A este capítulo le puse algunos toquecitos de humor porque siento como que la trama se me pasó de seria-oscura-tragediosa en los últimos dos capítulos, jaja... vale, este también es tragedioso :/ Lo intenté! D:

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"Porque la venganza es un

Plato que se sirve frío…"


Capítulo 7: Ángel de la exterminación

Él no sabía exactamente en qué momento se había decidido a salvarla. ¿Sería acaso que aprovechó la oportunidad de que Madara tuviera asuntos qué atender y no le interesara ver la muerte de Hinata? Para él las coincidencias no existían, solo lo inevitable. Así que supuso que era cosa del destino el que Hinata siguiera viva. No era cosa de él. Él no era el héroe de nadie.

— Por allí. –le indicó Itachi unas escaleras con enredaderas que llevaban hasta el suelo firme desde la ventana de su habitación. Aunque le disgustara, Hinata tuvo que aceptar la ayuda de Itachi para poderse bajar hasta la escalera y empezar a descender por ella. Tuvo que tomar sus grandes y rasposas manos... sus cálidas manos. Ella misma temblaba un poco, no era nada fácil tener al asesino de su familia ayudándole a escapar. No sabía cómo reaccionar a ciencia cierta. Por un lado quería que él muriera, que sufriera... por otro lado, no podía desearle eso si le estaba sacando de aquella boca de lobos. Itachi le provocaba terror, le daba mucho miedo su presencia entera, sus ojos rojos, su mirada fría y sin emociones.

Ella se sentía confundida, preguntándose si realmente aquello estaba pasando y deseando que Kakashi estuviera ahí con ella para que le dijera si era verdad que Itachi le estaba salvando la vida o si sería una alucinación. Ni un loco le creería cuando le dijera que Itachi Uchiha la había ayudado a escapar de una muerte segura en la mansión Uchiha y que aparte le salvaría la vida al prometerle que le diría a Madara que en verdad la había aniquilado.

Cuando termino de bajar la escalera quiso correr, pero Itachi corrió detrás de ella, alcanzándola de inmediato y la jaló del brazo con fuerza hasta hacerla chocar contra su pecho. Inmediatamente Hinata se separó de él lo más que pudo.

— Hey, ¿A dónde vas? ¿Acaso sabes el camino para salir sin que te maten? –la regañó. Hinata soltó un quejido y se llevó la mano libre al agarre de Itachi, entonces él se dio cuenta de que había apretado su brazo más de la cuenta y enseguida la soltó. –Lo siento. –se disculpó sintiéndose un poco idiota por olvidar que debía tratar a las chicas con delicadeza, era culpa de su trabajo, casi nunca socializaba con mujeres… de hecho, casi nunca socializaba con nadie. –Vamos al estacionamiento. –le ordenó y le indicó el camino para que ella empezara a caminar. Él la siguió muy de cerca y pronto se hallaron en un espacio de tierra blanda donde había varios autos estacionados.

Llegaron entonces frente al auto de Itachi. Él sacó las llaves y abrió el portaequipajes.

Hinata lo vio con cara de "No entraré ahí".

— Solo será mientras paso la caseta que está en la entrada de la mansión. –le aseguró. Hinata no quería entrar allí. Igual y a Itachi le daba la gana dejarla ahí y nunca más abrir el portaequipajes, o a saber a cuántos muertos había trasladado allí… un momento, ¿esa manchita de allí era sangre seca? –Solo entra, maldita sea. –se quejó Itachi cabreado, en cualquier momento podrían descubrirlo y sabía que si lo hacían no lo dañarían a él, sino a su pequeño hermano Sasuke; su talón de Aquiles. Entonces, enojado, Itachi cargó a Hinata a la fuerza y la dejó caer en la cajuela y sin asegurarse de si había entrado bien o no, solo bajó la tapa con fuerza. No escuchó ningún golpe, así que supuso que ella estaba bien. –Tontas chicas. –volvió a quejarse. "Todavía de que me las doy de santo y me pongo a salvarla, se queja del portaequipajes", pensó de mala gana.

— Itachi. –le habló Fugaku detrás de él. El corazón de Itachi estuvo a punto de sufrir un severo paro cardíaco.

— ¿Sí, padre? –se volvió hacia él. ¿Habría visto algo?

— ¿Qué crees que estás haciendo? –lo interrogó Fugaku con una ceja enarcada y los brazos cruzados. ¡Mierda! Seguro había visto a la reclamona de Hinata.

— Tío Madara me ordenó asesinar a alguien y justo ahora voy a deshacerme del cuerpo. –le explicó intentando mostrarse seguro de sí mismo, aunque falló en sostenerle la mirada a su padre.

— ¿Eso no es trabajo de los Blancos? –su padre entornó la mirada hacia él y se acercó. Itachi tragó saliva y sintió que había tragado un elefante entero.

— Eh… sí pero… – ¡Oh, maldición! Y ahora estaba tartamudeando. ¿Quería entregarse en bandeja de plata o qué? Se obligó a tranquilizarse. –Es Hinata Hyuga, la asesiné en mi cuarto y tío Madara me dijo que me deshiciera de ella personalmente. –respondió con la tranquilidad de quien hace eso todo el tiempo.

Fugaku entrecerró los ojos, viéndolo con duda.

— Curioso. –opinó Fugaku. Itachi ya se sentía desmayado. –Estúpido Madara, cree que puede ordenarle al Red Killer el trabajo de un Blanco. –se quejó.

— Está bien, padre. –agregó Itachi. –No tengo problemas con eso. Además, no me gusta mucho estar aquí. Pasaré la noche en mi departamento. –exclamó con seriedad y volviendo a su actitud de frialdad ahora que sabía que Fugaku no había visto nada.

— Si no fueras el Red Killer te habría dado una patada por haber dicho eso, pero está bien, haz lo que quieras. Entre menos te vea es menos estrés para mí. –musitó Fugaku con desprecio y luego caminó hasta entrar en su auto. Itachi lo imitó y entro a su auto también y esperó a que su padre saliera primero del estacionamiento.

— Jesuschrist. –susurró Itachi aliviado cuando entró al auto. Por el espejo retrovisor vio que el auto de su padre ya había salido del territorio Uchiha y se sintió aún más tranquilo.

Entonces encendió el motor del auto y llegó hasta la caseta, donde el guardia lo detuvo, pero en cuanto vio que se trataba de Itachi lo dejó pasar enseguida y hasta le saludó amablemente. Itachi en contestación solo le sonrió levemente y salió de la embrujada mansión Uchiha, en donde los árboles se secaban y las flores se marchitaban rápido por más fertilizante que usara el jardinero (Zetsu).

Condujo justo en medio de aquella ciudad en donde aparentemente todo era perfecto. Un presidente honrado y perfecto, unos ciudadanos sonrientes, bien vestidos y perfectos, unos restaurantes que casi no vendían comidas chatarras, limpios y perfectos, casas lindas y perfectas, policía justa, valerosa y perfecta… por eso la ciudad Lobo era tan envidiada por las demás ciudades, pero lo que no sabían era que debajo de esa monstruosa perfección había que tener mano dura para conservar la máscara de la mejor ciudad del país. Antes los límites de Lobo abarcaban hasta donde estaba el hospital psiquiátrico Siete corazones, pero desde que no pudieron controlar su mala fama ni mucho menos al corrupto del dueño del hospital, la ciudad Lobo solo se lavó las manos y rectificó los límites de la ciudad, fue realmente sencillo… y barato.

La ciudad de Lobo era bella por fuera, pero una vez que indagabas bien te podías dar cuenta de que realmente era una ciudad de filo cortante, peligrosa por dentro. El presidente no gobernaba sino los quiméricos Uchiha; famosos por su poderosa farmacéutica pero fríos y calculadores a la hora de eliminar a los estorbos.

A Itachi nunca le había gustado esa ciudad tan hipócrita para que el pequeño Sasuke creciera, pero bueno, ahora él tenía 18 años y tenía mal genio, buenas notas y buenos amigos, en general, Sasuke era un buen chico que formaba parte de los que no veían lo que la ciudad era en realidad y así estaba mejor.

Sasuke…

Su tonto hermano menor…

La única persona a quién quería proteger y su razón de haber aceptado ser el Red Killer del clan para que él siguiera siendo inocente y un buen chico.

Aparcó frente a un edificio de departamentos y apagó el motor del auto, entonces sacó su celular y marcó.

Itachi Uchiha, ¿qué puedo hacer por ti? –le contestó la voz de una chica a través de la bocina.

— Investígame cómo puedo localizar a Kakashi Hatake.

Veré si tiene celular. Dame exactamente seis minutos y te devuelvo la llamad…

Itachi colgó y esperó.

Después de seis minutos su celular vibró e Itachi contestó.

Podrías haberme escuchado un poco más y no colgarme así tan feo. –se indignó la misteriosa chica del ordenador.

— Podría. –fue lo único que dijo Itachi.

Vale, no estás de humor, realmente yo tampoco… por tu culpa. Pero bueno, Kakashi Hatake no tiene móvil. Peeero… como es un Uchiha y tiene un localizador pues te puedo dar su localización exacta ahora mismo.

— Dímela. –exigió.

Está en el hospital de la ciudad Lobo.

— Perfecto, gracias.

Guardó su móvil en un bolsillo de su gabardina y entonces encendió el auto nuevamente. Ahora ya sabía a donde ir.


o

Kakashi Hatake Uchiha

Uchiha

Su segundo apellido resonaba en su mente y no podía evitar sentirse culpable. No recordaba exactamente en qué momento su vida se había puesto de patas arriba. Su vida era un desastre y su cordura estaba harta de él y quería tomarse unas vacaciones.

Últimamente estaba viviendo situaciones algo extremas para su gusto. Alguna vez pensó que su vida se había puesto caótica desde que hizo que Hinata hablara, pero ahora se ponía a pensar que tal vez su vida siempre había sido caótica desde que nació. Ser un Uchiha era una pesadilla.

Por años había pretendido no ser parte de esa familia, se exilió del mundo y se fue a estudiar lejos de Lobo y trabajó por su cuenta, se pagó su carrera de psiquiatría, salió adelante él solo y fue reconocido como uno de los mejores psiquiatras del mundo. Hasta que un día le ofrecieron un puesto en la tranquila ciudad de Lobo y él aceptó porque: uno; quería olvidarse de ciudades grandes y días estresantes llenos de citas con pacientes, y dos; tenía la morbosa curiosidad por regresar a su ciudad de origen.

Su regreso a Lobo no lo había perturbado. Resultó tranquilo descansar un mes antes de entrar como psiquiatra en Kuroshinzou. Lo que realmente lo hizo despertar, volver a la realidad, fue Hinata Hyuga; la chica muda. Ella fue quien lo metió a su mundo, demostrándole que su vida siempre había estado llena de caos y recordándole que aunque se odiara, él era un Uchiha.

Él era Kakashi Hatake Uchiha. El renegado de su familia. La oveja blanca.

— Listo. –la voz de Kurenai lo hizo regresar a la realidad. Sus pensamientos lo estaban abrumando mucho y hasta le dolía un poco la cabeza.

Asuma y ella estaban pagando la cuenta del hospital con la recepcionista del lugar mientras él estaba sentado en una sillón mirando las paredes blancas del lugar. Blancas. Blanco. Cómo odiaba ese color. Su dolor de cabeza se incrementó un poco más.

"¿Será preciso tener que hacerle daño a Itachi para recuperar a Hinata? O más importante, ¿aún habrá una chica qué recuperar?" pensaba Kakashi dejándose abrumar por sus pensamientos otra vez. "Tienes que ser positivo, Kakashi" se dijo a sí mismo mentalmente.

— ¿Necesitas algo antes de irnos? –le preguntó Asuma al verlo tan ido del mundo. Kakashi parpadeó un par de veces y vio a Asuma esperando una respuesta.

— Un auto nuevo. –sugirió con sarcasmo e intentó sonreír pero no lo logró.

— Muy gracioso. –sonrió Asuma. – Te veo preocupado. Tranquilo, Hinata estará bien. Iremos por ella a como dé lugar.

— Sí. –Kakashi asintió y luego se levantó.

— ¿Seguro que no quieres ponerte tu típico cubre bocas? –inquirió Asuma preocupado. Kakashi era… ¿Cómo describirlo perfectamente con la cara descubierta? Como una especie de modelo de ojos pequeños y afilados; sexys, y un rostro blanco y liso sin ninguna imperfección, combinado con su extraño pero atrayente cabello plateado desordenado y su cuerpo atlético… Kakashi era casi un dios. Y eso preocupaba un poco a Asuma, más en Kurenai no hacía ningún efecto aquél rostro, o eso quería creer ella.

— Asuma, serás tonto. –Kurenai lo fulminó con los ojos. –Ya te dije que él no me atrae.

— Más vale prevenir que lamentar, Kurenai. –musitó Asuma siguiéndola. Mientras tanto Kakashi caminó detrás de Asuma y Kurenai.

Afuera estaba aún de día, aunque no por mucho tiempo. El sol se estaba escondiendo lentamente. Era una tarde muy anaranjada, de esas en las que no importaba el mundo.

Kakashi deseaba que no le importara el mundo… sin embargo, le importaba si en el mundo estaba Hinata.

"Itachi… primo…" decía Kakashi en su fuero interno. "Si le has tocado un solo cabello a Hinata… primo… te asesinaré en cuanto te vea".

Los tres estaban caminando por la acera para llegar al auto de Asuma. Kakashi no sabía a dónde irían exactamente después de que subieran al auto…

— En cuanto subamos al auto te llevaré a comer una hamburguesa amigo, te vez fatal. –le dijo Asuma respondiendo la duda del peliplateado.

De repente un estruendoso rechinido de llantas en el pavimento les hicieron volver el rostro para ver quién había frenado tan de improvisto cerca de ellos.

Los ojos de Kakashi se abrieron a su máxima expresión cuando vio quién estaba mostrando la ventanilla del auto negro que estaba detenido a mitad de la calle. Un par de ojos rojos le observaron a él también. Kakashi sintió que el odio, el resentimiento y la ira lo consumían rápidamente. Sintió que de repente tenía ansiedad por matar a cierta persona.

Aquél hombre joven del auto era el misterioso y de belleza sobrenatural; Itachi Uchiha. Definitivamente era él, sus ojos estaban pequeños y entrecerrados, derramando una monstruosa confianza en sí mismo, su cabello seguía opaco, largo, liso y sedoso, tan sedoso como para ser la envidia de cualquier mujer. Él parecía un vampiro sacado de algún cuento. Asuma lo vio también… era probablemente el único hombre joven capaz de competir con Kakashi, estéticamente hablando.

Sacó la mano y dejó caer una tarjeta al pavimento. Apenas soltó la tarjeta cuando vio que enseguida Kakashi corría hacia el auto, así que mejor pisó el acelerador a fondo para que no lo alcanzara.

— ¡ITACHI! –gritó Kakashi con fuerza en medio de la calle, a punto de que sus cuerdas vocales se rompieran. – ¡ESTÁS MUERTO! –lo amenazó… no, había sido una promesa. Le estaba asegurando que en el momento en que se atrevió a llevarse a Hinata ya estaba muerto, solo que él aún no se había dado cuenta.

— ¡Recoge eso! –exclamó Kurenai.

Asuma se apresuró a levantar la tarjeta de la calle.

— ¡Al auto, tenemos que alcanzarlos! –aseveró Kakashi casi histérico.

— Un momento, Kakashi, mira esto. –jaló a su compañero hasta la acera y le mostró la tarjeta. Kakashi se la arrebató y la leyó con desesperación.

Hotel Katsumoto. Suite presidencial, piso 2, Número 13.

Te entregaré a Hinata-chan.

— Andando. –los apresuró Kakashi. No sabía si era verdad, pero no tenía opción. Si eso significaba que tenía al menos una oportunidad en un millón de ver a Hinata con vida no iba a desperdiciarla.

— ¡Por acá está el auto! –corrió Asuma.

Era un Charger azul marino muy bonito.

—Yo conduzco. –Kakashi estiró la mano para recibir la llave.

— ¡Hasta crees! –Asuma se metió con rapidez al asiento piloto para que Kakashi no le ganara. –Yo sé lo demente que conduces.

— Tú no te atreves a correr rápido, dale el auto a Kakashi. –le ordenó Kurenai desesperada.

— Te aborrezco, Kakashi. –gruñó Asuma pero finalmente se pasó al asiento del copiloto y dejó el asiento principal para Kakashi, mientras que Kurenai iba atrás.

Kakashi cerró la puerta con rapidez, salió del estacionamiento al lado de la acera y luego hundió el pie en el acelerador, conduciendo como solo él sabía hacerlo; como un demente.


o

— Baja.

Estaba harta de él y sus malditas órdenes.

— Camina.

No lograba tranquilizarse al saber que Itachi estaba detrás de ella. La persona que había asesinado cruelmente a su amada familia.

— Entra al elevador.

Quería llorar.

— Por aquí.

Pero él le había dicho que la llevaría con Kakashi.

— Entra.

En verdad no había relación entre esos malditos Uchiha y Kakashi, eran de caracteres totalmente opuestos.

— Siéntate.

Ya no soportaba respirar el mismo aire que él.

— Bésame.

Quería salir de allí… un segundo, ¿qué? Hinata volteó a verlo aterrada.

— Solo era broma. –sonrió de medio lado.

Hinata lo odió en ese momento. ¿Cómo podía burlarse de ella así como si nada hubiera pasado?

— Das asco. –le susurró su primer insulto de grado mayor en su vida. Itachi se lo merecía. En verdad no tenía sentimientos.


o

Kakashi frenó en seco en donde estaba aquel lujoso hotel Katsumoto.

— ¡En doble fila no! –lo amenazo Asuma pero en ese momento Kakashi ya había abierto la puerta del auto y había bajado rápido, corriendo tan velozmente como sus piernas se lo permitían. Deseaba ser un leopardo en ese momento.

Entró corriendo a la recepción pero dos guardias se interpusieron.

— ¡Señor, un momento! No podemos dejarle pasar. –le anunció la recepcionista mientras los guardias sujetaban a Kakashi.

— ¡¿QUE?! ¡Señorita, tiene que ser una maldita broma! –se quejó Kakashi forcejeando con violencia.

— ¡Ninguna broma! –exclamó ofendida la recepcionista.

Por buena suerte Kakashi tenía la extraña costumbre de llevar su cartera a donde quiera que fuera. Asuma le había entregado la cartera en el hospital, entonces la llevaba en el pantalón negro.

— ¡Lo tengo, lo tengo! –Kakashi se sacó la cartera y de ella sacó una identificación.

La recepcionista la tomó y la leyó sorprendida.

— Un Uchiha. ¡Pase enseguida, señor! Disculpe las molestias. –hizo una reverencia al igual que los guardias.

A veces... raras veces... bueno, casi nunca, ser un Uchiha tenía sus ventajas en Lobo. Kakashi se dio prisa y entró al elevador. Pulsó desesperadamente el número dos.

El elevador avanzó lentamente, tanto que Kakashi comenzó a golpearlo con el puño.

— Vamos, maldita chatarra. –murmuraba enojado.

Abría y cerraba las manos compulsivamente de lo desesperado que estaba. Finalmente después de una eternidad el elevador abrió sus puertas y Kakashi salió corriendo, deteniéndose por momentos para ver los números de las puertas.

10… 11… 12… ¡Y 13!

Se mordió el labio inferior para intentar controlar toda esa adrenalina que traía cargada. Ya casi sentía el cuello de Itachi entre sus manos. Llegó al frente de la puerta y antes de hacer cualquier cosa, acercó el oído a la puerta para intentar escuchar algo, pero no se oía nada más que el silencio.

¿Hinata estaría bien? No dejaba de preguntarse eso en su mente.


o

El silencio frío, turbio, denso y cortante abrazaba con fuerza aquella mediana habitación de color azul marino, una de las habitaciones de la suite presidencial de Itachi. Ambos se miraban fijamente, Itachi la miraba con cansancio, preguntándose qué estaría sintiendo aquella chica al tener al asesino de su familia a escasos metros, mientras que Hinata lo miraba como si quisiera asesinarlo en ese instante e Itachi no la culpaba. Los ojos de ella estaban llenos de un extraño odio tranquilizado, tan calmado que Itachi se sentía incómodo.

Ella podía ver la sangre escurriéndose de Itachi, la sangre saliendo de sus ojos, de la nariz, de la boca, de los oídos, de cada milimétrico poro de su piel. Él no lo sabía, pero ya estaba muerto.

— Siento lo de tu familia. –declaró Itachi con un miligramo de culpa en su cabeza después de haberla molestado como un completo patán.

— No te creo. –musitó con acidez, sintiendo la bilis subiéndole por la garganta.

Su familia... Hanabi... Neji... Hiashi... Si los recordaba y veía a Itachi, sentía que podía matarlo en ese momento. Pero una cosa se lo impedía... la probabilidad de poder encontrarse con Kakashi.

Se sentía mal, inmunda y estúpida hablando con el asesino, quería que muriera en ese segundo, quería que de repente se tropezara y se disparara a sí mismo por accidente, o se ahogara con un trago de agua… lo que fuera, pero que muriera ya. Nunca antes le había deseado la muerte a nadie más que a él y a Madara, ellos habían hecho un agujero grande en el corazón de Hinata, un agujero que cada vez se hacía más grande y más difícil de soportar. Ellos habían sembrado oscuridad en ella.


o

Con algo de nerviosismo llamó a la puerta un par de veces, tocándola con los nudillos. Apretó las manos en puños, preparándose para lo que fuera, tanto física como mentalmente. Sus sentidos se pusieron alertas y la adrenalina no dejaba de recorrer cada centímetro de su cuerpo.

De repente escuchó pasos allí dentro y luego vio que la puerta chirriaba levemente, indicando que iba a ser abierta.

Un hombre joven fue quien abrió la puerta, un pelinegro de larga cabellera suelta y ojos rojos. Kakashi no pudo evitar lanzar su puño contra la parte de abajo de la barbilla de Itachi. Le dio un fuerte derechazo que hizo caer a Itachi estrepitosamente hacia atrás, hasta el suelo y con los ojos cerrados por el dolor. Kakashi sin dudarlo le había dado un golpe peligroso, incluso mortal, pero Itachi lanzó un quejido de dolor y el peliplateado supo que su primo seguía vivo. Mala hierba nunca muere, ¿cierto?

— ¡¿Dónde está, desgraciado?! –le exigió Kakashi con violencia, yendo hacia Itachi, inclinándose hacia él y agarrándolo con fuerza de las solapas de su gabardina negra. – ¡¿Qué le has hecho?! –gruñó, sentía que el puño con el que le había golpeado ardía mucho y que los ojos le escocían en sobremanera, pero no se permitió derramar ni una lágrima, tenía que ser fuerte en ese momento, sin debilidades.

Itachi sonrió misteriosamente de medio lado, mirándolo con sus fijos ojos rojos. ¿qué significaba esa mirada, esa sonrisa sarcástica? ¿Qué? Kakashi temió lo peor.

Y luego de eso, luego de que creyó que todo estaba perdido, que no había esperanza, que ella estaba ya muerta… escuchó su delicada voz. Su voz de ángel, su voz…

— K… Kakashi…

Él volteó hacia su izquierda. Abrió los ojos a su máxima expresión, sus dos ojos; el oscuro y el rojo, ambos ojos, exponiéndolos al mundo, a ella. Ahí estaba ella, completa, aparentemente sana, linda, con una cortada en la ceja y algunos moretones en los brazos… pero finalmente completa, ella, viva, Hinata, la pálida luna que iluminaba su vida.

— Eres tú. –la voz de ella se quebró y luego sus lágrimas cayeron, sus ojos se enrojecieron, al igual que sus mejillas. Dio un paso adelante, dudosa.

— ¿Te han hecho daño? –inquirió él, levantándose sin quitarle los ojos de encima. – ¿Estás bien? –una vez erguido, dio un paso hacia ella y antes de que siquiera diera otro, Hinata no lo soportó más y corrió hacia él dejando que sus sentimientos la gobernaran como quisieran. Ella corrió hacia él con los brazos extendidos y chocó contra él, abrazándolo con fuerza, con verdadera fuerza. Apretaba sus brazos en torno al tórax de Kakashi como si su vida dependiera de ello.

Mientras tanto, Kakashi se quedó entre sorprendido, cohibido y hecho piedra cuando sintió que Hinata lo abrazaba de una manera tan desesperada.

Él no tardó en reaccionar, le pasó un brazo por sus delgados hombros, y con la otra mano le acarició la cabeza, su lacio cabello, intentando tranquilizarla porque Hinata lloraba sonoramente, con dolor, con miedo, con tristeza.

— Tranquila, estoy aquí. –le habló quedamente. –Aquí estoy, Hinata-chan. Perdóname, no te dejaré sola nunca más.

Mientras la mantenía junto a él, Kakashi volteó al lado y vio que Itachi se incorporaba y que se quedaba alejado de ellos recargado contra la pared, como esperando a que pasara el momento emotivo. Kakashi entrecerró los ojos y lo vio con desconfianza.

— No me mires así. Les estoy salvando el trasero, ¿me oyes? –musitó Itachi.

— ¿Salvándonos? Vete a donde ya sabes. –intervino Kakashi mirándolo con coraje.

— ¿A la mierda? Claro. ¿Pero por qué no lo dices completamente?

— Porque no quiero ser grosero frente a ella. –contestó mientras Hinata seguía abrazándolo.

Itachi lanzó un leve bufido.

— Kakashi-kun, tiempo sin hablar… años sin hablarnos para ser exacto. –le sonrió, de verdad estaba contento de ver a su primo después de tanto. Ellos se llevaban muy bien cuando eran niños, parecían casi hermanos y jugaban juntos hasta que ocurrió el "accidente" del padre de Kakashi. –Me da gusto verte, enserio, lástima que sea en esta situación. Madara quiere a la chica muerta.

— Sabes que no te dejaré tocarla mientras ella esté conmigo. –le advirtió.

— ¿Sí? ¿Cómo cuando me pediste que no le hiciera daño y confiaste en mí? Terminé raptándola, por si lo olvidaste. –bromeó, manteniendo su cara seria.

Kakashi se sintió un maldito cuando dijo eso, tenía razón.

— No es culpa de Kakashi. –Hinata se alejó un poco y le dio la cara a Itachi, mostrándole sus lágrimas. – ¡Él es el único que me ha protegido de ustedes! –le gritó con su voz dulce. –El único que me cree. Así que no intentes hacerlo sentir mal. –lo miró con dureza, con valentía, con el ceño fruncido levemente. Itachi se esforzó en mirarla intimidatoriamente, pero la mirada de Hinata no se rindió ante él, siguió mirándolo con odio y resentimiento.

Por un momento nadie dijo nada. Solo Kakashi inclinó su rostro para ver a Hinata, sintiendo que de repente quería sonreír, pero se aguantó, sabiendo que no era el momento justo para hacer eso.

Itachi la observó con detenimiento. Ella no mostraba miedo alguno ahora, parecía que Kakashi le transmitía seguridad, o simplemente la chica tenía su total confianza en que Kakashi la protegería y por eso no se preocupaba.

— Voy a intentar remediar mi daño. Estoy dispuesto a decirle a Madara que terminé con la vida de la chica. –Itachi se dirigió a Kakashi.

— Wow, qué perfecto. ¿Esa es tu idea de remediar el daño que le causaste? Itachi, te has ganado la entrada al cielo. –musitó Kakashi con sarcasmo.

— Tómenlo o déjenlo. –les ofreció sin una pizca de humor.

— ¿Por qué haces esto? ¿Por qué estás dispuesto a tomar ese riesgo, Itachi? –Kakashi no podía confiar en él. – ¡No confío en ti! ¡Eres un asesino!

— ¿Sí? ¡Pues tú tampoco eres una persona de fiar! ¡Asesinaste a tu padre!

— ¡Tú sabes que eso no es cierto!

Kakashi sintió que Hinata se estremeció ligeramente y que se separó de él, mirándolo con un poco de duda.

— ¿Oh, no te lo ha dicho, pequeña Hinata? –dijo Itachi.

— Sabes que no es verdad. –vociferó el otro.

— Yo te contaré la historia. –ofreció el de ojos rojos.

— ¡Itachi! –gritó el peliplateado, dedicándole una mirada de advertencia.

— Si tanto la amas ella debe saber quién eres.

— ¿Amar? –interrumpió Hinata, dejándolos a los dos sin habla. –Yo sé quién es Kakashi. No me importa quién haya sido en el pasado o qué dices que hizo, yo lo conozco, Kakashi nunca haría nada malo.

— No le has contado todo de ti. Debes hacerlo. –le aconsejó Itachi más tranquilo.

— ¿Y tú quién te crees para venir a darme consejos? No eres nadie, Itachi. –lo miró enojado. – Ahora dime, ¿por qué estas ayudándonos? –volvió a preguntar Kakashi.

Itachi se tomó algunos segundos para contestar.

— Porque sé que si la daño a ella, te daño a ti. –musitó con una mirada llena de sinceridad.

Un silencio sepulcral invadió la habitación enseguida. Era una extraña escena.

— ¡Estamos aquí! –llegó Asuma alarmado entrando por la puerta abierta con Kurenai detrás de él. Ambos se quedaron hechos piedra al ver de frente al Uchiha, lo reconocieron de inmediato al verle los ojos rojos penetrantes en ellos. – Kakashi, ¿están bien?

— Sí. –respondió Kakashi. Hinata miró a aquellas dos personas con curiosidad. –No te asustes, ellos están ayudándonos. –le explicó él.

Algunos segundos después de la llegada de Asuma y Kurenai, unos cansados guardias también llegaron corriendo para apresar a quienes se habían metido a la fuerza.

— No, no. –negó Itachi. –Está bien. –musitó haciendo que los guardias se fueran de allí inmediatamente, cerrando la puerta tras de sí.

— Así que tú eres Itachi Uchiha. –Kurenai lo observó con una mirada afilada, con repugnancia y odio.

— Kurenai, cálmate. –le advirtió Asuma deteniéndola de la cintura protectoramente.

— Él dice que nos ayudará a Hinata y a mí. –se giró Kakashi, explicándoles.

— ¿Qué diablos? –Asuma frunció el ceño, mirando a Itachi con duda.

— Es verdad. Estoy dispuesto a decirle a mi tío que Hinata está muerta ya. De hecho, para ser exacto, él piensa que ya está muerta, que yo fui a deshacerme de su cadáver. Justo hace unos minutos le decía a Kakashi que pienso seguir con esa mentira, siempre y cuando, por supuesto, Kakashi y la chica salgan de la ciudad.

— ¿Salir de la ciudad? –inquirió Hinata de inmediato. – Eso no puede ser posible. –negó ella con la cabeza muchas veces. –No, no y no. Kakashi dile que eso no sucederá. –suplicó Hinata. – ¡Díselo, por favor!

— Intento ayudarte, niña. –Itachi alzó la voz.

— ¿Tú? –Hinata lo vio con asco. Luego se volvió con Kakashi, tomándolo del brazo. –No nos iremos de Lobo, ¿verdad?

— Hinata, cálmate. –Kakashi la tomó por los hombros. –Haremos lo que tú quieras.

Hinata derramó una lágrima, sonriendo con dolor.

— ¿De verdad? –susurró ella con su voz delicada. Kakashi asintió.

— Kurenai, ¿puedes llevar a Hinata al baño? Necesita arreglarse el cabello. –musitó Kakashi. Kurenai lo vio con una ceja enarcada, no entendiendo para qué quería que hiciera eso, pero Asuma le envió una mirada de que así lo hiciera, así que Kurenai se adelantó hasta donde estaba Hinata.

— Vamos, cariño, hay que lavarte la cara. –le habló con voz maternal y le pasó un brazo por los hombros. Hinata vio a Kakashi y éste asintió, indicándole que estaba bien.

Finalmente Hinata guio a Kurenai hasta el baño de la suite. Estaba dentro de una habitación.

— Quiero lavarme la cara yo sola, por favor. –insistió Hinata. –No tardo.

— De acuerdo, aquí te espero.

Dentro del cuarto de baño, Hinata por fin pudo dejar de fingir estar bien y liberó las lágrimas que estaban conglomeradas dentro de sus pálidos y tristes ojos. Lloró en silencio todo lo que pudo, dejando que el dolor se fuera un poco para poder seguir "estando bien". No quería preocupar a Kakashi, la situación ya era demasiado cruel y dramática para su gusto y el demostrarle sus debilidades a Ojos rojos no le hacía para nada feliz, no le daría el gusto de verla llorar o despotricar contra él. No. Su padre; Hiashi Hyuga, siempre le había dicho que las victorias llegaban con "observar y esperar", y eso haría ella. Observar y esperar una oportunidad. Observar y esperar sería su carta triunfal y ella era buena observando y esperando tranquilamente.

La oportunidad se iba a presentar, estaba segura, no cabía duda, el karma no podía ser tan desgraciado con ella, no, a partir de aquél momento sabía que ella iba a ganar porque había llegado a un punto en que las cosas no se podían poner peor, no, no podían porque tenía al asesino de su familia frente a sus narices sin poderle tocar un pelo porque él era la salvación de Kakashi. No, no era la salvación de ella, ella no quería ser salvada por Ojos rojos. Hacía todo aquello para que Kakashi se salvara, él se lo merecía después de todo lo que estaba haciendo por ella, después de darle su confianza a ella. El karma finalmente iba a revertirse y la iba a favorecer.

Las lágrimas dejaron de caer tras un momento y ella se echó agua a la cara para lavarse. Se secó con una toalla pequeña y esperó a que la rojez de su nariz desapareciera. Se miró al espejo, se acomodó algunos cabellos rebeldes y el flequillo que tenía que ya se veía largo casi tapándole los ojos. Vio que su nariz volvía a ser nívea y se dio una última mirada en el espejo y se sonrió a sí misma, como dándose ánimos para aguantar un poco más. Solo un poco más.


o

— Jamás creí que te convertirías en un asesino. –argumentó Kakashi. –Eras tan asiduo a la justicia cuando éramos niños, recuerdo que siempre me peleabas el papel del detective Sherlock en las obras de la escuela.

Itachi sonrió al recordar aquello. De verdad que antes Itachi era un fanático de Sherlock Holmes.

— No tuve elección, ¿sabes? El antiguo asesino Uchiha había fallecido y los candidatos para ocupar su lugar debíamos ser tú y yo, pero para ese tiempo tú aún estabas en el hospital insistiendo en que no habías matado a tu padre y la única opción fui yo. Y seguiré cumpliendo con mi trabajo arduamente para que Sasuke-kun, mi hermanito ¿lo recuerdas?, no sea el próximo cazador de los Uchiha.

Kakashi se quedó sorprendido. No sabía que de joven había estado cerca de ser el asesino personal de los Uchihas. Pobre Itachi, había sido la única opción en aquél entonces, estaba solo, joven y obligado a aprender el arte de matar.

— Sasuke. –dijo Kakashi recordándolo. – ¿Cuántos años tenía cuando lo dejé de ver?

— No recuerdo, pero era un niño pequeño en ese entonces. Ahora ya tiene 18 y va a la universidad, estudia para ser maestro.

— ¡Maestro! Excelente, bien por Sasuke. –sonrió.

Y ahí estaban esos dos platicando como si nada hubiera pasado tras todos esos años. Siempre se habían llevado bien y se apreciaban mutuamente, no podían evitarlo, de niños habían hecho un pacto con sangre jurando que eran hermanos por siempre.

— Kakashi, ¿qué estás haciendo? –Asuma le dio un codazo en una costilla, regañándolo por socializar tanto con aquél asesino a sangre fría.

Asuma tenía razón. Estaba platicando de lo lindo con la persona que había asesinado a la familia de Hinata. Miró a Itachi y sus relucientes ojos rojos.

— Dime, Itachi, ¿te has arrepentido alguna vez de matar gente? –le preguntó el peliplateado.

— Todo el tiempo, Kakashi-kun. Todo el tiempo. Lo juro. –musitó y tanto Kakashi como Asuma vieron sinceridad en su mirada.

Que horrible trabajo tenía Itachi. ¿Cómo podría dormir por las noches sabiendo que tenía las manos manchadas de sangre? Suponía que no dormía mucho porque vio entonces que Itachi tenía ojeras pronunciadas bajo los ojos. Que terrible vida. Había hecho lo peor con tal de proteger a su hermano Sasuke.

— Tienen que irse de aquí. –les dijo Itachi. –Es peligrosa esta suite. Alguien podría venir.

— Antes dime por qué mataste a la familia de Hinata. –le exigió Kakashi pero el pelinegro se quedó callado, sin saber qué decir. – Ni siquiera lo sabes, ¿cierto?

— No. –respondió Itachi con vergüenza. –Lo siento en verdad. Mi trabajo consiste en recibir un nombre y matar a esa persona, sin preguntas, sin respuestas.

Kakashi negó con la cabeza, decepcionado.

— No tienes alma. –le dijo Asuma. –Eres un monstruo.

— Dígame algo que no sepa, amigo. –murmuró Itachi algo melancólico, incapaz de mirar a los dos hombres que tenía enfrente.

— Asuma ve por Hinata y Kurenai, por favor. –le pidió Kakashi. Asuma se fue de allí a buscarlas, dejando solos a los primos.

— Kakashi, sabes que yo no… yo no quería ser esto, ¿está bien? Pero no tenía opción, tú más que nadie sabe que mi sueño siempre fue ser un maldito detective, ayudar a la justicia… -Itachi se oía desesperado, y como último favor, Kakashi lo escuchó como el primo que era, como la familia que era. –Papá y Tío Madara me obligaron, dijeron que si no era yo el Red Killer sería Sasuke. Y sabes que yo moriría por mi hermano… y también moriría por ti.

— Debe haber otra manera. Debe haber algo que puedas hacer…

— No hay otra manera, Kakashi… no hay salida de esto. Es de por vida. Lo sabes.

— Itachi, únete a nosotros, juntos podemos hacer que nuestros padres paguen por lo que han hecho.

— Kakashi, no. Debo proteger a Sasuke. Él cree que tiene un padre y un hermano honestos. No le quitaré esa ilusión… se puso mal desde que mi madre murió, él no soportaría otro dolor. No, Kakashi, no insistas más. No puedo ser parte de ustedes.

Los demás llegaron en ese momento a la sala de la suite, interrumpiendo la plática.

— Tienen que irse ya. –ordenó Itachi.

— ¿Irnos? ¿Pero por qué si podemos divertirnos contigo, malnacido? –vociferó Kurenai, pensando en mil y un formas de tortura para el pelinegro.

— Sean realistas. –dijo Itachi. –No pueden hacerme nada ahora, no soy nadie, no existo en el mundo, soy invisible. Ahora háganme el favor de no arriesgar más sus vidas y váyanse de aquí. Por su culpa tendré que robar las grabaciones de las cámaras de seguridad para editarlas y que no salgan ustedes.

Kurenai lo vio con cara de odio puro.

— Se los pondré así de fácil, o se largan de mi suite o los mataré aquí y ahora. –les advirtió Itachi al ver que nadie daba un paso atrás para irse. En verdad sí era peligroso que estuvieran allí, quién sabe si de repente Sasuke pudiera llegar a buscarlo, o hasta su propio padre, o Madara.

— Tenemos que irnos. –abordó Kakashi sorprendiendo a los demás. –Itachi tiene razón. No podemos hacer nada contra él ahora… pero quién sabe mañana. –advirtió.

Hinata sonrió de medio lado y volvió a abrazarse del brazo de Kakashi, contenta de tenerlo cerca.

— ¿Estás bien? –volvió a preguntarle Kakashi inclinando el rostro para verla, pues le parecía demasiado extraño que Hinata no debatiera con dejar libre a Itachi.

— Sí. –asintió suavemente, sin verlo.

— Por atrás hay una puerta secreta para que la cámara de seguridad no los vuelva a grabar. –informó Itachi. –Salgan por allí, vengan, les mostraré donde. –les guio hasta la puerta y la abrió él mismo, dejando que todos pasaran primero en lo que guardaba en una bolsa pequeña con cierre algunas cosas que tenía a la mano en una vitrina de cristal.

Entonces se hallaron bajando un montón de escaleras que iban al último piso hasta llegar a un pequeño callejón sin salida, sucio y húmedo.

— El auto lo dejé en el parking. Vayamos a por él. –sugirió Asuma.

Todos caminaron hasta salir del callejón y poder meterse al gran espacio oscuro del enorme estacionamiento de varios pisos. Itachi observó a todos buscando el auto entre aquella turbia oscuridad, mientras él caminaba sigilosamente detrás de todos. Vio que Asuma y Kurenai se habían adelantado bastante, subiendo hacia el otro piso del estacionamiento. Solo Kakashi y Hinata estaban ahora en su vista.

— ¡Hey! –les habló. Ellos lo esperaron hasta que los alcanzó. –Olvidé darles esto. –dijo entregándoles la bolsa. –Adentro hay dinero y un arma.

— ¿Un arma? –exclamó Kakashi con reprobación total.

— Soy neurótico, ¿ok? Háganme sentir tranquilo al menos llevándose el arma. –insistió.

— De acuerdo. –dijo Hinata para sorpresa de los dos. –Mis pies duelen. –se quejó y fue entonces cuando Kakashi vio que las zapatillas de Hinata estaban ya muy desgastadas. Puso enseguida en su lista de prioridades comprarle ropa y calzado a Hinata.

— Esperémoslos aquí. –sugirió Kakashi deteniendo su caminar.

Los minutos pasaban y el matrimonio Sarutobi aún no llegaba con el auto, haciendo que la tensión entre los dos primos creciera. Kakashi se mantenía entre Hinata e Itachi, como cuidando que ninguno se acercara o se viera siquiera. Mientras que Hinata no parecía notar aquella protección, ya que se dedicaba a recargar su espalda contra un auto, mirando entretenidamente el techo del estacionamiento.

— ¿Por qué no vas a ver qué pasa, Kakashi? –le sugirió Itachi fastidiado.

— ¿Vamos, Hinata? –él le ofreció la mano.

— Esperaré aquí, con él. –señaló a Itachi con el índice, aun viendo el techo del estacionamiento, divirtiéndose en encontrar figuras entre las manchas de humedad que tenía el techo. Ella parecía distraída y pacífica... probablemente intentaba lidiar con esa situación distrayendo su mente.

— Por supuesto que no. –dijo Kakashi hablando autoritariamente.

— Ve. –asintió Itachi. –No le haré daño. Si hubiera querido hacerle daño no te la estaría entregando, ¿no crees?

Kakashi lo miró con duda.

— Estaré bien. –sonrió Hinata siguiendo entretenida con el techo, hablando de manera infantil. Kakashi la vio con extrañeza. –Si me asusto yo te grito fuerte: ¡Kakashi! –le aseguró ella, esta vez volteando a verlo.

— Pero muy fuerte. –le advirtió y luego miró a Itachi. –No vuelvas a decepcionarme, Itachi.

— Es una promesa. –levantó el puño, prometiéndolo de la manera en que en su niñez hacía promesas junto con Kakashi. El peliplateado recordó aquél gesto y una leve confianza lo invadió. En su interior le decía que Itachi nunca lo había traicionado, si se ponía a pensar, realmente Itachi no le había hecho daño a Hinata.

— No será la última vez que nos encontremos, Itachi. –le amenazó Kakashi con una mirada calculadora.

Itachi solo sonrió malévolamente de medio lado, como aceptando el reto.

— Ok, no me tardo. –dijo el peliplata empezando a correr rápido al piso de arriba.

Y entonces, el asesino y la víctima se habían quedado solos. Ojos rojos y la loca de ojos pálidos.

Y el karma la favoreció.

— Toma. –musitó Itachi entregándole la bolsa. –El arma ya está cargada así que tengan cuidado. –Hinata sacó el arma y la observó. Tenía un silenciador, ella lo conocía, alguna vez un amigo suyo le había enseñado sobre eso. –Solo tienes que tirar del gatillo, ¿entiendes?

— Entiendo. –le sonrió levemente. Itachi al ver que ella le sonreía, también sonrió, de verdad que había ángeles en ese mundo. Había asesinado a su única familia y aun así ella le había sonreído.

— Hinata, enserio, lo juro por lo más sagrado que tengo, lo siento.

— Gracias, Itachi-san. –agradeció ella. –Yo también lo lamento pero… tengo que hacer esto.

— ¿Qué? –preguntó confundido. Entonces, solo vio que Hinata levantaba el arma y sin titubeos le disparaba en el pecho una… dos… tres veces. Itachi se quedó pasmado… sin saber cómo reaccionar pues, normalmente él era quien estaba detrás del gatillo del arma. Lo único que pudo hacer fue quedarse quieto, mirando a Hinata con suma confusión y con los ojos desmesuradamente abiertos.

Ella le había disparado justo en el corazón, ¿Cómo había sido tan precisa? Tan solo levantó el arma y al siguiente segundo disparó fenomenalmente. Era buena, lo admitía. La sangre le empezó a salir a borbotones de su pútrido corazón, salía como si fueran lágrimas del corazón, salía como un río de lava.

— Pese a todo, usted mató a mi querida y amada familia. Y eso no se lo perdono a nadie. A nadie. –dijo ella levantando su mano con el arma y puso el cañón justo pegado a su frente mirándolo de esa forma tan perturbadoramente inocente.

Ella seguía siendo un ángel, pese a todo, pensó Itachi, pero un ángel vengador, un hermoso y blanco ángel de la exterminación. Con determinación, Hinata disparó a su abdomen tres veces más sin ningún atisbo de titubeo. Sin más fuerzas, Itachi cayó al suelo ensangrentado. Hinata colocó la pistola a un lado de la bolsa, poniendolas sobre un auto, después arrastró a Itachi entre dos coches para esconderlo con mucho cuidado de no mancharse de su sangre sucia.

Se quedó un momento ahí, viéndolo desangrarse rápidamente. Mirándolo inquisidoramente. Itachi la miraba asustado, asustado de la muerte, asustado de dejar a Sasuke. Sasuke, su querido hermano, ¿qué pasaría con él?

Hinata entonces lo dejó y siguió su camino, cogiendo la bolsa con el dinero y el arma. Empezó a dar pasos lentamente en dirección a donde se había ido Kakashi. No tardó en encontrarlos a los tres con el cofre del auto arriba, al parecer le estaban arreglando algo al motor.

— ¿Y Itachi? –preguntó Kakashi apenas la vio llegar. Ella lo vio con su expresión de "estoy bien, muy perfectamente inocente". Y Kakashi la observó con duda.

— Dijo que tenía que cosas qué hacer. Se metió dentro del hotel.

— Bueno. Oye, dame eso, me pone nervioso que tengas esa arma en la mano. No vuelvas a tocarla, ¿me entiendes?–exclamó él enojado de que ella tuviera algo tan peligroso en sus manos. Enseguida Hinata dio un respingo al darse cuenta de que no había metido el arma a la bolsa negra, se apresuró a guardarla dentro de esa bolsa y se la entregó a Kakashi, quien la metió dentro del auto.

Enseguida Kurenai gritó emocionada desde el asiento del copiloto cuando el motor del auto por fin arrancó.

— Adentro. -Kakashi le abrió la puerta trasera a Hinata, y ella muy sonriente se subió.

Asuma tomó el asiento del copiloto, Kurenai se fue a un lado de su esposo y Kakashi y Hinata se subieron atrás. Enseguida Asuma los sacó de ese oscuro estacionamiento.

Mientras tanto, cerca del filo de la dulce muerte, Itachi Uchiha fallecía en medio de dos autos, solo y sin nadie que lo auxiliara. La fuerza se le estaba yendo rápido. Adornó su rostro con lágrimas cristalinas que caían cálidas al lado de sus ojos solo pensando en una cosa, solo cayendo por una persona…

— Sa… su… ke… -la sangre le salió por la boca y se ahogaba con ella. No quería morir, quería seguir protegiendo a su hermano. Se arrepentía de todo, juro y juro de nuevo que si se salvaba de esta buscaría una solución, se llevaría a Sasuke de la ciudad y ambos vivirían felices y sin preocupaciones en alguna ciudad que tuviera playa… juraba que si se salvaba definitivamente haría su mayor esfuerzo en hacer las cosas mejor, que enfrentaría a su familia, solo si vivía para seguir protegiendo a Sasuke.

Finalmente pronunciando el nombre de su hermano, Itachi exhaló su último aliento, muriendo solo.


ooo

Hola!

En mi página de Facebook había prometido que actualizaría hoy martes (ya es de noche, lo siento, tenía tarea).

En fin, ahora contesto sus reviews que me encantan:

Violetamonster: Hola, Violeta! :D Muchas gracias por tu review! :) Sobre lo que decías en tu review de que de imaginaste la persecución como una película, pues bueno, no sé porqué pero siempre me salen bien ese tipo de escenas XD Supongo que es porque he visto muchas películas de ese tipo. Sobre Itachi, que todavía tiene (o tenía) un poco de bondad, pues sí tienes razón, aunque también lo maligno de familia se le pegó poquito, jeje. Que bueno que te gustó el capi, muchas gracias por tus buenos deseos, cuídate mucho! :D Espero que este capi haya podido ser de tu agrado.

RukiaNeeChan: Hola, querida! Sabes algo? Yo también te extrañé! :3 Lamento la espera, jeje, la uni siempre se pone difícil los últimos días. Muchas gracias por tu hermoso review! Me dio risa tu amor-odio por Itachi... ahora creo que tu odio se vuelca sobre mí por lo que pasó al final de este cap, jeje. Sobre lo que dices en tu review... la verdad es que sí, Itachi se me hace muy sexy de matón, jaja, hasta me dan ganas de hacer un fanfic de Kakashi siendo el matón porque (en mi opinion) si Itachi se ve sexy así... imagínate Kakashi! *w* Jaja. Que estés muy bien, cuídate mucho! besos! Y gracias por tu paciencia!

Laauly: Hola de nuevo, querida! Muchas gracias por todos tus amables reviews! :3 Respecto a tu duda sobre si habría Itahina... seguramente para estas fechas ya debes odiarme jeje. u_u En fin, cuidate muuucho! Que estés bien! :D

Kattyto: Hola, linda! Muchas gracias por tu review! :D Enserio! Sobre tu duda de porqué Itachi era el asesino de su familia, pues creo que ya obtuviste tu respuesta con este capitulo, espero que no me haya salido demasiado dramático... nee sí me salió! XD Y pues bueno, respecto a tu PD, pues por supuesto que me encanta responder reviews por que gracias a los ánimos que dan los lectores es por lo que los autores seguímos subiendo fanfics :) En fin, espero que estés muy bien! Cuídate extremadamente!

ISayPurr: Hola! Gracias por el review! jaja Me encanta que te encante la historia! :D Y sobre Kakashi... yo también pienso lo mismo: es tan kyaaa! jaja tan perfecto! *w* En fin, cuídate muuucho!

Orkidea16: Holaaaa! :D Muchas gracias por dejar tu amable review! Me dio risa lo primero que decías, me recuerda a mí cuando tenía que ir al taller de computo, en vez de estar haciendo las prácticas yo leía fanfics XD Emm... mamá, si estás leyendo esto, es broma... okno! Jaja. Bueno ya enserio, muchas gracias por dejar tu opinión, respecto a Itachi, nunca lo he definido entre bueno o malo, porque a veces actúa medio raro, y bueno, ya viste que sí tenía una buena razón para obedecer las ordenes de Madara. Ohh, este capitulo me ha salido tan tragedioso! D: Las escenas de persecución no sé porqué pero siempre me salen bien, jaja, y eso que nunca he sido perseguida como para tener inspiración para eso, jaja. Bueno, espero que estés bien! Cuídate mucho-bastante-demasiado!

Katy Hatake: Hola Katy! Otra miembro del clan Hatake :O Bienvenida! jaja Muchas gracias por tu review! Que bueno que te haya gustado el fanfic, espero poder hacer que siga así :) Bueno, espero que te encuentres muy bien! :D

Chicas, deben odiarme por lo de Itachi DX Jaja, realmente desde el principio tenía pensado esto para él.


o

Nos leemos en el próximo capítulo... si ustedes quieren :)