Red String (Vali Lucifer x Rias Gremory)

No quería que nadie se enterará que el aroma de aquel traidor se había quedado estancado en sus fosas nasales, estaba aterrada de que alguien se enterará que el aroma de su prometido le pareciera cada vez más asqueroso y su paranoia aumentaba a medida que su celo se acercaba.

VII


Abrió los ojos, tenía que ir a cazar, si, no podía ofrecerle únicamente ramen instantáneo, con cuidado se levantó tratando de no despertar al cachorro y fue directo a su mesita de noche y del cajón tomó un par de dagas.

Sirzechs notó el movimiento en la habitación y abrió los ojos, notó al chico revisar las dagas y después salir de la habitación, nada más escuchó la puerta de la casa cerrarse se levantó, Milikas estaba perfectamente arropado en el sofá con un par de almohadas que le impedían rodarse y caer, Rias aún continuaba dormida al otro lado de la cama y Grayfia se encontraba a su lado, pero él estaba intranquilo así que se dio a la tarea de seguir a Vali.
Desde la distancia vio como el Alpha estaba quieto y en silencio esperando a alguien, ¿Sería capaz de asesinar a alguien? Esperaba que no, no sabría cómo lidiar con aquello, entonces el chico soltó y un jabalí con sus crías salió corriendo, la ropa del Alpha tomó un color carmesí.

—Lamento tomar tu vida, tu sacrificio no será en vano, devolveré a la tierra lo que le pertenece.

—Cazar está un su instinto, sabes —casi salta cuando Grayfia habló—. Está buscando proveer a su Omega.
—Pero ni siquiera se unieron —chilló.

—Ninguno de los dos está listo, Sirzechs, pero esto servirá como prueba de que, en algún futuro, él podrá satisfacer la necesidades de Rias… y sus posibles cachorros —la cara de Sirzechs mostró el horror puro.

—¡No! Ni hablar, ese sujeto no tocará a mí hermanita —berreó, señalando a Vali, quien en esos momentos le retiraba la piel al pequeño jabalí y la lanzaba a un hoyo en el suelo que había hecho—. Mira la crueldad con la que trata a ese pobre animalito.

—Estoy segura que ese pobre animalito ni siquiera sintió que moría —le regañó, y lo sabía por qué ella, la primera vez que había cazado en busca de satisfacer a su Omega entró en pánico porque el par de pichones que había atrapado salieron corriendo sin cabeza cuando buscaba destazarlos—. Ahora regresa a la cabaña, el chico sabe lo que hay que hacer.