Shun seguía furioso por lo ocurrido.
- ¿Por qué nunca me escuchas, June? Ve todo lo que pasó a causa de tu necedad. – Shun renegó.
- ¡Eres tú el necio¡Te dije que te fueras, Shun!- Exclamó ofendida la chica, soltándose bruscamente de su mano.
- ¡Por supuesto que no! Tú no debes estar en ese tipo de lugares.
- ¡No soy una niña, Shun!
- ¡Pues actúas como una!
- ¡Tú actúas como uno!
- ¡YA BASTA, JUNE!
June enmudeció. La reacción de Shun la dejó perpleja. Impotente. Shun respiraba fuerte, todavía con el pulso acelerado por la discusión y los puños cerrados. Realmente estaba molesto. En un segundo, los dos conocieron la otra cara de sus personalidades usuales. Shun miró con otros ojos a la bella mujer. Verla tan indefensa, tan sumisa, despertó en él un fuerte deseo. Lo mismo le sucedió a ella. Conocer ese lado agresivo del caballero elevó su atracción por él a niveles insospechados.
Se mantuvieron observándose por un minuto, sin animarse a actuar. Shun agachó la cabeza en un intento por esconder de la chica lo que su mirada decía, pero June de inmediato se aproximó y levantó el rostro de Shun entre sus manos, acariciando con ternura el moretón que le dejara el tipo del bar. Su mirada implorante posada sobre los labios del joven Caballero y una sincera disculpa de parte de ella lo dejaron sin escapatoria. Se inclinó lentamente hacia ella, explorando de cerca sus finos rasgos. Tocó sus labios delicadamente con los suyos, pero June no se pudo contener más y le robó un beso apasionado y húmedo, anhelante. Él le correspondió con igual entusiasmo, liberándose y dejándose llevar por el sentimiento.
Los besos y las caricias pronto se volvieron más intensos, pero poco parecía importarles, pues guiados por la excitación, se dirigieron hacia el auto que condujo Shun hacia el lugar, entregándose por primera vez.
Seiya estaba en el jardín, sentado lejos del bullicio de la mansión que en ese momento no tenia ganas de enfrentar. Su intento de privacidad no duró mucho, pues una chica, empleada de la mansión se acercó a él discretamente.
- Disculpe ¿es usted Seiya, cierto? – Preguntó la mujer con un poco de pena.
- Sí, señorita. - ¿Puedo ayudarle en algo? – Preguntó el Caballero poniéndose de pie.
La chica solo asintió. Seiya la siguió sin preguntar algo más. Todavía no terminaba de repasar en su cabeza la escena de Jabu y Miho juntos. Estaba muy aturdido por lo ocurrido. Subieron al segundo piso de la mansión por un camino alterno, el cual conducía hacia el ala este. Pronto Seiya palideció, pues ahora sabía a donde se dirigía. La empleada entró a la única habitación en ese lugar, pidiéndole a Seiya que aguardara un instante. Después de unos segundos regresó y le pidió al joven que pasara; la puerta estaba entre abierta.
Seiya entró lentamente, como si quisiera pasar desapercibido. Justo ahora recordaba lo mucho que ella significaba en su vida y resurgieron los sentimientos que guardó para sí. A la luz del crepúsculo matutino, pudo adivinar la figura de la mujer más importante de su vida, quien se encontraba de pie en el balcón de la habitación.
- Pasa, por favor. – Le pidió Saori sin revelar del todo su rostro.
Seiya obedeció y se adentró a la habitación con más confianza. Pronto cruzaron miradas. Los ojos de Saori lloraban.
- Regresé. – Fue la primera cosa que Seiya pudo pronunciar.
- Lo sé. – Saori replicó, sonriendo por la redundancia.
Se aproximaron el uno hacia el otro simultáneamente, abrazándose por largo tiempo.
- Seiya, disculpa que te haya llamado; esta noche traté de darles a ti y a los demás caballeros tiempo para celebrar y de reencontrarse con amigos y seres queridos; quise esperar hasta mañana para verte, para pedirte algo. Pero, no puedo esperar más. Quiero que lo sepas de una vez.
- No te preocupes, Saori. Te escucho. – Dijo Seiya intrigado, tomando asiento a petición de Saori.
-Seiya, quiero estar contigo. Por favor, quédate conmigo esta noche.
-¿Cómo? – Preguntó completamente sorprendido.
-Escúchame, Seiya. – Le pidió poniendo su mano sobre la pierna del Caballero. – Quiero ponerme a tu disposición, quiero servirte. Quiero encargarme de tí así como tú lo hiciste de mí todo este tiempo.
Saori se quitó la vaporosa bata de noche y permitió a Seiya ver su cuerpo desnudo. Seiya estaba pasmado y maravillado a la vez. La bella mujer no esperó que él reaccionara, se inclinó hacia él y le besó profundamente. Ella se encargó de sacarle la ropa y bañarlo de besos y caricias. Al intentar llegar a su intimidad, Seiya la detuvo abruptamente.
- ¿Qué ocurre, Seiya? – preguntó preocupada.
- No lo haré, no te deshonraré.
Procedió a abrazarla mientras permanecían recostados.
- Si ha de ocurrir, que sea cuando seas mi esposa. – Le dijo tiernamente.
- Por eso te amo. – Pronunció la chica. ¿Te casarás conmigo, Seiya?
- Si me aceptas.
- Por supuesto.
La pareja sucumbió ante el sueño durante el amanecer. La noche terminó para los caballeros, pero una nueva vida comenzó durante ella.
