Capítulo 7.
Norka.
Harry cabeceó sobre su escritorio, se moría de sueño pero todavía tenía que leer el nuevo informe que le había enviado Hermione. Observó las diminutas letras con el seño fruncido mientras hacia un esfuerzo para enfocar las palabras que cada vez se veían más borrosas. Se le partía la cabeza, la garganta le ardía y apenas podía respirar por la nariz. Se estremeció. Sin lugar a dudas la gripe le había pegado fuerte y en el momento menos oportuno. Dio un sorbo al té de limón que le había recomendado Luna y dejó que el líquido caliente suavizará el ardor de su garganta.
Era muy tarde, sabía que tratar de leer aquel informe era tiempo desperdiciando y que a la mañana siguiente no podría recordar ni una palabra. Guardó sus cosas y se puso de pie para ponerse su abrigo, lo mejor que podía hacer era irse a casa a descansar.
Tiró el vaso de plástico donde había tomado el té a la papelera que había junto a su escritorio. Al levantar la vista no pudo evitar fruncir el seño al encontrarse con una inusual imagen; una pequeña niña estaba parada frente a su escritorio y le sonreía con picardía.
Bastante bajita, con el cabello en dos largas trenzas negras que caían a cada lado de su rostro diminuto de mejillas sonrosadas, nariz respingona y ojos de un celeste blancuzco. Su piel blanca inmaculada, parecía brillar con una luz propia al igual que sus ojos, los cuales estaban clavados en él. Confundido, quedó inmóvil en medio proceso de ponerse su abrigo.
—Pero…—alzó una ceja, ni siquiera había oído la puerta abrirse. Además era demasiado tarde para que una niña con uniforme escolar – falda y suéter azul- estuviera parada frente a él.
A pesar que solo era una pequeña que no podía tener más de ocho años, Harry dio un paso atrás, aquella sonrisa inocente que le regalaba le recordaba a una película de terror donde la pequeña e inocente niñita resultaba ser al final la culpable de todas las desgracias que ocurrían.
La niña sonrió mucho más y Harry tuvo la extraña e incómoda sensación de que ella conocía las ideas que atravesaban su cabeza en ese preciso momento.
—Hola Harry—. Su voz fue un bálsamo extremadamente dulce y musical.
—¿Cómo sabes mi nombre?
Ella alzo una de sus diminutas cejas, sumamente divertida. Al instante Harry cayó en la cuenta que de su abrigo colgaba su gafete. Rodó los ojos, sorprendido por su propia estupidez.
—¿Cómo te llamas? ¿Te has perdido?— El agente trató de sonar tranquilo, pero aun no se atrevía a acercarse a ella. Podía sonar tonto, pero su instinto le decía que aquella fragilidad que presentaba la pequeña no era más que apariencia.
—Ginevra te ha hablado de mi—puso sus brazos atrás de la espalda antes de dar un par de pasos hacia delante. Harry suspiró aliviado. Estaba soñando o tal vez delirando a causa de la fiebre. Resignado le siguió el juego a su nuevo extraño sueño.
—No creo que la pelirroja me haya hablado de ti— se encogió de hombros andes de dejarse caer en su sillón frente al escritorio.
—Soy Norka, Harry—le dedicó una sonrisa donde le mostró todos sus perfectos dientes.
Harry alzó una ceja, escéptico. Cuando Ginevra le había hablado de Norka, se había imaginado a una mujer adulta, tal vez una cuarentona con una mirada que helara la sangre, un ser todopoderoso y sin compasión…. ¡jamás se le cruzó por la cabeza pensar que la poderosa Norka era una niñita vestida con uniforme de primaria!
Norka rodó los ojos al escuchar esos pensamientos de parte de Harry, no era el primer humano que se sorprendía al verla. Como diosa, ella tenía el poder de tomar la forma que fuera, podía ser desde un gatito hasta un rayito de luz que atravesaba una habitación a oscuras. Pero aunque la cosa fuera así, ella prefería tomar la apariencia más inofensiva posible, ya que la inocencia de la sonrisa de un infante siempre podía sacar lo mejor de los humanos hasta en los peores momentos.
—Ok, eres Norka…—comenzó Harry después de pensarlo un momento— Entonces ¿a qué se debe tan agradable visita de tan poderosa y egoísta diosa de los sueños buenos?
Norka frunció el ceño, completamente sorprendida por la mirada verde oscuro del agente. "Poderosa y egoísta". Ya, ella era poderosa, ¿pero egoísta? ¿Desde cuándo era egoísta? Aquello la molesto más de lo que le hubiera gustado aceptar. El único ser que conocía tan ruin como para querer todo para él era su padre, no ella. Cruzó sus brazos sobre su pequeño pecho. Que insolente humanito.
—¿Acaso no sabes lo que podría hacerte por atreverte a hablarme en ese tonito?—entornó los ojos.
—Uuhh mira como tiemblo— Harry también se cruzó de brazos mientras se reclinaba en su sillón de cuero mirándola de forma soberbia— Tu eres la dueña de Ginevra, por culpa de tus reglas ella no puede estar a mi lado sin sentirse mal por eso. Todo eso me basta para que me caigas mal y te habla como me cante.
La Diosa soltó el aire con mucha fuerza al tiempo que jugaba distraídamente con una de sus trenzas. Si lo veían todo de la forma que lo hacia el pobre humano, era comprensible que creyera que ella era la villana de esa historia. Una diminuta sonrisa atravesó su rostro. Había fuego, verdadera pasión y deseo de protección en la voz del agente Potter al momento de hablar de Ginevra.
—Crees que soy un monstruo sin corazón, y tal vez lo sea, quien sabe ¿no? Al fin y al cabo, lo que se hereda no se roba. Pero tengo que ser así Potter, debo proteger a mi ejerció de cualquier mal, ellos no son mi sirvientes, son mi única familia.
—Si claro—chasqueó la lengua—Les robas su libertad, Ginevra me lo dijo, ni siquiera pueden respirar sin que tú se lo autorices.
—Ya, eso es un poco exagerado, pero acepto que a veces soy un poco paranoica en algunos puntos. Pero la última vez que dejé que mis guerreros hicieran lo que quisieran lo pagué muy caro, es más, aún lo pago.—miró de forma elocuente los archivos sobre el Coleccionista de Corazones que habían esparcidos sobre su escritorio— Se que para ti será difícil de entender, eres humano, estas acostumbrado a que los sentimientos amorosos nazcan y mueran a una velocidad luz, estas acostumbrado a terminar relaciones…
—Lo dices como si me gustara "terminar relaciones".—Harry trató de no enojarse. Se sentía un completo cretino al hablarle mal a una niña— No es así, odio equivocarme, odio pensar que al fin he encontrado a la indicada y que al final todo se vaya al diablo…. No me gusta eso, es una verdadera porquería tropezar con las misma piedra una y otra vez.—Bufó— Pero en fin ¿tú qué sabes? eres una diosa… o a lo sumo un delirio producido por la fiebre— se llevó una mano a la frente, cada minuto que pasaba se sentía peor, estaba mareado, sudoroso y con temblores ¡qué día de perros! Enfermarse era lo último que debía pasarle en esos días.
Sorpresivamente Norka se acercó a él, rodeó el escritorio como si estuviera deslizándose en el aire y no caminando. Su pequeña mano tocó la cien de Harry, haciéndolo temblar, su tacto era tibio y suave, al instante el dolor de cabeza desapareció al igual que el ardor de su garganta. La miró pasmado mientras ella retiraba la mano y de un salto se sentaba sobre su escritorio.
—Sé que no te gusta equivocarte—le aseguró con tranquilidad— Has sufrido mucho Harry, y sé también que Ginevra en una luz en la oscuridad para ti. Pero debes entender esto Harry, mis guerreros solo pueden enamorarse una sola vez en su vida y cuando lo hacen, lo hacen de verdad. Ginevra te profesa un amor puro que nunca morirá, nunca te lastimara ¿lo entiendes Harry? si tu amor por ella muere alguna día, el alma de ella también lo hará ¿comprendes?—lo miró directamente a los ojos— Si la aceptas en tu vida, tendrás que protegerla, cuidar su corazón con tu vida, porque si algún día lo rompes…—tomó uno de los archivos que había sobre el escritorio— tendrás otra Coleccionista de Corazones en las calles de Londres.
Harry se enderezó en el acto.
—Espera… ¿quieres decir que el Coleccionista es uno de tus guerreros?
—Lo era—Apretó los labios, enojada consigo misma— Le rompieron el corazón y ahora quiere que todos los guerreros liberados sufran como él…. ¿sabes? es una verdadera pena, era una persona muy buena hasta que la mujer que amaba lo traiciono.— tomó una gran bocanada de aire y Harry supo que intentaba no llorar de pena por su guerrero descarriado— Cuando el corazón de un guerrero se rompe y pierde su alma, lo único que puede sentir es odio, tristeza, desesperación…
Harry sintió un nudo en la garganta al ver como los ojos de Norka se empañaban. Ella decía la verdad al decir que sus guerreros eran su familia, lo supo al verla tan desbastada.
Sin pensarlo y dejándose llevar por un impulso, estiró una mano y secó sus lágrimas con uno de los pañuelos de papel que le había dejado Luna.
—Tienes un corazón puro—comentó la niña regalándole una sonrisita al tiempo que tomaba el pañuelo. Harry alejó la mano de ella, parecía absurdo pensar que estaba consolando a una diosa. Pero poderosa o no, tenía el aspecto de una niña, y no había cosa en el mundo que lo conmoviera más que un niño llorando. Los niños no debían llorar, debían sonreír, iluminar el mundo con su risa inocente.
Norka soltó una risita, y Harry estuvo seguro que ella había oído esos últimos pensamientos de su parte.
—¿La quieres?—la repentina pregunta de Norka lo dejó desconcertado por un momento.
—¿A Ginevra?
—No, a los huevos revueltos ¡pues claro que hablo de Ginevra!— Se desespero, a veces hablar con humanos era verdaderamente frustrante.
—Ella es parte de un sueño raro, igual que tu— se limitó a decir recostándose nuevamente en el respaldo su sillón—¿Para qué preguntas? No importa lo mucho que la amo, eso no la hará real, nada lo hará….
—Harry, Harry, Harry —le sonrió agitando la cabeza despacio— Aprende algo de la vida, cuando eres una diosa puedes hacer lo que sea…
—¿Pero qué…?—No llegó a acabar la pregunta cuando la puerta de su oficina se abrió y entró Luna ya con su abrigo y bufanda puestos. La rubia lo quedo mirando con el seño fruncido.
—¿Con quién hablas?—observó el interior de la oficina con los ojos entornados.
Harry llevó sus ojos hacia el sitio donde había estado Norka segundos atrás, el escritorio estaba vacío. ¿Había sido real? ¡No! Era imposible, a menos que… ¡No, era una locura!
—No hablaba con nadie—agitó la cabeza, cansado—Solo pensaba en voz alta.
—Ya veo— no parecía muy convencida, pero prefirió dejarlo pasar— Oye puedes llevarme a casa, mi coche está muerto.
—Claro, dame un momento para recoger mis cosas.
Tomó un par de archivos y antes de salir le echo un último vistazo a su escritorio. ¿Había sido un delito? ¿Se había quedado dormido? Se pasó disimuladamente la mano por la frente mientras caminaba junto a su amiga hacia el estacionamiento, ya no tenía fiebre, parecía que su inminente gripe había desaparecido en menos de media hora. Agitó la cabeza, todo era tan raro últimamente.
—He estado pensando en algo—No pudo contenerse Harry cuando llegaron a su coche. Luna lo miró con atención mientras el agente se quedaba por un momento inmóvil con las manos apoyadas sobre el capote— Y si el coleccionista arranca los corazones a sus víctimas… porque a él le hicieron lo mismo…
Luka volteó la cabeza a un lado cuando una mano pequeña y suave sujetó la suya mientras caminaba distraídamente hacia el departamento que compartía con su esposa. Sonrió cuando se encontró con los ojos azules pálido de una niña de trenzas y uniforme de escolar. Chasqueó la lengua divertido, desde la última década, Norka tenía una obsesión por los uniformes escolares. Rió entre dientes, al menos se había modernizado y no usaba los ridículos uniformes que se usaban a principio de siglo XX.
—Viene otra en camino ¿verdad?—Luka la tomó en brazos y la puso sobre su espalda como si se tratara de una niña común y corriente, y no una diosa con poderes inimaginables. Norka soltó una risita mientras rodeaba el cuello del muchacho con sus pequeños brazos.
—Sí, y creo que muy pronto sus hermanos se le unirán.
Luka soltó una carcajada mientras daba vuelta en una esquina.
—Ya lo creo, Hermione ha estado muy somnolienta la última semana. ¿Quién es el que cuida sus sueños? ¿Bill?
—Nah, es Fred, y creo que va por el mismo camino que Ginevra —sonrió. Rieron.
De pronto Norka dejó de sonreír, levantó la cabeza y la agitó de un lado a otro, haciendo que sus trenzas golpearan el rostro de Luka, el pobre soltó un quejido mientras ella escudriñaba la calle de arriba abajo.
—Lo siento Luk, pero Aidan te está observando.
El hombre paró en seco y comenzó a mirar a su alrededor con los ojos entornados.
—¿Dónde está?
—Ya se ha marchado— murmuró con voz seria.
El asistente del forense soltó el aire que de forma inconsciente había contenido.
—Soy el siguiente ¿no?—reanudó la marcha sin perder la calma, como si la idea de su muerte le fuera indiferente.
—No lo creo—se quedó callada por un segundo antes de explotar— ¡Odio esto! Ojala hubiera nacido Diosa del Destino, no sabes lo mucho que me gustaría ver el futuro.
—Estas siendo demasiado dura contigo—Luka cubrió las manos de la diosa con una de sus manos tratando de tranquilizarla y trasmitirle un poco de apoyo— Haces lo que puedes…
—¡Bah! Dime tú ¿de qué sirve saber el pasado entero de una persona con solo verla, si no puedo proteger a mis guerreros de un descarriado?
Luka resopló, en el fondo la entendía, pero frustrarse no era la solución, y menos con el Coleccionista de Corazones asechándolos a cada paso.
—Me gustaría encontrar una forma para poder darle más información al equipo de investigación. Lo que hago últimamente es muy poco.
—Draco no va tan mal encaminado. Lamentablemente jamás lograra que le crean si se topa con la historia de los guerreros.
—Luna tiene el libro de su abuela.—le recordó.
—Lo sé, su abuela Safira sigue persiguiéndome desde la tumba. —resopló Norka. Aquella mujer había estado muy cerca, pero por suerte todos creían que estaba loca.
—Últimamente no tienes mucha suerte ¿eh?—le sonrió con tristeza.
—No tienes que decírmelo—de un salto se bajó de su espalda al llegar a la puerta del edificio donde vivía su antiguo guerrero— Cuida tu espalda amiguito, Aidan está cada vez más cerca.
La pequeña se desvaneció y Luka se apresuró a sacar las llaves. Al llegar a su pequeño y acogedor apartamento, se encontró con la única imagen que podía alegrarle el día después de pasarlo entre cadáveres. Su embarazadísima esposa, Simone, estaba sentada en uno de los sillones tratando de forma desastrosa tejer una bufanda color mostaza. Luka soltó una silenciosa risita, Simone era un fracaso en esas cosas, pero era tan terca que jamás de los jamases se dejaría vencer por una simple bufanda.
Mientras la veía luchar para que la lana no se enredara ni que los puntos quedaran muy apretados, él se acercó sigilosamente y antes que se diera cuenta de su presencia se arrodilló ente ella y apoyo una mejilla en su vientre abultado.
Tomó aire hasta llenar sus pulmones del exquisito aroma a jazmines que solo ella podía tener, ese mismo que lo había atraído como abeja a la miel cuando la vio por primera vez en sueños.
Con una gran sonrisa en los labios, Simone dejó de lado el intento de bufanda y hundió sus dedos en el cabello rizado del hombre.
El hombre cerró los ojos. ¡Oh si! Por momentos como esos, no se arrepentía de haber dejado su mundo. Por Simone valía la pena enfrentarse al Coleccionistas.
Hola! Siento mucho la tardanza, he tenido ciertas dificultades técnicas:? Espero que les guste. Muchas gracias por los comentarios. Besos grandes.
