Disclaimer: Victorious y sus personajes no me pertenecen.
Tutu-ru-tutu tutu-ru-tutu tutu-ru-tutu
Muy buenos días a todos los lectores, radioescuchas, televidentes, gente que imagina todo lo que puede. Bienvenidos a su programa especial, La Extraña Vida de Tori Vega.
En la edición de hoy: ¿Qué diablos ha sido de mi vida durante las últimas dos semanas?
Empecemos.
Tori, tienes la palabra.
Bueno, todo inició aquel sábado del mal, después de que Jade escuchara esa llamada telefónica con mi hermana Trina, de la cual sacó la descabellada idea que yo —Tori Vega, lesbiana y virgen de sexo heterosexual—, estaba embarazada.
Dormimos por unas horas y de pronto me despertó con el desayuno hecho. Fue agradable, no puedo negarlo, Jade cocina muy bien. ¿Acaso hay algo que no haga bien esa mujer?
¡Ah, sí! Si la hay… ¡NO ESCUCHA UNA SOLA PALABRA QUE SE LE DICE!
Le negué el embarazo varias veces sin éxito, insistió e insistió en que ella escuchó perfectamente la verdad y cuando la enfrenté con un: «¡no escuchas, Jade!»
Vino la amenazadora pregunta: «entonces dime, ¿qué te pasa?»
Ni loca se lo iba a contar. Dejó muy claro que lo publicaría por todo medio posible, que lo gritaría a los cuatro vientos y esa es exactamente la razón por la cual jamás quise que ella supiera que soy gay.
Sé que se lleva muy bien con los chicos del Café, nunca les ha puesto mala cara o a hecho alguna broma cruel. Respeta mucho a mi tía y a Sophie, pero yo siempre he sido un caso aparte para ella, siempre. Jade haría lo que fuera por verme sufrir, así que no, no se lo confesé. Escogí la alternativa y la dejé creer que el embarazo era real. Déjenme decirles algo, fue la peor decisión de mi vida.
El domingo por la mañana, dormía placenteramente, sin preocupaciones más que lavar mi ropa en la tarde y tratar de terminar Beyond: Two Souls. Pero no, la señorita West decidió que a las 6:05 AM me despertaría.
El silencio llenaba la ciudad, dos mujeres dormían en la habitación principal, seguramente abrazadas la una de la otra y, en el cuarto de huéspedes —que ahora era el mío—, empezó a sonar la canción de la película Psicosis en un volumen alarmantemente alto.
Desperté de un salto buscando de donde salía esa infernal canción, sin saber que era mi celular.
—¡Qué mierda, qué mierda, qué mierda! —Giraba mi cabeza por todos lados —parecía un nido de pájaros, lo sé—, alzaba mis cobijas y no encontraba la fuente del terror.
De repente, capté de reojo la pantalla de mi celular hacerse negra nuevamente y el sonido se calló. Inmediatamente volvió a encenderse con la misma canción. Tomé el teléfono y vi el nombre de la persona que me había despertado de esa forma tan drástica y deslicé mi dedo para contestar.
—¡Jade, acabas de matarme de un susto!
—Te escucho bastante viva, Vega.
—¿Cuándo cambiaste el tono de mi celular?
—Ayer, antes de que te vayas —respondió burlándose.
—Hmmm, son las… — Alejé el celular de mi rostro fijándome en la hora y exclamé—: ¿Las 6:07 de la mañana? ¡Dios, ¿por queeé?! —me quejaba mientras me dejaba caer de cara a la almohada.
—Vamos, Vega. Apresúrate, tienes diez minutos para bajar con ropa de ejercicio.
—¿Qué? Jade, es domingo, voy a dormir hasta medio día —dije cubriéndome con las cobijas hasta la cabeza, escondiéndome de la luz.
—Vas a bajar en diez minutos o presionaré el timbre de tu casa hasta despertar a tu tía y a Sophie. —Un segundo de silencio nos acompañó hasta que logré reaccionar.
—¿Dónde estás? —pregunté dando un salto fuera de la cama y apurándome a la ventana.
—Sí… estoy aquí —respondió agitando su mano libre, apoyada en su auto. Vestía ropa deportiva también, unos leggings negros, una capucha verde y zapatos de lona; atuendo que me pareció de lo más extraño, aparte del uniforme del club de ping pong, Jade nunca usaba ese tipo de conjunto, mucho menos el cabello atado en una cola de caballo —. Muévete que no tenemos todo el día.
—¿Hmm? Noooo, ¿a dónde vamos? —protesté volviendo a recostarme en mi cama.
—No importa a dónde, solo baja.
—Mejor sube y vemos una película. La que tú quieras, hay una muy buena selección en Netflix.
Jade empezaba a impacientarse porque yo no hacía el menor esfuerzo de encaminarme hacia su auto.
—Tori o bajas en cinco minutos o menos, o empiezo a timbrar.
—No te atreverías. —La desafié, grave error.
—Acércate y confírmalo. —Jade respondió y colgó la llamada, poniéndome en alerta. Nuevamente corrí a la ventana y veía como con una sonrisa malvada se acercaba paso a paso en puntillas, alzando las cejas y asegurándose de tener toda mi atención.
Tomé mi celular y empecé a llamar pero Jade no contestaba, solo se escuchaba su tono a lo lejos.
—¡Vamos, contesta! —volví a marcar desesperadamente mientras buscaba en el closet la ropa apropiada para lo que sea que Gasparín tenía en mente. La tiré sobre la cama y volví a marcar, todavía no obtenía respuesta. Me vestí al vuelo y comencé a bajar las escaleras intentando no despertar a mis tías.
—¡Ya… aquí estoy! —expresé un poco agitada por el corre, corre.
—Te quedaban cuarenta y dos segundos —mencionó parando el cronómetro de su teléfono y encaminándose a su auto—. Vamos, se hace tarde.
No volví a preguntar, únicamente ingresé por la puerta de pasajero y me abroché el cinturón.
—Ten —dijo Jade entregándome una liga de pelo—, la necesitarás para que el viento no te enrede el cabello.
—Gracias, no me diste tiempo ni a peinarme.
—Si no te hubieras emperrado como niña pequeña habrías tenido el tiempo suficiente —dijo encendiendo el auto, yo me até el cabello y me acomodé en el asiento. Desperté al llegar al estacionamiento público —que a esa hora estaba casi desierto—, apenas un par de camionetas de surfistas ocupaban el lugar.
—Si veníamos a la playa debiste pedirme que me pusiera traje de baño —reclamé, todavía tenía sueño y amaba la playa, pude haber dormido placenteramente en la arena.
—No vinimos para broncearnos. Vamos a trotar. —Jade bajó del auto sin más explicaciones y yo no pude evitar abrir mis ojos y seguirla antes de que desaparezca por el horizonte.
—¿Trotar? Yo no troto.
—Deja de quejarte y sígueme. ¡Vamos, que el Condón Roto necesita un cuerpo saludable dónde crecer! —Bajé los hombros y exhalé con frustración.
Era eso, la maldita mentira, no estaba en mi cama durmiendo un domingo a las casi siete de la mañana, por el bebé ficticio que Jade se empecinaba en mantener con vida.
"Diablos, esto se está poniendo insoportable cada minuto que pasa. Es domingo por Dios… ¡Domingo!", pensaba mientras la seguía a la arena.
—Vega, eres tan lenta —dijo virando los ojos y se adelantó trotando suavemente hasta que logré alcanzarla—. Tienes que mejorar tu estado físico.
—Sabes que fumo… y es demasiado temprano… para hacer ejercicio. —Exhalaba con dificultad al hablar.
—Excusas, tan solo trotaremos treinta minutos. No es para morir —dijo bastante controlada, como si no le representara ningún esfuerzo, no como a mi—. Y eso de fumar se te acabó. Por lo menos hasta que el Condón Roto esté, de una u otra manera, fuera de ti.
Por qué no se me había cruzado la idea de que no me dejaría tranquila, debí hacerlo, es Jade West, se le mete algo en la cabeza y no hay quién se lo saque.
Tendría que dejar mis Malboritos, mis preciados cigarrillos, los que consumía para relajar la tensión del día.
¡El cafeeé! ¿Entienden lo que es eso para alguien que trabaja casi doce horas al día?
Seguramente no podría volver a salir de fiesta con los chicos porque ahí estaría ella, asegurándose de que no beba una gota de alcohol. ¿Trotar? ¿Qué le seguiría? ¿Yoga? ¿Dieta balanceada?
Maldita mentira, me iba a arruinar la vida.
—Jade… espe… espera, no puedo más —dije con dificultad frenando de golpe.
—Tori, tan solo han pasado diez minutos, ¿cómo diablos llegaste a embarazarte? Tienes la resistencia de un adolescente precoz de trece años —dijo trotando en el mismo sitio, mientras me veía con la cabeza baja y las manos en sus rodillas de lo cansada que estaba—. A menos que Max sea súper rápido para esas cosas, ya sabes la tiene «fiu, fiu». —Terminó silbando y haciendo un gesto de flacidez con su dedo, por el cual recibió una mirada enérgica. Max flácida, sí seguro; antes que nada, tendría que crecerle un miembro extra.
—Sigamos… y mejor que sea en silencio —le dije, recuperando el aire.
Los treinta minutos pasaron lento, sentía que me ahogaba, que algo me quemaba por dentro y mis piernas me dolían en las pantorrillas, no quería nada más que una botella de agua de dos litros, un baño en tina y luego regresar a la cama en la cual prefería morir antes de volver a realizar un solo movimiento.
—¡Esto fue horrible!
—Cada día se te hará más fácil, ya verás.
—¿Estás loca? No lo vuelvo a hacer.
—Recuerda que tengo el poder de presionar el timbre de tu casa hasta que salgas por tu propia voluntad. —Se burlaba de mí, con una sonrisa de oreja a oreja—. Y ahora el premio. Dame dos batidos energizantes. —Le dijo al chico del puesto de jugos del muelle.
Caminé unos pasos y me senté en una de las bancas que miran hacia el océano, dos minutos después, recibía en mis manos un vaso tamaño jumbo.
—¿Qué es? —pregunté.
—¿Siempre tienes que cuestionar todo? Solo tómalo, te va a gustar.
La bebida estaba realmente deliciosa, una mezcla de frutas batidas con hielo, perfecto para después de lo que me había hecho pasar. Distinguí claramente la naranja, fresa y piña —o ananá, como la llaman por ahí, en los Países Bajos—, además de otras cosas que no supe que eran y que tornaban al batido en un fuerte color verde. Como sea, estaba exquisito.
—Gracias —dije terminando mi bebida. El reloj marcaba veinte minutos para las ocho y la gente empezaba a hacerse presente en la playa. Era el fin de semana, el sitio estaría repleto en menos de una hora.
—Te gustó, ¿viste? No tenías que quejarte.
—Jade… no es necesario que hagamos esto. Yo estoy bien.
—Tori, me prometiste un mes —recalcó tomando los vasos vacíos y levantándose para tirarlos en el tacho de basura a unos pasos de la banca—. Sea lo que sea que decidas después de este mes, voy a estar contigo, te lo dije. Ya sea en cuidar del Condón Roto o sostener tu mano en la clínica.
Maldición, otra cosa más… otro detalle en el cual no pensé, era obvio que Jade querría estar conmigo durante el proceso de aborto de la mentira, pero bueno, ya se me ocurriría que decir, tenía un mes al final de cuentas, o eso creía.
—Te dejaré en casa para que retomes tu domingo de hibernación —dijo emprendiendo camino de regreso al auto.
Ver toda la atención que Jade me estaba dando, me hacia sentir inmensamente culpable. Me gustaba, pero no lo hacía por ser Tori Vega, lo hacía porque, de una u otra forma, esa situación le recordaba a sus padres y a ella misma. La campaña era salvar al Condón Roto, no enamorar a Tori.
El lunes por la mañana dormía tranquilamente; siempre me levanto temprano para ir al Café y preparar todo para la apertura, pero mi hora usual para despertarme es a las siete de la mañana no a las seis. El teléfono volvió a sonar con esa estrepitosa tonada de terror y volví a levantarme agitada.
—¿Qué demonios? ¡Ayer quite ese tono a su contacto!
Tomé el celular y vi que no era una llamada, era la alarma que Jade había dejado configurada el sábado. El texto leía:
«Paso a buscarte en diez minutos, espérame afuera».
Revisé el cronograma en el calendario y al parecer el plan de ejercicios sería diario, cada mañana a las seis y los domingos a las seis y veinte. El único día libre era el sábado. Bueno, por lo menos me quedaba un día para dormir a mis anchas.
Me levanté, me alisté y salí a esperarla. Sin demora Jade estuvo puntual, recogiéndome y parqueó su auto al frente de la casa.
—Hey, veo que esta vez no demoraste —dijo cerrando su vehículo.
—¿No vamos a la playa hoy?
—No, entre semana iremos al parque aquí a dos cuadras, así que vamos caminando.
El silencio hizo al trayecto eterno, hasta llegar, lo único que nos limitamos a hacer fue patear piedras sobre la vereda y sonreír cuando coincidíamos con la misma. Una pequeña interacción, pero iba relajando el aire entre nosotras, por supuesto, hasta que se le ocurrió preguntarme si he pensado en qué haría si decido tener al bebé. Una pregunta simple, pero para mí, la más compleja.
¿Se refería al bebé que no existía y si decidía tenerlo, tendría que comprar un muñeco Chicho Belo para vestirlo y pasearlo en el carrito por ese mismo parque?
Por supuesto, ya tenía dos nombres para el posible Condón Roto, uno era La Verdad y al final del mes confesarle que soy gay y nunca estuve embarazada o La Mentira Dos y de alguna forma inventar que perdí el bebé y todos regresamos a la normalidad.
—Jade, podemos no hablar de eso, por favor.
—Está bien, lo siento —respondió dejando el tema a un lado—. ¿Qué hiciste ayer?
Le conté que salí con Andre en la tarde, habíamos ido al cine y luego a Nozu a cenar sushi, detalle que, sin pensar, le revelé.
—¡¿Sushi?!
—Mmm, ¿siiií? —La miré con duda, ¿qué había hecho ahora?—. Ya sabes, esos rollos de arroz con pescado crudo…
"¡Pescado crudo! Toooonta, se supone que estás embarazada", pensé entendiendo por donde venía el reclamo.
—¡Exacto, Vega!
—Tranquila, yo comí una sopa, estuvo deliciosa.
—¿Pero dijiste que fueron a cenar sushi?
—Andre cenó sushi. —Yo también lo había hecho pero tenía que resolver ese problema con alguna mentirilla blanca, otra más—. Yo opté por otra cosa a último momento, él no sabe sobre el bebé así que…
Me sentí culpable de usar al Condón Roto como excusa para que dejara de preguntarme cosas, pero ya estaba metida en ese lío. Me encontraba en la mitad de la piscina y no había quién me saque de ahí.
Al llegar a casa, acompañé a mi tía a desayunar. Se notaba un poco preocupada, era lunes siete de la mañana y yo llegaba con la cara colorada por la caminata, sin haber avisado que iba a salir.
—Amor, te sentí irte temprano. ¿Todo bien? —preguntó mientras nos servía el desayuno.
—Sí, Jade y yo fuimos a caminar al parque, vamos a hacerlo todos los días.
—¡Vaya! —respondió, sin darse cuenta que del asombro estaba regando el jugo en la mesa—. ¡Maldición! —exclamó y yo me apresuré a pasarle una servilleta para limpiarlo—. Gracias, que torpeza… Entonces… ¿hicieron ejercicio cómo ayer?
—Mm-hmm —contesté con la boca llena.
—Tori, em… —dijo pausando—. Amor, ¿está pasando algo entre Jade y tú?
Esa pregunta me tomó por sorpresa, cubrí mi boca tosiendo y casi escupo todo lo que había acabado de comer.
—¿Qué? ¡No! No, no, no —negaba con manos, cabeza, ojos abiertos y bebí un poco de agua para recuperar la compostura—. Amigas… solo amigas.
—¿Estás segura?
—Sí, sí, sí, sí… tranquila Nya, nada de nada. Amigas y ya… eso. Sí… sooólo amigas, ¡ajá!
—Tori, Jade es muy bonita y sé que te gusta. También que sé están llevando mejor…
"Claro, solo porque pensaba que tendría un bebé de mi lesbiana ex-novia, que ella creía que era un semental insensible que debía volver a dar la cara y responsabilizarse del encarguito", pensé mientras la escuchaba hablar.
—…pero…
—¿Pero? —interrumpí, los peros nunca traían nada bueno en una conversación como esta.
—Pero tú estás en una posición de autoridad en el Café. Antes que nada debemos manejar la situación con profesionalismo y cuidado. No quisiera que el resto de chicos sienta que de alguna manera han sido perjudicados o que existen preferencias dentro del personal. Si algo está pasando, es importante que Jade empiece a estar únicamente bajo mi cargo…
—No está pasando nada Nya, solo somos amigas. —La corté de inmediato. Claro, entendía la responsabilidad que tenía, estaba a cargo de todos los empleados —incluyendo a Jade—, podían presentarse malentendidos que afectarían la dinámica del grupo.
—Tori, entiendes que esto es importante, ¿verdad?
—Sí, Nya tranquila, no pasa nada.
—Está bien amor, termina de desayunar para llevarte al Café en mi camino al municipio, debo ir a dejar unos papeles para el nuevo permiso de funcionamiento del local —dijo dándome una palmada en el hombro.
—No hace falta, Jade quedó en pasar a buscarme en cuarenta minutos.
Nya regresó a verme inquisitivamente y alzó las cejas.
—Te juro que no pasa nada, creo que se siente mal por como me trataba en la escuela y ahora está haciendo méritos… solo amigas… ¡Lo juro!
Ahí iba otra mentira, una que mi tía no se tragó. Tuvo que tratar el tema varias veces durante los días subsiguientes.
Jade se preocupó de todo detalle de mi nueva vida. Pasaba a recogerme diario después de nuestra rutina de ejercicios y de la misma manera me llevaba de regreso a casa en las noches. Siempre con un nuevo mix de canciones que me encantaban, creo que lo hacía a propósito, camuflando algunas de sus favoritas para que no me diera cuenta, pero… no soy tan inocente.
En el trabajo me ayudaba a preparar la cafetería para su apertura, limpiando mesas, re-ordenando azucareros, moliendo y preparando el café; tanto que todos los chicos empezaron a preguntarse que estaba sucediendo. Los veía claramente susurrar entre ellos y Cami hace unos días me confesó que apostaron sobre cuánto tiempo nos tomaría hacerlo en la cafetería.
Nat había escogido el sofá, después de que termine el día, en no más de tres semanas. Julia, el baño en un mes. Theo y Cami pensaron que no lo haríamos en la cafetería, pero que llegaríamos tomadas de las manos en cuatro semanas y ¿el gran premio para mi caída moral? A que no se lo imaginan… veinte dólares y un paquete de cervezas, eso costaba mi poca dignidad. Bueno, lo acepto, tenían un poco de razón. Al fin y al cabo, era yo la que siempre iniciaba algo con Max y la arrastraba al baño cuando quería algún cariñito.
Jade se encargó en hacer las cosas aún más notorias y raras, me preparaba el almuerzo todos los días, ya saben, la dieta balanceada se hizo realidad.
Los recesos que esperaba con ansias para disfrutar de mi Marlborito fueron intercambiados por un cartón de leche y una galleta de avena… nada relajante.
El café de las mañanas ahora era yoghurt con cereal y cualquier bebida caliente durante el día, para mantenerme despierta, tenía que ser una taza con algún tipo de agua aromática, ni siquiera me dejaba tomar té.
—Ya son novias —escuché a Colin decir anoche durante el recital—. Y Jade es una posesiva de mierda. Si Max viera esto, ya la habría sacudido para que se le acomoden las ideas. —Al oírlo, decidí alejarme de los chicos y seguir con mis labores del día. Quería evitar cualquier tipo de pregunta, por lo menos hasta que tuviera algo creíble que decirles. Ellos sabían que era imposible lo del embarazo y no quería tener que mentir a más gente o crear excusas.
El show del viernes finalizó y como siempre todos compartíamos algunas risas mientras limpiábamos el local.
—Tori… Tori, hey. —Me llamó Cami en voz baja al otro extremo del cuarto trasero.
—¿Qué pasa Cam?
—¿Qué está pasando entre tú y Gasparín?
—¿Qué? Nada… ¿por qué lo preguntas? Nada… no pasa nada.
—Ajam… ¿Y por qué estás tan nerviosa entonces?
—¿Qué? ¿Nerviosa? No, para nada, en serio… No pasa nada —respondí completamente exhausta. Llevaba dos semanas sin probar café y sin fumar mis tubitos de humo cancerígeno; había decaído de ánimo como no tienen idea.
—Jade no se esta comportando como Jade y tú…
—¿Y yo qué? —respondí intrigada… ¿Qué se supone que estaba haciendo?
—Desde cuando tan apacible y peor con alguien que hace cinco semanas no te consideraba más que una compañera de trabajo, a la que ni siquiera hacía caso, debo añadir.
—Cam, es complicado, okey. No te lo puedo contar ahora, simplemente no puedo, no aquí.
—Bueno y cuándo entonces —insistió mi amiga angustiada.
—Te llamo en la noche, cuando llegue a casa… —Lo que nunca sucedió.
—¡Ahhhhh! —Se escuchó un grito alto y desesperado, seguido por otros ruidos menores y sonidos de los muebles.
Ambas corrimos al frente de la cafetería para ver que sucedía y nos encontramos con Julia, Theo y Colin abrazados sobre una de las mesas. Nat y Jade muertas de la risa tratando de ver a donde había ido el pequeño animalito que los tenía así de asustados.
—¿Qué diablos pasa? —pregunté gesticulando mi molestia al verlos ahí.
—Nada, una amiguita asustó a estos cobardes.
—¡¿Qué?! —Pensé que era una rata y corrí para subirme en otra mesa.
—Vega, ¿qué te pasa? —reía Jade viéndome asustarme como un conejito, respirando exaltada—. Es una arañita nada más.
—¿Ara-ÑITA? —gritó Theo—. ¡Esa cosa es una tarántula!
—No es una tarántula, es una araña pequeña que seguro entró de la jardinera de afuera.
—¡¿QUEEÉ?! —gritamos juntos.
—Nunca más nos sentamos ahí —afirmó Theo, mientras Cami, Nat y Jade reían viéndonos morir de miedo.
—Son unos cobardes —dijo Jade, poniéndose de pie con el animal entre manos—. Si ven apenas cabe en mi palma, no es una tarántula, es una araña de la familia de los agelénidos —dijo observándola a través de un pequeño hueco que hacía entre sus dos manos.
—¿De la familia de qué? —preguntó Cami, viéndola como un bicho raro; todos lo hicimos, desde cuando Jade tan niña exploradora.
—Una araña de jardín, araña de césped, inofensiva —aseguró dirigiéndose a Nat—. Me pasas ese vaso con una tapa.
Prosiguió a ponerla en el recipiente de café y a taparlo rápidamente para que no escapase la arañita.
—¡Mata a esa cosa! —dijo Colin bajando de la mesa con un escalofrío corriéndole por la espalda.
—¡No! —Regresó a verlo con esa mirada amenazadora, marca registrada de Jade West—. Es un animal inofensivo, lo dejaré en el jardín de mi casa.
Finalmente bajamos de las mesas y terminamos de limpiar el lugar, repasando dos veces con desinfectante en donde nos habíamos subido, para después salir a nuestras respectivas casas. Jade, como ya era costumbre, me dio un aventón.
—No tienes que mirar el vaso tan intensamente, te prometo que no se va a salir.
—Aja… —respondí sin dejar de ver el recipiente que contenía al pequeño animal.
—No puedo creer que te asusten las arañas.
—Son horribles, ¿cómo no van a asustarme?
—Son hermosas, estructuralmente perfectas y hacen hermosas telarañ…
—¡Y pican! —interrumpí asustada.
—Las arañas no pican, muerden.
—¿Hmm? —pregunté regresándola a ver, perdiendo contacto con el vaso de cartón por primera vez desde que me subí al auto.
—Las arañas no tienen pico, no pican; muerden, tienen colmillos para depositar su veneno en la comida.
—¡¿Ves?! —Le dije regresando mi vista al vaso, rogando que esa cosa de ocho patas no me salte encima.
—Olvídalo Vega, estás tan asustada por un indefenso animalito que seguramente está muerto del miedo en esa taza de café.
De repente el teléfono de Jade empezó a sonar con la melodía de Thriller, era su mamá. Dios, esta mujer y sus tonos de llamadas.
—Tori, ¿puedes por favor contestar y ponerlo en altavoz?
—Claro. —Deslicé la pantalla y acerqué el aparato a la altura de su rostro para que pueda hablar.
—Aló.
—Cariño, ¿ya terminaste tu turno?
—Sí, estoy dejando a Vega en su casa.
—Hija, ¿no puedes referirte a tu amiga por su nombre?
—Buenas noches, Amanda —dije riendo—, la verdad no me molesta.
—Hola, Tori, ¿cómo estás?
—Todo bien, muchas gracias…
—Bueno mamá, ¿qué pasa? —interrumpió Jade, que como siempre, tenía muy poca paciencia para las formalidades.
—Cariño, tengo que viajar de emergencia a San Francisco por el caso de un cliente.
—Genial —respondió de mala manera—. ¿No puedo quedarme en casa sola?
—Lo siento amor, pero no.
—Puedes quedarte en mi casa si quieres —sugerí en voz baja. Jade me miró extrañada, pero aceptó inmediatamente.
—Mamá, Tori acaba de invitarme a pasar en su casa, voy a recoger ropa y me quedo ahí.
—¿Seguro, Tori? ¿No hay problema? —preguntó su madre preocupada. Después de todo, su hija había pasado los últimos dos años molestándome.
—Para nada, será divertido —contesté sin decir más.
—Está bien, hija. Voy a llamar a tu padre a informarle y gracias, Tori. Espero no te saque de tus casillas mi retoñito —mencionó la mujer burlándose de su hija.
—¡Mamá!
—Regreso el domingo a medio día, así que Tori estás invitada al almuerzo.
—Muchas gracias, Amanda.
—Perfecto, chicas. Cuídense.
—¡Adiós, Mamá!
—¡Hasta luego!
Jade me agradeció haberla librado de pasar un fin de semana con su madrastra que tanto odiaba y nos dirigimos a casa de Nya, ya era tarde y sería mejor descansar, pasaríamos por su ropa al día siguiente.
Al llegar a nuestro destino final, Jade tomó el vaso y se dispuso a depositar a la araña en el césped del jardín.
—¿Qué haces? No aquí, yo me acuesto en ese césped.
—Vega, ¿sabes cuántas arañas viven en este jardín? Por lo menos cien.
—¡Gracias, West! Acabas de arruinarme la vida.
—No seas dramática, ¿quieres? La dejo en la jardinera de tu vecino, espera.
Después de dejar libre al coso de patas largas, entramos a casa y nos encontramos con un gran grupo de amigos de mis tías reunidos en la sala, botanas y vino; un poco de jazz contemporáneo de fondo y risas por todos lados.
—Hola, amor… —dijo Nya viéndome entrar y acercándose para saludarme, pero se frenó de golpe al ver que venía con Gasparín—… Hey, no esperaba verte aquí… sigan, por favor. —Gesticuló cerrando la puerta detrás nuestro.
—Invité a Jade a pasar el fin de semana con nosotras, su mamá salió de la ciudad en un viaje de emergencia del trabajo.
—¡Oh! Perfecto… genial… muy bien —respondió Nya, sin saber qué más decir al respecto—. ¿Tienen hambre?
—No, comimos pizza en el Café después del concierto —dije sacándome la chaqueta.
—Okey, si se antojan de algo, bajen sin dudar —dijo Sophie dándonos un beso.
Saludamos con la mano al grupo de amigos y seguimos a mi habitación.
—Esta casa es tan… clásica y rústica. Me encanta —mencionó Jade, fijándose detenidamente en los detalles y las incrustaciones de baldosa de colores en la madera de las columnas, el espejo con marcos tallados en la pared y las ventanas arqueadas por donde entraba la luz del jardín de manera perfecta.
Cruzamos el corredor hasta el final y llegamos a mi cuarto. Dejé mis cosas sobre la peinadora, Jade hizo lo mismo sobre la silla y empezó a curiosear la habitación mientras yo sacaba un par de pijamas limpias para que se cambiara.
—¿Qué le pasó a las miles de chucherías que solías tener arrimadas por todas partes en tu otra casa?
—Pues, papá solo me dejó salir de su casa con cosas que compre con mi dinero.
—¿Qué?
—Sí, esto es todo lo que me pertenece. Bueno, ni la cama, ni la televisión, eso vino con la habitación.
—Estás bromeando, ¿verdad?
Negué con la cabeza mientras me dirigía al baño para ponerme más cómoda con mi pijama de cuadros y una sudadera liviana y suelta.
—Sin ofender, pero tu papá es… —pausó, evitando decir lo que tenía en mente.
—¿Un idiota? —La ayudé a terminar.
—Tú lo dijiste, no yo.
—Lo es, aunque aprecio tu silencio —admití, sabiendo que en otras circunstancias, a Jade le hubiese importado muy poco decir lo que pensaba, ofendiera a quién ofendiera. Me sentía bien cuando ella hacía estas cosas, quería creer que era por mí, que me respetaba aunque sea un poco, que me consideraba, eso era bueno.
—No veo los libros que te regalé —dijo buscando por todo el cuarto con la mirada.
Y es que el miércoles, mi nueva amiga, fue a la librería a recoger la más reciente colección de libros para el Café y regresó con cuatro volúmenes sobre lo que significaba ser una nueva madre.
Al verlos, me sentí morir, le agradecí con una sonrisa falsa —más falsa que mi heterosexualidad—, deseando que la tierra me tragara, que pudiera chasquear con los dedos y desaparecer como si fuera un mago, simplemente estaba harta de toda esta farsa.
—Están escondidos en el closet. No esperabas que los deje a plena vista, para que Nya y Sophie me pregunten por qué tengo cuatro libros sobre embarazo, ¿o sí?
—No, tienes razón.
Decidimos ver una película, pero a mi se me ocurrió la brillante idea de dejarla escoger. Lo primero que se le vino a la cabeza fue torturarme un poco más y seleccionó Aracnofóbia.
—¡¿QUÉ?! Jade, no.
—Vamos Vega, solo es una película, además tu dijiste que yo tenía el poder.
—Quieres matarme, eso es lo que quieres.
Jade río al verme tan asustada con la idea de ver una araña más esta noche. —Bueno ya, una de las tuyas. Una romántica y absurda película… y que no sea de Hollywood. No sé, busca una de cine independiente.
Pasé con el control por las películas que variaban entre filmes franceses, alemanes, italianos pero no llegábamos a un acuerdo. Todas parecían dramas de mayores y aburridos.
—¿Qué tal esta? Lost & Delirious… —pregunté deteniéndome en la portada de tres chicas en uniformes de escuela con blusas blancas, corbatas y cortas faldas —Actúa Misha Barton y Piper Perabo, no debe ser tan mala.
—No, no se ve mal, además siempre tuve un gusto por Misha Barton desde que salía en The O.C.
"¿Qué dijo? ¿Un gusto? ¿Qué significa un gusto?", pensé sin moverme. Jade se levantó apagó la luz y se acomodó en el tope de la cama.
—Vega, ¿vas a poner la película o no? —dijo llamando mi atención.
—Sí, sí. —Sacudí la cabeza regresando al momento y presioné el botón haciendo mi cuerpo para atrás para alcanzar el respaldar de la cama.
La película empezó bien, nada fuera de lo común, una chica que iba a un internado y compartía su pieza con otras dos chicas, Paulie y Tori. La trama era divertida, reímos un poco por aquí y por allá y luego… ¡Luego nos dimos cuenta de que la película era un film gay! ¡Gay!
Suerte la mía, me sentía tan incómoda con cada beso. Digo, ahí estaba la chica que me gustaba, viendo una película lésbica, con escenas eróticas donde pudimos ver muy bien los senos redonditos de Jessica Parré. Dios, quería que terminara de una buena vez.
—La actriz que hace de Tori está muy bien… distribuida —dijo haciendo gestos con sus manos como si estuviera tocándolos… tocando esos senos en el aire.
—Mira quién habla —dije sin darme ni cuenta… Ya dije que soy un poco «tonta», ¿no? Pues lo soy.
—¿Crees que mis senos están bien distribuidos, Vega?
—¿Qué? No, solo resaltaba que tu también tienes boobies, ya sabes… de un tamaño… —Sí, me enterraba sola. Yo, el hueco y la pala llena de tierra. Jade solo río y seguimos viendo la película, que para mi gusto terminó en una maldita tragedia. Esto no era un buen augurio.
Ya eran casi las dos de la madrugada cuando decidimos apagar el televisor y dormir, pero yo no pude pegar ni un ojo, creía haber sido demasiado obvia, sentía que Jade también, tal vez ella era bisexual o heteroflexible y al parecer no me equivoqué por lo que pasó después.
Así es, así llegamos aquí. Este es el momento que lo cambió todo.
Más o menos una hora después de aparentar que dormíamos, Jade se volteó dándome la cara. Yo pretendí que estaba en el quinto sueño y no la sentía observándome como si fuera esa horrible araña que tuvo en sus manos.
—¿Tori? ¿Estás despierta? —susurró tan bajo que casi no la entendí. No me moví, no hice ningún esfuerzo, pretendí—. Te ves tan linda cuando duermes —mencionó y yo me quedé helada.
"¿Yo, linda? ¡Oh-por-Dios!"
—Tus labios son perfectos —continuó, y yo seguía ahí sin saber que hacer.
"¿Qué hago? ¿Finjo cómo si despertara en este instante? ¿Le confieso que la escuché? ¿Me hago la idiota? Eso, me hago la idiota".
—Me muero por besarte, por decirte tantas cosas —dijo apartando unos mechones de mi pelo que estaban sobre mi cara y los pasó atrás para que no me molestaran—. Me gustas, como no tienes idea.
"¡Mierda! Le gusto… ¿Qué hago?".
—Tú y el bebé son lo más importante para mí ahora. Yo los cuidaré y aunque nunca pase nada entre nosotras, yo seré la mejor madrina que el Condón Roto pueda tener.
Con eso paró, no dijo nada más, puso sus manos bajo su cabeza y pronto la escuché respirar hondo.
Y así termina el programa de hoy, con suspenso y melodrama.
¿Alguien puede decirme qué hacer? Porque no tengo idea de como voy a confesarle toda la verdad. Esto ha llegado demasiado lejos, se pasó de la raya. Ya no hay vuelta atrás y Jade me odiará, más de lo que me imaginaba al principio.
Le gusto, ella me gusta, esto debió terminar en beso, caricias, sexo… que sé yo, pero no en esto. No en un bebé falso y una promesa a una mentira.
No podré pegar un ojo por lo que resta de la noche, no sé ni siquiera cómo diablos voy a verla a la cara mañana…
Nota de autor:
Buenas noches, días o lo que sea en este momento para cada uno de ustedes.
Antes que nada una disculpa, no era mi intensión que este capítulo tomara más del domingo pero se me complicó escribirlo, tanto así que hoy re-escribí el 60% de lo que tenía.
Espero que les haya gustado y… ¿y… qué creen que deba hacer Tori ahora?
Si quieren dejarle consejo, aquí está la caja de comentarios, si no quieren una ":)" o una ":(" son lo más bacán que podrían hacer por mi en este momento y no les tomará más de cuatro segundos.
Saludos a todos y espero que nos veamos el domingo.
Adior.
