Había pasado un año desde que la madre de Yuri había muerto. Viktor no comentaba nada al respecto, pero aún a veces podía escucharlo gemir lastimosamente en sueños, temblando y acunándose sobre sí mismo. Era en esos momentos cuando él se encargaba de recordarle que no había dejado de ser amado por nadie y lo abrazaba por la espalda para cuidarlo, acariciando su cabello azabache y diciéndole palabras de consolación que su amado no escuchaba, pero que seguramente atravesaban la barrera del sueño y llegaban a lo más profundo de él.

Yuri había demostrado que era el rey que su reino merecía. Como monarca, nunca había decepcionado a su pueblo, siempre manteniendo la frente en alto ante cualquier adversidad y provocando una confianza indudable en su gente. Sabían que con él estaban a salvo.

Sin embargo, el único que conocía al hombre detrás de la máscara de rey era Viktor. Él conocía a ese joven de tan sólo diecinueve años de edad, a esa persona cariñosa y pura de corazón, a ese amante cauteloso y delicado con las palabras. Y ahora, después de haber pasado un año entero de que su dulce Yuri conoció la pena de perder a su madre, estaba enfrentándose a una nueva adversidad, una meramente biológica.

Entró a la sala de reuniones, donde pronto se concretaría una de las estrategias para llevar a cabo la lucha contra el enemigo.

La sala estaba vacía, como imaginó. O al menos eso fue lo que pensó, pues detrás de la mesa se encontró con algo que lo dejó paralizado por un segundo.

Yuri yacía inconciente en el suelo.

Se acercó corriendo y lo colocó viendo hacia arriba. Tenía la mirada perdida y temblaba sin cesar, como esos temblores que tenía en la noche. Viktor sospechó que ese comportamiento nocturno que había estado teniendo no solamente había sido por la muerte de su madre.

Lo cargó entre brazos, tratando de mantener la calma y no alterarse porque la persona que más amaba en el mundo se estuviera convulsionando. Ya no eran temblores normales.

Salió corriendo de la sala. El médico de la familia real seguramente estaba en sus aposentos, pero tardaría en llegar ahí.

Estaba mentalizándose en que tendría que llevar cargado a Yuri hasta ahí cuando se encontró en un pasillo cercano a su madre caminando con sus damas de compañía. Las jóvenes soltaron chillidos de susto al ver al rey del fuego en ese estado, aunque la reina mantuvo su porte serio a pesar de la impresión que también le provocó ver a Yuri.

—Viktor…

—Necesito ver a Seung-gil, ¡ahora!

—Querida, ve y busca a un guardia y dile que encuentren al médico. ¡Corre!

Ante la orden, la joven inmediatamente se fue por el pasillo por el que venía y desapareció corriendo.

—Ustedes, regresen a mi habitación y preparen la cama. El rey descansará ahí en lo que llega el médico.

Las chicas no dudaron y también corrieron hacia la habitación.

Viktor seguía aterrado por ver a Yuri en ese estado. Él siempre sabía qué hacer, cómo actuar; era la definición perfecta de un monarca, y aún así, cuando se trataba de Yuri, se aterraba del mismo modo en que lo haría un niño. Agradecía enormemente el que su madre estuviera ahí con él.

—Vamos a mis aposentos, ahí esperaremos al médico.

—Pero…

—Viktor —lo calló como madre y no como reina—, hasta que el médico llegue, no podemos hacer nada. Mis aposentos son lo más cercano que tenemos.

Como hijo, Viktor obedeció y ambos anduvieron con paso apurado por los solitarios pasillos.

Cuando llegaron a la habitación de la reina, ésta ya tenía la cama preparada para recostar al rey. Con cuidado, Viktor lo colocó sobre la mullida cama. La convulsión se había detenido, pero el temblor no paraba.

Cuando el médico entró, Viktor caminó rápidamente hacia él, molesto por la tardanza. Sin embargo, el médico se mostró inalterado ante el alfa delante de él. En realidad, siempre mantenía esa expresión. Nadie sabía si era un alfa, beta u omega, así como tampoco qué edad tenían. Sólo sabían que era un joven del reino del agua, pero al igual que muchos, no podía controlarla, sólo había nacido ahí.

Todo ese gran misterio siempre se respetó debido a que nadie podía poner en duda la gran capacidad de Seung-gil para curar. Era su don.

—Tardó en llegar —refunfuñó Viktor. Era más su alfa hablando que él mismo.

—Mi trabajo es curar, no predecir el futuro para ver a qué hora alguien se enferma.

Al médico no le importaba si tenía a un rey delante de él o no, pues siempre se comunicaba igual. Más de una vez la corte se preguntaba cómo es que no había terminado decapitado después de su modo de comportarse con la nobleza.

Viktor cerró los ojos y respiró profundamente. Si no fuera porque el único que podía curar a Yuri era ese hombre delante de él, ya lo habría exiliado del reino.

—Pues entonces haga su trabajo.

El médico se acercó a la cama y revisó el rostro de Yuri. Inmediatamente, abrió una gran bolsa que siempre llevaba consigo y sacó un ungüento que le colocó sobre las sienes, muñecas y nuca. El temblor se detuvo casi al instante.

Viktor dio un suspiro de alivio. Al menos Yuri parecía como si estuviera teniendo un sueño pacífico.

Aún así, el médico siguió revisándolo. Ahora que los veía juntos, Viktor notó el parecido que había en los rasgos de Seung-gil con los de Yuri. La historia decía que en los comienzos del mundo, el reino del fuego y el agua eran uno sólo. Su gente era de cabello azabache, piel clara y ojos negros. Sin embargo, en algún momento de la historia, se separaron. Una mitad controló el agua y la otra su contraparte, el fuego. Con el tiempo, el color de ojos y sus poderes fue lo único que los llegó a diferenciar.

Se distrajo de ese recuerdo de sus clases de historia cuando vio al médico hacer una mueca que no supo cómo interpretar. Le molestó pensar que era una sonrisa sarcástica.

—Ya sé cuál es el problema con este omega.

Las damas gritaron del susto cuando Viktor tomó del cuello al médico y lo estrelló contra la pared. Éste sólo tosió, pero no mostró sorpresa. Sólo sus manos se aferraron a la de Viktor, en un reflejo por querer soltarse.

—¡¿Tienes idea de quién estás hablando?!

Había tolerado el comportamiento cínico del médico desde la primera vez que lo conoció, pero cuando escuchó llamarle a Yuri "este omega", no pudo ignorar el comentario. Si Yuri lo hubiera escuchado…

—Viktor, suéltalo.

El rey volteó a ver a su madre, quien se había puesto de pie y acercado a él.

Lo soltó y el médico cayó al suelo, tosiendo. Levantó la vista y comenzó a hablar, aún sin componerse del todo.

—La naturaleza no distingue entre esos aspectos sociales, y por ende, yo tampoco. Vine a tratar a un omega enfermo, no a un rey.

—¿Qué es lo que tiene? —preguntó la reina antes de que Viktor interrumpiera de nuevo.

El médico se puso de pie y miró a los demás presentes. Por primera vez, tomó en cuenta la reputación de los reyes. Era un tema delicado.

—Por favor, salgan de la habitación todos los presentes a excepción del rey y la reina.

Las damas de compañía y el guardia voltearon a verse. La reina afirmó con la cabeza y uno a uno se fueron retirando.

Al quedar solos, el médico comenzó a desabrochar la ropa superior de Yuri, dejando su pecho al descubierto. Siguió analizándolo con la mirada. Afirmó para sí mismo con la cabeza y regresó la mirada a Viktor.

—Éste es un omega que no ha sido marcado.

Viktor resopló de fastidio, lo que hizo que el médico volteara a verlo molesto.

—Eso ya lo sabía bastante bien.

—Quizá —le respondió acercándose—, pero lo que al parecer no sabe son las consecuencias de que un alfa no marque a un omega, o sino el rey del fuego no estaría en estos momentos sufriendo.

—¿Insinúa que es mi culpa que esté en ese estado? —preguntó con un tono que indicaba que de la respuesta dependería que el médico terminara en un calabozo o no.

—No lo insinúo —respondió—, lo estoy diciendo con toda certeza.

—¡Viktor!

La reina puso una mano sobre el brazo de su hijo cuando vio que éste estaba acumulando hielo en su mano, dando a entender que atacaría en cualquier instante.

—Se lo explicaré, pues al parecer a los alfas y omegas se les da muy bien ignorar su naturaleza hasta que enferman.

Mientras comenzaba a explicar, siguió buscando ungüentos que seguía poniendo sobre Yuri en diferentes partes de su cuerpo.

—Normalmente un omega puede durar toda su vida sin ser marcado, pero para ello necesita que ningún alfa tenga interés hacia él por más de un año. Cuando un omega tiene una pareja, debe ser prontamente marcado. Puede que sepa que es amado, pero su omega interior sólo pide dos cosas: una marca y tener cachorros. Al no tener ninguna de los dos por parte de su alfa, el omega se sentirá no apto para cumplir con su instinto, como una falla. Al sentirse de ese modo, ningún otro alfa se acercará a él, pues lo sentirán como defectuoso al no tener las dos únicas cosas que debería. Con el tiempo, el omega enfermará y, si no se soluciona, puede morir por haber fallado en su propósito en este mundo.

Viktor tenía los ojos abiertos con sorpresa.

¿De verdad su amor a Yuri no podía vencer el instinto? Nunca quiso marcarlo porque eso no le importó. Yuri era el amor de su vida, su rey, su amigo cercano y confidente. No le importaba su segundo sexo en lo más mínimo, pero parecía ser que poco importaba eso contra las leyes de la naturaleza.

—¿Entonces es obligatorio que lo marque? —preguntó Viktor, casi rendido.

—Si quiere que siga con vida su amado rey, debe marcarlo o abandonarlo, y por su comportamiento agresivo conmigo, puedo suponer que la segunda opción es imposible. Así que, sí, debe marcarlo cuanto antes.

El médico se levantó y guardó todos los medicamentos que había usado. Yuri estaba entreabriendo los ojos, confundido por no entender dónde se encontraba ni qué había sucedido.

—Podría darle medicamentos por un tiempo más, quizá unos dos meses a lo mucho, pero después de eso… Bueno, ya le expliqué la consecuencia final.

—Gracias por todo, Seung-gil. Puede retirarse. Dígale a los guardias que ayuden a trasladar al rey a su recámara —dijo la reina después de un corto silencio.

—Sí, su alteza.

El médico hizo una reverencia a los dos y salió. Viktor aún consideró la opción de meterlo al calabozo por su comportamiento, pero por más que odiara admitirlo, tenía razón.

—¿Viktor?

Al ser llamado por Yuri, volteó inmediatamente hacia él y se acercó a la cama. Éste se veía mucho mejor, sólo con el rostro de alguien que acababa de despertar.

—Todo está bien, amor. Sólo enfermaste. Te llevaran a nuestra recámara y en un momento estaré contigo.

Los guardias entraron con una camilla y colocaron con cuidado a Yuri encima. Entre los dos, se lo llevaron a su habitación.

Para cuando Viktor regresó a ésta, encontró a Yuri en mejor estado, pero sabía que era sólo una farsa, una obra de teatro montada que podría caer en cualquier momento.

Más que con él médico, estaba enojado consigo mismo y con las reglas bajo las que vivía su mundo.

Porque cuando un niño nacía, lo primero que pensaban era si sería alfa u omega, porque cambiar al mundo y dirigirlo era de los alfas, porque traer crías al mundo era de los omegas.

Yuri había llegado al trono, y cuando a sus espaldas dijeron que el reino caería debido a que un omega lo dirigía, el rey calló sus bocas al mantener a su pueblo en el mismo esplendor de siempre a pesar de la guerra.

Viktor temía que, en el momento en que vieran la marca de Yuri en el cuello, todo eso que él había creado desde hace un año desapareciera.

—¿Cómo te sientes? —le pregunto finalmente.

—Mucho mejor. No recuerdo bien qué sucedió, pero al parecer me desmayé. Quizá es el cansancio. Nunca pensé que ser rey fuera a ser una carga tan grande.

Su risa nerviosa hizo que Viktor bajara la vista, molesto. Ojalá y su problema fuera por la presión del reino sobre sus hombros y no por un deber biológico que, de no cumplirse, traería consecuencias desastrosas.

—No es cansancio, Yuri. Seung-gil me explicó todo.

Yuri dejó de reír.

—¿Qué tengo? —preguntó con una mezcla de seriedad y preocupación.

Viktor lo tomó de los hombros y lo sentó en la cama para después hacer lo mismo a su lado. Sujetó sus manos, tan cálidas como siempre. No podía imaginar un mundo sin el tacto de esas manos.

—No le daré más vueltas a esto. Yuri, es necesario que te marque.

Como imaginó, para Yuri era un tema de lo más delicado hablar sobre el segundo género. Detestaba que le recordaran que era un omega, y que fuera Viktor diciéndole que ya debía ser marcado le sacó su lado más terco y orgulloso que tenía.

—Ya veo. Así que tu alfa interior ya te ha dicho que es hora de tener su omega para dar a luz a sus cachorros.

—No, no, Yuri. La idea es igual de molesta para mí, de verdad —suspiró antes de continuar—. Tu omega interno es el que necesita cumplir sus instintos. Tu desmayo, tus temblores al dormir y muchas otras cosas son consecuencia de que no te haya marcado aún.

Yuri cambió su expresión. Aún se veía renuente a escucharlo, pero a la vez sabía que Viktor no le estaba mintiendo con algo como eso.

—Entonces, ¿si no me marcas ahora, me pondré peor después?

—Sí. —No pudo decirle la consecuencia final.

Yuri desvió la mirada hacia otro lado y negó con la cabeza. Parecía estar teniendo un debate consigo mismo.

—¿Por qué al final la naturaleza termina ganando? ¿Por qué no importa lo que haga, al final quien sale ganando es el omega dentro de mí y no yo?

Al ver cómo una lágrima de enojo se escapaba de los ojos ámbar de Yuri, Viktor tuvo un momento de lucidez en donde entendió todo.

Yuri no se amaba a sí mismo, no enteramente. Entendía que era rey, que era hombre, que controlaba el fuego, pero no que era omega.

¿Y él? Él había alimentado esa indiferencia hacia algo que era parte esencial de la persona más importante de su vida. Le había apoyado en su loca idea de que ser un omega no importaba, que era lo de menos. Era igual que si le hubiera dicho que controlar el fuego no importaba, que ignorara ese hecho.

Yuri dominaba con maestría el dominio del fuego como jamás había visto. Era una fogata cálida como podía ser también un incendio devastador, y todo porque aceptaba ese lado suyo y lo amaba.

¿Por qué no habría de ser igual su lado omega? Todo este tiempo había apoyado a Yuri en que era algo que podían ignorar juntos, cuando en realidad se trataba de ensalzarlo juntos.

¿Cómo había podido ser tan ciego a eso?

Extendió la mano con delicadeza hasta llegar a la mejilla de Yuri, donde retiró la única lágrima que había escapado. El rey del fuego movió la cabeza, avergonzado por que hubiera sido visto en un momento que a él le parecía una debilidad ridícula. Pero no lo era, estaba en todo su derecho a sentir coraje. Ahí estaba Viktor para ayudar a disipar esa molestia.

—¿Alguna vez te dije lo feliz que seré el día en que vea a uno de nuestros hijos en tus brazos?

Yuri abrió los ojos de golpe y volteó a verlo en un instante. Viktor no le dio oportunidad a decir algo, pues acercó su rostro hasta que sus narices rozaron. Lo miraba tan profundamente que Yuri no supo si desviar la mirada o perderse en sus ojos azules.

—¿De qué estás ha…?

—Nunca pensé ser padre hasta que te conocí. Claro, no fue lo primero que cruzó por mi mente al verte, pero con cada día que pasa tengo más segura mi convicción de conoceré mis días más alegres cuando tenga un hijo. Porque quiero ser padre, Yuri. Quiero ser lo que mi padre jamás fue conmigo. ¿Pero sabes algo? Yo no puedo traer ese hijo al mundo. Yo no sé crear vida. ¿Sabes lo maravilloso que es tener esa decisión? Yo no la tengo y no importa cuánto ruegue, jamás la tendré. Tú sí la tienes, Yuri. Tú sí puedes decidir si crear vida o no.

—Pero…

Lo besó para callarlo. Al inicio sintió cómo el beso no era correspondido, pero duró sólo una fracción de tiempo. Jamás podían decirle que no a los besos del otro.

Yuri no se dio cuenta que fue recostado sobre la cama hasta que sintió la almohada detrás de su cabeza. No entendía a dónde quería llegar Viktor, pero el modo en que estaba siendo tratado no lo dejaba pensar.

—Ser un alfa es dar órdenes —comenzó de nuevo Viktor—. ¿Sabes lo que es que tus palabras sólo estén llenas de mandatos? ¿Sabes lo que es saber que puedes infundir miedo cuando te enojas? Lo veo a la gente a mi alrededor. No es mi intención provocar miedo cuando estoy molesto. Me duele ver a la gente que quiero asustada por unas ridículas feromonas. Y tú no, Yuri. Tú sabes traer paz, sabes traer calma. Tienes la autoridad de un rey, pero ante la adversidad, sabes calmar a tu gente y no asustarla. ¿No te parece aquello increíble?

—Sólo son feromonas, Viktor.

—¿Recuerdas hace unos meses cuando encontramos el refugio donde vivía gente que huyó del reino del aire? ¿Recuerdas que yo no pude entrar porque mi furia por la batalla contra el reino del metal no la podía controlar? ¿Recuerdas que por más que quise decirle a la gente del refugio que estaba a salvo, ellos seguían asustados, abrazándose con miedo?

—Sí, me acuerdo —contestó casi a regañadientes.

Viktor comenzó a desabrochar su ropa.

—Entonces recuerdas quién fue el que entró y, apenas lo hizo, provocó calma y sonrisa en las personas que no sabían ya lo que era la tranquilidad —dijo, para después entretenerse jugando con el lóbulo de la oreja de Yuri, lamiéndolo.

—Fui yo —respondió en un suspiro.

—Fuiste tú, mi amor.

Los besos descendieron de la oreja a la mandíbula y de ahí al cuello. Percibía cómo, conforme más bajaba, la respiración de Yuri se iba haciendo irregular, dejando escapar suaves gemidos.

—Pero sólo eran feromonas de un omega —alcanzó a decir, tratando de no perder la cordura cuando los dedos de Viktor rozaron uno de sus pezones.

—Estabas haciendo uso del omega que llevas dentro, así como cuando en batalla haces uso del fuego que controlas.

Quiso seguir repeliendo las palabras que escuchaba, pero lo único que escapó de sus labios fue un gemido más fuerte cuando Viktor comenzó a succionar el pezón con el que había jugado tan traviesamente.

No pudo seguir hablando cuando sintió algo helado recorrer su cadera. La mano de Viktor seguía desnudándolo.

—No es lo mismo… —Las débiles palabras alcanzaron a escapar de sus labios.

Viktor siguió bajando y llegó al vientre de Yuri, esparciendo besos.

—Yo no sé lo que es procurarle el calor a alguien y nunca lo sabré, así como nunca sabré lo que es reconfortar a un desconocido a pesar de que el coraje me está consumiendo por dentro. Tampoco sabré lo que será tener el fruto de nuestro amor dentro. Ésas son tus cualidades Yuri, te hacen ser quien eres ahora. Y eres la persona más maravillosa que he conocido.

La ropa de Yuri desapareció sin que él se diera cuenta. Reaccionó cuando Viktor le separó las piernas. Abrió los ojos y se encontró con la mirada deseante de su esposo. Asintió ligeramente con la cabeza, la cual curvó hacia atrás de placer cuando fue penetrado poco a poco.

Al entrar completamente, Viktor puso su peso sobre el de Yuri y lo abrazó, como si quisiera fundirse con él. Volteó su rostro y se acercó la oreja rojiza a su lado, sonriendo cuando el cuerpo debajo suyo tembló ante sus palabras tan cerca.

—¿Sabes que te amo?

Al inicio sólo recibía jadeos de respuesta, pues un vaivén lento había comenzado y a Yuri le provocaba un tortuoso placer.

—Sí…

—¿Sabes que eres lo más preciado que tengo?

Yuri sólo atinó a afirmar con la cabeza. Lágrimas de felicidad y placer nublaban su vista, gemidos y suaves súplicas le impedían dar respuestas claras.

—Eres… lo único para lo que vivo. —También Viktor notó la dificultad en sus palabras. Siempre desaparecía su juicio cuando era uno con Yuri.

En eso, escuchó un gemido particular. No, no era Yuri llamándolo. Era algo más profundo, un gemido resultado de la falta de palabras.

Tardó en entenderlo porque Yuri jamás lo había llamado de esa manera. Cuando comprendió, sintió cómo su lado humano quería ser sustituido por otro lado más profundo de él, más animal. Era el llamado de un omega a su alfa. Por primera vez, el lado sexual del omega había despertado para proclamar abiertamente su marca, para decirle al alfa que ahí estaba él para ser suyo, porque era al que había escogido para él.

Un gruñido en respuesta se escapó inconscientemente de sus labios. Sabía que Yuri no había producido el gemido, así como él no había producido la respuesta. Sus lados animales pedían a gritos estar juntos, así como sus lados humanos lo estaban.

Se separó totalmente, recibiendo como respuesta un gemido que recordaba a un chillido lastimero. Pero lamió con delicadeza la mejilla cálida de Yuri, haciéndole entender que la separación sería momentánea.

Lo apreció por unos instantes. Los ojos acuosos le pedían que siguiera siendo uno con él, así como esos suaves y encantadores sonidos que se desprendían de sus labios enrojecidos. Era una vista que quería seguir contemplando, pero en esos momentos su deseo iba en otra dirección.

Lo tomó de la cintura y lo volteó, dándole unos segundos para acomodarse en sus cuatro extremidades.

El jadeo fuerte y suplicante que hizo Yuri cuando fue penetrado nuevamente le hizo perder todo sentido de la realidad.

Lo penetraba rápido y preciso, siempre procurando llegar lo más al fondo que pudiera, pues sabía que eso volvía loco al omega debajo suyo.

Sentía el sudor recorrer su frente y toda su espalda. Al apretar la cadera de Yuri con sus manos, soltaba gemidos profundos que expresaban el placer en el que se ahogaba.

Bajó la vista y vio el cuello de Yuri. Tantas veces había parecido zona prohibida, imposible de ver. Ahora parecía que lo llamaba. Todo Yuri le llamaba en esos instantes. Debajo de él tenía a un omega impaciente por recibirlo, por finalmente tener aquello que siempre tuvo que callar. Su lado alfa no tardó en responder a aquél llamado impaciente.

Hizo a un lado los cabellos azabache de Yuri e inhaló su aroma. Recordó la primera vez que hicieron el amor, cómo había hecho la misma acción.

No se arrepentía de no haberlo marcado en ese entonces. No era el momento y había sido perfecto tal y como había sido.

Pero ahora sí era el momento. No podía seguir fingiendo aquello que tanto su lado humano como animal pedían.

Dejó de moverse, recibiendo un quejido por parte de Yuri. En respuesta dio una lamida sobre su nuca, cerca de su hombro. En respuesta, Yuri alzó más su cadera y se apoyó sobre sus codos, quedando a merced completa de Viktor.

No supo cómo, pero las palabras de su parte humana lograron salir entre todo su instinto animal.

—Te amaría sin importar qué fueras, Yuri. Te amo a ti. Eso nunca lo dudes.

Fue lo último que dijo antes de abrir la boca. Nunca había pensado que morder fuera placentero hasta que lo hizo. Hundió la piel de Yuri entre sus colmillos. La queja y dolor de Yuri era como un eco perdido, pues el placer de marcarlo era más de lo que pudo imaginar.

Mordió con fuerza; mordió a pesar de la piel destrozada, a pesar la sangre que se escapaba por la comisura de su boca, a pesar de esos jadeos difíciles de descifrar entre placer y dolor.

De golpe, se separó. No se había dado cuenta, pero había eyaculado igualmente dentro de Yuri, por lo que no podría salir de él hasta desinflamarse.

Vio lo que provocó. Le dolió ver la sangre que escurría por el cuello y la piel perforada en forma de círculo. El sabor a metal en su boca y el dolor en su mandíbula le recordaban que él lo había provocado.

Con precaución, pues aún no podía salir de él, volteó a Yuri para dejarlo hacia arriba, colocándose cara a cara.

—Ya pasó —dijo en un hilo de voz Yuri.

—Ya pasó —le confirmó.

Un sollozo se escapó de los labios rojos abajo suyo y no pudo ante la escena. Lo abrazó con fuerza y sintió paz al recibir de regreso el abrazo.

—Gracias, Viktor.

Abrió los ojos al escuchar su nombre y respondió envolviendo más a Yuri con su abrazo.

—Has hecho que descubra que puedo amar quien soy yo. ¿Y sabes? Se siente increíble.

Viktor no tuvo cómo contestar, así que sólo no lo soltó. A pesar de los años que llevaban de conocerse, a pesar de haber vivido juntos tantas cosas, Yuri aún lo sorprendía, aún le enseñaba que podía ser más feliz de lo que ya era, aunque eso le pareciera siempre imposible. Pero ahí estaba Yuri, para enseñarle que no había imposibles con él.