Despertar

Cuando Mello despertó, acompañado de un gemido ahogado por el terror, todavía tenía en la mente la imagen de la sangre y sesos de Near esparciéndose sobre la luneta trasera de su coche. Lo recibió su propio reflejo en el único espejo de la habitación. Se encontró a sí mismo demacrado y con apariencia de no haber dormido en años: su cabello dorado era un caos ininteligible, y debajo de sus ojos se habían formado profundas ojeras oscuras. Era comprensible, pues apenas había logrado conciliar el sueño un par de horas. De pronto, además de este desagradable hallazgo, notó algo húmedo a la altura de su entrepierna.

—¿Pero qué diablos…?

¿Acaso se había venido durante el sueño? Parpadeó, somnoliento e incrédulo. ¿Qué mierda había significado aquello? Él con Near… Al recordarlo, el corazón comenzó a latirle con fuerza. Podía enumerar todos los detalles de lo que había soñado, como si se hubiese tratado de un filme, aunque eso no lo enorgullecía para nada.

—¿Has dicho algo, Mello? —La voz de Matt, proveniente de la sala de estar, lo sobresaltó.

—No, nada —respondió, apresurado por quitar las sábanas y cambiarse la ropa. Tendría que bañarse de nuevo sin levantar sospechas en su compañero.

—Oye, ¿te encuentras bien? —le preguntó este al verlo pasar como un rayo con el bollo de sábanas en brazos.

—No… Solo tuve una pesadilla, y he sudado mucho —mintió sin detener su andar hacia el lavabo.

Matt, sin embargo, tuvo que agregar su cuota de buen compañero: dejó a un lado lo que fuera que estuviese haciendo en el ordenador y lo siguió.

—¿No estarás enfermo? Quizás tienes fiebre…

—No, Matt, estoy bien —intentó disuadirlo, colocándose detrás de la puerta del baño para evitar que la abriera.

—Pero…

—En serio —insistió aunque, lejos de reprochar su obstinación, le hablaba con tono cansino—. Solo necesito ducharme.

—Oh… De acuerdo. ¿Y qué fue eso tan horrible que soñaste? —quiso saber mientras regresaba a sentarse frente al ordenador. Por fin cuando Mello lo vio alejarse se sintió seguro para salir de detrás de la puerta y desnudarse.

—Que me moría. —Esta vez, no mintió. El estruendo del agua al caer interrumpió la conversación en cuanto abrió el grifo de la ducha.

Mientras se limpiaba la suciedad del cuerpo, su mente rememoró parte por parte los detalles de su sueño. Aunque intentase pensar en otra cosa, simplemente le era imposible. Volvía a ver a Near debajo de él, asustado, sometido. Recordó también que había experimentado una especie de satisfacción la noche anterior, durante la situación que había provocado todo. Sin embargo, no lo había relacionado con el deseo o la lujuria. Quizás no se tratara de nada de eso, y simplemente era la mejor manera que se le había ocurrido a su subconsciente de humillar a su rival. Había oído más de una vez que las violaciones tenían más que ver con una relación de poder que con el mero deseo sexual. Sin embargo, si era así, ¿entonces por qué se estaba volviendo a poner duro?

—Maldición…

Inmediatamente cerró el agua caliente y abrió al máximo el grifo de la fría. El repentino contacto helado lo hizo estremecerse y sufrir una pequeña convulsión. Afuera debía de hacer cerca de cero grados, y él se congelaba bajo el chorro de agua helada. Dio por terminado el baño y buscó la toalla para secarse. Al salir, no pudo evitar estornudar dos o tres veces. Agradeció que Matt no insistiera con eso de que estaba enfermo. Pensándolo bien, quizá ahora sí hubiese pescado un resfriado o algo peor.

—¿Sabes? He estado pensando… —comenzó a hablar el pelirrojo apenas lo vio asomarse a la sala de estar. Mello por un momento temió haber sido descubierto—. Me refiero a por qué Near te dio ese trozo de Death Note, si es que es auténtico. Él nunca hace algo sin un motivo concreto. Es decir, seguro tiene algo en mente y cuenta con que tú lo hagas. Sin embargo, tú acabas de usarlo para tu propio beneficio. Con esto quiero decir que, salvo que esa haya sido la intención original de Near, cosa que no creo, y además solo sería posible si él conociera esa regla de la que me has hablado, no solo has frustrado su plan, sino que has sacado tu ventaja de ello, ¿no es verdad? Bueno, eso es lo que he estado pensando…

—Ya —le respondió a secas mientras se dirigía a la habitación por un abrigo. Tiritaba de frío.

—Bueno, sé que no es un pensamiento brillante, pero ahora que ya no puedo vigilar a Amane Misa me he aburrido un poco y mi mente comenzó a divagar. Simplemente te lo comentaba por si no se te había ocurrido. Lamento…

—Está bien, Matt —lo interrumpió. Sentía que si lo dejaba seguir hablando le estallaría la cabeza—. Tienes razón en todo lo que has dicho.

Tras colocarse una chaqueta gruesa con piel y tomar una barra de chocolate, se fue a sentar en el sofá frente a Matt. Desde que lo había involucrado en el caso Kira, luego de haber sido derrotado por la Policía Japonesa (y de haberse quemado el rostro), la ansiedad era cosa de todos los días. Ambos sabían que vivían en un constante peligro de muerte. Kira, L, la Death Note… todo era cuestión de tiempo. Debían trabajar contrarreloj y con sumo cuidado. Un descuido podría significar el final.

Lo que realmente debía deducir cuanto antes era el verdadero motivo por el cual Near le había dado aquel regalo. Como había dicho Matt, su objetivo debía de ser muy diferente de para lo que lo había usado.

—De lo que no me caben dudas es de que Near te necesita.

—¿Cómo dices? —preguntó, alejando de su boca el chocolate que estaba mordisqueando.

—Lo que he dicho, que Near te necesita. Mira, yo creo que Near ha trazado un plan. Seguramente sea de esos planes redondos y perfectos que él maquina… sin margen de error. Pero quizás le esté faltando una pieza, o no está completamente seguro de algún aspecto, y ahí es donde apareces tú. Tal vez sea algo que no se anime a pedirte y que confía en que lo resolverás… Después de todo, eres el segundo en la lista de sucesión, y él nunca se negó a trabajar contigo. O puede que en este caso te tenga como una especie de seguro, como un plan B.

Apenas Matt terminó de enunciar todas sus teorías, giró la vista de la pantalla del ordenador y se dio cuenta de que Mello apretaba con fuerza la barra de chocolate que sostenía en la mano.

—¡Yo no soy ningún plan B! ¡Ni tampoco soy una pieza dentro del plan de Near, que eso te quede claro! —exclamó, poniéndose de pie de un salto.

—Lo sé, lo sé —intentó tranquilizarlo Matt, aunque en su expresión se adivinaba un dejo de miedo por la repentina explosión de rabia—. Pero estás olvidando que Near no cuenta con una cosa…

—Sí, lo sé —interrumpió antes que lo dijera antes que él. Le molestaba que su odio por Near fuera a veces un obstáculo a su pensamiento en lugar de un incentivo—. Yo también tengo mi plan B.

Continuará...


Gracias a todos por sus reviews. Este es el último capítulo que tengo escrito, y además estoy un poco desinspirada, así que quizá me tarde un poco en actualizar.