20 de Septiembre
Zoro se despertó con el estruendo del despertador, estaba solo. Sobre la silla del dormitorio había un paquete envuelto en papel de regalo con una nota:
"He tenido que irme antes para preparar las clases. Espero que te guste mi regalo"
Zoro desenvolvió el paquete con cuidado. Tras el papel de regalo había un uniforme de su instituto, con su nombre bordado en el bolsillo de la americana. Roronoa Zoro. Si en ese momento Robin le hubiese visto sonreír no le habría cabido duda de que ella le gustaba a su alumno.
Se puso el uniforme. Notó algo en uno de los bolsillos del pantalón. Era un mapa para llegar al instituto. "Esta mujer piensa en todo"
Siguiendo las indicaciones Zoro llegó al instituto. Una multitud de estudiantes cruzaban las verjas, dirigiéndose a clase. Cogió sus libros de la taquilla, donde se encontró con Usopp.
-Buenos días, Usopp.
-Buenos días. –se dio la vuelta para mirar a Zoro. –Que bien te queda el uniforme.
La campana sonó. Los dos chicos corrieron hacia clase y se sentaron rápidamente en sus asientos. El profesor Franky entró por la puerta, todo el mundo se pudo en pie.
-Buenos días, profesor Franky Cola. –dijeron todos los alumnos a la vez.
-¡Ouh, yeah! ¿Cómo estáis hoy? –preguntó el profesor.
-Bien.
A Zoro le parecía curioso como en pocos días los alumnos le habían cogido cariño al nuevo profesor y habían copiado algunos gestos de Franky.
-Vaya, Roronoa, me alegra verte por fin con el uniforme. Estás SUUUUUPEEEEER.
-No puedo decir lo mismo de su camisa hawaiana. –contestó Zoro bromeando.
-Touché. –contestó el profesor. –Abrid el libro por la página 12. Hoy veremos la radiofrecuencia.
A la hora del recreo Usopp acompaño a Zoro a la cafetería. El camarero estaba flirteando con un grupo de chicas, las cuales no le hacían caso. Mientras, Chopper, que se había olvidado la comida en casa, saltaba intentando que el camarero lo viese al otro lado de la barra.
-Oye, salidorro. –grito Zoro dirigiéndose al camarero, lo cual hizo que el grupo de chicas se rieran de él y se enfadase. –Dame una napolitana y un zumo, y atiende al chaval, que no te enteras de que está ahí.
-Oh, perdona, pequeño. ¿Qué quieres? –dijo el rubio.
-Lo mismo que él. –dijo Chopper señalando a Zoro.
-Aquí tienes. –sirvió amablemente. –Y toma lo tuyo, cabeza-jardín.
Los tres subieron a la azotea. Al llegar se encontraron a Nami hablando por el móvil con Luffy. Ella les saludo con la mano al verlos llegar. Se sentaron en el suelo y comenzaron a satisfacer su apetito. Cuando acabó de hablar se les unió Nami.
-Este es Chopper. –Usopp presentó al más joven. –Es un poco tímido.
-Mu…mucho gusto. –dijo el benjamín, avergonzado.
-El gusto es mío. Yo soy Nami. ¡Oh! Tienes la nariz manchada de chocolate. –la pelirroja saco un pañuelo y limpió a Chopper.
-¿De que hablabas con Luffy? –preguntó Usopp.
-Me ha contado una noticia del periódico. Siento lo del incendio de tu casa, Zoro.
-¿QUÉ? –exclamaron los otros dos a la vez.
-Si, es cierto. No tengo casa, los de mi grupo me dieron una paliza y me destrozaron el bajo. Ahora estoy viviendo con…con mi tía. Viéndolo por el lado bueno ya no estoy en ningún grupo, podré tocar con vosotros.
-Eso sería genial. –dijo Usopp.
-Cada vez estoy más cerca de la fama y el lujo.
El recreo siguió con bromas y risas. El resto de clases fueron normales, sin algo que rompiese la monotonía.
Al salir de clase por la tarde Zoro se despidió de sus amigos y siguió las indicaciones que Robin le había dejado, pero esta vez a la inversa. Al llegar al portal se dio cuenta de que no tenía las llaves y al irse por la mañana había dejado la casa sin la cerradura echada. Estuvo una hora sentado en el portal viendo a la gente pasar.
-Dios mío, se me ha olvidado que necesitarías las llaves. –se disculpó Robin. –Entremos en casa.
Al llegar dejaron sus cosas en la habitación.
-Me voy a duchar. ¿Quieres ir tú primero? –pregunto la morena.
-No te preocupes, ve tú delante.
Robin se metió al baño y Zoro se quedo esperando su turno en la cama.
-Ya he acabado, es tu…- al entrar en la habitación se encontró a Zoro dormido.
Le quito los zapatos y le aflojo el pantalón, igual que había hecho la noche en que él llegó a su vida.
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He aquí un nuevo capítulo. Gracias a todos por comentar y seguir mi historia, espero volver a escribir pronto, con algo de LuxNa si es posible. Espero que este capitulo también os guste.
