CAPÍTULO 7
Harry despertó muy despacio, sintiéndose cómodo y calentito, las sábanas parecían abrazarle con suavidad, como si le acunaran. No le apetecía abrir los ojos todavía, quería disfrutar un poco más de esa agradable sensación, se giró sobre su costado izquierdo, dispuesto a continuar durmiendo, y entonces recordó. Malfoy descansaba tranquilamente a su lado, con un brazo le rodeaba la cintura y tenía una pierna enredada entre las suyas, las sábanas se habían movido dejando ver, sin lugar a dudas, que el rubio se encontraba desnudo. En ese instante el moreno fue tan consciente de su propia desnudez como de la de su compañero. Podía sentir el calor que emanaba del cuerpo de Malfoy, la suavidad de su piel rozando la suya, el toque de su respiración contra su hombro… Todos sus sentidos parecían haberse agudizado.
Su mente comenzó a viajar por los recuerdos de la noche anterior, provocándole una mezcla de vergüenza y excitación que su cuerpo no pudo ocultar, notaba sus mejillas tan sonrojadas que casi se sorprendía de que le quedara suficiente sangre como para además tener una erección. Malfoy era hermoso, nunca se hubiera imaginado que usaría esa palabra para describir a otro chico, pero realmente lo era. Con esa piel tan pálida, esos brillantes ojos grises y ese cabello rubio lanzando destellos dorados… Harry dudaba que tuviera problemas en encontrar con quien pasar la noche, probablemente sólo tenía que sonreír y cualquiera caería a sus pies, prefería no saber cuántos habían caído ya. Desde luego él estaba en la lista. Lo que no podía comprender era como no se había dado cuenta antes.
Sus ojos comenzaron a vagar por el juvenil cuerpo del rubio y comenzó a acariciarlo con timidez. Primero las mejillas, ligeramente sonrosadas, después la curva de la barbilla, para pasar a los labios entreabiertos, que le daban un aire casi infantil. No le importaría nada volver a besarlos. Con cuidado bajó la cabeza y enterró la nariz en el suave cabello, inundándose con su aroma, maravillado bajó por los hombros y por el costado que asomaba sobre las mantas, disfrutando de los suaves cambios de olor. La piel que rozaba estaba fresca y parecía de porcelana.
-Eres realmente extraño, ¿lo sabías?- La voz somnolienta de Malfoy le hizo dar un respingo- Podías esperar a que me despertara para hacer eso.
Harry se incorporó de un brinco, de repente cohibido por lo que había hecho, pero el rubio le sonreía amigablemente. Suspirando, aliviado, le devolvió la sonrisa.
-No quería despertarte.- La situación era tan extraña que no supo que más decir. Ambos se miraban visiblemente incómodos. Harry quería hablar de todo lo que había pasado, pero no sabía ni por dónde empezar.- Esto es raro, ¿verdad?
-Sí…- Malfoy bajó la mirada algo sonrojado y el moreno no pudo evitar enternecerse.
-¿Qué se hace ahora? No estoy acostumbrado a estas cosas…
-Ya… yo tampoco.- El rubio parecía sincero. Harry intentó ignorar los brincos emocionados de su corazón por la respuesta de Malfoy.
-¿Tú tampoco tienes mucha experiencia en…ya sabes…estas cosas?
-Ja…yo hasta anoche no tenía ninguna experiencia, Potter. ¿Tan bueno te he parecido?-Había cierta socarronería en su tono de voz, pero distinta a la que habitualmente usaba, parecía más bien divertido. Pero en ese instante su mirada se dirigió a un punto situado tras el moreno y su expresión cambio por completo, sus pupilas se dilataron y de pronto parecía aterrado, se levantó de golpe de la cama y comenzó a vestirse con movimientos casi desesperados.- ¡Tenemos que salir de aquí!-Las palabras parecían temblar en su garganta, de hecho el propio Malfoy temblaba.
Harry se giró con rapidez, casi esperando ver a alguien tras él, pero allí no había nadie. Iba a preguntar qué diablos pasaba cuando todo comenzó a sacudirse, era como si estuvieran sufriendo un terremoto, cada uno tuvo que agarrarse a lo primero que encontró para evitar caer al suelo. Malfoy buscó su varita entre los bolsillos de su túnica y con dos fluidos movimientos los vistió a ambos.
-¡¡Vámonos Potter!!- Gritó el rubio cogiéndole de la mano y tirando de él.
-¿Qué coño pasa?
-La sala está cambiando.
-No puede ser, no puede cambiar si hay alguien dentro.- Nada más decirlo se dio cuenta de lo equivocado que estaba. Las paredes ya eran de un color distinto y se estaban acercando, provocando que la habitación encogiera, la cama se había cambiado de lugar y también era más pequeña, ya no había ni rastro del sofá rojo ni de la alfombra. Mientras miraba las paredes comenzaron a llenarse de dibujos, los trazos parecían hechos por un niño, pero el temblor era demasiado fuerte como para apreciarlos bien. Además todo se estaba volviendo extrañamente luminoso.
Con esfuerzo llegaron hasta la puerta, pero un último zarandeo, más fuerte que los demás, los mandó al suelo. Antes de que tuvieran tiempo de levantarse, tan repentinamente como había comenzado, todo cesó. Harry levantó la vista y miró a Malfoy, que estaba encogido sobre sí mismo y había empezado a sollozar con la cabeza apoyada en las rodillas. El moreno se acercó a él y le pasó un brazo por los hombros mientras la atraía hacia su pecho.
-Tranquilo…ya ha pasado todo. ¿Estás bien?- Intentó hablarle con suavidad, para reconfortarlo, pero él mismo estaba tenso y alerta. - ¿Por qué habrá cambiado todo?
-¿Por qué crees? Alguien lo ha pedido.- Sus palabras llegaron ahogadas ya que aún mantenía la cabeza escondida entre sus brazos.
- Pero aquí sólo estamos tú y yo, y nadie lo ha podido cambiar desde fuera estando nosotros aquí dentro.
-A lo mejor no estamos solos.
Harry se levantó y escudriño a su alrededor, no había nadie más, y estaba seguro de que Malfoy y él habían pasado la noche solos. Pero aún así, podía notar que algo había cambiado, era una sensación extraña, como si alguien los estuviera mirando sin ser visto. Dio unos pasos hacia el centro de la habitación, observando cada detalle, sin lugar a dudas se había convertido en un dormitorio infantil. Apoyada contra la pared del fondo había una camita en la que desde luego no cabría ningún adulto, estaba sin hacer, una colcha blanca yacía tirada en el suelo, como si el ocupante de la cama hubiera tenido que levantarse de golpe. Había estanterías llenas de juguetes y cuentos, un enorme baúl estaba abierto en una esquina y por el asomaban animales de peluche, junto a la cama había una mesita sobre la que descansaban una considerable cantidad de lápices de colores y un cuaderno.
No había ninguna lámpara pero aún así todo estaba iluminado, excesivamente iluminado. Harry continuó avanzando por el cuarto, una mullida alfombra ocupaba gran parte del suelo, pero al contrario que la anterior esta estaba decorada con dragoncitos. El moreno se acercó a una de las paredes, de un suave color azul, para observar más de cerca los dibujos, su primera impresión era cierta, obviamente los tenía que haber hecho un niño, pero lo que más le llamó la atención fue lo que estaba dibujado. Era Malfoy. Sin lugar a dudas era él, Malfoy volando en escoba, Malfoy sonriendo, Malfoy junto a la que debía ser su casa, Malfoy corriendo… Malfoy por todas partes.
-Pero…eres tú…
-Lo sé.- Harry se giró hacia él, era imposible que desde donde el rubio estaba sentado pudiera ver bien la pared, además continuaba con el rostro oculto entre sus brazos.
-¿Cómo lo sabes?
-Ya he estado aquí antes.- Su voz vibraba, como si estuviera a punto de llorar, levantó la cabeza para mirarle. Su expresión reflejaba tanto dolor que Harry se quedó sin aliento.- Esta era la habitación de mi hermano.
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El profesor Snape estaba terriblemente aburrido, normalmente era capaz de soportar el aburrimiento estoicamente, aguantándose las ganas de bostezar, sin que su fría expresión variara ni un ápice, pero ya no podía más. Llevaba casi dos horas sentado frente a Lucius Malfoy, intentando entretenerle hasta que encontraran a Draco, que parecía haber decidido desaparecer sin dejar rastro esa mañana, en la que justamente tenía que verse con su padre. Aunque eran algo así como amigos, ambos se habían quedado sin saber que decir tras la primera hora, y Lucius ya parecía estar oliéndose algo, lo cual no era extraño.
-Bien, Severus, no es que no agradezca tu hospitalidad, pero creo que ha llegado el momento de que me vaya a ver a Draco.- Aunque las palabras del hombre habían tenido un perfectamente medido tono de cordialidad su mirada le retaba a decir algo en contra.
Snape suspiró para sus adentros, la sensibilidad no era su fuerte, no es que fuera un hombre malo, como muchos creían, simplemente no había sido bendecido con el don de la empatía. Por ello intentaba evitar tocar temas delicados con según que gente…pero su intuición le decía que si quería retener a Lucius Malfoy tendría que hacerlo con algo mejor que "pues parece que esta tarde va a llover".
-Por supuesto, Lucius, pero antes me gustaría comentarte un pequeño detalle, si no te importa regalarme unos minutos más.- Intentó sonar casi desinteresado. A partir de aquí debía elegir las palabras adecuadas o corría el peligro de ser maldecido varias veces y de múltiples maneras.
-¡Oh! Por el amor de Salazar… di lo que tengas que decir, no estaba en mis planes perder de esta forma toda la mañana.- Cualquier asomo de paciencia había desaparecido para dejar paso a un nerviosismo mal disimulado.
-El caso es… que no deja de llamarme la atención el hecho de que tras un…accidente como este no hayas podido ver a tu hijo antes, quiero decir, normalmente el apoyo de la familia es primordial tras algo así.
-Yo llegué la misma noche que ocurrió el incidente, en cuanto recibí la lechuza de Dumbledore, fue el maldito viejo el que no me permitió ver a Draco.- La respuesta fue tan gélida que Snape tuve la sensación de que hasta había disminuido la temperatura de la sala.
-Claro, de eso no me cabe la menor duda, pero… ¿por qué crees que el director atrasó tu visita?
-No lo sé, pero supongo que tú sí. Déjate de rodeos de una vez y ve al grano.
-Eres muy duro con Draco.
-Discúlpame… ¿estás juzgando la forma en la que educo a mi hijo?- El hombre se levantó de la silla con gesto amenazante.- Te recuerdo que a la hora de tratar a tus alumnos eres más duro que nadie.
-Cierto, y estoy de acuerdo en que necesitan disciplina, pero hay momentos en los que no se debe actuar así, y creo que Draco se encuentra precisamente en uno de esos momentos.- Está vez se permitió perder algo de autocontrol y mostró la preocupación que sentía por el muchacho.- Yo mismo, si le ocurriera algo así a Potter, intentaría ser durante unos días más amabl… bueno, intentaría no encontrarme con él durante unos días. Creo que es algo que deberías tener en cuenta cuando le veas.
Lucius parecía meditar sobre sus palabras, se sentó de nuevo mientras miraba por la ventana, su expresión era difícil de descifrar. Pasaron unos minutos hasta que el hombre rubio habló de nuevo.
-Al contrario de lo que todos parecéis pensar en este colegio, quiero a mi hijo, y te aseguro que sé perfectamente lo que voy a hacer cuando le vea, puedes estar tranquilo, no va a ser nada contraproducente. Mi familia siempre ha sido lo primero.
-Así lo espero, por el bien de Draco, así lo espero.
Ambos jóvenes se miraban el uno al otro, Draco tenía los ojos brillantes por las lágrimas que aún no habían llegado a caer.
-No sabía que tuvieras un hermano.- Dijo Harry sorprendido por la revelación.
-No sabes nada de mí.- El reproche en su voz era evidente, pero Harry lo ignoró, más preocupado por la extraña forma en que la habitación había cambiado.
-¿Por qué ha aparecido la habitación de tu hermano aquí? ¿Lo has provocado tú?
-No. Ha sido él.- No parecía estar haciendo ningún esfuerzo para ocultar el temblor de su garganta, se limitaba a dejar salir las palabras.- Lo he visto detrás de ti, antes de que todo empezara a cambiar.
-Draco…eso es imposible, aquí no había nadie, estoy seguro. Tengo un mapa que muestra la localización de todos los habitantes del castillo, lo revisé antes de venir, aquí dentro sólo estabas tú.
-Cuando llegamos aquí era de noche, tiene miedo a la oscuridad, por eso sólo aparece de día.
-Nadie puede aparecerse en este castillo. Tu hermano debe estar en vuestra casa, lejos de aquí, has debido imaginarlo.
-No, no me lo he imaginado, y mi hermano no está en nuestra casa. Murió estas navidades pasadas.- Las lágrimas ya rodaban por sus mejillas pero el rubio no hizo ningún movimiento para apartarlas.- Yo lo maté.
