
Voy despacio, de puntillas para que no me oiga. Pero lo hace, y gira el cuello.
—Oh, Porky —dice como si nada—. Eres tú.
Soul es la típica persona borde que te amarga tu mejor día en cuestión de segundos. Aunque ayer no me fui tan descontenta de su casa al haber podido hablar con su hermano, recordaba:
"—No piensa lo que dice. No le hagas ni puñetero caso, te doy mi permiso —me repetía, Wes."
Aún me duele la mano del golpe que le di en la mejilla. ¿Debería disculparme por eso?
Pero él se lo buscó. Es culpa suya.
—¿Cómo que "Oh, Porky"? —estallé, mis manos formaron puños dirigidos al suelo. Llegué hasta él—. No me llames así, por favor.
Intentaba mantenerme en mis cabales. Por Wes, hazlo por Wes, hazlo por su padre que es un encanto.
—Oh —Tanto oh, tanto oh. Sonríe vagamente. Me pone histérica—... No —suelta. Niega divertido.
El color rojo envuelve mi rostro. La ira me ciega, hago un puchero en el sitio. Y él comienza a andar despacio. Hago lo mismo y me pregunto: ¿por qué va tan despacio? ¿Siempre va tan despacio? Me saca de mis casillas.
—No me sigas —habla, el vaho se escapa de entre sus labios. No gira apenas la cabeza para mirarme.
—¡No te estoy siguiendo! —cojo aire. Ambos nos quedamos quietos.
—¿Ah, no?
—Pues claro que no, vamos a la misma clase.
—Ah, sí —hoy no está muy hablador por lo que se ve. Se para en seco—... Ve tú delante.
No se acordaba de que vamos a la misma clase, de que somos compañeros de laboratorio. Somos vecinos. Lo mataré. Lenta y dolorosamente. "¿Ve tú delante?" ¿Se cree que le voy a clavar un puñal por la espalda? ¡Pues a lo mejor sí!
Doy grandes pisotones sobre la nieve, nerviosa. No oigo las pisadas de Soul tras de mí, sé que sigue ahí, pero es apenas inaudible. Él ha de pesar nada y menos, sus pisadas son muy poco profundas. Llevará la mochila vacía, como siempre. Le observó de reojo. Actúa de forma extraña, a veces tan sólo mira el suelo tristemente y otras comienza a mirar a los lados, intranquilo, va más deprisa, va más despacio. Parece que de verdad piensa que alguien le está siguiendo.
Seguro que sólo lo hace para sacarme de quicio y llamar mi atención. Le ignoro y sigo reconcomiéndome la cabeza, hay algo, un pensamiento que no me deja tranquila y he de aclararlo. Llevo poco tiempo en esta escuela, nunca me lo había encontrado de camino a clase.
—Soul —murmuro. Pero no me detengo.
—Hum.
No me doy la vuelta.
—No me llames Porky —espero—, ¿vale?
—Vale —susurra, y por el tono parece amable. Me quedo tranquila—, Porky.
Suspiro. Va a ser un día largo.
—¿Cómo que no ha venido? —posó mis manos en el borde del pupitre, asustada.
Y tan largo iba a ser mi día.
—No, lo siento. Hoy no va a venir —y la cosa empeoró. No quedó sólo ahí—. Y puede que mañana tampoco —se rascaba la cabeza aquel chico de piel morena, Kilik, se llamaba—. Lo siento —repitió.
Me alarmé. Fue un susto de esos que sientes cuando tu mejor amigo falta a clase. Ya podía haber sido Medusa, mi tutora. Pero no, ella nunca enferma por lo que he oído. Tiene más de mil años y no ha faltado un día al trabajo. Y no exagero… Puede que un poco.
—¿Y está bien? —exijo saber. Los dos chicos presentes se miran de costado.
—No te preocupes —me responde un chico de pelo largo y moreno, atado en una coleta. Quitándole tensión al asunto—. Es más duro que una piedra. Sólo está resfriado.
¿Resfriado? Pienso: "El río". Seguro que desde entonces se ha sentido fatal, y él muy imbécil no ha dicho nada. Con razón se sentía mal ayer, es de sentido común. Respiro tranquila, le doy demasiada importancia. Pero Black lo es para mí. Lo es.
—Me gustaría ir a verle, se lo prometí —mi pensamiento se escapa de mis labios, me las llevo a la boca, avergonzada de nuevo…
Ellos se ríen, pero no de una forma burlesca. No me hace sentir mal, parecen personas verdaderamente pillas. Me cruzo de brazos. Amigos de Black*Star, no habrá mucha diferencia en comportamiento. Kilik, el chico de piel morena se sienta en la silla del revés, apoyando los brazos en el respaldo, su pelo parecen trenzas finas y encrespadas. Y Harvard, el chico de la coleta lisa se sienta sobre la mesa, desparramándolo todo. Son iguales.
—Eres amiga de Black, ¿cierto? —el tal Kilik deja de reír—. No me había fijado.
Entonces caigo en la cuenta. Si yo también soy amiga de Black*Star… ¿Eso me hace ser igual que él también? … Mi lógica me estaba fallando gravemente.
—Soy nueva —me brilla el fuego en los ojos. Esta vez no dudaré, quiero caer bien—. Me llamo Maka.
Después se presentan y me dan dos besos en la mejilla, así se saluda la gente aquí, no estoy muy acostumbrada. En Japón las costumbres son mucho más frías. Me gusta estar aquí.
—Por cierto, ¿sabes dónde vive Black? —Harvard me pregunta. Me llevo un dedo a la boca y muerdo mi uña. Niego con la cabeza. No había caído en eso, en nada. No caigo. Harvar parece alguien más serio. Creo que cualquiera es más serio al lado de Kilik, a primera vista. Me río levemente—. No, ¿verdad? —serio, pero buena persona. Quizá.
—Espera —grita Kilik con una sonrisa, sorprendiéndome—, te daré su número y su dirección. Es complicada. Iría contigo, pero hoy tengo tareas en el club de boxeo.
Ya sabía algo más de ellos. Black*Star lo solía comentar de vez en cuando. ¿A cuál iba Black*Star? A más de un club seguro.
Él vive lejos. Me lo dijo.
—¿Pero qué haces? —Harvard deja salir una pequeña risa burlona, ve como Kilik hace unos cuantos borrones sobre un papel con un bolígrafo—. Así sólo la vas a liar a la pobre, trae aquí —intenta arrebatarle el folio de las manos, comienzan a reñir de forma divertida.
—Quita, que lo estoy haciendo bien —se defendía Kilik, protegiendo el papel de su atacante. Su letra no era lo que se dice muy: entendible. Más bien parecían ser una especie de jeroglíficos del antiguo Egipto.
—Tranquila Maka, me tienes a mí para protegerte de idiotas como éste —Harvard me atrae a su torso, pasándome el brazo sobre los hombros. Me muerdo el labio en inferior, se siente bien.
—Di que no Maka, yo me aseguraré de que nadie tenga que protegerte.
Me carcajeaba entre medias mientras peleaban como críos.
Se han montado un monólogo entre ellos que no llego a entender. Oigo la clase de fondo, veo algo que me inquieta. Soul Evans me mira, nos mira de reojo desde su pupitre. Le observó detenidamente, siempre tiene un mismo patrón. Aburrido, apoya el codo en la mesa y la barbilla en la mano, pero pocas veces suspira. Lleva una chaqueta roja de algodón que le queda enorme, Soul Evans es muy delgado. Se da cuenta de que no le quito el ojo de encima, al igual que él a mí. Cierra los ojos y mira por la ventana la nieve que ha caído en la noche anterior.
—Seguro —Harvar le da un capón al moreno—… Ah, y Maka, si alguien se mete contigo por ser nueva o algún matón de segundo año te hace alguna novatada, tú sólo dínoslo, que se van a enterar de lo que es bueno —hablaban seriamente, frunciendo el ceño. Un aura maligna les rodeó, y Kilik comenzó a golpear su puño contra la palma de la mano izquierda…
Eso me dio un escalofrío de pies a cabeza. Sonreí, no pude parar de reír. Sonaban como un buen par de matones a sueldo. Tengo una mafia protegiéndome las espaldas, no podría estar mejor.
—Gracias… Supongo —doy una última risa nerviosa—. Lo tendré en cuenta.
Espero que no sea necesario, no quiero que lo sea.
—Los amigos de Black, son nuestros amigos —Kilik me entrega el folio con sus garabatos mientras se rasca la cabeza, distraído.
Sujeto el papel que me han dado junto a mi pecho, con una letra indescriptible, pero ya era algo. Lo doblo. Le prometí a Black*Star que iría a verle, y quiero cumplirlo.
—Espero que esté bien —murmuro preocupada.
—Se le pasará —Kilik comenta, jugando con un mechero improvisado.
—Nosotros iremos mañana a verle, ¿verdad? —se miran el uno al otro y sonríen, parecen recordar algo—. Seguro que si vamos hoy lo único que haremos será molestar, estará hecho polvo. Claro que, si vas tú —deja la frase en el aire y vuelven a reír de forma macabra. En algo están pensando, y no quiero averiguarlo—… Estará encantado.
Ya me hago una idea.
Me quedo hablando amistosamente con ellos, hasta que empieza la clase.
Porque desde que Medusa entra por primera vez al aula, hasta que se sienta en su sitio, pasa un buen rato. Entre que se toma su quinto café con whisky de la mañana, hace limpieza de tickets de oferta en su bolso, apunta nuestros nombres en una agenda a los que llegan tarde (como Soul y yo), o porque no paramos de hablar, para poder bajarnos la nota de cualquier asignatura posible y se dice a sí misma lo buena que está durante diez minutos, no empieza la clase de verdad. La primera hora de la mañana es un: "relaja y prepárate, que lo bueno está por llegar".
Lo importante es que voy conociendo a gente poco a empezaban a dar cuenta de quién era yo. De quien era Maka Albarn. Es absurdo pensar que alguien puede caer bien a la primera, pero quiero intentarlo, quiero no lo hago, quizá nunca sabré que podría haber pasado.
Gracias Black*Star. Me ayuda aún sin estar aquí, es mi héroe.
—Buenos días, pequeños delincuentes —por si no lo habéis notado, está hablando Medusa. Y sí, ahora nos llama así.
Por si no lo he comentado, mi día puede ponerse peor por momentos. Ha nevado tanto estos días, que el hielo se ha acumulado en el tejado del colegio. Ese hielo se ha derretido y se ha filtrado hasta llegar a un rincón de nuestra clase. Según Kilik y Harvar, "las paredes aquí están hechas de papel, en un incendio la palmamos todos seguro." Y por si eso fuera poco, ¿adivináis a quien le ha tocado cambiarse de pupitre porque sobre el suyo hay una gotera de un metro cuadrado de grande?
En efecto, a mí.
Lo mejor de todo, era que Sid, mi profesor de Laboratorio, que tiene pinta de profesor de educación física, que a su vez, trabaja de conserje manitas para sacarse un dinero en negro estafando a hacienda. En este colegio te enseñan a ser corrupto y todo. Es un plus.
Sid nos dijo que no lo tendría arreglado hasta mañana, así que por ahora debería usar otro pupitre como medida desesperada. Nuestra clase no es muy grande.
—Hola —saludé con una mueca—. Parece que soy tu nueva compañera.
—No —Soul Evans se llevaba las manos a la cara de golpe y porrazo...
Ya que Black*Star había faltado hoy a clase, me dieron su pupitre, y sí. Esto es un infierno.
—¿Soul, otra vez no tienes libros? —Medusa preguntaba de mala gana, y Soul negaba con la cabeza de la misma forma. Ambos frente a toda la clase—. ¿Qué voy a hacer contigo? Vete a tu sitio.
La profesora Medusa le golpeo con un libro en forma de porra improvisada, en la cabeza. Pero aun así, mantenían distancia el uno del otro.
—Maka, junta tu pupitre al de Soul —en la clase se hizo un silencio muy tenso, sentía las miradas de los demás en la nuca—. Y como os oiga hablar, os vais directos al despacho del Director, que ya me la liasteis buena ayer en el laboratorio —Medusa se había enterado con pelos y señales de nuestro incidente anfibio, que en paz descanse.
Parece ser que Sid tiene mala fama de ser un chismoso. Y ya lo sabe todo el mundo, pero por algún casual, nadie le daba importancia. Incluso el Director. Decidió aplazar la reunión que teníamos Soul y yo con él a la semana que viene para hablar sobre lo ocurrido en el aula de química. Un tal Shinigami, así es como le llaman, será porque tendrá fama de ser estricto, me imagino. Medusa me contaba que: El Director del centro anda muy ocupado últimamente y que no tiene tiempo para problemas de chiquillos.
Que se te desmaye un compañero en clase, no me parece problemas de chiquillos, pero lo agradecía. No quiero seguir lidiando con este chico:
—Suelo morder mientras escucho —me intimidó.
Esperaba que estuviese bromeando.
—¿Ah sí? —le seguí el juego—. Pues yo escupo mientras hablo —le dije a la cara.
—Pork…
Estuvo a punto de pronunciar, pero no lo dijo. No lo dijo, se mordió los labios, la lengua. Apretó el puño. La última letra quedó en el aire. Me reí levemente por fuera y me carcajeé a grandes decibelios por dentro, en mi alma. Me vengaría de él algún día. ¿A qué venía ese espasmo reprimido de mala educación ahora?
Ambos dirigimos la vista al lado contrario con un bufido de disgusto. El amor reluce entre nosotros.
No me apetecía estar así el día entero, y probablemente, mañana tampoco.
—¿Quieres leer? —acercaba mi libro a su mesa una vez juntamos ambos pupitres. Me comporto como una persona civilizada, no tenía por qué ser como él, ni rebajarme a su nivel.
—No —se alejó de mí.
Arrastró su culo en la silla para que no tuviésemos que rozarnos siquiera. Le daba más asco de lo que yo pensaba, y en parte me dolía muchísimo.
—Pues haz lo que quieras.
—Eso haré.
Es un insufrible.
Buda hoy ha decidido abandonarme, para esto me hago al cristianismo. Menuda chafa.
Dejo de pensar en trivialidades varias y tonterías mañaneras creadas por el insomnio, una mano se posa en mi nuevo pupitre. Medusa va caminando al igual que una modelo con reúma entre los pupitres, continua dándonos la charla matutina de hoy:
—Como ya sabréis —¿saber qué?—, el consejo os ha dado varias semanas culturales para primavera, como la obra de teatro, las excursiones, el musical de los pequeños o la ayuda al vecindario, no puntuará para que os lo toméis con calma —los demás alumnos aplaudieron, parloteando sin parar. Todo lo que sea perder clases siempre estará bien—. Aunque la verdad es que no lo veo necesario, porque sois todos unos vagos sin futuro académico y la mayoría acabaréis sirviendo comida rápida en un local de mala muerte por un sueldo mínimo, con el que no podréis alimentar a vuestros 3 hijos no deseados por un condón roto y a una madre inválida —se ha quedado a gusto...
Saco la hoja que Kilik me ha dado del bolsillo de mi chaqueta azul marino, y comienzo a leer los garabatos.
—Estoy perdida —me rindo al poco de haber empezado—. No entiendo nada.
Por mucho que trato de descifrar esa maraña no llego a entender ni la mitad del trayecto. El teléfono si lo entiendo, creo. Pero me da mucha vergüenza llamar. Aún no he planeado como pienso plantarme allí sin avisar. Pero si sobreviví a la casa de los Evans, digo yo que muy difícil no será. Es como si estuviese en un videojuego, y ya hubiese pasado el nivel del jefe.
Hablando del Diablo.
Soul Evans me mira de reojo, curioso. Me fijo en su perfil. Se le notan mucho los pómulos en las mejillas.
—Mañana llegará vuestra profesora de música —Medusa tose—, viuda negra —vuelve a toser—, descanso para fumar.
Debería poner en la puerta un cartel que diga: "Vuelvo en cinco minutos."
Y se marcha por la puerta taconeo tras taconeo. La clase comienza a hablar. Realmente nunca se han callado, sólo han disminuido el nivel de voz hasta que ella se ha ido. Oigo tantos murmullos que no logro pensar con claridad.
—Eh —me doy la vuelta en la silla, apoyando las rodillas e intento atraer a la chica de atrás, recordar su nombre—, Tsubaki. ¿Quién es la profesora de música?
Ella se acerca, su pelo suelto cae sobre su pecho como una cascada de agua negra.
—No estoy muy puesta en ello —me susurra—, yo soy nueva este año, unos meses antes de que llegarás —escucho, me balanceo sobre la silla, temo por caerme—. Pero, he oído por los demás —señala hacia su izquierda con la cabeza, donde están dos rubias, la mayor se lima las uñas, la menor no para de chillar felizmente—, que es una de las mejores profesoras que hay por aquí.
Me río.
Es curioso, pero lo cierto es que, si comparas a cualquier ser con Medusa hasta un Cactus podría ser más amable.
—Por cierto —ladea la cabeza y posa la mejilla sobre la palma de la mano—, me debes una comida juntas.
Sonríe.
—¿Quieres comer hoy conmigo? —pregunta.
Tsubaki alza el meñique a la altura de mi frente, levanto mi mano, juntando los labios con fuerza.
—Me encantaría —hacemos un pacto con el meñique, sonrientes.
Siento un dejavú de repente.
Me separo de golpe haciendo ruido con la silla, Medusa ha vuelto y debemos seguir con la clase haya ganas o no las haya.
Cuando miro a la izquierda no veo a Soul Evans. No al menos como yo esperaba.
Soul estaba hundiéndose bajo el pupitre, deslizando la espalda por la silla con desesperación en el rostro. Él murmura:
—No, no. Esa otra vez no, esa otra vez no.
Se me ocurre la gran y fatal idea de preguntarle:
—¿Qué estás haciendo?
Y él responde.
—Tomar el sol, en una tumbona, no te jode —se levanta con nerviosismo, erguido apoya los brazos en la mesa y se echa sobre ella—. ¿A tí que te importa?
No sé para qué gasto mi tiempo en esto.
—Pues déjalo, porque se te ve muy quemado. Pavo.
Pero aun así no dejo de molestarledurante todas las clases, ya que al menos es un borde, no le pienso dejar dormir en todo la mañana. Me iba el riesgo. No me falta valor.
Comí con Tsubaki, y las clases se me pasaron volando por extraño que parezca. Cuando quise darme cuenta ya volvía para casa. Al menos no hacía la mía, a la casa de Black. Aunque no sepa cómo llegar. Al salir por la puerta de clase, Soul Evans no fue el primero en salir como habituaba a pasar todos los días, se le notaba más lento, más cansado.
Aquí iba mi estúpida pregunta número 42 de última hora para fastidiar a Soul.
—Soul —le pellizco con la punta del lápiz sin dejar de mirar a la pizarra.
—¿Qué? —responde con malas pulgas, tapándose la cabeza con ambos brazos.
—¿Sabes ese enanito de Blancanieves, de nariz grande y roja, que siempre estaba de mal humor y odiaba todo el mundo?
—Sí —se tapaba con la capucha, había desistido de llevarme la contraria después de 41 preguntas absurdas.
—Pues eres tú.
Le temblaron los hombros llenos de ira. Pero no iba a contestar, él pasaba de mí, de todo el mundo. O eso quería pensar yo.
—Calla, cerdita Piggy.
Bufé. Me preguntaba: ¿en clase no me había contestado ni una sola vez de esa forma? ¿Es salir de ella y ya sigue con lo mismo? ¿Tanto le cuesta pensar otro mote, otra respuesta ingeniosa? No soy una cerdita, aunque a veces me ría como tal. (Soy suave, rosa y limpia.)
Saco de nuevo de mi mochila el papel de Kilik. Sigo sin entender absolutamente nada. Soul va muy despacio, para no variar. Murmuro con sarna, adelantándole:
—Oink, oink.
Da un chasquido con la lengua y mira a otro lado. La nieve empieza a caer y el suave viento acalla nuestras pisadas.
—Imbécil.
No es que quisiera pasar el rato con Soul, pero los silencios me incomodan y él y yo vivimos al lado, por lo que ir juntos por el mismo camino de vuelta no es de extrañarse. Tengo que preguntarle a Black para que me enseñe más atajos útiles. Vuelvo la vista al papel, me paro en seco y lo arrugo entre mis manos.
—Moriré de congelación antes de llegar —susurro desesperada.
—¿Hum? —noto una respiración detrás de mí, en el cuello, es Soul. Ha logrado alcanzarme—. Muévete Porky, entorpeces el camino.
Me entran escalofríos.
—Oh, perdona —ironizo, saltó en el sitio, revolviéndome el pelo—. Será porque aquí el señor, ¡no tiene camino para pasar! —grito, haciendo eco—. ¿Tan seco eres qué no sabes rodear con las piernas? —hago gestos con las manos—. ¡Es muy fácil!
Soul suelta un bufido seco. Abre ambos brazos como si fuese a abrazarme, me quedo quieta sin saber qué hacer. Él pone una mueca y alza las cejas. Yo frunzo el ceño y miro a mi alrededor. Hemos llegado al puente, que aún sigue en obras.
Por una vez Soul lleva razón, el camino se ha hecho más angosto, no han terminado de colocar las vallas y hay muchas apiladas a los lados. Y yo estoy, en todo el medio.
Me sacudo la falda, y sonrío tímidamente. Avergonzada.
—Uy, lo siento…
—Que lista eres —murmura pasando a mi lado, rozándose conmigo. Me empuja con el hombro y pasa por delante.
Mientras me quedo atrás mirándole como una idiota enrojecida. El papel de Kilik se me resbala entre las manos y cae al río sin que me dé tiempo a darme cuenta. Hipnotizada. Me toco las mejillas. Dándome varios golpes, despierto. Y corro tras él.
—¡Espera, espera! —le alcanzo sin aliento.
Cuando quiere puede ser muy rápido.
—¿Qué quieres ahora? —se da la vuelta, crispado—. ¿No te ha bastado el día entero para hacerme la vida imposible?
Le miré cara a cara. Parecía cansado a más no poder. Tampoco había sido para tanto. O tal vez sí, pero él era peor. Es peor…
—No —me sale una carcajada de dentro, y es cierto. Cuando me río demasiado sale una pequeña risa de cerdito realmente inaudible. Menudo oído ha de tener para oírlo—. Pero, ¡no te vayas, espera!
Comienza a caminar a paso ligero, le grito, no se detiene. Agarro su sudadera por la espalda, y él se queda quieto. Muy quieto.
—No me toques —me dice dirigiendo la vista al suelo. Nervioso, en voz baja, niega con la cabeza.
Levanto las manos en son de paz. Soul se gira, aterrado.
—Está bien, está bien. Tú estás enfadado, yo estoy enfadada. Pero no pasa nada, vive y deja vivir —hablo pacíficamente como un niño de diez años—. Hagamos las paces —alzo mi brazo para coger la suya.
—¿Me vas a dar otra bofetada? —ladea la cabeza.
—¿No puedes olvidar eso y punto?
Antes de que siga hablando me tapo la boca con la mano y le señalo con el dedo del otro brazo, de mi boca salen palabras inconclusas e insultos inadvertidos.
—Basta —habla seriamente, y baja mi brazo acusador con la mano. No llega a tocarme, me toca la gran manga larga de la sudadera—. ¿Qué quieres de mí?
—¡No quiero nada! —grito, frunciendo el ceño.
¿Por quién me había tomado?
—Claro que quieres algo, sino, ¿porque ibas a estar aquí?
Soul mira para otro lado, afligido. Aprieta la mandíbula tras esos labios.
Eso había sonado doloroso. No sabía para quién de los dos había sonado peor. Me sentía molesta, pose una de mis manos sobre el otro brazo y me mordí el labio. Quizá me lastimaba tanto, porque llevaba razón. No me importa cómo se comporte él. Como se comporten los demás. Lo importante es como actúe yo ante ellos. Llevo todo el día fastidiándole inconscientemente, por una razón que desconocía. Por un sentimiento que desconocía de misma.
Soy cruel. Lo soy…
Y aunque no debería haber respondido de esa forma, aun así lo hice.
—Bueno vale, sí que quiero algo —entrelazo mis manos en la espalda y me pongo de puntillas, observando la nieve—. ¿Tú eras amigo de Black*Star, verdad? —no quiero verle la cara ahora mismo, no sabía porqué, pero no quería hacerlo—. ¿Me podrías decir dónde vive?
Él se queda callado.
—…
La puerta de casa se abre, se oye el chirrido de las bisagras al girar. Un pequeño portazo cierra la puerta, impidiéndole al viento ártico entrar en el hogar. Se oyen unas pisadas ligeras y acompasadas. Esos pies que se arrastran. Eruka puede saber quién está en casa sin necesidad de darse la vuelta. Sabe de quienes son esas pisadas.
La televisión aún sigue puesta, con el volumen bajo, están dando algún concurso de telebasura que Soul odia. Odia la televisión en todo su esplendor.
—¿Ya has vuelto? —Eruka preguntaba jugueteando con Blair en la pequeña mesa rectangular del café, en el salón. La gata intentaba escapar pero no podía, Eruka la tiraba de las orejas con astucia— Qué rápido, pensábamos ir a recogerte más tarde.
El salón está mucho más ordenado, dentro de lo que cabe. Eruka es ordenada, a su manera. Eruka también sabe su secreto.
—No hace falta. Puedo volver solo —Soul se lleva las manos a la cara, con cansancio—. No se lo digas a mi padre.
Tira la mochila en un rincón, totalmente vacía. A penas rebota. La chica se dibuja una cremallera en los labios, la cierra.
Para él, la estúpida de Maka no le había dejado en paz ni un minuto. Ni siquiera le había dejado descansar un solo segundo, y dormir. Para Soul, las clases son muy aburridas, es volver a dar una y otra vez lo que ya sabe de antemano. Información que abulta demasiado.
—¿Te han puesto deberes? —Eruka pregunta, le da palmaditas en la espalda. Soul la rehúye con rápidez.
—Tal vez —responde tranquilo, suspirando.
Soul se abalanza sobre el sofá, se desparrama entre los cojines sin quitarse las deportivas, y espera a Blair, su pequeña gata, que salta sobre él con agilidad y corretea con las almohadillas de las patas, arañando su torso. Es su manera de darle la bienvenida. Soul la alza en el aire varias veces, la gata maúlla desconsolada y él la acaricia el lomo. Más tarde la dará de comer.
—¿Y Wes? —pregunta Soul.
Él sabe que Rags, su hermano menor no sale hasta dentro de un rato, su padre no vuelve hasta la hora de cenar y Stein se marcharía de casa después de comer. Después de auto invitarse a comer en su casa. Pero no había rastro de su hermano mayor.
—Ha ido al Hospital… Ya sabes —ella le quitaba importancia al asunto.
Soul no entendía lo que quería decir, ¿por qué estaría Wes en el Hospital? Él no lo sabía. Él siempre es la razón de que tengan que ir allí, pero esta vez él no está allí, y jamás volverá, jamás, piensa. Se infunde a sí mismo que será cualquier tontería, un chequeo o tal vez quiera agradecer a Kid y a los demás por sus regalos. Eso quiere creer Soul…
—Hace frío —Eruka tirita, frotándose los brazos con ambas manos—. Voy a encender la chimenea.
Él asiente tumbado junto a Blair.
Soul y Eruka no se llevan demasiado bien, pero cuando están solos, él y ella, no hay razón para discutir. Sólo son dos extraños más en la casa. Eruka siempre viste un vestido, o una falda, haga el tiempo que haga, con medias o sin ellas.
—¿Has tenido un buen día? —ella coloca la leña seca dentro de la estufa junto a algunos periódicos viejos y la prende con cuidado.
"¿Por qué tenía que preguntar?"
Hay poca luz en la habitación, la ventisca, afuera, se ha vuelto más violenta y las ventanas están cubiertas del vaho que mantiene caliente la casa.
—No estoy seguro —Soul mira hacia el techo, indeciso, mientras Blair se acomoda un sitio sobre su pecho. Se siente a gusto rodeado por el calor de las llamas.
Soul se pregunta a sí mismo si la estúpida de Porky estará bien, o no, pero deja esa idea en rotundo, negando con la cabeza fuertemente. Evita pensar en ello. Eruka desaparece, marchando hacia la cocina. Y cuando vuelve Soul se ve venir lo que lleva entre las manos. Reacio, se sienta con rapidez, asustando a Blair. Ella salta a sus pies y él mira para otro lado mientras Eruka posa un vaso de agua frente a él.
—Me las tomo luego —murmura Soul un poco angustiado.
Eruka hace que él sujete el vaso y coloca las pastillas en su mano cerrada a cal y canto, vuelve a cerrarla formando un puño y las recoge entre sus manos delgadas y pequeñas, segura de sí misma.
—Lo siento, Wes me ha dicho que te las diese si llegabas y él no estuviese.
Soul echa la cabeza hacia atrás, mordiéndose la lengua. Eruka le ruega con las manos. No quiere liársela a Eruka, su hermano se enfadará más con él.
—Bien —él accede sin mucho entusiasmo, tomándoselas de un solo trago…
Eruka posa una mano sobre su hombro y Soul llega a poder ver un paquete de galletas cubiertas de chocolate, escondidas tras la espalda. Soul niega con la cabeza en rotundo
—¿Es necesario?
—Soul, tienes que comer algo cuando tomas pastillas tan fuertes como las que tú tomas, sino, te hará daño al estómago.
Ella llevaba toda la razón del mundo. Pero Soul no estaba dispuesto a comer, le resultaba demasiado a pesar de lo poco que era realmente. No le importaba en absoluto, ¿qué más daría sufrir de una cosa más, o una cosa menos? Aunque en el fondo, muy en el fondo, algo en su interior le decía que estaba haciendo mal. Le resultaba absurdo.
Todo lo hace mal. Él pensaba.
—Y si me trago un chicle, ¿me explotarán las tripas? —Soul la llevaba la contraria, suspirando.
Él se cruza de brazos.
—Tres —señala ella con los dedos.
—Una —Soul responde tajante.
—Dos y media —Eruka alza una ceja.
Quiere intentar convencerle aunque nadie pueda.
—Una —repite Soul, calmado.
—Dos —pidió con ojos de cordero de cachorro. Cuando se trataba de un tema tan delicado para Soul, esos juegos y esas tretas no valían—… ¿Una y media?
Eruka probablemente no pueda ganar.
—Una. O nada.
—Oh, —bufaba rendida— está bien…
Soul se lleva la galleta a la boca y se tumba en el sofá de nuevo. Dándole pequeños mordiscos lentamente, se lleva las manos tras la nuca.
Tirado en el sofá, se estiró todo lo largo que es mientras Eruka comenzaba un relato, que más bien era un soliloquio, porque sólo hablaba ella.
—¿Te puedes creer que la estúpida esa miraba a tu hermano con unos ojitos tiernos? Por favor. ¿Cómo se atreve a pedirle un bolígrafo? Buscona…
Murmuraba exagerándolo todo.
—Me tienes que contar más sobre esa chica del otro día, quiero lujo de detalles.
Soul empezaba a tener sueño. Se tumba de lado mirando al respaldo del sillón. Haciéndose un ovillo.
No sabía bien porqué, quizá fuese la insistencia de su cuñada a mantener una conversación entre los dos, o quizás eran las pastillas que se acababa de meter al cuerpo. Ya no sentía las facciones de su cara, se estaban volviendo rígidas, duras, frías. Como si ya no fuesen suyas. Sentía como si alguien le quitase, le aspirase las ganas de vivir. Estaba cansado.
Blair salta sobre él, y se acurruca junto a su estómago, ronroneando.
—¿Tienes sueño? —Eruka se agacha posando una mano en la frente de Soul. Extrañada, él no suele actuar así—. Te traigo una manta —dijo, volviendo segundos más tarde con una enorme manta blanca, mucho más grande ella, sobre su cabeza. Al igual que una africana llevando jarras de agua para su pueblo. Soul deja escapar una leve risa—. Listo —ella le echa la manta por encima, y le revuelve el pelo, sonriéndole.
Él le agradece en silencio, encogiéndose sobre los cojines, bosteza y siente como Blair se estira junto a él. Sus ojos se cierran fatigados.
A Soul no le gustaba dormir. Porque quedarse dormido significaba tener que soñar. Tener pesadillas.
Y eso como la vida misma, no se puede controlar.
(¿?)
—Oye. Oye, oye —el crío se ponía muy pesado preguntándote.
No contestes.
—Oye, oye. Oye, ¡oye!
—¿¡Qué!? ¿Qué puñetas quieres? —explotas. Ahí agazapado. Que divertido es esto.
¿No crees?
—¡No! —no me grites.
—Oye —repetía aquel desconocido bajito y moreno. Juntas los dientes con fuerza, con rabia. Quiere morir pronto—. Perdona, es que si no lo digo ocho veces… Bueno, no queda simétrico —¿de qué habla éste? Están más locos que tú y que yo. Que tú—. Y si no es simétrico, no está bien.
Mátalo y punto. No es difícil.
Espacio Beru*:
Este capítulo ha sido sacado gracias al apoyo de: Sara, AriaEcense, D34th Carla M, kuroneko-evans, Nitta Rawr, Maka Death, Ai-chan Wayland, Saeko Evans, Guest, Forrestete, Kod97, Ellie77, Lightning-Claire, Hime Honda, candelaa-97, Angel de Death y Cata-Chan1. ¿Por qué serán tan geniales? Gracias, hermosos. Todos.
(¡Guión chachi-pistachi! "—" ¡Bell se abre a nuevas experiencias! Y… Eso ha sonado mal. Sí.)
Ahora mismo me imagino, (No, yo no tengo imaginación, ¿verdad? Lloros.) que lo estaréis flipando (en colores) con el final de la primera parte. Recorcholis. ¿Quién es Ragnarok? (Me amenazan con un cuchillo.) ¿Y por qué no ha salido hasta ahora? (Y yo contestaré: ¡este Fic es muy largo, no me matéis! Pls.) Por la misma razón que Kid saldrá en el siguiente. (¡Es el 8! Oh Dios mío. Oh Dios mío.) Y en exclusiva, la casa de Black.
Dejadme lo que se os ocurra en los reviewcillos y yo os traeré, como siempre, (¡amor!) el siguiente capítulo. (Si hombre sí, los reviews. El botón ese de ahí abajo, ¿a qué no hay valor de pulsarlo? Eh, eh, eh. Cowardly dog… LOL.) Espero que os haya gustado, ¡gracias a todos por leer!
Nos vemos próximamente en:
Sweet Dreams.Capítulo 8
Sé paciente y bésame.
¿Os acordáis de las pelis de Shrek?
(Emoticono triste…)
