PECADOS EN LA SANGRE


Capítulo VI

"Entre dos tierras"

Llegaron al Palacio luego de que Trunks tomara todas las precauciones necesarias para que no fueran descubiertos. Pan viajaba en su espalda, cubierta por una enorme túnica negra, a la vez que con una de sus manos sostenía una tela que envolvía algunas pertenencias personales. En su frente, la tiara de color plateado la mantenía escondida por completo.

—¿Nadie sospechará de que entres por la ventana? —musitó, con cierta irritación marcada en su voz, Pan.

—No... A veces lo hago, algún día te explicaré por qué... —contestó el Príncipe—. Mientras vuele lo suficientemente rápido y nadie te vea sobre mí, nada sucederá... Tranquila.

—Bueno... —la muchacha miró al cada vez más cercano Palacio con ojos despectivos, para luego cerrar sus párpados con clara frustración.

"No quiero llegar jamás".

Pero sus deseos no fueron concedidos...

Finalmente estuvieron frente al Palacio Real.

La central de poder de Vegetasei era una enorme edificación de color blanco y forma cúbica, ubicada sobre una base construida en forma piramidal. La única puerta de entrada, ubicada al frente, sólo era accesible a través de unas largas escaleras, que conectaban directamente con la Plaza de Central de Reuniones saiyan, esa donde Pan había acudido días antes, cuando aún era libre, a celebrar un nuevo aniversario de la victoria sobre Freezer.

Añoró ese día con muchas fuerzas...

Siguió mirando fijamente al Palacio, ya que de alguna manera éste sería su nuevo hogar y, a la vez, ese enorme sitio sería lo último que vería del exterior de su planeta, ya que salir de la habitación de Trunks sería algo que no haría en quién sabía cuánto tiempo.

El Palacio no se destacaba por su belleza externa, sino por el aura indestructible que lo rodeaba místicamente. El material que se había utilizado para su construcción se notaba a la legua que era ultra resistente. Siendo los saiyans una raza totalmente destructiva, esto no podía ser más adecuado.

Las edificaciones de Vegetasei, en general, hacían honor a este principio: las construcciones eran hoscas, poco llamativas, muy geométricas y poco vistosas; sin embargo, lo interesante era el material, nunca otra cosa.

Observó la ventana izquierda del Palacio, la cual recordó como una de las dos únicas ventanas que tenía el lugar.

"Seguramente una de ellas es del cuarto del Príncipe... O eso espero".

Dedujo que la otra ventana, la cual no lograba ver en aquel momento debido al ángulo en el que se encontraban ella y Trunks, debía tratarse entonces de la ventana del cuarto del Rey.

Si realmente esa ventana a la que se dirigían comunicaba a donde ella pensaba y deseaba, por lo menos el encierro no sería "tan" insoportable...

Según Pan sabía, en los varios metros que separaban al Palacio del suelo —e incluso yendo más hacia abajo— se encontraban los calabozos, los cuales estaban llenos de esclavos de otros planetas, además de los saiyans que habían cometido algún tipo de crimen. Desconocía si el Palacio se conectaba directamente con los calabozos o sólo estaba sobre éstos.

Ascendieron rápidamente hacia el bendito ventanal.

Con un hábil movimiento, Trunks llegó hasta la ventana de su habitación, la abrió y lanzó bruscamente a Pan hacia el interior, habiéndole pedido disculpas de antemano cuando el viaje comenzó, ya que no podría depositarla con la delicadeza que una muchacha merecía. Hizo esto justo unos segundos antes de que unos guardias —soldados de Clase Alta— se acercaran a él volando.

Los guardias que cuidaban el Palacio eran antiguos y respetados soldados de elite de la mejor clase, especialmente los que cuidaban el ventanal del Príncipe; allí había más concentración de soldados, cuyos méritos pasados eran inquebrantables.

—Príncipe Trunks —lo llamó uno de los dos guardias que casi lo habían descubierto. Era alto y de típico cabello negro, seguramente tenía unos 50 años—. ¿Otra vez por la ventana?

—No te incumbe —susurró el muchacho—. No molestes y sigue vigilando nuestro Palacio —lo retó.

—¡Sí-sí señor! —farfulló el sujeto, quien se marchó de allí rumbo a su posición asignada justo al lado del otro, quien también volvió a su ubicación reglamentaria.

Nuevamente solo, Trunks pasó la ventana y finalmente aterrizó en su guarida, su escondite, su prisión: la habitación que le correspondía en el Palacio.

Las paredes interiores eran de piedra gris, mientras que cuatro lámparas de luz ovaladas, ubicadas en la parte superior de cada esquina de la habitación, daban la iluminación blanquecina del lugar.

Pan miró todo aquello con cierta fascinación, aunque no tardó en perder aquel entusiasmo.

Al frente de la puerta principal, que era metalizada —además de gigantesca— observó una enorme cama con telas negras que la envolvían. Bastaba con ver aquellas telas para saber qué tan suaves eran.

De cada lado de la cama había una puerta, las que conducían a lugares desconocidos.

"Es bastante grande, él no mentía después de todo", pensó la muchacha, derrotada.

—Yo dormiré en el laboratorio —afirmó Trunks repentinamente, señalando hacia la puerta más próxima a la ventana, la del lado izquierdo mirando desde la cama.

—¿Tienes un laboratorio? —se bufó la joven con un timbre de voz alto, por el que el Príncipe le hizo un gesto desaprobador con la mano.

—No debes levantar la voz... —susurró.

—¿Tienes un laboratorio? —repitió en un tono más disimulado, aunque no pudo evitar ponerle sarcasmo a la frase.

—Sí —respondió el misterioso Clase Alta—. Un buen día, mi padre notó que me gustaba mucho la tecnología de los Clase Media, por eso mandó a instalar un pequeño laboratorio en mi habitación.

—Qué considerado... —Y de nuevo el sarcasmo.

—No creas. —El Príncipe rió con cierta malicia—. Todo lo que hace por mí es con la única intención de mantenerme lo más encerrado posible.

Se quedó callada ante tal afirmación. Sonaba cada vez más triste la historia de aquel joven, pero mucho no le interesaba; de todas formas, no podía evitar sentir mucha lástima —y no de la buena— por él.

—No debes molestarte —aseguró ella, abandonando sus pensamientos para volver al eje del asunto—. Yo dormiré allí, además eso me dejará más tranquila... —carraspeó y, con fastidio, cerró sus ojos y cruzó sus brazos—. Si ese lugar no conecta a otro, entonces es aún más seguro que este lugar —dijo refiriéndose al cuarto principal.

El Príncipe se quedó callado con la cabeza inclinada hacia abajo. Pan, al vislumbrarlo, pensó en que seguramente ése era el gesto que él realizaba al meditar, lo que la hizo sentir un poco menos extrañada por aquel ser.

Trunks, por su parte, debió admitir mentalmente que ella tenía razón. A pesar de ello, a la vez, no le gustaba la idea de hacerla dormir en el suelo mientras él dormía en su cómoda cama.

—De acuerdo, es verdad —admitió—. Mi laboratorio sólo tiene la puerta que estás viendo, así que será muy seguro para ti.

—Perfecto.

La muchacha fue hacia allí rápidamente. Abrió la puerta y se encontró con un cuarto totalmente blanco. Este cuarto no era muy grande y en él sólo había un armario, una enorme mesa y una silla, todo de metal. La mesa estaba plagada de circuitos y herramientas y la iluminación era muy fuerte, proveniente de enormes lámparas eléctricas ovaladas que decoraban buena parte del techo. El estilo, quedaba a la vista, era más frío y sofisticado que el del cuarto en sí.

Se giró a mirar a Trunks, quien estaba sentado en su cama y, al parecer, seguía muy pensativo.

—Dormiré bajo la mesa... Y no te preocupes, traje mis propias cobijas —Habiendo dicho esto, Pan fue hacia la ventana por la que habían entrado. En frente de ésta había dejado sus cosas hechas un bollo.

—Si quieres puedo poner algunas más en el suelo, para que así no estés tan incómoda —ofreció el Príncipe con mucha amabilidad.

—NO —sentenció la joven con firmeza—. No te ofendas, pero no deseo dormir entre telas que tengan tu olor impregnado...

Así, sin más, se metió en el laboratorio y cerró la puerta efusivamente. Un pequeño ruido segundos después le avisó al Príncipe que la muchacha había descubierto la pequeña traba de la cerradura y la había usado con sabiduría.

Él ya no podría entrar allí…

Intentando no perturbarse de más por todos los acontecimientos de tan largo y tedioso día, pensó en el último dicho de Pan:

"Seguramente lo que menos tiene ganas de sentir por las noches es el aroma de un saiyan de Clase Alta... O, peor aún, mi aroma...".

Todos y cada unos de los saiyans eran extremadamente sensibles a los aromas. El aroma de cada persona era lo que la caracterizaba. Si a un hombre saiyan le atraía una mujer de su raza esto, muy en parte, era gracias al aroma agradable que ella emanaba.

Ya en soledad, Trunks se decidió a quitarse su casco. Al hacerlo respiró profundamente, disfrutando del aire que lo rodeaba. Se quitó su uniforme y lo lanzó a un costado de la habitación, pues no tenía gana alguna de acomodarlo. Luego, fue hacia la almohada de su cama y de abajo de ésta sacó una túnica negra, la cual solía usar para dormir.

Los saiyans —sobretodo los hombres— muchas veces gozaban de dormir desnudos: el pudor no existía en ellos y no les daba ninguna vergüenza hacerlo, pero Trunks no era así...

Le daba vergüenza TODO.

Finalmente se acostó, se tapó y se propuso dormir, mas no podía: ella había estado tan sólo unos instantes en su cuarto y ya sentía el aroma de la muchacha impregnado en todo el lugar.

"Es la primera vez que una saiyan pisa este lugar...".

Luchó una batalla sin igual contra su siempre activa mente, y finalmente venció el sueño, el cual lo tomó con fuerza.


Desde que el Príncipe y Pan se habían marchado, en la casa de Bardock nadie estaba siquiera interesado en dormir. Seguían todos sentados en la enorme mesa donde habían conversado con Trunks, cada uno inmerso en sus propios pensamientos.

Finalmente, Kakarotto desconcentró a todos al ponerse de pie.

—Hay algo muy importante que debo hacer —dijo con una sonrisa para empezar a retirarse.

—¿A dónde vas, mocoso? —indagó severamente su padre.

—¡Iré a buscar comida y algo para guardarla, para Pan! El planeta queda lejos, por eso mejor me voy ahora. —Una última sonrisa y se fue.

—Kakarotto... —Bardock permaneció largos minutos en silencio, sus ojos fijos en la puerta.

—Fue a ese planeta, tú y yo lo sabemos... —afirmó Raditz en su oído momentos después.

Bardock finalmente se levantó y saludó a toda su familia para ir a descansar a su cuarto. Goten, desparramado sobre la mesa, estaba soñando despierto y cada vez hacía más ruido, hecho que incomodaba al patriarca de la familia, quien imploraba por un poco de silencio.

Al llegar a su cama, sin embargo, no logró descansar; más bien logró pensar mejor.

El silencio era acogedor.

"Kakarotto jamás ha sido uno de nosotros...".


Tenía frío y eso la hacía sentir mal, pero prefería el frío a las cobijas de un Clase Alta, por más que éste fuera el mismísimo Príncipe Trunks.

Estaba completamente incómoda bajo esa mesa de laboratorio. ¿Por qué no la habían dejado ir a pelear y morir con dignidad?

Recordó a Trec por un mísero instante.

No quiero que mueras...

Eso le había susurrado antes de morir.

"Todos son egoístas. Yo quiero morir peleando, no me interesa ser el objeto a proteger...".

—Odio que me protejan... —Y no pudo evitarlo: empezó a llorar con furia y ahí mismo se dio cuenta de que no podría pegar un ojo en toda la noche.

Aunque no había aceptado las cobijas de Trunks, aún así sentía su aroma de Clase Alta; lo sentía carcomiendo cada poro de su piel.

Sentía cómo el aroma a hombre la asfixiaba lentamente.

El del Príncipe y el de los dos cobardes que habían intentado matarla, esos mismos que le habían quitado el único aroma de hombre que realmente le fascinaba.

Esos mismos que casi le quitaron la virginidad que quería reservarle a Trec...

Demasiadas injusticias, y ella encerrada cual niña débil y cobarde.

"Esto no es justo, no para la bisnieta del mejor Clase Baja que hubo en este miserable planeta".

—Ya no quiero estar aquí...

Triste era la certeza que flotaba cruelmente sobre su cabeza: aquel cautiverio no había hecho más que empezar.


Luego de largas horas de viaje, Kakarotto finalmente visualizó aquel cuerpo celeste.

—La Tierra... —susurró con una enorme sonrisa en el rostro.

Su nave era de color celeste y tenía forma alargada, Gohan la había fabricado junto a Tark a pedido suyo hacía un par de años. Era una de las naves más rápidas de Vegetasei. Si hubiera viajado en otra nave, hubiera tardado el doble en llegar a aquel planeta de la Galaxia del Norte.

Sonrió cada vez más a la vez que se acercaba. Siempre que veía aquella esfera en medio del espacio, su corazón daba un vuelco. Aquel panorama lo hacía feliz, no había explicación más sencilla ni más complicada que esa.

No había mejor explicación que esa...

Atravesó la atmósfera del planeta y aterrizó en medio del verde.

Salió rápidamente de la nave y se arrojó al suelo con alegría. ¡Ya no aguantaba las ganas de mirar ese cielo! El cielo azul que reinaba en la Tierra, el planeta en el que vivió sus primeros años y del cual jamás hubiera querido irse.

Sin embargo, se había ido…

Se quedó en el pasto mirando el cielo durante tiempo indeterminado, hasta que, finalmente, fue hacia el lugar más importante del planeta.

No tardó mucho en ubicarlo, pues conocía ese planeta de memoria. Luego de volar durante un corto periodo, llegó a la pequeña casa, SU casa, la casa de su abuelo.

Aterrizó delante de ella, mirándola con un gesto de nostalgia eterna, y caminó lentamente hacía allí.

—Abuelo... —suspiró. Tocó la puerta rápidamente y ésta se abrió.

Una de las imágenes que más adoraba en el vasto universo se dibujó frente al saiyan, provocándole una sonrisa totalmente honesta.

—¡¿Gokuh?

Un anciano, de baja estatura y vestido con unas ropas muy extrañas —que nada tenían que ver con las armaduras saiyan— sonrió ampliamente al verlo.

La sonrisa fue correspondida con ternura.

—¡Abuelito! —Kakarotto se abalanzó sobre el hombre, abrazándolo fuertemente, cosa que hizo toser un poco al anciano.

—¡Gokuh! Con cuidado, que ya estoy muy viejo... —contestó al saludo entre carraspeos y risotadas.

Gokuh. A veces, cuando le decían Kakarotto, se sentía demasiado raro...

Gokuh, ESE era su nombre, el nombre de su corazón.

—Te he extrañado mucho, abuelito... —aseguró, cortando el abrazo.

El hombre se llamaba Gohan y era quien lo había criado en el planeta Tierra durante casi ocho años. Era parte de la raza humana, la que vivía exclusivamente en la Tierra. Tanto era el cariño que Kakarotto le tenía a ese hombre —¡incluso él le había enseñado a pelear! — que, al nacer su primer hijo, decidió ponerle Gohan en su honor.

—Hacía ya un par de años que no venías... ¿Cómo has estado? —inquirió el terrícola.

—Pues... ¡Bien! —El saiyan rascó su nuca con una de sus manos, mostrándose despreocupado y distraído, como siempre.

—¿Y tus hijos? ¿Y tu nieta? —preguntó Gohan con emoción.

—Supongo que bien... —El saiyan volvió a rascar su cabeza con clara confusión en su rostro.

—¿Ha ocurrido algo?

Kakarotto, entonces, le propuso a su abuelo entrar a la pequeña casa perteneciente al anciano. Allí, hablaron durante varias horas, en las cuales él le contó sobre el último conflicto sucedido en Vegetasei.

—Tu raza es muy violenta, Gokuh... —afirmó un serio Gohan, visiblemente preocupado—. Aún no entiendo por qué no trajiste aquí a tu familia... —su rostro se ensombreció—. Aquí todos podrían vivir en paz...

—Ese es el problema, abuelo... —Kakarotto le contestó sin dejar de lado su sonrisa—. Aquí no hay enemigos de mi talle, ¡yo necesito pelear!

—Lo sé... Pero han matado a todos los grandes guerreros del mundo según me has contado, ¡naturalmente terminarían por matarse entre ustedes! Por favor, ten cuidado... Y si se complican las cosas, no te hagas el héroe: ven aquí, entrena y ahí sí, ¡ve a pelear como el gran guerrero que eres!

—Lo tendré en cuenta... De hecho, quería traer a Pan aquí, pero a mi padre no le pareció buena idea... —Y volvió a rascar su cabeza una vez más, típico gesto de Kakarotto.

Gohan no ocultó su furia al oír la mención de esa persona.

—Tu padre...

Seguramente, suponía el saiyan, a su abuelo no le caía bien Bardock, ya que fue él quien se lo llevó aquella tarde de domingo, aquel último día de Gokuh y primer día de Kakarotto.

Recordaba esa escena completamente calcada, difícilmente podría olvidarla alguna vez en su vida.

—Abuelo… —Sin querer pensar en ello, decidió cambiar el tema—. Necesito una de esas "pelotitas" que se transforman en cosas más grandes. Donde está escondida Pan seguramente será difícil conseguir alimento, y yo quería uno de esos cuadrados fríos que llamas refrigerador para ella, para que así tenga mucha comida conservada a su disposición.

—¡Oh, sí! Te daré una de esas "pelotitas"... Que, déjame recordarte, —Gohan lo regañó, rascándole la cabeza con fuerza y cariño—, se llaman Cápsulas Hoi Poi.

Ambos se sonrieron.

—¡Esas! —el saiyan rió a carcajadas ante lo dicho por su abuelo.

—Deja que busque alguna cápsula de refrigerador que tenga de más para ti; mientras, ve a buscar las cerezas para ella, ¡si mal no recuerdo, a tu nieta le encantan!

Kakarotto se puso de pie automáticamente al escuchar eso.

—¡Es cierto! Le llevaré muchas cerezas, ¡para que esté feliz!

Así, salió corriendo de la casa, adentrándose en el bosque terrícola de sus tan hermosas y conocidas Montañas Paoz.


Bardock no pudo evitar volver a levantarse durante la noche. Kakarotto aún no volvía y aún había alguien despierto, lo sentía en el ambiente de su hogar.

Fue hacia la sala principal y vio a Raditz, solo, sentado sobre una silla y completamente sumergido en su mente.

—Niño, ¿no vas a dormir? —inquirió el Líder de Clase Baja.

Raditz se sobresaltó al escuchar su nombre en medio de la noche.

—Padre, no puedo dormir... —admitió con aires pensativos—. No luego de todo lo que ha sucedido.

Bardock se sentó a su lado.

—Yo tampoco puedo... Tengo sed de sangre Clase Alta. —El patriarca de la familia sonrió ampliamente emocionado, a la vez que apretaba sus puños.

—Sé lo que se siente. —Raditz hizo una mueca más que irónica con su boca.

—Sé que lo sabes —contestó su padre.

Ambos se quedaron en silencio. Bien sabían de lo que hablaban, bien sabía Bardock de dónde venía el odio inhumano de su hijo por la Clase Alta y, más que nada, sabía muy bien QUIÉN era el origen de aquel odio.

—Algún día lo mataremos —le aseguró a su hijo—. Estoy deseando que ese sabandija esté involucrado con todo esto... —Y otra carcajada prepotente de Bardock.

¿De quién hablaba? Raditz sentía hervir su sangre de sólo pensar en aquel nombre.

Sonrió —y no dulcemente— a su padre.

—Estoy seguro de que Nappa está involucrado, no lo dudes.

Bardock lo miró extrañado. Su hijo no solía nombrar mucho al Líder de Clase Alta.

La furia de recordarlo era demasiado grande como para hacerlo.

—Tendría sentido... —contestó el mayor de ambos.

—Sí, créeme que sí. Pero no se lo diré al Príncipe Trunks hasta que tenga algún tipo de prueba. La conseguiré sea como fuere...

Bardock lo escrutó con la mirada, sin poder evitar imitar la mueca irónica de su hijo mayor.

—Con razón no aceptaste la oferta del Príncipe de hacer equipo con él.

Raditz rió con fuerza: había sido descubierto. Bardock los conocía demasiado a todos y cada uno de los miembros de esa familia.

—Exacto —admitió—. Tengo mucho que hacer aquí como para perder tiempo en eso.

—Bien por ti... —Bardock necesitó darle unas palmadas en la espalda, en forma de ánimo que no daba muy seguido, pero que realmente deseaba dar en ese momento—. Si nuestros deseos se cumplen y el canalla de Nappa está involucrado, te prometo que su cabeza será tuya.

Ambos se volvieron a reír.

—Contaba con eso, padre. Como esa cabeza no sea mía, mataré al que se la haya cortado en su lugar. —Un nuevo silencio, y Raditz se puso de pie lentamente—. Creo que ya podré dormir...

—Bien, pero antes... —Bardock realizó una seña para que volviera a sentarse, cosa que Raditz hizo sin peros—. Cada día me preocupa más Kakarotto.

—Sabía que era sobre eso. —Raditz se cruzó de brazos y apoyó sus codos sobre la mesa, buscando comodidad—. Sabes bien que Kakarotto aprecia a esta familia y daría su vida por ella... Pero no podemos pedirle que ame a este planeta ni lo reconozca como su hogar así como nosotros lo hacemos... Nunca sentirá eso por Vegetasei.

—Lo sé... —Bardock gruñó con molestia, imitando la posición de su hijo en la mesa—. Si tan sólo pudiéramos destruir ese maldito planeta Tierra... ¡Así, seguramente, Kakarotto dejaría de vivir de ese estúpido pasado!

—El Rey no lo permite. Lo sabes —espetó su hijo.

—Eso es lo extraño... ¿Nunca te has preguntado por qué? Hay muy pocos planetas vedados para nosotros… —Internó su mirada en el techo—. La Tierra es un planeta con tierra fértil, con gente muy débil, con excelente tecnología... ¿Qué mierda podría de tener de especial para que nuestro inútil Rey no quiera que lo ataquemos?

—Es la pregunta del millón... —Raditz se puso completamente serio—. Supongo que entra en el enorme número de preguntas sin respuesta del reinado de Vegeta.

—Lo odio —suspiró Bardock.

—Yo no: yo siento lástima por él, porque era un gran guerrero y un excelente Príncipe, pero al llegar a Rey lo arruinó todo. Jamás lo entenderemos.

—Otro misterio de su reinado...

—Sí. —Raditz volvió a levantarse—. Ahora sí, padre. —Realizó una reverencia hacia Bardock—. Iré a descansar, nos vemos... Mañana será un día muy largo, será mejor dormir.

—Tienes razón, mocoso... —Bardock también se decidió a dormir.

Así, ambos se marcharon a sus respectivas habitaciones, cada uno enumerando uno a uno los misterios de Vegeta y su reinado... Realmente eran más de los que cualquiera pudiera creer.

Los años pasaban y los misterios se incrementaban.


Trunks se despertó inmediatamente aquella mañana, sintiéndose mareado, pues no había dormido para nada bien. Fue inevitable no despertarse, sobre todo con alguien que golpeaba fuertísimo su enorme puerta.

Obvio era de quién se trataba...

Rascó su cabeza luego de levantarse y acercarse a la puerta. Antes de abrirla, el aroma de Pan impregnado en la habitación le dio la pauta de que no era buena idea dejar pasar a aquella persona.

—¿Padre? —se aseguró de que fuera quien pensaba, aunque era casi imposible que fuera otra persona. Eran pocos los seres que tenían la entrada permitida al Palacio.

—¿Y quién va a ser, insolente? —espetó el Rey al otro lado de la puerta—. La mesa ya está llena de comida. ¿Vendrás a comer?

Un gruñido en su estómago le advirtió qué respuesta debía dar.

—Ya voy, padre... Espérame en la mesa.

Hubo un silencio, y, momentos después, unos pasos le avisaron que su padre se había marchado, seguramente luego de varias muecas de molestia.

Al irse Vegeta, Trunks tapó su rostro con su casco, aunque sin cambiarse. Fue hacia la puerta de su laboratorio y la tocó lenta y delicadamente.

Microsegundos pasaron hasta que Pan abriera.

—¿Qué quieres? —indagó la joven, con unas ojeras que asustarían a cualquiera. Ella ya estaba vestida con las típicas armaduras saiyan.

Trunks no pudo evitar preguntarse si había dormido vestida así.

—Buenos días, Pan... —Trunks la saludó con respeto, intentando tenerle paciencia a aquella impertinencia constante.

Pan lo miró fijamente.

—¿Duermes con tu casco? —preguntó con desprecio e ironía.

—NO —sentenció, cortante. No había dormido bien y eso lo hacía estar de pésimo humor aquel día.

"Lo mejor será terminar rápido con esto, sino empezaremos a pelear. No será buena señal si lo hacemos".

La convivencia debía ser buena, sino ambos sufrirían.

—Iré a comer, intentaré traerte algo... —dijo suavemente, tratando de bajar los humos de ambos—. Cuando vuelva necesitamos hablar: hay un par de cosas que aún no hemos conversado y que son importantes para que la convivencia sea sana y no traiga conflictos.

Más que nada, Trunks pensaba en el tema del casco. No quería ni por casualidad estar todo el santo día con éste puesto. Algo deberían concordar entre los dos para que ella no lo viera en ningún momento.

—De acuerdo, Príncipe... Lo que Usted diga. —Por más respetuosa que fuera la frase pronunciada por la joven, el resentimiento que ésta traía consigo opacaba toda palabra bonita.

Una última mirada despectiva, y Pan volvió a encerrarse.

Trunks suspiró largamente, completamente exasperado.

Se sacó su casco y tapó su cabeza con la capucha de la túnica que tenía puesta. No tenía ropa alguna sin capucha.

Finalmente salió de su habitación. Estaba triste, molesto, cansado y agitado.

"Esto será más difícil de lo que imaginé...".

Llegó al comedor del Palacio, un enorme espacio de paredes grises —como las de su cuarto—, con casi idénticas lámparas en cada esquina superior de aquel cubo. Entró estirando la capucha hacia abajo con una de sus manos para así tapar sus ojos, por pura precaución, aunque ya más parecía parte de su instinto: más que ocultarse porque debía hacerlo, lo hacía por miedo a que lo vieran.

Trunks no quería que eso sucediera bajo ningún punto de vista...

¿Como reaccionaría si alguien lo veía? Se lo preguntaba cada mañana, y esa vez no fue la excepción.

"Creo que temblaría como una niña débil y me pondría a llorar de los nervios... Si apenas soporto verme a mí mismo...".

Pero mejor no pensar en verse a sí mismo.

Mientras se sentaba, analizado hasta el hartazgo por la mirada de su progenitor mientras lo hacía, recordó cierto detalle de su habitación.

"No hay ni un solo espejo en todo mi cuarto... Tal vez debería conseguirle uno a Pan, aunque no me agrada mucho la idea de poner un espejo allí...".

Se tocó una de sus muñecas, ambas siempre cubiertas por unas vendas blancas.

"No luego de lo que pasó la última vez que tuve uno allí…".

Iba a recordar aquella nefasta escena, pero Vegeta interrumpió todo pensamiento:

—Hueles a mujer. —Se disponía a morder una fruta cuando su padre pronunció tremenda frase.

Por supuesto, ésta no hizo más que atragantarlo.

—Eso es imposible, padre...

"Sí, esto será más difícil de lo que imaginé".

—¿Es una esclava, cierto? —Vegeta lo escrutó con la acostumbrada soberbia que tanto lo caracterizaba.

—¿Qué cosa?

—Tus escapadas al laboratorio... Es una esclava, estoy seguro. —Y Vegeta rió con malicia total, con burla total.

—¿Y si fuera una esclava, qué? —respondió el joven, eligiendo seguir el juego de su padre para así mantener a salvo a Pan.

"Si no le sigo esta broma, probablemente sospeche de inmediato".

Se mantuvo serio y sosteniendo con fuerza la tan penetrante mirada de su padre.

Vegeta lo miró fijamente con una media sonrisa dibujada en su rostro, pero ésta se borró de un instante al otro.

Trunks lo vislumbró extrañado, pero Vegeta, aún así, siguió con la mirada seria.

Se sumergió en el profundo azul de aquellos ojos que muy de vez en cuando lo miraban fijamente, y Vegeta, el Rey saiyan, entonces no pudo evitar recordar…

¡Si es un muchacho le pondré Trunks! ¡Y si es una niña se llamará Bra! Ojalá que si es niño no herede tu mirada, Vegeta... ¿Te imaginas? Un niño con mi color de ojos y tu mirada tan malhumorada... ¡Sin duda él será muy apuesto, pero a la vez dará miedo!

Luego del lapsus, Vegeta esquivó la mirada de su hijo.

Todo apetito se fue. Simplemente se levantó y se retiró del lugar, sin decir ni hacer nada, sin mantener aquella fachada de la media sonrisa...

El papel que cada día le costaba más interpretar.

Luego de que su padre se marchara, Trunks quedó completamente petrificado. Esa no era la primera vez que el Rey Vegeta reaccionaba así, pero siempre lo sorprendía el patrón común que seguía a aquella reacción. SIEMPRE se iba, esa regla se cumplía a rajatabla cada vez que se miraban fijamente a los ojos.

"Ni mi propio padre soporta mirarme... ¿Tanto asco le doy?".

Y a él también se le terminó por ir el apetito...

Tomó varias frutas y un poco de carne —de quien sabía qué animal de qué planeta— en un enorme plato y lo llevó hacia su habitación. Todo aquello había tenido un lado positivo: por lo menos podría llevarle la comida a Pan sin ser visto y sin levantar sospechas.

"¿Será así para siempre? ¿Siempre daré asco?".

Cabizbajo, fue hacia su habitación. Sin comprender, sin consuelo...

"Esto no será difícil, será imposible... Mejor que encontremos a los malditos Clase Alta rápido, porque sino Pan y yo terminaremos por matarnos, eso si mi padre no lo descubre primero...".

—Cómo me odio, maldita sea...

Por no poder ser mirado, por sentirse rechazado por su padre cada vez que se miraban el uno al otro…


Nota Final del Capítulo VI

Antes que nada... GRACIAS Makai Alexa por tu ayuda. n.n

PERDÓN a los que leen, tardé meses en subir este capi, y hubo varios motivos.

Primero que nada, estuve un buen rato metida en un bache, no tenía ni un miligramo de inspiración para nada XD (¡sólo para dibujar! en mi Deviant —en mi profile está la dirección— subí muchas cosas XD incluyendo un poster de Doble Vida, ¡al que le haya gustado ese fic mirelo que me quedó tierno! XD).

Segundo, empecé la universidad n.n (les presento a una aspirante a editora XD) y eso demanda mucho tiempo, por lo cual ya no puedo sentarme a escribir cuando quiero. u.u

Tercero, el único momento de ocio que tengo lo dedico a mi novio (ay n.n), porque sino no lo vería. T.T

En fin... Uds. me entienden. XD

El capi se llama "Entre dos tierras" porque me pareció un nombre adecuado para referirme a la dualidad de Gokuh/Kakarotto, y también porque así se llama un tema de Héroes del Silencio, banda española que ando escuchando mucho últimamente. n.n

(De hecho ahora suena XD).

Bueno, a lo mejor el que Gohan (el abuelito) siga vivo teniendo Gokuh tantos años se les haga algo medio raro, pero siendo que Roshi vivió tanto, al igual que otros viejos de DB (se me viene a la mente también Gyumaoh), me pareció que Gohan podía seguir vivo tranquilamente. Su vida, recordemos, en el original terminó porque Gokuh en Ohzaru lo mató accidentalmente (cuando él tenía 10 años, así que, como en este fic Gokuh se fue a los 7/8 de la Tierra, eso jamás sucedió o.o)... ¡Sino, seguramente Gohan hubiera vivido muchísimos años!

Bueno, y eso... Prometo que esto va a ir avanzando. n.n

En fin, muchos besos y espero la próxima actualización sea mucho más rápida que esta, perdón de nuevo. u.u

Cualquier cosa review, respondo vía pm o mail. n.n

¡Saludos!


Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.