N/A: Esta es una adaptacion, los personajes y sus descripciones pertenecen a Santa Stephenie Meyer y la historia a Carole Mortimer

Gracias por los reviews y agregar la historia como alerta.


Family and conversations

—¿El abuelo vive en una de las casas grandes?

—Desde luego que si Nessy- respondió Edward.

Bella nunca dejaba de estar asombrada por la flexibilidad de los niños y la de su propia hija en particular.

Después de estar sin dormir debatiendo como decirle que Edward Cullen era su padre y Carlisle Cullen su abuelo se había quedado totalmente sorprendida por la naturalidad con que Vanessa lo había aceptado.

Su timidez inicial al presentarle a su padre se había transformado en entusiasmo al subir a la parte de atrás del descapotable deportivo de Edward para ir hasta la casa donde su abuelo esperaba ansioso para conocerla después de que esa mañana le hubieran dado el alta del hospital.

Las emociones de ella eran mucho menos simples mientras miraba el paisaje sin captar nada de la belleza del Océano Pacífico en la distancia.

Su vida y por consiguiente la de Nessy se hallaba en Inglaterra. En el pequeño pueblo donde en cuanto dispuso de medios económicos había comprado una casita donde vivir ambos después de permanecer con sus padres los dos primeros años de la existencia de su hija.

Le gustaba vivir en un pueblo y también a Vanessa, quien en septiembre debía empezar a asistir a la escuela local.

Esa situación con Edward sumada a las amenazas veladas que le había lanzado la noche anterior, hacía que se preguntara cuando podría esperar volver a aquella vida.

Pero esa mañana las gafas de sol que él llevaba le impidieron leer sus ojos. Cuando llegó al hotel a buscarlos se mostró animado por Nessy y con una cortesía tensa hacia ella. Pero era evidente que aún estaba enfadado.

Una furia que probablemente siempre sentiría por negarle el conocimiento de la existencia de su hija y los primeros cuatro años de vida de esta...

—Hemos llegado Nessy —le dijo a su hija al tomar el sendero de la casa y esperar que las puertas electrónicamente operadas se abrieran para poder conducirlos hasta la entrada.

Incluso doce horas después a Edward le costaba creer que tenía una hija. Una niña brillante, feliz y natural que había tomado la noticia de que él era su padre de una manera mucho más pragmática que la mostrada por él al enterarse que tenía una hija.

Miró a Bella escondido detrás de los cristales oscuros de las gafas de sol y notó la palidez de sus mejillas y las líneas de tensión alrededor de la boca y los ojos.

¡Se lo merecía!

Las afirmaciones que hubiera hecho Tanya Childe cinco años atrás no cambiaban el hecho de que Bella ni siquiera hubiera intentado informarle de que se había quedado embarazada.

—¿Toda tu familia está al corriente ahora de la identidad del padre de Nessy?

A Bella le agradó llevar gafas de sol para ocultar las lágrimas súbitas que se habían acumulado en sus ojos al recordar el desayuno que antes había compartido con sus padres y hermanos.

Sus padres no pronunciaron ninguna palabra de rechazo o desaprobación sólo tuvo su gentil comprensión mientras ella les explicaba la situación de cinco años atrás.

Y al quedarse a solas, su hermana Alice sólo había querido detalles de aquella noche. Detalles que desde luego no le proporcionó.

—Sí —confirmó con voz ronca.

Edward asintió satisfecho mientras aceleraba el deportivo negro hasta la casa que era tan imponente como Bella habría esperado de esa zona tan prestigiosa de San Francisco. Era grande y con gabletes, mostraba un ligero estilo Victoriano con su estructura de ladrillos vistos y los marcos blancos alrededor de las ventanas de cristales tintados.

—¿Estás seguro de que esta visita no va a hacer que tu padre recaiga? —Bella se detuvo en el sendero de gravilla en cuanto todos bajaron del coche.

Edward había dejado las gafas en el coche y la miró con expresión burlona.

—Todo lo contrario.

Bella lo miró desconcertada por el comentario críptico.

—¿Disculpa?

El apretó los labios.

—Luego, Isabella —cortó con sequedad.-Tú y yo vamos a volver a hablar luego-.

No le gustó el sonido de ese comentario.

Y empezaba a desagradarle el modo en que la llamaba «Isabella» de ese modo frío y despectivo.

Movió la cabeza.

—No creo que nos quede nada por hablar Edward —indicó con firmeza

El rió brevemente sin humor.

—Aún no hemos empezado a hacerlo, Isabella.

El padre de él los esperaba en el invernadero. Edward supo que un entorno tan informal era lo que se necesitaba para lograr que una niña de cuatro años se relajara.

La voz ronca de Carlisle delató sus sentimientos cuando Vanessa se reunió con él y le permitió a la pequeña regar lar las orquídeas

—Estoy descuidando a tu madre, Nessy —se disculpó el hombre mayor minutos después, irguiéndose. —Puedes seguir regando las plantas si así lo deseas, Nessy o puedes venir a sentarte con nosotros mientras, tu madre y yo charlamos.

Sabía perfectamente cuál sería la elección de su hija; como la mayoría de niños pequeños, no mostraba ningún interés en las conversaciones de los adultos.

—Bella —la voz de Carlisle Cullen sonó profunda por la emoción al cruzar el invernadero hacia donde estaba sentada en una de las sillas de mimbre allí dispuestas.

Le tomó la mano y la acercó a los labios mientras ella se incorporaba. —Gracias por traer a Nessy para que me viera —le dijo con ojos algo húmedos.

Bella sintió un nudo en la garganta al observar al padre de Edward, incapaz de discernir si en la mirada directa de ojos castaños había algún reproche; ella sólo veía la humedad de las lágrimas que no intenta ocultarle.

Fue muy consciente de la presencia silenciosa y amenazadora de Edward de pie a su lado.

—Yo... —se humedeció los labios nerviosa—la verdad es que no sé qué decir —tartamudeó, consciente del comentario tan inapropiado pero tan cierto.

Edward ya me ha explicado todo lo que había que explicar —el hombre mayor le sonrió con gesto tranquilizador. -Lo único que de verdad importa es que Nessy y tú estáis aquí ahora-.

Bella aparte de sentir la carga pesada de la culpa ante la completa aceptación por parte de Carlisle Cullen de la situación que la noche anterior le había provocado un desmayo también se preguntó que le habría explicado exactamente Edward.

—Es muy amable- le dijo al hombre mayor mientras le apretaba la mano antes de soltarla.

—Es evidente que Isabella y yo aun tenemos mucho que hablar papá—intervino de repente Edward. —Si Nessy y tú nos disculpáis durante unos minutos...

La sugerencia provocó en Bella una súbita sensación de pánico, insegura de si se hallaba preparada para otro enfrentamiento con él en ese instante. No había dormido mucho durante la noche anterior y la mañana ya había sido muy traumática con la conversación familiar seguida de la llegada de Edward al hotel y de la explicación que le habían ofrecido a Nessy por no mencionar la reunión en ese momento con Carlisle Cullen.

Pero un simple vistazo a la sombría determinación de la expresión de Edward bastó para indicarle que no tenía elección en el asunto.

—¿ Nessy...? llamó para captar la atención de su hija que seguía regando las plantas —¿Estarás bien mientras yo mantengo una pequeña charla con tu padre? —no le resultó nada fácil decirlo en voz alta.

—Sí —la pequeña le sonrió feliz y despreocupada.

En ese momento Bella deseó que su hija no fuera tan sociable era evidente que no iba a ofrecerle ninguna ayuda para evitar el enfrentamiento con Edward.

Sabía que para la pequeña ésa era una gran aventura; no tenía ninguna idea de las tensiones subyacentes que provocaba hallarse ante su padre y su abuelo... ¡ni de las posibles repercusiones!

Bella quería asegurarse de que siguiera siendo así...

—Estoy seguro de que Nessy y yo lo pasaremos bien juntos Bella —le aseguró Carlisle.

Le dedicó una sonrisa de agradecimiento, que se desvaneció en cuanto Edward dio un paso atrás de cortesía para dejar que lo precediera hacia la casa principal.

Aunque no creyó que esa cortesía continuara cuando se hallaran completamente a solas.

Él se adelantó para abrirle la puerta que había en un extremo del pasillo antes de apartarse con el fin de permitirle que entrara.

Era una estancia con paredes alineadas con libros; consternada notó que se parecía mucho al estudio del hogar de los Cullen en Surrey, donde Edward y ella se conocieron.

También él fue consciente de la ironía del entorno mientras cerraba la puerta antes de ir a sentarse detrás del escritorio. La miró con ojos entrecerrados al ver que ella elegía no sentarse en el sillón que había delante de la mesa sino que se dirigía hasta el enorme ventanal y le daba la espalda.

Ese día se había recogido el cabello y el cuello expuesto parecía frágil en su delgadez. Lucía una blusa de color crema y unos pantalones negros ceñidos.

Parecía pequeña, delicada, pero Edward sabía que la apariencia era engañosa. Isabella Swan era más que capaz de defenderse a sí misma y a Nessy si surgiera la necesidad. En el caso de la pequeña, y en lo que a él concernía, esta no surgiría. Sin embargo Bella era una cuestión aparte.

—¡Ignorarme no hará que desaparezca, Isabella! —indicó con exasperación.

Ella se volvió con sonrisa pesarosa.

—¡Ojala fuera así!

La miro con frialdad

—Durante los últimos cinco años has hecho todo a tu manera.

—¿A qué te refieres con todo? —replicó con sequedad, el cuerpo tenso—Tenía veintiún años entonces, Edward. Sólo veintiuno —recalcó —En ese momento no figuraba en mis planes inmediatos tener un bebé, y menos de un padre que ni siquiera vivía en el mismo país que yo cuando nació la pequeña.

—No sirve para nada enfadarse, Isabella...

—¡A mi si me sirve! —contradijo con vehemencia. —Has dejado claro que desapruebas mis actos de hace cinco años, así que intento explicarte que hice lo que consideré lo mejor.

—¿Para quién? —se reclinó en el sillón y la observó con atención.

—¡Para todo el mundo!

Edward apretó la mandíbula.

—¿De qué modo es bueno para Nessy no haber sido consciente de la existencia de su padre o de la familia de este? ¿De qué modo es mejor para el que no disfrutara de las comodidades que le podría haber aportado ser un Cullen?

—A Vanessa no le ha faltado nada.

—¡Le ha faltado un padre! —espetó con voz gélida.

Su acusación era indiscutible.

Bella respiró hondo para serenarse. Sabía muy bien que convertir esa conversación en una disputa airada no arreglaría nada de lo que se interponía entre Edward y ella.

—Te aseguro que mis padres han sido maravillosos—explicó. —Alice y Jacob también. Y en cuanto pude trabajar, me cercioré de que a Nessy no le faltara de nada.

—¿En qué has estado trabajando? —inquirió él.

Bella hizo una mueca.

—En cuanto descubrí que estaba embarazada, me sentí perdida acerca del trabajo que podría desempeñar. Pero había escrito mi tesis universitaria sobre la vida de Leonardo da Vinci. Mi tutor pensó que era lo bastante buena como para que se publicara, de modo que durante los meses del embarazo me puse en contacto con una editorial para ver si le interesaba. Con mucho trabajo y cincuenta mil palabras más, la aceptaron. Tuve suerte de que su publicación coincidiera con una novela sobre un tema similar que entonces alcanzó gran popularidad —se encogió de hombros—En los últimos tres años he tenido dos libros en la lista de los best-sellers de no ficción —añadió con humildad.

Edward comprendió entonces de dónde procedía la seguridad y ese aire de serena satisfacción que emanaban de Bella. A pesar de su inesperado embarazo y de la dificultad implícita en ser madre soltera, había logrado alcanzar el éxito en lo que había elegido estudiar.

—Eso es... admirable.

—¿Pero inesperado?

EI no pudo negar que la evidente independencia económica de Bella era algo con lo que no había contado al contemplar una solución al problema al que se enfrentaban en ese momento.

Aunque tal vez debería haberlo hecho.

—Quizá—concedió tras una pausa. —Pero en última instancia no cambia nada.

Bella frunció el ceño, desconcertada.

—Lo siento... no entiendo.

— Vanessa es mi hija...

—Creo que ya he reconocido ese hecho —espetó.

El la miro con expresión burlona.

—Es innegable ¿verdad? —murmuró con satisfacción. El parecido que tenía con su padre y con él era tan evidente que había hecho que su padre se desmayara. Apretó los labios. —La única solución es que nos casemos lo antes posible.

—¡No! protestó ella horrorizada. No, Edward —repitió con expresión decidida. —No tengo ninguna intención de casarme contigo ni ahora ni en el futuro.

La sugerencia de matrimonio de Edward la había dejado completamente atónita ¿Sugerencia? No había sugerido nada... ¡lo había expuesto como algo inmutable!

Cinco años atrás ella había considerado todas las opciones, incluida la de ir a contarle su embarazo a pesar de la complicación que representaban los sentimientos de Edward por Tanya Childe.

Uno de los beneficios sin duda habría sido el ofrecimiento de ayuda económica por parte de él y lo había rechazado por principios, no le importaba lo dura que tuviera que ser su lucha para arreglárselas por su cuenta y no quería deberle nada a Edward Cullen.

Que hubiera pensado en casarse con ella por el bien del bebé había sido una opción menos factible, teniendo en cuenta que la suya solo había sido la aventura de una noche, y que había rechazado incluso con más vehemencia que la idea de la ayuda económica que pudiera darle.

No quería casarse con alguien por el único hecho haber tenido un hijo.

—¿No quieres casarte conmigo porque mentiste al decir que mis cicatrices no te repugnaban? —soltó Edward con aspereza y ojos entrecerrados.

Bella movió la cabeza.

—No me repugnan en absoluto —insistió con serenidad.

—La mayoría de las mujeres no dirían lo mismo—expuso con frialdad.

—Pues yo no soy la «mayoría de las mujeres» —espetó furiosa. — Edward, reconoce a Nessy como tu hija, por supuesto pero, por favor, a mi déjame fuera de la ecuación—suplicó.

—Eso podría resultar algo complicado siendo tú la madre de Nessy.

Ella movió la cabeza.

—Estoy segura de que podremos establecer unas visitas... —calló al ver que Edward se ponía súbitamente de pie.

—¿Eso es lo que quieres para Nessy? —soltó. -¿Quieres que se convierta en un simple fardo que pasa de uno a otro de sus padres?

—No tiene que ser así —protestó ella.

—Si no nos casamos será exactamente así —insistió él con impaciencia.

Bella tragó saliva.

—¿Crees que a Nessy le irá mejor siendo el único eslabón entre dos personas que no se aman pero que están casadas.

Has dicho que mis cicatrices más obvias no te resultan... inaceptables se acercó lo suficiente como para ver el leve rubor que apareció en sus mejillas y la rápida subida y bajada de sus pechos bajo la blusa color crema.

—Y así es —frunció el ceño—¡Pero eso no significa que me guste la idea de casarme contigo!

No era capaz de pensar con claridad con Edward tan cerca. No podía concentrarse en nada salvo en el calor de su mirada oscura recorriéndole lentamente el cuerpo hasta detenerse en los pechos turgentes, que respondieron con una percepción hormigueante y cuyos pezones se mostraron repentinamente duros contra la tela suave del sujetador y la blusa. Un impulso cálido y palpitante entre los muslos hizo que se moviera incómoda.

Se humedeció los labios de pronto resecos.

—La atracción física tampoco es base para un matrimonio —incluso al escuchar sus propias palabras, se dio cuenta de que carecían de fuerza.

—Pero estarás de acuerdo en que es un comienzo, ¿no? —murmuró él con voz ronca y una profunda satisfacción en el fondo de sus ojos.

Apenas podía respirar bajo esa mirada que le permitía ver la calidez que ardía en sus profundidades.

Luego se acercó para que fuera consciente de la dura presión de su erección contra ella al tiempo que bajaba la cabeza con la obvia intención de reclamar su boca...

Cuando éstas se pegaron fue como un dique estallando Bella metió los dedos en el pelo cobrizo y tupido de Edward mientras los cuerpos exigían la máxima proximidad del otro.

El beso se ahondó con pasión y se descontroló cuando la lengua de él la provocó para que lo reclamara tal como él estaba haciendo.

Bella ansiaba tanto eso... El doloroso vacío que acechaba en su interior se llenó por completo cuando Edward le abrió la blusa y le sostuvo un pecho al tiempo que movía la yema del dedo pulgar sobre el pezón para excitarlo aún más.

Estuvo a punto de arrancarle la camisa cuando tuvo que satisfacer su propia necesidad de tocarle la piel. Los músculos duros... La suavidad del vello que le cubría el torso... Con los dedos le acarició las... líneas de las cicatrices dejadas por el accidente cinco años atrás y él respondió a esas caricias con un gemido ronco.

No ofreció resistencia cuando Edward le soltó el sujetador y le liberó los senos para acariciárselos. Jadeó cuando él quebró el beso y posó los labios en un pezón duro, ejerciendo una succión ardiente y húmeda con la lengua mientras con la mano le acariciaba el otro pecho.

El palpitar entre los muslos de Bella se encendió y lubricó, convirtiéndose en un vacío que necesitaba ser llenado con la erección de Edward, que palpitó con la misma necesidad mientras comenzaba a frotarse contra él. No le ofreció resistencia cuando le coronó el trasero con las manos y la alzó hasta dejarla sentada en el escritorio, separándole las piernas con el fin de poder situarse entre ellas, con la erección centrada en ese momento en su sensibilizado núcleo.

Gimió con satisfacción cuando la tumbó sobre la mesa con el fin de succionarle los pechos desnudos con el mismo ritmo encendido con el que movía la erección contra sus muslos. Su respiración se hizo entrecortada a medida que su liberación comenzaba a arder, a explotar llevándola hasta el límite de la cordura.

En la puerta del estudio sonó una llamada leve antes de que Carlisle Cullen les informara:

— Nessy y yo estaremos en el jardín cuando hayáis terminado de hablar.

Edward se había apartado con brusquedad de ella en el instante en que oyó la llamada y apretó los labios al ver la expresión horrorizada de Bella antes de que se incorporara del escritorio, le diera la espalda y se arreglara la ropa.

—Isabella y yo nos reuniremos pronto con vosotros —le respondió distraído a su padre al tiempo que se abrochaba la camisa.

—No hay prisa le aseguró el hombre mayor antes de alejarse por el pasillo.

Edward miró ceñudo la espalda de Isabella mientras intentaba sin éxito volver a abrocharse el sujetador con dedos demasiado temblorosos.

—Déjame—soltó antes de acercarse y abrochárselo.

—Gracias —dijo con rigidez, sin girar mientras se abotonaba la blusa- ¡No... no sé qué decir! Eso ha sido... No sé qué ha pasado.

—Oh creo que eres bien consciente de lo que ha estado a punto de pasar. Bella —comento—Me satisface que no mintieras acerca de mis cicatrices- añadió con voz ronca.

Ella no había mentido acerca de sus cicatrices externas, pero las internas eran otra cosa.

Movió la cabeza.

—Por lo general no me comporto de de esa manera.

—Quizá ha pasado tiempo desde la última vez que estuviste con un hombre —señaló él con tono seco.

Bella se volvió y lo miró con ojos centelleantes.

¿Qué clase de mujer pensaba que era?

¡La clase de mujer que casi dejaba que le hicieran el amor sobre la superficie de un escritorio!

¡La clase de mujer que había estado a punto de romper la camisa de Edward en su necesidad de tocarlo!

Cerró los ojos disgustada consigo misma mientras intentaba recuperarse ¡Desde luego no era esa clase de mujer! Seguro que Edward no le creería aunque se lo dijera... algo que no pensaba hacer; ya la humillaba bastante saber lo fuera de lugar que había sido su comportamiento como para contarle que no había habido un hombre en su vida desde aquella noche que había pasado con él hacía cinco años.

Durante nueve meses había estado embarazada, y el nacimiento de su hijo, había centrado toda su atención en él ¡No había querido añadir más confusión a esa vida nueva proporcionándole una sucesión de «tíos»!

Respiró hondo antes de abrir los ojos y mirarlo indignada. A través de la camisa aún abierta pudo ver el fino patrón de cicatrices que rompía la suavidad de esa piel cetrina.

Con el pelo revuelto, parecía un pirata.

Desde luego, tan atractivo que perturbaba su tranquilidad.

Enarcó las cejas con gesto burlón.

—¡Estoy segura de que para mí ha pasado mucho más tiempo que la última vez que tú «tuviste» a una mujer!

Edward siguió mirándola en silencio durante unos segundos tensos, luego esbozó una sonrisa sin humor.

—No todas las mujeres son tan... comprensivas acerca de la imperfección física como pareces serlo tú —comentó con tono cortante.

Bella no podía creérselo ¡Si Edward fuera un poco más perfecto, la tendría babeando!

—Creo que lo que acaba de suceder ha demostrado que no faltaría gratificación física en nuestro matrimonio añadió él con perversión.

Bella apretó los labios.

—No vamos a casarnos—repitió con firmeza.

El se mostró impasible ante su vehemencia.

—Oh, creo que sí.

—¿En serio? —frunció el ceño, en absoluto contenta con la seguridad que mostraba el tono de Edward.

—En serio —corroboró—Estoy seguro de que debes ser consciente de los beneficios que semejante matrimonio...

—Si te refieres a lo que acaba de suceder entre nosotros, ¡olvídalo! —exclamó airada, Puedo encontrar esa clase de «beneficios» con cualquier hombre.

—No habrá ningún otro hombre en tu vida en cuanto nos casemos, Isabella —apretó los labios. —Ahora que sé cual sera tu reacción, nos casaremos en el sentido más completo del término. Al ser hijo único, espero que sea un matrimonio que nos permita tener más hijos. Muchos hermanos para Nessy.

Quedó momentáneamente desconcertada por esa afirmación. Luego movió la cabeza con énfasis.

—No puedo imaginar que desees pasar el resto de tu vida en compañía de una mujer que no te ama.

—Como tampoco a ti te gustaría estar casada con un hombre al que no amaras —reconoció -Pero la alternativa es menos apetecible. Una larga, y sin duda pública, batalla legal por la custodia de Nessy —expuso con tono sombrío.

Bella se quedó boquiabierta cuando su mayor temor se convirtió en una posibilidad.

—¿Le harías eso a Nessy?

Edward se encogió de hombros.

—Si no me dejas otra alternativa, sí.

Lo miró y la expresión implacable le reveló que hablaba en serio.

Respiró hondo.

—De acuerdo, Edward pensaré en casarme contigo.

—Con pensarlo no basta, Isabella —corto. —Y menos cuando sospecho que quieres retrasar lo inevitable con el fin de que Vanessa y tú podías volver a Inglaterra mañana, tal como teníais planeado en un principio, ¿no?

¡Era exactamente lo que había pensado!

Se mordió el labio inferior.

—No creo que sea inevitable que nos casemos...

—Lamento discrepar. Quiero tu respuesta antes de que te marches hoy de aquí.

—¡La recibirás cuando esté preparada para dártela! —exclamó exasperada.

Aunque tenía la impresión de que ya sabía cuál sería.