Capítulo 7

Cuando salimos del laboratorio del doctor Finkelstein, teníamos delante una hilera de demonios y esqueletos, como un ejército dispuesto a atacar. De repente un demonio vino como un rayo hacia mí, pero me anticipé desenfundando uno de los revólveres y disparé, acertando entre los ojos del demonio, quien cayó fulminado e inerte. Vale, lo admito, tengo muy buen puntería.

-Decid hola a mis nuevos amigos- dije mientras sonreía.- ¿alguien más se atreve?

Como si aquella frase fuese una declaración de guerra, el ejército que teníamos delante se nos abalanzó. Aquel rifi-rafe nos resultó más fácil que antes. Yo me dedicaba a deshacerme a tiros de esas bestias, mientras Jack cortaba por la mitad a los demonios con la guadaña. Cuando llevábamos un buen rato peleando, a Jack le dio por cerrar la guadaña.

-¡¿Qué demonios se supone que haces?!- exclamé.

-¡Voy a probar una cosa!

Lanzó la pequeña vara haciéndola girar y, antes de que tocase a un demonio, Jack gritó:

-¡Abre!

La guadaña se abrió y descuartizó a los demonios que estaban a su alcance antes de caer al suelo. Dio la casualidad de que la guadaña acabó con los últimos enemigos que quedaban. Jack se acercó al arma, se agachó y la recogió.

-¿Cómo se te ha ocurrido?- pregunté, sorprendido.

-Quería hacer un ataque a distancia.- respondió Jack, apoyando la guadaña en su hombro.

Entonces oímos unos gritos y nos dimos la vuelta. Vimos a dos esqueletos cargando con un saco que tenía algo dentro que se agitaba. Jack y yo nos miramos, temiendo lo peor.

-¡Eh, vosotros!- exclamó Jack, con el ceño fruncido- ¡¿Dónde se supone que vais?!

Los esqueletos nos miraron y uno de ellos vino disparado hacia nosotros, pero me adelanté y disparé, haciendo explotar al esqueleto en una nube de polvo de hueso. Cuando esta nube se disipó, el otro esqueleto y el saco desaparecieron. A juzgar por la expresión de Jack, estaba desesperado, así que corrimos a su casa.

Cuando llegamos y vimos que todos estaban bien, nos tranquilizamos, aunque Jack exhaló un profundo suspiro de alivio. Creedme, si mi amigo tuviese corazón, ahora mismo le estaría latiendo a mil por hora.

-¿Dónde está Shock?- pregunté, al darme cuenta de que no estaba la brujita.

-Esos esqueletos se la han llevado- respondió Johnny.

-Intentamos hacer algo, pero esas cosas eran más fuertes- añadió Megan.

-Bueno, lo importante es que todos estáis bien- dijo Jack, con su rostro lleno de alivio.

Esa noche oí los ladridos de Zero que venían de fuera. Salí del ataúd y me asomé por la ventana para ver qué pasaba. Vi a Jack caminando hasta la famosa Spiral Hill, ya sabéis, esa cosa que tiene forma de espiral que luego se abre para ser un puente. Algo me dijo que debía seguir a Jack, así que me transformé en murciélago y le seguí.

Cuando llegué a mi destino, Jack estaba sentado en la espirar, contemplando la luna mientras exhalaba un suspiro. Volví a mi forma normal y me apoyé en una de las lápidas del cementerio mientras decía, sonriente:

-Un buen sitio para despejarse, ¿verdad?

Jack se sobresaltó cuando me oyó y respondió, esbozando una sonrisa.

-Sí, cada vez que quiero alejarme del estrés que supone esto de organizar Halloween vengo aquí a relajarme y a respirar aire fresco.

-¿Sabes? ¡Aún recuerdo cuando yo gastaba bromas al doctor Finkelstein y salía corriendo para que no me cogiese!

-¡Oye, no me lo recuerdes!- exclamó Jack, mientras se levantaba- ¡Yo era el que te cubría las espaldas! ¡Al final los dos nos llevábamos la bronca!

-¿Siempre?- pregunté, mientras arqueaba una ceja.

-¡Bueno, la mayoría de las veces nos escondíamos entre las calabazas de aquí debajo y nos librábamos!

-Aunque más tarde, cierta Nochebuena…

-¡Vlad, por favor, no sigas con la misma historia!

-¡Pero si no me refería a eso! ¿Por dónde iba? Cierto día de Nochebuena, en esta misma colina fue donde Sally y tú os disteis aquel hermoso beso. Lo sé por cierto murciélago que lo vio desde cierto árbol.

Jack sonrió y me preguntó:

-¿Recuerdas el vacío que sentía antes?

-¿El que intentaste llenar con la Navidad que casi fastidias?

Jack me puso mala cara antes de relajarse y añadir:

-Desde que Sally entró en mi vida junto con los chicos ese vacío ha desaparecido y ha sido sustituido por la mayor felicidad que uno pudiese tener.

-Eso se nota muchísimo. Se te ve más alegre desde que has formado tu familia.

-¿Sabes? No me imagino mi vida sin mi ellos. Solo el simple hecho de pensar en su pérdida me parte el corazón, simbólicamente hablando.

-Ya, te comprendo. Oye, he estado pensando que en el mundo humano pocos padres darían su vida por su familia tanto como tú. Corrígeme si me equivoco, pero sé que tú irías al mismísimo infierno por los tuyos.

-Gracias hombre. No sé qué decir.

-¡Oye, que para eso están los amigos! – Entonces me recorrió un escalofrío- Será mejor que nos vayamos. ¡Hace un frío que no veas!

Ambos nos reímos y nos fuimos de allí.