Gracias por acompañarme con esta pequeña historia. Me alegra que les haya gustado tanto como para esperar hasta el final. Besos.
Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer. La trama, a mí.
Epílogo
"Y recuerdo cuando lo conocí, era tan claro que él era el único para mí.
Los dos lo supimos de forma inmediata. Y a medida que pasaban los años, las cosas se pusieron más difíciles, nos enfrentamos a más retos.
Le rogué que se quede. Que trate de recordar lo que teníamos al principio.
Era carismático, magnético, eléctrico y todo el mundo lo sabía. Cuando entraba, las cabezas de las mujeres giraban, todo el mundo se ponía de pie para hablar con él.
Él era como un híbrido, una mezcla de un hombre que no podía contenerse.
Siempre me dio la sensación de que él llegó a ser dividido en ser una buena persona y perder todas las oportunidades que la vida puede ofrecer un hombre tan magnífico como él.
Y de esa manera lo entendí y lo amé. Lo amé, lo amé, lo amé.
Y todavía lo amo.
Yo lo amo."
Jackie Kennedy
.
•
.
(1997)
Canción: JFK de Lana Del Rey
Desde el cielo observé a Coney Island con el mismo mar rodeado apenas de algunos turistas por ser invierno. Recordé perfectamente todos los momentos que viví ahí en los mejores veranos de mi vida, buenos o malos. Todos, a este punto, me sacaban una sonrisa del corazón.
Una vez en el taxi, los nervios parecían comerme viva. No sabía cómo reaccionar después de tantos años separados. Obviamente se acordaría de mí; lo único que había cambiado era mi cuerpo, ya no era el mismo que alguna vez llegó a apoderarse poseído por el prohibido deseo y mis incontrolables ganas de sentirme amada por él; ahora, a mis 34 años era adulta en lo físico y mental. Incluso llegaba a sentirme mayor al haber tenido una infancia apresurada debido a la situación en la que vivía. ¿Cómo iba a reaccionar al verme?
¿Cómo vas a reaccionar tú?, me pregunté a mí misma.
Él ya era mayor. Mucho mayor a cuando me dejó. Pero en mi mente aún sonaba perfectamente el tono de su voz, el color de su piel y la suavidad de sus manos que hicieron de esta huérfana la mujer más feliz del mundo.
Llegué al mismo edificio que dejé hace ya casi dos décadas y subí corriendo a nuestro recientemente recuperado departamento testigo de mis alegrías, tristezas, temores y pasiones. Mi corazón palpitaba incluso más que mi primera vez. Era increíble cómo sudaban mis manos y mi respiración intentaba en vano controlarse.
Al tocar la puerta, me recibió una enfermera.
— Ya llegó quien tanto esperabas.—dijo al interior del departamento.— Se muere por verte.—sonrió y después hizo una extraña expresión.
Ingresé cuando se fue.
Distintos recuerdos llegaron a mi mente al ver cómo la puerta abría paso hacia el departamento. Tiempo atrás me habían recibido distintas escenas y yo con menos de 18 años tuve que enfrentar a la mayoría. Un ladrón, una psicópata que fingía amar, prostitutas... No sabía lo que me esperaba en ese entonces cada que giraba la manija, pero esta vez sí estuve segura de qué y quién.
El lugar apenas tenía unos cambios. El color azul claro de las paredes me hacía sentir como en casa. Sonaba el típico tic tac del viejo reloj de caoba que colgaba al lado de la puerta principal que parecía haber girado y girado paciente por mi llegada.
— Bienvenida.—escuché su voz y giré la cabeza ansiosa.
Edward estaba sentado en el sofá observándome. El tiempo no había pasado en vano, tampoco los años que estuvo en prisión, pero mantenía la típica mirada suya cuando me tenía frente a él. Esa mirada que me volvía loca.
— Mírate, Cullen.—fue lo primero que dije y caminé hacia donde estaba.— Pareces un rey.—señalé el bastón que tenía bajo su mano derecha.
— Alguna vez lo fui.—se encogió de hombros con una sonrisa. La misma sonrisa que todo el tiempo me juraba no olvidar.
— Te extrañé como no tienes idea.—besé su mano libre mientras me sentaba a sus pies y aprovechó en acariciar mi rostro con su mano.
— Igual yo, cariño. Era lo mínimo que podía hacer por ti después de irme.—su voz sonaba ronca. Recordé a la enfermera y quise pensar que su estadía no era tan necesaria.
No quería hacer más que llorar hasta regresar a mis años de adolescente. Cuando él era el más fuerte de los dos y me protegía a toda costa, incluso aunque por momentos fallara. Quería quedarme dormida en su pecho, quería que me llamara la atención por alguna travesura, quería que me mandara a dormir temprano.
— Te casaste.—comentó observando el anillo que traía en la mano. No era una pregunta.
— Hace unos cinco años.—asentí sintiendo cómo la culpa me invadía.
Edward nunca se casó. Siempre pensé que la razón de ello fue que de pronto tuvo que ser padre y madre, por lo tanto en su vida ya no había tiempo para formar una relación sana y convencional con alguna mujer. Es más, me molestaba verlo de flor en flor desaprovechando el tiempo, sin embargo, nunca le reproché el estar soltero. Ahora, con más de 60 años y enfermo, la posibilidad de que consiga a su alma gemela era una posibilidad lejana. Aparte de que no habrá ni un alma tan única como la suya que lo merezca.
Sonrió.
— Le he contado miles de historias tuyas.—alzó las cejas todavía lejos de ser pobladas de canas.— Te manda saludos. Espera conocerte.—me mordí el labio tembloroso. Me odié por mi reacción, quería que este encuentro sea grato y libre de penas. Ya habíamos sufrido suficiente.
— Si lo veo, de seguro le pateo el culo.—volvió a reír, pero a mí me resultó incontrolables las lágrimas silenciosas.— Ven aquí.—hizo que me levantara y me siente en el brazo del sofá donde estaba sentado. Me jaló para que recueste mi cabeza en su hombro y me rodeó con sus brazos. Sabía que entre los brazos de Edward podía llorar y reír como no lo haría con otra persona... Debía aprovechar el poco tiempo que me quedaba.— Sé qué te hará feliz.—palmeó mi espalda y lo miré confundida.
Estábamos abrigados hasta las narices. En un principio me rehusé a aceptar la idea, pero él prácticamente me obligó. No supe cómo.
— ¿Recuerdas cuando casi te ahogas y no te soltaste de mi cuello por casi una hora?—preguntó observando el mar.
— Apenas tenía seis años.—intenté defenderme. No recordaba mucho de mis primeras clases de natación, pero Edward solía burlarse de mi temor al mar recién superado a los diez, aproximadamente.
Él me miró un segundo con una sonrisa que no borró hasta regresar la vista al horizonte.
— Me obligo a memorizar todo lo que pueda todos los días.—dijo después de unos minutos.— A veces siento que despertaré y no recordaré ni quién soy.—exhaló y un vapor blanco salió de sus labios.
— ¿Por eso la enfermera?—pregunté.
No sabía cómo sentirme. Edward iba a olvidarme en un punto no muy lejano. Aquello me hacía sentir temor y desesperación al no poder hacer nada para evitarlo. ¿Hay algo peor que ser olvidada por alguien que amas tanto?
— No.—respondió y lo miré fijamente.— Hay algo que tal vez no te va a gustar.—torció el gesto. Desde ya no me estaba gustando.
— ¿Qué es?—pregunté apretando el agarre que tenía alrededor de su brazo.
— Fueron muchos los motivos que me obligaron a entregarme a la policía.—empezó después de tomar aire.— En ese entonces y hasta ahora, sigo creyendo que fue lo mejor que pude haber hecho. Haber matado a personas no llegaría a ser jamás la misma pena que llevaría sobre mí si te hubiera contagiado de alguna manera.—dicho eso, sentí el calor llegando a mi rostro. No de vergüenza, sino de nervios. En parte por el primer dato que me dio sobre lo que había hecho en su trabajo. Aún así, no insití más con ello. Habían cosas que era preferible mantener en secreto.— Fue esa maldita perra quien me contagió y no quise lo mismo para ti. No después de ver a tus padres morir por lo mismo.—cerró los ojos y me alejé de él como si me hubiera dado un choque eléctrico.
No me alejé por asco ni por miedo a que me contagiara, lo hice por temor a sus palabras. A lo que me estaba contando. Carecía de sentido. No, simplemente no. Quise negarme a mí misma el hecho irrefutable de que el tiempo que tenía junto a Edward era escaso y perderlo era algo muy cercano. Inevitable.
— ¿Por qué...?—mis ojos se llenaron de lágrimas. Él se dedicó a observar al mar.— ¿Por qué no me lo dijiste?—me puse de pie.
— ¿Era necesario?—alzó una ceja. ¡Y por supuesto que lo era! De no ser así, no habría perdido tanto tiempo lejos de él.— Aunque si te lo contaba igual iba a terminar preso.
— Al menos te hubiera visitado cada semana.—susurré. Tantas visitas que pudieron darse si tan solo él me hubiera contado su estado. Y no hubiese importado que él se negara a verme como lo hizo en toda su condena, igual habría hecho hasta lo imposible para verlo.
Apoyó sus codos en sus muslos y me observó.
— No hubiera permitido que me veas.—dijo queriendo que entre en razón.
— Entonces, ¿qué significa?—pregunté y la confusión llegó a sus ojos.— ¿Significa que todos en mi vida se van a morir de la misma mierda? ¿Es eso? ¿No piensan antes de hacer las cosas?—con cada palabra aumentaba el volumen de mi voz.
No haber conocido a mis padres logré superarlo rápidamente ya que tenía a Edward. No pude haber pedido más que estar bajo su cuidado. Él fue los mejores años de mi vida, y saber que voy a perderlo de la misma estupidez que cometió mi padre o mi madre me obligaba a odiarlo. No era el final que debía tener nuestra historia.
Suspiré interiormente al recordar la reciente muerte de Freddie Mercury por la misma enfermedad. Algo que pudo haber sido evitado.
— Bella, cometes un error muy frecuente y es aferrarte al pasado.—comentó intentando captar mi mirada.— Déjalo ir, niña, aprende a hacerlo porque cuando menos lo esperas, te das cuenta que no disfrutaste de tu presente.
Mi mirada enfurecida estaba cubierta por una capa de lágrimas que no me dejaban verlo claramente.
— ¡Pero esto no es el pasado! ¡Esto está pasando! Y te recuerdo que ya no soy una maldita niña, Edward.—solté y me dirigí hacia la orilla.
El mar que tantas sonrisas me había regalado, ahora presenciaba uno de los momentos más tristes que me había tocado vivir. Lo peor es que yo necesitaba vivir del pasado porque en ese tiempo fui infinitamente feliz. Quitando de lado las tonteras de chiquilla, era muy feliz. Todo gracias a Edward. Soy quien soy gracias a él, y de alguna manera sentí que estaba siendo egoísta al morir de esa forma.
Me puse en cuclillas mientras cubría mi rostro. La arena que alguna vez estaba caliente como los mil demonios, ahora estaba cubierta por una ligera capa de nieve.
Los recuerdos llegaron a mi mente. Todos los que pude captar en ese instante que me resultó infinito. Las noches en las que dormía junto a él cuando había tormenta, las veces que me consoló, todo lo que me enseñó, las promesas que no cumplió, pero que en ese momento me hicieron feliz y esperanzada. El extraño amor que había entre ambos. Edward era más que un padre para mí. Algo que con el tiempo no iba a lograr definir, pero eso no era necesario.
— Vamos.—lo escuché detrás mío.— No quiero pasar mis últimos días recordando que estás molesta conmigo.—me extendió una mano y me puse de pie con su ayuda.
— Lo siento, es que...—me limpié las lágrimas y lo abracé. No quería soltarlo jamás.— No quiero perderte.
— Nunca vas a perderme, tonta.—acarició mi cabello.
Sus ojos y su mirada eran lo que no cambiarían de aquí a mil años.
Sonrió y me tomó de la mano antes de echar a caminar por la orilla.
Dejamos nuestras huellas por varios kilómetros sobre la arena cubierta de nieve, recordando los mejores momentos y peores de nuestra vida juntos. Yo terminaba riendo con algunas lágrimas en el rostro que Edward se dedicaba a limpiar con sus dedos.
Él me contó sobre lo que vivió en prisión y me hizo prometer que jamás termine detrás de las rejas. "Ni siquiera me llevaron a la cárcel en mis años de grouppie", le confesé casi avergonzada. Esos tres años fueron mi perdición. "¿Grouppie? Entonces no llegaste 'blanca' al altar", me miró riendo.
Ponernos al día me ayudó a olvidar por un momento la mala noticia que recientemente había cambiado por completo las esperanzas de ver a Edward cargar a sus nietos e ir a pescar con mi esposo. Disfrutar un momento de familia ya no solo entre los dos.
— ¿Cómo es que...?—no estaba segura de cómo formular aquella pregunta.— ¿Cómo viviste tanto tiempo?—dije sin tener éxito en mi búsqueda de mejores palabras.
Él se encogió de hombros.
— Supongo que suerte...—respondió y asentí.— Suerte de tenerte en mis pensamientos todos esos años.—lo miré.
Su contextura era delgada y por esa razón se veía débil comparado con sus años dorados. Aún se mantenía en pie -con ayuda del bastón- y seguía siendo mucho más alto que yo. El cabello cobrizo oscuro estaba siendo invadido por unas canas que eran casi igual de blancas como su piel.
Continuamos conversando mientras el sol avanzaba con el pasar de las horas.
— Tal vez esté de más decírtelo ahora sabiendo todo lo que hizo por ti y, por lo tanto, por mí, pero ¿sabes qué hizo alejarme de Alice?—preguntó sin soltar mi mano cuando mencioné a su hermana.— El mismo año que tú naciste, fui despedido como agente de seguridad de la familia presidencial; en ese entonces gobernaba John F. Kennedy. Fue después de su asesinato. Yo estuve ahí... Sin poder hacer nada.—se quedó en silencio por unos segundos.— Fuimos varios, pero yo no tuve problema y quise darme un año sabático. Entonces tu madre enfermó casi simultáneo con tu padre y al año siguiente, cuando ellos también partieron, terminaste en mis brazos entre llantos que me enloquecían. Sin trabajo y sin la menor idea de cómo cuidarte, Alice me reprochó el haberte aceptado, pero ¿qué podía hacer? Perdí mi trabajo, perdí a varias personas que tanto quise y tú eras esa alegría que me faltaba en la vida después de tanto sufrimiento. Y yo no iba a dejarte en un orfanato como me lo propuso.—tragué con fuerza.— No después de haberle prometido a tu padre que iba a cuidarte para siempre.—soltó una risa quebrada.— Tal vez no lo hice como pensé, pero no me arrepiento de haberte adoptado, Isabella.
Intentaba controlar mis ganas de llorar pero recordé que estaba a un paso de deshidratarme, así que no dije nada, solo apreté su mano en silencio por unos minutos.
— Ella te extraña mucho.—comenté luego. — Sería bueno que la llames.
Alice había logrado el éxito que siempre había deseado pero manteniendo los pies en la Tierra. En realidad era admirable todo lo que logró sin tener a una familia a su lado, algo así como yo crecí, por lo tanto mi relación con ella era más que buena y no entendía porqué la distancia para con Edward. Ahora lo comprendía pero no evité el sentirme mal por haberlos separado de alguna manera.
También entendí las veces en las que tuvo que soportarme cuando tuve tantas caídas en Los Ángeles debido a mis malas juntas, adicción a las bandas de rock y "amores" adolescentes. Incluso nos mudamos a Francia por unos años para que entre a rehabilitación por mi prematuro alcoholismo. Sin embargo nunca me levantó la voz o amenazó, ella solo actuaba como tenía que hacerlo y años más tarde le agradecí todo lo que hizo. Con lo que Edward me contó, mis pensamientos hacia Alice no cambiaron en nada.
••
Canción: Old Money - Lana Del Rey
El humo que exhalaba se mezclaba en el aire con el suyo mientras observábamos el atardecer desde el sofá.
Era un momento agradable y no resultaba necesario hablar para romper un silencio incómodo que ni siquiera existía. Eso era lo que más disfrutaba de estar junto a Edward.
Le pregunté si estaba bien que fume, en realidad no sabía lo que era bueno o malo en este punto de su enfermedad, pero conociéndolo, iba a importarle muy poco. "Seguro que no", dijo encogiéndose de hombros. Apagué mi cigarrillo y fui a sentarme en su regazo. Él me observaba mientras acariciaba mi espalda baja y el humo rozaba sus pestañas. Era hermoso, Edward siempre será hermoso para mí.
Solo me dediqué a mirarlo en silencio mientras me debatía interiormente si lo que iba a hacer era correcto. Había pasado una buena parte de mi vida haciendo lo que quería sin pensar y disfrutar el momento es lo que recordaré más que las consecuencias. Si hubiese estado con Edward en ese entonces, tal vez todo habría sido distinto y sabe Dios en dónde estaríamos, pero el destino quiso alejarnos y de alguna manera volver a unirnos incluso sabiendo que terminaríamos separados otra vez.
Yo no dejaba de repetirme que tenía un esposo esperándome en la otra costa y que confiaba en mí en estos momentos, pero él jamás entendería lo que Edward y yo teníamos. Nadie lo entenderá jamás.
Me acerqué a sus labios para solo reposar en su boca con los ojos cerrados. Sentirlo después de tanto tiempo se sentía de maravillas y mi estómago vibraba como cuando era una chiquilla; podía decir que me sentía joven y viva otra vez.
Edward me devolvió el beso sin apuro pero con deseo, eso era lo que necesitaba: saber que quería más de mí, y así lo demostró cuando sentí sus manos a mi alrededor sujetándome con fuerza. Cuando el beso tomó otro rumbo -el que buscaba-, sentí que quería alejarse para tal vez decirme que me detenga, pero llevé mis manos hacia su cuello y separarnos ahora era casi imposible.
Éramos los reyes de Nueva York.
Me aseguré que ya no iba a detener lo que había empezado, así que me acomodé en sus piernas para terminar rozando nuestros pechos. Comenzaba a excitarme y a la misma vez sentir un temor por lo que iba a pasar a continuación.
Sus grandes manos se deslizaron por mis muslos hasta llegar a mis nalgas, yo soltaba jadeos dentro de su boca mientras acariciaba sus brazos. No quería mirarlo a los ojos porque tenía miedo de que vea mis intenciones y termine de golpe con esto. Quería que sea natural, como si nos dejásemos llevar.
Cortó el beso y no dijo nada, pero comprendí. Felizmente me permitió abrazarlo por lo que me resultó una eternidad.
Nuestro reino seguía en pie pero no teníamos el mismo poder.
Terminamos con nuevos cigarros en nuestros labios y sin decir ni una sola palabra. El silencio otra vez reemplazaba conversaciones que de seguro hubiesen sido necesarias en ese momento, pero ya sabíamos que todas terminarían en lo mismo.
— No te prometo nada.—dijo casi fastidiado cuando exhalaba el humo.
— Le pediré que me indique lo que tenga que hacer y si es necesario llamarla, lo haré.—me crucé de brazos y lo miré.
— ¿Para qué? Para eso contraté a Sue; no te necesito.—desvió la mirada de la mía. Esquivé mentalmente aquel golpe bajo.
— Sue no te entiende como lo hago yo.—susurré. Estaba a punto de entrar a desesperación por su terquedad, debía entender que yo quería pasar junto a él en sus últimos momentos.— Déjame cuidarte.
— No necesito a nadie que me entienda, Bella.—el humo salió de su nariz como un toro enfurecido y yo era la capa roja.
— ¡Maldita sea, no quiero estar a kilómetros de ti cuando te mueras!—grité entre dientes y apreté mis puños escondidos.
— Yo no quiero que me veas morir.—dijo después de unos segundos.
Tomé aire y traté de relajar mis músculos.
Edward no podía prohibirme de verlo después de tantos años que no vi su rostro cuando estaba en prisión. Si su terquedad era solo cuestión de orgullo, iba a pasarla de alto.
— No lo hago para verte morir, Edward. Quiero estar contigo cuando me dejes.—alcé la barbilla.— Y si sigues así, más ganas de joderte la paciencia tendré.—me crucé de brazos.
En realidad quería permanecer a su lado hasta que su tiempo acabe porque crecí con la culpa de que Edward no hubiera estado en la cárcel si mi padre no me hubiera regalado. Su vida hubiese sido distinta y con un final completamente distinto al que se veía venir pronto, así que no iba a permitir que muera solo. No lo merecía.
— No sé porqué insististe tanto con eso de que ya no eres una niña.—me fulminó con la mirada.. Aún estaba molesto.— Es como si solo te hubieran crecido las tetas.-sacudió la cabeza apagando el cigarrillo.
— Que por cierto, tienes todo el permiso del mundo para tocar.—sonreí mientras me acercaba a él.
— Anda a prepararme algo para comer antes de que mi boca encuentre otra cosa para morder.—me nalgueó cuando giré para ir a la cocina.
Por un momento me tranquilizó que la pequeña discusión no se haya explayado y haber terminado con un poco de buen humor. Si seguíamos con estos ánimos de seguro me dejará quedarme con él en este tiempo indefinido... Podía fingir tener mis ataques infantiles como los de antaño para distraerlo por ratos y no hacer de mi estadía un calvario.
Almorzamos entre conversaciones y recuerdos que yo intentaba reforzar en su memoria para que no los borre con facilidad. Sonreí incluso de más para que no se olvide de mi gesto que por primera vez mostré solo por él.
— Era difícil imaginarte cuando estaba encerrado. Solo me comunicaba con Alice por teléfono pero nunca le pedí una foto tuya por temor a querer cometer alguna otra locura para escapar. Te recordé tanto que creo por eso ando cobrando factura.—sonrió antes de beber agua.— Incluso una noche me atreví a imaginarte ya toda una adulta, pero siempre fallaba con tu mirada.
— ¿Te decepciona lo que vez?— pregunté cuando enfocó su vista en mí.
— ¿Estás loca?—se echó para atrás.— Jamás te hubiera imaginado tan hermosa como lo eres ahora. Mi creatividad no es tan buena.—se encogió de hombros.
— Pues yo siempre te conocí viejo, así que no he visto mucha diferencia.—bromeé y me sentí en el mismo cielo al escucharlo reír.
•••
Canción: Love Of My Life de Queen
Dos meses, eso fue todo.
"¿No se molestará cuando le digas que no sepas por cuánto tiempo te quedarás?", me preguntó Edward la vez que me acompañó al aeropuerto para regresar a California a recoger mis pertenencias. Le dije que no y estuve en lo correcto, pero me equivoqué al traer ropa de más. Mi estadía no fue tan larga como esperé.
Si hubo algo bueno de su partida, es que no se olvidó de lo que vivimos juntos. En parte porque yo le recordaba cada día casi religiosamente quién era y porqué estaba a su lado. Pronunció mi nombre hasta el último minuto.
— Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. No me arrepiento de ningún segundo que pasé contigo a excepción de cuando me engañé creyendo haber encontrado el amor incluso teniéndolo en mis narices. ¡Eras tú! Tú eres el amor de mi vida que por naturaleza se formó sin necesidad de ser igual a lo que la sociedad dicta. De ti aprendí tantas cosas que solo espero haberlas hecho bien. Y si sientes que te fallé al delatarme, créeme que ninguna condena en el más oscuro infierno sería suficiente si te hubiera contagiado de esta terrible pena que por desgracia y malos pasos me tocó a mí. Nada de esto es tu culpa, yo cargaba con demonios antes de conocerte y me sentí libre de ellos cuando te tuve bajo mi cuidado, Bella. Lamento haberte hecho pasar un mal rato diciéndote que te vayas, en realidad te quiero a mi lado siempre, pero los dos sabemos que terminar juntos como toda pareja no es lo nuestro. Este amor es distinto pero bueno y si el sacrificio es tener que separarnos, debemos aceptarlo. Yo lo acepté en estos veinte años. No te imaginas el orgullo que sentí cuando supe que terminaste tu carrera y la felicidad cuando te casaste. Me hacía sentir satisfecho de lo que yo mismo construí pero que solo tú pudiste manejar. Te amo, no es suficiente y es tarde decírtelo porque lo sentí desde hace mucho tiempo pero no supe si confesarlo era lo correcto. Te amo, Bella.
Edward era el amor de la vida y el corazón roto que a lo largo de la historia se mencionan cuando se habla se amor. En una sola persona yo tuve lo que no todas consiguen y por un lado me sentía feliz de ello, de tener algo distinto pero igual que hermoso y sublime. No nos casamos, pero aún así le pertenecí en cuerpo y alma, por lo tanto ni la muerte nos separó. Yo sabía que estaba conmigo desde que sus ojos azules se apagaron en una tarde de primavera, por lo tanto nunca me sentí sola. Y mi esposo con el tiempo aceptó que jamás sería el amor de mi vida pero decidió cumplir con la promesa de ser mi compañero y yo también cumplí cada voto que, sinceramente en el día de mi boda, imaginé que le juraba a Edward.
Llevé una vida normal como él a duras penas intentó dármela pero siempre deseó. Yo sabía que él estaría esperándome cuando el Universo decida juntarnos por última y eterna vez.
.
•
.
FIN
Re cursi(?) Y bueno, pido disculpas por la demora y contándoles que me odio por no subir este capítulo antes. Estuve entre prácticas y exámenes parciales, después de vacaciones... por eso ni siquiera entraba a fanfiction por nada del mundo. Pero bueno, más vale tarde que nunca.
Mmm, agradezco a Lana Del Rey(?) por inspirarme en muchísimas cosas, entre ellas este mini fic. Lo juro, he tratado de basarme en sus canciones como Off To The Races, Blue Jeans, etc, aunque no las haya puesto en los capítulos como otras canciones, son las que más me inspiraron :D La amo. Y también a una radio local donde pasan música antigua, lol.
Ya no digo más. Muchísimas gracias a ustedes por leer, por dejarme un review y contarme que les gustó, incluso cuando se podía decir que era un tema "delicado". En serio, gracias.
