Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 6: Verdad

Desperté de un modo pacífico, sereno. Después de la mala noche que había pasado me sentía bien y con fuerzas, algo poco usual en estos casos pero que estaba segura de que tenía algo que ver con el delicioso olor que aún perduraba en la cama y a mi alrededor, señal de que Edward había estado conmigo hasta hace bien poco. Eso me tranquilizó en parte cuando noté que no estaba en la habitación.

Me bajé de la cama en calcetines y con la camisa de Edward rozándome la parte baja de los muslos. Enseguida sentí el frio de la mañana, impulsado por la piedra que me rodeaba, así que para evitar la repetición del ataque de los cólicos de la noche anterior, busqué en el armario de mi anfitrión hasta que encontré una gruesa bata de algodón que, aunque me quedaba grande, abrigaba bastante.

Abrí la puerta y percibí un delicioso olor a sopa que me hizo crujir las tripas. Subí las escaleras silenciosamente y me dirigí a la cocina. De espaldas a mí se encontraba Edward con un delantal rosa cruzado a la espalda que le otorgó un aspecto bastante cómico. Desde la puerta lo vi flexionar los músculos de los brazos mientras removía un pequeño caldero y pasaba las páginas de lo que parecía una receta de cocina.

Decidí sorprenderlo, así que me acerqué sigilosamente por detrás y me preparé para darle un buen susto. En su lugar el se giró rápidamente y gritó "¡BU!". Como no, la impresión me hizo caer de culo y lo miré con los ojos como platos. El estalló en carcajadas y me tendió las manos para ayudarme a levantar.

-¿Cómo sabías que estaba aquí?—le pregunté mientras él se giraba para controlar la sopa.

-Eres muy ruidosa—dijo simplemente.

-Eso es mentira, no he hecho ruido.

-Bella, escuché como te levantabas de la cama, claro que eres ruidosa.

Parecía pasar por alto el hecho de que era completamente imposible que la hubiera escuchado levantarse por dos razones: una porque la distancia era demasiado grande. Dos, porque el sonido de la campana que absorbía el vapor generado por la sopa era demasiado fuerte como para escuchar lo que pasaba en la habitación de al lado. Eso solo podía significar que ya no tenía tantas reticencias acerca de esconderme las cosas, lo cual podía resultar un buen punto a mi favor.

Me acerqué a él y traté de mirar por encima del hombro para ver lo que estaba haciendo. Su olor penetró por mis fosas nasales y mi corazón dio un vuelco. Poco a poco llegaban a mi mente las imágenes de la noche anterior y la temperatura de mi cuerpo aumentó un par de grados. Creo que él sintió algo parecido porque se estremeció en cuanto rocé su cuello.

-Huele de maravilla—no refiriéndome exactamente a la comida.

-Estupendo, porque necesito que lo pruebes para que me digas si le falta algo.

-¿Y por qué no lo pruebas tú?

-Digamos que estoy resfriado y no consigo coger bien el sabor de las cosas.

Eso olía a mentira cochina, puesto que ni su voz ni los ausentes mocos o estornudos podían corroborar eso. Sin embargo decidí dársela por válida y bebí de la cuchara que él me tendía.

-Deliciosa—concluí.

-¿De verdad?

-Ajá. ¿Es a primera vez que preparas una?

Asintió.

-Es sorprendente teniendo en cuenta que es mucho más sencilla de hacer que el gourmet que me preparaste el otro día—lo miré.

El pareció sentirse incómodo con ese tema así que me preguntó:

-¿Qué tal has amanecido?

-Mucho mejor, gracias.

El asintió y luego agarró el caldero por las asas y lo apartó del fogón.

-Bueno, esto ya está.

Me arrastró hasta la mesa del comedor y me sentó frente a un plato hondo con cucharilla, vaso y pan incluido.

-Esta mañana toca un desayuno restaurador—dijo mientras me servía un par de cucharones de sopa.

-Esto reviviría a un muerto—suspiré cuando el olor me inundó.

Bebí con ahínco el contenido de mi plato y repetí dos veces más. Tenía que reconocer que estaba deliciosa, quizás un poquito pasada de sal, pero a mí me gustaba así porque me traía recuerdos de las deliciosas sopas de pollo que mi abuela me preparaba cuando era niña. Fue como volver a una infancia casi olvidada y me encantó. Cuando terminé le di las gracias y me levanté para llevar la losa al fregadero. Antes de dar dos pasos, me detuvo y me la quitó de las manos.

-¿A dónde te crees que vas?

-OH, vamos, me siento inútil desde que llegue.

-De inútil nada, eres mi invitada y esto me toca hacerlo a mí.

-No soy tu invitada—dije mientras intentaba recuperar mi plato—soy una acoplada.

El acercó su cara a la mía y me dijo rotundamente:

-No—Sin embargo, no intentó nada, sino que se alejó como mismo llegó. Me sentí decepcionada en cierto modo y lo seguí hasta la cocina. Puesto que no me dejaba hacer nada, me apoyé contra la nevera y lo observe fregar con una gracia y agilidad impropias de un hombre a la hora de realizar estas tareas. Mi padre siempre acababa rompiendo dos o tres vasos cada vez que fregaba, por eso había asumido yo esa tarea desde que tenía memoria.

El notó como lo miraba y se fijó en lo que llevaba puesto.

-¿Estás calentita?

Yo miré la bata tenía encima, a la que le había recogido las mangas. La parte baja rozaba un poco con el suelo pero lo cierto es que abrigaba muchísimo y lo agradecía.

-Espero que no te importe pero me levante con frío y eso siempre resulta malo para situaciones como la mía.

-No te preocupes—luego me lanzó una sonrisa pícara—te sienta muy bien.

Noté cómo se me subían los colores. El se rió.

Terminó con una velocidad aplastante y se giró hacia mí con una mano apoyada en la encimera.

-¿Qué quieres hacer hoy?

Imágenes de la noche pasada llenaron mi cabeza como si pretendieran ahogarme y me percaté de que debía cambiar de idea rápidamente si no quería que se me notara en la cara.

-¿Qué películas tienes?

El me miró sonriendo macabramente.

-Ya lo verás.

-¡Oh! ¡Venga ya!

El me miró haciéndose el sorprendido.

-¿Qué pasa? ¿No te gusta?

-No es que no me guste, es que hace tiempo que pasé la edad de ver el Jorobado de NotreDame.

-Es muy triste que digas eso, la infancia es la etapa más feliz del ser humano y los clásicos Disney son los mejores que he visto.

-No te discutiré eso pero… ¿enserio?

-Enserio.

No me quedó de otra que sentarme a su lado en el gran sillón del salón, con la gran pantalla de plasma comenzando a reproducir los avances antes de la película. Noté que ponía cierta distancia entre ambos.

Durante los siguientes noventa minutos tengo que admitir que disfruté como una verdadera cría al revivir esa película que—no me da vergüenza admitirlo—me robó el corazón de pequeña.

Lo que quizás si me da vergüenza admitir, fue lo que pasó al terminar.

-¡¿Estás llorando?—me miró con los ojos como platos.

-No es que acabo de meter el dedo en un ojo—dije sobándome.

-Eso explica que te llore uno, pero no los dos—alegó muerto de risa—y pensar que hace años que dejaste de tener la edad para ver esta peli…

Lo golpeé con un cojín y él se carcajeó aún más fuerte.

-No te rías bastardo—le grité mientras lo seguía golpeando aunque el parecía no sentir ni una caricia.

-Lo siento pero es que más cómico no podía ser.

Me senté de nuevo enfurruñada. Estúpido Edward, estúpida película sensiblera y estúpida yo.

Una vez recuperado trató de arreglar las cosas.

-No, pero enserio, ¿por qué…?—paró antes de volver a reírse.

Si las miradas matasen…

-Siempre me sentí un bicho raro de pequeña y esta película parecía identificarme. Me hizo recordar cosas y me hizo sentir cosas. Puede que sea estúpido pero creo que es uno de los mejores finales que se han creado nunca, todos deseamos ser aceptados por muy monstruosos que seamos—le dije mientras me ceñía más la bata, esperando volver a escuchar sus carcajadas.

Sin embargo, estas nunca se llegaron a producir. En su lugar me miraba intensamente, como si mis palabras lo hubieran calado a él también de algún modo.

-No es estúpido—dijo por fin.

-Te reíste como si lo fuera—lo miré acusadoramente.

-En su momento me pareció exagerado el llanto, pero tus motivos no me parecen para nada estúpidos, de hecho…-se calló y desvió la mirada.

Yo me erguí en el sillón y lo obligué a mirarme de nuevo.

-¿Tu también te has sentido así?—me corregí comprendiendo—O mejor dicho, ¿te sientes así?

El no contestó, pero su silencio me dijo mucho más de lo que podrían haberme dicho las inexistentes palabras.

-¿Por qué?—pregunté.

Él me miró extrañado.

-Sabes a qué me refiero. Viviendo aquí, aislado del mundo y de todo, es como Quasimodo, vives apartado, como si no quisieras acercarte a los demás. Él ha pensado toda su vida que es un monstruo pero, ¿cuál es tu causa?

El respondió a modo de susurro casi inaudible, como si se contestara a sí mismo.

-Que yo sí soy un monstruo…

-¿Cómo…?

-Nada.

Yo alargué mi mano para acariciar su helada mejilla y hacer que me mirara a los ojos. Se estremeció.

-Puedes contármelo.

Él clavó sus pupilas en las mías y pude percibir claramente la duda y como de dorado oscuro se tornaban un negro opaco. Debió notar que yo lo había visto porque apartó la mirada bruscamente y se levantó.

-Edward, ¿qué pasa?—dije irguiéndome yo también.

-¡No hagas como si no lo hubieras visto!

-¿Él qué?

-Todo Bella. Desde que llegaste has percibido una y otra vez cosas extrañas con respecto a mí, cosas que asustarían a la mayoría de los humanos. Acabas de ver como mis ojos cambiaban de color y aún así no te has inmutado lo más mínimo—decía mientras se despeinaba una y otra vez nervioso. Luego se giró hacia mí y me agarró por los brazos—Dime por qué.

Su pregunta me dejo fuera de juego. Era cierto que su comportamiento había resultado del todo extraño desde mi llegada. Su velocidad, su oído superdesarrollado, sus cambios de humor repentino y esos través que le daban a veces—relacionados sobre todo con los de la noche pasada-. Sí, definitivamente un humano normal ya se habría despeñado por la montaña y en su lugar estaba yo, que soportaba todo aquello que fuera capaz de serme extraño por el simple y mero hecho de que se trataba de él.

Fui consciente entonces de la gravedad de mis palabras y de lo que ello conllevaba. ¿Cómo había sido posible? Solo llevaba dos días con él. Sí, estaba ese sentimiento desenfrenado que me provocaba cuando se acercaba a mí, las ganas de tenerlo cerca, de olerlo, de besarlo cada vez que movía los labios y de apretarlo contra mí, dejarme llevar por las hormonas. Sin embargo eso no explicaba que no me asustara todo lo que él era y aún así siguiera con él. ¿Cuándo había ocurrido?

El me zarandeó con cuidado y me sacó de mis cavilaciones. Entonces pensé en algo.

-Responde tu primero a mi pregunta y yo te diré por qué aún estoy aquí.

El soltó una risa sarcástica.

-Ni lo sueñes—respondió serio.

-¿Puedo saber al menos por qué en este caso?

-Porque estoy seguro de que esta vez sí que saldrías huyendo.

-Hasta ahora creo haberlo hecho bien. Ponme a prueba—lo reté.

El negó con la cabeza. Luego hice algo que me sorprendió tanto a mí como a él. Lo atraje hacia mí y lo bese con ardor. Él se resistió un poco al principio pero luego me rodeó con los brazos y me apretó contra sí. Nuestros labios se reencontraban una y otra vez y nuestras manos acariciaban con avidez allí donde tocaban. De pronto Edward aspiró con fuerza y se separó de golpe jadeado, con los ojos más negros que nunca.

Yo sonreí victoriosa.

-¿Crees que no me doy cuenta de que desde anoche no te has acercado a mí ni un solo instante? No es que no me moleste, pero teniendo en cuenta que desde que llegué has aprovechado cualquier ocasión para hacerme perder la cabeza, estoy segura de que tu repentino alejamiento tiene algo que ver con el hecho de que me haya bajado la regla. Y dudo mucho de que se trate de un repentino ataque de halitosis.

El me miró jadeante y con una expresión indescifrable.

-Eso no tiene nada que ver…-aseguró en voz baja. Vi como flaqueaba.

-¿De verdad? Porque yo si he sentido ese ligero rechazo por tu parte desde entonces…-entonces sonó un clic en el interior de mi cabeza-… ¿o es que por el contrario, eso te hace sentirte más ansioso?

Recordé como la noche anterior casi me hace el amor en el baño nada más acercarse lo suficiente a mí. Se había encendido como una mecha y estaba segura de que no era simplemente por la pasión desenfrenada que había surgido de un momento para otro. El parecía ansioso por saber cuánto me iba a durar el periodo y lo preguntó gimiendo, pero no de disgusto. De algún modo había dado con algo clave en todo esto y estaba dispuesta a llegar al fondo.

Él parecía más nervioso que nunca. No dejaba de mirarme con los ojos muy abiertos, como si mis palabras fueran la cosa más extraña del mundo. Supe que estaba intentando hacerme dudar pero ya no había marcha atrás.

-¿Por qué Edward? Y no trates de confundirme—le advertí cuando vi que intentaba replicar—sé perfectamente de qué estoy hablando y a tozuda no me gana nadie—lo miré desafiante—anoche parecías bien dispuesto a llegar hasta el final hasta que de un momento a otro saliste corriendo. ¿Qué temías hacer?

-Bella…-rigió intentando amedrentarme. No lo consiguió. Quería terminar con esto de una vez por todas.

Para contrarrestar me acerqué a él, lo agarré por la camiseta y pequé mi cuerpo al suyo.

-Dímelo Edward—intenté suavizar el tono—no voy a salir corriendo. No lo he hecho hasta ahora y te aseguro de que nada de lo que me digas podrá hacerme cambiar de opinión.

-Estoy completamente seguro de que eso no es cierto. Si lo supieras, huirías de mí sin pensártelo dos veces, sin mirar atrás ni un solo segundo. Como lo han hecho todos.

-¿De qué hablas?

El me miró intentando buscar una sombra de duda a través de mis ojos, pero no la encontró. Cogió aire.

-A diferencia de Quasimodo, que siempre había creído ser un monstruo, yo SOY un verdadero monstruo.

-Edward nada de lo que hayas hecho puede ser tan horrible como para…

-No Bella, no lo entiendes—dijo agarrándome por los brazos con fuerza. Sentí que la presión me dolía un poco—soy un monstruo, no solo por mis actos. Soy un monstruo en esencia.

Di vueltas a sus palabras mientras lo miraba todavía sin comprender. Estaba segura de que tenía que prepararme para lo que estaba a punto de venir, pero no quería que él notara algún cambio en mi determinación.

-Dilo de una vez Edward…

El respiró hondo.

-Tienes razón. Me atraes muchísimo. Desde que llegaste aquí ha sido una constante lucha por no abalanzarme encima de ti, por no dejarme llevar por el instinto, por no volverme completamente loco por tu aroma—conforme hablaba su rostro se fue pegando al mío, como si la cercanía me fuera a ayudar a comprender la esencia de sus palabras—Cada vez que te tengo cerca siento unas irrefrenables ganas de tomarte, pero el problema no es que solo desee tomar tu cuerpo—añadió intentando explicarse de la mejor manera.

Anoche, cuando capte tu esencia—pegó su nariz a mi cuello y su aliento me hizo estremecer—esta era mucho más fuerte de lo que podía llegar a imaginar. Por sí sola es fuerte, pero justo ahora es embriagante, desquiciadora, supone para mí un terrible esfuerzo el no abalanzarme y tomar de ti todo lo que me puedes ofrecer.

Trataba de encontrarle el doble sentido a sus palabras pero todavía estaba tratando de encontrar la concentración justa para escucharle. Finalmente me miró directamente y me dijo:

-Porque hay algo de ti que me llama, que canta para mí y que deseo con toda mi alma.

Durante unos minutos no procesé sus palabras. Era todo muy confuso y no terminaba de entenderlo. Fue cuando me concentré en su expresión, una mezcla de sufrimiento, impaciencia y algo más que hasta el momento no había sabido definir. Ferocidad.

Entonces la verdad me cayó como un balde de agua fría. El dónde vivía, sus extraños cambios de humor, esa velocidad que nada tenía de humana, su inesperado deseo cuando olió mi… sangre.

La comprensión me llegó de un momento para otro y mi cara fue como un espejo de mis pensamientos para él. Mis ojos se abrieron de par en par mientras intentaba analizar lo que me estaba contando. ¿Me había vuelto loca?

-¿Eres algo así como un… vampiro?

Nuevamente, su silencio fue más revelador que sus palabras. Ahora todo tenía sentido, de un modo perturbador y un tanto macabro. Mi mente era un revoltijo de emociones contradictorias que no me dejaban elaborar una respuesta adecuada.

-Oh…-me limité a decir.

-¿Oh? ¿Eso es lo único que vas a decir?

Seguí mirándolo sin mostrar ningún tipo de expresión que lo hiciera alejarse de mí, me gustaba demasiado su cercanía. Analicé las circunstancias. Sí, el era vampiro. Sí, tenía sed de mi sangre. Pero, ¿por qué en vez de huir despavorida sentía cierta pena? Creo que tenía que ver con el hecho de que pensaba que su deseo hacia mí tenía que ver con algo totalmente mundano. El hecho de que mi sangre interfiriera en eso me hacía sentir un poco decepcionada. Algo estaba muy mal en mí.

-Has entrado en shock, ¿verdad?—dijo desesperado.

-No… Creo… que sigo aquí—respondí simplemente.

El me miró como si el pelo se me hubiera teñido de verde.

-Sí…

Lo volví a mirar.

-Eres un vampiro—volví a decir.

-Sí—confirmo él.

-Y sigo aquí…-le sonreí consciente de mis palabras.

El tomó mis manos y las colocó a ambos lados de su cara, como si temiera que yo fuera echar a correr en cualquier momento.

-Solo hasta que seas completamente consciente de lo que ello implica.

Negué con la cabeza. La verdad, aunque al principio resultaba increíble, se había ajustado a su descripción como si estuviéramos hablando de un par de zapatos nuevos o algún corte de pelo que no dejaba de hacerlo tan atractivo como cuando lo vi por primera vez. Era parte de él y en el fondo es como si siempre hubiera sabido que era especial, que se salía de las reglas.

-Eres un vampiro—repetí ya como una verdad en toda regla—y tienes sed de mi sangre.

El asintió preparado para verme correr, como si mi mente todavía estuviera intentando darle un sentido a todo aquello.

-¿Entonces yo no te gusto ni un poquito?

Su cara era un chiste. Se había quedado con la misma expresión que si le hubiera dado una bofetada.

-Que… ¿qué?—puso cara de póquer.

-Pues que si solo te atrae mi sangre, pero resulta que eso sería un duro golpe para mi autoestima y sinceramente han sido demasiadas emociones por esta tarde—dije frunciendo el ceño.

-¿Yo te cuento que soy un monstruo chupasangres y tú te preocupas por si me atraes como mujer?—estaba totalmente perplejo.

-No eres un monstruo, solo un ser con una dieta alimenticia diferente a la mía—respondí como si esa fuera la respuesta más lógica del mundo.

-Definitivamente a ti se te ha bloqueado el cerebro.

-¡Claro que no! Hay monstruos y monstruos y te puedo asegurar que hay humanos mucho más monstruosos que tu. Para mí la definición de monstruo está en cómo actúas, no en lo que eres.

Ahora al que se le había bloqueado el cerebro era a él.

-¿Y qué te hace pensar que no soy ese tipo de monstruo?—inquirió levantando una ceja, aunque su expresión quedó un tanto rara debido a que sus ojos aún eran demasiado grandes.

-Me has tenido aquí dos días y en vez de devorarme me has cuidado y me has dado de comer, por no hablar de que me has acogido en tu casa sin reparos. A mí eso no me parece de monstruos.

-¿Y qué te hace pensar que no lo hago para aprovecharme de ti ahora mismo?

Ya me estaba hartando un poco el que siguiera intentando convencerme, así que opté por la opción más fácil. Lo sujeté por el pelo y lo atraje hasta mi cuello.

-Nada te impide tomarme aquí y ahora. Si así lo deseas no pondré reparos y te lo permitiré sin oponer resistencia.

Él jadeo con su boca pegada a mi yugular.

-Nada te impide morder y tomar lo que deseas.

Su respiración se volvió errática. Su deseosa lengua lamió allí donde mordería y por un momento deseé de verdad que lo hiciera. Noté el roce de sus dientes contra mi piel justo antes de que se apartara bruscamente, temeroso.

-¿Lo ves? Si de verdad fueras lo que dices hace mucho que lo hubieras hecho, no te habrías andado con tantos rodeos.

El me miró todavía sin comprender.

-¿Por qué…?—dejó la pregunta sin acabar.

Yo volví a acercarme a él, me puse de puntillas y apreté levemente mis labios contra los suyos, sin vacilación.

-Porque pese a que parece que en tu caso no es lo mismo, yo me he enamorado de ti—y volví a besarlo más profundamente…

HOLA HOLA!

¿CÓMO ESTÁIS TODAS CHICAS?

LAMENTO MUCHO LA TARDANZA, PERO HE TENIDO QUE APROVECHAR QUE MAÑANA NO TENÍA EXÁMENES PARA ESCRIBIR UN POCO ASÍ QUE DISCULPARME SI EL CAP NO ES LO SUFICIENTEMENTE EXTENSO.

¿TENIA QUE PASAR TARDE O TEMPRANO NO? YA SE HA ENTERADO Y PARECE QUE NO HA HUIDO, PERO ¿SE PODRÁ DECIR LO MISMO DE EDWARD?

DISCULPADME NUEVAMENTE POR LA TARDANZA PERO ME ESTÁ SIENDO DIFICIL COMPAGINAR LAS CLASES CON EL OCIO Y ESCRIBIR DOS FICS AL MISMO TIEMPO NO AYUDA MUCHO QUE DIGAMOS, ADEMAS DE M INTENTO DE LIBRO POR OTRA PARTE.

ESPERO QUE OS GUSTE EL CAP Y QUE NO OS HAYAIS CANSADO DE ESPERAR. NO HAY MUCHO LEMON EN ESTE PERO PROMETO QUE LO QUE VIENE NO OS VA A DECEPCIONAR.

VIENVENIDAS LAS NUEVAS LECTORAS, ME HA SORPRENDIDO MUCHO LA ACOGIDA QUE HA TENIDO ESTE FIC, ESTOY MUYYYYY CONTENTA¡

ME DEJÁIS UN REVIEW?

BESITOS, SELE.