7 – Navidades Weasley II

Era nochebuena, y aunque llegaron a la Madriguera un poco retrasados, resulto que eran los segundos, ya que los únicos que habían llegado eran Percy, su mujer Audrey y Molly y Lucy.

La Madriguera estaba excesivamente decorada para el gusto de Albus, el abeto era tan alto que tocaba el techo y la punta estaba doblada hacia un lado. No había ni un lado sin decorar con calcetines y guirnaldas, y Albus supo sin dudar de donde habían heredado sus hermanos el gusto por abarrotar la casa con adornos.

La abuela enseguida los puso a todos a trabajar, los pequeños tenían que colocar la mesa, y Harry y Percy comenzaron a lanzar hechizos para agrandar el Comedor ya que todos los Weasley no iban a caber allí.

Los siguientes que llegaron fueron Bill, Fleur, Victorie, Dominique y Louis. Y cuando comenzaron a saludarlos llegaron Ron, Hermione, Rose y Hugo. Finalmente consiguieron que toda la casa estuviera preparada para comenzar a comer, pero faltaba George y Angelina con Fred y Roxanne.

- ¿Has sabido algo de Scorpius? - le pregunto Rose mientras se sentaba a su lado.

- No, no se nada de él, pero lo veré en Hogwarts cuando acaben las vacaciones, allí podré aclarar las cosas. Le envié una tarjeta de navidad diciendo que quería que todo siguiera igual, que seguía siendo mi mejor amigo.

- ¿No le has dicho que estas enamorado de él?

- No, y no lo voy a hacer. Le gustan las chicas, le encantan - y Albus sonrió mientras miraba a la nada - y le quiero demasiado como amigo para perderlo por eso.

- Pero te beso...

- No se que debía pensar en aquel momento, pero ha dejado claro que le van las chicas, se ha pasado una semanita encerrado en la habitación con ellas.

- ¿Y no has pensado que quizás haya estado teniendo sexo con tantas chicas precisamente porque esta confuso? Para reafirmarse que le gustan las chicas.

- ¿Tu crees? No quiero hacerme ilusiones.

- ¿De que habláis? - pregunto Molly mientras se sentaba con ellos, y también Louis se unió.

Molly estaba en sexto año, era prefecta, y era demasiado seria para el gusto de Albus. Se dedicaba la mayoría del día a estudiar para ganar el año siguiente el Premio Anual, y su otra afición era patrullar los pasillos en busca de infractores de las reglas, algo que Albus encontraba sumamente aburrido.

- Lo que no entiendo es como alguien pudo colarse en la torre de los profesores y no los han pillado - le estaba diciendo Molly. Hablar de cosas de prefectos en vacaciones era su especialidad.

Louis, por el contrario, era despreocupado y alegre, las cosas no le importaban demasiado, y reía por cualquier tontería. Era por eso que a Albus le caía bien, hablando con él se le olvidaban las preocupaciones, que su vida no era precisamente normal, que todos se creían con el derecho de opinar sobre su vida, y también a mentir sobre ella.

- ¡Que rollo!

- No hace falta que lo digas ¡Cuando llegaran Tío George y Tía Angelina!

Acabo Albus de decir esto cuando el fuego cambio de color y salieron los Weasley que faltaban. La abuela Molly salio con la cuchara de madera en la mano dispuesta a regañarles.

- ¡Llegáis una hora tarde! ¡Una hora!

- Lo siento mamá - se disculpo George - hemos tenido un pequeño problema con la red flu, esta saturada.

- ¡Haber salido antes! - la cuchara iba de un lado a otro delante de la cara de George que se iba retirando hacia atras sin dejar de mirarla - ¡Siempre llegáis tarde! ¡A la mesa chicos!

Todos se sentaron alrededor de la mesa, y Molly estaba eufórica, hacia tiempo que no tenía a casi todos sus hijos y sus nietos juntos. El único que faltaba era Charlie que seguía en Rumania, y los abuelos irían a visitarle para año nuevo.

- ¡A comer!

El resto de la noche paso rápidamente, y cuando el Whisky de Fuego comenzó a hacer efecto y los adultos comenzaron a cantar villancicos, Albus subió a la que había sido la habitación de su madre y se tumbo en su cama. Le gustaba estar en su casa, de vacaciones, pero celebrar las fiestas con todos los Weasley era una tortura.

La abuela quería mantenerlo todo bajo control y el abuelo intentaba calmarla, Bill y Fleur que seguía tan enamorados que no dudaban en demostrarlo, y Victorie sólo hablaba de su novio francés al que vería en año nuevo, Percy y su familia eran demasiado serios y por ello solían ser el blanco de las bromas de George, sus hijos y James, y también estaban los gritos de Angelina, Ron y Harry que discutían de que equipo de quidditch era el mejor.

Un picoteo en el vidrio le saco de sus pensamientos y abrió la ventana para que unas lechuzas entraran. Albus sintió que su corazón golpeaba fuertemente su pecho ya que una de ellas era la lechuza de Scorpius. No traía ninguna carta, pero si un enorme paquete.

Destrozo el papel ansioso por saber lo que contenía. Unas túnicas de primera calidad cayeron en su regazo. Albus rió contento, que Scorpius le hiciera un regalo de navidad quería decir que no le importaba que fuera gay, que seguían siendo amigos. Se probo una de las túnicas, le quedaba perfecta.

- ¿Son de Malfoy? - pregunto Rose mientras entraba.

- Si. Tiene esa obsesión con vestirme.

- Eso es muy gay - se rió la chica.

- Lo parece, pero yo se que lo soy y no me preocupo demasiado por la ropa.

- No hace falta que lo digas - señalo mientras observaba la ropa que Albus tenía debajo de la túnica y que no combinaba en absoluto.

- ¿Cómo es que has subido? ¿No estabas bien allí abajo?

- Han dejado ya de cantar villancicos, pero han comenzó con el himno de Hogwarts. Y Molly ha comenzado a hablar de ganar el premio anual el próximo año.

- ¡Que aburrido! Y quedan dos días más de fiestas...

- Nosotros mañana no estaremos - dijo Rose - hemos de estar con los abuelos Jane y Edgar, y con mi familia muggle.

- Entonces mañana será insoportable.

- Nos veremos el 26, jugaremos el tradicional partido de quidditch de los Weasley ¡Estoy segura de que este año ganaremos los hijos!

Llegaron a su casa bien entrada la madrugada, Albus luciendo contento una de sus túnicas nuevas mientras James se reía de él, y allí se llevaron una sorpresa, había un regalo debajo del árbol.

- Que extraño - dijo Harry - ¿Conocemos a alguien que celebre el equinoccio? - porque, a parte de unas cuantas familias sangre puras, la mayoría de magos celebraban la navidad, y entregaban los regalos el día 25. Albus sospecho de quien se trataba y que era lo que había en el pequeño paquete perfectamente envuelto.

- ¿Para quién es? - pregunto Lily curiosa.

- A ver... - dijo mirando la etiqueta, y de repente se puso pálido - es para mí. Esa letra... no se habrá atrevido... - abrió el paquete rápidamente y se encontró con una pluma que Albus ya había visto anteriormente - ¡Maldito Malfoy!

- ¿Draco Malfoy te ha regalado una pluma? - pregunto James incrédulo. Albus no pudo evitar reírse por lo bajo cuando vio la mirada desconfiada de su padre hacia la pluma.

- Eso parece. Igualmente fue su culpa que rompiera la mía - refunfuño el adulto - Ahora... ¡todos a dormir!

Todos subieron corriendo a sus habitaciones, ansiosos por abrir sus regalos al día siguiente. Albus envió el brazalete con Straw, su lechuza, y se fue a dormir esperando que a Scorpius le gustara su regalo.


El día de Navidad paso lentamente para Albus, aunque se llevo a Sweetty debajo de la ropa, y pudo escabullirse y hablar con ella mientras los demás volvían a cantar villancicos, y se hartaban a pudín. Pero estaba algo preocupado porque no había recibido noticias de Scorpius y no sabía si le había gustado la pulsera.

Y llegó el día 26, y con él el tradicional partido de quidditch de la familia Weasley. Hacia unos cinco años que habían comenzado a celebrar el partido, en que los padres competían contra sus hijos.

Albus se sentó junto con la abuela, Victorie y Dominique en el banquillo improvisado con diferentes tipos de sillas del comedor de la Madriguera, y espero a que el partido comenzara. Por suerte, Percy y su familia celebraban ese día en casa de la familia de ella y no tendría que aguantar a Molly hablando de que se tendría que organizar de diferente manera los partidos de quidditch de Hogwarts, como había estado diciendo los últimos años mientras contemplaban el partido.

Los 14 jugadores se alzaron en el aire, y el abuelo Arthur dio inicio al partido y soltó las pelotas. La snitch enseguida se perdió, y Harry y Lily subieron a lo más alto mientras se dedicaban a buscarla, mientras los restantes se dedicaban a las quaffle, y a evitar las bludger que el equipo de George y Bill, y el de Fred y Roxanne se encargaban de enviarles a los cazadores.

- ¿Y sí a Scorpiusss no le ha gustado mi pulsera? - siseo Albus bajito.

- Seguro que sí, era muy bonita - escucho un siseo desde su cuello, Sweetty estaba escondida bajo el cuello de su túnica nueva - pero hubiera quedado mejor en tu muñeca, eresss la persona másss parecida a una serpiente que conozco.

- No conocesss a Scorpiusss, él es un Slytherin de los piesss a la cabeza, él es perfecto.

- Me gustaría conocerle.

- Algún día, Sweetty, algún día...

Victorie y Dominique se levantaron de sus sillas y gritaron de alegría, al parecer Louis había conseguido hacer una buena pasada a pesar de que no jugaba al quidditch en Hogwarts. Iban bastante igualados, el equipo de los mayores tenía a su favor la experiencia, y los hijos tenían a favor su juventud y energía, y todos lo usaban a su favor.

- ¿Quién gana? - pregunto la serpiente sacando la cabecita por el cuello de la túnica.

- Nosotrosss - Albus se incluía en el equipo de los hijos - Con un poco de suerte seguiremosss con esta ventaja de puntosss y con mucha suerte Lily conseguirá atrapar la snitch.

- ¿Creesss que lo conseguirá esta vez?

- Papá esta en buena forma, y Lily sólo tiene trece añosss, así que no lo creo.

- Pero seguirá intentándolo el año que viene...

- Y algún día será capaz de cazar a la snitch delante de papá - Albus acabo la frase.

Angelina y Fleur hicieron una pasada genial, con la cual dejaron a los niños atrás y se enfrentaron a James que estaba tenso esperando a que Angelina tirara la quaffle para poderla atrapar. Pero Fred tiro una bludger que obligo a Angelina a hacer un lanzamiento rápido que James detuvo con facilidad.

Y entonces Albus diviso algo dorado en el césped.

- ¡La Sssnitch! - siseo Albus gritando. Los demás no entendieron lo que dijo pero vieron hacia donde señalaba, que era el lugar donde se dirigían los dos buscadores.

- ¿Quién va delante? - le pregunto Sweetty que deslizo medio cuerpo fuera para ver el partido.

- Papá, Lily es más ligera y le esta alcanzando ¡Vamosss Lily!

- ¡Esconde eso! - le grito la abuela Molly cuando vio a Sweetty - ¡Que los demás no la vean!

Sweetty se agito nerviosa y le grito de todo a la abuela mientras volvía dentro de la ropa de Albus. Todos los demás chillaron cuando Harry acabo cogiendo la snitch y el partido acabo.

- ¡Algún día pienso ganarte Papá! - grito Lily frustrada.

Todos rieron ante el ataque de rabia de la pequeña, pero de alguna forma todos los niños habían esperado ganar esta vez a sus padres, y este año habían estado cerca. Todos estaban alegres y riendo y gritando, y Albus se quedo fuera mientras todos los demás entraban y se disponían a comer.

Albus prefería la tranquilidad, y fue por eso que se quedo en medio de la nieve hasta que todos se calmaran. Y Sweetty prefería estar calentita contra el cuerpo de Albus y se mantuvo allí en silencio dejando a Albus en medio de sus pensamientos.

Pero una lechuza negra, que Albus reconoció como la de Scorpius, bajo del cielo y se poso en su hombro extendiéndole la pata, y con sus manos temblorosas la desato, pero la lechuza no alzo el vuelo, señal de que esperaba una respuesta.

"¡En que estabas pensando Albus! ¡Una pulsera con un encantamiento de pertenencia! ¡Un hechizo de pertenencia! Papá cree que no lo sabías, que simplemente te gusto la pulsera ¡Y más te vale que sea así! S"

¿Un encantamiento de pertenencia? Esto le pasaba por comprar en anticuarios mágicos. Todavía no se creía que le había regalado una pulsera a Scorpius con un hechizo de pertenencia, y daba gracias a que su amigo no supiera que estaba enamorado de él o no se creería que no tenía ni idea de eso cuando la compro.

Un hechizo de pertenencia no obligaba a que la persona fuera una posesión de otra, sin embargo si que pretendía mostrarlo. Alguien con una joya con ese encantamiento podía acostarse con media ciudad si quería y no le pasaría nada, pero no podría quitársela hasta que la persona que se la había regalado lo hiciera, de esta forma sería un símbolo de posesión, siempre llevaría encima un recordatorio de esa persona. Así Scorpius llevaría esa pulsera hasta que Albus se la quitara.

Corrió hasta la casa con la lechuza negra volando tras él, y aunque los demás protestaron porque querían comenzar a comer, él subió a la antigua habitación de Ginny donde sabia que había papel y pluma y le escribió la respuesta a Scorpius. Después de escribir que no lo sabía, que no tenía ni idea del hechizo que llevaba la pulsera, de pedirle disculpas repetidas veces, y de enrollar el pergamino a la pata de la lechuza de Scorpius, Albus bajo al comedor donde todos lo recibieron con alegría porque podían comenzar a comer.


Día 27 y bien temprano por la mañana Albus se levanto y se vistió y bajo corriendo las escaleras. Había decidido que iría al Callejón Diagon a comprarle otro regalo a Scorpius, aun que no tenía ni idea de que, ni tampoco le había quedado demasiado dinero de comprar la pulsera.

Harry estaba en la cocina preparando su desayuno, y se sorprendió al verlo levantado tan temprano en vacaciones.

- ¡Albus! Es muy temprano.

- Tengo que ir al callejón Diagon.

- Las tiendas estarán cerradas a estas horas.

- ¿Y tu papá?

- Tengo que ir a trabajar, estoy seguro de que en estos tres días de servicios mínimos la central se ha convertido en un caos ¡Y odio el trabajo de oficina!

- ¿Cuándo es el juicio contra los cuatro mortífagos que atrapasteis?

- Mañana - le respondió Harry - Espero que todo vaya bien hasta entonces, y que Malfoy no de demasiado la lata.

- ¿Qué pasa con Malfoy? - le pregunto disimuladamente Albus - Incluso te regalo una pluma...

- ¡Y yo que se! Al mínimo momento que tiene libre se pasa por nuestra planta a molestar... entra en mi despacho y se sienta en la mesa... y sabe que odio que haga eso...

Albus no sabía que pensar de Draco Malfoy. Era evidente que se sentía atraído por su padre y que se divertía molestándolo, pero era un hombre casado, tenía una bella esposa y un hijo que lo adoraba. Era un fiscal frío, implacable e imparcial a pesar del pasado que arrastraba, pero había visto como cambiaba su mirada al ver a Scorpius, y recordaba la risa picara que tenía cuando habían hablado en el callejón Diagon.

- ¡Adiós Albus! - le dijo su padre mientras subía por las escaleras para irse al trabajo.

- ¡Adiós papá!

Harry tenía razón, era demasiado temprano para ir, pero se había despertado y no había podido volverse a dormir. No dejaba de darle vueltas a que había regalado a Scorpius una pulsera con un hechizo de pertenencia.

Desayuno tranquilamente, y cuando no faltaba demasiado para que las tiendas abriesen cogió los polvos flu y entro en la chimenea y aterrizo lleno de cenizas en el Caldero Chorreante. Varias personas se le quedaron mirando, pero el no le dio importancia, simplemente camino hacia el callejón.

Scorpius tenía el suficiente dinero para comprarse cualquier cosa que deseara, y Albus sólo tenía 2 galeones en el bolsillo. Ningún escaparate le llamaba la atención, no iba a comprarle ningún libro sabiendo que tenía una enorme biblioteca de cientos de libros en su mansión, tenía demasiada ropa y dudaba que cualquier cosa que Albus eligiera fuera de su exquisito gusto. Quizás le llegara para comprarle alguna cosa de la tienda de Quidditch.

Miraba el escaparate de la tienda pero sin ver realmente los artículos que estaban expuestos, nada de aquello le gustaba para comprarle a Scorpius. En ese momento alguien le toco el hombro, y Albus se sobresalto.

- Hola, siento si te he asustado - le dijo Gabriel Corner, que estaba sonriente detrás suyo.

- ¡Hola! - le devolvió el saludo Albus. Desde aquella clase de encantamientos lo había saludado, pero no había vuelto a conversar con él.

- ¿Compras del día después?

- Algo así.

El sentimiento de simpatía mutua le recorrió el cuerpo, y Albus le devolvió la sonrisa mientras le daba una ultima ojeada al escaparate de la tienda de Quidditch.

- Tuve un pequeño problema con uno de los regalos, y quería comprar algo más.

- ¿El regalo no gusto? - le pregunto Gabriel.

- No exactamente, es algo complicado de explicar - y Albus no iba a decirle a nadie que había regalado una pulsera con un hechizo de pertenencia, Scorpius lo mataría si alguien se enteraba.

- Hay algunas plumas muy bonitas en Scribbulus.

- Es una buena idea - Scorpius tenía bastantes plumas, pero seguro que encontraba alguna cosa que estuviera bien de precio - ¿Me acompañas? Bueno, debes haber venido a por algo.

- Tengo que encontrarme con Dahr Lambert - Lambert era otro Ravenclaw de su año - para comer, pero me aburría en casa y he venido demasiado temprano, tengo toda la mañana sin nada que hacer.

Así que fueron hacia la otra punta del callejón mientras discutían sobre Aritmancia, asignatura optativa a la que ambos asistían, y que adoraban. Las estanterías de la tienda estaban bastante vacías, sin duda porque era el día posterior a los tres días de fiestas, y nada de lo que quedaba le gustaba, Scorpius tendría de todas esas cosas más y mejores.

- No queda demasiada cosa - suspiro Gabriel.

- Más bien nada. Puede que no acerté exactamente con mi primer regalo, pero no voy a regalar algo por compromiso sobretodo si ese algo es horrible.

- Estoy seguro que si lo hiciste con buena intención no necesitara otro regalo para compensar tu equivocación. Yo te perdonaría - le sonrió el Ravenclaw.

- Gracias por eso, lo tendré en cuenta si alguna vez te hago un regalo.

Ambos se rieron, y Albus dio por finalizada su inútil busca de un regalo para Scorpius, iba a volver a ahorrar para comprarle un gran regalo para el cumpleaños, y esta vez no iba a ir a ningún anticuario mágico.

- Todavía queda bastante para la hora que has quedado, te invito a un helado, vamos - le propuso Albus, había encontrado un mejor uso para esos 2 galeones.

- Acepto, pero... ¿No crees que hace demasiado frío para comer un helado?

- Tienes razón, pero no hay ningún otro lugar en el Callejón Diagon… - aparte de el Caldero Chorreante, pero Albus odiaba ir allí por las miradas que la gente le dedicaba - Tengo algo de dinero muggle, ¿quieres ir a alguna cafetería de Charing Cross?

- Claro ¡El mundo muggle! ¡Menuda aventura!

- ¿No has estado nunca? - le pregunto Albus.

- No, mis padres y mis abuelos son magos, y vivimos en Hogsmeade. Pero los hemos estudiado en Estudios Muggles.

- ¿Así que nunca has estado en el Londres Muggle?

- No ¿Tú has estado?

- Si - le respondió Albus - vivimos en un barrio muggle, así que nos pasamos el día rodeados de ellos, Tía Hermione dice que de esta forma tenemos lo mejor de los dos mundos, incluso fui a una escuela muggle antes de entrar en Hogwarts. Puedo hacerte de guía si quieres.

- ¿En serio? - Albus asintió con la cabeza - ¡Guay!

Habían cosas de los muggles que Albus encontraba irremplazables, cosas que no existían entre los magos, los diferentes museos, las bibliotecas publicas, los parques de atracciones, el zoo de Regent's Park donde tantas veces había ido de pequeño, y por fin iba a poder mostrárselo a alguien.

Había deseado poder enseñarle a Scorpius sus lugares favoritos del mundo muggle, pero Scorpius trataba de ignorar que los muggles existían, como todos sus demás amigos, y ninguno de ellos sentía la más mínima curiosidad por todas las cosas que a Albus le gustaban de ellos. En ese punto los dos mundos diferentes en los que Albus y Scorpius vivían se hacían más evidentes.

Sentía una excitación al pensar a todos los sitios a los que podría llevar a Gabriel, porque era el único amigo que tenía que quizás compartiera sus mismos sentimientos respecto a algunos lugares muggles, al igual que compartían el gusto por la Aritmancia y las Runas Antiguas. Estaba seguro de que le iban a gustar las bibliotecas públicas, las cuales, al contrario que en el mundo mágico, estaban al alcance de todos, no como entro los magos que sólo tenían grandes bibliotecas en Hogwarts, en el Ministerio (y para acceder a ella necesitabas un permiso) y en las mansiones de los magos de largo linaje.

Daría cualquier cosa para poder mostrar todo esto a Scorpius y que este sintiera algún tipo de emoción positiva respecto a esto. Pero se iba a tener que conformar con enseñárselo a Gabriel.

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Los días pasaron lentamente para Albus, a pesar de las dos visitas que había hecho al mundo muggle con Gabriel y aunque también se entretuvo leyendo los libros que Tía Hermione y Rose le habían regalado. James se aburría y se dedicaba a molestarlo, pero Lily se pasaba el día con Hugo en alguna de las dos casas, e incluso un día se fueron a casa de la abuela para poder jugar a Quidditch.

Lo único en que pensaba era en ver a Scorpius, y tener encima de la mesa de su habitación una foto en la que aparecían los dos en su segundo año sólo hacia que aumentar su añoranza.

Fin de año paso sin demasiada gloria, sobretodo porque Harry tuvo que pasar la noche fuera porque unos magos borrachos comenzaron a lanzar hechizos de luz en medio de una calle muggle pocos minutos antes de medianoche. James y Fred decidieron aprovechar que ya eran mayores de edad y salieron de fiesta, así que Albus se quedo a solas con Lily que se escaqueo enseguida para ver a Hugo.

Y finalmente llego el día.

Albus ya lo tenía todo preparado a las siete de la mañana, pero tuvo que esperar a que todos los demás se prepararan y, justo cinco minutos antes de que saliera el tren, llegaron a la estación.

Subieron rápidamente, e inmediatamente Albus se puso a buscar a Scorpius. Sus hermanos le despidieron riéndose de su impaciencia, y el corrió a buscar a su mejor amigo. Encontró a sus amigos en uno de los vagones del final, y los espió antes de llamar a la puerta. Scorpius estaba mirando a través de la ventana, y estaba tan guapo como siempre. Se recreo en su perfecta figura, en sus facciones, y en ese momento no entendió como había podido aguantar tantos días sin verlo. La esclava con forma de serpiente rodeaba su muñeca y Albus supo que había acertado con el regalo porque le quedaba perfecta, lastima del hechizo que llevaba.

- Buenos días - les saludo Albus al abrir la puerta. Trato de actuar con total normalidad, pero sentía mariposas en el estomago, no sabía si de la alegría de ver a Scorpius o de los nervios que este encuentro le producía después de todo lo que había pasado.

Todos le devolvieron el saludo, menos Scorpius que le taladro con la mirada. Albus no supo si entrar, pero no le dio tiempo a dudar más ya que Scorpius se levanto y lo arrastro hacia afuera. Atravesaron el vagón, pero todos los compartimentos estaban ocupados así que Scorpius lo hizo entrar al único lugar libre que encontró. El lavabo.

- Tenemos que hablar - le dijo cuando estuvieron los dos cara a cara.