SI QUIEREN LEERLA EN INGLÉS BUSQUENLA POR EL MISMO SEUDÓNIMO Y POR EL NOMBRE "THE SECRET".
En caso de que se lo pregunten, Christian si está en el libro, solo que no se lo esperarán.
Me senté y ordené una ensalada campera, un sándwich de pavo y un jugo a pesar de que no tenía mucho apetito. En cuanto me trajeron mi orden comencé a comer la ensalada.
—Te puedo acompañar.
Casi me atraganto con una papa en la boca al escuchar su voz. Miré hacia arriba y me encontré con su mirada penetrante mirándome fijamente. ¿Que acaso no había más lugares para almorzar? Mi corazón comenzó a latir más rápido en mi pecho mientras las palabras se negaban a salir de mis labios. Respiré profundamente y aparté mis ojos de los suyos para así lograr concentrarme en lo que iba a decir.
—Sí, no hay problema. —le dije tratando de ocultar el nerviosismo en mi voz.
El se sentó frente a mí mientras ponía su orden en la mesa y comenzaba a comer su hamburguesa. Ni siquiera me atreví a mirarlo. Tenía miedo de que me atrapara haciéndolo. Ahora tenía mucho menos apetito que antes. ¿Por qué me sucedían estas cosas a mí?
—Que coincidencia encontrarnos aquí Srta. Stelle. —dijo haciendo una pausa en su comida y mirando en mi dirección.
—Sí, que casualidad Sr. Chasting. —le dije mientras le daba un sorbo a mi jugo y miraba brevemente hacia él.
— ¿Siempre viene a almorzar aquí? —Preguntó interrogante mientras alzaba una ceja y miraba en mi dirección. ¿A qué venía su pregunta?
—A veces. — le contesté evasivamente con una mentira.
Siempre veníamos a almorzar aquí, creo que ahora tendría que buscar otro lugar para almorzar. Ya era suficiente con verlo en la oficina. No quería también cruzármelo a la hora de almorzar.
— ¿Y usted? —le pregunté. Y en cuanto lo hice me arrepentí de haberlo hecho.
Él se me quedó mirando mientras fruncía el seño. Quien me habrá mandado a abrir mi boca. Pero tenía que saberlo, no quería cruzarme con él todos los días. Y si era así buscaría otro lugar donde almorzar con Kate.
—Bueno, no conozco mucho de esta zona, este lugar lo conozco por Grace, ayer me lo mostró y pensé que sería un buen sitio para almorzar.
—Lo es. —le contesté mientras me comía lentamente mi ensalada.
— ¿No tiene apetito? —me preguntó mientras yo levantaba la vista de mi comida.
—No, no mucho.
— ¿Está enferma, se siente bien?
—No, no estoy enferma, estoy bien. —mentí.
La verdad era que no estaba bien. Había perdido el apetito desde el día en que lo conocí. Al menos ayer había almorzado algo. Hoy, con el sentado frente a mí, era imposible comer algo. Tenía el estomago hecho nudos mientras mi corazón latía frenético en mi pecho. Necesitaba salir de ahí inmediatamente, no podía estar ni un minuto más sentada frente a él.
—Creo que no comeré más. —dije mientras llamaba para pedir la cuenta y pedí que me envolvieran el sándwich sin apenas tocar. —Con su permiso, regreso a la oficina.
—Yo me encargo de esto. —dijo mientras cogía la cuenta para pagarla.
— ¡Disculpe! No puedo dejar que pague mi almuerzo. —dije muy bajo, casi imperceptible como para que no escuchara.
— ¿Porque no? —al parecer hablar muy bajo no funcionaba con él porque me había escuchado.
Pero en ese momento no se me ocurrió un argumento convincente para que no pagara mi comida. Que le podía decir, que no me gustaba que un extraño pagara mi comida. Pero ese extraño era mi jefe, había una diferencia enorme.
—Porque no, además ni siquiera me lo comí.
—Pero lo hará más tarde, para eso se lo va a llevar no. — me dijo mientras traían mi sándwich envuelto y el pagaba sin siquiera dejarme protestar nuevamente. — Si no se lo come me veré obligado a llevarla a comer algo.
Llevarme a cenar, no, no podía permitir eso.
—De acuerdo, me lo comeré más tarde. —dije resignada mientras cogía mi sándwich y me levantaba para irme.
Ni loca iba a dejarlo que me llevara cenar.
—Vamos, la acompaño. —dijo mientras pedía la cuenta.
—No va a terminar su... —dije mientras miraba a su plato vacío y me quedaba con las palabras en los labios.
En qué momento el había comido su almuerzo, ni siquiera me había percatado. Pagó su cuenta y se puso de pie.
—Nos vamos, o cambió de opinión y se va a terminar su almuerzo aquí. —me dijo con voz firme y serena mientras me miraba fijamente, su mirada traspasando la mía.
—Nos vamos. —dije mientras caminaba rumbo a la puerta de salida.
Podía sentir sus pasos a mi lado mientras caminábamos rumbo a la oficina. Ninguno de los dos habló en todo el camino. Al llegar al ascensor presionó el botón de llamada. Solo pasaron unos segundos antes de que las puertas se abrieran y entráramos. No sé si para mi suerte o mi desgracia el ascensor estaba completamente vacío y nadie subió con nosotros.
En un gesto casual y firme presionó el botón del piso 25. El ascensor comenzó a subir para mi idea lentamente mientras él Sr. Chasting se recostaba casualmente a una de las paredes del ascensor con sus brazos cruzados sobre su pecho mirándome con curiosidad como si fuese algo exótico fuera de este mundo.
Y yo, yo no sabía dónde meterme en ese momento. Me acomodé en el extremo opuesto del ascensor. El aire se hizo más denso y mis sentidos se agudizaron. Podía sentir el embriagador olor que emanaba de su cuerpo comenzar a nublarme los sentidos. Olía a colonia cara. Ni siquiera me atreví a mirarlo no quería perderme en su mirada como sabía que sucedería. Así que me entretuve en el papel de aluminio con forma de pato que envolvía mi almuerzo.
El ascensor se detuvo a medio camino y subieron unas seis personas haciendo que el Sr. Chasting se corriera en el ascensor hasta estar parado a mi lado. Su porte intimidaba un poco. El ascensor continuó su recorrido. Ahora sentía su olor mucho más fuerte que antes. Y el calor que emanaba de su cuerpo pegado al mío casi que me quemaba la piel a través de las capas de tela que nos separaban. Mi corazón latía desbocado queriendo escapar de mi cuerpo mientras sentía las piernas como de gelatina. El ascensor se detuvo en nuestra planta y todos salimos. Yo caminaba apresuradamente hacia mi escritorio para esconderme detrás de él toda la tarde. Lo podía sentir caminar detrás de mí mientras pasaba frente a recepción y saludaba a Kate rápidamente con la mano. Me senté en mi escritorio y el entró en su oficina.
Respiré profundamente. Este era mi refugio, donde me sentía segura. Segura y a salvo. Como si de esa forma me pudiera librar de mi sexy y ardiente nuevo jefe.
Puse mi almuerzo en una esquina para más tarde comérmelo. Solo había una cosa que lograba relajarme y eso era el trabajo. Así que abrí el correo electrónico para revisarlo. Y en cuanto lo hice mi corazón comenzó a latir aceleradamente una vez más. Había varios correos, y entre ellos uno del Sr. Chasting, lo había mandado después de yo salir a almorzar.
De: Ryan Chasting
Para: Anastasia Stelle
Fecha: Martes, 20/10/2015 12:32 PM
Asunto: Gracias a usted.
La verdad es que Grace tenía razón, es usted muy eficiente en su trabajo.
Ryan Chasting Presidente Ejecutivo de TecFall.
¡Me acaba de hacer un cumplido! Ryan Chasting me acaba de hacer un cumplido. Creo que debo estar roja como un tomate pues sentía mis mejillas arder. Decidí responder su correo.
De: Anastasia Stelle
Para: Ryan Chasting
Fecha: Martes, 20/10/2015 1:10 PM
Asunto: Gracias
Solo hago mi trabajo, nada más.
Anastasia Stelle Asistente Personal de Ryan Chasting.
Y le di enviar. Después de eso me concentré en el trabajo y en las llamadas telefónicas que entraban. Eran cerca de las cinco de la tarde cuando sonó el teléfono y al mirar el identificador era de la recepción del piso. Kate.
—Hola Kate, ya te extrañaba, no hemos podido hablar en todo el día.
—Sí, he estado muy ocupada hoy.
—Sí, yo también, no he parado de hacer cosas.
—Nos vemos en el apartamento. —me dijo mientras sentía que tenía una llamada en espera.
—Nos vemos, te tengo que dejar que tengo otra llamada.
—Nos vemos en la noche. —dijo despidiéndose mientras yo cogía la otra llamada.
—TecFall, buenas tardes.
—Hola Anastasia, tengo aquí en la recepción al gerente del hotel Drake que quiere reunirse con el Sr. Chasting, dice que es algo urgente.
—Hágalo subir. —le dije mientras colgaba el teléfono y marcaba la extensión del Sr. Chasting.
—Diga. —su voz continuaba haciendo estragos en mi. Cada vez que lo escuchaba hablar mis piernas temblaban.
Concéntrate Ana. Respira. Respira. Me repetí una y otra vez antes de contestarle.
—Sr. Chasting el gerente del Hotel Drake está subiendo en estos momentos, pidió hablar con usted, dice que es algo urgente.
La línea se quedó en silencio un momento.
—Está bien, hágalo pasar en cuanto llegue.
—De acuerdo.
—Otra cosa más. —dijo haciendo una pausa. — ¿Se comió su sándwich? —mierda lo había olvidado y que podía hacer, mentirle. No creo que fuera correcto hacerlo. —Creo que su silencio es la respuesta. Cuando suba el Sr. Taylor que nos traigan dos cafés. —y colgó.
Solo espero no estar en problemas solo por olvidar comerme mi sándwich. Aunque la verdad no tengo apetito. ¿Cómo supo el nombre del gerente del hotel? Qué extraño. El Sr. Taylor llegó hasta mi escritorio unos minutos más tarde y me saludó cordialmente.
—Hola Anastasia como éstas.
—Bien, y usted.
—Bien, aunque ahora tenemos un pequeño problema en el hotel.
— ¿Que sucedió?
—Alguien intentó hackear nuestro sistema de seguridad. Creo que vamos a tener que hacer algo al respecto.
—Eso es terrible. Pase, el Sr. Chasting lo está esperando. —dije mientras lo hacía pasar hacia la oficina.
Llamé para ordenar dos cafés, pero nadie atendía el teléfono, debía ser que era el cambio de turno. Me levanté de mi silla y me dirigí hacia el pantry y preparé los cafés yo misma. El Sr. Taylor ya había tomado el café preparado por mí en otra ocasión y le había encantado, pero no sabía si al Sr. Chasting le iba a gustar. Puse las dos jarras de café en una bandeja y me dirigí rumbo a la oficina. Toqué antes de entrar, y al hacerlo puse ambas jarras sobre el escritorio antes de retirarme rápidamente.
Llevaban reunidos cerca de una hora cuando las puertas de la oficina se abrieron y salieron ambos. Esta vez el Sr. Chasting salió sin la americana, solo con la camisa blanca. Y yo me quedé mirando más de la cuenta como la camisa se ajustaba a su cuerpo.
¡Oh Dios! Porque él hacia eso.
—El café estaba delicioso Anastasia, justo como lo recordaba, veo que no has perdido tu toque. — me dijo el Sr. Taylor sonriendo haciendo que yo volviera a la realidad y apartara mi mirada del Sr. Chasting.
—Gracias. —le contesté devolviéndole la sonrisa. Y pude ver como el Sr. Chasting me miraba con curiosidad.
—Bueno, no se preocupe, en esta semana nos encargaremos de modernizar el sistema de seguridad. —le dijo el Sr. Chasting mientras palmeaba su hombro.
—No lo hago, sé que dejo esto en buenas manos.
—Lo acompaño hasta el ascensor. —dijo el Sr. Chasting mientras señalaba el camino.
—Buenas noches Anastasia, un placer verte nuevamente. — dijo mientras tomaba una de mis manos entre las suyas y la besaba.
—Igualmente, buenas noches. —le contesté mientras se dirigía por el pasillo rumbo a los ascensores con el Sr. Chasting detrás.
El Sr. Chasting regresó unos minutos más tarde y se paró frente a mi escritorio con los brazos cruzados haciendo que sus músculos de marcaran aún más debajo de la camisa. Tragué en seco mientras lo miraba fijamente.
— ¿Se le ofrece algo Sr. Chasting? —le pregunté con curiosidad al verlo parado frente a mi escritorio.
—La verdad dos cosas. La primera, algo que llamó mi atención. ¿Usted preparó los cafés? —me preguntó entrecerrando los ojos.
—Sí. —contesté firmemente. — ¿Algún problema?
—No la verdad era que quería felicitarla, jamás había probado algo tan delicioso. — sus palabras hicieron que mi cuerpo se estremeciera completamente, como si estuviese hablando de algo completamente diferente.
—Gracias. —le contesté mientras podía sentir mis mejillas arder. Dos cumplidos en un día. Wau. — ¿Y lo segundo? — le pregunté mientras él me sonreía levemente sin apartar su mirada de la mía.
Tenía una radiante y deslumbrante sonrisa de dientes blancos perfectos que haría que cualquiera perdiera el sentido.
—Puede recoger sus cosas y acompañarme.
— ¡Disculpe!
—Acaso olvidó lo que le dije en el almuerzo. Vamos, voy a llevarla a cenar.
Iba a contestar algo pero el levantó una mano y yo cerré mi boca al instante.
—No acepto un no como respuesta, además debe estar famélica, solamente se comió un poco de la ensalada en el almuerzo y ya son pasadas las siete. —dijo mientras miraba su reloj.
Y en ese momento pude apreciar una vez más los gemelos de su camisa. Eran los mismos que traía ayer, plateados con el centro cuadrado en negro sobre el que había ahora que observaba bien un fénix. Qué extraño.
— ¿Y bien? —me dijo haciendo que apartara mi mirada.
Y que podía hacer rehusarme. Solo me iba a llevar a cenar. Al menos tenía algo claro. Se preocupaba por sus empleados.
—De acuerdo, recojo mis cosas y nos vamos.
—Bien, voy por mi saco. —dijo mientras entraba en su oficina y yo recogía mi cosas echando el sándwich en el bolso y colocándome el sobretodo.
—Vamos. —me dijo mientras señalaba para que yo fuera delante.
