La mayor parte de estos personajes han sido creados para nuestro disfrute por Charlaine Harris, alguno, menor, ha sido sacado del fanfic del sr. Ball, y hay por ahí uno que es sólo mío.
7.
Eric.
Eric y una rubia.
Eric y una rubia guapa e impresionante que le hacía reír.
Toda la noche soñando con sus labios sobre mi mejilla y acariciando donde se habían posado para esto. Anoche me había sentido la mujer más feliz del mundo y ahora, de repente, me estaba hundiendo en la miseria. No había significado nada para él, sólo había sido un pequeño gesto de amistad, una pequeña concesión con la camarera solícita, con la nieta de Adele. Nada más.
Me quedé unos instantes mirándoles, viendo cómo se hablaban con complicidad, como ella le cogía de la mano y como él se reía con esa risa que yo quería que fuese sólo mía, y mientras a mi lado Tara me decía algo que no llegaba a escuchar. Hasta que sus ojos se encontraron con los míos. Sé que era estúpido, ¿por qué me había hecho tantas ilusiones con él? En ningún momento me había dado pie para creer que se interesara por mí pero yo casi lo daba por hecho. No lo soporté más, me dí media vuelta y me escondí en el despacho de Sam, aprovechando que antes le había visto salir y no estaría allí, así no tendría que ver a nadie. Entré atropelladamente y me apoyé en la puerta. No solo no me había dado cuenta de que Sam había vuelto sino que, además, estaba acompañado. Los dos me miraron sorprendidos.
_ Sook, ¿qué pasa? - no pude decir nada y se alarmó-, ¿te encuentras bien? - negué con la cabeza- ¿Te ha pasado algo malo en el bar?
Como seguía sin decirle nada, Sam se levantó y le dijo algo a su amigo y salió. El hombre vino hacia mí y me dio la mano para llevarme hasta el sillón.
_ ¿Quiere un poco de agua, señorita? - asentí y él se volvió a coger un botellín de agua de la neverita de Sam y me lo ofreció. Dí un sorbito y él me sonrió.
_ ¿Mejor?
_ Sí, gracias... – conseguí decir.
En seguida entró Sam con cara de pocos amigos.
_ ¿Todo ha sido por él? ¿Te ha dicho algo que te ha puesto así? Si ha sido culpa suya le voy a prohibir la entrada en el bar...
_ ¿Qué...? ¡No, Sam! Sólo me he mareado y me he asustado cuando todo ha empezado a darme vueltas – pero, ¿qué pasaba? ¿todos lo sabían?
_ ¿Seguro...?
_ Pues claro – volví a mentir con un desparpajo que desconocía tener.
Sam no parecía convencido pero lo dejó correr y se concentró en otra cosa.
_ ¿Quieres que te lleve a casa?
_ No, no te molestes. En cuanto se me pase, volveré al trabajo.
_ Nada de eso, te vas a casa – me ordenó.
_ Pero...
_ Pero nada, te encuentras mal, no quiero que vaya a más. Con una empleada enferma ya tengo – me sonrió-. No puedo perder a mi mejor camarera también.
_ ¿Quieres que la lleve yo? – preguntó el hombre que se agachaba a mi lado y me cogía la mano con delicadeza-. Me tengo que ir ya y no me importa hacerlo.
_ No..., no se moleste – musité.
_ No es molestia – me sonrió con amabilidad-. Me llamo Alcide Herveaux, será un placer llevarla.
_ Pues no se hable más. Cuida de ella, Al – me besó en la frente mientras me daba mi bolso, que siempre dejaba en un cajón de su mesa-. Luego te llamo, ¿vale, Sook?
Me llevó casi en volandas hasta el coche de su amigo y volvió a besarme, esta vez en la mejilla, sobre el beso que la noche anterior me había dado Eric y que yo quería que pudiese borrar. Explicó a mi amable chófer cómo llegar y me despidió.
El señor Herveaux, Alcide como se empeñó en que le llamara, era un hombre agradable y atractivo, todo lo contrario físicamente a mi vecino, lo que era fantástico para no tener que pensar ni un minuto más de la cuenta en él. Como si eso fuera posible.
En diez minutos estábamos en casa. Alcide me ayudó a bajar pero me deshice de sus brazos en cuanto llegué a la puerta, no quería alarmar a la abuela más de lo estrictamente necesario. Aún así, lo hizo.
_ Sookie, cariño, ¿qué ha pasado? – me preguntó muy preocupada.
_ Nada, abuela, me he mareado en el trabajo y Sam me ha obligado a volverme a casa. El señor Herveaux es amigo suyo y ha sido tan amable de traerme.
_ Alcide – me corrigió otra vez con una sonrisa y se presentó a mi abuela-, Alcide Herveaux, señora Stackhouse.
_ Adele, hijo, muchas gracias por traer a Sookie, pero siéntese – le hizo un gesto indicándole el sillón.
_ No, gracias, tengo que irme.
_ Oh, y le estamos entreteniendo – se lamentó mi abuela.
_ Nada de eso, señora, ha sido un placer conocerlas – me miró y volvió a dedicarme una sonrisa cálida-. Cuídate, Sookie. Ya nos veremos en el bar.
_ Gracias, Alcide. Nos vemos.
Se dirigió a la puerta con mi abuela y se fue. En cuanto se hubo ido, volvió a mi lado y me miró intentando sacar la verdad de mí.
_ ¿Qué ha pasado?
_ Pues ya te lo he dicho, me he sentido mal y todo ha empezado a darme vueltas...
_ Ya, ¿y Eric?
_ ¿Qué, qué pasa con él? - mi abuela, la detective.
_ Bueno, sé que iba a ir a comer a Merlotte's y que te hubiese traído él.
_ No sabe que me he sentido mal, sólo lo saben Tara y Sam.
_ Me extraña mucho...
_ No sé qué decirte, abuela, la verdad, ni se me había ocurrido que me pudiese traer, ¿por qué estropearle su comida con mi problema? No es como si fuera algo nuestro – me quedé mirándola pero ella no dijo nada-. Ahora, me voy a ir a la cama, me explota la cabeza.
Hice un esfuerzo y me dirigí a mi cuarto. En realidad, había conseguido contarle a mi abuela, más o menos, lo que había pasado sin mentirle pero sin decir tampoco la verdad. Me quité el uniforme y me tumbé en la cama en ropa interior pensando en Eric hasta que se me erizó la piel y me tuve que poner la bata. Intenté hacer un análisis frío de la situación. En primer lugar, no sabía quién era la rubia ni que lugar ocupaba en su vida. Podía oscilar desde el puesto de familia, el que más me gustaba, al de amante, en el que no quería ni pensar. Bueno, yo era una mujer soltera, romántica y virgen para más inri, que se había ilusionado de más con un simple beso en la mejilla, pero bien podía ser algo más o llegar a serlo. En cualquier caso, me daba igual, nadie me había hecho sentir como Eric en toda mi vida, no iba a renunciar a él sin peleárselo a la rubia. Si era algo más que de la familia, iba a tener competencia conmigo. Cogí el teléfono y llamé a Tara.
_ ¡Sookie! - dijo alarmada nada más contestar- ¿Cómo estás?
_ Hola, Tara – me reí-. Estoy mejor, gracias. Sam me ha hecho venir por si acaso, pero estoy bien.
_ Ha sido la rubia...
_ Sí – admití-. Te tengo que pedir un favor, ¿podrías pasarte por aquí al terminar el turno? Podríamos comer algo y te cuento...
_ Claro, cariño, en un cuanto acabe me voy para allá. ¿Qué tramas? - se rió.
_ Ya lo verás – le devolví la risa-. Nos vemos luego...
Me fui a darme un largo y reconfortante baño de espuma. Hacía tiempo que no lo hacía, siempre iba con la hora justa o estaba muy cansada para hacerlo cuando volvía de trabajar. Estar en casa a esa hora me daba la oportunidad de mimarme y de aprovechar el tiempo que estuviese en la bañera para pensar. Una hora más tarde, estaba relajada y tenía un plan.
Estaba a punto de bajar cuando me pareció oír voces en la cocina. Bajé un poco y me senté en las escaleras para escuchar. Si la abuela me hubiese descubierto, se habría puesto buena, pero no lo hizo. Hasta mí llegaron con claridad las voces de Eric y la suya.
_ … La he oído darse un baño. Me preocupa.
_ Cuando no nos ha atendido hoy, me he sorprendido. Y cuando he preguntado a la pelirroja qué le pasaba no me ha querido decir nada.
_ ¿Nos ha atendido? - se extrañó mi abuela- ¿No ibas solo?
_ No, iba con Pam... – se detuvo un momento y añadió con un hilo de voz- Es alguien de...
_ Ya – murmuró con tono comprensivo-, ¿tu mujer...?
¿Qué? ¿Estaba casado? ¿Estaba casado, mi abuela lo sabía y no me había dicho nada? ¡Si hasta me había dado la impresión de que nos estaba empujando el uno hacia el otro! Agudicé el oído para ver qué más tenían que decir sobre su mujer pero permanecieron en silencio. Me los podía imaginar, él sumido en su mutismo, ese en el que había estado semanas mientras comía en Merlotte's, y ella cogiéndole la mano y acariciándosela con afecto para darle consuelo. Como me hubiese gustado ser ella, pese a todo, en ese momento.
_ ¿Quieres un té? - dijo mi abuela por fin, ella y su té y simpatía.
_ Gracias, Adele, en otro momento. Me están esperando... - lo dejó ahí- Espero que Sookie se mejore. Te llamó mañana para ver cómo está.
Se oyó la puerta trasera y volví a subir a mi cuarto. Una esposa ya eran palabras mayores, pero si llevaba tanto tiempo aquí él solo, lo mismo ya era una ex y simplemente se llevaban bien, intenté animarme, sin éxito, dicho sea de paso.
Al cabo de un par de horas, llegó Tara. Entró con una bandeja que la abuela había preparado y se sentó en mi cama.
_ A ver, ¿se puede saber qué te pasa? No puede ser que te hayas colado por el rubio de esa manera.
_ Pues sí – confesé.
_ ¿Y cómo no me había dado yo cuenta? Podríamos haber montado alguna estrategia y a estas alturas la rubia no sería un obstáculo.
_ Está casado...
_ ¿Qué? - gritó- No me jodas...
_ Le he oído hablar con mi abuela.
_ En cualquier caso, ella no lo es – la miré atentamente, casi con angustia-. A ver, hay mucha complicidad entre ellos, de eso no cabe duda, pero no creo que sea su mujer. Una amiga, un familiar, no sé pero, definitivamente, no su mujer. Ni siquiera creo que sea una amante, no he visto tanta proximidad pero desde que estábamos en un lugar público y todo el mundo estaba pendiente de ellos...
_ ¡Tara! - me quejé-, tienes que animarme, no hundirme aún más en la miseria.
_ Te estoy dando todas las posibilidades, ahora, sea lo que sea da igual, vamos a ir a por él.
_ Ya no estoy tan segura, sólo soy su camarera.
_ Yo sí, nos ha preguntado por tí. Arlene en su línea, le ha mirado con asco y no le ha querido decir nada. Y antes de irse, me ha preguntado a mí.
_ ¿Y qué le has dicho?
_ ¿Qué le iba a decir? Que te has sentido indispuesta y que Sam te ha dado el resto del día libre – se encogió de hombros como si fuese una tontería lo que había preguntado-. Ahora, céntrate, Stackhouse, tenemos un rubio que conseguir, porque ya sé que soy tu mejor amiga y me quieres, pero era para eso para lo que me querías aquí, ¿no?
Me sonrió con picardía y pude ver que era una mujer con una misión y con un plan.
