Capítulo 6

Lucha hasta el final

La mansión sobre el acantilado se erguía poderosamente mostrando su magnificencia. Su ocupante, una mujer de apenas veintiséis años hablaba por teléfono mientras era observada por uno hombre un poco más mayor que ella que sonreía divertido ante la conversación que estaba teniendo su prima al teléfono. Una vez colgó se dirigió a él y le dijo:

-¿Qué te trae por aquí, primo? –le contestó ella apoyándose en la mesa de cristal que había tras ella.

-Tengo entendido que estás, otra vez, de caza, primita.

-Ve al grano, Richard, no tengo tiempo que perder.

-¿Qué dirías si te dijera que podría quitarte a Sarah Williams del camino de David Jones?

En ese momento Samantha le miró muy interesada.

-Creo que podré ausentarme por un par de horas de mis compromisos. Cuéntame que plan tienes. –dijo ella sentándose y sonriendo muy malévolamente, al igual que él.

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El lunes llegó antes de lo que todos desearían. Toda la casa volvió a la rutina después de una fin de semana sabático por orden del cabeza de familia, cosa que había extrañado a toda la casa. David nunca abandonaba su trabajo. Al contrario se pasaba más tiempo en la oficina que en casa. La razón era bastante obvia, Sarah. Se pasaba gran parte del día observando lo que ella hacía y también pasaba mucho tiempo jugando con ella y los niños cuando ella se lo permitía.

Cuando Sarah dejó a Diana y Toby en el colegió decidió darse una vuelta por el centro comercial y comprar algunas cosas que le hacían falta. A su vuelta a la mansión se encontró con una visita que no se esperaba.

-Señorita Sarah, la señora Brianna está en la sala esperándola. –le dijo una de las criadas cuando llegó.

-Muchas gracias, Bridget. Por favor que nos lleven un té en cuanto puedas. –le contestó amablemente.

Cuando entró en la sala se encontró a la señora Brianna mirando por el ventanal que había frente a la puerta.

-Me han dicho que deseaba verme, señora. –le dijo Sarah seriamente.

-Así es –dijo la mujer al girarse-. Seré directa señorita Sarah. Usted no me gusta, no sé que clase de relación tiene ahora con mi hijo y tampoco quiero saberlo pero quiero que se aleje de mi familia. Ellos han sufrido mucho y yo estoy aquí para velar por su felicidad.

-Discúlpeme que la corrija, señora pero no creo que usted esté aquí para velar por su felicidad sino por sus propios intereses. David no la necesita y por lo que me han podido contar los niños no es usted una mujer que busque la felicidad de su familia. Ellos no necesitan de sus cuidados, señora. Ellos necesitan una familia de verdad.

-¿Y crees que tú puedes formar parte de esa familia? No sea ilusa. Sabe perfectamente lo que la sociedad piensa de ti. Solo esperan que sigas los pasos de tu madre y no dejaré que el pobre desdichado al que abandones sea mi hijo.

-No sabe usted de lo que habla, señora. No corre ningún riesgo de que yo abandone a su hijo. Entre otras porque no tengo ninguna intención de retomar la relación que dejamos hace seis años.

-¿Me considera estúpida, señorita Williams? ¿Qué otro motivo podría llevarla a entrar en esta casa?

-Eso, señora Jones, no le concierne. Solo le advierto que debería tener cuidado con las amistades que usted frecuenta. Ahora si me disculpa tengo que hacer unas cuantas cosas antes de ir a recoger a los niños.

-Las cosas no se quedarán así, señorita Williams. Pronto volverá a tener noticias de mí.

-Lo que usted diga, señora –dijo saliendo de la habitación y se giró para decirle-. Salude a la señorita Sacheverell de mi parte.

La señora abandonó la casa casi inmediatamente y Sarah decidió que David debía saber de la conversación que había tenido con su madre. Cuando llegó a la sede de la empresa tomó aire. Esa iba a ser una experiencia muy difícil. Al entrar encontró a una recepcionista que conocía desde hacía años.

-Buenos días, Rachel. Vengo ver al señor Jones.

-Buenos días, Sarah. ¿Quieres que le avise? –le preguntó la animada rubia.

-No, gracias. Yo me presento, no te preocupes. –después abandonó la entrada para subir al ascensor de invitados.

Subió las catorce plantas hasta la última. Cada piso que subía peor se sentía. Y los recuerdos no paraban de volver.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-Flash Back (Violento emocionalmente)-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Acababa de terminar el primer cuatrimestre de la universidad y había decidido darle a David la gran noticia, estaba embarazada. Después de haber decidido que probara a pasar el primer cuatrimestre para que ella viera si quería seguir adelante con su preparación académica, había decidido que dejaría la universidad para volver con él.

El ascensor parecía ir muy lento ese día, los segundos se hicieron horas mientras veía los números pasar hasta que llegó a la decimocuarta planta. Cuando llegó observó el hall en el que solo había una mesa, la de la secretaria de David, el cual estaba vació. El ascensor se cerró tras ella y lo escuchó bajar. Bueno, si las cosas salían bien se quedaría bastante tiempo ese día.

La puerta del despacho de David estaba entreabiertas y según ella se fue acercando empezó a escuchar ruidos en su interior. Al abrir la puerta el corazón de Sarah se detuvo ante la escena que se encontró. La secretaría de David estaba apoyada contra el escritorio mientras él estaba de pie delante de ella penetrándola como si la vida se le fuera en ello.

Sarah no pudo evitar llorar al pensar que solo había sido una más de sus conquistas. Ella sintió su mirada en el mismo momento en el que había fijado sus ojos en ella y no pudo sino abrir los ojos hasta no más poder.

-¡Sarah! –susurró él completamente impactado.

Ella no pudo aguantar más y salió corriendo, dirigiéndose al ascensor. Esperó durante unos segundos pero el ascensor tardaba demasiado. Al verle salió corriendo hacia las escaleras y corrió hasta que en el undécimo piso resbaló y cayó rodando hasta el noveno, quedando inconsciente.

Despertó dos días después en el hospital. Al abrir los ojos lo primero que vio fueron los ojos marrones de su padre que la miraba preocupado.

-Hola, papá. –dijo ella en un susurro.

-Sarah, menos mal que has despertado. Todos estábamos muy preocupados por ti. El doctor ha dicho que no tienes ninguna lesión grave y que es probable que si todo está en condiciones en un par de días puedas venir a casa. –le dijo él.

-¿Qué fue lo que ocurrió, papá? Tengo unos recuerdos algo borrosos. –mintió ella.

-Al parecer tenías una cita con David y cuando terminasteis decidiste bajar por las escaleras, pero con la mala suerte de que resbalaste en uno de los escalones de la undécima planta y caíste rodando hasta la novena. David llamó a los guardias y a la ambulancia y cuando llegaron estuvo junto a ti hasta que la ambulancia te sacó del edificio.

-¿No te han dicho nada más? –Sarah lo miró asustada.

Robert la miró sin saber cómo decirle lo que tenía que decirle.

-Al parecer el golpe afectó a tu vientre y sufriste un aborto. Lo siento mucho, cariño. –le dijo él casi llorando.

Sarah no pudo sino llorar desconsoladamente. Había perdido dos de las razones más importantes para su vida. En primer lugar David la había utilizado igual que a su secretaria ese día y ahora recibía la noticia de que su hijo jamás nacería por la caída. Estuvo durante varias horas llorando abrazada a su padre, sabiendo que era todo lo que tenía en ese momento.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-Fin de Flash Back-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Las lágrimas volvieron a brotar al evocar ese recuerdo que llevaba grabado en la mente desde ese día. Jamás olvidaría que él había ocasionado la muerte de su hijo. Justo cuando estaba por salir del ascensor escuchó el sonido de su teléfono móvil.

-Sí, dígame. –dijo ella al descolgar.

-Señorita Williams, soy Richard Roberts, el tutor de Diana Jones. Necesito hablar con usted urgentemente. ¿Podría acercarse al instituto?

-¿Ha ocurrido algo, señor Roberts? –preguntó preocupada.

-Me temo que Diana se enfrenta a la expulsión indefinida del instituto y sin derecho de readmisión. –dijo él con voz preocupada.

-Ahora mismo voy para allá. –contestó ella.

Volvió a meterse en el ascensor sin siquiera detenerse a mirar la habitación que había sido el peor de los infiernos para ella.

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David decidió tomarse un respiro ese día y decidió dejar su despacho a las doce y media. Al llegar a recepción se despidió de Rachel.

-Parece que la visita de Sarah sí que ha hecho mella en usted, señor Jones. –le dijo ella sonriendo.

Él la miró sorprendido. ¿Sarah había estado allí? A lo mejor había estado con su padre.

-¿Ha venido a ver a Robert Williams?

-No, señor. Ella dijo que venía a verlo a usted, pero salió corriendo en poco tiempo. Bueno, ya hablaré con ella sobre lo que quería. Te veo mañana, Rachel. –se despidió él.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-Continuara.

Notas de la Autora: Siento haber tardado tanto en actualizar pero tal vez en más o menos 15 días tenga ya el próximo capítulo. He procurado dar alguno de los puntos fuertes del fic, aunque es posible que esto moleste mucho a las que lo leen.

Un saludo a todas,

Shaery.